PAZ EN LAS AULAS Y AULAS PARA LA PAZ

La escuela tiene un singular papel para educar a los jóvenes y a los niños en los valores de la Paz. Todos deseamos centros educativos en los que haya paz en las aulas y aulas para la paz.
Por Mons. Agustín García Gasco

La paz en las aulas se consigue cuando se educa con claridad en que todos somos iguales, diferentes y complementarios. Son tres pasos ineludibles para comprender la paz verdadera. La igualdad de derechos entre todos los seres humanos es un principio básico de la convivencia, que responde a nuestra dignidad por ser personas. El lenguaje religioso y el anuncio cristiano explican que esa dignidad de todos los hombres y mujeres procede de nuestra condición de hijos amados por Dios.

En la práctica, sin embargo, la igualdad entre los seres humanos encuentra incomprensiones e incluso ideologías que pretenden negarla. Se preguntan si la diferencia entre el varón y la mujer, entre las razas, las culturas, las edades, las religiones, entre los modos de pensar y de vivir, hace imposible la igualdad real entre los seres humanos. Algunos, incluso, llegan a presentar las diferencias como si se trataran de contraposiciones, de enfrentamientos, y desarrollan ideologías para contenidos sexistas, machistas, racistas, fundamentalistas, nacionalistas exacerbados, sectarios, que niegan e intentan hacer imposible la convivencia armónica entre los seres humanos.

Resulta imprescindible comprender que los seres humanos somos iguales y distintos porque somos complementarios. No estamos hechos para la oposición, sino para la colaboración. Nadie es más en oposición al otro, sino que somos más cuando damos la vida por los otros. Negar el carácter complementario del ser humano siembra el germen de la violencia.

El sentido religioso del ser humano hace de la paz una necesidad. Dios quiere para los seres humanos la paz. Cristo nos invita a convivir a todos como hermanos. El cristianismo predica la paz desde todos los rincones del Evangelio.

La reflexión religiosa sobre la necesidad de la paz en el mundo y en cada hogar como algo ligado a la sustancia del ser humano es una enseñanza que no debe ser censurada. La enseñanza de la religión en las aulas es muy importante para todos los que creemos que el camino seguro para la paz está en la educación. Los niños y los jóvenes tienen derecho a que se les anuncie el sentido último de los valores, su articulación última. Los padres tienen derecho a que esta explicación se desarrolle de manera acorde al estilo educativo que están desarrollando en su familia. Y la Iglesia no quiere privilegios. Sólo quiere que se respete el derecho de los padres.

La opción por la asignatura de religión recogida en los planes de estudio es una opción legítima secundada mayoritariamente. No se trata de imponer nada a nadie. Se trata de que los padres católicos ejerzan su libertad religiosa, de la misma manera que puedan hacerlo los padres con otras confesiones, o los indiferentes, o agnósticos.

La asignatura de religión en la escuela amplía la libertad y el pluralismo en la educación. El mensaje cristiano del amor fortalece las relaciones basadas en el amor cuya consecuencia necesaria es la paz. La religión habla de la paz en las aulas y ayuda a que las aulas trabajen por la paz.

Los estudios sociológicos muestran que los niños y los jóvenes reciben excesivos mensajes violentos a través de algunos medios de comunicación y la difusión sin control de determinados videojuegos que hacen apología de la violencia. En un mundo donde los padres y madres se ven compelidos a delegar cada vez más la educación de sus hijos no podemos dar por supuesto que los menores conocen el sentido completo de la paz. Ellos, como nosotros, necesitan continuamente de una reflexión que erradique de sus vidas la tensión de la agresividad y la violencia para resolver sus inquietudes y problemas.

Fuente:arvo.net

Consejos para vivir la paz en el matrimonio

La vida cotidiana de una pareja es terreno abonado para que surjan malentendidos y conflictos entre ambos cónyuges. Muchas veces, el estrés que produce el trabajo y la educación de los hijos son motivo de discordia entre los esposos. Los matrimonios que saben sortear estas dificultades, son aquellos que manejan una comunicación asertiva y no caen en pequeñeces, manteniendo siempre en perspectiva el amor y la unión conyugal.

Consejos para vivir la paz en el matrimonio

A continuación enunciamos algunas situaciones que pueden dañar la paz del matrimonio, pero que si se manejan sabiamente superarán los malentendidos y conservarán la paz del matrimonio:

No vuelva tragedia detalles que le molestan de su cónyuge en la vida cotidiana. Simplemente exprese su molestia sin que suene a “cantaleta”.
Cuando se trata de la intimidad, recuerde que la mujer para el hombre y el hombre para la mujer. No obligue a su cónyuge a hacer lo que no quiere, ¿por qué imponer leyes personales cuando existen las leyes de Dios?
El matrimonio tiene unos fines. El olvido de ellos o la inversión del orden establecido es causa de trastornos físicos, psíquicos y morales. La paz en el matrimonio tiene unos caminos trazados; los que salen de él corren peligro de perderse.
Esa discusión por “el bien de los hijos”, ¿no tendrá sus raíces en el deseo de imponer el criterio propio? Desear el bien de los otros no es discutir, es unir fuerzas y sacrificios.
Las enfermedades, las molestias pequeñas o grandes, son algo común. Aumentar las nuestras y hacernos primeras figuras a base de lamentaciones suele ser causa de incomodidades familiares.
Amor

Al amor no se le pueden quitar los detalles. Al amor no se le pueden quitar las palabras. Al amor no se le pueden quitar los cimientos de atracción y de ilusión que lo crearon.
Querer de verdad y de corazón es amar los defectos del otro. No tiene raíces profundas el amor cuando pretendemos obligarle a entrar en nuestros propios moldes.
La fidelidad en el matrimonio en importantísima. Dado por supuesto que existe en lo grande, ser fiel en lo pequeño pensamientos, miradas, palabras, actitudes, puede ser trabajo de toda la vida.
Es admirable la mujer que se arregla con ilusión para estar en casa y para recibir a su marido. “Una mujer compuesta quita al hombre de otra puerta”.
La moda, escogida con acierto, puede hacer milagros si se sigue con sentido común, sentido de la estética y sentido de la decencia.
Entre marido y mujer se puede hablar con claridad, pero claridad no es grosería.
Si por aquello de la confianza, él y ella han suprimido frases como “por favor”, “gracias”, etcétera, convendría que las incorporaran rápidamente a su vocabulario.
Respeto

En ocasiones, las bromas pueden resultar insulto; en ese caso es mejor callarse. Se agradece más una constante y agradable serenidad que una alborotada alegría de las que terminan por herir.
Poner la misma fuerza de voluntad para no decir cosas desagradables aunque se hable con verdad y en verdad que la que se pone para ocultar años y defectos. Se avanzaría mucho en la conquista de la paz.
Respetar exige mucho amor y mucha comprensión. Para respetar la personalidad ajena es preciso tener personalidad propia.
No porque la casa sea propia, se destruye. No porque el carro sea propio, se usa indebidamente. Porque el marido o la mujer sean propios, no se desprecian.
Fortaleza

Las dificultades económicas son una dura prueba. Si en vez de separara a los que se quieren, los une para el esfuerzo, pueden ser “desgracias” positivas.
La queja constante, aunque haya motivo, convierte a un hombre en un ser insoportable.
A ella le gusta la playa y a él la montaña. Hasta ahora, todo es natural. No lo son el desprecio y la repulsa sistemática hacia la playa o hacia la montaña.
Para ponerse de acuerdo dos personas es preciso que uno de los dos sepa ceder. No es bueno creerse siempre en posesión de la verdad. Muchas veces esa verdad es subjetiva y velada por el agotamiento, por el mal humor o por la terquedad.
Generosidad

El egoísmo es el gran enemigo de la paz. Pensar en el gusto propio, en la manera propia, en el propio estilo, en la propia conveniencia, es perder el camino.
Generosidad al dar y generosidad al gastar. Los problemas serán menos y el equilibrio mayor.
Comunicación

Para que haya comunicación debe haber, en primer lugar, voluntad de tener una actitud de diálogo. Es tan difícil dialogar, sobre todo porque el hombre y la mujer ¡son tan distintos!
Para lograr una verdadera comunicación debe existir también el respeto, o sea, el valor que merece la pareja, la persona que se eligió para compartir el resto de la vida.
Muchas veces las parejas dialogan pero sólo para soltar un montón de reproches. De eso no se saca nada más que ofensas, porque cuando se reprocha, no se escucha, sólo se ve lo malo que ha sido el otro.
Las parejas que no dialogan, que no se conocen profundamente, no podrán tener una vida sexual plena. Tal vez sí exista el placer físico, pero éste es pasajero, no trasciende, será el encuentro de dos cuerpos pero no de dos seres.
Fuentes: Los Cerros, revista 1.984, masalto.com

La Unción de los enfermos y el soporte espiritual

El dolor y la enfermedad son circunstancias que hacen parte de la realidad humana, para ello la Iglesia fundó el Sacramento de la Unción de los enfermos, con el fin de hacer presente a Dios, de una manera sacramental, en el momento del dolor, además de conceder una gracia especial para enfrentar las dificultades propias de una enfermedad grave o vejez.

La Unción une más íntimamente al enfermo y a la Pasión de Cristo, otorgándole fortaleza, paz, ánimo, además del perdón de los pecados, si el enfermo no ha podido confesarse; y en la medida de la voluntad de Dios, puede restablecerlo totalmente.

Este sacramento es un soporte espiritual que provee paz consigo mismo y con Dios en situaciones donde la vida se halla en estado frágil; la Unción es una forma de entregarnos en las manos de Dios.

Casos en que puede aplicar el sacramento

El Catecismo de la Iglesia Católica cita a la Constitución apostólica del 30 de noviembre de 1972, que menciona que en adelante, en el rito romano, se observará lo siguiente:

«El sacramento de la Unción de los enfermos se administra a los gravemente enfermos ungiéndolos en la frente y en las manos con aceite de oliva debidamente bendecido o, según las circunstancias, con otro aceite de plantas, y pronunciando una sola vez estas palabras: “Por esta santa unción, y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad”».

De igual forma el 1514 del CIC aclara: «La Unción de los enfermos no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez».

No obstante, la Iglesia ha dispuesto algunas excepciones permitiendo que en casos puntuales, este sacramento se suministre a personas que enfrentarán una cirugía compleja o a aquellas mujeres que pueden tener dificultades al dar a luz.

Preguntas y respuestas del Sacramento

Existen dudas y desconocimiento al respecto, pero una información correcta y a tiempo, puede hacer mucho por los pacientes que se encuentran en esta situación. Lo siguiente, ayudará a despejar algunas inquietudes:

¿Quién puede recibir el Sacramento?

El sacramento de la Unción de los enfermos lo puede recibir cualquier fiel que comienza a encontrarse en peligro de muerte por enfermedad o vejez. El mismo fiel lo puede recibir también otras veces, incluso cuando el estado grave se produce como recaída de un estado anterior por el que ya había recibido el sacramento, o bien si se presenta otra enfermedad grave. La celebración de este sacramento debe ir precedida, si es posible, de la confesión individual del enfermo.

¿Quién administra este Sacramento?

El sacramento de la Unción de los enfermos sólo puede ser administrado por los sacerdotes (obispos o presbíteros).

¿Cómo se celebra este Sacramento?

La celebración del sacramento de la Unción de los enfermos consiste esencialmente en la unción con óleo, bendecido si es posible por el obispo, sobre la frente y las manos del enfermo (en el rito romano, o también en otras partes del cuerpo en otros ritos), acompañada de la oración del sacerdote, que implora la gracia especial de este sacramento.

¿Qué es el Viático?

El viático es la Eucaristía recibida por quienes están por dejar esta vida terrena y se preparan para el paso a la vida eterna. Recibida en el momento del tránsito de este mundo al Padre, la Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo muerto y resucitado, es semilla de vida eterna y poder de resurrección.

Fuentes: Catecismo de la Iglesia Católica, Evangelización.org, Aciprensa, Catholic.net, Catecismo básico del católico

¿Dónde empieza el amor?

 Madre Teresa de Calcuta

 La paz y la guerra comienzan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, Empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias. Si queremos sembrar alegría en derredor nuestro, precisamos que toda familia viva feliz.

Algunos padres están llenos de amor y de ternura hacia sus hijos. Recuerdo el ejemplo de una madre que tenía doce hijos. La más pequeña de todos, que era niña, estaba afecta de una profunda minusvalía. Me resulta difícil describir su aspecto, tanto desde el punto de vista físico como emocional. Cuando se me ocurrió brindarme a acoger a la niña en uno de nuestros hogares, donde teníamos otros en condiciones parecidas, la madre prorrumpió en sollozos: –¡Por Dios, Madre Teresa, no me diga eso! Esta criatura es el mayor regalo que Dios ha hecho a mi familia. Todo nuestro amor se centra en ella. Si se la lleva, nuestras vidas carecerán de sentido.(…)

No deberíamos vivir en las nubes, en un nivel de superficialidad. Deberíamos empeñarnos en comprender mejor a nuestros hermanos y hermanas. Para comprender mejor a aquellos con quienes convivimos, es necesario que antes nos comprendamos a nosotros mismos”(…

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2009-02-25