DERECHO Y DEBER DE EDUCAR A LOS NIÑOS

S. S. JUAN PABLO II

(07/06/1997)

1. “Dejad que los niños vengan a mí” (Mc 10, 14). Eso lo dijo Jesús a los Apóstoles en cierta ocasión. Era una maravillosa invitación. El Señor Jesús amaba a los niños y quería que estuvieran cerca de él. Muchas veces los bendecía e incluso los ponía como ejemplo a los adultos. Decía que el reino de Dios pertenece a los que se asemejan a los más pequeños (cf. Mt 18, 3). Naturalmente eso no significa que los adultos deban volver a hacerse niños desde todos los puntos de vista, sino que su corazón debe ser puro, bueno, confiado, y estar lleno de amor.

Queridos niños, el Papa viene hoy a vosotros para deciros, en nombre del Señor Jesús, que él os ama. Ciertamente vuestros sacerdotes catequistas y las religiosas catequistas os han hablado de esto muchas veces. Pero quiero repetirlo una vez más, para que recordéis durante toda la vida esta alegre noticia. ¡Jesús os ama!

Hace poco tiempo habéis podido convenceros de esa verdad de modo particular. Jesús ha venido por primera vez a vuestro corazón. Lo habéis recibido bajo la especie del pan en la primera santa Comunión. ¿Qué quiere decir que ha venido a vuestro corazón? Para dar una respuesta a esta pregunta, debemos volver unos instantes al cenáculo. Allí, durante la última cena, poco antes de su muerte, el Señor Jesús dio a los Apóstoles pan y les dijo: “Tomad y comed todos: esto es mi Cuerpo”. Del mismo modo, les dio vino, diciendo: “Tomad y bebed todos de él: éste es el cáliz de mi Sangre”. Y nosotros creemos que, aunque los Apóstoles percibieron en su boca el sabor del pan y del vino, verdaderamente comieron el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Y eso era un signo de su amor infinito, pues quien ama está dispuesto a dar a la persona amada todo lo más valioso que posee. El Señor Jesús en este mundo tenía pocas cosas que regalarles a los Apóstoles. Pero les dio algo mejor: se dio a sí mismo. Desde entonces, al recibir este Alimento santísimo, podían estar constantemente con Jesús. El mismo habitaba en su corazón y lo llenaba de santidad. Eso es lo que significa que Jesús ha venido a vuestro corazón. Él está en vosotros; su amor os llena y hace que os asemejéis cada vez más a él, que seáis cada vez más santos.

Se trata de una gran gracia, pero también de un gran compromiso. Para que el Señor Jesús pueda habitar en nosotros, debemos esforzarnos para que nuestra alma esté siempre abierta a él. Este es, por tanto, vuestro compromiso: amar siempre a Jesús, tener un corazón bueno y puro, e invitarlo lo más frecuentemente posible, para que mediante la sagrada Comunión habite en vosotros. Y no hagáis nunca cosas malas. A veces esto puede resultar difícil. Pero recordad que Jesús os ama y desea que también vosotros lo améis con todas vuestras fuerzas.

2. Hoy, junto con vosotros, quiero dar gracias a Cristo por el infinito amor que siente por todos los hombres. Lo alabamos de modo especial por el don de la Eucaristía, en la que se ha quedado para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (cf. Jn 10, 10). Doy también las gracias a vuestros catequistas, que os han llevado hasta Jesús Eucaristía, así como a los que en toda Polonia trabajan por transmitir la fe en las escuelas. Es una tarea elevada, aunque muchas veces no resulta fácil. Exige un testimonio de fe, esperanza y caridad: de fe, que se apoya firmemente en el Evangelio; de esperanza, que en la perspectiva de la salvación no excluye a ningún hombre; y de caridad, que no duda en dar lo que es mejor, incluso a costa del propio sacrificio. Tened siempre la convicción de que los jóvenes, aunque no lo demuestren, necesitan y desean vuestro testimonio. El Espíritu Santo, que ha iluminado y fortalecido a generaciones y generaciones de apóstoles de Cristo, os sostenga también a vosotros, los actuales innumerables catequistas, hombres y mujeres, de Polonia.

Por último, quiero dirigir unas palabras de agradecimiento también a los padres: a los que están aquí presentes, y a todos los padres de Polonia. Al llevar un día a vuestros hijos para ser bautizados, os habéis comprometido a educarlos en la fe de la Iglesia y en el amor a Dios. Estos niños, que por primera vez han recibido la sagrada Comunión, son signo de que habéis asumido ese compromiso y tratáis de cumplirlo con sinceridad. Os pido que nunca renunciéis a él. Los padres son los primeros que tienen el derecho y el deber de educar a sus hijos, en sintonía con sus propias convicciones. No cedáis este derecho a las instituciones, que pueden transmitir a los niños y a los jóvenes la ciencia indispensable, pero no les pueden dar el testimonio de la solicitud y el amor de los padres.

No os dejéis engañar por la tentación

De asegurar a vuestros hijos las mejores condiciones materiales a costa de vuestro tiempo y de vuestra atención, que necesitan para crecer “en sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2, 52). Si queréis defender a vuestros hijos contra la corrupción y el vacío espiritual, que el mundo presenta con diversos medios y, a veces, incluso en los programas escolares, rodeados del calor de vuestro amor paterno y materno, y darles el ejemplo de una vida cristiana.

Encomiendo vuestro amor, vuestros esfuerzos y vuestras preocupaciones a la Sagrada Familia, patrona de esta iglesia. Que la protección de Jesús, María y José os conforte.

3. Una vez más, abrazo con mi corazón a los niños aquí presentes y a todos los niños de nuestro país, especialmente a los que soportan el peso del sufrimiento o del abandono.

Rindo homenaje a todos los padres que asumen el compromiso diario de mantener y educar a sus hijos. Agradezco a los pastores y a los fieles de toda la parroquia la benevolencia, la hospitalidad y el don de la oración. Bendigo de corazón a todos.

arvo.net

McDonald’s – Baby

Nuestros hijos

Constantemente escuchamos de padres que se quejan de lo difícil que es disciplinar a los hijos. Su queja se basa en que es muy difícil establecer y mantener un control adecuado sobre ellos. Ha llegado quizás el momento de cambiar de enfoque. No se trata de ver de que forma podemos controlar a nuestros hijos, sino de establecer, de una vez por todas, quien tiene el control. Son los padres de familia quienes deben siempre tener el control del hogar. No pueden ser los abuelos, el hijo enfermo, los parientes o los esposos uno contra el otro quienes pueden controlar por cuenta propia la situación. Quienes son llamados a controlar la conducta de los hijos son los esposos (papá y mamá) en colaboración y diálogo. En un hogar donde hay una pareja unida en buen entendimiento, el problema del control de los hijos se minimiza. Los hijos, si desde pequeñitos tienen bien claro donde esta la autoridad y adquieren el hábito de aceptarla y respetarla, desarrollaran, por lo general, buenas costumbres de orden y disciplina.

Ahora bien, ese control y autoridad de los padres no se cultivan a través del castigo físico, acusaciones, cantaletas (sermones), comparaciones indebidas y ridículo. Tampoco se logra ignorando a los hijos o consintiendoles excesivamente. Ambos extremos son igualmente dañinos. En el primer caso, ese control excesivo y abusivo crea en los hijos la sensación de poca auto-valoración (baja autoestima) entre otros problemas. En el segundo caso, la actitud supertolerante de los padres ayuda a formar un hijo engreido y malcriado.

Existen muchos puntos importantes a considerar cuando pensamos en establecer un adecuado control de nuestros hijos. El primer criterio debe ser siempre el tomar en cuenta las necesidades del hijo. La razón principal de establecer disciplina a nuestros hijos es ante todo, asegurar su bienestar actual y futuro. A parte de mantener como norte las necesidades del hijo debemos tomar en cuenta el bien común de la familia.

Debemos también recordar que el control tiene siempre que ser ejercido con amor. La disciplina tiene que invitar a crecer. Esta debe darse en un clima de ternura y amor. Cuando esa ternura y amor son el clima habitual de la familia, el ejercicio de la autoridad y el consecuente control que los padres ejercen, asume las características de eficacia, seriedad y compromiso. En un ambiente asi la corección que los padres impongan los percibe el hijo como una llamada a mejorar su conducta en vez de ser un mensaje negativo para su persona.

A medida que los hijos se vuelven mayores y asumen mayor responsabilidad, el control externo de los padres disminuye para dar paso a un mayor autocontrol. Hacia la adolescencia es necesario tratar de encontrar la justa medida de control. Una actitud firme pero respetuosa de parte de los padres permitirá al muchacho asumir responsabilidad por sus actos, valorar las consecuencias de los mismos y sacar experiencia de cada nuevo aprendizaje.

Cuando un hijo se equivoca o comete un error, en lugar de recriminarle o burlarse de él, conviene ensenarle a enmendar lo que hizo mal y a arreglar lo que está descompuesto. Ofrecerle a los hijos alternativas, en vez de respuestas tajantes o meras prohibiciones, les ayudara a asumir responsabilidades y a decidir por si mismos.

Padres e hijos tienen una tarea comun y es la de crecer juntos como personas. Un hijo no es un juguete de los padres, ni su munequito, ni una prolongación para que lleve el apellido de la familia. Es un ser humano único digno de ser amado por ser quien es.

Renovación Conyugal provee a través del proyecto de Escuela Para Padres herramientas de ayuda a los padres.

www.renovacionconyugal.com

Por qué es importante el padre:Informes muestran que los niños necesitan la presencia de ambos progenitores

Los niños necesitan más que nunca la presencia y guía de su padre. Según una reciente recopilación de ensayos, un significativo cuerpo de investigación científica documenta claramente el papel vital que desempeña un padre en los años formativos de la vida del niño.

El libro se titula «La importancia de los padres y de su implicación con los hijos» («Why Fathers Count: The Importance of Fathers and Their Involvement with Children», Editorial Men’s Studies Press).

Sean E. Brotherson y Joseph M. White, editores y autores también del primer capítulo, dan el tono al libro con una revisión de los argumentos sobre la importancia de los padres para los hijos. La presencia de un padre tiene un impacto positivo de muchas maneras, observa, puesto que los niños con padres tienen menos problemas de comportamiento, obtienen mejores resultados académicos y están mejor económicamente.

Brotherson y White también dejan claro que no quieren en modo alguno minimizar la aportación hecha por las madres a la vida familiar. De hecho, indican, ambos padres cuentan: padres y madres. No obstante, como confirman ampliamente las estadísticas, se ha dado un marcado aumento de las familias sin padre en las últimas décadas, de ahí que el libro se centre en los padres.

Rob Palkovitz, profesor en la Universidad de Delaware, dedicaba un capítulo al tema de la transición de los hombres hacia la paternidad. Los hombres pueden convertirse en padres en el sentido biológico, observaba, pero no siempre hacen los ajustes psicológicos y de comportamiento necesarios para abrazar el papel de padre.

Palkovitz explicaba que ser padres conlleva un tipo diferente de responsabilidad de la de ser marido y requiere un compromiso adicional. Este cambio afectará a las elecciones, comportamiento y prioridades del hombre en su vida diaria. Esto lleva tiempo, y la paternidad es un papel que los hombres desarrollan gradualmente.

La transición a la paternidad, continuaba, es un punto de inflexión monumental en la vida de un hombre. Si los hombres quieren entablar esta relación con sus hijos será a través de grandes cambios en la vida y desarrollo del hombre como persona, concluía Palkovitz.

El factor matrimonio

La relación entre los esposos y su impacto en los padres lo examinaba un capítulo de H. Wallace Goddard, profesor de la Universidad de Arkansas. Cuando las parejas tienen una sólida relación pueden usar sus diferencias para complementarse mutuamente, y reforzarse el uno al otro, y hay muchas más posibilidades de tanto la madre como el padre desempeñen bien su función, sostenía.

Goddard también observaba que de muchas formas la cultura contemporánea contribuye poco a preparar a las futuras parejas para el compromiso de llevar adelante y proteger un matrimonio. Una cultura que sobredimensiona el romance y los flechazos rápidos, apuntaba, hace poco para preparar a las parejas para los inevitables periodos de dificultades que atraviesa todo matrimonio.

Brotherson, de la Universidad Estatal de Dakota del Norte, examinaba lo que él denomina «conectividad» en la relación entre padres e hijos. Esta conexión implica construir un lazo durante el tiempo que es más que el solo amor que tiene un padre por su hijo, sino también el grado en que un hijo percibe este amor y aceptación.

La conectividad, añadía Brotherson, se desarrolla en los detalles de amor hacia otra persona y en la confianza y proximidad que desarrolla en dicha relación.

Citando diversas fuentes de investigación sobre la vida familiar, Brotherson explica que cuanta más conexión sienta un niño con sus padres más posibilidades tendrá de confiar en los demás y gozar de relaciones estables con sus compañeros y adultos fuera del hogar. Una relación familiar estrecha es también más eficaz para proteger de problemas como la depresión, el suicidio, la actividad sexual precoz y el abuso de drogas.

La parte final del capítulo ofrecía sugerencia a los padres sobre cómo pueden conectar con sus hijos. Brotherson recomendaba jugar juntos con los hijos, y también ayudarles en su educación. Ser accesible para confortarlos en tiempos de necesidad, expresar afecto, y compartir actividades espirituales como rezar juntos estaban entre los puntos mencionados.

Amor paterno

Los académicos Shawn Christianson y Jeffrey Stueve escribían sobre la importancia del amor de un padre para sus hijos. La mayor parte de la investigación sociológica, indicaban, no reconoce suficientemente el lazo que forman los padres con sus hijos con su amor y cariño hacia ellos. No sólo hay pocas menciones al amor en la teoría familiar, sino que las principales teorías contemporáneas se centran en el propio interés.

El amor de un padre por sus hijos se suele expresar en los sacrificios que hace, sea en tiempos de crisis o en las elecciones diarias de la vida familiar. Obviamente, algunos padres no se responsabilizan de sus hijos, reconocían Christianson y Stueve. Al mismo tiempo, sin embargo, muchos colaboran con sus esposas en criar a su hijo.

La mayoría de la investigación en esta área se ha hecho sobre los padres de hijos más jóvenes. Esta ha mostrado que los padres son capaces de verdad de ser sensibles a las necesidades de sus hijos y pueden mostrar afecto.

Definir el amor paterno no es fácil, observaban Christianson y Stueve. Una forma de intentarlo es demostrar la forma en que un padre está presente en la vida de un hijo, ayudándole en las necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales. El compartir tiempo, actividades, conversación y a uno mismo, significa un apoyo constante que los niños perciben que durará en sus vidas.

Vicky Phares y David Clay, profesora y estudiante de doctorado respectivamente en la Universidad de South Florida, trataban la influencia de los padres en el bienestar psicológico de los hijos. Apuntaban tres principales estilos de paternidad: autoritativa, autoritaria y permisiva.

Guía

Phares y Clay explicaban que los padres cuyo estilo de paternidad es autoritativo – combinación de control con calidez y respeto – tienen más posibilidades de que sus hijos se sientan seguros y muestren una buena salud mental.

Otro factor que influye es la disposición emocional de los padres. Implicarse en la vida del hijo y responder a sus necesidades emocionales es importante en el sano desarrollo de los niños y adolescentes.

Terrance Olson, de la Universidad Brigham Young, y James Marshall, de la Universidad de Kansas, analizaban el papel de los padres en el desarrollo moral de sus hijos.

Apuntaban que el tener influencia moral se manifiesta de diversas formas. Puede ser algo tan simple como mantener una promesa hecha a un hijo, o poner ciertos límites que dejen claro qué comportamientos son aceptables y cuáles no.

En este sentido, aunque es importante la cantidad de tiempo que los padres dedican a sus hijos, también es vital cómo reacciona el padre ante las necesidades y el comportamiento de su hijo. El ejemplo personal que da un padre, y cómo enseña a sus hijos a tratar a los demás en la comunidad, son otras oportunidades de enseñar. De esta forma los padres tienen muchas posibilidades de transmitir actitudes y valores a sus hijos y enseñarles las implicaciones de la responsabilidad moral.

Benedicto XVI ha continuado con sus frecuentes comentarios sobre la importancia de las familias en su discurso al nuevo embajador eslovaco ante la Santa Sede, Jozef Dravecky, el 13 de septiembre.

«La familia es el núcleo en el que una persona aprende primero el amor humano y cultiva las virtudes de la responsabilidad, la generosidad y la preocupación fraternal», comentaba el pontífice.

«Las familias sólidas se construyen sobre la base de matrimonios sólidos. Las sociedades sólidas se construyen sobre la base de familias sólidas», continuaba el obispo de Roma. Animaba a los gobiernos a reconocer, respetar y apoyar el matrimonio, en el que un hombre y una mujer se unen en un compromiso de por vida.

Fuente: Zenit 11 de noviembre de 2007 / Autor:Padre John Flynn, L. Ck

El encanto de ser abuelo

 

“Dicen que lo mejor de ser padre es poder ser abuelo. Ser abuelo permite disfrutar de otra dimensión de la paternidad. Una nueva etapa en la que es posible derrochar mimos sin remordimientos” Esta reflexión describe con precisión lo que para muchos es el encanto de ser abuelos .

Los abuelos que viven satisfechos con su rol repiten a menudo: “podemos querer y divertirnos con los chicos y mandarlos a su casa después.” Y es que hoy, la imagen de los abuelos ya no es la que se tenía hace varias décadas de una persona vestida de negro, inactiva, distante y poco vital. El abuelo del siglo XXI es, en la mayoría de los casos, dinámico, muchas veces laboralmente activo, con inquietudes culturales y sociales, independiente económicamente y preocupado por su salud y su bienestar.

De ello que sea cada vez más común la empatía entre abuelos y nietos pues no solo asumen en muchos casos el cuidado de los nietos cuando ambos padres trabajan, sino que su vitalidad los acerca más a los chicos y por ende comparten gustos y hobbies.

Pero aunque ser abuelo tiene todos estos encantos, no es una tarea gratuita. Tiene también sus responsabilidades y deberes. Para ser un buen abuelo es indispensable tener una comunicación abierta y honesta con los nietos, ayudarlos y escucharlos, dedicarles tiempo y hacerles saber que ellos son importantes para usted.

Si se vive lejos de los nietos, también se puede ser un excelente abuelo. Solo basta con pensar en otros métodos para poder comunicarse con ellos (tarjetas, teléfono, fotografías, internet, etc).

Lo que logran los abuelos

Cuando la relación abuelos-nietos es cercana, estas son algunas de las satisfacciones que se logran:

1. Estar involucrado y comprometido con el desarrollo de los hijos y nietos, y vivir muchos de sus logros.

2. Proporcionar un apoyo, aliento, y/o compañerismo a la familia.

3. Poder ser mejor abuelo de lo que quizás se fue como padre, debido a sus años de experiencia.

4. Enseñar acerca de los orígenes, cultura, y costumbres o tradiciones de su familia.

¿Cómo lograr una buena relación con los nietos?

Lo más importante es saber escuchar a los nietos para que haya una excelente comunicación y así ellos podrán acudir a usted en cuando lo necesaiten.

Para ello:

•Al hablar con los chicos, vaya al grano, sin divagar ni repetir.

•Esté preparado para escuhar conceptos modernos a los que no está acostumbrado.

•Evite las quejas.

•Evite hacer una constante auto-referencia, (yo, yo, yo) y no monopolice la conversación.

•Mantenga un contacto visual para determinar si su nieto oye realmente lo que le dice, o está aburrido.

•Muestre interés por lo que sus nietos hagan: hobbies, estudios, trabajo. Acompáñelos en ocasiones importantes de su vida como presentaciones en público (deportivas o artísiticas).

•No desacredite a la madre o al padre, ni trate de actuar como sus padres.

•Si desea discutir alguna cuestión de disciplina con los padres, hágalo cuando se encuentre a solas con ellos, sin la presencia de su nieto.

•Ame a sus nietos por lo que ellos son, no por lo que usted piensa que ellos deben ser.

•Diviértase junto a sus nietos. No tome una posicion distante en fiestas y celebraciones familiares.

Fuentes: www.jubilo.es, www.healthandwelfare.idaho.gov, www.ee-iese.com

Te necesito papa

Para recordarles lo importantes que son y lo que los hijos esperan de sus papás. Sobre todo el hablarles del amor de Jesús y la trascendencia que esto tiene en la vida de sus hijos.

Ejercer la autoridad en la familia

 

Es importante recordar los puntos fundamentales para ejercer la autoridad correctamente. María Bilbao nos da algunas ideas:

• Nuestros hijos deben saber diferenciar lo que está bien de lo que está mal para que maduren responsablemente y sean capaces, más tarde, de tomar sus propias decisiones.

• La clave está en combinar exigencia con cariño.

• Ser coherentes de manera que los niños puedan conocer perfectamente las consecuencias de cumplir o no las normas del hogar.

• Ejercer la autoridad es enseñar valores positivos, es enseñar a madurar a nuestros hijos en la responsabilidad. El autoritarismo es imponer unas normas por el poder que tenemos sobre nuestros hijos sin pararnos a enseñarles a diferenciar el bien del mal. Se impone por poder no por cariño. Esta forma de actuar no ayudará a nuestros hijos a ser personas equilibradas, ya que obedecerán por temor y a la larga se revelarán sin haber conseguido hacer de nuestros hijos personas maduras y responsables.

La ausencia de autoridad de los padres, es decir, la ausencia de normas, de límites, de acciones que deben ejecutar, desconcierta a los hijos. Les hace sufrir porque desconocen el camino a seguir. Cuando el niño sabe exactamente lo que se espera de él, conoce los límites y normas que debe cumplir, cuando se le exige acompañado de cariño, el niño SE SIENTE SEGURO, tiene referencias y nosotros por tanto estamos ejerciendo bien la autoridad.

ALGUNOS CONSEJOS PARA EJERCER CORRECTAMENTE LA AUTORIDAD:

1.- Ambiente de confianza.

2.- Normas: pocas, claras y bien entendidas.

Si damos muchas órdenes, como no podemos ser obedecidos en todo, les estamos enseñando a desobedecer.

3.- No repetir las órdenes. Intervenir constantemente es la causa más habitual de pérdida de autoridad.

4.- La autoridad padre – madre se comparte, no se delega, pues es un claro síntoma de no tenerla.

5.- Escoged el momento adecuado para dar una orden, no buscar circunstancias que lo humillen.

6.- Utilizad ayudas no verbales: la distancia, el tono, la postura. Cuánto más a su altura, mejor.

7.- Habladle a solas.

8.- Poneos en su lugar… y decídselo.

9.- Mostradle la seguridad de que va a mejorar y de que el conflicto no está entre el padre y el hijo, sino entre la norma y él.

10.- No baséis la educación en premios y castigos. Es un vulgar chantaje.

11.- Reconoced vuestros propios errores. Eso también dará seguridad al niño.

La autoridad es un servicio en el desarrollo personal de los hijos y es la principal influencia externa respecto a su educación en positivo.

http://serypersona.blogspot.com

Carta de un hijo a todos los padres del mundo

 

“Si usted es padre o madre o educador, reconozca que ése es su más importante, exigente y gratificador desafío. Lo que usted haga cada día, lo que diga y la manera como actúe, influirá en la conformación del futuro de nuestra sociedad más que cualquier otro factor”. – Marion Wright Edelman -

- No me des todo lo que te pida. A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo tomar.

- No me grites. Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a gritar a mí también y yo no quiero hacerlo.

- No des siempre órdenes. Si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido, con más gusto.

- Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo, pero también si es castigo.

- No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o mi hermana. Si tú me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir y si me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufra.

- No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decídete y mantén esa decisión.

- Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender.

- No digas mentiras delante de mí ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices.

- Cuando yo hago algo mal, no me exijas que te diga el “por qué lo hice”. A veces ni yo mismo lo sé.

- Cuando estés equivocado en algo, admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.

- Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos ya que, porque somos familiares, eso no quiere decir que no podemos ser amigos también.

- No me digas que haga una cosa y tú no la haces. Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas, pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.

- Enséñame a amar y conocer a Dios. No importa si en el colegio me quieren enseñar porque de nada vale si yo veo que tú ni conoces ni amas a Dios.

- Cuando te cuente un problema mío, no me digas “No tengo tiempo para tonterías” o “Eso no tiene importancia”. Trata de comprenderme y ayudarme.

- Y quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir aunque tú no creas necesario decírmelo.

- ABRAZAME, NECESITO SENTIRTE mi amigo, mi compañero a toda hora.

www.sembrarfamilia.org

No da lo mismo esperar a tener hijos

Cuanto más se retrasa la maternidad, hay más problemas de infertilidad y más riesgos para la madre y el hijo. Así lo advierte Ulla Waldenström, profesora de cuidados del Karolisnka Institutet, en un libro cuyas tesis comenta un artículo publicado en Svenska Dagbladet (19-05-2008).

Fuente: Svenska Dagbladet en www.aceprensa.com Fecha: 3 Junio 2008

“¡No da lo mismo esperar a tener hijos!”, advierte la comadrona y profesora de cuidados del Karolisnka Institutet Ulla Waldenström. La edad a la que se tiene el primer hijo es cada vez más alta, lo cual aumenta el riesgo de que nazcan niños prematuros o con el síndrome de Down.

Cuando las parejas suecas de hoy tienen su primer hijo, la edad media de la mujer es 29 años y la del hombre 30, o sea cinco años más tarde que la generación de sus padres.

En el libro (1) que ha publicado, Ulla Waldenström comenta los problemas que surgen de estas situaciones, como por ejemplo: la necesidad de recurrir a la procreación asistida, más familias sin hijos o con hijos únicos, complicaciones en el embarazo para la madre y el hijo.

La mayoría de los jóvenes suecos declaran que quieren tener hijos en algún momento; eso sí: no más de dos. Sin embargo, lo que no tienen en cuenta es que si esperan demasiado tiempo pueden ser sorprendidos por la infertilidad. Aunque recurran a la procreación artificial como solución al problema, el éxito dependerá también de la edad de los padres.

Es sabido que a mayor edad de la mujer, menos fertilidad, y que esta disminución es más drástica después de los 30 y más considerable aún a partir de los 35. También la fertilidad de los hombres comienza a disminuir después de los 40.

Si el primer hijo se tiene después de los 30, la probabilidad de que ese niño tenga hermanos disminuye. Según una investigación hecha entre estudiantes universitarios, más de la mitad de los jóvenes quieren tener el último hijo entre los 35 y 44 años, es decir cuando la fertilidad es bastante más baja.

En cuanto a las complicaciones médicas relacionadas con el retraso de la maternidad, está sobre todo el aumento del riesgo de síndrome de Down. Pero, al haber un envejecimiento general de todo el cuerpo, también se dan otras complicaciones, como parto prematuro –algunas veces antes de la semana 33–, niños que pesan menos de 1,5 kilos o que mueren durante el embarazo o poco tiempo después del nacimiento. En las mujeres que tienen el primer hijo cuando son mayores de 35 años estos riesgos se duplican en relación con las que son madres entre los 20 y 25 años.

Ulla Waldenström señala que la edad media de las madres primerizas tiene que bajar unos cuantos años para que disminuyan las madres con partos difíciles y se salven más vidas de niños prematuros. Para modificar este comportamiento se necesita información, un cambio de actitud y medidas políticas.

Por ejemplo:

Aumentar las ayudas a los padres jóvenes para que puedan adquirir estabilidad en el mercado de trabajo.

Un cambio de actitud en los empleadores para que dejen de preguntar a las mujeres jóvenes durante las entrevistas de trabajo si piensan tener hijos en un futuro próximo.

Los hombres deben aprender acerca de los límites de fertilidad en relación con la edad. Las mujeres quieren, en general, tener hijos cuando son jóvenes de una forma más intensa que los hombres. Deberían aprender también que la fertilidad es un problema para las mujeres y para los hombres por igual.

(1) Vänta med barn? Det är kris i befruktningsfrågan! Karolinska Institutet University Press, 2008.

Como establecer una buena relación padre-hijos

Al escribir estos temas pienso lo gratificante que ha sido para nosotros, como padres de familia de cuatro hijos, la experiencia de la paternidad, hablo por los dos como padres y creo que a pesar de que esta tarea conlleva esa deliciosa gratificación al ver los hijos convertidos hoy en hombres de bien, profesionales, exitosos y de una gran calidad humana, nos ha llevado buena parte de nuestra vida, criarlos, alimentarlos, vestirlos, formarlos! Pero creo seguramente que concuerdo con mi esposo que fue una etapa difícil, de sacrificio, de esfuerzo, malas noches, agobio y cansancio; pero también de mucha alegría y satisfacciones incomparables. Ha valido la pena! Muchas veces nos equivocamos y otras quizás nos tomó tiempo para adaptarnos a los cambios que vinieron con las diferentes etapas de la vida de nuestros hijos. Algunas veces sentimos temor y confusión y culpa con la duda de si estábamos actuando correctamente. Especialmente cuando había que actuar enérgicamente para disciplinarlos, conteniendo el enojo o la angustia para actuar con coherencia; enseñarlos a ser exigentes con ellos mismos e indulgentes con los demás. Reconocer que a pesar del esfuerzo cometimos errores, y que en ocasiones debimos disculparnos por haberlos defraudado. Aprender a veces por acierto y error y otras con la confianza de actuar correctamente. Lo que es cierto también es que mantener buena relaciones con los hijos y mantener en la familia un adecuado tono en las relaciones humanas, ser asertivos en el manejo de los hijos, no es producto de la casualidad. Se requiere disciplina y mucho esfuerzo

Ser un buen padre requiere mucho más que el intelecto y al tiempo es el trabajo más importante y desafiante que muchos emprenderán. Aunque el criar hijos es muy gratificante, en ocasiones puede ser difícil y estresante; porque nos va mucho en ello. Formar una familia y dedicarnos a forjar la vida de los hijos no es tarea fácil, y en ocasiones puede resultar estresante, lo cual puede ser negativo porque el stress de los problemas cotidianos que surgen de la convivencia familiar y de los dificultades de la crianza pueden ser de toda índole: económicos, por divergencias de carácter o de criterio, por falta de experiencia, etc.

Aunque los padres pueden disminuir el estrés en sus vidas, en ocasiones, todos nos hemos sentido frustrados y enojados. El hacer frente a este enojo, sin perder el control, ayuda a mantener relaciones familiares sanas y una comunicación abierta. Cuando los padres se enojen, deben evitar suprimir sus sentimientos; en cambio, deben aceptar y reconocer su ira. Los métodos eficaces para manejar la ira incluyen: contar hasta diez, darse un “tiempofuera”, salir a caminar, decir por qué se siente enojado, darse tiempo para platicar (por ejemplo, tener una junta familiar para plantear asuntos que se repiten)y aprender a hablar y no gritar

Al implementar estrategias sanas para el manejo del estrés, los padres pueden comunicar mejor sus sentimientos, manejar mejor la situación estresante y enseñar a sus hijos las maneras sanas y adecuadas de manejar el estrés y la ira eficazmente.

Cuando sea posible, los padres deben dedicar tiempo para calmarse antes de disciplinar a sus hijos. Es más eficaz enseñar a los hijos el comportamiento adecuado si se hace de una manera amorosa y justa. Los padres deben evitar criticar o culpar a sus hijos y nunca deben usar castigos físicos.

Dar nalgadas, golpear y empujar puede lastimar física y mentalmente a un niño.

Zarandear puede incluso causar la muerte en niños pequeños. El castigo corporal también enseña a los niños que el pegar es una forma aceptable de manejar la ira y el estrés.

Si los padres tienen preguntas y/o asuntos que enfrentar, el unirse a un grupo de apoyo o participar en clases para padres les ofrece la oportunidad de hablar sobre las luchas diarias y escuchar las sugerencias de otros padres que hacen frente a las mismas dificultades. Además, las clases pueden ayudar a los padres a aprender sobre las necesidades de desarrollo de sus hijos, sus comportamientos y las técnicas disciplinarias adecuadas.

Si la ira y el estrés continúan siendo un problema, los padres deben buscar ayuda profesional. Hay agencias y grupos de servicio a familias y de autoayuda que ofrecen apoyo a los padres.

Muchos conflictos familiares surgen por la falta de organización y estructura en la vida familiar diaria. Es más probable que los hijos de padres desorganizados sean desorganizados también, lo cual puede llevar a problemas en la escuela, a tensión entre los padres con otros hermanos y una baja autoestima debido a su incapacidad para completar y llevar a cabo tareas. Organizarse no tiene que ser tan difícil como parece.

Como familia, es necesario elaborar reglas familiares que incluyan lo que todo miembro de la familia debe o no hacer. Quizás convenga en algún momento hacerlas visibles, escribirlas y colocarlas en un lugar adecuado hasta que todos las hayan estudiado y ejercitado

Dé a sus hijos tareas o encargos adecuados que puedan cumplir fácilmente. Asegúrese de recompensarlos por cumplirlas. En ocasiones quizás solo sea suficiente elogiarlos por lo hecho

Elabore con sus hijos una rutina diaria y apéguese a ella. Por ejemplo, pídale a sus hijos que hagan su tarea tan pronto lleguen a casa de la escuela y antes de ver la televisión o hacer alguna otra actividad. Fije un horario para revisar la tarea de sus hijos

Junto con sus hijos, establezca una rutina para ir a dormir que pueda ayudar a todos a descansar de las labores del día. Esto les enseña a ser considerados y a comprender que papá o mamá pueden venir cansados de su trabajo y necesitan ayuda. Por ejemplo, establezca un tiempo de tranquilidad, una media hora antes de ir a dormir. Pida a sus hijos que usen este tiempo para leer en silencio, para escuchar música o este puede ser un buen momento para una tertulia en familia. Para los niños más pequeños, aproveche esta oportunidad para leer un cuento juntos en cama.

Incluya tiempo para su familia en su rutina semanal. Establezcan una noche para cenar o jugar en familia.

Aproveche este tiempo para saber en qué andan sus hijos. Pregúnteles acerca de sus tareas, sus amigos, sus expectativas y sus sueños. Hágales saber que usted está interesado en sus vidas.

Tenemos que esforzarnos para que nuestros hijos sean personas bondadosas y nobles porque ese el mayor deber que tenemos como padres e incide en su estatura como personas, si no lo son, su humanidad queda disminuida.

Si pensamos qué tipo de persona quisiéramos fueran nuestros hijos, seguramente pensaríamos en algunas de estas cualidades: que sean justos, honestos y confiables, que sean respetuosos de los derechos de los demás. Que respeten la autoridad, las normas y leyes. Que sean responsables por su propia conducta y que sientan preocupación por el resto de los seres humanos que los rodean.

Queremos que sean capaces de pararse en sus propios pies y no se dejen llevar por la moda o lo que suele hacer la masa. Que sean capaces de ser generosos y afectuosos.

Los niños no maduran como los mangos por el mero paso del tiempo sino por experiencias importantes que generan el desarrollo.

Los padres debemos promover la autoestima de nuestros hijos mediante la aceptación incondicional de nuestros hijos y esto se consigue si lo conozco lo suficiente como para ponderar sus debilidades y sus fortalezas

Aprender a corregir erradicando el verbo ser, Ej. Creo que te sentirías mejor si estudias más (hacer) versus sos una vagabunda (Ser). Diríjase a sus acciones y no a su persona

Sentarnos a evaluar las fallas y generar caminos para el progreso: preguntarles ¿que quieren?, ¿si sienten que lo pueden lograr?, ¿si están conformes con lo que pasó?, si necesitan ayuda para hacer un plan para salir adelante.

Hablar de los propios fracasos (en otro momento) de cuando me frustré, cuando me fue mal, cómo salí adelante. Reconocer nuestras propias debilidades, delante de nuestros hijos, y como las superamos, lejos de disminuirnos en nuestra autoridad, nos hace fuertes

La familia se construye y se trabaja con la participación de todos con ciertas estrategias como:

Insertarlos en el circuito de la colaboración con los deberes y la reciprocidad humana.

Las familias funcionan cuando cada cual aporta lo suyo, cualquiera que deja de hacerlo afecta al resto directa o indirectamente: hablar acerca de los efectos de la conducta sobre otros los hace ser mas humanos, o sea, mas comprensivos con sus semejantes.

Expresar las necesidades, dificultades, en que se requiera apoyo (que los demás se sientan necesarios) y saber reconocer y valorar los aportes y la colaboración de todos.

Discutir en frío posibles problemas y cómo debieran enfrentarse y por sobre todo por qué son problema (consecuencias).

Ser consecuentes con lo que consideramos correcto aún cuando suponga rechazo y rabia por parte de mi hija o hijo. Somos padres, no amigos. Somos cercanos pero como padres.

Ser autoridades racionales y no arbitrarias. Supone el dar las razones para las reglas que proponemos. La imposición nunca es bien aceptada.

Ser capaces de contenerlos emocionalmente, escuchar, recibir, preguntar y mediar para ayudar a comprender más que recomendar soluciones hechas.

No olvidar que aunque parezca difícil, como padres contamos con una base natural de empatia para lograr ese ambiente de comunicación y relación saludables

Practicar una disciplina inductiva con consecuencias naturales, sin retiro del afecto ni agresividad, con sentido común y muchísimas veces con sentido del humor: consiste en dar cuentas de nuestros actos, para que los hijos aprendan a hacerlo, mediante la comprensión de nuestros propios actos y la responsabilidad en la toma de decisiones aunque estas no hayan sido las mejores, expresando como me afectó a mi y a los demás(o como me podría afectar), como me siento frente a eso y por que lo elegí y como puedo reparar las consecuencias si lo que hice afectó a los demás

En la vida real los actos y consecuencias siempre son formativos aunque te equivoques

Las consecuencias naturales son los costos que se relacionan con la trasgresión o la falta que supone responsabilizarse por las consecuencias.

Son reparatorias porque requieren esfuerzo y alguna pérdida.

La agresividad y el retiro del afecto victimizan, dañan la autoestima, atentan contra la identificación y no promueven la asunción de responsabilidad.

Recordar que no podemos evitar que nuestros hijos sufran dificultades y desaciertos y sus consecuencias en sus vidas pero si podemos enseñarles a ser capaces de enfrentarlas, a no doblegarse ante las dificultades y saber sacar provecho de ellas

Los padres debemos desarrollar una cuenta corriente afectiva positiva como base del liderazgo familiar. Crear espacios de intimidad personal separados de los de tipo familiar. Cada hijo requiere que le den su espacio propio. Las relaciones diádicas (padre-hijo) deben cultivarse pues permiten generar real impacto e influencia y por sobretodo conocer y no prejuzgar.

Trabajar en equipo y ser consistentes y flexibles. Los padres deben operar en equipo frente a los hijos.

La familia es el equipo por excelencia en donde aprendemos como actuar en otros equipos

No contaminar relaciones con los hijos con conflictos de pareja. No desautorizarse. No convertirlos en mensajeros. No comparar los hijos ni generar alianzas. Discutir y coordinarse para enfrentar las dificultades

Si no confiamos en ellos, difícilmente ellos confiarán en si mismos.

¡No confiar en nuestros hijos e hijas supone en definitiva no confiar en nosotros mismos como personas y como padres!

Atrévete a ser un buen padre. Es sin lugar a dudas la mejor aventura de tu vida y la que te dará las mejores satisfacciones en la vida!

Lic Gina Jimenez Psicologa especialista en familia

resoluciondeconflictosgj@gmail.com