¿Puede acabarse el amor?

CRISIS DEL CONCEPTO PAREJA


El culto a la plenitud personal casi exige la renuncia a la pareja si su funcionamiento reclama algunos meses de rodaje o una revisión general. Esto no quiere decir en absoluto que estemos en contra de que la individualidad no sea importantísima y se tenga que mirar por ella para el bienestar, primero, personal, pero esta situación llevada a extremos, como está pasando, hace que no “se aguante”, que no se analicen espacios adecuados para defender a ultranza la existencia de la pareja aun cuando sea necesario hacer esfuerzos personales por mantenerla viva, siempre que exista el sustrato del amor en qué apoyarse y hasta hemos visto casos en los que “se ha perdido la fe en la pareja”; incluso “se obliga” a poner fin a una unión si no se “ajusta con esta época que nos condena a la felicidad, cueste lo que cueste.” (Jocelyn Dahan)

En estos tiempos actuales en los que hemos perdido una serie de valores, también van desapareciendo una serie de figuras ancestrales, unas negativas (lo cual está bien) y otras que nos eran bastante positivas. Los objetivos de las familias han cambiado e incluso se ha desplazado el interés por el padre al interés por los hijos. Tal vez estemos ante la desaparición del “pater familias” que ha sido destronado por sus propios hijos; ante la desaparición de la sociedad patriarcal convirtiéndola en la sociedad de los niños, de los hijos. Este punto de vista ante esta realidad nos hace necesario cambiar ciertas estructuras mentales relacionadas con la misma terapia familiar, la cual, en muchas ocasiones, no ha de ir enfocada a los subsistemas conyugales/maritales o de pareja, sino al subsistema parental: se infiere la necesidad de aprender ante estos cambios a ser realmente primero padres y después…lo que venga.

Tal vez estamos en una etapa en la que tras una serie de situaciones que se dan en la pareja y ante la incapacidad de darles solución, desaparece el amor, pero realmente padres lo seguiremos siendo toda la vida. Nos hemos quedado con esa parte de la frase “…en la salud…para lo bueno y…”. Hemos perdido, casi con toda seguridad, la capacidad de frustración que no tiene el significado de “tragar”, ni ceder hasta que explotes, ni dejar de ser uno mismo, razón por la que se considera conveniente que la paternidad/maternidad se ve obligada a evolucionar, a cambiar sus patrones y replantear la distribución de las funciones paternas y maternas como trabajo para los padres y las madres el siglo XXI.

Aún así, la razón de ser del especialista en familia, del orientador familiar, cada vez tiene más base operativa, más espacio para reestructurar los desfases que se sufren en los ciclos evolutivos de las personas y para los que nadie, nadie, nos ha preparado.
En cuanto a la familia monoparental, estamos ofreciendo una imagen engañosa y unos mensajes que en teoría no deben ser ciertos, ya que aunque se haya dado una separación de los padres, la coeducación debe llevarse a cabo de forma conjunta, por lo que tal vez sea más propio hablar de hogar monoparental, ya que “la monoparentalidad da por supuesto que hay un solo progenitor cuando la realidad no es esa.”

“Educar solo a un niño no es en sí mismo un problema. Puede serlo cuando la monoparentalidad se acompaña de otras preocupaciones más graves (depresión, problemas financieros y profesionales…)” ( del libro Un solo padre en casa de Anne Lamy)

No es nada raro que cada vez estemos más ante hogares monoparentales pon un motivo básico: cuando la pareja hace aguas, empieza a tener problemas y entra en crisis que no solucionan pero logran esquivarlas (volverán porque son crisis de repetición), es el momento ideal para un miembro de la pareja el tener un hijo en la creencia de que de esta manera se va a consolidar esta unión altamente deteriorada. Resultado: la crisis se superará o estallará. Es cuando estalla cuando vemos que la separación se hace una realidad y ya podemos sumar otro hogar roto en su conyugalidad por haber creído que la solución estaba en ese “niño parche”; personita que al parecer por sí sola iba a poder cambiar y unirnos sin el trabajo interior que se hace necesario para efectuar el cambio adecuado que nos lleve a una comunicación idónea.

Somos adultos y desde aquí pretendemos un espacio para la reflexión que nos ponga a trabajar, sobre todo a los hombres, para que dejemos de creer que los problemas que nos surgen en la pareja son únicamente problemas “de ellas”. Siempre formamos parte del problema y de las soluciones. Trabajemos, pues en este sentido del camino. ¡Vamos allá!

Juan José López Nicolás.

http://terapiayfamilia.blogspot.com/

Mediacion familiar

Amar para siempre

Mujeres y hombres que huyen al matrimonio: ¿qué les genera el miedo?

Si bien es cierto que tomar la decisión de casarse puede generar un temor natural, en algunos casos, este paso cuesta más dificultad de lo normal y hasta se podría hablar de ciertas patologías al respecto. ¿Qué orígenes tiene el miedo al compromiso matrimonial?

Es comprensible la mezcla de sentimientos que se producen frente al matrimonio. Por un lado, hay una “separación” con la familia de origen, y por otro, se concentran una serie de incertidumbres y expectativas sobre la nueva forma de vida, a pesar que el amor es un ingrediente existente entre la pareja. Pero de ahí, a pasar a un grado mayor de nerviosismo exagerado hasta el punto de perder a la persona amada por no ser capaz de adoptar un compromiso, es ya un nivel superior de miedo que debe superarse antes de que surjan daños en las personas implicadas.

Detectar el origen

Para lograr superar esta dificultad, se debe hallar el porqué del miedo, alguna circunstancia interna debe ser el elemento generador. Bajo la premisa que el amor no es el causante del temor, las siguientes podrían ser algunas raíces:

  • Modelos cercanos:es cuando la persona se crió bajo un hogar desunido lleno de conflictos, de padres separados o ausentes, que la hacen pensar que todos los matrimonios son como ese modelo que vivió de cerca y no quisiera repetirlo. También pueden ser comentarios constantes de amigos que fracasaron en su relación matrimonial.
  • Experiencias pasadas: cuando se han presentado noviazgos previos conflictivos o traumáticos, es posible que se haya cimentado una aversión a las relaciones formales de pareja.
  • Inseguridades: por lo general, las personas que se les dificulta tomar decisiones -cualquiera que sea-, tienen baja autoestima, no reconocen sus capacidades y permiten ser dominados por las inseguridades, volviéndose más frágiles y débiles ante situaciones que generen compromiso. Por eso es común que este tipo de personas huyan o eviten responsabilidades, como es el matrimonio, la familia, una oferta laboral, proyectos de vida, ayudas económicas, etc.
  • Egoísmo: en el matrimonio hay que ceder a las propias apetencias para dejar a un lado el “yo” y construir un “nosotros”. Indudablemente es un trabajo de negociación delicado de los cónyuges, pero no es irrealizable. Sin embargo, estas personas que temen en extremo al matrimonio, no se sienten capaces de renunciar a sus gustos, exigencias y preferencias que se requieren en la convivencia, y ponen en primer lugar su bienestar negando la posibilidad de compartir con otros.
  • Apego a la familia de origen: puede ocurrir que exista una relación de apego con los padres que haga más complicada la conformación del nuevo hogar. Muchas veces esta presión por no abandonar a los padres, es ejercida por ellos mismos de manera inconciente. O también se pueden presentar factores adicionales dificultosos que afectan el panorama del novio(a), como son los casos de enfermedades de los padres, aprieto económico o viudez, los cuales aumentan trabas a la decisión.
  • Incapacidad de asumir compromisos: especialmente si son para toda la vida. Algunas personas temen comprometer el futuro en una decisión de hoy.

¿Cómo superar este miedo?

Depende de la raíz que ocasione el problema. El acompañamiento de un sicólogo sería recomendable para casos más graves, para otros sin embargo, basta con seguir las sugerencias que se proponen a continuación:

Causa Plan de acción
Modelos cercanos Identificar si los temores son propios o adquiridos, es decir, si se originan por experiencias personales vividas de cerca o provienen únicamente de comentarios de agentes externos. En el primer caso, hay que tener presente que cada matrimonio es diferente, el hecho que los padres o familiares cercanos, hayan tenido dificultades en su relación conyugal, no quiere decir que se tenga que repetir la historia; “cada uno se labra su propio destino”. En el segundo caso, elija entre las personas que tiene a su alrededor, un referente de matrimonio que admire y desearía que el suyo fuera así; estos patrones positivos, sirven de inspiración y ejemplo para su propia vida.
Experiencias pasadas Hay que sanar primero las situaciones pasadas para comenzar una nueva etapa. Tampoco se puede generalizar, las personas y circunstancias son distintas.
Inseguridades Hay que recuperar la autoestima, potencializar las fortalezas y ejercitar la toma de decisiones en la vida diaria. Proponerse metas, medirlas y cumplirlas, no importa el propósito (hacer ejercicio, llevar una dieta saludable, ser más paciente, organizar los papeles pendientes, etc.), lo importante es llevarla a cabo.
Egoísmo Cambiar de un día para otro y más cuando es un hábito adquirido quizá desde la infancia, no es viable, hay que comenzar un proceso e ir de a poco. En cuanto al egoísmo, hay que comenzar a ceder ante algunas circunstancias cotidianas, por ejemplo, acceder a realizar una actividad que la pareja quiera, ver el programa de televisión que todos deseen ver en lugar de irse para la habitación, compartir con personas necesitadas tiempo, víveres o dinero.
Apego a la familia de origen No hay que escoger entre el uno o el otro, ambos, familia y cónyuge, pueden simpatizar al mismo tiempo. Los papás seguirán siéndolo hasta la eternidad, así que por ese lado hay un parte de tranquilidad. Si existiesen algunas dificultades adicionales, es importante continuar con el rol de hijo(a) y apoyarlos en lo que más se pueda, pero tampoco renunciar a los propios proyectos de vida. De igual forma, el hijo(a) no va a solucionar el problema si vive bajo el mismo techo o no con su familia de origen.
Incapacidad de asumir compromisos Es probable que no se haya desarrollado la madurez y el grado de responsabilidad que se requiere para asumir compromisos serios. Habrá que iniciar todo un proceso de cambio.

Por último, hablar con la pareja, expresarle sus miedos, planear su vida futura, y crecer juntos, puede resultar más efectivo que cualquier otro tratamiento sicológico

PADRES ENFRENTADOS, NIÑOS HERIDOS

PADRES ENFRENTADOS, NINOS HERIDOS

La mediación familiar para resolver conflictos es una garantía de cara a intentar paliar el dolor y culpabilidad de los hijos ante la separación conflictiva de sus progenitores

Los Servicios Sociales y la Concejalía de Infancia y Familia facilitan gratuitamente un espacio donde se hacen las entregas y recogidas de los menores con familias en separación, denominados Puntos de Encuentro Familiar. Su objetivo es tender puentes educativos para los padres que en medio del conflicto de su relación de pareja pueden acabar haciendo daño a sus hijos inintencionadamente, en la mayoría de los casos.

Los ayuntamientos de las diferentes comunidades autónomas españolas, también ponen al servicio de los ciudadanos otros servicios sociales gratuitos como las escuelas de padres que tienen como fin enseñarles a sanar y resolver sus conflictos como adultos como etapa previa para educar a sus propios hijos en medio de las circunstancias adversas de su ruptura matrimonial. Se trata, por tanto, de ayudar a sanar los problemas emocionales de los progenitores que lamentablemente acaban atravesando el corazón de los hijos.

Como recursos independientes, tanto las escuelas de padres como la mediación en los Puntos de Encuentro Familiar, hacen hincapié en crear conciencia en los progenitores, de que aunque su relación de pareja haya terminado, siempre estarán unidos por sus respectivos hijos, y que por el amor hacía ellos sería necesario contar con su absoluta colaboración a la hora de solucionar sus propios conflictos de una manera asertiva y respetuosa. Se trata de aprender a intentar detectar y detener inmediatamente cualquier proyección de rencor a su ex cónyuge en sus hijos. En las escuelas de Padres se enseña a considerar también los sentimientos del niño con respecto a causas típicas de discusiones entre sus padres como los inesperados cambios de turnos para cuidarles.

Es común que los padres separados o divorciados que no hayan resuelto sus diferencias utilicen a sus hijos como “moneda de cambio” para obtener información sobre la vida actual de su respectiva ex pareja o como vía de comunicación con la misma, con recados como el característico mandato de “dile a tu padre o dile a tu madre”,… a la vuelta de estar con uno de los progenitores.

La incapacidad de los padres a la hora de saber mediar con su ex pareja, junto a su rivalidad y su rabia provocan un sentimiento de culpa en el hijo que inevitablemente se siente responsable de la ruptura de la pareja, o culpable de mostrar con naturalidad el afecto que siente hacia su padre delante de su madre o viceversa o de incluso seguir queriendo a ambos. Los padres deberían de tener especial cuidado en hacer sentir al hijo que su bienestar estará garantizado independientemente de con cual de los dos progenitores esté. Un momento en el que tanto la madre como el padre tienden a manipular el corazón del hijo es en las exageradas muestras afectivas al separarse del mismo en los puntos de encuentro. Esto provoca que el hijo perciba peligro o intranquilidad a la hora de estar con uno o con otro.

Cuando el conflicto entre los progenitores es tan grave que la madre o el padre llega incluso a manipular a sus hijos a través de distintas estrategias para impedir o destruir los vínculos con el otro progenitor se llega al caso extremo de producirse el denominado “Síndrome de alienación parental”, en el que los hijos llegan a enfermar como consecuencia de este maltrato psicológico.

Para evitar este tipo de manipulaciones y preservar y proteger el bienestar del menor, un equipo multidisciplinar formado por psicólogos y abogados median para hacer entregas y recogidas del menor en el espacio neutral que representa un punto de encuentro. Este servicio social tiene horario festivo y de fin de semana, para favorecer el horario no laboral de los padres, incluyendo algún día entre semana, donde por sentencia los padres tengan derecho a ver a sus hijos.

La mediación familiar a la hora de resolver conflictos es una garantía para intentar paliar el dolor, soledad y abrumadora responsabilidad y culpabilidad inherente de los hijos. Es importante acompañarles en este proceso de cara a intentar sanar las relaciones disfuncionales de su familia para que no continúen recreándola de adultos al ser esta relación enfermiza la única forma de relacionarse que conocen, y por tanto donde saben manejarse mejor.

Los hijos se convierten en hilos de cobre de los problemas afectivos de los padres. Por ello son los mismos padres los que tendrían que ser responsables de mantener una relación cordial y respetuosa con su ex pareja enviando así calor humano al corazón de sus hijos.

MARÍA CICÚENDEZ

Fuente:demadres.es

Separaciones no traumáticas

En una sociedad en que las separaciones y los divorcios están al orden del día, vale la pena que nos preguntemos si es posible pasar por estos complejos procesos de forma enriquecedora y no traumática.
 
Cuando dos personas inician un proyecto conyugal común ponen gran parte de su energía e ilusión en él, de forma que éste se convierte en una pieza clave de su identidad en particular y de su vida en general. Desgraciadamente, en ocasiones estas esperanzas y amor iniciales acaban siendo reemplazados por el tedio, el rencor e incluso en ocasiones el odio hacia la otra persona.
 
Este hecho es vivido por la mayoría de personas como un fracaso personal, llegando incluso a pensar que los años vividos en pareja fueron un terrible error y una pérdida de tiempo. Estos pensamientos hacen que a veces la herida no acabe de cicatrizar, de manera que las personas pueden almacenar dosis importantes de rabia y frustración en su interior durante toda su vida. Todo esto no sólo genera un imporante dolor, sino que además influye en la manera en que estas personas gestionarán sus futuras relaciones amorosas.
 
Al contrario de lo que mucha gente piensa, numerosos ejemplos nos demuestran que es posible construir una separación no dañina que puede resultar incluso enriquecedora para las personas implicadas. A esta esperanzadora verdad se le añaden otras dos. La primera es que este proceso depende exclusivamente de la voluntad personal de cada uno: es decir, tu puedes llevarlo a cabo aunque tu ex-pareja aún no esté preparada para dar el paso. La segunda cuestión que hay que tener en cuenta es que, por muchos años que hayan pasado desde la ruptura, nunca es demasiado tarde para aventurarse en este proceso de auto-sanación.
 
El primer aspecto a considerar cuando decidas dejar por fin de sufrir y utilizar tu ruptura conyugal para crecer, es trabajar las actitudes de entendimiento y perdón. Para realizar este profundo trabajo es necesario que analices la naturaleza de tu relación amorosa des del principio, con el objetivo de comprender tu situación actual. El primer paso es que tomes consciencia de que, seguramente, ninguno de los dos deseábais que la relación acabará “mal”, sino todo lo contrario. Aunque este hecho parezca una obviedad, es importante no perder de vista que  muy a menudo la ruptura resulta dolorosa y desoncertante para ambas partes.
 
La segunda premisa a tener en cuenta es que una relación siempre es cosa de dos: esta afirmación implica que cuando la convivencia se deteriora, el origen de esta disfunción no se encuentra jamás exclusivamente en uno de los cónyuges. Este es hecho importantísmo, ya que debes asumir tu parte de responsabilidad en el asunto, aunque tu contribución haya sido simplemente la de tolerar las actitudes perjudiciales de tu pareja una y otra vez.
 
Una vez hayas reflexionado sobre todo lo anterior puedes ahondar un poco más en la necesidad de perdón que seguramente late dentro de ti. Es bien sabido que para aprender a perdonar sinceramente a los demás uno debe haberse perdonado antes a sí mismo, liberándose de cualquier  posible rescoldo de sentimiento de culpa que uno pueda guardar en su interior. Esto significa que debes diferenciar entre asumir tu parte de responsabilidad en el deterioro de la relación y sentirte culpable. Para discriminar entre estos dos procesos suele resultar muy útil atender a los sentimientos que despiertan en ti: mientras asumir tu contribución a las circunstancias generará en ti fortaleza y un sentimiento de control sobre tu propia vida; el sentimiento de culpa te hará sentir débil, afligido y desamparado. Atiende a estos sentimientos siendo consciente de que nadie es capaz de crecer desde la culpa, ya que ésta genera destrucción a su alrededor: las circunstancias vitales ya resultan a menudo suficientemente complejas por si mismas, de manera que no es necesario que castigues añadiéndote aún más sufrimiento.
 
El siguiente paso es dotar de sentido los años vividos con la otra persona: solamente el hecho de haber sentido amor por tu pareja durante el tiempo que estuvistéis juntos ya hace que la relación no haya transcurrido en vano. Los posibles hijos u otros proyectos que hayáis emprendido juntos pueden completar la ecuación. De cualquier relación, por muy horrible ésta haya sido, es posible sacar algo a partir de lo cual crecer: aunque hayas tenido que soportar un gran dolor, tu forma de afrontarlo te ha convertido en  el maravilloso ser que ahora está leyendo éstas lineas. Tu te has conocido, has madurado y te has fortalecido en el proceso, y eso jamás es una pérdida de tiempo.
 
Practicar el perdón es darse cuenta de que los errores propios y los ajenos provienen siempre de la ignorancia, y de que esta ignorancia y el sufrimiento que la acompaña ya resulta un castigo suficientemente duro para quienes hayan errado. Tu, como todos los seres humanos, tienes el derecho de equivocarte y el deber de aprender de tus errores: no le des más importancia a tu pasado, vuelve la vista hacia el horizonte y preocupate por cómo vas a vivir tu vida desde ahora mismo. Pronto podrás comprobar la paz que se siente cuando uno se da el permiso de equivocarse, y verás que el perdón hacia tu ex-pareja surgirá de forma espontánea una vez hayas dejado de juzgarte y condenarte a ti mismo.
 
Dos personas que se separan no son nada más ni nada menos que dos seres que no han encontrado la fórmula idónea para lograr que sus necesidades encajen, de forma que sus caminos han acabado separándose. La ruptura, aunque dolorosa, no deja de ser una oportunidad para crecer y evolucionar. Por mucho que un juez lo dictamine ,una separación física no sirve de nada si las personas implicadas no hacen su propio proceso de ruptura y liberación: si sigues atormentado por tu relación pasada esta ruptura no ha tenido lugar, de forma que el dolor sigue latente dentro de ti aunque a menudo te esfuerces por esconderlo debajo de la alfombra.
 
Una separación no traumática implica ser consciente de que el hecho de que los caminos de dos seres se separen no es nada negativo en si mismo: un universo lleno de posibilidades se habre ante ti, lleno de otros proyectos en los que implicarte o incluso de otras personas a las que amar.
 
La vida a veces te lleva por caminos que no habías planeado y que incluso pueden llegar a separarte de aquella persona junto a la que habías imaginado envejecer. Sin embargo, es imposible que esto altere la paz que tanto anhelas, porque ésta no se encuentra en ningún camino imaginable: eres tú quien la albergas en tu interior, simplemente está esperando a que te aventures a descubrirla.
 
fuente: www.resiliencia.org

El 70 % de los divorcios puede evitarse.

 

Las parejas que van a terapia de manera preventiva aprenden a abordar distintas situaciones que pueden ser motivo de conflicto

(Terra, Perú, 2008)

Perú- Así lo dio a conocer el psicólogo y psicoterapeuta de parejas, Manuel Saravia Oliver, quien explicó que todas las parejas en algún momento de sus vidas atraviesan por una crisis que puede poner en riesgo la estabilidad de su relación. Es un proceso normal y natural en una relación. Sin embargo, el problema se da cuando la pareja no sabe cómo manejarla y pierde la capacidad de autorregularse y puede terminar en situaciones de violencia física o psicológica.

Señaló que “a lo largo de una relación sentimental existen muchos conflictos, siendo los más comunes: durante el primer año por la convivencia, la llegada del primer hijo, a los ocho años, a los once, a los veinte años, el nido vacío (cuando los hijos se van del hogar), entre otras.

Respecto a la edad de las parejas que generalmente acuden a terapia especializada, el especialista precisó que se encuentra entre los 25 y 45 años, siendo más frecuente entre los 35 y 45 años.

“Generalmente los hombres son quienes más se resisten a buscar ayuda, ya que sólo aceptan acudir por su propia voluntad cuando existe sentimiento de culpa por algún problema o tienen temor de perder definitivamente a la pareja. En cambio, las mujeres son más conscientes de que hay momentos de crisis en que necesitan orientación para evitar problemas mayores”, dijo.

“Cuando la pareja comienza a tener problemas de comunicación, de entendimiento, y por lo tanto de convivencia, celos o bien circunstancias externas que la dificultan, siempre es positiva la mirada neutral del especialista para que vea todo desde fuera. En la terapia de pareja se evalúa el estado en el que se encuentra en el momento presente la relación, así como la evolución del problema, valorando los posibles cauces que pudieran estar influyendo negativamente, teniendo siempre en cuenta, de forma imparcial la opinión de ambos miembros”.

Señales de alerta

Cuando en una relación algo anda mal, hay indicadores que deben interpretarse como signos de alerta a los que hay que ponerles atención.

Por ejemplo, si llevan más de un año sin compartir una actividad como salir a comer, bailar o hacer deporte juntos, si llevan más de un mes sin tener relaciones sexuales, etc. En estos casos la pareja debe preguntarse qué pasó, por qué no lo hacen, cuáles son las circunstancias o excusas para no reservar tiempo sólo para los dos.

“Los principales motivos de conflicto son las dificultades en la comunicación y para llegar a acuerdos para que la vida en pareja sea factible. Por ello es necesario aprender a negociar las diferencias y a ceder sin sentirse humillado”, comentó.

Por otro lado, destacó que es importante que cada individuo de la pareja tenga su espacio personal para poder desarrollarse y madurar como individuo, ya que ello después enriquecerá la relación de pareja.

Aconsejó a todas las parejas que atraviesan por una crisis aprender a negociar, ceder sin lastimarse, aprender a perdonarse. “Todas las parejas están en capacidad de desarrollar habilidades y capacidad de afronte”.

“Generalmente las parejas que van a terapia de manera preventiva aprenden a abordar distintas situaciones que pueden ser motivo de conflicto: el desempleo de una de las partes, los problemas económicos, la crianza de los hijos, la inserción de la mujer en el mercado laboral, la presencia de una enfermedad discapacitante, así como los problemas sexuales e infertilidad”.

Es importante resaltar que la terapia de pareja también es importante en casos de rupturas, ya que ella permitirá realizar un estudio de todas las áreas tanto personales, emocionales como sociales que están interviniendo en el estado actual de la persona, para a partir de ahí ir adquiriendo las herramientas y habilidades que le ayuden a superar el problema y avanzar en otras áreas como la salud, la familia, el trabajo, la propia autoestima, amistades, estudios, nuevas relaciones, etc.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-10-29

El divorcio de los hijos

 

Sara Olstein

Especialista en Psicoterapia para la segunda mitad de la vida

Las consecuencias afectivas del divorcio de los hijos están íntimamente ligadas a los vínculos que tenemos con ellos. Son experiencias nuevas que requieren de un nuevo consenso sobre conductas funcionales o disfuncionales.

El divorcio de los hijos tiene un doble juego: de padres a hijos y de la pareja en sí, en relación con sus hijos. Cuando las familias se distribuyen los roles y funciones para el mejor funcionamiento de los vínculos en las etapas de crianza, funcionan como red de contención o, por lo contrario, como formas de adueñarse de la crianza y, de ese modo, no hay corrimiento generacional, quedan alteradas las jerarquías y se producen patologías.

Los tiempos de crisis previos al divorcio son etapas de confusión, de inestabilidad y ambivalencia de la pareja y de sus familias. La trama invisible que se modifica con la formación de la pareja produce un corrimiento de cada uno de los miembros de cada familia. Cuando se produce el divorcio, ambas familias entran en crisis, no sólo por las diferencias, sino por el poder que se redistribuye en función de afectos y necesidades.

El sistema de mitos y mandatos, de valores y creencias, se redefine a partir de la madurez de la joven pareja y de la flexibilidad del sistema. El conflicto que se presenta es legal, social, psicológico y familiar.

El objetivo de este trabajo es hacer foco en las diferencias generacionales, las funciones y disfunciones en la comunicación; en la influencia del sistema de mitos y mandatos de una generación a otra y en cada familia; y en las patologías que resultan del sometimiento a las familias de origen.

La propuesta es desentramar la trama inconsciente familiar y construir una nueva trama con objetos sustitutos, modelos elegidos a partir del potencial de cada individuo. Crear un nuevo sistema, reconociendo el amor de los objetos originarios, pero no el sometimiento a los mismos.

El matrimonio es un pacto entre dos personas con un proyecto en común, una relación duradera en el tiempo, en la que se invirtió mucha energía emocional. Por diversos motivos puede fracturarse y terminar en un divorcio. Por esto, se produce una ruptura de la pareja y una re-acomodación de los miembros del grupo familiar.

Las rivalidades, celos, competencia, inseguridad e inmadurez agudizan el proceso de inestabilidad que provoca el divorcio, por lo que es prioridad trabajar los vínculos dando la posibilidad de sumar (padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, etc.) para favorecer este proceso, que de por sí es muy doloroso.

Es el fracaso de una propuesta individual de la pareja, en la que se involucra la familia y la sociedad.

Por eso, es imprescindible trabajar el duelo y reestablecer nuevas propuestas reparadoras.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2009-01-20

Custodia compartida

 

José Albelda – Levante, 22 de julio 2010.

La sociedad española ha avanzado mucho en la responsabilidad compartida entre ambos progenitores en el cuidado, la educación y la manutención de sus hijos. Un logro que todos consideramos positivo. Sin embargo, esta de se able coparentalidad se acaba bruscamente cuando cesa la convivencia de la pareja a causa de la ley de divorcio vigente, pues otorga la guarda y custodia de los hijos a la madre tan sólo con que ella lo pida. Así, aunque el padre deseara compartir la custodia, si la madre no quiere, le será negada. Lo cual genera importantes contradicciones.

Hay dos cosas muy importantes que todo gobierno debería cuidar al máximo: intentar que las leyes recojan lo mejor posible los cambios sociales ya asentados y no contradecir su propio discurso. En estos cinco últimos años ha quedado más que demostrado que la citada ley no responde a la realidad de la familia española actual, y está generando graves enfrentamientos tras los divorcios que finalmente perjudican a los hijos a quienes dice querer beneficiar. Es por ello que varias comunidades autónomas están promoviendo leyes igualitarias en lo relativo a la custodia de los hijos tras la ruptura de la convivencia de la pareja. La valenciana parece que va a ser la tercera —tras Aragón y Cataluña— en legislar lo obvio, que los hijos tienen derecho a mantener el vínculo con los dos progenitores en las mismas condiciones de valor en lo educativo y en lo afectivo, para lo cual debe plantearse la custodia compartida no como excepción o preferencia, sino como algo normalizado, como ocurre en tantos otros países europeos y no europeos avanzados en derecho de familia y en igual dad. Y si quedan todavía dudas sobre la injusta desigualdad que impone la ley actual, basta con hacer un sencillo ejercicio de inversión de género: ¿aceptaríamos una ley discriminatoria que diera la custodia al padre con sólo pedirla éste, y que a su vez expulsara a la madre del domicilio familiar?

El gobierno valenciano tiene ante sí el importante reto de redactar una ley realmente igualitaria que permita y potencie la coparentalidad, un deseable modelo que facilita no sólo un equilibrio afectivo con los hijos, sino también el tiempo necesario para la realización personal y profesional de la mujer. La sociedad valenciana demanda una ley acorde con su propia madurez, sin paternalismos institucionales ni presiones de grupos feministas radicales. La custodia compartida de los hijos, sin discriminación de los padres por motivo de género, es una necesidad impostergable que debe ser refrendada por todos los grupos de las Cortes Valencianas.

 thefamlywatch.org