Dibujos para niños y nada para adolescentes

Por Mariano González
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Última actualización 16/05/2011@08:19:41 GMT+1
La medida para valorar un programa de televisión suele ser cuánta gente lo ve. Pero también se puede preguntar a los profesionales del Medio qué piensan ellos mismos de los gustos del espectador. En concreto ¿piensan los profesionales que dos segmentos de la audiencia, niños y adolescentes, se identifican con los modelos sociales y la oferta de los Medios?
Si la pregunta se refiere a la televisión que más ven los adultos, la generalista, la respuesta de los profesionales es que a los menores de 13 años esa televisión no les gusta. Y los adolescentes (14-18 años), ¿qué opinan de la tele en general? Pasan de ella. Solo se fijan en algunas series, la mayoría fabricadas para adultos, pero que les atraen porque están protagonizadas por actores de 30 años, disfrazados de alumnos de Instituto. Eso es todo. La industria carece de productos audiovisuales para ese target.

Porque las cosas cambian. Hasta 1986, la única televisión era TVE. Su programación enganchaba a todos y trasladaba bien sus modelos sociales. No había alternativa. Hoy, con una copiosa oferta, los más pequeños sí han encontrado su hueco en los canales infantiles –como Clan y Disney Chanel–, mientras que los adolescentes no se identifican con lo que ven. La oferta selvática de la TDT les resbala. Se van a contenidos más interactivos y los encuentran en el marasmo de las nuevas tecnologías.

La ventana de los canales temáticos tiene una pega: el exceso de dibujos animados, por un lado; y la abundancia de producciones muy americanas, por otra. Muy reductiva. Los programas específicamente infantiles, y de factura española, son habas contadas: el éxito mundial de Pocoyó, El club de Pizzicato (TVE2) y la esporádica aparición de programas con menores en el plató.

Aprender el medio

El canal Teleclip.tv enseña a chicos de 7 a 16 años a realizar reportajes, video-clips, telediarios, guiones, etc. A ser creativos. Su directora, la profesora de Ciencias de la Información (Complutense) Loreto Corredoira, hizo el primer diagnóstico en una reciente jornada sobre televisión y menores de edad: “Los niños han encontrado contenidos especializados con los que se identifican; los adolescentes, no. La televisión no responde a sus expectativas. Quieren sentirse más protagonistas que los niños y por eso se intercambian contenidos”.

En ese mismo acto de iCmedia (federación de asociaciones de usuarios de medios), una solución para el público infantil la dio Yago Fandiño, subdirector de la Web de Contenidos de RTVE. Consiste en desagregar contenidos, según edades. Es un esfuerzo del Medio, que falta en muchas cadenas.

Fandiño apunta dos problemas para los niños: los modos de acceso (móviles, webs, consolas, portátil) son abundantes y los contenidos también. Y como no todos son válidos para ellos, la elección se complica.
En cuanto a los adolescentes, gran despiste. “No les vale el modelo unidireccional. Incluso a partir de los 12 años ya no sabemos qué contenidos les interesan”.

Niños mayores

Sí, el período de infancia se acorta, apostilla Fernando Barrenechea, Responsable de Marketing de Zinkia, productora de Pocoyó. Los niños utilizan ya más de un soporte para ver contenidos, muchas veces diseñados para un público más mayor, “lo que no sé si es bueno”, se lamenta.

En cuanto a los gustos de los adolescentes: “Van por delante del modelo que ofrecemos. Los productos de animación se les quedan cortos, y las series juveniles, que siguen con pasión, tienen un código de valores inapropiado para su edad”.

Una ley muy laxa

Arturo Canalda, Defensor del Menor en Madrid, centró el tiro en los contenidos inadecuados para menores, que una Ley Audiovisual “muy laxa” permite a las cadenas difundirlos. Igualmente culpables son el miedo del espectador y de las instituciones a criticar y sancionar al Medio que así actúa, el morbo de verlos –lo que sube la audiencia– y la actitud de los padres que, con su pasividad, no dan criterio a sus hijos para elegir ofertas de calidad.

Fuente:padresycolegios.com

LA IMPORTANCIA DEL SUEÑO EN LOS NIÑOS

Carmen de Andrés
Coordinadora de Comunicación del Grupo Educativo COAS.
Miembro de ATELEUS (Asociación de Telespectadores y Radioyentes de Euskadi).

Los padres debemos fijar un horario de cierre de la televisión.

Psicólogos, pediatras y especialistas están de acuerdo en que la salud y el crecimiento de los niños se hallan estrechamente ligados a sus ritmos biológicos. Muchos problemas de cansancio, falta de rendimiento escolar e incluso retraso de crecimiento se explican por una desincronización con el denominado reloj biológico que gobierna nuestro sistema nervioso.

La falta de sueño, puede provocar en el niño comportamientos de aislamiento, angustia y actitudes agresivas. Al dormir, el organismo incrementa, entre otras cosas, la producción de sustancias que regulan y aumentan la respuesta inmunitaria, la regeneración orgánica, la síntesis de la hormona del crecimiento, la maduración neuronal, la regeneración de procesos mentales y de aprendizaje, así como el almacenamiento de la memoria a largo plazo.

Por todas estas razones se hace necesario preservar el sueño de cada niño. Es importante que los padres cuiden el sueño de sus hijos como un hábito desde los primeros meses de vida. Esto determina un rol primordial de los padres para proteger la higiene del sueño de los hijos como parte de su crianza y educación.

Sin embargo, hoy en día, muchas veces por el desconocimiento de los riesgos que entraña, se produce en muchas familias una patente relajación de las normas que regulan la vida cotidiana, provocando, entre otras consecuencias, una patente erosión de los límites horarios para ir a dormir de los más pequeños.

Según un estudio realizado por la Universidad de Navarra, el 60% de los niños encuestados ven la televisión después de las diez de la noche, porcentaje que asciende al 85% los fines de semana, además, el 64% de los padres no controla la televisión que ven sus hijos. Otro dato que apuntala el exceso de televisión que devoran los niños es que se calcula que en España los menores de entre cuatro y catorce años pasan más tiempo utilizando la televisión y otras pantallas (990 horas al año) que en el colegio (960).

Todos sabemos que la televisión tiene sobre los niños un efecto magnético. La focalización de la atención a este medio es debida a la fascinación que produce la conjunción de imágenes y sonido. Es fácilmente comprobable por la mayoría que cuando un niño está conectado a la televisión es muy difícil que nos preste la atención debida. Sin embargo, no debemos dejar que nuestros hijos queden hipnotizados por el medio y mucho menos que éste sea el que organice los horarios de descanso de la familia.

Los expertos alertan que los niños preescolares (3 a 6 años) deben dormir una media de entre 10 y 12 horas, los escolares (6-12 años), 10 horas, los adolescentes, 9 horas y los adultos, 8 horas. Éstos previenen sobre la importancia de mantener las rutinas en los niños y especialmente una higiene a la hora de descansar para que no se produzca una merma en la concentración que pueda repercutir en sus resultados escolares y una mayor irritabilidad que afecte a su sociabilidad.

Los padres debemos asumir que el sueño del niño debe ser tenido en cuenta y orientar a nuestros hijos en el consumo responsable de las pantallas para evitar los perjuicios que los malos hábitos puedan conllevar. La Asociación de Pediatría Norteamericana daba una serie de consejos a los padres para ayudarles a organizar mejor los horarios de descanso de los pequeños que creo que podríamos aprovechar: limitar el tiempo de exposición al televisor de los menores a 1 ó 2 horas como máximo, retirar la televisión de las habitaciones, seleccionar las programaciones y ver la televisión en familia.

Fuen:www.sontushijos.org

La televisión y la familia

Adictos a la Tele

Un espectador medio pasa en España cada día más de tres horas viendo televisión. Un estudio de los expertos Robert Kubey y Mihaly Csikszentmihalvy ha profundizado en el consumo excesivo de la audiencia en su trabajo La adicción televisiva no es una metáfora, cuyo título ya es por sí revelador. Carta de Ajuste resume el artículo publicado en Estados Unidos por Scientif American. Os he resumido lo más interesante:

Es asombrosa la cantidad de tiempo que la gente pasa viendo la televisión. Por término medio, los individuos en el mundo industrializado dedican tres horas al día a la búsqueda de programas –la mitad de su tiempo de ocio- y más que cualquier otra actividad para ahorrar trabajo y sueño. Sobre la base de semejante proporción, alguien que viva 75 años pasa 9 de ellos frente al aparato. Otros estudios han demostrado, de manera consistente, que casi el 10% de los adultos se denominan, a sí mismos, adictos televisivos. Como podría esperarse, cuando llamábamos a la gente que estaba viendo la televisión, nos decían que se encontraban en un estado pasivo y relajado. De manera similar, los estudios llevados a cabo con el electroencefalograma muestran una menor estimulación mental, al ser medidos por la producción alfa de ondas cerebrales, durante la visión televisiva que durante la lectura.

En 1986, Byron Reeves, de la Universidad de Standford; Esther Thornson, de la Universisdad de Missouri, más otros colegas, comenzaron a estudiar si los retos firmes y formales de la televisión –cortes, películas, zooms, vistas panorámicas, ruidos repentinos- activan la respuesta orientativa y, de aquí, que se mantenga la atención en pantalla. Mediante la vigilancia de cómo las ondas cerebrales se afectaban por rasgos formales, los investigadores llegaron a la conclusión de que otros trucos estilísticos son capaces, en verdad, de desencadenar respuestas involuntarias y “sacar su valor de atención por medio de la significativa evolución de detectar movimientos… Son las formas –no los contenidos- las que hacen única a la televisión.”

La respuesta orientativa puede, en parte, explicar las más comunes observaciones del telespectador, tales como: “Si la televisión está encendida, no soy capaz de llevar los ojos hacia otro lado o cerrarlos”, “no quiero ver tanto como lo hago, pero no me es posible defenderme” y ”me siento hipnotizado cuando veo la televisión”.

Roberto D McIlwraith, de la Universidad de Manitoba, analizó en los estudios a los que a sí mismos se califican como teleadictos. Bajo una media llamada SIPI, se encontró con que los adictos, más arriba citados, se aburren y distraen con superior facilidad, y tienen un control más pobre de la atención que los que no padecen adicción. Los adictos manifestaron que usaban la televisión como divertimento en la huida de pensamientos desagradables, así como para rellenar el tiempo. Otros estudios –en el transcurso de los años- han demostrado que los telespectadores intensos tienen una inferior probabilidad de tomar parte en las actividades comunitarias y deportivas, con una cierta tendencia a la obesidad en relación con los telespectadores moderados o que, simplemente, no lo son.

Para algunos investigadores, el paralelismo más convincente entre la televisión y los drogadictos es que la gente experimenta los síntomas de la retirada cuando dejan el visionado. Hace casi 40 años que Gary A. Steiner, de la Universidad de Chicago, coleccionó un fascinante número de familias cuyo grupo se había roto, circunstancia que retornan cuando la casa sólo tiene un conjunto: “la familia se mueve dando vueltas como un pollo sin cabeza”. “Era terrible”. “No hacíamos nada. Sólo hablar entre mi esposo y yo”. “Lloraba constantemente. Los niños me molestaban y mis nervios estaban a punto de estallar. Traté de interesarles en juegos, pero imposible. La televisión es parte de ellos”.

“En más de la mitad de los hogares, durante estos iniciales primeros días, se interrumpían las rutinas ordinarias, los miembros tenían dificultades para adaptarse al nuevo horario disponible, expresaban ansiedad y espíritu agresivo… La gente que vivía solitaria mostraba tendencia a la irritación y a aburrirse… Durante la segunda semana, era común un movimiento de adaptarse a la nueva situación.”

Aunque parezca que la televisión está en línea con el criterio de dependencia a la sustancia, no todos los analistas han llegado tan lejos como para llamar aditiva a la televisión. Mc Ilwaith dijo en 1998 que “desplazar otras actividades por la televisión puede ser significativo socialmente, pero aún se está lejos de la exigencia clínica para un importante deterioro”. Argumentó que tal vez no sea necesaria una nueva categoría de “teleadicción”, si los espectadores intensivos se contienen de condiciones tales como depresión y fobia social. No obstante, si diagnosticamos que alguien sea teledependiente, o no, de manera formal, millones de personas notan que no pueden controlar, fácilmente, la cantidad de televisión que ven.

Para una creciente mayoría del público, la vida online que llevan puede, no pocas veces, parecer más importante, inmediata e intensa que la que llevan en un cara a cara. Mantener el control sobre los hábitos medios de uno mismo es hoy –más que nunca lo ha sido- un auténtico reto. Los aparatos de televisión y ordenadores están en todas partes, pero la pequeña pantalla e internet necesitan no interferir con la calidad del resto de la propia vida. En su fácil suministro de relajación y escape, la televisión es capaz de ser beneficiosa a dosis limitadas. Ahora bien, cuando la costumbre obstaculiza la capacidad de interferir el crecimiento, aprender nuevos temas y conducir a una vida activa, entonces sí que constituye un tipo de dependencia y, así, debería tomarse muy en serio.

fuente: sontushijos.org

Se potencia un niño aislado, solitario y condenado a un consumo sistemático

Un informe que analiza las revistas juveniles en España. La conclusión es demoledora: apenas se transmiten valores como el compromiso, la responsabilidad o la solidaridad

(RD-Navarra).- La Federación Ibérica de Telespectadores y Radioyentes ha elaborado con el departamento de Consumo del Gobierno de Navarra un informe que analiza las revistas juveniles en España. La conclusión es demoledora: apenas se transmiten valores como el compromiso, la responsabilidad o la solidaridad. Las revistas que se han analizado son: Aprende y juega con POKEMON, Art attack, ¡BOOM!, Bratz, Cartoon Network, Dibus, Explora y navega, Fox Kids Magazine, Los Lunnis, Mega Top, Megatrix, Muy Interesante, junior, Princesas, Reportero DOC y Tu mejor amiga.
Entre las conclusiones, el estudio destaca que “las referencias a padres y familias son prácticamente inexistentes”. Señala también que “apenas se manifiestan en estas revistas, en general, ambiciones educativas que aspiren a potenciar en sus lectores algo más que no sea el ocio entendido como consumo”.

En cuanto a la publicidad, ocupa una media de 40% de las revistas y destaca el peso de la dedicada a los juegos electrónicos.

El estudio de la Federación Ibérica de Telespectadores reconoce que en algunas revistas se permite cierto espacio a contenidos culturales y de “ocio activo y creativo”, sin embargo, afirma que “el resultado final, en general, es el de unos productos vehículo de la globalización cultural y recreativa”.Autor: solidaridad.net- Fecha: 2007-04-14

Educación: ¿qué lugar debe ocupar la televisión?

No hay por qué demonizar la televisión o internet, ni refrenar la curiosidad de niños y niñas por el mundo de las imágenes. Pero, frente a una cierta relajación en la atención de los adultos, los profesionales de la infancia apelan a la responsabilidad y a la vigilancia de los padres. A cada edad, su programa… Estas son algunas de las medidas que conviene tomar.

Antes de los 3 años, es demasiado pronto

Nada de tele para los bebés. Sin embargo, sentar al niño en el regazo mientras vemos un programa es muy tentador. Al fin y al cabo, no se entera de nada, pensamos. Pero, en realidad, su cerebro es como una esponja: absorbe todo lo que ve.

Desconfiad de las cadenas para bebés, aunque el contenido parezca anodino. Los expertos se muestran de acuerdo en considerar que son peligrosas para el desarrollo del niño. Si el bebé está a cargo de una niñera, hay que intentar hablar con ella.

De los 3 a los 8 años, acompañadlo en sus descubrimientos

No dejéis a los niños pequeños solos ante una pantalla. Es importante que los padres acompañen a sus hijos en el descubrimiento del mundo de las imágenes y puedan hablar con ellos de lo que ven. Los niños menores de 8 años solo deberían ver programas infantiles.

De los 8 a los 12 años, bajo control

Hay que mantener un control sobre el contenido de los programas que ven los niños y sobre el tiempo que pasan frente a la pantalla. Lo mejor es establecer unas normas sobre qué días y a qué horas pueden ver la televisión.

Podemos consultar la programación con él aunque, hoy en día, la oferta es inabarcable. Fijaos en las advertencias sobre la edad aconsejada.

Controlad también su acceso a internet, instalando un software de control paterno.

Mucho cuidado con los telediarios. Cada vez emiten más imágenes que pueden herir a los niños. Y, solo a veces, los presentadores advierten sobre la dureza de las imágenes que están a punto de aparecer. Por lo general, el aviso llega demasiado tarde y los padres ya no tienen tiempo de alejar a sus hijos de la pantalla.

En la adolescencia, mantened el diálogo y despertad su espíritu crítico

Cuanto mayor es el niño, más difícil es mantener el control. Pero esa no es razón para renunciar demasiado pronto. Cuanto más tarde entren las pantallas en la habitación del adolescente, mejor. Y cuanto más dure el control del tiempo que pasa ante ellas, también.

Hablad con él sobre las imágenes que ha visto, de lo que le ha gustado y de lo que le ha podido chocar.

Es importante despertar lo antes posible, su espíritu crítico y su capacidad de reflexión y ayudarlo a verbalizar sus emociones.

Christine Legrand

Fuente: conmishijos.com

El Papa lamenta que la televisión de hoy

I. A. M – Roma.- (25/01/04)

Juan Pablo II denunció ayer un exceso de escenas de sexo en la programación televisiva, que en conjunto valoró como «contraria a los valores tradicionales y a la familia». El Pontífice se lamentó de que la pequeña pantalla refleja con frecuencia «la infidelidad y la actividad sexual fuera del matrimonio», sosteniendo «el divorcio, la contracepción, el aborto y la homosexualidad» en una visión sesgada «con ausencia de una visión moral y espiritual del matrimonio». Según el Papa se promueven causas «enemigas del matrimonio y de la familia y perjudiciales al bien común de la sociedad». La denuncia aparece en un mensaje con motivo del «Día Mundial de la Comunicación Social» que se celebrará el próximo 23 de mayo que el Vaticano dio a conocer ayer con motivo de la festividad de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas.

El tema elegido por la Santa Sede para este jornada es «Los medios de comunicación y la familia: un riesgo y una riqueza». En el documento se pide una «justa distribución de los recursos mediáticos», para hacer frente a los riesgos de una «globalización consumista». Igualmente pide combatir «un sentimiento libertario y secular contra los valores tradicionales cristianos», con el que se ofrece a menudo «una visión distorsionada de la vida, la familia, la religión y la moral». Aunque en el texto se asegura que no se debe recurrir a la censura, se pide a los padres y los educadores que eviten a los menores una excesiva dependencia de la televisión. También se hace un llamamiento a los poderes públicos para que acepten los consejos de los «defensores de la familia» a la hora de establecer la programación. «Los padres deben formar a sus hijos en el uso moderado, crítico, vigilante y prudente de los medios de comunicación en el hogar», al recordar que hay fuertes intereses comerciales detrás de los mensajes que se hacen llegar.

fuente: arvo.net

LOS NIÑOS DE LAS MIL HORAS DE TELE

LOS NIÑOS DE LAS MIL HORAS DE TELE
Un estudio reabre la alerta sobre el consumo masivo que los menores hacen de la televisión. Nadie sabe aún cuál es el efecto sobre los niños, aunque nadie duda de que marcará a toda una generación

Por Joaquim Reglan
La Vanguardia 25/01/2004

“Por la mañana están muy nerviosos, porque desayunan rápido e hipnotizados ante la tele”, explica una maestra

“El problema de fondo –apunta un profesor de psicoanálisis– no es de cifras, sino de personas indefensas ante los medios”

La comprobación de que las criaturas pasan más horas frente al televisor y otras pantallas electrónicas que en la escuela dispara las alarmas y el debate sobre la cantidad y calidad del consumo audiovisual. Mac Luhan vaticinó aulas sin muros debido a la influencia de la cultura audiovisual, pero no imaginó que las malas artes y las nuevas tecnologías crearían vertederos de basura sin muros de contención. Un estudio realizado por el Consell de l”Audiovisual de Catalunya (CAC) alerta sobre que los menores catalanes pasan 990 horas anuales ante pantallas electrónicas y sólo 960 en la escuela, que hay pocos programas infantiles buenos, que el 15% de los escolares sufre insomnio a causa de los ruidos y los horarios y que muchos contenidos son aberrantes. Ante esos resultados, su presidente, Francesc Codina, propone “ampliar el horario de protección a la infancia, compensar la diferencia horaria entre escuela y televisión, favorecer una mayor producción infantil, crear nuevos canales especializados y concienciar a los padres sobre su responsabilidad”.

José Manuel Pérez Tornero dirigió el estudio. Es profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona y asesor de la Unesco en educación mediática. Autor de tratados sobre la materia, se muestra optimista. “Una mayor sensibilidad social respecto al problema y las nuevas tecnologías permitirán seleccionar a la carta canales especializados de mayor calidad”, augura. Le fascina la televisión y le ve muchas posibilidades educativas, “por eso la critico con una mezcla de dolor de corazón y de cariño. Me gustaría que fuese mejor y puede serlo. Mi mujer es catedrática de Literatura y se queja del lenguaje y los valores que inculca la telebasura entre la juventud”. Como muchos padres, desea “una televisión que trate de la vida cotidiana, fomente la cultura y los valores solidarios”.

Xesc Barceló es un guionista de prestigio. Pionero de programas infantiles de TVE y responsable de la programación juvenil de TV3, ahora trabaja en Media Pro y suministra programas a varias cadenas. “Antes –explica– había más preocupación por los contenidos didácticos e innovadores. Una serie como ‘Verano azul’ parece ñoña, pero fue progresista en su época. Ahora me preocupan los insultos, la grosería, el morbo y los chistes racistas y excluyentes que se cuentan en ciertos espacios.” No practica la regla de oro de los guionistas norteamericanos: “Si ponemos excrementos, atraemos moscas, si ponemos más excrementos, atraemos más moscas”, pero tampoco dispara contra el emisor. “Hay porquería y programas selectos, pero el gran público tiende hacia lo peor, como en música, libros o cine. Si diese más beneficios hablar de principios éticos, lo harían, pero no es así.”

Creador de espacios “sutilmente didácticos con toque gamberro, pero sin confusiones ideológicas o de comportamiento y sin apelar a instintos básicos”, ve cómo la televisión se hace más primaria y atrae a los jóvenes con morbo y sexo. “Sea pública o privada, por unas décimas de audiencia se emite más carnaza”, y la tontería se expande y contagia. Espacios de humor o series como ‘Plats bruts’ son histéricas, histriónicas y groseras, pero gustan a menores y mayores. “Es una moda y un reflejo de las galerías de monstruos de ‘Crónicas marcianas’ y ‘Gran Hermano’, que ya sólo son caricaturas de sí mismos”, resume el guionista.

Sue Aran es directora de estudios audiovisuales de la Universitat Ramon Llull y ha colaborado en el estudio del CAC. “La prensa ha simplificado los datos, no ha separado las horas dedicadas a la televisión de las dedicadas a ordenadores y videojuegos”, critica. Más que alarmar a la sociedad o atacar a la industria audiovisual, propone “una revisión general del modelo familiar y del consumo cultural que afecta a todos, ya que adultos y ancianos pasan más horas frente a la pantalla que los niños”. Su tarea es formar nuevos profesionales. “En la universidad introducimos una reflexión general sobre la preocupación social y educativa, así como asignaturas sobre uso pedagógico y educación mediática. Pero sería bueno que esa reflexión se integrase en la escuela primaria, ya que algunos programas de la Generalitat mezclan cine, televisión e informática.”

Montserrat Colom dirige una escuela de primaria. “Se nota que niñas y niños ven programas inapropiados y fuera del horario habitual. Por la mañana están muy nerviosos, porque desayunan rápido e hipnotizados ante la tele.” Sin embargo, no es partidaria de introducir asignaturas especiales. “Desde la escuela se puede incidir aprovechando las ocasiones para hacer comentarios críticos, pero sin dramatizar y con sentido común. Lo contrario sería contraproducente, ya que formamos personas libres y críticas ante la televisión y ante la sociedad.” Cree que el problema se agrava en secundaria.

Víctimas no sólo infantiles Lluís Prat se licenció en Audiovisuales en la Universitat Pompeu Fabra y dirige un centro de bachillerato. “Los adolescentes reciben más influencias de los amigos que de casa o la televisión. Es cierto que se retrasa la adolescencia, pero se debe a una estructura educativa que lleva diez años en reformas y ha bajado los niveles de calidad. Atribuirlo a los audiovisuales es una simplificación excesiva.” Su crítica a los contenidos mediáticos es por su “desmesurada inflación de programas del corazón y de chismorreo”.

Según el sociólogo Salvador Cardús, “la estadística no cambia nada. Escandalizarse por las cifras es farisaico, porque los índices de audiencia señalan lo que desean ver los adultos, y los maestros miran tanta tele como los demás ciudadanos”. Cardús detecta “una fobia contra los medios audiovisuales, a los que se culpa de todos los males de nuestra existencia. La cuestión no es saber cuántas horas pasan los menores ante las pantallas, sino cómo las pasan”.

Begoña Odrazola es terapeuta familiar y pesimista. “Las estadísticas son parecidas a las de hace 20 años, no se avanza y nos jugamos el futuro de una juventud más violenta”, dice. Por su consultorio pasan padres agobiados por el trabajo, hijos pasivos y sedentarios, personas solitarias e incomunicadas, abuelas que hacen de canguro y “adolescentes con falta de límites, que no valoran las cosas, no soportan una negativa y son más impulsivos”. Tiene casos tan preocupantes como el de una mujer que se ha quedado en el paro, se ha enganchado a la playStation y se pasa cuatro horas diarias jugando. Pero siempre hay alguno peor: “Un niño tenía la habitación llena de ordenadores y no salía nunca. Cumplió 18 años y no quería trabajar ni estudiar. Ha llegado a los 28 años encerrado en su cuarto y ahora ya hay un mandato judicial de alejamiento del hogar instado por los padres.”

Joan Salinas-Rosés es profesor de psicoanálisis en la Universidad del País Vasco. Según él, “lo que está en debate son síntomas contemporáneos que todo sujeto recibe de modo masivo. El problema de fondo no es de cifras y horas, sino de personas indefensas ante unos medios que tienden hacia la uniformidad y el pensamiento único, en línea con la globalización y una colonización de las mentalidades cada vez más sutil”. En cuanto a la afirmación del CAC de que mirar una pantalla “no es natural”, estima que “tampoco es natural beber refresco de cola o té. Es en función de una cultura que algo se convierte en hábito natural, y son los padres quienes transmiten estos hábitos”. Lo que parece claro es que cada vez se practican menos aquellos tres mandamientos de los medios que decían: “Informar, formar y entretener.”

Fuente: arvo.net

fuente: arvo.netf

La ‘caja tonta’ también se come tus neuronas

Ver la ‘tele’ a los dos años reduce el rendimiento académico a largo plazo

IMPACTO NEGATIVO A LARGO PLAZO

MADRID.- Quiere que su hijo sea más listo, saque buenas notas y esté físicamente en forma… No le deje ver la televisión. Investigadores de la Universidad de Montreal (Canadá) y de la de Michigan (EEUU) han llevado a cabo una investigación que constata que la exposición a la ‘caja tonta’ tiene un impacto negativo a largo plazo tanto en el rendimiento académico como en los hábitos de vida saludables.

“Los estudios han demostrado que los niños que ven mucha ‘tele’ comen menos frutas y verduras, practican menos ejercicio y tienen más sobrepeso. Los datos sobre su influencia en el rendimiento académico no son definitivos, aunque hay varios trabajos recientes que sugieren consecuencias negativas cuando se produce una exposición excesiva… Dos de ellos han encontrado que, a largo plazo, los menores que más ‘tele’ visualizan tienen más problemas socioemocionales y de atención en el colegio. Asimismo, otro estudio ha encontrado que los más expuestos tienen peores habilidades verbales y menos memoria”, declaran los autores en su estudio.

La Academia Americana de Pediatría sugiere que los niños de más de dos años pasen menos de dos horas frente a la pantalla. Pese a ello, la mitad de los menores de 12 a 23 meses y el 41% de los que tienen de 24 a 35 meses excede el tiempo recomendado.

El objetivo del nuevo trabajo, publicado en el último ‘Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine’, fue, según sus autores, determinar el impacto de la exposición a la televisión durante los dos primeros años de vida en el futuro académico, el estilo de vida y el bienestar general de los niños.

Para ello, los investigadores evaluaron a 1.314 menores participantes en el ‘Estudio Longitudinal de Desarrollo Infantil’. Los padres de los niños y niñas detallaron la exposición de sus hijos a la televisión a los 29 y a los 53 meses. Posteriormente, cuando los pequeños tenían 10 años, se les preguntó (también a sus profesores) sobre el rendimiento académico, los hábitos de vida y el desarrollo psicosocial de todos los participantes. Asimismo se evalúo su índice de masa corporal.

El estudio constata que la media de exposición de los pequeños a los 29 meses fue de seis horas durante toda la semana un tiempo que se elevó dos horas más cuando los niños tenían 53 meses. “El 11% de los infantes de 29 meses y el 23% de los de 53 veían más de dos horas de ‘tele’ al día”, reza el ensayo.

Menos rendimiento en matemáticas

Los datos revelan que los pequeños que más ‘tele’ visualizan tiene una disminución del 7% en su participación en clase y un 6% menos de rendimiento en matemáticas. Además, cuentan con un aumento del 10% en la victimización por parte de sus compañeros (rechazo, burlas o insultos). A estos resultados se añade el hecho de que reducen un 13% su actividad física durante el fin de semana y consumen un 9% más de refrescos y un 10% más de aperitivos. Además, también tienen un 5% más de Índice de Masa Corporal.

“La primera infancia es un periodo crítico para el desarrollo cerebral y la formación del comportamiento”, aclaran los investigadores. “Cognitivamente, los primeros años culminan con el desarrollo y la expansión de las habilidades intelectuales que ayudarán al niño a procesar mejor la información, a interactuar con su medio y, eventualmente, a utilizar la lógica para entender las matemáticas”, insisten.

Por este motivo, y teniendo en cuenta los datos de su estudio (el primero que evalúa los efectos a largo plazo de la exposición al televisor), defienden que padres y educadores tengan en cuenta “el daño potencial que tiene la ‘tele’ en la salud física y mental de los niños.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2010-07-29

El Espejo distorsionado

Cine y fascinación: la capacidad sugestiva de las películas y la legitimación de conductas
La representación audiovisual (cine y televisión) posee una capacidad muy superior a la de otros medios de comunicación: prensa, revistas, radio, grabaciones musicales… Una capacidad superior para fascinarnos, para evadirnos de la realidad y transportarnos a otro mundo de valores. La representación en los filmes es siempre una experiencia viva y fuerte, emocionalmente dramática, y con frecuencia se acaba asimilando como una experiencia vivida. Puede alcanzar esa conmoción interior que los clásicos denominaban “catársis”.

Así, por ejemplo, una chica joven podría pensar: “¿Cómo me van a decir mis padres que la relación sexual se orienta a la vida y sólo tiene sentido en el matrimonio? ¡Si yo sé cómo es (autoridad epistemológica) y cómo debe ser (autoridad deontológica) el sentido de la relación sexual! ¡Si sé que tiene sentido cuando hay “amor”, cuando es expresión de un sentimiento! ¡Si lo he visto con mis propios ojos, si lo he vivido!”.

En realidad, lo ha visto y lo ha “vivido” en el cine, pero lo ha asimilado como algo vivido en primera persona.

Esas imágenes audiovisuales le han permitido asumir la instancia de testigo presencial: considera verdaderamente que ha experimentado esos hechos, y por tanto le parecen más verdaderos y reales que los discursos de sus padres y educadores. El tratamiento del tema, la historia “vivida” o “experimentada” en la película o la teleserie, adquiere así el estatus de algo incontestable, asentado en virtud de una supuesta experiencia propia.

Esta faceta de “manipulación de la experiencia” resulta mucho más importante en los jóvenes, pues son más vulnerables al poder fascinador de la imagen. Cuando en la escuela se habla de valores o actitudes morales, o cuando sus padres les proponen hablar “de algo serio”, inmediatamente ponen un filtro ante lo que oyen, porque lo interpretan como “imposición”, como “sermón” o, en el peor de los casos, como flagrante “manipulación”. Pero no piensan nada de eso cuando ven una película que les habla también de valores y de actitudes morales.

En muy pocos años Las historias (asumidas como “experiencias” personales) parecen fluir con espontaneidad, pero son fruto de una determinada concepción de la vida: detrás de ellas hay un filtro intelectual que muestra unos modelos de felicidad y unos personajes que pueden hacernos parecer ridícula una virtud o aceptable y digna una conducta viciosa. Penetran en su mundo interior sin obstáculos, a remolque de las emociones vividas en su imaginación.

La función de legitimación que las ficciones audiovisuales ejercen en nuestra sociedad. En su libro “Theories of film”, Andrew Tudor define así este efecto sobre el público: “Es el efecto, más potente que los habitualmente descritos, por el que las películas justifican o legitiman creencias, actos e ideas”.

Hoy en día, el cine ha legitimado conductas y percepciones de la realidad que hace sólo unos años provocaban el rechazo o la discrepancia moral de buena parte de la sociedad. Hoy, después de haberlos visto una y otra vez en filmes y teleseries, han pasado a ser “normales”, legítimos. El cine les ha dado carta de naturaleza, ha establecido socialmente que son mucho más corrientes de lo que se piensa, que son plenamente válidos y, en todo caso, que deben verse como inevitables. Por eso invita al público a aceptarlos como “políticamente correctos”.

Entre otros comportamientos que afectan directamente a la familia y que el cine ha contribuido a legitimar, podrían señalarse algunos ejemplos:

— La convivencia durante el noviazgo: en todas las teleseries juveniles, desde “Compañeros” y “Al salir de clase”, hasta “El internado”, “90-60-90” o la polémica TV movie “El pacto” (en la que siete adolescentes de 4º de ESO deciden quedarse embarazadas por solidaridad con otra alumna embarazada: así, engañando de paso a sus parejas –coniven con sus novios con la más plena naturalidad– llegan no sólo a banalizar el sexo, sino a justificar la maternidad por mero capricho, al margen de todo compromiso).

— La justificación y exaltación de la homosexualidad, en cintas como “Brokeback Mountain”, “Philadelphia” o “La boda de mi mejor amigo”; y en teleseries como “Aquí no hay quien viva” o “Los hombres de Paco”.

— La ruptura familiar como forma de liberación, y la infidelidad como realización personal. Entre otros filmes que idealizan y legitiman el adulterio, cabe destacar “Los puentes de Madison”; y entre las teleseries… casi todas.

— La promoción del aborto, como alivio para la madre (¿?) y como modo de ejercer la medicina (¿?): como en “Las normas de la casa de la sidra”.

— La legitimación de la eutanasia, con películas ideológicamente orientadas como “Million Dollar Baby” o “Mar adentro”; y, por supuesto, queda plenamente justificado en muchos diálogos de las teleseries actuales.

Ciertamente, el cine ha sido siempre una “fábrica de sueños”. En esos sueños (más o menos mediatizados por la narrativa audiovisual o cienmatográfica) nos proyectamos habitualmente y con ellos tratamos de configurar nuestras identidades. Por eso, porque es punto de referencia para nosotros mismos, el mundo audiovisual ha sido también comparado a un gran espejo. Pero hoy en día parece ser “un espejo distorsionado”, porque al mirarnos en él y buscar nuestro verdadero rostro, lo que vemos resulta ser bastante alejado de nuestra vida, de nuestros valores, de nuestra familia. Lo que esas imágenes autorizan a pensar y a actuar es asumido por los espectadores como algo legítimo, validado y plenamente aceptable en nuestras vidas.

Alfonso Méndiz

Fuente: http://www.fluvium.org/textos/dolor/dol290.htm

autor: foro de la familia