¿Es tu relación de pareja tu producto estrella?

Hace unos años David Suriol y Miguel Janer publicaron un pequeño libro: Marketing de pareja aplicando las estrategias de marketing a la relación de pareja.
Estos autores recomiendan un buen análisis DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas, Oportunidades)te atreves a realizarlo? Aquí te dejamos unas pistas

1. Debilidades. Entendidas como aspectos que sabemos que son frágiles en mi relación de pareja. Así por ejemplo: Si yo que cuando llego a casa cansado/a no me gusta que nada mas abrir la puerta me comenten problemas, voy a decirlo para no hacer de esa entrada en el hogar solo un lugar en donde den cabida los problemas.

2. Amenazas. Son aquellos factores que precipitan que haya una mayor inestabilidad en la pareja. Así por ejemplo, si cuando hay algún tema dentro de la pareja que no me gusta tratar y yo lo esquivo continuamente; puede producir la sensación de no prestar atención a algo que es importante para la relación de pareja. Con lo cual podríamos acordar que determinados temas que nos agobian en lo que respecta a la pareja podemos plantearlos de forma abierta, en un momento concreto y después no volverlo a tocar una vez resuelto.

3. Fortalezas. Son aquellos aspectos que ambos sabemos que benefician a nuestra relación. Así por ejemplo: tanto a mi marido o a mi mujer o viceversa nos gusta hacer una actividad juntos y es lo que echamos de menos. Podríamos dedicarnos a recuperar eso que antes nos gustaba tanto.

4. Oportunidades. Son aquellos momentos que a veces se nos presentan y podemos servirnos de ellos para ver cómo va nuestra relación. Pues a veces dentro de mi relación de pareja considero que se me presentan ciertos momentos que desaprovecho. Así por ejemplo: cuando tenemos un rato juntos sin que estén nuestros hijos, u otras personas podemos charlar de nosotros, de lo que afecta a nuestra pareja en términos positivos.

Todo esto mantenido en tiempo, junto con sorpresas o momentos extraordinarios que podamos aprovechar es lo que enriquece la relación de pareja.

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“Mi novia me ha sido infiel”


Se podría decir que hoy en día vivimos bajo la insistente amenaza que daña a nuestras relaciones de pareja y aunque el mundo de la televisión (en la mayorías de las ocasiones) pretende desdibujarlas o hablar de ellas a la ligera. He de decir que las personas que pasan por una situación de infidelidad sufren. ¡Vaya que si sufren! pero es más aman tanto que siguen apostando por esa relación aunque les duela lo que ha pasado. Así es como estos casos se reciben en las consultas de psicología.

Curiosamente este es el hilo conductor de una película que recientemente se ha estrenado “Crazy, stupid, love”. Quizás habrá mucho que cuestionarse de la película pero si he de rescatar algo positivo de ella es el personaje del hijo, que pide a su padre, tras la infidelidad de su mujer y su ruptura matrimonial que no se rinda y vuelva a recuperar el amor de su madre. No se si esto es muy común hoy en día, pues muchas veces las personas que nos rodean intentado ayudar o nosotros mismos se nos hace imposible volver a recuperar a alguien que creemos que ya no está. Cuando hay un matrimonio, la verdad que la cosa hay que meditarla pero que muy, muy bien. Pero y cuando estamos viviendo un noviazgo, ¿Qué hacemos tras una infidelidad? ¿Merece la pena seguir adelante?

Independientemente de una situación u otra creo que es primordial, pensar que la fidelidad va mucho más allá: las palabras, los conceptos son más ricos cuando más se ahonda en ellos. Habría que volver nuestra mirada hacia aquello que nos propuso un gran existencialista que hablo de la fidelidad en sus escritos, Gabriel Marcel “la fidelidad es creadora y liberadora” y yo añadiría, respeta una promesa.

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Etapas de la vida matrimonial

La relación matrimonial evoluciona con la pareja a medida que nuevas circunstancias van apareciendo. Así, por ejemplo, no es lo mismo estar recién casados y sin hijos que llevar 9 años de casados y tener niños pequeños.

Sin embargo, los cambios son causados no sólo por las circunstancias externas a la pareja tales como la presencia de los hijos, sino también por realidades internas a la relación misma: a medida que una pareja se conoce más y empieza a descubrir los retos que la personalidad o las necesidades del otro le implican, la dinámica de la relación también cambia.

Lo interesante es que todo este proceso es de alguna manera previsible y por tanto es algo a la cual las parejas pueden prepararse. Así, si una pareja sabe reconocer en qué etapa de la relación matrimonial está o a cuál está por llegar, le será más fácil saber qué puede esperar de ese momento y sacarle provecho a las posibilidades que las circunstancias le ofrecen en vez de frustrarse con expectativas irrealizables.

Por ejemplo, es importante saber que no siempre vamos a sentir el amor de la misma manera. Existen distintas etapas emocionales en el matrimonio: Cada una es una oportunidad para dar y sentir de manera diferente, pero no menos intensa o interesante.

Cada etapa matrimonial es una oportunidad para dar y sentir de manera diferente, pero no menos intensa o interesante.

Junto a este hecho se debe igualmente considerar que la relación matrimonial está afectada por las relaciones con los hijos y la vida profesional y que esto lleva a dinámicas tanto emocionales como prácticas muy concretas que se pueden describir en tres etapas claramente definibles.

Fuente: portumatrimonio.org

Cuando ella gana más que él: ¿se afecta la relación matrimonial?

Cada vez son más las mujeres que se adhieren a la fuerza laboral para poder contribuir a la economía familiar, incluso muchas de ellas alcanzan cargos superiores, y por consiguiente, mejores sueldos que sus esposos, pero ¿afecta esto la relación matrimonial?

Hasta hace poco era normal que el hombre asumiera el rol de proveedor de recursos para el hogar, y la mujer el cuidado de los hijos y el hogar. Pero los tiempos han cambiado, y ahora son numerosas las mujeres, que por decisión propia o necesidad, han tenido que compaginar el papel de madres con el de ejecutivas, llegando a ser exitosas y muy profesionales en sus quehaceres. Sin embrago, esta situación puede ser motivo de conflicto; bien porque las parejas no logran afrontar adecuadamente la situación, o bien porque la cultura del rol varonil está fuertemente marcada y resulta impensable que sea la mujer quien suministre mayores recursos al hogar.

No está demás aclarar, que por fortuna existen matrimonios que viven bajo estas circunstancias, las cuales no comprometen su estabilidad, puesto que las asumen como una oportunidad para fortalecer la economía familiar y además tienen muy presente que la valía personal no está sujeta a los ingresos (lo que implica un alto grado de madurez).

¿Qué ocurre entonces en los matrimonios donde sí hay conflicto por este motivo?

Actitudes que ponen en juego a las parejas

Los problemas suelen comenzar con un detonante distinto al tema dinero, pero después se descubrirá que es éste el causante de las continuas discusiones.

Por lo general, el hombre comienza a mostrar comportamientos que denotan un nivel bajo de autoestima, inseguridad, frustración e incluso algunos síntomas de depresión. “Estos sentimientos se dan a partir de ideas o reglas que ya se tienen como que `la persona que gana un mejor sueldo es porque es más inteligente y puede lograr mejores oportunidades´. Todo esto es producto de la relación de equivalencia que se ha hecho entre sueldo-poder, sueldo-éxito, éxito-admiración.” Puntualiza la psicóloga Claudia Zabala. *finanzaspersonales.com.co

Y es que el hecho de que estos paradigmas estén tan incrustados en las personas, no es gratis. Desde los inicios de la evolución humana, el hombre ha sido el líder de su grupo familiar, su posición jerárquica se ha caracterizado por ser dominante y aunque la esposa ha mostrado ser su acompañante incondicional, ha debido estar también bajo su sombra. Así que cuando este modelo se transforma, es cuando se abren las puertas para el campo de batalla.

Por otro lado, es común encontrar que las mujeres comienzan a manifestar ciertos vientos de superioridad, emiten comparaciones indeseables por el hecho de estar mejor remuneradas que sus esposos y otras actitudes algo humillantes que obviamente provocan enfados. Además pueden sentir que sus decisiones deben tener más peso dentro de la familia y así quitarle valor a la opinión de sus cónyuges. De esta manera, ellas pueden descubrir facetas hasta el momento desconocidas de sus maridos, lo que puede llevarlas al desencanto.

¿Cuáles son las consecuencias?

Los especialistas resaltan diversas secuelas de este tipo de situaciones, como puede ser el deterioro de la relación precedido de comportamientos hostiles, el detrimento del auto-concepto de los involucrados, la búsqueda de actividades satisfactorias fuera del hogar y en los casos más extremos, el divorcio.

¿Cómo manejar esta situación?

La recomendación entonces, comienza por dar mayor importancia a los logros, esfuerzos, desempeño del cónyuge, sin tener de por medio el factor dinero. Requiere cambiar la idea de que el poder y el dinero están vinculados. En el matrimonio existe algo llamado “comunión”: todo es de todos, decisiones, bienes, dificultades, tristezas, alegrías…

Los aportes que cada quien hace al hogar, deben ser igualmente valorados sin percatarse si son monetarios o no. Se debe tener claro que dedicar tiempo a la educación de los hijos, el cuidado de la casa, etc. también son aportes supremamente significativos.

Algo clave en este tema, es nunca perder la admiración por el cónyuge. Cuando se deja de admirar a quien se ama, sus fortalezas y esfuerzos serán pisoteados. Haga lo que haga, (siempre y cuando no vaya en contra de las leyes y la integridad humana) se debe apoyar al esposo/a, lo que implica también ayudarle a ser cada vez mejor en su actividad profesional.

Cuando ambos trabajan…

La autora Sylvia Villarreal de Lozano expone algunos consejos para los matrimonios donde ambos trabajan:

No compitan. No se trata de una competencia. Cada quien debe sentirse orgulloso de su puesto, sea cual sea, y debe ocurrir lo mismo con el de la pareja.

Reconozcan sus logros. Por pequeños que puedan parecer, es importante motivar a la pareja en todo lo que realice, y de igual manera también el otro debe apoyarle a llevar a cabo las metas.

Piensen en un beneficio mutuo. Se trata de apoyarse en todo momento. No hay que enojarse cuando se requiera que uno de los dos responda económicamente por más cosas. El hecho de que ser hombre, no quiere decir que tenga que ser el único sustento y que siempre será autosuficiente.

Administren el tiempo. Distribuyan los quehaceres y las tareas del hogar. Cuando ambos trabajan, es imposible que sólo uno se encargue de todo. Lo mejor es que platiquen y lleguen a un acuerdo en donde ambos resulten recompensados de igual manera.

No permitan que se acaben los detalles. El hecho de que ahora la esposa también trabaje no quiere decir que es menos mujer, menos femenina, o que deje de ser una dama y su esposo un caballero. Recuerden, ¡la caballerosidad y la femineidad jamás pasarán de moda!

Y no olviden… Para que un matrimonio funcione se requiere de dos; que ambos se ayuden, se tengan confianza, se comuniquen, se valoren, se den libertad y sobre todo, que se amen y se lo hagan saber a cada instante.

Fuente: masalto.com

INCREIBLE CONFERENCIA: “EL HOMBRE Y LA MUJER” PARTE 2

El valor de la fidelidad

Por Sixto Porras

Recuerdo la experiencia de Carlos. Todos sus compañeros hablaban de su última aventura sexual, de la forma en que habían tenido que mentir para justificar su ausencia, y de cómo el coqueteo terminó en una aventura. “Hoy nos veremos nuevamente, argumentó Carlos”, refiriéndose a la segunda cita que tendría con la persona que había conocido la semana pasada. Una vez más tendría que mentir, ocultarse, tener temor a ser descubierto, simplemente para vivir 5 minutos de placer. Placer que una vez satisfecho, perdía su encanto. Él pensó que engañaba a su esposa, sin darse cuenta que el engañado era él. No era ella la que tenía que ocultarse, la que tenía que mentir, la que tenía temor, no era ella la que arriesgaba la estabilidad de su familia.

Tiempo después lo encontré casualmente, su mirada era distante y su sonrisa se había apagado. Meditabundo exclamó: “Me ocurrió” -sorprendido le contesté; “¿Perdón?” “-Me ocurrió lo mismo. Ella se fue con alguien más joven que yo. Bueno, todo tenía techo de cristal”. Él se refería a que aquella aventura, que tenía fragancia de pasión, se convirtió en un temor que le atrapó. No solo había perdido lo que le había costado años construir –su familia-, sino que había quedado atrapado en la mentira de la infidelidad.

Todos dejamos a nuestro paso una fragancia que nos identifica. Solo falta que las personas convivan con nosotros y al poco tiempo podrán describirnos. Hay que tener siempre presente que una de las mejores fragancias que dejan huella constructiva, es el ser conocidos como personas leales, fieles, consistentes, y de palabra.

Como “caminantes que debemos hacer camino al andar”, tenemos la exigencia de ser fieles a la partitura que lleva nuestro nombre, porque quiérase o no, será imitada por quienes nos aman y sobre todo por las futuras generaciones.

El mejor de los negocios que podemos hacer en la vida es ser personas fieles, porque así nos convertimos en personas confiables, vivimos en paz con nosotros mismos y con los demás. Por eso, es necesario recordar que el amor es más que un sentimiento, es más que una emoción pasajera, es un acto de la voluntad que se sostiene a través del tiempo con valor, determinación, perseverancia, detalles y una buena dosis de comunicación. Es un acto de la voluntad que produce los mejores sentimientos, que proporciona estabilidad y seguridad a la vida familiar.

Para todos aquellos que anhelan ser fieles, les instamos a no poner la confianza en sus propias emociones. En la generalidad de nuestra existencia se experimenta que la atracción hacia la belleza física siempre estará ahí, la atracción por la aventura probablemente nos va a seducir, pero no podemos olvidar que la sensualidad tiene la particularidad de distorsionar la realidad y ocultar las consecuencias. Genera una reacción bioquímica que ciega la razón. Ante esta realidad, muchas veces insoslayable, la fidelidad debe sostenerse en el tiempo y más aún cuando somos conscientes de lo que está en juego. Lo primero que se pierde es la capacidad de amar, la seguridad del hogar, la paz interior, la confianza en las personas y la claridad para el desarrollo de nuestras habilidades. La infidelidad nos lleva al camino de la mentira, a la culpa que daña, a comprometer las finanzas. ¡No vale la pena ser infiel!

Así como hay que pagar un alto precio por lo que vale mucho, igualmente hay que pagar un alto precio por la paz interior, por la felicidad de la familia, por lo que es justo, por hacer valer la promesa compartida en los votos matrimoniales. Nos casamos para ser fieles el uno al otro, para acompañarnos en las buenas y en las malas, en salud o en enfermedad, en riqueza o en pobreza y hasta que la muerte nos separe.

Cuando somos fieles a la persona que amamos, somos fieles para con nosotros mismos y para con los demás, porque, ¿quién es el que se tiene que ocultar? ¿Quién es el que tiene que mentir? ¿Quién es el que tiene sentimientos de culpa? ¿Quién es el que tiene temor? ¿No es acaso la persona infiel? Lógicamente, toda la familia sufre, y las víctimas más sensibles son los niños. No obstante, quien pierde la paz, la confianza y el respeto de los suyos es la persona infiel. ¡No vale la pena ser infiel!

Ahora bien, La fidelidad se protege asumiendo la responsabilidad de nuestra palabra. Cuando somos infieles nosotros somos los únicos responsables. No podemos creer que alguien nos indujo: es necesario asumir la responsabilidad de nuestros actos. La fidelidad se protege manteniendo una buena comunicación con nuestra pareja, siendo amigo o amiga de la persona que amamos, cuidando los detalles, admirando y respetando. Debemos aprender a luchar con la rutina, y con el cansancio extremo. Debemos resolver los problemas pendientes, y pasar tiempo a solas con la persona amada. El matrimonio se protege con pequeños detalles, pero, sobre todo, decidiendo ser fiel al pacto matrimonial. Disfrutemos de nuestra intimidad sexual y deleitémonos con la persona que amamos, con la que construimos una relación de amistad y compañerismo: nuestro cónyuge. El amor no crece por sí solo, el amor se cultiva, se protege y se alimenta.

Un matrimonio que es fiel permite que sus hijos crezcan en un ambiente de seguridad emocional, donde se saben amados, valorados y apreciados. Estos elementos son necesarios para el buen desarrollo de los niños. Los hijos que han visto a sus padres respetarse y ser fieles el uno al otro, ven a la familia como el lugar al que siempre pueden regresar en sus mentes para inspirarse, les es más fácil respetar a sus hermanos, reconocer a la autoridad y relacionarse con seguridad a la hora de construir su propio proyecto matrimonial.

En el desarrollo de la vida matrimonial, es necesario recordar que no solo construimos nuestra felicidad, sino que también estamos colocando los fundamentos para que nuestros hijos y nietos construyan la suya. Aquí cabe señalar las preguntas que permanentemente nos impelen: ¿Qué legado estamos dejando a las próximas generaciones? ¿Estamos abriendo caminos de esperanza, o impulsamos a un mundo de duda, sospecha y temor? Debemos vivir de tal manera que abramos camino a la esperanza para la generación que toma ejemplo en nosotros.

Fiel es la persona que corresponde a la confianza puesta en ella. Es una persona que vive conforme a la palabra comprometida y a las normas que promulga. La fidelidad es consecuencia de una relación entre dos personas libres, que se saben seguras de sí mismas y de los que aman. Personas con una sana autoestima y deseosos de construir un futuro estable.

La práctica de la fidelidad en nuestra mente y en nuestras acciones nos dará paz y posibilitará espacios de realización y vida plena. El sabio Salomón nos aconseja acerca de cómo disfrutar nuestra sexualidad con libertad, paz y seguridad:

“… ¡Goza con la esposa de tu juventud! Es una gacela amorosa, es una cervatilla encantadora. ¡Que sus pechos te satisfagan siempre! ¡Que su amor te cautive todo el tiempo!”. (Proverbios: 5:18-19 NVI)

Tanto para hombres como para mujeres, es esta calidad de vida la que da realización personal a los que viven una relación de pareja, la que no produce temor, ni angustia. La fidelidad se debe proteger desde las emociones y los pensamientos, ya que es ahí donde somos atacados. Así que, cuidemos nuestras emociones y nuestros pensamientos, lo que vemos y lo que escuchamos, porque es donde se origina la capacidad de ser fieles, leales y comprensivos.

Consecuencias de la Infidelidad

Conduce a una pérdida de la confianza
Se torna mentiroso/a y pierde credibilidad
Se afectan las finanzas
Se arriesga a perder el amor y respeto de quienes nos aman
Produce sentimientos de soledad y culpa
Pone en riesgo nuestro proyecto de vida

Las personas fieles

Son seguras de sí mismas
Tienen relaciones interpersonales saludables
Inspiran respeto y confianza
Se sienten amados y confían en los demás

Un matrimonio a prueba de aventuras

Es muy probable que en un matrimonio ambos se amen con sinceridad, y ninguno de los dos esté pensando en ser infiel, sin embargo, no es cierto que la infidelidad sea imposible. Es un mito pensar que si amamos a nuestra pareja, no seremos tentados ni atraídos por alguien del sexo opuesto. La fidelidad hay que protegerla y cuidarla.

¿Por qué es fácil ilusionarse con una persona extraña que se presenta interesada, amable, atractiva y sensual? Pues porque la novedad excita y oculta las imperfecciones y las consecuencias.

Los sentimientos hacia una persona del sexo opuesto se pueden desarrollar cuando nos encontramos en contacto frecuente, cuando comenzamos a escribir con regularidad, o cuando le llamamos todos los días. En estas situaciones existe la oportunidad de que se desarrollen la atracción, el afecto y el cariño. Puede ocurrir entre compañeros de trabajo, amigos íntimos, vecinos, o entre jefe y subalterno. Puede parecer muy natural, casi irresistible y “¡muy correcto!”

Es muy importante conocer nuestra vulnerabilidad y ser preventivos.

Algunos factores que estimulan la atracción y aceleran la química del cuerpo:

La fragancia del cuerpo
La apariencia física
Una persona muy sociable
Una persona intelectual
Una persona atenta
Una situación de dolor y alguien que consuela
La exposición a la pornografía

Escuchemos las señales de alerta que indican peligro, y aunque no ha ocurrido nada malo aún, huyamos mientras aun hay tiempo, busquemos ayuda y hablemos con nuestro cónyuge.

¿Cómo proteger nuestro hogar de la infidelidad?

Reconociendo cuándo nuestra vulnerabilidad se encuentra amenazada por la atracción. Por ejemplo, queremos ver a alguien que nos agrada mucho, recibir y hacer llamadas frecuentes, sentimos que nos hace falta ver y hablar con esa persona. La atracción lleva a la cercanía, la cercanía a la confianza, la confianza a la fantasía y ésta despierta deseos incontrolables y los deseos llevan a la consumación y la consumación al lamento, a la pérdida y al desequilibrio emocional.
Si nosotros mismos, o nuestros amigos perciben comportamientos inadecuados de parte de alguna persona, o perciben una situación que podría llevarnos a ser infiel, no desestimemos estas advertencias y tomemos medidas inmediatas.
Tengamos amigos que protejan nuestro matrimonio. Atendamos consejos y recomendaciones.
Con nuestra pareja, persigamos intereses comunes, cultivemos sueños familiares y mantengamos proyectos juntos.
Cuidemos la privacidad de nuestro hogar.
Aprendamos a divertirnos y a jugar juntos.
Seleccionemos bien nuestros amigos. Si estos nos estimulan a la deslealtad, mejor alejémonos.
No frecuentemos lugares que estimulan la lujuria.
Recordemos que la novedad excita y oculta las imperfecciones. La atracción estimula la ilusión y la ilusión oculta la realidad.
Cultivemos una buena, franca y profunda comunicación con nuestro cónyuge.
Debemos ser conscientes de que nuestros sueños y planes pueden obstaculizarse y verse truncados por una aventura.
Hagamos conciencia de que todo lo oculto saldrá a la luz tarde o temprano.
Resolvamos conflictos, desilusiones y no acumulemos resentimientos. Ninguno de éstos es excusa.
Renovemos continuamente nuestro pacto de fidelidad, lealtad, respeto, amor, confianza y comunicación.
Procuremos una vida sexual satisfactoria con nuestro cónyuge.
Todos deseamos intimidad; revelar nuestros sentimientos más profundos, sentirnos comprendidos, amados, aceptados, cuidados y respetados. Intimidad es más que sexo. Es la capacidad de tener una relación auténtica y llena de respeto mutuo. La intimidad se inicia en un encuentro emocional y se extiende a lo físico. Tengamos verdadera intimidad con nuestro cónyuge.
No hay matrimonio que no tenga dificultades. Por lo tanto, pareciera que todos tenemos una excusa para ser infieles. Es importante recordar que ningún cónyuge puede satisfacer todas las necesidades de su pareja. La fidelidad es una decisión unilateral. Una decisión que solo nosotros mismos, en forma personal, podemos tomar.

Valoremos lo que tanto nos ha costado. Seamos conscientes de que construir un hogar no es cosa fácil. Hagamos una lista de lo que más amamos de nuestra familia, de cuánto nos ha costado y de lo que perderíamos si fuésemos infieles. Tomemos una decisión inteligente.

Si hemos cometido un error, no tengamos temor en restaurar nuestra relación matrimonial. Todo se inicia con una palabra valiente; “perdón me equivoqué, volvamos a intentarlo.” Vale la pena ser fiel.

fuente:enfoquealafamilia.com

El matrimonio un seguro contra el maltrato

Me protegí el corazón mientras me acuchillaba porque él se empeñaba en herirme ahí”, aseguró ayer entre sollozos Antonia Cristina P.M., la joven que después de seis meses de relación con el acusado, Francisco Antonio B.C., decidió romper con su pareja y el 22 de julio de 2009 él la atacó por la espalda con un cuchillo.

Esa tarde, la mujer recibió diez puñaladas en su casa del madrileño barrio de Hortaleza. Dos años más tarde, acudía a la Audiencia Provincial de Madrid para enfrentarse con su ex novio. Tan sólo un biombo la separaba de su agresor de nacionalidad dominicana y para el que el fiscal pide 16 años de prisión y 54.600 euros por las secuelas físicas y los daños morales que le produjo a la víctima.

Lamentablemente, como explica un estudio que presentó ayer el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ),el caso de Antonia se repite. Un Grupo de Expertos en Violencia Doméstica y de Género del CGPJ ha analizado 45 sentencias dictadas en casos de homicidios y asesinatos en el entorno de la pareja durante el 2009 en toda España y que trata de explicar la evolución de la violencia machista.

Un dato confirmado
Uno de los puntos que estudia el informe es la relación que mantenían agresor y víctima y que desprende datos que valoran positivamente el vínculo matrimonial. En el 31 por ciento de las sentencias que han analizado, los implicados estaban casados, “un porcentaje inferior a los casos en los que la relación afectiva era de convivencia de hecho”, explican desde el CGPJ.

Este porcentaje contrasta con el 44 por ciento de los dictámenes en los que la relación afectiva era de convivencia de hecho y un 16 por ciento mantenía una relación de noviazgo. El estudio refleja “un descenso en 22 puntos de los supuestos en que existía matrimonio con respecto al anterior estudio”. Este dato refleja una tendencia que no es nueva y que numerosas voces ya auguraban.

Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares, lleva muchos años al frente de la Comisión Episcopal Familia y Vida y hace ya varios meses que afirmó públicamente que se produce mayor número de casos de malos tratos en parejas de hecho que en los matrimonios. Sus palabras levantaron ampollas, sobre todo entre las asociaciones feministas, pero él respondió, a preguntas de La Razón: “Que se sometan a las estadísticas. Las pueden ver en el Instituto de Política Familiar y las hemos colgado en la web de la diócesis”. El obispo de Alcalá de Henares se basa en los datos, que “son contundentes”, según él mismo argumenta. “En España hay diez millones de matrimonios y sólo un millón de parejas de hecho”; sin embargo, “las parejas que conviven sin casarse dan cifras más altas de violencia doméstica que los matrimonios, tanto en números absolutos como relativos, a veces con una diferencia de doce contra uno. ¡Ojalá desapareciera toda la violencia doméstica! Pero no escondamos la realidad, como hace la ideología de género”, concluyó.

Tras los argumentos de monseñor Reig, otras voces defendieron la misma tesis y se apoyaron en diferentes informes. Es el caso de Josep Miró, miembro del Consejo Pontificio para los Laicos, que indicó, en un reciente artículo titulado “Pues sí, los obispos tienen razón”, que citó estudios de la Universitat Abat Oliva CEU “que concluyen que la ruptura es la causa principal del feminicidio de pareja”, resumió. “Esto explica –continuaba– que las posibilidades de matar a la mujer en las parejas de hecho sean de un orden diez veces mayor que en el matrimonio. Sin entrar en otras consideraciones, la razón es estadística”.

La Iglesia no es la única que aboga por el matrimonio como escudo contra el maltrato, desde el Foro de la Familia, su director general, Ignacio García Juliá, lo tiene claro: “La violencia en parejas desestructuradas gana 12 a uno a las estables. El matrimonio es una garantía de seguridad para que no se den casos de violencia”.

Faltan denuncias
Hace menos de una semana una mujer china embarazada moría a manos de su pareja en Granada. El cadáver permanece en el Instituto Anatómico Forense a la espera de que algún familiar reclame su cuerpo, mientras su pareja permanece en prisión a la espera de juicio.

Caso como el de esta joven de 29 años también se refleja en el informe del CGPJ ya que destaca que a pesar del descenso de la inmigración en el último año, un 6,5 por ciento, los casos de violencia de género en los que el agresor es extranjero se han incrementado. “Los datos relativos a la nacionalidad del autor reflejan un descenso de 15,5 puntos en el porcentaje de autores españoles”, explica el informe. Inmaculada Montalbán, vocal de CGPJ y presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género explica a este respecto que “el descenso de casos entre parejas de nacionalidad española es un apunte que observamos de forma sistemática desde que iniciamos estos estudios”. Desde el Foro de la Familia son cautos: “Creo que estos datos sobre la inmigración son coyunturales y que no se pueden valorar como un modelo de continuidad”, afirma García Juliá.

En su valoración del informe, Montalbán ha dejado claro que “las cifras son muy similares a las de años anteriores” con respecto al alto porcentaje de hombres que agreden a sus mujeres y no al contrario. Tan sólo en un nueve por ciento de los casos es la fémina la que maltrata al hombre.

La mujer de Granada no había denunciado antes a su presunto agresor. Éste es uno de los puntos en el que las asociaciones de mujeres, las autoridades policiales y la Administración hacen hincapié. Es indispensable denunciar y, como explica el análisis de los jueces, las mujeres de nuestro país no lo hacen. En 19 de las 45 sentencias que ha estudiado el Grupo de Expertos, no existía una acusación previa. “Esto evidencia, otra vez, que buena parte de la violencia contra las mujeres continúa sin ser denunciada”, dicen desde el CGJP. Otro de los puntos que toca el análisis y contra el que luchan las asociaciones son las circunstancias que rodean el maltrato. En los dictámenes que han examinado, la adicción al alcohol o a las drogas se colocan en segundo lugar (9%) como circunstancia atenuante, por detrás de la confesión (31%) y por delante del arrebato y las dilaciones indebidas. El director general del Foro de la Familia coincide en este punto pero rechaza denominar estos hechos como atenuantes, “deberían denominarse concomitantes porque ayudan a que se produzca el maltrato”, explica. Como agravantes, el estudio destaca tres: el parentesco que se da en la mayoría de los casos analizados (82%), el abuso de superioridad (7%) y la reincidencia, una circunstancia que sólo aparece en una de las sentencias.

En 2010 murieron 73 mujeres por violencia machista, el segundo año más negro desde 2003. En 2008 murieron 76. No obstante, este año las cifras no presumen un descenso del número de víctimas ya que en los 15 primeros días de 2011 ya se han producido dos muertes. Al crimen de la mujer china, se une el del parricida de Torrecaballeros, en Segovia, que mató a su mujer y a su hijo con un rifle. “Ella aguantaba por el chico”, dicen sus vecinos.

Arma blanca en la mitad de los asesinatos
El arma blanca es, con creces, la más utilizada en los casos de los asesinatos por violencia de género. En un 46,3 por ciento del total los agresores usaron este mecanismo que, no obstante, experimenta en el último informe un descenso en su uso casi del 39 por ciento respecto a 2008. Sin embargo, la estrangulación aumentó un 2,1 por ciento; fue empleada en el 4,8 por ciento de los crímenes. Un 7,3 por ciento de los asesinos utilizaron arma de fuego, lo cual no deja de ser sorprendente en un país en el que éstas –excepto las de caza y las deportivas– están prohibidas. Los golpes o traumatismos (9,3%), la precipitación (7,3%) y el fuego (4,9%) les siguen como mecanismos más utilizados.

B. V. Conquero/La Razón

Matrimonio:vínculos y problemas

¿Dejarías el amor a la suerte?

Tras el sacramento del matrimonio, los novios viven una transformación que les capacita para amar a un nivel muy superior al de antes de la boda

Por Isabel Molina E.

El matrimonio es la gran aventura de nues­tra vida, tan impredecible como fascinante. La cultura actual nos bombardea con señales de alerta para no dar el paso de la boda, sin embargo, poco se nos habla de los beneficios de casarse… ¿Qué añade ese “sí” definitivo ante el altar al amor de dos personas que se quieren?

EL PRÓXIMO 29 de abril tendrá lugar la boda del príncipe Guillermo de Inglaterra con su prometida, Kate Middleton. Los británicos han anunciado un gran día de fiesta nacional, y esperan ansiosos el evento que los pondrá en la primera plana de los principales medios del mundo. Una lluvia de elogios caerá sobre esta joven pareja que se presenta ante el altar para sellar su unión.

Más allá de eventos como este, que tienen sabor a cuento de hadas, el matrimonio, hoy en día, no goza del mejor prestigio social ni mediático. En 2005 se modificó el Código Civil en España para permitir las uniones entre personas del mismo sexo. Desde entonces, la realidad esponsal (marido y mujer) dejó de existir para ser reemplazada por la de cónyuge A y cónyuge B. En el mismo año, se aprobó el divorcio exprés para facilitar a las personas la disolución legal de su matrimonio al poco tiempo de presentar la demanda de divorcio. Los efectos de estos cambios legislativos no se han hecho esperar: según las estadísticas del Instituto de Política Familiar, entre 1998 y 2008 España fue el país de la Unión Europea 27 (UE27) con mayor crecimiento cuantitativo y cualitativo de divorcios (con un promedio de 73.000 divorcios más al año). Con la aceptación social del divorcio, algunos han decidido saltarse la boda y optar por irse a vivir juntos para evitar desastres. Otros, salvando grandes temores, se atreven a casarse pero, poco a poco, van perdiendo el interés y la confianza para luchar por mantener el vínculo.

¿Quiere decir entonces que el matrimonio está destinado a desaparecer? La respuesta la dan las nuevas generaciones. El informe Jóvenes españoles 2010, de la Fundación Santamaría –el cual sondea los valores de los jóvenes españoles de entre 15 y 24 años– anota que la mayoría de jóvenes sigue pensando en institucionalizar su relación de pareja. Para conseguirlo, optaría como primera opción por el matrimonio por la Iglesia y, como segunda, por la convivencia con o sin papeles. En EE UU, un estudio realizado por el Pew Research Center (noviembre de 2010) muestra también que los jóvenes estadounidenses sí valoran el matrimonio –el 95 por ciento de quienes no han cumplido los 30 años tiene planes de casarse– el problema es que han perdido la fe en él.

Para superar la disyuntiva entre el velo negro que se teje sobre la institución matrimonial y los deseos reales de las personas, Tomás Melendo, filósofo y metafísico, dice que a nuestra cultura le hace falta acabar de entender lo que es el matrimonio. Frases tan sonadas como “el matrimonio no es más que una cuestión de papeles” o “yo no necesito la confirmación de un cura para querer a mi pareja”, indican que se ha reducido el matrimonio a una ceremonia, un contrato o una alianza y, aunque el matrimonio engloba estas cosas, es mucho más.

Aníbal Cuevas, orientador familiar y autor del blog SerAudaces.com, compara lo que está sucediendo con el matrimonio con lo que ocurre cuando nos miramos en un espejo roto: “Podemos reconocernos, pero no es realmente nuestro rostro lo que vemos; son piezas cuarteadas que no encajan exactamente”. Es por eso, explica, que hoy “se acierta a intuir lo que es el matrimonio, pero no es visto en su unidad”.

Un estudio del National Marriage Project de la Universidad de Virginia y el Centro para el Matrimonio y la Familia del Instituto para los Valores en América,When marriage disappears (Cuando el matrimonio desaparece, 2010) concluye que el modelo de matrimonio como “institución” –que integraba el sexo, la paternidad, la cooperación económica y la intimidad emocional en una unión permanente– ha sido sustituido por un modelo de matrimonio que denomina de “almas gemelas”, en el cual el matrimonio se considera un medio para el crecimiento personal, la intimidad emocional y el consumo compartido. Bajo este “modelo”, la supervivencia del matrimonio dependerá de que ambos cónyuges sean felices. Además, el sexo y la crianza de los hijos son circunstanciales y pueden darse por igual fuera o dentro de la institución matrimonial. El matrimonio no se entiende como el inicio de algo que los esposos habrán de construir juntos, sino como una meta en sí misma. Por eso, para poder casarse, los novios tienen que haber alcanzado cierta independencia económica y emocional.

“Estamos en las antípodas de lo que es el matrimonio cristiano”, afirma monseñor Juan Antonio Reig Pla, presidente de la Subcomisión para la Familia y la Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española. “¿Qué es lo que ha pasado? El primer fenómeno que ha conducido a esta situación es la desacralización del matrimonio y de la vida humana. No se mira el matrimonio más que como respuesta a los propios deseos y satisfacciones; no se lo ve como algo a lo que Dios llama y, por tanto, como un estado de vida que nos trasciende”.

¿Casarse o vivir juntos?
Ante la dificultad de cumplir los requisitos para casarse, el número de parejas de hecho ha aumentado significativamente en las últimas cinco décadas. Se ha popularizado la creencia de que vivir juntos antes de casarse es una buena forma de determinar si en realidad los novios se van a entender y si, por lo tanto, podrán evitar un posible divorcio. Sin embargo, When marriage disappears (Cuando el matrimonio desaparece, 2010), señala que no hay ningún estudio que demuestre la veracidad de esta creencia. Por el contrario, hay evidencias de que aquellos que viven juntos antes de casarse, tienen más posibilidades de acabar en una ruptura matrimonial cuando se casen.

Un amor incondicional, es la aspiración del corazón humano. Muchos se sienten capaces de amar así, sin necesidad de casarse; sin embrago, cuando desaparece el sentimiento, aseguran que “se les acabó el amor”.

Casarse y convivir no son equiparables. Para comenzar, “el matrimonio blinda jurídica, religiosa y moralmente la alianza conyugal”, explica Patricia Martínez, profesora de Psicología de la vida matrimonial y familiar del Curso de Experto en Matrimonio y Familia de la Fundación DIF (www.fundaciondif.org). “Es lo mismo que ocurre con cualquier institución humana, cuyo contrato social se protege para mayor seriedad y estabilidad de unos usos y formas sociales que le dan credibilidad”, añade. Pero la principal diferencia, de acuerdo con Aníbal Cuevas, es el compromiso. Al casarse, “los contrayentes no se comprometen a seguir sintiendo lo que sienten en ese momento durante toda la vida, se comprometen a quererse en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, en los buenos y malos momentos”.

Tomás Melendo va aún más allá. Señala que la entrega, por la cual los cónyuges se dan libremente el uno al otro en exclusiva y para siempre, es del todo necesaria, pues el “sí” de la boda todo lo transforma. A partir de ese momento, los novios ya son otros. Pasan a ser esposos, es decir, “personas capaces de amar a un nivel muy superior”. Decirse “sí” –enfatiza Melendo– es un acto profundísimo, inigualable, por el que se fortalece la voluntad y se la habilita para querer a otro nivel.

Esto no quiere decir que al casarse ya esté todo dado, sino que, con la boda, los esposos emprenden la aventura de “aprender a amar”. “Puede sonar utópico –insiste el mismo Melendo–, pero quien ve el matrimonio como una gran aventura logra entenderlo. Lo propio de una aventura es que quienes la emprenden se pongan una meta alta, en apariencia inalcanzable, pero que vale la pena, aunque no tienen ninguna seguridad de que vayan a alcanzar su objetivo. Una vez que la inician, no permiten que las dificultades y los contratiempos sofoquen la ilusión inicial. Y, al mantener la mirada fija en el fin, en el triunfo, renuevan las energías y la valentía para seguir adelante”.

Vínculo sacramental
El catecismo de la Iglesia católica nos re­cuerda que, a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir el matrimonio a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales, no es una institución puramente humana. Dios es su autor. La alianza matrimonial fue elevada por Cristo a la dignidad de sacramento.

Al casarse, además de una capacidad nueva para amarse plenamente, los esposos reciben una gracia especial de Dios que hace viable ese tipo de amor que el corazón humano tanto desea: la gracia de estado. ¿En qué consiste esta gracia? Según monseñor Reig Pla es como una cuerda que nos permite subir al segundo piso de una vivienda cuando la puerta está cerrada. Alguien desde arriba nos lanza una cuerda. Uno se coge a ella y sube. “Justo esto es lo que hace la gracia de Dios: darnos la posibilidad de alcanzar lo que deseamos y no podemos por nuestras fuerzas”, añade. Rafael Real, que lleva 33 años de matrimonio, asegura que ha experimentado esta gracia de forma viva en muchas ocasiones, incluso a los pocos días casarse. “A la vuelta de nuestro viaje de novios, pasamos por mi pueblo a ver a mis abuelos. Nos encontramos con que mi madre tenía una molestia en un ojo y unos meses después había perdido la vista. Mis padres tuvieron que venirse a vivir con nosotros. Yo tenía mucho miedo de que el cariño que tenía por mi madre fuera a interferir con el amor a mi esposa, entonces le dije a mi mujer: ‘Rosa, ayúdame, que yo solo no puedo’”. Desde ese momento Rafael, notó en Rosa una capacidad especial para llevar la convivencia con sus suegros.

Al recibir el sacramento del matrimonio, los esposos adquieren como esa especie de seguro para proteger su amor. Muchos matrimonios han logrado superar crisis aparentemente insalvables cuando recuerdan que entre ellos hay un tercero, que muchas veces los espera en silencio. “Jesucristo es quien da a los esposos la posibilidad de amarse, de perdonarse, de regenerar todo lo que se destruye dentro de ellos –como las propias heridas en la vida matrimonial–, y de hacer posible todo lo que a lo largo de su historia pudieran estropear en el proyecto de Dios”, explica monseñor Reig Pla.

Amarse más
Casarse entonces, ¿para qué? Para quererse más. Solo el compromiso libre de los esposos que se deciden a amarse sin reservas, para siempre, hace posible ese amor total, plenamente humano, fiel, exclusivo y fecundo, que caracteriza el amor entre los esposos.

Amor plenamente humano: como en todo lo humano, hay caídas, fracasos y errores. Hay discusiones. Hay momentos de absoluta incomprensión y, ante esta situación, ¿qué hacemos? Patricia Martínez comenta que es posible superarlo todo, pues “el corazón humano no es solo un músculo físico, sino un fuego capaz de reavivar desde las propias cenizas, aunque parezca que se están apagando”.

Amor total: en el matrimonio se entrega la persona entera, sin reserva alguna. Esto es posible pues es el único amor donde se da la unión sexual. En los demás amores es posible comunicar pensamientos, afectos e intenciones, pero no se da ese encuentro corporal que simboliza la unidad anímica. La entrega corpórea sella el amor matrimonial.

Amor fiel y exclusivo: uno con una y para siempre. ¿Significa que no me sentiré atraído por otra persona? Y si alguien distinto a mi cónyuge me atrae, ¿cómo afrontar esta situación? ¿Podré aguantar toda la vida a su lado? La fidelidad puede ser difícil, pero es fuente de felicidad duradera y profunda. Además, es siempre posible. Patricia Martínez indica que para lograrla “debemos cuidar y preservar la intimidad conyugal como el velo que protege el vínculo de pertenencia a otro en su singularidad”. Y añade que “la fidelidad es la mejor garantía de unidad en la vida conyugal, pues al haber sido libres para elegir nos hemos comprometido libremente con otro, lo que exige exclusividad, no solo de los cuerpos, sino de las mentes y los corazones”.

Amor fecundo: uno de los grandes miedos actuales es el rechazo a la fecundidad propia del amor matrimonial. Incluso se difunde la idea de que, una vez casados, conviene aplazar la llegada de los hijos para conocerse mejor y disfrutar el matrimonio. María Luisa Estrada, cofundadora del programa de educación para el amor Protegetucorazón, asegura que estas ideas debilitan la unión, pues los hijos son la tuerca del amor. “Cuando un tornillo se afloja y no tiene tuerca, se cae y la máquina se estropea. De igual manera, los hijos traen alegría, al mismo tiempo que ayudan a olvidarse de uno mismo, y los esposos empiezan a mirar juntos en esa dirección porque ser padres exige ser un espejo en el cual pueden mirarse los hijos”. Los hijos son el don más excelente del amor.

¿CUESTIÓN DE SUERTE O DE TEMPLE?
Aníbal Cuevas indica que la base del matrimonio está en hacer una buena elección. Compartir los mismos principios y creencias sobre la sexualidad, los sentimientos, los hijos, la fe, –apunta– garantiza en gran medida esa elección. Sin embargo, esta base no es suficiente. También hace falta que los novios se preparen con lo que exige la vida matrimonial. El estudio When marriage disappears (Cuando el matrimonio desaparece, 2010), demostró que los matrimonios más estables en EE UU son los de quienes tienen mayor formación académica, pues desde pequeños a estos jóvenes se les ha trazado un camino de éxito muy claro: si quieren llegar lejos, tendrán que dar una serie de pasos, en un orden concreto. En otras palabras, lograr el famoso “sueño americano” no es un tema de suerte, muy por el contrario, exige posponer la recompensa, forjar la disciplina necesaria para concentrarse en la educación y ejercitarse en virtudes como la templanza y la moderación, entre otras. Esto no indica que para casarse haga falta un título universitario, lo que intenta demostrar es que el mismo autocontrol y capacidad de trabajo que hacen posible un grado universitario en EE UU ha entrenado para el éxito matrimonial a quienes hoy en ese país tienen las uniones más sólidas. Por el contrario, quienes no han recibido este entrenamiento, optan con frecuencia por el sexo prematrimonial, viven más embarazos adolescentes, una historia de vida compartida con diferentes parejas, de promiscuidad sexual, de abuso de drogas y de matrimonios a muy temprana edad.

TIEMPO COMPARTIDO
Se ha vuelto muy frecuente ver que los matrimonios hagan planes de manera independiente, cada uno por su lado. María Luisa Estrada explica que este estilo de vida es muy mal síntoma. “Al casarse se hace una elección llena de aspectos maravillosos, que también conlleva renuncias. El tiempo se vuelve compartido. Hay que aprender a manejarlo de otro modo. Debe existir interacción, comunidad de vida y amor”. Es ese tiempo compartido el que permite a los esposos crecer en el conocimiento mutuo, madurar en el amor y hacer feliz, mucho más feliz, al otro. “Es mejor involucrarse en las cosas del otro, acompañarse siempre que sea posible, sin que eso implique perder una independencia natural y necesaria para actividades más personales, también indispensables para el propio crecimiento y descanso. No quiere decir que no haya algunos momentos para estar solos, pero el matrimonio conlleva estar juntos, hacer cosas juntos, disfrutar juntos”, añade Estrada.

Fuete:revista misión

CONSEJOS SABIOS PARA APRENDER A AMAR AL OTRO SEXO

La queja más frecuente respecto a los hombres de parte de las mujeres es la de que estos no escuchan. La queja más frecuente de los hombres respecto a las mujeres es la de que ellas siempre están intentando cambiarlos.
Con frecuencia se escucha en matrimonios con problemas, una expresión muy significativa: “somos muy diferentes”. Y no se cae en la cuenta que el problema no está en ser diferentes, sino en comprender esas diferencias. Lo primero no se puede evitar. Lo segundo es una conquista. Una buena comprensión del sexo opuesto ha salvado muchos matrimonios.

Diferentes en los valores

La queja más frecuente respecto a los hombres de parte de las mujeres es la de que estos no escuchan. El hombre generalmente o no le hace caso o escucha sólo unas palabras y a continuación da una solución. Además el hombre termina confundido, porque a ella parece ser que eso no le basta. Y en general sucede que la mujer desea solidaridad y comprensión y el hombre piensa que ella necesita soluciones.

La queja más frecuente de los hombres respecto a las mujeres es la de que ellas siempre están intentando cambiarlos. Cuando una mujer quiere a un hombre, se siente responsable de contribuir a su crecimiento e intenta ayudarle a mejorar su modo de hacer las cosas. Por mucho que se resista a su ayuda, ella persiste y busca cualquier momento para decirle lo que tiene que hacer. Ella cree que le está ayudando y él que le está controlando. Lo que él desea de la mujer es aceptación.

¿Por qué pasa esto?

1. El hombre.

Los hombres dan valor al poder, a la competitividad, a la eficiencia, al logro. Siempre están haciendo cosas para demostrar su valía, para desarrollar su poder y sus capacidades. Eso define su sentimiento del yo. Se realizan a través del éxito y del logro. De ahí incluso sus gustos: el deporte, la caza, la acción… Les tiene generalmente sin cuidado las novelas románticas y los libros de formación personal. Se interesan más por los objetivos y las cosas que por la gente y los sentimientos. A los hombres les preocupa las cosas que pueden ayudarles a manifestar poder mediante los resultados y la consecución de sus objetivos. Y todavía mejor si lo hacen solos. La autonomía es un símbolo de eficiencia, poder y competencia.

Comprender esta característica puede ayudar a las mujeres a entender por qué los hombres muestran tanta resistencia a que se les corrija o se les diga lo que tienen que hacer. Ofrecer a un hombre un consejo que no ha pedido, equivale a suponer que no sabe lo que debe hacer o que no es capaz de hacerlo solo. Los son muy sensibles a esta cuestión. También a esta luz debe entender la mujer por qué el hombre habla poco de sus problemas y se los guarda para sí. Pedir ayuda sería una señal de debilidad. Sin embargo, cuando necesita ayuda, pedirla es una señal de sabiduría. Y en ese caso buscaría a alguien que le merezca consideración.

Finalmente, todo lo anterior es una de las razones por las que los hombres ofrecen de manera instintiva soluciones cuando las mujeres les hablan de sus problemas. El hombre en estas situaciones se pone el título de “arreglalotodo” e intenta dar consejos para demostrar su cariño. Quiere ser útil; cree que con sus consejos va a ser más valorado. No se da cuenta de que puede ayudar a una mujer con solo escucharla.

2. La mujer

Las mujeres no tienen los mismos valores. Dan importancia al amor, a la comunicación, a la belleza, a las relaciones. Dedican más tiempo a apoyarse, a ayudarse, a cultivarse. Sus sentimientos y la calidad de sus relaciones definen su sentido del yo. En esto encuentran su realización. Y, en consecuencia, todo en ellas refleja estos valores. Más que construir autopistas, les interesa convivir en armonía, en comunidad y en amorosa cooperación. Es un modo opuesto al del hombre.

Les encanta una ropa diferente cada día, según se sientan. Es para ellas muy importante la relación personal, especialmente en relación con sus sentimientos. Pueden incluso cambiarse se ropa varias veces al día según sean sus estados de ánimo.

Importancia primordial tiene para la mujer la comunicación. Manifestar los propios sentimientos es mucho más importante que alcanzar metas o éxitos. Hablar y relacionarse entre ellas es fuente de enorme satisfacción. Al hombre le resulta difícil entender esto. Las mujeres están orientadas hacia las relaciones y no los objetivos. Les importa más expresar su bondad, su amor y su afecto. Así por ejemplo dos hombres se encuentran para almorzar porque ven en el hecho de ir al restaurante una forma práctica de conseguir alimentación y tratar un asunto. Para dos mujeres es una forma de cultivar una relación, en donde se van a dar apoyo mutuo. Tienden las mujeres incluso a ser muy francas e íntimas.

La mujer además es muy intuitiva, en el sentido de una capacidad de prever las necesidades ajenas. Entre mujeres ofrecer ayuda no es ni una ofensa ni necesitar ayuda una señal de debilidad. Lo mismo en el hombre sí puede serlo. Para ella el que alguien le ofrezca ayuda es un galardón: hace que se sienta amada y halagada.

3. Soluciones para estas situaciones

a. Para la mujer: deja de dar consejos. Un ejemplo: se hace un viaje y después de perderse, se dan cuenta que llevan dando vueltas al mismo sitio. Ella sugiere pedir ayuda. Él se enfada. ¿Qué ha pasado? El mensaje real ha sido el siguiente: ella dice: yo te quiero, me preocupo por ti y te ofrezco mi ayuda. Él entiende: no confío en que llegues a donde vamos; eres un incompetente. ¿Qué hacer? Tratar de manifestar que se comprende lo que él está haciendo por ella, aunque sea con el silencio. Cuando una mujer ofrece un consejo que no se le ha pedido e intenta ayudar a un hombre, no se da cuenta de lo crítico o poco afectuoso que puede parecerle a él su gesto. Más aún, es muy posible que el hombre se sienta más susceptible con las cosas pequeñas que con las grandes.

b. Para el hombre: aprende a escuchar. Los hombres deben recordar que las mujeres hablan de sus problemas para intimar y no precisamente para conseguir soluciones. A menudo la mujer sólo quiere manifestar sus sentimientos acerca de cómo le ha ido un día y el esposo creyendo ayudar la interrumpe y le ofrece una retahíla de soluciones. Y no entiende en consecuencia por qué esto le sienta mal a ella. Un ejemplo: no me queda libre ni un minuto (dice ella). Deberías dejar ese trabajo (dice él). El trabajo me gusta, lo que pasa es que… (dice ella). Tú haz sólo lo que puedas (dice él). Ya lo hago. Es increíble, pero hoy no he llamado por teléfono a mi mamá (dice ella). No te preocupes. Lo entenderá (dice él). Pero no te das cuenta que está muy sola (dice ella). Te preocupas demasiado, y por eso vives infeliz (dice él). Entonces se enfada y grita: es que no me escuchas. Un modo de relacionarse con la mujer es escucharla con solidaridad y comprensión.

Síntesis: los dos errores que más se cometen:

Cuando la mujer está disgustada, el hombre trata de cambiar sus sentimientos convirtiéndose en el señor “todo arreglado” y ofreciendo para sus problemas soluciones que descalifican sus sentimientos.

Cuando un hombre comete errores, la mujer intenta cambiar su conducta convirtiéndose en el comité para la mejora del hogar y ofreciendo consejos no solicitados.

4. En defensa de ambos

Al afirmar lo anterior no se dice que no haya cosas buenas en ambos en su forma de intervenir. El error realmente no es de fondo, sino de forma. La mujer aprecia la presencia del “arreglalotodo”, siempre que no aparezca cuando esté disgustada. El hombre aprecia la presencia del “comité para el arreglo del hogar siempre y cuando él lo haya pedido”. La comprensión de estas diferencias hace que sea fácil respetar la sensibilidad del otro y prestarle apoyo.

Cuando una mujer se resiste a las soluciones que le ofrece el hombre, éste siente que se está poniendo en cuestión su competencia. Por ello su disposición a escuchar también sufrirá menoscabo. Breves ejemplos de cómo el hombre puede por error invalidar sentimientos o bien ofrecer soluciones no deseadas: “No deberías preocuparte tanto”. “Pero eso no es lo que yo te he dicho”, “Muy bien, lo siento. ¿Por qué no lo olvidamos?”, “pero sí hablamos de ello”, “no deberías tomártelo así”, “muy bien, yo limpio el…”, “si vas a quejarte luego, no lo hagas”, “de ahora en adelante yo me encargo”, “te importaría ir al grano”.

Cuando el hombre se resiste a las sugerencias de la mujer, ella cree que él es un orgulloso y que no la apoya. Algunos ejemplos de cómo la mujer puede molestar al hombre dando consejos o críticas aparentemente inofensivas: “¿Cómo se te ocurre comprar eso?”, “los platos están todavía mojados”, “llevas el pelo muy largo”, “hay sitio para aparcar ahí, no lo has visto?”, “no lo pongas ahí, se va a perder”, “deberías llamar al fontanero, porque…”, “deberías pasar más tiempo con los niños”, “¿Cómo puedes pensar en ese despacho tan desordenado”, “Conduces demasiado deprisa”, “deberías haber llamado, pues no sé dónde estabas”, “las patatas fritas tienen mucho aceite, no son buenas para tu corazón”, “esa camisa no va bien con esos pantalones”…

fuente: www.mujernueva.org