Inseparabilidad entre matrimonio y sacramento
Dios no impone el matrimonio, pero si dos bautizados deciden casarse y lo hacen, sólo pueden casarse en el Señor, y por lo tanto recibir el sacramento.
Autor: Miguel Ángel Torres-Dulce Lifante
Juez del Tribunal Archidiocesano de Madrid.
Artículo relacionado: Naturaleza sacramental del matrimonio entre bautizados.
Documento relacionado: Discurso del Papa Juan Pablo II a la Rota Romana de 2003.
Entre bautizados no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso mismo sacramento. Esta afirmación contenida en el c. 1055, 2 del Código de Derecho Canónico, idéntica a la reseñada en el Código precedente, recoge la doctrina magisterial de la Iglesia.
Sobre la sacramentalidad fue precisa una declaración dogmática en el Concilio de Trento, frente a la negación protestante de lo que era una tradición implícita en la fe de la Iglesia.
La inseparabilidad es doctrina católica próxima a la fe, expresamente declarada a partir del Papa Benedicto XIV, que no quiso definirla. Pío IX condena la proposición contraria (Syllabus, 66), donde se señala que negar la inseparabilidad entre matrimonio y sacramento para los cónyuges bautizados es resultado de un error herético sobre la sacramentalidad del mismo. León XIII desarrolla el tema de la inseparabilidad en la encíclica Arcanum, así como Pío XI en la Casti connubii, Pío XII en la encíclica Humani generis.
Se considera que es sacramento el matrimonio entre dos bautizados, y también si se bautiza el cónyuge no bautizado, o los dos si no lo estaba ninguno En estos casos se recibe ipso facto el sacramento.
Se ha discutido si es sacramento el matrimonio entre un bautizado y un no bautizado. La praxis seguida por la Iglesia y por la mayor parte de los autores -casi la unanimidad- es contraria: el matrimonio es signo de la unión de Cristo con la Iglesia. El signo no lo constituye uno sólo de los cónyuges, sino la unidad. El matrimonio no se instaura por la sola voluntad de uno de los cónyuges y tampoco surge la sacramentalidad por el bautismo de sólo uno de ellos. No puede darse una sacramentalidad parcial en el matrimonio -en un esposo sí y en otro no- porque se considera por su propia naturaleza algo indiviso (una caro) y, es evidente que no sería sacramento para el cónyuge infiel.
Intentos de separación
1. Doctrinas no católicas
1.1 Ortodoxos. El sacramento se recibe con la bendición nupcial del ministro celebrante. Si faltase, habría matrimonio pero no sacramento.
1.2 Protestantes. Niegan que el matrimonio entre bautizados sea verdadero sacramento. Queda reducido a un contrato.
2. En el ámbito católico (posiciones minoritarias)
2.1 Autores que afirman la separación respecto de los matrimonios informes (el Beato Juan Duns Scoto, entre otros). En algunos casos -matrimonio por poderes, de mudos, por escrito- algunos autores entendieron que no se cumple la doctrina agustiniana sobre la validez de los sacramentos: faltaría la forma sacramental, las palabras (verba): aunque hubiese matrimonio, no surgiría el sacramento. El error procede de una interpretación literal y rigorista de los textos de S. Agustín.
2.2 Otros (como Melchor Cano) dieron valor esencial a la bendición nupcial, que consideraban la forma propia de este sacramento, de modo que si falta hay matrimonio, pero no sacramento.
Reflexiones sobre la inseparabilidad
Dejando a un lado los posicionamientos regalistas o laicistas, según los cuales la Iglesia carece de jurisdicción sobre el matrimonio -lo consideran un contrato exclusivamente civil-, podemos analizar algunas consecuencias de la doctrina sobre la inseparabilidad y estudiar algunas propuestas actuales, unas en consonancia y otras derivadas quizá de una inexacta comprensión de los postulados, unidas a un deseo “pastoralista” de atender ciertas demandas de los fieles.
Entre bautizados el matrimonio es siempre per se sacramental, con independencia de su fe o de su intención sobre la sacramentalidad, porque el sacramento no depende de la voluntad de los contrayentes, sino de la de Cristo. De la voluntad de los contrayentes depende querer casarse o recibirlo fructíferamente, pero no pueden cambiar el ser del matrimonio. El matrimonio, por ejemplo, entre protestantes es también sacramental, aunque no crean en ello; es fuente de gracia por la misericordia del Señor, aunque ellos lo ignoren.
La razón teológica de que todo matrimonio entre bautizados sea sacramento radica precisamente en su bautismo. Por el bautismo los contrayentes viven en Cristo, se casan en Cristo. “Mediante el bautismo, el hombre y la mujer se insertan definitivamente en la Nueva y Eterna Alianza, en la Alianza esponsal de Cristo con la Iglesia. Y debido a esta inserción indestructible, la comunidad íntima de vida y amor conyugal, fundada por el Creador, es elevada y asumida en la caridad esponsal de Cristo, sostenida y enriquecida por su fuerza redentora” (Exhortación Apostólica Familiaris consortio, 13).
El consentimiento matrimonial expresado por un hombre y una mujer bautizados hace el sacramento. Los ministros son los propios esposos, la materia la donación de su conyugalidad, la forma el consentimiento. La sacramentalidad en el matrimonio no añade nada esencial, lo que hace es incorporar el pacto conyugal al orden de la gracia. Los esposos bautizados no pueden afirmar “quiero el matrimonio, pero no el sacramento”. La voluntad es inviolable, pero no omnipotente, pues está limitada por el orden real de las cosas. Si dos bautizados quisieran un matrimonio sin sacramento, querrían algo imposible porque no está en sus manos suprimir el carácter bautismal.
La exigencia de una forma canónica ordinaria -emitir el consentimiento ante un testigo cualificado y dos testigos comunes- no es de índole teológica, sino eclesiástica. Es una ley positiva conveniente por la relevancia social y eclesial del matrimonio, pero constituye una conveniencia, elevada a exigencia jurídica invalidante al margen de la sacramentalidad. No deben confundirse la forma canónica (jurídica) o ritual (litúrgica) con la forma sacramental. Como se ha referido, esta se limita a la mutua manifestación del consentimiento conyugal.
Para la validez de un sacramento se requiere la intención en el ministro de hacer lo que hace la Iglesia. Algunos apoyándose en esta premisa concluyen que si los esposos -ministros de su matrimonio- a pesar de estar bautizados no tienen esa intención, o más aún si lo rechazan, se casarían pero no habría sacramento, con la consecuencia añadida de que estarían sólo sujetos a la legislación civil.
La premisa referida hay que entenderla adecuadamente. El matrimonio es un sacramento único. Es el único sacramento en el que la Iglesia no tiene nada que hacer, en el plano esencial, para su realización. Como también se ha indicado ya, el rito o la forma canónica no son esenciales. Una cosa es que el consentimiento sea inválido sin la forma canónica por imperativo legal y otra que la forma legal venga exigida por ley natural. De hecho el propio ordenamiento canónico reconoce plena validez al sólo consentimiento de los esposos en ciertos casos (forma extraordinaria).
El sacramento lo hacen los propios contrayentes, o dicho de un modo más teológico, puesto que todo sacramento es acción de Cristo, hacen que el Señor otorgue la gracia vivificadora a su alianza a partir de su consentimiento matrimonial.
La Exhortación Apostólica Familiaris consortio (nº, 68) afirma que “cuando a pesar de los esfuerzos hechos, los contrayentes dan muestras de rechazar de manera explícita y formal lo que la Iglesia propone al celebrar el matrimonio de los bautizados, el pastor de almas no puede admitirlos a la celebración”. Para aplicarlo debidamente conviene subrayar en primer lugar, que ya no se utiliza la expresión “lo que hace la Iglesia”, sino lo que propone, y la Iglesia lo que pide básicamente, como hemos venido comentando, es que tengan verdadera intención de casarse, siendo esta la intención mínima requerida para admitirlos a la celebración, como se señala también en el número citado de la Exhortación Apostólica Familiares consortio. Nunca se ha exigido una expresa intención sacramental, religiosa o eclesial.
Debe procurarse que los contrayentes posean una fe conscientemente vivida para una unión santa y santificadora, pero esta conveniencia no es una condición de validez del sacramento, ni la falta de fe constituye un nuevo impedimento matrimonial.
Desde esta perspectiva debe entenderse la afirmación del texto del Concilio Vaticano II contenido en la Constitución Dogmática Sacrosanctum Concilium, 59 sobre la liturgia: “los sacramentos presuponen la fe”. Se trata de una directriz pastoral, no teológica. Para vivir los sacramentos se precisa la fe. También como virtud infusa inherente al bautismo, pero no como fe actual. En no pocas ocasiones debe además tenerse en cuenta que los fieles que han dejado, quizá desde hace largo tiempo, la práctica de la fe influidos por el secularismo, dan poco o nulo valor a la ceremonia religiosa del matrimonio, sin que ello equivalga a que hayan dejado de creer en el matrimonio en sí, que es lo que esencialmente les pide la Iglesia a nivel constitutivo.
La sacramentalidad del matrimonio no es tampoco una propiedad esencial de la alianza matrimonial, sino el mismo matrimonio. Sí son propiedades esenciales la indisolubilidad o la unidad. El sacramento del matrimonio es el mismo matrimonio contemplado en el plano de la gracia.
La sacramentalidad es un don divino, y no puede verse como una imposición. Dios no impone el matrimonio, pero si dos bautizados deciden casarse y lo hacen, sólo pueden casarse en el Señor, y por lo tanto recibir el sacramento: las gracias correlativas o un “derecho” a ellas, según sean sus disposiciones.
“La importancia de la sacramentalidad del matrimonio, y la necesidad de la fe para conocer y vivir plenamente esta dimensión, podría también dar lugar a algunos equívocos, tanto en la admisión al matrimonio como en el juicio sobre su validez. La Iglesia no rechaza la celebración del matrimonio a quien está bien dispuesto, aunque esté imperfectamente preparado desde el punto de vista sobrenatural, con tal de que tenga la recta intención de casarse según la realidad natural del matrimonio. En efecto, no se puede configurar, junto al matrimonio natural, otro modelo de matrimonio cristiano o con requisitos específicos” (Juan Pablo II, Discurso a la Rota de 2003, n. 8).
Fuente.encuentra.com
Lugares de gracia conyugal
Me gusta esta expresión.
Hay lugares que tienen gracia. Y me refiero a la gracia como disfrute. Y a la gracia como donación humana y divina.
A la relación matrimonial cada persona va con su propia historia individual, y también con sus afanes, sus sueños, expectativas, aspiraciones.
La comunicación acerca de esta segunda dimensión es muy decisiva en la construcción del proyecto de pareja. Genera comunión; nutre la relación. Alimenta proyectos, tareas e intereses comunes. Expresa y estimula el potencial de cada cónyuge. Cada uno es especial y único Y a la larga sirve de espejo para medir las propias realizaciones vitales y para percibir las propias frustraciones.
La verdad es que también la dimensión de la historia individual alimenta la relación. Tiene mucha gracia de unión; anuda a las dos almas, las dos historias. Y esos lugares de gracia van desde el hogar de la infancia hasta los paisajes del barrio, del parque, de la parroquia. Incluye las comidas, los sabores, los olores, los entretenimientos.
La detenida y emocionada comunicación sobre estas experiencias que se han vivido y sufrido construye encuentro personal y relación profunda. Los lugares donde se ha vivido, los colores del paisaje que se ha contemplado forman parte de la cultura doméstica y telúrica, del paisaje del alma de cada persona. Por eso tienen tanta densidad de encuentro y relación. Poder mostrar al amigo, al novio/a, los detalles de la propia biografía, las emociones vinculadas a lugares, los aprendizajes hechos en situaciones peculiares, es una tarea imprescindible en la construcción de una relación conyugal. Ese deseo brota espontáneamente en cada uno. Esos lugares compartidos crean relación. Simbolizan la unión. Se recuerdan una y otra vez.
Además, dichos lugares dejan su huella en el alma individual: el lugar donde nos encontramos y nos fijamos el uno en el otro, el lugar del primer beso, de la declaración de amor, el lugar de la luna de miel. Su significado sigue vigente durante toda la vida; producen apego, y, cuando se está lejos, suscitan la melancolía, más o menos intensa, de volver a ellos para recuperar su encanto y su energía. La geografía de la gracia ha penetrado muy profundamente en el alma de cada persona. Habrá que recurrir a ese influjo para explicar ciertas reacciones inesperadas e inéditas de la persona para ella misma. Muchas frustraciones se explican desde ahí. Muchas reacciones “inexplicables” tienen su origen ahí.
Cuando te casas, te casas con una persona y con su historia, con sus heridas de amor y con sus esperanzas.
Por eso el matrimonio de amor entre un hombre y una mujer sigue siendo un lugar de la gracia. Y una buena noticia para todos.
fuente: bpf.laiconet.es
1. ¿Quién y para qué instituyó el sacramento del matrimonio?
Ricardo Sada Fernández
Al principio mismo de la humanidad, cuando dio a Eva como compañera de Adán, estableció Dios la institución matrimonial. Al ser Dios quien estableció la institución matrimonial, es Él mismo quien fijó sus leyes.
Aseguraba de esa manera en primer lugar la propagación de la especie humana, tal como enseña la Biblia: Dios los bendijo diciéndoles: Sean fecundos y multiplíquense, y llenen la tierra (Génesis 1,28).
Pero Dios, al instituir el Matrimonio, no tuvo como fin exclusivo poblar la tierra. No es bueno que el hombre esté solo, dijo Dios cuando Adán dormía en el Paraíso. Le haré una compañera semejante a él (Génesis 2,18).
Al crear dos sexos distintos, Dios quiso además que el varón y la mujer se complementaran el uno al otro, que se apoyaran el uno en el otro, que se amaran y contribuyeran a su mutuo crecimiento espiritual.
La institución matrimonial da origen a la familia, y su estabilidad es evidente, pues no sólo se trata que nazcan hijos, sino que además se requiere del padre y la madre que los trajeron al mundo, para darles cuidado y cariño. Esa unión de personas, la familia, resulta el lugar propicio para la perfección del individuo, ya que ella se origina y crece en el terreno del amor (amor de los esposos entre sí, de los padres a los hijos, de los hijos a los padres, de los hermanos, y de los parientes en general).
En esa unión de por vida de un hombre y una mujer, el Dios de toda bondad determinó que tanto sus mentes como sus corazones y sus cuerpos se fundieran en una unidad nueva y más rica, unidad que habría de ser para ellos camino de salvación.
fuente:encuentra.com
Nulidad matrimonial: ¿Es nulo mi matrimonio?
Hay ocasiones en los que alguno de los cónyuges de un matrimonio en crisis, se pregunta si puede plantear la demanda de nulidad eclesiástica. ¿Qué hacer ante estas situaciones? ¿A quién dirigirse? ¿Cuáles son los pasos que hay que dar?
Las dificultades en los matrimonios muchas veces producen efectos beneficiosos. Si la crisis ha servido para reforzar el amor y los vínculos conyugales ha valido la pena. Si, en cambio, la situación ha creado un ambiente de constante sufrimiento hay que revisar la situación con mayor profundidad.
¿Qué es lo primero que hay que hacer en una crisis matrimonial fuerte?
No dejar pasar la situación como si nada ha ocurrido. Hay que afrontar con realismo la situación que ha generado tan desasosiego. Muchas veces el propio matrimonio no sabe cómo encontrar la salida de ese contratiempo, en estos casos lo mejor es acudir a un arbitraje, a un psicólogo especializado en matrimonios, a un consejero familiar, a un sacerdote convenientemente formado, etc. Es muy importante que el profesional al que acudamos sea creyente. No queremos establecer ningún tipo de discriminación, pero siendo realistas hay que tener en cuenta que la óptica de la vida y de la solución de los problemas es muy distinta desde una perspectiva creyente a una que no lo sea. Muchas sorpresas se lleva una persona creyente cuando acude a un no creyente, por ejemplo, ante un problema de infidelidad que le ha destrozado la vida porque realmente ama al otro, y el especialista le dice: “Pero tú te preocupas por eso, ¡con la cantidad de mujeres que hay en el mundo! Disfruta tú también como hace ella…” Flaco favor hacen esos consejos a una persona con fe y con corazón…
¿Qué valores se deben ejercitar en la crisis?
Para afrontar una dificultad de cualquier tipo hace falta poner en juego varios elementos imprecindibles que normalmente no se daban antes de la misma:
* El diálogo: En la crisis tiene que existir un buen nivel de comunicación entre los dos cónyuges. Muchos problemas en el matrimonio se solucionan con un adecuado ambiente de diálogo sincero.
* Reconocer con humildad los fallos propios y los del otro. La parte que se siente más afectada tiene que hacer frente al dolor provocado por el otro con serenidad, sin querer revanchas ni venganzas de nigún tipo.
* Dejarse ayudar y aconsejar por personas preparadas. Muchas veces los amigos no son los mejores consejeros en estas ocasiones. Nos quieren tanto que pueden hacernos perder la objetividad. La crisis matrimonial necesita de especialistas en el tema. De la misma forma que mis amigos no me pueden ayudar técnicamente en una enfermedad y acudo al médico, mi matrimonio está enfermo, puede ser que gravemente enfermo, y necesito ayuda espcializada. No te “automediques”, es mejor abordar el tema a tiempo para evitar dolores y mayores incovenientes.
* Darse tiempo. Dice la Biblia que “el amor no tiene prisa”, y es verdad. Cuando queremos de verdad a alguien somos capaces de esperar en el otro y de esforzarnos por encontrar caminos de solución.
* Poner de cada parte todo lo que se pueda. Ambos esposos tienen que hacer un gran ejercicio de donación en el sufrimiento. Tengo que abandonar mis esquemas cerrados y escuchar lo que el otro me dice. Tengo que analizar la parte de verdad que el otro intenta hacerme ver. Tengo que buscar ayuda para superar mi forma de ser.
¿Cuándo plantearse la nulidad eclesiástica?
No hay que plantearse la posible nulidad de matrimonio eclesiástico sino después de un tiempo de crisis. Hay que agotar todos los recursos posibles. Hay que luchar por salvar el matrimonio. Las personas, toda persona, se merece un respeto; las personas no somos de “usar y tirar”. Tenemos que respetar a quien compartió con nosotros momentos claves de nuestra vida a través de proyectos e ilusiones. Si después de dar todos esos pasos y con tiempo por medio, se ve que realmente hay posibles motivos de nulidad, entonces es cuando se debe acudir al Tribunal Eclesiástico de tu zona y solicitar información. Si no sabes dónde se encuentra el Tribunal puedes llamar al obispado de tu localidad y te informarán.
Para detectar si hay posible causa de nulidad eclesiástica se hacen algunas preguntas que intentan clarificar la situación. Ten en cuenta que la nulidad tiene que ser por un motivo presente antes de contraer matrimonio.
©2003 Mario Santana Bueno
Fuente:buzoncatolico.com
E. La Misa Nupcial: Liturgia de la Eucaristía
Señor,
acepta nuestra ofrenda
por esta pareja recién casada, N. y N.
Por tu amor y providencia tú los has unido;
ahora bendícelos todos los días de sus vidas matrimoniales.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Señor,
acepta estas ofrendas que te ofrecemos
en este día feliz.
En tu amor paternal
Mira y protege a N. y N.
que se han unido en matrimonio.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
o:
Señor,
escucha nuestras oraciones
y acepta las ofrendas que te hacemos por N. y N.
Hoy los has hecho uno solo en el sacramento del Matrimonio.
Que el misterio del amor desinteresado de Cristo,
que celebramos en esta Eucaristía,
aumente su amor por ti y de uno al otro.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor
LITURGIA DE LA EUCARISTÍA
Se sigue el orden de la Misa, con los siguientes cambios. Durante el ofertorio, los novios pueden llevar el pan y el vino al altar.
PREFACIO DEL MATRIMONIO 1
Padre, todopoderoso y eterno Dios,
te alabamos siempre y en todo lugar para darte gracias.
Por este sacramento tu gracia une al hombre y a la mujer
en un lazo indisoluble de amor y paz.
Tu has diseñado el amor casto de esposo y esposa
para que aumente tanto en la familia humana
como en tu propia familia nacida en el bautismo.
Tú eres el padre amoroso del mundo de la naturaleza;
Tú eres el padre amoroso de la nueva creación de la gracia.
En el matrimonio Cristiano tú unes las dos órdenes de la creación;
el don de la naturaleza de los hijos enriquece al mundo
y tu gracia enriquece también a tu Iglesia.
Por Cristo los coros de ángeles
y todos los santos
oran y bendicen tu gloria.
Que nuestras voces se unan a las de ellos
así como nosotros nos unimos en su himno interminable;
Santo, santo, santo es el Señor, Dios poderoso y misericordioso,
cielos y tierra están llenos de tu gloria
Hosana en las alturas,
Bendito es el que viene en nombre del Señor.
Hosana en las alturas.
PREFACIO DEL MATRIMONIO II
Padre, todopoderoso y eterno Dios,
te alabamos siempre y en todo lugar para darte gracias
por Jesucristo nuestro Señor,
Por quien tú hiciste un nuevo pacto con su gente
Tu restableciste al hombre la gracia en el misterio salvador de la redención.
Le diste una parte en la vida divina
por esta unión con Cristo.
Lo hiciste heredero de la gloria eterna de Cristo.
Este caudal de amor en el nuevo pacto de gracia
es simbolizado en el contrato matrimonial
que sella el amor de esposo y esposa
y refleja tu divino plan de amor.
Y así, con los ángeles y todos los santos del cielo
proclamamos tu gloria
y nos unimos a su interminable himno de oración:
Santo, santo, santo es el Señor, Dios todopoderoso,
cielos y tierra están llenos de tu gloria.
Hosana en las alturas,
Bendito es el que viene en nombre del Señor.
Hosana en las alturas.
PREFACIO DEL MATRIMONIO III
Padre, todopoderoso y eterno Dios,
te alabamos siempre y en todo lugar para darte gracias.
Tú creaste al hombre en amor para compartir tu divina vida.
Vemos su destino elevado en el amor de esposo y esposa,
que lleva el sello de su propio amor divino.
El amor es de origen humano,
el amor es el llamado constante,
el amor es su satisfacción en el cielo.
El amor de hombre y mujer
se santifica en el sacramento del matrimonio,
y se convierte en espejo de tu amor eterno.
Por Cristo los coros de ángeles
y de todos los santos
oran y bendicen tu gloria.
Que nuestras voces se unan a las de ellos
como nos unimos en su himno interminable:
Santo, santo, santo es el Señor, Dios todopoderoso
cielos y tierra están llenos de tu gloria.
Hosana en las alturas
Bendito es el que viene en nombre del Señor.
Hosana en las alturas
Cuando se emplea la Oración Eucarística I, se dice la forma especial de Padre, acepta esta ofrenda. Si se desea pueden omitirse las palabras entre corchetes y paréntesis.
Padre, acepta estas ofrendas
de toda la familia
y de N. y N. por quienes oramos ahora.
Tú que los has traído en el día de su boda;
concédeles (el don y la alegría de los hijos y)
una vida longeva y feliz juntos.
[por Cristo nuesotro Señor, Amén]
BENDICIÓN NUPCIAL
Después de la oración del Señor, se omite la oración Envíanos. El sacerdote frente a los novios dice las siguientes bendiciones sobre ellos.
Si uno o ambas partes no van a recibir la Comunión, pueden omitirse las palabras
por el Sacramento del cuerpo y la sangre de Cristo.
Queridos amigos, regresemos a Dios y oremos
que él bendiga con su gracia a esta mujer (o N.)
que ahora se casa en Cristo con este hombre (o N.) y que (por el sacramento del cuerpo y la sangre de Cristo,)
una en el amor a la pareja que él ha unido
en su unión sagrada.
Todos rezan en silencio por un breve tiempo. Luego el sacerdote extiende sus manos y continúa con la siguiente oración.
Si se desea pueden omitirse dos de los primeros tres párrafos, conservando sólo el párrafo que corresponde a la lectura de la Misa.
Padre,
por tu poder has hecho todo de la nada.
En el principio tú creaste el universo
e hiciste a la humanidad a semejanza tuya.
Le diste al hombre la ayuda constante de la mujer
así que hombre y mujer ya no deben ser dos,
sino una sola carne
y tú nos enseñas que lo que tú has unido
no puede ser separado.
o:
Padre, tu has hecho la unión de hombre y mujer tan sagrado
un misterio
que simboliza el matrimonio de Cristo y de su Iglesia.
o:
Padre, por tu plan hombre y mujer están unidos,
y se ha establecido el matrimonio
como la bendición que no fue perdida por el pecado original
o:
WASHED AWAY ON THE FLLOD
Mira con amor a esta mujer, tu hija,
que se une hoy a su esposo en el matrimonio
Te pide tu bendición.
Dale la gracia del amor y la paz
Que siga siempre el ejemplo de las mujeres santas
cuyas alabanzas son cantadas en las escrituras.
Que su esposo confíe en ella
y reconozca que ella es su igual
y heredera con él de la vida de la gracia.
Que él la respete y la ame
como Cristo ama a su esposa, la Iglesia.
Padre,
mantenlos siempre fieles a tus mandamientos.
dales la fe en el matrimonio
y que vivan como ejemplos de vida Cristiana.
Dales la fuerza que viene del Evangelio
para que puedan ser testigos de Cristo a otros.
(Bendícelos con hijos
y ayúdales a ser buenos padres.
Que vivan para ver a los hijos de sus hijos).
Y, después de una larga vida feliz
concédeles abundancia de vida con los santos
en el reino del cielo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
R. Amén
En el último párrafo de esta oración, pueden omitirse las palabras entre paréntesis cuando las circunstancias lo sugieran, por ejemplo, si la pareja es de edad avanzada.
En la siguiente oración, puede omitirse el párrafo de Padre Santo, tú creaste la humanidad, o puede omitirse el párrafo Padre, para revelar el plan de tu amor, dejando sólo el párrafo que corresponde a la lectura de la Misa. El sacerdote frente a los novios, con las manos juntas, dice:
Oremos al Señor por N. y N.
que vienen al altar de Dios al iniciar
sus vidas matrimoniales
para que siempre estén unidos en el amor de uno al otro
(como ahora comparten en el cuerpo y la sangre de Cristo).
Todos oran en silencio por un breve tiempo. Luego el sacerdote extiende sus manos y continúa:
Padre Santo, tú creaste la humanidad a tu propia imagen
e hiciste que el hombre y la mujer estuvieran unidos como marido y mujer
en unión de cuerpo y corazón para que cumplan con su misión en este mundo.
Padre, para revelar el plan de tu amor,
tú hiciste la unión de marido y mujer
una imagen del pacto que existe entre tú y tu gente
Para cumplir con este sacramento,
el matrimonio de hombre y mujer Cristianos
es un signo de matrimonio entre Cristo y la Iglesia.
Padre, extiende tu mano, y bendice a N. y a N.
Señor, concédeles que empiecen a vivir este sacramento
que compartan los dones de tu amor
y sean uno de corazón y mente
como testigos de tu presencia en el matrimonio,
Ayúdalos a que formen juntos un hogar
(y dales hijos para que sean formados por el evangelio
y tengan un lugar en tu familia).
Bendice a N., tu hija,
para que sea una buena esposa (y madre),
que cuide su hogar,
fiel en amor por su marido,
generosa y amable.
Bendice a N., tu hijo,
para que pueda ser un esposo fiel
(y un buen padre)
Padre, concédeles que acudan juntos a tu mesa
en la tierra,
Para que un día tengan la dicha de compartir tu fiesta
en el cielo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
R. Amén.
o:
El sacerdote se pone frente a los novios y, con sus manos juntas, dice:
Queridos amigos, pidamos a Dios
su bendición sobre este novio y esta novia (o N. y N.)
Todos oran en silencio por un momento, Luego el sacerdote extiende sus manos y continúa:
Padre Santo, creador del universo,
que hiciste al hombre y a la mujer a tu imagen,
fuente de bendiciones para la vida matrimonial,
humildemente te pedimos por esta mujer
que hoy se une a su marido en este sacramento del matrimonio.
Envía tus bendiciones sobre ella y su esposo
para que juntos disfruten de tus dones del amor matrimonial
(y enriquezcan tu Iglesia con sus hijos).
Señor, que te alaben cuando estén felices
y acudan a ti en sus aflicciones.
Que se alegren por tu ayuda en su trabajo
y que sepan que tú estarás con ellos en sus necesidades.
Que te dediquen sus oraciones en la comunidad de la Iglesia,
y que sean tus testigos en el mundo
Que lleguen a la ancianidad en compañía de sus amigos,
y finalmente vayan al reino del cielo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
R. Amén.
SIGNO DE PAZ
A las palabras de démonos la paz, la pareja casada y todos los presentes se dan la paz y amor entre sí en una forma adecuada.
COMUNIÓN
La pareja casada puede recibir la comunión en dos formas.
(Ver las indicaciones para la Comunión en el próximo capítulo)
ORACIÓN PARA DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor,
en tu amor
nos has dado esta Eucaristía
para unirnos entre nosotros y contigo.
Como has hecho con N. y N.
uno en el sacramento del Matrimonio
(y al compartir el pan y el vino)
hazlos ahora uno en el amor de uno por el otro
te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Señor,
nosotros que hemos compartido el alimento de tu mesa
oramos por nuestros amigos N. y N.
que se han unido en matrimonio.
Mantenlos cerca de ti siempre.
Que el amor de uno por el otro
proclame a todo el mundo
su fe en ti.
Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor
o:
Todopoderoso Dios,
que el sacrificio que hemos ofrecido
y la Eucaristía que hemos compartido
fortalezca el amor de N. y N.,
y concédenos a todos tu ayuda paternal.
Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor.
BENDICIÓN SOLEMNE
Antes de bendecir a los presentes al final de la Misa, el sacerdote bendice a los novios, usando una de las siguientes formas:
Señor eterno Padre mantenlos en amor de uno al otro,
para que la paz de Cristo esté con ustedes
y esté siempre en su hogar
R. Amén
Que (sus hijos los bendigan),
sus amigos los consuelen
y todos los hombres vivan en paz con ustedes.
R. Amén.
Que siempre sean testigos del amor de Dios en este mundo
para quye los afligidos y los necesitados
encuentren en ustedes amigos generosos
y sean recibidos en la alegría del cielo.
R. Amén.
Que Dios todopoderoso los bendiga,
en el nombre del Padre, del Hijo, + y del Espíritu Santo.
R. Amén.
Que Dios, Padre misericordioso,
les de la gracia
y los bendiga (en sus hijos)
E. Amén
Que el Hijo único de Dios tenga misericordia de ustedes
y les ayude en lo próspero y en lo adverso.
R. Amén
Que el Espíritu Santo de Dios
siempre llene sus corazones de amor
R. Amén
Y que Dios misericordioso bendiga a todos ustedes,
en el nombre del Padre, y del Hijo, + y del Espíritu Santo
R. Amén.
o:
Que el Señor Jesús, que fue invitado a las bodas de Caná,
los bendiga a ustedes y a sus familiares y amigos.
R. Amén.
Que Jesús, que amó a su Iglesia hasta el fin,
siempre llene sus corazones con su amor.
R. Amén.
Que les conceda que, porque creen en su resurección,
puedan esperarlo en júbilo y esperanza.
R. Amén.
Y que el misericordioso Dios bendiga a todos ustedes,
en el nombre del Padre, y del Hijo, + y del Espíritu Santo.
R. Amén
o:
En las diócesis de Estados Unidos puede emplearse la siguiente forma:
Que Dios misericordioso, con su palabra de bendición, una sus corazones en la unión eterna de amor puro.
R. Amén.
Que sus hijos les traigan felicidad, y que su generoso amor por ellos sea correspondido.
R. Amén.
Que la paz de Cristo viva siempre en sus corazones y en su hogar.
Que sus verdaderos amigos estén junto a ustedes, tanto en la alegría como en la tristeza.
Que ustedes estén dispuestos y deseosos de ayudar y confortar a los que acudan a ustedes en sus necesidades.
Y que las bendiciones prometidas a los compasivos les llegue en abundancia.
R. Amén
Que encuentren felicidad y satisfacción en su trabajo. Que los problemas diarios nunca les causen ansiedad exagerada, ni el deseo de posesiones terrenales dominen sus vidas. Sino que el primer deseo de sus corazones sea siempre el bienestar que les espera en la vida celestial.
R. Amén.
Que el señor los bendiga con muchos años de felicidad juntos, para que disfruten de los premios de una vida buena.
Y después que se hayan servido de su lealtad en su reino de la tierra, sean bienvenidos a su reino eterno en el cielo.
R. Amén.
Y que Dios Todopoderoso los bendiga,
en el nombre del Padre, y del Hijo, + y del Espíritu Santo.
R. Amén
Pbro. Pablo Arce Gargollo y James P. Socías
Fuente: www.encuentra.com
La Confirmación: paso a la madurez cristiana
Como su nombre lo dice, el Sacramento de la Confirmación es el que confirma y perfecciona las gracias que recibimos en el Bautismo. A través de él, recibimos el don del Espíritu Santo y quedamos vinculados más perfectamente a la Iglesia como sus apóstoles para propagar y defender la Fe. Es el Sacramento que nos da la madurez cristiana.
Así como el Bautismo, la Confirmación solo se recibe una vez en la vida, ya que imprime en el alma una marca espiritual indeleble. Esta marca es el carácter, es decir, el sello del Espíritu Santo. Este carácter nos da fuerza y poder para confesar públicamente la fe de Cristo.
Al recibir el Espíritu Santo quedamos comprometidos a luchar por la santidad, a hacer apostolado, a dar testimonio y a darnos a los demás.
Origen de este Sacramento
El día de Pentecostés – ocasión en que se fundó la Iglesia – los discípulos se encontraban reunidos junto a la Virgen. Estaban temerosos, no entendían lo que había pasado. De repente, descendió el Espíritu Santo sobre ellos y a partir de ese momento entendieron todo lo que había sucedido, dejaron de tener miedo, se lanzaron a predicar y a bautizar.
De esta forma, la Confirmación es “nuestro Pentecostés personal”. La materia de este sacramento es el “santo crisma”, aceite de oliva mezclado con bálsamo, que es consagrado por el Obispo los Jueves Santos de cada año.
Las palabras que acompañan a la unción en la frente y a la imposición individual de las manos son:
“Recibe por esta señal de la cruz el don del Espíritu Santo” (Catec. no. 1300).
El ministro de este sacramento debe ser un Obispo (sucesor de los apóstoles y quien posee el grado del Orden en plenitud), aunque por razones especiales graves puede confirmar un sacerdote. No obstante, si una persona está en peligro de muerte, cualquier sacerdote debe de administrar el sacramento.
¿Quién puede ser confirmado?
La edad para recibir este sacramento la marca el Obispo del lugar; sin embargo es preferible que se haya llegado al uso de razón. (Cfr. Catec. no. 1307). En caso de peligro de muerte de un pequeño, debe recibir este sacramento.
Para recibirlo se debe tener la siguiente disposición:
- Ser bautizado
- Estar en gracia de Dios (confesado)
- Es necesario saber las verdades principales de la doctrina cristiana y estar instruidos en lo que se refiere a este sacramento.
- Se debe manifestar el deseo de ser confirmado, haciendo uso de la libertad de persona madura.
Todo confirmado debe tener un padrino o madrina que lo ayude espiritualmente, tanto en la preparación para recibir el Sacramento, como después de haberlo recibido. Las condiciones para ser padrinos son las mismas que para los de Bautismo.
Gracias que nos da la Confirmación:
- Aumenta la Gracia Santificante
- Nos da el Espíritu Santo con todos sus dones
- Imprime en nuestra alma el carácter de soldados y apóstoles de Cristo
| Dones que trae el Espíritu Santo en la Confirmación:
Sabiduría: Es la perfección del saber en la acción y en la práctica de los Diez Mandamientos. Perfecciona la virtud teologal de la Caridad. Entendimiento: Es el don que nos ilumina, proyectando sobre las verdades reveladas una luz viva y penetrante sin que esto quiera decir que nos da una comprensión clara y total. Perfecciona la virtud teologal de la Fe. Ciencia: Es el don que nos ayuda a ver las cosas naturales con visión sobrenatural. Gracias a éste, descubrimos Su huella en la creación y valoramos debidamente los dones temporales, sin poner excesiva confianza en ellos. Este don perfecciona la virtud teologal de la Esperanza Consejo: Es el don que nos ayuda a decidir con acierto, a aconsejar a los otros fácilmente y en el momento necesario, conforme a la voluntad de Dios. Nos impulsa a consultar a Dios en la oración y a escuchar la voz de la Iglesia. Perfecciona la virtud cardinal de la Prudencia. Fortaleza: Nos ayuda a conseguir, a pesar de cualquier obstáculo, el bien moral. También nos impulsa a vencer cualquier obstáculo y perseverar con paciencia en la Voluntad de Dios. Perfecciona la virtud cardinal de la Fortaleza. Piedad: Este don hace al alma sensible a todo lo que se refiere al amor de Dios. Nos da alegría en el cumplimiento de los deberes religiosos. Perfecciona la virtud cardinal de la Justicia. Temor de Dios: El temor filial no se mezcla con el temor al castigo. Más bien nos impulsa e evitar todo lo que puede ofender a Dios y a practicar todo lo que le es grato. Perfecciona la virtud cardinal de la Templanza. |
Fuente: Catholic.net
El Bautismo, derecho del recién nacido
El Bautismo es el sacramento que nos inicia en la vida cristiana y nos hace Hijos de Dios y miembros de la Iglesia. Por esto, los padres tienen la obligación de hacer que los hijos sean bautizados en sus primeras semanas de vida, así como es derecho de los hijos el recibir todos los dones y valores para su desarrollo humano y cristiano.
Como todos sabemos, los hombres nacemos con el “pecado original” que cometieron nuestros primeros padres, Adán y Eva. Ello conlleva a que el ser humano nazca separado de Dios, es decir, “muerto a la vida de Dios”. Solo se nace al Cristianismo, a la vida espiritual, al recibir el Bautismo.
Como todos los otros sacramentos, el Bautismo fue instituido por Cristo, quien le dio el mandato a los apóstoles de “ir y bautizar” a todas las criaturas. El ministro normalmente es el sacerdote, pero en caso de necesidad, o sea, cuando un niño o un adulto se encuentra en peligro de muerte y no es posible que el sacerdote esté presente, lo puede administrar cualquier persona, siempre y cuando tenga la intención de hacerlo y use la materia y la forma correspondiente. En dicho caso se debe notificar a la parroquia para que quede registrado y, en caso de que viva, para que pueda recibir la ceremonia del Bautismo solemne.
¿Cuáles son los requisitos para el Bautismo?:
En caso de adultos, manifestar su deseo de bautizarse y asistir a pláticas de preparación.
Si es un niño, presentar el acta de nacimiento ante el sacerdote o su representante y asistir a las pláticas prebautismales tanto los papás como los padrinos.
¿Quienes son los Padrinos?
Son aquellos que presentan en la Iglesia al bautizado, contestan en su nombre y asumen la responsabilidad de la educación cristiana del bautizado si faltan sus padres. En caso de los niños, se requiere de un padrino y una madrina. Mientras que en el caso de un adulto debe ser uno solo, para que vigile que el bautizado lleve una vida cristiana. Ser padrinos no implica asumir responsabilidades materiales.
¿Cuáles son los requisitos para ser padrino?
Ser bautizado y tener la intención de asumir las responsabilidades de la educación cristiana del bautizado si faltan sus padres; tener uso de razón, haber cumplido 16 años, estar confirmado, haber hecho su Primera Comunión y llevar una vida de fe. Los padrinos han de ser solteros o casados por la Iglesia. No pueden vivir en unión libre, ya que deben de ser modelos de vida cristiana para los ahijados.
| Los símbolos y el rito del Bautismo:
Símbolos:· El agua: es símbolo de limpieza y vida. Limpieza, porque se nos borra el pecado original. Vida, porque recibimos la vida de Dios. El Espíritu Santo es quien nos limpia y nos da la vida de Dios. · El cirio Pascual: Es una vela grande que se bendice el Sábado Santo. Es símbolo de Cristo y luz del mundo, que nos ilumina para que a la vez podamos iluminar a los demás. En el Bautismo el celebrante toma el cirio y dice “Reciban la luz de Cristo” y entonces un familiar prende la vela. Como esta vela es muy importante, debemos de tratar de guardarla, para utilizarla en otros Sacramentos como la Primera Comunión, la Confirmación o el Matrimonio. · La ropa blanca: Significa la vida de gracia. · Óleo de los catecúmenos: Es un aceite mezclado con perfumes, bendecido el Jueves Santo por el Obispo. El rito:
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Fuentes: Catholic.net y wikipedia.org






