Arraigados en el Amor

¿Has estado en la JMJ? Si recuerdas uno de los palabras que más han sonado es el término de arraigado. Con él nos dirigimos hacia nuestras raíces, hacia nuestros vínculos. Como un planta que esta por crecer va buscando agua, así también es necesario para desarrollar nuestro crecimiento personal tener unas bases solidas, unas raíces en las que sostenerse y apoyarse.

Nuestra identidad parte de un vínculo, de una unión, que nos remite a nuestros padres que nos dieron la vida. Hoy precisamente lo que más nos cuesta es crear vínculos afectivos, porque implican una serie de aspectos que a veces son difíciles de llevar. Los casos que se presentan en las consultas psicológicas son generalmente problemas relacionales (familiares, compañeros de trabajo, amistades, etc.).

 

Os dejamos con este diálogo escogido de la obra del “El Principito” del famoso autor Antoine Saint Exupéry (1900-1944). Entre dos de sus personajes más famosos: el Principito y el Zorro, en el que se nos indica como comenzar a establecer relaciones.

Podéis enviarnos vuestras consultas sobre qué es lo que más os cuesta en vuestras relaciones con los demás o incluso que estrategias utilizáis para solventar estas dificultades a: mcarmengr@psicovinculos.es

 

 

 

El amor como elección y los dos objetos del amor

by Ramon Acosta Peso – Master CC Matrimonio y Familia – 3 hijas

Hasta ahora hemos visto cómo el amor es fundamentalmente una pasión, algo que se padece y que uno no elige. Pero el amor implica también nuestra libertad: esto es, puede ser vivido como una elección en la que la persona se implica a sí misma. Para ello es preciso conocer el bien que nos atrae y la comunión a la que nos llama. El amante asume un protagonismo definitivo pues con su libertad es él quien quiere amar, vincularse, entregarse. El amor pasa entonces a ser también un acto de la voluntad. 

Indudablemente nuestro amor se dirige a la persona: queremos a la persona. Pero cuando amamos nuestra intención implica un doble objeto que tiende a dos cosas. Aristóteles lo había definido así: « Amar es querer a alguien un bien ». En el mismo acto de amor se tiende a la persona con la que se desea entrar en comunión real, y al bien que queremos para ella y que constituye la mediación real necesaria del amor en el obrar. Por tanto, el amor propiamente dicho es el amor de comunión, el amor de amistad, que busca al amigo no por el propio provecho o interés egoísta, sino por sí mismo, por su propia dignidad y virtud. Nuestro amor a las personas (por sí mismas) es esencialmente diferente de nuestro amor a las cosas. Las cosas en realidad, en sentido propio, no las amamos, sino que las apreciamos en la medida que nos sirven. A las personas a las que amamos tendemos a comunicar nuestros bienes, mientras que de las cosas tendemos a adquirir lo que nos falta.

De este modo, podemos hablar de una verdad del amor, que supera la simple sinceridad de los sentimientos, y que radica en la verdad del bien que deseamos para tal persona. Querer a la persona por sí misma implica necesariamente querer aquellos bienes que le permiten subsistir en sí misma. Sin la mediación de estos bienes el amor a la persona se convierte en un sentimiento vacío.

LAS DIMENSIONES DE LA EXPERIENCIA AMOROSA

Para vivir plenamente el amor conyugal es fundamental que los novios reconozcan la dinámica afectiva que lo motiva, pero también todas las dimensiones de la persona — en este caso dos personas– que ponen en juego. En el análisis de las diversas dimensiones que implica la atracción entre el hombre y la mujer nos preguntaremos cinco cuestiones: cuál es la reacción propia de cada nivel; qué la motiva; qué finalismo implica; cuál es su acto propio; y qué repercusión subjetiva comporta, así como reconocer cuál es el riesgo de absolutizar esta dimensión[1].

Dimensión corporal-sensual
REACCIÓN: Con una «excitación corporal»
MOTIVACIÓN: La apreciación de los «valores corporales-sexuales», de Marta en cuanto complementarios de los suyos.
FINALIZA:«Al cuerpo y a los órganos» de Marta.
ACTO PROPIO:La «unión sexual».
REPERCUSIÓN SUBJETIVA: Una satisfacción sensual, el «placer carnal».
RIESGO DE ABSOLUTIZARLA: Olvida a la persona. Acaba tratándola como un objeto a utilizar.

Dimensión afectivo-psicológica
REACCIÓN: «Emocionándose».
MOTIVACIÓN: Los «valores humanos ligados al hecho de ser varón o mujer».
FINALIZA A: la «mutua presencia interior» de Marta dentro de sí mismo.
ACTO PROPIO: «La unión de sentimientos»
REPERCUSIÓN SUBJETIVA: Pepe se «complace» en Marta.
RIESGO DE ABSOLUTIZARLA: Puede olvidar la realidad de sus valores e idealizarla

Dimensión personal
REACCIÓN: La «admiración».
MOTIVACIÓN: La «persona misma» de Marta.
FINALIZA: A la «promoción de la persona» de Marta.
ACTO PROPIO: El «don de sí recíproco»
REPERCUSIÓN SUBJETIVA: El «gozo».
RIESGO DE ABSOLUTIZARLA: Perder la simpatía del afecto, el carácter lúdico de saber esperar en la entrega

Dimensión trascendental
REACCIÓN: El «estupor»
MOTIVACIÓN: el «misterio de Dios y de su amor presentes en Marta»
FINALIZA: «en la comunión con Marta vivir la comunión con Dios»
ACTO PROPIO: La «alabanza» y la «acción de gracias»
REPERCUSIÓN SUBJETIVA: el «gozo de los bienaventurados»
RIESGO DE ABSOLUTIZARLA: Vivir la comunión con Dios sin tener en cuenta verdaderamente a Marta, procurando vivirla por separado o imponiendo su propia vivencia espiritual

[1] Cf. J. Noriega, El destino del eros, Palabra, Madrid 2005, 42-47. 144-145

fuente: bpf.laiconet.es

Matrimonio:vínculos y problemas

¿Qué tipo de amigo soy?

Todos debemos aprender a hacer amigos. Algunos por su carácter apático o melancólico les puede costar más, pero es importante que todos desarrollemos esa capacidad.. Es fácil conocer a mucha gente, pero hay una diferencia clara entre conocidos y amigos. Son amigos los que comparten su intimidad. “El hombre aparece sin secretos ante el amigo y la función esencial de aquél es ayudarle a corregirse y superarse en todos los aspectos.” 1 Un amigo me da su apoyo y me aconseja. Un conocido me respeta y talvez me alienta, pero no va más allá.

En la sociedad moderna los amigos pasan mucho tiempo en contacto. Ya sea física o virtualmente: colegio, trabajo, salidas o móvil, messenger y sms son formas de estar cerca en cualquier momento. En esta época histórica, las amistades pueden tomar una importancia más decisiva, su influencia es más fuerte que en el pasado, cuando la comunicación era más difícil. La facilidad de consultar, preguntar opiniones o buscar consejos es más sencillo y corriente. Y por la oportunidad, un consejo de un amigo puede influir más que el que se recibe de un padre o de un educador. Por lo cual es de definitiva importancia saber escoger los amigos.

Las malas amistades

Un autor muy leído del siglo XIX decía que debemos huir de dos cosas: de “los demonios que no espantan y las cadenas que no suenan. Los demonios que no espantan, son los malos amigos o compañeros: lo que el diablo no puede hacer por si, lo hace por ellos. Las cadenas que no suenan, son las ocasiones y peligros: antes de caer en lo grave, ni sentirlo, suele caer y quedar presa de ellas.” 2

Tal vez hoy hablar de los malos amigos como de demonios nos puede sonar salido de tono o incluso muy exagerado. Pero se ve que los autores espirituales son muy sensibles al respecto de las malas amistades. Santa Teresa también nos alerta frente a este peligro, de hecho llega a decir que las malas amistades fueron el motivo de su tibieza espiritual que –ya de monja– duró muchos años; será necesaria una intervención divina para darse cuenta: “estando con una persona, bien al principio del conocerla, quiso el Señor darme a entender que no me convenían aquellas amistades, y avisarme y darme luz en tan gran ceguedad: representóseme Cristo delante con mucho rigor, dándome a entender lo que de aquello le pesaba.” 3

Se dice que el ocio es la puerta de todos los males. Y que nadie está en mayor peligro que el que no teme el peligro. Pero una mala amistad es la peor aleación de estos componentes. Nos lo define con más claridad el libro del Sirácide: “El que toca el alquitrán se ensucia los dedos, el que se junta con un hombre soberbio se volverá como él” . 4 Creo que cualquiera puede encontrar sin dificultad si tiene alguna “mala amistad”, es algo frente al que un verdadero amigo nos alerta y que en la conciencia suena desde lejos.

Las buenas amistades

Dice el mismo libro Sapiencial “El amigo fiel es seguro refugio, el que le encuentra, ha encontrado un tesoro. El amigo fiel no tiene precio, no hay peso que mida su valor. El amigo fiel es remedio de vida.” 5 Las personas que gozan de buenas amistades suelen sentirse más satisfechas, son más eficaces y hacen rendir mejor su talento natural.

Parte de la tranquilidad y la seguridad que toda persona necesita para desarrollarse está en los amigos, que con su alegría y ejemplo nos ayudan a ser mejores. Y también nos ayudan a ser mejores cuando recurren a nosotros para que les demos alegría y ejemplo. Porque la amistad debe ser recíproca. Dice San Josemaría “No puedes ser un elemento pasivo tan sólo. Tienes que convertirte en verdadero amigo de tus amigos: “ayudarles”. Primero, con el ejemplo de tu conducta. Y luego, con tu consejo y con el ascendiente que da la intimidad.” 6

Ahora viene el auto examen: ¿qué tipo de amigo soy? ¿Podemos ser a veces una “mala amistad”?, no porque influyamos negativamente, sino porque tampoco lo hacemos en sentido positivo. Sí, debemos esforzarnos por ser estímulo, ayuda, pero un verdadero amigo debe preocuparse sobretodo de las cosas más importantes, de las que dan la alegría y la paz. Es propio del amigo compartir las alegrías, lo dice mejor el Papa: “Quien ha descubierto a Cristo no puede por menos de llevar a los demás hacia él, dado que una gran alegría no se puede guardar para uno mismo, sino que es necesario comunicarla. Esta es la tarea a la que os llama el Señor; este es el “apostolado de amistad”. Todo cristiano está invitado a ser amigo de Dios y, con su gracia, a atraer hacia él a sus amigos.” 7

Cristo nos ha dicho que “nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando… A ustedes les he llamado amigos” . 8 Cristo es el modelo del amigo perfecto, es El Amigo. La suya es una amistad profunda, sincera, leal, radical, y que sobretodo trae la verdadera alegría.

Un cristiano debe invitar y ayudar a sus amigos para que sean amigos de Cristo. Si el amigo rehúsa la invitación, la amistad permanece porque se le quiere por sí mismo, pero si acepta la invitación, entonces la amistad se fortalece porque ambos son amigos del Amigo.

1 Gran Enciclopedia Rialp, voz Amistad.
2 Vida Interior de XX, pag 27
3 Santa teresa. Libro de la Vida. Cap. 7. Num 6
4 Sir 13,1
5 Sir 6,14-16
6 SURCO, San Josemaría Escrivá, no. 731
7 Discurso BENEDICTO XVI, 10 de abril de 2006
8 Jn 15, 13-15

fuente: www.valoralamor.com