EL INTERÉS DE LOS PADRES POR TENER MÁS CONTROLES SOBRE CONTENIDOS TELEVISIVOS E INTERNET
Coordinadora de Comunicación del Grupo Educativo COAS.
Miembro de ATELEUS (Asociación de Telespectadores y Radioyentes de Euskadi).
Original para sontushijos
Una encuesta en EE.UU desvela
En el pasado mes de abril se publicó una encuesta en Estados Unidos muy interesante, ya que desvela opiniones muy reveladoras de los encuestados, como que los padres mayoritariamente utilizarían, si fuera posible, más y mejores controles para hacer más difícil el acceso de los hijos a determinados contenidos televisivos e internet.
Una de las preocupaciones más significativas que exponen los padres en este trabajo es el grado de indefensión al que están sometidos los niños de entre 2 y 14 años. Los padres demandan más ayuda de las empresas audiovisuales y del Gobierno para cumplir con la normativa relativa a la protección del menor en emisiones desapropiadas para su edad.
Esta encuesta se realiza por encargo de la Conferencia Episcopal Católica de Estados Unidos (The United Stated Conference of Catholic Bishops). La justificación de este trabajo de investigación, según aparece en el documento, es la preocupación de muchos padres ante los contenidos televisivos que se emiten sin clasificación previa y fuera del horario de protección. La Conferencia Episcopal hace un llamamiento a los progenitores advirtiendo que éstos son esenciales a la hora de establecer criterios sobre el buen uso de la televisión en familia. Asimismo, insta a la Administración para que mejore la clasificación de los contenidos y dote a los padres de más recursos para bloquear contenidos no deseados.
En la encuesta aparece como abrumador (más del 80% de los encuestados) que los padres de hijos entre 2 y 14 años demandan un mayor control sobre los medios de comunicación, que muestren violencia, sexo, consumo de drogas ilegales, abuso de alcohol y un idioma malsonante. Hubo particular preocupación en señalar la imagen de consumo de drogas y alcohol, ya que estos contenidos no son considerados en muchos sistemas de clasificación.
Los padres por su parte hacen lo que pueden y está en su mano. La encuesta mostró cómo éstos tratan de controlar lo que sus hijos ven, y más del 90% informó sobre las reglas caseras que utilizan para el buen consumo de los medios. Pero, alrededor de dos tercios cree que usarían más los controles parentales si tuvieran: más información sobre la capacidad de bloquear contenidos poco apropiados y una mayor disponibilidad de productos multimedia con este recurso.
Lo relevante de esta encuesta, en mi opinión, es que los padres demandan de los organismos gubernamentales más controles y recursos tecnológicos para hacer más efectivo el control parental sobre televisión e Internet. Son muchas las voces, en Estados Unidos y en Europa que reclaman una mayor protección de niños y jóvenes ante la exposición a las pantallas. Sin ir más lejos, en España, son muchos los padres y otros organismos los que han denunciado reiteradamente esta cuestión a las asociaciones de telespectadores y la empresa televisiva. Sin embargo, la solicitud de recursos tecnológicos para llevar a cabo este control me parece muy novedoso.
Esta nueva solicitud, en mi opinión, no debe ensombrecer lo primordial: la educación de los hijos en el buen uso de las pantallas. Los padres deben formar a los hijos en “competencia televisiva” para que los hijos adquieran criterio y sean capaces de diferenciar los valores positivos y negativos que difunden determinados programas. La tecnología no puede ni podrá suplir nunca la enseñanza que aportamos los padres, ésta no caduca nunca, la tecnología sí.
EL VERANO, UNA BUENA OCASIÓN PARA BAJAR EL CONSUMO TELEVISIVO
Coordinadora de Comunicación del Grupo Educativo COAS.
Miembro de ATELEUS (Asociación de Telespectadores y Radioyentes de Euskadi).
Original para sontushijos
La llegada de Junio- con un tiempo cálido y agradable, los atardeceres tardíos y el anhelo por aprovechar el buen tiempo en la calle- indica el inicio del periodo estival. El inicio del verano condiciona a muchas familias, por el empuje de los hijos, a pasar más tiempo al aire libre y en actividades lúdicas. Esto provoca que durante este periodo la televisión quede más al margen y posibilita que los padres pasen más tiempo con sus hijos sin la compañía televisiva.
Las posibilidades que se abren ante nuestros hijos, ya sean niños o adolescentes, se multiplican durante los fines de semana y el final del día escolar: practicar deporte, jugar en los parques y dedicar más tiempo a las cosas que les gustan. Los padres debemos aprovechar esta cautivación de los hijos por la diversión estival y, adelantándonos a sus planes, organizar planes en familia.
Este tiempo libre ha de cumplir una triple misión: ha de ser tiempo de descanso, diversión y desarrollo personal y familiar. Es preciso que este tiempo disponible se dedique a realizar actividades que enriquezcan a nuestros hijos y a la familia.
Una vez me dijeron con mucha razón, viendo que mi hijo me demandaba insistentemente, que “el mejor juguete de un niño son sus padres”. Durante el verano esta frase adquiere todo su significado, ya que la “atracción por el medio televisivo” decae y los juegos con los progenitores se hacen más divertidos en el medio natural.
De todos es conocido que los padres suponen un modelo importante en la relación que los niños establecen con el mundo e incluso, los hábitos de ocio de los progenitores sirven como patrón de actuación a los más pequeños.
Por ello, las pautas que los padres ofrezcan a sus hijos en relación al tiempo libre, tanto en el aspecto cuantitativo como en el cualitativo, serán esenciales para la interacción que el niño tenga con el ocio. Hay que evitar el peligro de que se destruya en poco tiempo lo que se ha venido construyendo con mucho esfuerzo durante la toda la semana: hábito de trabajo, esfuerzo en el estudio y progreso en virtudes.
Tenemos que cuidar como un tesoro este periodo para hablar con nuestros hijos, hacer más vida familiar, fomentar las aficiones de todos, comunicarnos más y conocernos mejor. Una de las variables más importantes a la hora de plantearse el tiempo de ocio es el diálogo familiar. Fruto del intercambio de opiniones, el niño pasa por un proceso de reflexión de lo que debe ser el buen aprovechamiento del tiempo libre.
Por otra parte, aunque el consumo televisivo baje durante este periodo, sigue siendo muy importante la compañía de los padres en esta actividad, ya que éstos pueden ofrecer orientaciones sobre valores positivos o en su caso, negativos y contravalores, que se desprenden de determinados contenidos televisivos. A raíz de los filtros que los adultos les proporcionen y de la contextualización de aquello que no lleguen a entender, los pequeños activarán mecanismos de defensa para encender una luz en futuras aproximaciones al medio e irán adquiriendo experiencia para realizar una lectura crítica de los mensajes.
Embarazos en adolescentes: las escenas de sexo en televisión los incrementan.
forumlibertas.com
Los chicos y chicas que ven habitualmente programas con escenas de sexo en televisión son dos veces más propensos a inducir o tener un embarazo precoz que el resto de adolescentes.
Esas son las conclusiones de un estudio realizado en Estados Unidos, que alerta a los programadores de televisión para que en los guiones de los programas con contenido sexual se transmitan también los riesgos de practicar sexo, relacionados tanto con el embarazo como con las enfermedades de transmisión sexual.
En España, donde abundan los programas y series con escenas subidas de tono y que incluso fomentan explícitamente las relaciones sexuales y homosexuales entre los jóvenes, el problema cobra una mayor dimensión por el hecho de que la emancipación sexual está legalmente fijada en los 14 años.
El estudio norteamericano, realizado por la Corporación Rand y que publica en su edición de noviembre la prestigiosa revista Pediatrics, establece por primera vez un vínculo científico entre la exposición de los adolescentes a contenidos de sexo en televisión y embarazos en chicas o responsabilidad de esos embarazos en chicos.
El doble de sexo en televisión
Según concluye el informe, los programas con sexo en televisión pueden estar jugando un papel determinante en que persistan altos niveles de embarazos no deseados en adolescentes, pese a que los jóvenes disponen de más información sexual que nunca.
“Nuestros hallazgos sugieren que la televisión puede estar jugando un papel significativo en los altos índices de embarazos en adolescentes en los Estados Unidos”, declaró Anita Chandra, principal autora del estudio y psicóloga de
la conducta en la Corporación RAND, una organización científica sin ánimo de lucro.
“Los adolescentes reciben una cantidad considerable de información sobre sexo a través de la televisión, pero esos programas no subrayan factores como los riesgos y la responsabilidad hacia el sexo”, puntualizó.
Esta investigadora dice que la exposición al sexo en televisión puede influir en los embarazos adolescentes debido a que se crea la percepción de que hay un pequeño riesgo en la práctica sexual sin usar anticonceptivos, lo que acelera la iniciación al sexo, según el estudio.
“La cantidad de sexo en la programación televisiva se ha duplicado en los últimos años”, añadió Chandra.
Programadores y padres, responsables
A su juicio, estas conclusiones conllevan responsabilidades tanto para los responsables de la programación en televisión como para los padres.
En concreto, los programadores deberían asumir la necesidad de incluir descripciones más realistas del sexo en los guiones y reflejar consecuencias como el embarazo no deseado o las enfermedades de transmisión sexual.
Por su lado, según el estudio de la Corporación Rand, los padres deben limitar el acceso a esta programación a menos que puedan explicar las consecuencias a sus hijos.
El informe se basó en una encuesta nacional sobre 2.000 adolescentes entre 12 y 17 años que fueron reclutados en 2001 y que fueron encuestados sobre sus hábitos de consumo de televisión y actividad sexual.
Los participantes fueron estudiados de nuevo en 2004. Ese análisis final se concentró en los 700 participantes que se habían iniciado en la práctica sexual, y hubo un tercero y posterior que se dedicó a la parte de éstos que ya había tenido una situación de embarazo.
Esa información se combinó con los hábitos televisivos y se concluyó que existía un elevado consumo en estos jóvenes de un total de 23 programas muy populares entre adolescentes que incluían altos niveles de contenidos sexuales. Se trata de programas de todo tipo de géneros: dramas, comedias, ‘realities’ e incluso dibujos animados.
España: permisividad total y emancipación sexual a los 14
Cabe señalar, como advertíamos al inicio de esta información, que en el caso de España el consumo televisivo por parte de los adolescentes de escenas con alto contenido sexual se da en una buena parte de la franja horaria y en prácticamente todo tipo de programas
Desde la programación de películas, pasando por programas a media tarde como el ya desaparecido El Diario de Patricia, y series como Aida o Física o Química, las escenas con alto contenido erótico, mensajes en los guiones que fomentan todo tipo de relaciones sexuales, infidelidades o relaciones de pareja que son presentadas como modelos ideales y alternativos al matrimonio, están a la orden del dia
A esta situación hay que añadir un marco legal que facilita en extremo que los adolescentes puedan decidir tranquilamente llevar a la práctica todo lo que la televisión les sugiere, ya que la edad de emancipación sexual está establecida en los 14 años, la más baja de Europa, y así lo determina el Código Penal modificado en 1995
De hecho, un joven o una joven pueden mantener a esta edad relaciones sexuales, incluyendo las homosexuales, con un adulto o adulta sin que los padres puedan legalmente oponerse a ello
Como tampoco se pueden oponer a que sus hijas dispongan a su antojo de la píldora ‘del día después’ o aborten si el médico lo autoriza sin el consentimiento paterno en lo que se consideran ‘adolescentes maduros’
Mientras tanto, padres, administraciones y la sociedad en su conjunto miran hacia otro lado, se inhiben y delegan en los adolescentes la responsabilidad de sus actos en todas estas cuestiones.
Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-12-08
“JUNTOS ANTE LA PANTALLA”
Original para sontushijos
Cuando llega la mitad del mes de septiembre, el calendario marca un retorno a la vida normal, pasado ya el periodo estival. El inicio del curso escolar condiciona para muchas familias este retorno a la normalidad de la vida de cada día. Un nuevo curso escolar nos invita a pensar también en el que podemos llamar un nuevo curso de educación en familia.
Quisiera ofrecer unas reflexiones sobre este nuevo curso en lo que atañe al consumo televisivo en nuestros hijos, apoyada por una ponencia que la profesora Carmen Marta Lazo hizo en un Congreso sobre Comunicación y Educación.
De todos es conocido que los padres suponen un modelo importante en la relación que los niños, como telespectadores, establecen con la televisión. Por una parte, los hábitos de consumo de los progenitores sirven como patrón de actuación a los más pequeños. De tal forma, que si la cantidad de consumo televisivo es muy elevado esto comportará un comportamiento imitativo, por parte de los más pequeños. Por otro lado, los padres sirven como guía en los contenidos que los niños ven. En este sentido, el control paterno/materno es esencial a la hora de establecer criterios relativos no sólo a la cantidad de exposición diaria al medio, sino también a la relación a los programas que resultan más o menos acordes atendiendo a la edad de los niños.
Por ello, las pautas que los padres ofrecen a sus hijos en relación al consumo televisivo, tanto en el aspecto cuantitativo como en el cualitativo, serán esenciales para la interacción que el niño tenga con el medio. Y una de las variables más importantes a la hora de plantearse la re-interpretación de los mensajes es el diálogo familiar respecto a los contenidos emitidos por televisión.
Fruto del intercambio de opiniones y del análisis compartido de los mensajes, el niño pasa por un proceso de reflexión de lo que los medios le muestran. Estas mediaciones en la familia y el en colegio suponen una vía para que el niño vaya adquiriendo “competencia televisiva” y pase de ser un mero receptor a convertirse en perceptor crítico.
Por otra parte, la compañía de los padres durante el consumo televisivo es de gran importancia para ofrecer orientaciones sobre valores positivos o en su caso, negativos y contravalores, que se desprenden de determinados contenidos televisivos. A raíz de los filtros que los adultos les proporcionen y de la contextualización de aquello que no lleguen a entender, los pequeños activarán mecanismos de defensa para encender una luz en futuras aproximaciones al medio en las que puedan realizar un consumo en solitario e irán adquiriendo experiencia para realizar una lectura crítica de los mensajes.
Otro de los parámetros que los padres pueden enseñarles son la diferenciación entre realidad y ficción, los géneros que representan la realidad y los que se fundamentan en lo imaginario, los aspectos críticos que se esconden detrás de algunos mensajes y la finalidad de los mismos, y por supuesto, el modo de discernir entre contenidos destinados a ellos como público objetivo y aquellos que son para adultos, y que no deberían ver si no son apropiados a su edad.
Por ello, que el niño realice un consumo más o menos responsable cuando se encuentre solo delante de la pantalla dependerá de la guía previa que sus padres le hayan ofrecido y de cómo hayan intervenido en el modelo perceptivo de sus hijos, modelo que en las etapas de la temprana infancia es imprescindible tutelar.
Asimismo, compartir junto con los hijos el tiempo dedicado al medio supone una forma de saber cuáles son sus gustos, preferencias y actitudes, lo que ayuda a los padres a conocer los usos que los más pequeños harán del medio cuando no se encuentren junto a ellos viendo la televisión.
En contraposición, el consumo habitual sin compañía alguna y la falta de diálogo respecto a lo visto en televisión puede afectar a una falta de cuestionamiento de lo emitido y a una ausencia de criterio respecto a todo aquello que pueda perjudicar el aprendizaje y el desarrollo del menor desde edades tempranas y a lo largo de todo su proceso evolutivo. En este sentido, Aguaded (1999) apunta que “la actitud familiar ante la televisión tiene mayor trascendencia si consideramos que ésta comienza a influir de forma sistemática desde la primera infancia, ya que los modelos paternos de esta época se mantienen en los periodos de mayor plasticidad en la evolución de los niños”.
Carmen de Andrés
Coordinadora de Comunicación del Grupo Educativo COAS. Miembro de ATELEUS (Asociación de Telespectadores y Radioyentes de Euskadi).
Las vacaciones, una buena ocasión para bajar el consumo televisivo
Por: Carmen de Andrés
sontushijos.org
La llegada de Junio- con un tiempo cálido y agradable, los atardeceres tardíos y el anhelo por aprovechar el buen tiempo en la calle- indica el inicio del periodo estival. El inicio del verano condiciona a muchas familias, por el empuje de los hijos, a pasar más tiempo al aire libre y en actividades lúdicas. Esto provoca que durante este periodo la televisión quede más al margen y posibilita que los padres pasen más tiempo con sus hijos sin la compañía televisiva.
Las posibilidades que se abren ante nuestros hijos, ya sean niños o adolescentes, se multiplican durante los fines de semana y el final del día escolar: practicar deporte, jugar en los parques y dedicar más tiempo a las cosas que les gustan. Los padres debemos aprovechar esta cautivación de los hijos por la diversión estival y, adelantándonos a sus planes, organizar planes en familia.
Este tiempo libre ha de cumplir una triple misión: ha de ser tiempo de descanso, diversión y desarrollo personal y familiar. Es preciso que este tiempo disponible se dedique a realizar actividades que enriquezcan a nuestros hijos y a la familia.
Una vez me dijeron con mucha razón, viendo que mi hijo me demandaba insistentemente, que “el mejor juguete de un niño son sus padres”. Durante el verano esta frase adquiere todo su significado, ya que la “atracción por el medio televisivo” decae y los juegos con los progenitores se hacen más divertidos en el medio natural.
De todos es conocido que los padres suponen un modelo importante en la relación que los niños establecen con el mundo e incluso, los hábitos de ocio de los progenitores sirven como patrón de actuación a los más pequeños.
Por ello, las pautas que los padres ofrezcan a sus hijos en relación al tiempo libre, tanto en el aspecto cuantitativo como en el cualitativo, serán esenciales para la interacción que el niño tenga con el ocio. Hay que evitar el peligro de que se destruya en poco tiempo lo que se ha venido construyendo con mucho esfuerzo durante la toda la semana: hábito de trabajo, esfuerzo en el estudio y progreso en virtudes.
Tenemos que cuidar como un tesoro este periodo para hablar con nuestros hijos, hacer más vida familiar, fomentar las aficiones de todos, comunicarnos más y conocernos mejor. Una de las variables más importantes a la hora de plantearse el tiempo de ocio es el diálogo familiar. Fruto del intercambio de opiniones, el niño pasa por un proceso de reflexión de lo que debe ser el buen aprovechamiento del tiempo libre.
Por otra parte, aunque el consumo televisivo baje durante este periodo, sigue siendo muy importante la compañía de los padres en esta actividad, ya que éstos pueden ofrecer orientaciones sobre valores positivos o en su caso, negativos y contravalores, que se desprenden de determinados contenidos televisivos. A raíz de los filtros que los adultos les proporcionen y de la contextualización de aquello que no lleguen a entender, los pequeños activarán mecanismos de defensa para encender una luz en futuras aproximaciones al medio e irán adquiriendo experiencia para realizar una lectura crítica de los mensajes.
La “autoridad social” de las teleseries y su representación de la familia
¿Por qué las tele-series influyen tanto en los jóvenes? Hace un par de días hablábamos en este blog de la manipulación de emociones en el cine, y señalábamos que en la actual crisis de valores que afecta a la educación (en la escuela, en la familia, en la vida social), es la representación audiovisual dominante (cine y televisión) la instancia que les dice dónde está el bien y el mal, qué hacer para alcanzar una vida plena, cómo conseguir la felicidad.
En el fondo, el problema que subyace es el de la “autoridad” concedida a las imágenes televisivas. Ante la desorientación de los padres (o su indiferencia ante los valores, o su actitud permisiva, o la renuncia a su misión educativa), los jóvenes están concediendo más autoridad epistemológica (conocimiento de la realidad) y más autoridad deontológica (valoración de la realidad) a los modelos que plasman las teleseries que a los aprendidos en clase o en las conversaciones con sus padres.
Los modelos de familia de “Aquí no hay quien viva” o “Los hombres de Paco” (familias rotas, con segundos o terceros matrimonios; infidelidades conyugales y exaltación de la homosexualidad), la promiscuidad familiar de series como “Los Serrano” o “90-60-90”, y la fuerte carga sensual de muchas series para adolescentes (como “El Pacto”, “El Internado” o “Física y Química”) acaban pareciendo a los jóvenes más reales y auténticas que su propia experiencia como familia. Aunque son pura ficción, esas series tienen más “autoridad” sobre lo que es y debe ser la familia que el ejemplo de la suya propia vivida durante años.
“¿Qué me van a decir mis padres sobre lo que debo o no debo hacer con mi novio?”, llegan a pensar muchas chicas adolescentes. “¡Si yo ya sé lo que es el noviazgo! ¡Si yo lo he visto, lo he vivido!”. En realidad lo ha visto y lo ha “vivido” en las series. Y eso, que es pura ficción, se le antoja más real –y más definitorio de lo que debe ser su pauta de conducta- que lo aprendido en casa y en el aula.
¿Por qué sucede esto? Por una parte, por la transferencia de personalidad que desarrollan al contemplar las teleseries. Y por otra, porque muchos padres transmiten un modelo de familia en el que parecen no creer: sin apenas convicción, ni alegría, ni entusiasmo. Si hiciéramos partícipes a nuestros hijos de la tarea maravillosa que es para nosotros formar una familia, del gustoso sacrificio que hemos puesto en traer hijos al mundo y educarlos, de la importancia de nuestra misión como padres (la más importante de nuestra vida), probablemente nuestros hijos la amarían también; y concederían menos autoridad a las teleseries porque compartirían con nosotros la ilusión de crear un hogar y de comprometerse por amor para toda la vida.
jesucristoenelcine.blogspot.com
Contenidos de Internet y TV
Carmen de Andrés, Coordinadora de Comunicación del Grupo Educativo COAS.
Miembro de ATELEUS (Asociación de Telespectadores y Radioyentes de Euskadi) nos informa:
En el pasado mes de abril se publicó una encuesta en Estados Unidos muy interesante, ya que desvela opiniones muy reveladoras de los encuestados, como que los padres mayoritariamente utilizarían, si fuera posible, más y mejores controles para hacer más difícil el acceso de los hijos a determinados contenidos televisivos e internet. Una de las preocupaciones más significativas que exponen los padres en este trabajo es el grado de indefensión al que están sometidos los niños de entre 2 y 14 años. Los padres demandan más ayuda de las empresas audiovisuales y del Gobierno para cumplir con la normativa relativa a la protección del menor en emisiones desapropiadas para su edad.
Esta encuesta se realiza por encargo de la Conferencia Episcopal Católica de Estados Unidos (The United Stated Conference of Catholic Bishops). La justificación de este trabajo de investigación, según aparece en el documento, es la preocupación de muchos padres ante los contenidos televisivos que se emiten sin clasificación previa y fuera del horario de protección. La Conferencia Episcopal hace un llamamiento a los progenitores advirtiendo que éstos son esenciales a la hora de establecer criterios sobre el buen uso de la televisión en familia. Asimismo, insta a la Administración para que mejore la clasificación de los contenidos y dote a los padres de más recursos para bloquear contenidos no deseados.
En la encuesta aparece como abrumador (más del 80% de los encuestados) que los padres de hijos entre 2 y 14 años demandan un mayor control sobre los medios de comunicación, que muestren violencia, sexo, consumo de drogas ilegales, abuso de alcohol y un idioma malsonante. Hubo particular preocupación en señalar la imagen de consumo de drogas y alcohol, ya que estos contenidos no son considerados en muchos sistemas de clasificación.
Los padres por su parte hacen lo que pueden y está en su mano. La encuesta mostró cómo éstos tratan de controlar lo que sus hijos ven, y más del 90% informó sobre las reglas caseras que utilizan para el buen consumo de los medios. Pero, alrededor de dos tercios cree que usarían más los controles parentales si tuvieran: más información sobre la capacidad de bloquear contenidos poco apropiados y una mayor disponibilidad de productos multimedia con este recurso.
Lo relevante de esta encuesta, en mi opinión, es que los padres demandan de los organismos gubernamentales más controles y recursos tecnológicos para hacer más efectivo el control parental sobre televisión e Internet. Son muchas las voces, en Estados Unidos y en Europa que reclaman una mayor protección de niños y jóvenes ante la exposición a las pantallas. Sin ir más lejos, en España, son muchos los padres y otros organismos los que han denunciado reiteradamente esta cuestión a las asociaciones de telespectadores y la empresa televisiva. Sin embargo, la solicitud de recursos tecnológicos para llevar a cabo este control me parece muy novedoso.
Esta nueva solicitud, en mi opinión, no debe ensombrecer lo primordial: la educación de los hijos en el buen uso de las pantallas. Los padres deben formar a los hijos en “competencia televisiva” para que los hijos adquieran criterio y sean capaces de diferenciar los valores positivos y negativos que difunden determinados programas. La tecnología no puede ni podrá suplir nunca la enseñanza que aportamos los padres, ésta no caduca nunca, la tecnología sí.
Adolescentes y contexto de recepción de contravalores
http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20100408/53902790110.html
Susana Quadrado
Ahora no se viven riesgos morales educativos mayores que antes: es más fácil culpar a la televisión o a internet que asumir compromisos
Los casos de niños que agreden a sus iguales son tan poco frecuentes como reales. Sólo el 5% de los delitos de menores son graves, aunque cuando ocurren golpean conciencias. Ya no matan sólo los marginados. A la lista de rafitas,carcaños y demás canallas precoces se incorpora ahora la presunta agresora de Cristina Martín, protagonista del último drama adolescente que ha saltado a las portadas estos días, relegando a un segundo plano otros asesinatos, diarios, como los de la violencia de género. Son crímenes de niños dignos de estudio, rodeados de circunstancias que los hacen excepcionales. A la hora de analizar qué se esconde detrás, busquemos un problema de socialización, pero, por favor, no caigamos en los tópicos ni en las generalizaciones.
No podemos simplificar las cosas aduciendo que la adolescencia está hecha unos zorros, que todos son iguales…, ¡encendamos las alarmas porque está creciendo una manada de monstruos asesinos, en el peor de los casos, ode tarambanas estúpidos, en el mejor! Este catastrofismo militante respecto a la adolescencia no aporta nada y distorsiona la realidad. Quizás sí que sea el momento de preguntarnos si el edificio moral que estamos construyendo para los jóvenes tiene una base lo bastante sólida como para resistir las embestidas propias de la adolescencia. No es el momento, sin embargo, para abatir sobre la cabeza de los niños la responsabilidad de todos los males de esta edad. A veces pienso que a algunos habría que recordarles que la adolescencia no es un invento cultural moderno, sino un fenómeno biológico presente en el reino animal, y que nosotros – ustedes y yo-también fuimos odiosos, insoportables y difíciles.
Tampoco creo que ahora se vivan riesgos morales educativos mayores que antes.
Es más fácil señalar como chivo expiatorio a la televisión, los videojuegos o internet que asumir los compromisos. Que si banalizan la violencia, que si trivializan las relaciones sexuales, que si legitiman el consumo de drogas… Es cierto que algo de todo eso hay en algunos contenidos televisivos que se dedican a exaltar la estupidez y el borreguismo. Aunque de ahí a establecer un paralelismo directo entre la cultura de masas y la conducta de los niños hay un gran trecho. Ni es la primera vez que se ha escrito esta frase ni es mía: en lo que se refiere a los contenidos morales, lo que importa es el contexto de recepción. Dicho con otras palabras, si nos desentendemos de nuestros hijos, si estamos ausentes en su vida, apechuguemos luego con las consecuencias y no nos lamentemos.
Los sociólogos que han estudiado la respuesta de los menores violentos ante situaciones que no digieren yque resuelven con la violencia advierten que la mayoría de ellos dio señales previas de alarma. A unos niños les faltaron los mecanismos psicológicos para controlarse; otros tenían un trastorno de base. Pero en todos los casos su problema pasó inadvertido a sus padres.
EL INTERÉS DE LOS PADRES POR TENER MÁS CONTROLES SOBRE CONTENIDOS TELEVISIVOS E INTERNET
Una encuesta en EE.UU desvela
En el pasado mes de abril se publicó una encuesta en Estados Unidos muy interesante, ya que desvela opiniones muy reveladoras de los encuestados, como que los padres mayoritariamente utilizarían, si fuera posible, más y mejores controles para hacer más difícil el acceso de los hijos a determinados contenidos televisivos e internet.
Una de las preocupaciones más significativas que exponen los padres en este trabajo es el grado de indefensión al que están sometidos los niños de entre 2 y 14 años. Los padres demandan más ayuda de las empresas audiovisuales y del Gobierno para cumplir con la normativa relativa a la protección del menor en emisiones desapropiadas para su edad.
Esta encuesta se realiza por encargo de la Conferencia Episcopal Católica de Estados Unidos (The United Stated Conference of Catholic Bishops). La justificación de este trabajo de investigación, según aparece en el documento, es la preocupación de muchos padres ante los contenidos televisivos que se emiten sin clasificación previa y fuera del horario de protección. La Conferencia Episcopal hace un llamamiento a los progenitores advirtiendo que éstos son esenciales a la hora de establecer criterios sobre el buen uso de la televisión en familia. Asimismo, insta a la Administración para que mejore la clasificación de los contenidos y dote a los padres de más recursos para bloquear contenidos no deseados.
En la encuesta aparece como abrumador (más del 80% de los encuestados) que los padres de hijos entre 2 y 14 años demandan un mayor control sobre los medios de comunicación, que muestren violencia, sexo, consumo de drogas ilegales, abuso de alcohol y un idioma malsonante. Hubo particular preocupación en señalar la imagen de consumo de drogas y alcohol, ya que estos contenidos no son considerados en muchos sistemas de clasificación.
Los padres por su parte hacen lo que pueden y está en su mano. La encuesta mostró cómo éstos tratan de controlar lo que sus hijos ven, y más del 90% informó sobre las reglas caseras que utilizan para el buen consumo de los medios. Pero, alrededor de dos tercios cree que usarían más los controles parentales si tuvieran: más información sobre la capacidad de bloquear contenidos poco apropiados y una mayor disponibilidad de productos multimedia con este recurso.
Lo relevante de esta encuesta, en mi opinión, es que los padres demandan de los organismos gubernamentales más controles y recursos tecnológicos para hacer más efectivo el control parental sobre televisión e Internet. Son muchas las voces, en Estados Unidos y en Europa que reclaman una mayor protección de niños y jóvenes ante la exposición a las pantallas. Sin ir más lejos, en España, son muchos los padres y otros organismos los que han denunciado reiteradamente esta cuestión a las asociaciones de telespectadores y la empresa televisiva. Sin embargo, la solicitud de recursos tecnológicos para llevar a cabo este control me parece muy novedoso.
Esta nueva solicitud, en mi opinión, no debe ensombrecer lo primordial: la educación de los hijos en el buen uso de las pantallas. Los padres deben formar a los hijos en “competencia televisiva” para que los hijos adquieran criterio y sean capaces de diferenciar los valores positivos y negativos que difunden determinados programas. La tecnología no puede ni podrá suplir nunca la enseñanza que aportamos los padres, ésta no caduca nunca, la tecnología sí.
Carmen de Andrés
Coordinadora de Comunicación del Grupo Educativo COAS.
Miembro de ATELEUS (Asociación de Telespectadores y Radioyentes de Euskadi).







