Encuentro matrimonial

Infidelidades on-line


Jesús Domingo

Algunos piensan que tener amistades por Internet no puede afectar o destruir un matrimonio ¿en realidad es tan inofensivo?

Hace unos años, en los principios de Internet en nuestro país, un amigo íntimo con el que hablaba periódicamente, me comentaba que había comenzado a utilizar Internet y que había descubierto muchas cosas, entre otras a entrar en algunos foros y, principalmente, a chatear. Comentaba que empezaba a tener relaciones con mujeres, algunas bastante íntimas pero inofensivas.

Recuerdo que en aquella ocasión le hice una pregunta:

- “¿Quieres a tu mujer?”,

- “por supuesto”, contestó.

- “Pues en este caso deja de chatear, le recomendé”.

- “¡Va!, con esto no hay ningún problema”.

Así las cosas, seguí preguntando:

- “¿Qué te parece si tu mujer se pusiera a flirtear con el vecino desde la ventana de vuestra habitación?”

- “No quiero ni pensarlo”, contestó.

Seguimos hablando:

- “¿qué pasaría si tus conversaciones cibernéticas la tuvieras personalmente con la compañera de oficina?” (en aquel tiempo trabajaba en una entidad bancaria, en una pequeña oficina en la que sólo eran dos).

- “No es lo mismo”, contestó.

Le recomendé que si realmente quería a su mujer y no exponerse a destrozar su familia, lo más prudente es que dejara de chatear.

Después de un tiempo volvimos a hablar.

- “Qué, ¿enganchado a internet?”

- “No, tenías razón, tuve que cortar, hubo una que me pidió el teléfono, me llamaba a casa y a la oficina, estaba dispuesta a que nos viéramos en Girona. Nunca más. Tú tenias razón, gracias por haberme avisado, ha servido para cortar a tiempo. Además conozco a otros amigos que no han cortado a tiempo.

De esto hace unos años, pocos. Entonces se trataba de un caso aislado, pero hoy es una moda extendida ampliamente. No hace mucho pudimos leer el titular: “Infidelidades por Internet se convierten en un nuevo motivo de separación”. Se trata de casos reales, como el de mi amigo, personas que empiezan a confraternizar de manera íntima con sus “amistades” on line. En algunos países esta práctica se ha convertido el primera causa de divorcio.

Las estadísticas indican que son muchas las personas que se conectan diariamente a foros, chats, comunidades on-line. Estas personas en muy poco tiempo consiguen largas listas de amigos con los que casi diariamente es escriben mensajes mail y en algunos casos incluso llegan a llamarse telefónicamente.

El proceso es muy rápido, en menos de tres meses cualquiera puede conseguir varios amigos con los que a la larga se escribirá e-mails de forma diaria. El problema aparece cuando esta persona empieza a encapricharse de uno de sus amigos on line. “Me quedaba hasta más tarde en el trabajo para hablar con él. Me decía cosas maravillosas. Después me llamaba por teléfono y era increíble lo que me hacía sentir”, esta es la explicación de una joven ejecutiva que actualmente, después de separarse de su pareja, vive con “su amigo on line”.

El perfil de estas personas no es para nada homogéneo, pues entre los aficionados a las conversaciones online, aunque el tramo más frecuente es entre los veinticinco y los cuarenta y cinco años, se dan muchos casos de mayor edad, la profesión –aunque abunda los de buena posición o de cierto nivel cultural- tampoco es el factor limitante: la plaga parece extenderse a todos los sectores.

Los diferentes estudios realizados por instituciones sociológicas, ponen de manifiesto que el hecho de anonimato inicial aporta una gran dosis de seguridad. La relación se inicia en total anonimato, ya que el ciberaffaire, a diferencia del adulterio físico, pasa totalmente inadvertido. Otro de los elementos que exponen los estudios realizados es la clara relación entre las relaciones románticas o sexuales on line y el divorcio.

Como en el caso de mi amigo, muchos tienen el peligro en casa, aunque en estos casos el problema no es Internet sino la falta de voluntad o la timidez. Es lógico: acciones que algunas personas jamás cometerían a luz del día pueden llevarlas a cabo fácilmente escondidos tras el anonimato de la Red. Pienso que estas acciones no son por ello más sinceras y que su reiteración, inicialmente inocente, ayudan perder el miedo y a llegar tan lejos donde uno jamás quiso hacerlo.

fuente:encuentra.com

Como encajar el pasado personal en la vida de pareja.

Cuando una pareja se casa no cambian las cosas automáticamente. Cada uno de los miembros de la pareja trae su propio pasado y su propia historia, sus propios traumas y conflictos. Los problemas vividos en la familia de origen surgen una y otra vez en la persona creando más de un conflicto. ¿Cómo influye el pasado individual en la pareja? ¿Qué podemos hacer para que el pasado del otro no cree tensiones en nuestra actual relación?

Tengamos en cuenta varias elementos:

1.-Nuestras experiencias familiares pasadas influyen en la forma de relacionarnos en la pareja.
2.- Muchas veces respondemos a lo que vivimos en el pasado con las actuaciones de hoy. Es como una respuesta a algo que en su día no pudimos hacer y ahora sí.
3.- Estas situaciones se dan en todos los matrimonios. Lógicamente dependiendo de la madurez de los miembros se dará con mayor o menor dolor.
4.- Nuestras formas de relacionarnos se basa en lo que aprendimos en nuestras familias de origen.
5.- Un especialista en terapia familiar ha llegado a decir que en toda cama matrimonial existen seis personas: la pareja y sus dos parejas de padres. Cuando una pareja se casa no es consciente de gran parte de todo esto, sino que se va descubriendo a medida que evoluciona la relación matrimonial. Normalmente es nuestra pareja la que nos recuerda que somos como nuestros padres y madres.

¿Qué hacer para ir asumiendo nuestro pasado individual en nuestra pareja?

1.- Reconocer que muchas dificultades proceden de las reglas y normas de nuestras familias de procedencia. Muchas veces tenemos una tendencia inconsciente de volver a lo que vimos en nuestras familias en la infancia. Es necesario que nos demos cuenta de qué aspectos son los que vienen de nuestra infancia y tratar de cambiarlos.

2.- No debemos de etiquetar las dificultades que proceden de las familias como correctas o erróneas. No debemos de aprovechar los conflictos para menospreciar a nuestra pareja y a su familia. Por el contrario hay que tomarlo como una señal de que necesitamos aprender a negociar nuestras diferencias.

3.- Tenemos que intentar lograr la conversión cristiana interior hacia el otro. Para poder hacerlo cada uno tendrá que aprender a expresar con claridad sus propios pensamientos y necesidades.

4.- Muchas veces esperamos que el otro dé respuesta a nuestras necesidades que tienen su origen en la infancia. No nos relacionamos con el otro como si fuese nuestro marido o esposa sino como si fuera nuestro padre o madre. Tenemos que aprender a ver al otro como lo que es, no como nos gustaría que fuese.

5.- No debemos de descuidar los asuntos irresueltos con nuestras propias familias. Una buena forma de encarar los temas es expresarlos y ver por qué surgieron.

Fuente: www.buzoncatolico.es

PARA MEJORAR NUESTRO AMOR

En muchos matrimonios el amor va evolucionando hacia otras cosas que no son amor. En muchas ocasiones apenas queda nada de aquel amor primero que les llevó a casarse.
¿Cuál es el secreto de que el primer amor perdure en el tiempo?
¿Qué hacer para que el amor vaya evolucionando con los propios miembros de la pareja?

Aquí van algunas ideas que pueden ayudar a que la madurez del amor, vaya al mismo ritmo que la madurez de las personas que componen el matrimonio.

1.- Ver a la otra persona como un regalo que Dios te ha hecho. A pesar de sus torpezas, de su inmadurez, de sus fragilidades, puede mejorar si yo sé ayudarle a ello. Hay pocas cosas en la vida como a la persona que tienes a tu lado decirle: “Eres lo mejor o una de las mejores cosas que me han pasado en mi vida.”

2.- Tengo que valorar las muchas cosas buenas que hay en el otro. Tiene sus defectos pero no puedo estar todo el día echándoselo a la cara. Me fijo en lo bueno que tiene y lo malo intento combatirlo con amor no con odio o revancha.

3.- Tomar conciencia de que el otro tiene que cambiar sus actitudes, su forma de ser, lo que hace, etc. pero yo también tengo que cambiar. Si yo cambio el otro se animará también a hacerlo.

4.-Tengo que valorar los esfuerzos que el otro está haciendo por mejorar nuestra vida y nuestra relación.

5.- Tengo que ser lento a la hora de enfadarme y rápido a la hora de mostrar mi cariño hacia la otra persona.

6.- Recuerda que las mejores relaciones son aquellas que sacan lo mejor que hay en ti y que las peores relaciones son aquellas que sacan lo peor que hay en ti… Tu relación con el otro ¿Qué tipo de relación es?

7.- Aprende a querer al otro desde lo que realmente es el otro. No pretendas quererle por lo que debería de ser.

8.- Expresa tus sentimientos, tu rabia o tu dolor en el momento oportuno. El callarse a tiempo y el buscar el momento adecuado es más importante muchas veces que lo que vayamos a decir.

9.- Busca siempre el diálogo. El diálogo y la comunicación en general es una de las bases del amor. El amor es comunicación.

10.- Sé positivo ante los problemas y dificultades que surjan. Intenta ver las cosas con realismo no con negatividad. Todo en la vida tiene solución, el problema está que muchas personas no son capaces de encontrar una solución…

11.- No metan a los hijos en los problemas del matrimonio. No busque partidarios en tus hijos. Los problemas del matrimonio los tiene que resolver el matrimonio sin poner en peligro el resto de la vida familiar.

Fuente:buzoncatolico.es

Espontaneidad, amor y castidad conyugal

La idea de que la libertad y el amor exigen una completa espontaneidad, hasta el punto de que la existencia de una norma o criterio regulador haría desaparecer tanto el verdadero amor como la auténtica libertad, es una idea relacionada con el voluntarismo.

El Dr. Ángel Rodríguez Luño, Prof. de Teología Moral en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma), Profesor de Moral en el «Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia» de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Esta mañana (29.11.2003) ha pronunciado una comunicación en el Congreso Internacional de Teología Moral celebrado en UCAM (Universidad Católica de Murcia), de gran calado doctrinal (UNIVERSALIDAD E INMUTABILIDAD DE LOS PRECEPTOS DE LA LEY NATURAL. LA EXISTENCIA DE UNA MORALIDAD INTRÍNSECA ABSOLUTA). Con esta ocasión, recordamos uno de sus textos, en los que se implican conceptos tan importantes como libertad, espontaneidad y castidad conyugal.

por Angel Rodriguez Luño

La idea de que la libertad y el amor exigen una completa espontaneidad, hasta el punto de que la existencia de una norma o criterio regulador haría desaparecer tanto el verdadero amor como la auténtica libertad, es una idea relacionada con el voluntarismo. Encontramos una formulación explícita en el Comentario a las Sentencias de Guillermo de Occam: «Aquello que es propiamente libre se hace también espontáneamente, de donde parece que no puede distinguirse la libertad y la espontaneidad» (Comentario a las Sentencias I, dist. X, q. 2, H), Libertad y espontaneidad son la misma cosa, ¿pero cuál es el significado preciso de espontaneidad? Intentemos responder a esta pregunta.

El análisis de los textos hace pensar que se considera espontáneo un acto o un proceso en el que la posición del querer o del impulso es anterior a toda intervención de la razón. Se actúa espontáneamente cuando se actúa porque sí, inmotivadamente, si por motivo entendemos un principio o un fin racional. Habla ahora Duns Scoto: «Quare voluntas voluit hoc, nulla est causa, nisi quia voluntas est voluntas» (Opus oxoniense I, dist. VIII, q. 5, a. 3, n. 24). El querer o el apetecer es un primum [lo que se considera de primera importancia] la verdad en cambio tiene una importancia muy secundaria.

Voluntad espontánea significa voluntad anterior a la razón, voluntad en cuya determinación el conocimiento y la verdad no tienen un papel importante. Voluntad espontánea es un impulso radical, que se desencadena por sí mismo y desde sí mismo, que no tiene otra causa que sí mismo. En el interior de este modo de concebir el dinamismo y el actuar del hombre no hay sitio para la finalidad, para la causa final. Y con la finalidad es excluida la característica específica de todo proceso racional en cuanto racional. Desde este momento toda la explicación causal consiste en el estudio de las condiciones iniciales que dan origen al movimiento o, si se quiere, en el estudio de la situación o del estado inmediatamente anterior en el tiempo. Se entiende fácilmente que en el fondo se adopta la causalidad material (causa ex qua) como único modelo de explicación causal.

Aunque esta concepción pueda parecer, inicialmente, bastante rara, ha tenido una notable importancia, incluso fuera de los estudios sobre la voluntad. Se puede sostener que este concepto de espontaneidad está presente en la mecánica clásica, es decir, en la de Newton. Es característico de la concepción newtoniana del mundo el concepto específico de fuerza. En la fuerza, en las diversas fuerzas de las que hablan los científicos, se encuentra la causa del desencadenarse de los procesos. El movimiento de los cuerpos no necesitaría de otra explicación que ésta, su movimiento es ciertamente espontáneo, en el sentido explicado, gracias al cambio del estado inercial inicial, sin siquiera referencia a la finalidad.

Este modelo explicativo es adoptado también por algunas psicologías. Se habla mucho entre ciertos psicólogos de libertad y de espontaneidad; se habla incluso de liberación de tabúes de las normas éticas, etc. Pero entonces ya no se encuentra la libertad. Estos psicólogos escuchan al paciente con la convicción de que todo hecho relatado por otra persona es el resultado de un mecanismo, que él, el psicólogo, debe descubrir y sacar a la luz. Consideran al hombre como un autómata guiado por diversos mecanismos, movido por diversas vis a tergo (fuerzas mecánicas), pero son incapaces de considerar al hombre como autor, como protagonista, como causa de algo original. Aunque estos psicólogos hablen de espontaneidad, más aún, justo porque hablan de espontaneidad, niegan la libertad del hombre.

En otro orden de cosas, piénsese en Lutero, fiel seguidor de Occam. Afirma Lutero: «Profesamos que a la fe deben seguir las buenas obras, más aún, que deben seguir, pero que se siguen espontáneamente, como el árbol bueno no debe dar buenos frutos sino que los da espontáneamente» (Luthers Werke (ed. Weimar), t.39/I, 46). Emplea Lutero con toda claridad el concepto de espontaneidad como modelo explicativo, es decir, piensa que toda la causalidad y todo el valor del actuar deba buscarse en la situación ex qua ésa procede. Por eso Lutero añade: «No sólo las obras buenas hacen al hombre bueno, es el hombre bueno el que hace sus obras buenas. No sólo las obras malas hacen al hombre malo, sino el hombre malo es el que hace malas sus obras» (Ibid, t. 7, 32). Significa esta afirmación que las acciones singulares no gozan de una verdadera libertad respecto al estado fundamental del que proceden, sino que son una simple consecuencia o manifestación exterior más o menos importante. Llegados a este punto no se le escapa a nadie cuán semejantes son estas posturas aquí estudiadas a algunas teorías modernas como, por ejemplo, ciertas interpretaciones de la opción fundamental.

Llega el momento de la valoración crítica. ¿Es plausible esta idea de la libertad como espontaneidad? Quisiera hacer observar, antes que nada, que la espontaneidad implica una renuncia a la comprensión de la libertad y del amor, renuncia que termina en el irracionalismo. No sin razón escribía Hegel: «Los intereses espontáneos, los que no pueden ser entendidos por la razón, todo eso es exactamente la locura». Si la voluntad y el impulso son un prius respecto a la inteligencia, la comprensión de la voluntad y del impulso se nos presenta como un absurdo lógico, ya que comprender la voluntad sería poner la razón por encima del querer y del impulso, para regularlos según su verdad. Por tanto, la posición inicial (voluntad como un primum absoluto) cae en contradicción.

Otra observación mostrará lo no plausible de la espontaneidad entendida como espontaneismo. Y es ésta: la espontaneidad es el grado mínimo de libertad, porque es el grado mínimo de dominio y de autoposesión. El dominio sobre los procesos espontáneos es solamente inicial; las consecuencias y los desarrollos finales escapan a todo control. En los procesos espontáneos, donde no hay una posesión intencional del fin que hay que alcanzar, solamente hay consecuencias preterintencionales. Para entender intuitivamente cómo todo eso repugna a los conceptos de libertad y de amor baste pensar en el acto divino de la creación. Siendo obra del amor de Dios, la creación tiene efectos queridos, pero no tiene consecuencias preterintencionales. Decir lo contrario sería lo mismo que afirmar que Dios no conoce y no domina todo lo que sigue a su acto creador, o decir que de su actuar derivan hechos no previstos por Él y por Él no queridos, hechos que escapan a su Sabiduría, a su Amor y a su Potencia. Como si la creación fuera el desarrollo espontáneo de una especie de ciego instinto cósmico desencadenado en un determinado momento. La creación no es espontánea porque es obra de la libertad y del amor de Dios.

Vemos pues que el concepto de actuar espontáneo no se adecúa al actuar de Dios, y tampoco al actuar del hombre, porque la persona humana vive, ella misma, como causa eficiente, y, en un cierto sentido, como causa final de sus actos; el hombre se hace autor de algo conocido y querido con anterioridad. Fuera de este conocimiento se puede hablar de instinto, pero no de libertad. «La autodeterminación —se lee en Persona y acto— se identifica con el decidir consciente. En cambio la espontaneidad —o instintividad de la acción— se puede explicar como la orientación del impulso conjunto con la potencialidad del cuerpo o también con una cierta facilidad emotiva. Entonces el decidir consciente es limitado o, a voces, casi anulado» (K. WO]TYLA, Persona e atto (Lib. Ed. Vaticana, 1982), p. 149).

Para mí no hay duda de que el concepto de espontaneidad estudiado hasta aquí está presente con frecuencia en el modo de entender la realidad conyugal. Adviértase que no faltan quienes hablan de un hijo como de una consecuencia, y no como de un fruto, querido conscientemente, de su amor. Eso quiere decir que los cónyuges que hablan así han actuado espontáneamente, sin pensar y sin aceptar la finalidad inmanente de ciertos actos y de ciertos procesos. Han sido llevados por un impulso afectivo o sentimental pero no han actuado buscando un bien o un valor. Han sido víctimas de una especie de mecánica psíquica o biológica, que tanto Newton como ciertos psicólogos estudiarían con gusto. Lo peor no es que hayan sido víctimas una vez, sino que todavía lo son, ya que el dominio implicado en el concepto mismo de libertad sólo es posible gracias a la posesión intencional del fin del obrar: gracias al conocimiento y aceptación de la finalidad es como ésta se convierte en motivadora.

Hemos visto que no se puede hablar de consecuencias a propósito de Dios Creador; entre los cónyuges en cambio es consecuencial en tanto que no sean conscientes y acepten su papel de partícipes del poder creador de Dios en la transmisión de la vida, aspecto que, como sabemos, constituye uno de los significados y valores de la vida conyugal. Y si entre esos cónyuges todo es consecuencial, debemos afirmar entonces que su grado de libertad y de dominio sobre el propio actuar es mínimo.

Intentemos sacar conclusiones. E1 análisis hecho hasta este momento demuestra que las objeciones contra la castidad no son válidas. Esa objeción presupone que la existencia del verdadero amor va unida a la libertad entendida como espontaneidad. Pero hemos visto que la espontaneidad es el grado mínimo de libertad, en cuanto es el grado mínimo de autoposesión, y por eso el grado mínimo de autodeterminación y de autotrascendencia, ya que no se puede disponer ni dar de lo que no se posee. E1 amor concebido como desarrollo espontáneo de ciertas condiciones afectivas es simplemente impulso sin verdadera trascendencia, porque el otro es en este contexto un objeto de placer y de satisfacción subjetiva.

Pero ésta no es la verdadera realidad del amor conyugal. Leamos como ejemplo lo que dice la Humanae vitae «Por medio de la recíproca donación personal, propia y exclusiva, los esposos tienden a la comunión de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal, para colaborar con Dios en la generación y en la educación de nuevas vidas» (PABLO VI, Enc. Humanae vitae, n. 8. en Colección Folletos mc, n. 72). E1 amor conyugal mira al mutuo perfeccionamiento y a la generación y educación de nuevas vidas, el amor tiene, pues, un sentido bien definido, una finalidad, no es simplemente una espontaneidad. Por tanto, la libertad que sostiene el amor sólo es posible en cuando está fundada en el conocimiento de estos valores; la libertad va precedida y guiada por el conocimiento. En el caso concreto del amor conyugal, la libertad va precedida del conocimiento de los valores de la persona, sea de la persona del cónyuge que de las posibles nuevas personas. El valor de la persona es el criterio-guía. «La conciencia de esta verdad despierta la necesidad de integrar el amor sensual, exige que la reacción sensual y afectiva hacia el ser humano de sexo opuesto sea elevado al nivel de la persona» (Familiaris consortio, n. 33). La castidad es la virtud que realiza esta integración del amor sensual en el amor personal, evitando que la relación amorosa entre los cónyuges se convierta en una relación de utilidad, en la que uno o ambos se sirven del otro para satisfacer las necesidades no dominadas por no ordenadas. «La castidad —se afirma en la Familiaris consortio— no significa ni rechazo ni desestima de la sexualidad humana: significa más bien energía espiritual, que sabe defender el amor de los peligros del egoísmo y de la agresividad, y sabe elevarlo hasta su plena realización» (FC, n. 33) La castidad no daña el amor, sino que lo defiende y eleva. Eleva el amor que, como se afirma en la Humanae vitae, «es en primer lugar amor plenamente humano, es decir, al mismo tiempo sensible y espiritual. No es pues simple manifestación de instinto y de sentimiento, sino también y principalmente acto de la voluntad libre, destinado a mantenerse y a crecer en las alegrías y dolores de la vida cotidiana, de modo que los esposos lleguen a ser un solo corazón y una sola alma, y alcancen juntos su perfección humana» (HV. n. 9).

«No hay amor humano neto franco y alegre en el matrimonio si no se vive esa virtud de la castidad, que respeta el misterio de la sexualidad y lo ordena a la fecundidad y a la entrega. (…) Con respecto a la castidad conyugal, aseguro a los esposos que no han de tener miedo a expresar el cariño: al contrario, porque esa inclinación es la base de su vida familiar. Lo que les pide el Señor es que se respeten mutuamente y que sean mutuamente leales, que obren con delicadeza, con naturalidad, con modestia. (…) Cuando la castidad conyugal está presente en el amor, la vida matrimonial es expresión de una conducta auténtica, marido y mujer se comprenden y se sienten unidos; cuando el bien divino de la sexualidad se pervierte, la intimidad se destroza, y el marido y la mujer no pueden ya mirarse noblemente a la cara» (Mons. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, n. 25).

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(Del libro La paternidad responsable, Ed. Palabra.)

fuente:arvo.net

Mujer y Hombre: Diferencias que nos acercan

Aunque existen algunas corrientes de pensamiento que tratan de explicar que las diferencias entre el hombre y la mujer son solo de tipo cultural, considerar que hombre y mujer son iguales, sin diferencias de ningún tipo, es perder de golpe toda la riqueza que aporta la diversidad y la complementariedad. Si el otro es igual que yo, quiere decir que no me aporta nada.

Según el autor del libro Puedo entender a mi marido, Antonio Vásquez Vega, gran parte de nuestro enriquecimiento personal se basa en la ayuda y en la complementariedad del otro, que, en este caso, nos ayuda más a ser nosotros mismos.

El autor hace un análisis de género desde las perspectivas de diferentes disciplinas lo que nos permite reconocer hasta qué punto hombre y mujer son radicalmente distintos:

Genéticamente, un hombre tiene un cromosoma X y otro Y, frente a la mujer que tiene los dos XX. Eso es lo que hace que el género, en la concepción, lo ponga el hombre.

Fisiológicamente, las diferencias son ostensibles. Su aparato genital es como algo superpuesto a él, externo, frente a la mujer, en la que forma parte de su intimidad, dotándola de una mayor unidad con todo su cuerpo y, en consecuencia, de mayor armonía y elegancia. El hombre crece un 7% más y hasta una edad superior, y tiene una mayor tendencia hacia la calvicie. Su sistema óseo en más resistente, sus manos miden casi 2 cm más, viven menos, tienen la voz más grave, y casi el 40% de su peso es fibra frente al 23% de la mujer.

Sexualmente, el hombre genera millones de espermatozoides frente a un solo óvulo de la mujer, con un declinar físico más lento que le permite mantener la fertilidad casi toda la vida.

Neurológicamente, el hombre tiene un cerebro 14% más pesado y voluminoso, y con menor conexión de ambos hemisferios, lo que hace que le cueste mucho más trabajar en varias tareas al mismo tiempo. Le cuesta más expresar sus sentimientos y emociones las cuales están en el hemisferio derecho, mientras que la capacidad verbal está en el izquierdo. El hombre utiliza más el hemisferio derecho, donde se dan las tareas logísticas (contemplación, síntesis).

En cuanto a los sentidos, los hombres tienen peor sensibilidad para el oído, pero más agudeza visual y mayor sensibilidad y capacidad de observar diferencias en la luz. Tiene, en cambio, peor ángulo de visión y ve peor en la oscuridad. Detecta mejor los sabores salados, frente a la mujer que detecta mejor los dulces y amargos. Tienen peor olfato y un timbre de voz más grave. La mujer tiene abrumadoramente más sensibilidad en la piel.

En el aprendizaje, las diferencias son notables. Los hombres tienen una capacidad más retardada, son superiores en los test matemáticos, en cuestiones espaciales y mecánicas, frente a la mujer, que tiene una superioridad clara en la expresión verbal. Los hombres muestran interés por las cosas, y son más propensos a la hiperactividad, frente a la mujer, que lo muestra por las personas. El modo de conocer del hombre es, fundamentalmente, deductivo frente al intuitivo de la mujer.

fuente:lafamilia.info

Como encajar el pasado personal en la vida de pareja.

Cuando una pareja se casa no cambian las cosas automáticamente. Cada uno de los miembros de la pareja trae su propio pasado y su propia historia, sus propios traumas y conflictos. Los problemas vividos en la familia de origen surgen una y otra vez en la persona creando más de un conflicto. ¿Cómo influye el pasado individual en la pareja? ¿Qué podemos hacer para que el pasado del otro no cree tensiones en nuestra actual relación?

Tengamos en cuenta varias elementos:1.-Nuestras experiencias familiares pasadas influyen en la forma de relacionarnos en la pareja.
2.- Muchas veces respondemos a lo que vivimos en el pasado con las actuaciones de hoy. Es como una respuesta a algo que en su día no pudimos hacer y ahora sí.
3.- Estas situaciones se dan en todos los matrimonios. Lógicamente dependiendo de la madurez de los miembros se dará con mayor o menor dolor.
4.- Nuestras formas de relacionarnos se basa en lo que aprendimos en nuestras familias de origen.
5.- Un especialista en terapia familiar ha llegado a decir que en toda cama matrimonial existen seis personas: la pareja y sus dos parejas de padres. Cuando una pareja se casa no es consciente de gran parte de todo esto, sino que se va descubriendo a medida que evoluciona la relación matrimonial. Normalmente es nuestra pareja la que nos recuerda que somos como nuestros padres y madres.

¿Qué hacer para ir asumiendo nuestro pasado individual en nuestra pareja?1.- Reconocer que muchas dificultades proceden de las reglas y normas de nuestras familias de procedencia. Muchas veces tenemos una tendencia inconsciente de volver a lo que vimos en nuestras familias en la infancia. Es necesario que nos demos cuenta de qué aspectos son los que vienen de nuestra infancia y tratar de cambiarlos.

2.- No debemos de etiquetar las dificultades que proceden de las familias como correctas o erróneas. No debemos de aprovechar los conflictos para menospreciar a nuestra pareja y a su familia. Por el contrario hay que tomarlo como una señal de que necesitamos aprender a negociar nuestras diferencias.

3.- Tenemos que intentar lograr la conversión cristiana interior hacia el otro. Para poder hacerlo cada uno tendrá que aprender a expresar con claridad sus propios pensamientos y necesidades.

4.- Muchas veces esperamos que el otro dé respuesta a nuestras necesidades que tienen su origen en la infancia. No nos relacionamos con el otro como si fuese nuestro marido o esposa sino como si fuera nuestro padre o madre. Tenemos que aprender a ver al otro como lo que es, no como nos gustaría que fuese.

5.- No debemos de descuidar los asuntos irresueltos con nuestras propias familias. Una buena forma de encarar los temas es expresarlos y ver por qué surgieron.

Fuente: buzoncatolico.es

Relaciones dependientes


Se llama Ana y tiene 23 años, mantiene una relación de pareja con su novio desde hace un año y medio, sin embargo se siente poco cómoda en la relación que tienen. Ambos conviven juntos y la falta de sinceridad entre ellos así como de una inadecuada comunicación han mantenido una situación insostenible a lo largo del tiempo. Necesita comprender porque mantiene esta situación con su novio en la que no es feliz. Es por ello que decide pedir ayuda y acudir a un psicólogo.
Este es el caso de Ana pero como el suyo son muchas las parejas de jóvenes que viven una situación similar. Nos preguntamos ¿son relaciones dependientes?
Digamos que la tendencia básica e innata del ser humano es la tendencia al vínculo. Y por lo cual desde este punto de vista la gran mayoría de las personas, en algún momento de sus vidas, buscan una relación de pareja. Esto es así porque se entiende que la pareja es el lugar donde se descansa, se obtiene placer, protección y seguridad, sin embargo es también en ella donde los conflictos son también frecuentes. Y es que la relación de pareja nos enfrenta con el dilema fundamental entre la dependencia y la independencia, el equilibrio entre la autonomía y lo común, que se manifiesta por un lado como miedo al compromiso y a la pérdida de libertad y por otro, por un deseo de dependencia y entrega; lo cual siempre crea incertidumbre así como ambivalencia de sentimientos en ambos miembros de la pareja.
Por todo esto sería conveniente que nos preguntáramos sobre cómo son nuestros vínculos o relaciones. Quizá es ahí donde podremos ver porque tendemos a relacionarnos de una manera u otra. Si bien es cierto que hay dependencias que nos ayudan a adaptarnos a la sociedad, como es el caso de los padres que cuidan a su hijo pequeño porque aún no se vale por sí mismo, que al fin y al cabo ayuda a crecer porque aporta seguridad y cariño a su hijo. Por otro lado están esas otras relaciones que no nos lo permiten, todo lo contrario nos mantienen en una actitud sumisa, en la cual uno renuncia a ser uno mismo.
Así vemos como las relaciones de pareja se vuelven dependientes; y volviendo al caso de Ana, puedo comentar que a lo largo de su vida no ha presenciado un entorno familiar en donde sintiera ese calor afectivo que necesitamos para sentirnos queridos, siendo así es fácil que haya carencias internas de las cuáles ni quizá ella misma tenga conciencia. Por lo cual esto le conlleva a buscar en una relación la necesidad imperante de alguien que la quiera. Y parece que lo logró al principio, pero esa necesidad de afecto le esta costando su propia felicidad. Tal es así que duda de si misma y no sabe muy bien si quiere mantener esta relación.
No se muy bien lo que pasará con Ana, si decide mantener la relación es porque gana unos beneficios secundarios con todo esto y si decide abandonar tendrá que exponerse al sentimiento de soledad y trabajar ella misma sus propias carencias afectivas de la infancia.
Pues bien, es en estas relaciones dependientes donde se establece el caldo de cultivo más propicio para la violencia que hoy se no expone en televisión, y que se empiezan a fraguar en las relaciones de jóvenes por no tener una maduración adecuada de lo que desean en una relación de pareja y que sentido les da a su vida. Fruto también quizás de nuevas generaciones que vivencian rupturas, o ambientes familiares donde no han tenido una base segura en la cual crecer en autoconfianza, y valoración personal que les conlleven a encontrar una pareja realmente por un amor maduro, que ama al otro por quien es y no por lo que necesita de él.

Mª del Carmen González Rivas

psicóloga

mcarmengr@cop.es

¿Cómo hacer que tu noviazgo dure?

Las parejas modernas están fundadas sobre el enamoramiento, la atracción de dos que lo que más les gusta es estar juntos. La persona que amas es la única que deseas en el mundo y tú eres la única persona en el mundo que ella desea, los enamorados son por eso espontáneamente fieles. Al menos al principio.
Para que el amor perdure en el tiempo se requiere de la intervención de la voluntad. Los enamorados forjan entre ellos una especie de “compromiso de fidelidad” que les liga, aunque no se diga expresamente, se sobreentiende que por este compromiso dejarán de buscar a otros y cuidarán las ocasiones para no enamorarse de nadie más. Por lo tanto la fidelidad tiene dos caras: una espontánea, fundada sobre el deseo y otra de compromiso, fundada sobre la voluntad.
La fidelidad es un deber que se debe practicar. Ser fiel es respetar a los demás, no serlo es ser corrupto o deshonesto. No se trata de algo insignificante, esto define a la persona: como una persona de bien o como una persona “corrompida” o “dañada”. Así entendida, la fidelidad nos otorga identidad personal, energía interior, autoestima, dignidad, honorabilidad, armonía y, por tanto, belleza.
Una relación de noviazgo se debe cuidar. Y lo mejor es fundarla sobre bases comunes, que permitan que la relación dure en el tiempo y que los dos tengan un maravillo recuerdo el uno del otro y no terminen peleados o como enemigos.
Te recomendamos ocho temas que tienen como fin prevenir la infidelidad y proteger la relación de enamorados, háblalos con tu pareja y que sea un compromiso desde el inicio:

1.Saber Elegir: Si no está tu pareja evita pasar tiempo innecesario con alguien de tu sexo opuesto, en especial si es a solas. Por ejemplo, si buscas un entrenador personal en el gimnasio, o alguien para estudiar un examen es mejor elegir a alguien de tu mismo sexo.

2.Comparte Sabiamente: Si un día te das cuenta que está compartiendo con alguien secretos e intimidades tuyos o de tu pareja que no has compartido antes o que no lo haría, eso es una señal de alerta. Un lío emocional con alguien, también puede hacer mucho daño a la relación.

3.Deja el sexo para el matrimonio: Muchas veces las cosas van bien, pero el sexo termina por volver la relación demasiado física y los encuentros con tu pareja cambian de valoración. Es mucho más fácil que terminen rompiendo.

4.Conoce a fondo a tu pareja: ¿Como piensa? ¿Qué le gusta? ¿Qué es lo que más le atrae de ti? No pienses en los fallos, ni te centres solo en defectos o reproches, es fácil que cualquier otra persona pueda parecerte mejor y te atraiga si sólo vez lo negativo de tu pareja. Hablen con claridad y dile no a las críticas.

5.Haz planes interesantes: es importante tener un poco de creatividad. Ocasiones para conocerse más y crecer como personas. Muchas parejas no alcanzan la intimidad durante el no-viazgo. Están demasiado ocupadas besándose y abrazándose cuando tendrían que estar hablando de los profundos sentimientos de sus corazones.

6.No ahogues la relación: no se llamen a toda hora y no pasen todo el tiempo juntos. Es importante que tengan tiempos privados para crecer. Si no dejas ese espacio te terminarás hartando o aburrirás a tu pareja. Coordinen para no llamarse ni escribirse ni verse uno o varios días cada semana.

A primera vista podría parecer que la fidelidad así vivida, no es amor y que la lealtad se convierte en pura obligación. Pero nada más falso. Las personas que respetan su compromiso de fidelidad son las que han dado importancia a la lealtad espontánea que brota de un amor apasionado. Se han enamorado y quieren amar de verdad, para eso están dispuestas hacer otros pequeños sacrificios, que no se presentan como obstáculos insuperables sino como una necesidad de cuidar lo más valioso que tienen.

Permanecer fiel al amor es un compromiso, no una renuncia. Son los que viven así los que logran que su amor no se pierda, los que incrementan ese amor, los que se quieren más cada día más. Han pasado del simple enamoramiento al amor estable y sereno que es el ideal que todo hombre, que toda mujer buscan en su vida.

AUTOR: Daniel Vallmer (daniel@valoralamor.com)
FUENTE: www.valoralamor.com

Más allá de la química: el amor ,un cóctel de hormonas (y algo más)

Oxitocina, vasopresina o serotonina intervienen en las relaciones de pareja

MARÍA VALERIO

Seguramente a estas alturas, y gracias al esfuerzo impagable de pequeños comercios y grandes almacenes, el lector estará ya harto de ver corazones a su alrededor que le recuerdan que es San Valentín. El problema es que los publicitarios se han equivocado de órgano. En realidad deberían haber llenado nuestras vidas de cerebros rojos como símbolo del amor, pues es ahí ‘arriba’ donde se desencadena la tormenta química de este sentimiento universal.

Hace apenas 20 años que la ciencia le presta atención al amor, y a pesar de que la ‘receta’ hormonal y fisiológica que lo provoca parece estar bastante clara, sigue existiendo una parte que ni la neurología, ni la psicología, ni la psiquiatría, ni la biología juntas son capaces de explicar de momento. Los románticos pueden estar tranquilos.

“Cada día se sabe más del amor”, señala el psiquiatra español afincado en Nueva York Luis Rojas Marcos. “Antes nos habíamos centrado sobre todo en el estudio de las enfermedades, pero hace un par de décadas que también nos ocupamos científicamente de esos sentimientos que nos ayudan a superar la adversidad, a ser más felices”.

En ese intento por desentrañar qué hay detrás del enamoramiento, los científicos han descubierto que el amor es un cóctel de hormonas (adrenalina, dopamina, serotonina, oxitocina y vasopresina), que ponen en funcionamiento tres regiones concretas del cerebro (el área ventral tegmental, el núcleo accumbens y el núcleo caudado).

De la lujuria a la rutina

Siguiendo las explicaciones de Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers (EEUU) y una de las personas que más han estudiado esta cuestión, cada una de las hormonas juega un papel clave en las distintas fases del amor (deseo, atracción y cariño), y son también las responsables de que las mariposas en el estómago evolucionen con el tiempo hacia sentimientos de pareja más pausados.

Según esta especialista, la primera fase del amor (deseo) está guiada por la segregación de hormonas sexuales tanto de hombres como mujeres: estrógenos y testosterona. O como añade Jim Pfaus, de la Universidad canadiense de Montreal, sustancias que inducen en el organismo sensaciones similares a las que sienten los consumidores de opiáceos. La adrenalina, por su parte, es la responsable de que el corazón se acelere, la boca se seque y las manos se empeñen en sudar por su cuenta, igual que en otros escenarios de estrés para el organismo.

Sólo en un segundo momento (atracción), se pone en juego la dopamina, la sustancia que segrega nuestro organismo en situaciones placenteras, como las relaciones sexuales, comer chocolate. En el año 2000, un estudio de Arthur Aron (de la Universidad Stony Brook de Nueva York, EEUU) reveló mediante escáner que las personas que se encuentran en esta fase inicial del enamoramiento tienen una intensa actividad en el área ventral tegmental, una especie de ‘fábrica’ de dopamina.

Una obsesión, una adicción

Los trabajos de Fisher han comparado esta etapa con un trastorno obsesivo compulsivo, debido a los pensamientos repetitivos que nos impiden sacar de la cabeza a la persona amada. Mientras que Larry Young, de la Universidad de Emory (EEUU), observa en el amor rasgos más parecidos a las adicciones que a otros sentimientos, como la rabia o el miedo: “exceso de energía, falta de sueño, euforia, ansiedad…”.

En su tarea de ‘enganche’ emocional con la persona amada, la dopamina tiene dos aliadas clave: la serotonina y la oxitocina. Estas dos hormonas son las encargadas de ‘estrechar lazos’ con el otro en el sentido más primitivo de la cuestión. Las madres, por ejemplo, segregan un caudal de oxitocina durante el parto que les ‘ata’ emocionalmente con sus crías.

Junto a ellas, la vasopresina hace que los sentimientos iniciales de pasión y deseo evolucionen hacia una fase más sosegada, en la que prima la unión emocional y el sosiego. Como explica Young, otro de los grandes expertos en la ‘ciencia del amor’, esta estabilización del sentimiento tiene que ver con una cuestión evolutiva. Para poder criar a la descendencia y asegurarse la persistencia de la especie, es necesario que la lujuria y el amor romántico den paso a una situación más estable.

Sin embargo, no todo está perdido para la pasión. Un reciente experimento de la Universidad de Santa Barbara (EEUU) realizado por Bianca Acevedo con parejas ‘veteranas’ que seguían enamoradas como el primer día demostró que tenían niveles de dopamina similares a los de recién enamorados. Y aunque este fenómeno parece ocurrir sólo en un pequeño porcentaje de las parejas, para el resto de los mortales existe un modo ‘artificial’ de aumentar la dopamina: “Hacer cosas nuevas con tu pareja o realizar juntos cualquier actividad placentera puede desencadenar sentimientos de romanticismo y despertar la pasión”, aconseja Fisher.

“¡Y el sexo!”, añade Acevedo en declaraciones a ‘Los Angeles Times’. La liberación de oxitocina, vasopresina y otras hormonas que llenan el ambiente durante las relaciones sexuales le recordarán en este día de San Valentín las mariposas en el estómago que sintió con su pareja el primer día.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2010-04-29