Hacemos familia también en Navidad

Estamos a un tris de la Navidad, realmente estas son fechas que en gran parte del mundo parecen vivirse. La Navidad representa todo un acontecimiento, y es esa novedad la que da sentido verdadero a este tiempo. Sin embargo todo transcurre tan deprisa, que en nuestras familias a veces la Navidad entre tantas vacaciones para los niño, las comidas, los regalos perdemos los mejores momentos para dedicarlos a la familia.
Seamos más creyentes o menos ¿quien no pone un motivo navideño en sus casa? Para empezar en cada casa sería muy bonito que podamos comenzar a hablar de la Navidad, a través de los pequeños signos y símbolos que esta nos muestra. Los hijos en este tiempo también necesitan que se les eduque, no les podemos dejar en manos de la televisión, del ordenador para que sean estos quienes les cuenten y le enseñen el porqué del motivo de la Navidad. Como decimos no hay vacaciones para la educación. Puede que a través del colegio les introduzcan pero estáen nuestra mano, en nuestra familia el poder continuar esa labor. Por lo tanto vamos a hacer también familia en Navidad.
¿Qué nos puede servir?
– Implicar a nuestros hijos en la decoración de nuestra casa, que nos ayuden a poner el Belén, el árbol, y a partir de ahí podámosle contar en función de cada una de sus edades lo que representa.
– Favorecer en esos días un clima de acogida en la familia, el mostrarnos con los otros miembros de la familia a gusto, evitando confrontaciones delante de nuestros hijos.
– Hacerles partícipe de la importancia de compartir, de ser solidarios con aquellos que no tienen regalos. Y de ahí reforzarles su generosidad.
– Ayudarnos en la preparación de las comidas, de poner la mesa, etc
– Crear ilusión y un clima de alegría.
– Poder contar cuentos de Navidad o cantar villancicos juntos.
– Seleccionar actividades para hacer con otros niños que tengan que ver con la Navidad.

 

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Comienza el cole: ¿cómo ayudar a nuestro hijos?

Nuestros hijos disfrutan de unas vacaciones escolares que son bastante largas, de ahí que a veces les sea difícil adaptarse al inicio de un curso que se aproxima de nuevo.  Es por ello que os recomendamos los siguiente puntos:
  • Entender que el periodo de adptación al cole lleva unos cuanto de días. Tanto para nuestros hijos como para los padres.
  • Preparar a nuestros hijos, y mucho más a los más pequeños para mentalizares de “la vuelta a cole” de una forma positiva (ej. reencuentro con sus amigos).
  • Hay que ir introduciendo de nuevo rutinas y horarios del curso con flexibilidad. Acompañar los padres, si puede ser a su primer día de clases. Y fomentar desde ahí su confianza y seguridad.
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Ideas para unas vacaciones en familia


Vuelven las vacaciones y es la perfecta oportunidad para disfrutar el tiempo libre en familia. Es el momento de recuperar las horas que dejamos de dedicarle a nuestros seres queridos por causa del trabajo y otras ocupaciones.

Pero ¿cómo utilizar el tiempo de ocio para sacarle el máximo provecho? Como padres de familia necesitamos un buen plan de acción para no dejar que las vacaciones se vayan sin haberlas disfrutado al máximo. Esos días con nuestros hijos son preciosos y debemos hacer todo lo posible para que queden en el recuerdo de la infancia como los tiempos felices junto a papá y mamá.

No permitamos que los días pasen y los chicos se la pasen ‘pegados’ al televisor, el computador o en otras actividades en las que no participamos como padres. He aquí algunas ideas de actividades para hacer en familia. Póngalas en práctica y verá como sus hijos se acordarán de éstas como unas vacaciones inolvidables.

Establezca un tiempo al día para leer con sus hijos. Una buena idea es ir a la biblioteca y dejarlos que escojan los libros que les cautiven.
Realicen algún deporte. Los chicos adoran salir con sus padres a la piscina, a montar en bicicleta, jugar fútbol, o simplemente dar una caminata.
Hagan un plan para visitar lugares que generalmente no se frecuentan por falta de tiempo, como museos, parques de diversiones, jardín botánico, zoológicos etc.
Aproveche para llevar a los chicos a ver las películas infantiles de la temporada.
Realicen trabajos manuales como modelar en cerámica o plastilina, pintar, etc.
Saque los juegos de mesa en los que puedan participar todos los miembros de la familia.
Lo más importante es que en las vacaciones pongamos en marcha algo profundamente enraizado en el ser humano: el sentido lúdico de la vida. El juego proporciona una vía de escape para luchar contra la ansiedad y las frustraciones. A través de actividades lúdicas se puede expresar lo mejor de cada quien y compartir gratos momentos en familia.

Recuerde que el juego ayuda a liberar la ansiedad y ofrece la posibilidad de reír. Está comprobado que las personas que juegan y ríen con frecuencia visitan muy poco los psicólogos y psiquiatras. Y qué mejor oportunidad que las vacaciones para apartar el estrés del trabajo y compartir todos estos momentos con los hijos.

Fuente: lafamilia.info

Se acerca el final del curso

 

Se acerca el final del curso… Y con ello parece que en casa han tocado a rebato. Los que han ido bien hasta ahora, están templados, tal vez algo inquietos. Los que no tienen muy claras las cosas lo llevan con temor e incertidumbre. Pero ¡ay!, los que arrastran tres o más asignaturas colgando de trimestres anteriores, sienten que su barco hace aguas a través de muchos agujeros. Tantos que no tienen manos ni dedos suficientes para tapar las vías abiertas en el casco.

Desesperados, viendo lo que les viene encima, vagan lamentablemente de libro en libro, intentando abarcar en unos instantes todo lo que han dejado en la cuneta durante meses y ven con terror que ningún concepto se les fija en la memoria ni consiguen resolver los malditos problemas que el profesor ha propuesto para hacer en casa.

También los padres

Por su parte, los padres, después de la última entrevista con el tutor, comienzan a anegarse en el desánimo y a menudear los lamentos y reproches: -“como suspendas, despídete de la TV de plasma, el DVD, la Play, el móvil, el MP4, el portátil, el Tuenti, el…” ¡Tantas cosas hemos metido en nuestras casas, que a duras penas podemos entrar en ellas! ¿Y pretendemos, con toda esta parafernalia, que nuestros hijos estudien? No nos damos cuenta de que tan solo hemos enfocado tristemente lo episódico. Nos fijamos en las notas, ignorando torpemente lo esencial del ser humano, que justo, en este momento, es nuestro hijo. Al observar tan superficialmente sus reacciones, su comportamiento (¡hasta los cambios que ha experimentado su cuerpo!), no nos reconocemos a nosotros mismos cuando teníamos su edad, cuando, salvado el tiempo, sentíamos lo mismo.

Y al final, la bomba justiciera: -“…ni equipo de futbol, ni Campamento de verano, ni…”. Justo al revés, pues al final aquella prohibición de la TV, el móvil, el MP4… no se cumplirá y lo más probable es que las actividades físicas y formativas, que pueden ser valiosos aliados para su bien, se las negaremos. ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo acertar en este callejón sin salida aparente?

“Y vosotros, padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y en la enseñanza del Señor”, nos dice San Pablo (Ef 6,4).

Criadlos en disciplina, lo que significa esfuerzo compartido por padres e hijos. Esfuerzo atento y constante, no de un tirón cuando viene el final del curso.

Criadlos en la enseñanza del Señor, lo que significa dar ejemplo de buena conducta, paciente, entregada, solícita. Enseñanza que se da en el hogar y que luego se prolonga, de forma complementaria, en el colegio cuando elegimos la opción de Religión.

Tormentas en la educación

Recibí un correo electrónico con diapositivas que cuenta la historia de un campesino que pidió a Dios que le diera el poder sobre el tiempo, de modo que llovería o haría el sol según sus deseos. Dios se lo concedió, y el campesino ordenaba no sólo los periodos de sol y de lluvia, sino también su intensidad, de modo que venían según él estimaba que era lo mejor para su cosecha. Al cabo del tiempo, ésta, en contra de lo esperado, fue malísima. Claro, el campesino, se quejó a Dios, y Él le contestó que al anular las tormentas, que son muy necesarias, su cosecha no prosperó. Las tormentas son la vía de aprendizaje para jóvenes y mayores. Son necesarias, pues al cabo de ellas, nos damos cuenta de que en época de bonanza hemos confiado demasiado en cosas que realmente no tenían ningún valor, que hemos puesto nuestro anhelo en cosas superfluas, y nos hacen poner la confianza y la fe en que cuando pasen, nos dejarán algo bueno en nuestras vidas.

“Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo”, dice Don Quijote.

Con los estudios, especialmente cuando son tormentosos, sucede lo mismo. Son nuestros hijos quienes han de afrontar las dificultades, los exámenes, las buenas y malas notas. Incluso, si han de enfrentarse a la convulsión de repetir curso. Los padres no debemos desaprovechar ninguna ocasión para sembrar el bien duradero en nuestros hijos, exprimiendo oportunamente las situaciones difíciles. El avance, el progreso, arranca de los tiempos de crisis.

Juan Santiago Garrido Moreno

Padre de familia