“Me he enamorado de una antigua novia”

 

Antonio era un chico de 35 años, estaba casado con María y hacía poquito que habían tenido su primer hijo, acudió a la consulta de psicología por problemas de ansiedad, por no encontrarse bien ni personalmente ni profesionalmente. Su historia podría ser algo común hasta aquí. Pero comenzó a contarnos como estaba viviendo un malestar con su mujer en la relación de pareja, porque se había enamorado de una chica con la que mantuvo hace unos años atrás una relación de pareja. Esta última no quedo cerrada y por lo cual se reactivo cuando un día puntual sus vidas se volvieron a encontrar.
Antonio estaba sintiendo con mucha intensidad sentimientos de enamoramiento que tienen que ver con las primeras etapas de una relación de pareja. Ya que cuando uno sigue hacia delante con ella, los sentimientos pueden ser menos intensos y aparecen otras claves que nos ayudan a desarrollar una madurez en el Amor.
Su caso resultaba complicado porque no puedes convencer durante la terapia a una persona de algo que no ve. Fue más que nada un proceso de acompañamiento y de favorecer unas claves para que ambos vieran como había algo dentro de su matrimonio que estaban olvidando, que no era exclusivamente un problema de Antonio o de María su mujer, sino de ambos. Estaban descuidando una parte que tiene que ver con el cuidado de su pareja, y a su vez quizás estaban entrando en una etapa nueva, que le señalaba su paternidad y necesitaban hacer algunos reajustes en sus vidas. Estaban viviendo unos cambios que son evolutivos pero con dificultad.
Finalmente pudieron volver juntos.

En este caso las claves que sirvieron en la terapia fueron:

  • Las habilidades sociales como terapeuta: la escucha, la empatía y la aceptación incondicional.
  • Favorecer no tomar decisiones premeditadas: “En tiempos de desolación no hacer mudanza”.
  • Hablar con los dos miembros de la pareja por separado al principio y después juntos.
  • El acompañamiento terapéutico para ayudarles en la reflexión sobre las dificultades. Una película que se le les recomendó fue “aprueba de fuego”. (os incluimos un video sobre ella).

 

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Lo que hace un padre

El papel del hombre en la familia

The Family Watch, 20 de febrero 2011.

20-02-2011

La Sección de Política Social y Desarrollo del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas ha presentado el 17 de febrero un nuevo documento sobre “El hombre en la familia y las políticas familiares en un mundo cambiante”. [El informe, que está en inglés, puede descargarse aquí.]

Los autores son expertos de distintos países convocados para este trabajo, que ha sido financiado por el Fondo Fiduciario de Actividades sobre la Familia de Naciones Unidas.
El primer capítulo del estudio se centra en un análisis global de la participación del hombre en el cuidado de los miembros necesitados de la familia, clave para la correcta construcción de la familia, el apoyo mutuo y su estabilidad. El segundo se centra en la paternidad y el rol social que cumple en los diferentes contextos culturales, con la interesante aportación del concepto de “paternidad social” para definir los contextos adversos en los que a veces el hombre tiene que ejercer la paternidad como consecuencia de la proliferación de rupturas familiares, porque los niños con los que convive no son sus hijos biológicos mientras quizá tiene hijos biológicos con los que no convive. También trata de la conciliación entre trabajo y familia desde el punto de vista del hombre, de las consecuencias negativas para la salud física y mental que tiene la ruptura familiar para el hombre y de los beneficios de la estabilidad.
A continuación, el Informe trata más directamente de los “padres vulnerables” y los “padres en contextos familiares vulnerables”. Trata de enumerar los entornos familiares problemáticos, en los que los hijos se ven separados de sus hijos por la separación o la privación de libertad, y avanza posibles soluciones para ayudarles a seguir cumpliendo con su tarea en esas circunstancias. En una segunda parte, analiza la situación de las familias en las que el padre abusa de los hijos o los descuida, con frecuencia por la incapacidad para hacer frente a la debilidad que se deriva del alcoholismo u otras formas de adicción, dejando a la madre sola en la atención de los hijos.
El siguiente capítulo se dedica al hombre en el contexto de la emigración por motivos laborales. Después de dejar constancia de que la emigración es un fenómeno que afecta a toda la familia, analiza los factores que la hacen cada vez más compleja y las diferencias entre la emigración masculina y femenina. Finalmente, se incluye una sección sobre el impacto que el VIH y el Sida han tenido en las familias de los afectados de distintos lugares.
El informe también inserta casi tres decenas de ejemplos de entidades de los cinco continentes que trabajan en proyectos relacionados con este tema, que sirven para dar una dimensión realista a los contenidos con los que se relacionan.
Aunque, como es lógico en un intento pionero, el Informe tiene algunas limitaciones y sus conclusiones no serán compartidas probablemente por todos, constituye un intento valiente y profundo de acometer la tarea de definir el papel del padre en la sociedad actual, tan alejado de quien se limita a aportar los medios económicos a la familia como del aquel cuya colaboración se mide exclusivamente por el grado de sustitución en las tareas del hogar. Como el propio texto indica, no podemos privar a los hijos de la figura de un padre al que tienen derecho y que necesitan para su adecuado desarrollo, y así como la igualdad no supone que la mujer imite en todo al hombre en el entorno laboral, tampoco significa que el hombre tenga que imitar en todo a la mujer en el entorno familiar. La verdadera igualdad exige la complementariedad de lo que cada uno puede aportar en ambos ámbitos, distinto pero igualmente necesario.

Fuente: www.thefamilywatch.org

Padres por primera vez

Resulta increíble que en la actualidad se hable tanto sobre información y, sin embargo, cuando por vez primera nos convertimos en padres, muchas veces poseemos conocimientos equívocos acerca de la paternidad en general. Esto es resultado en gran parte por la influencia que los medios de comunicación llegan a tener sobre nosotros al ofrecernos un prototipo de paternidad y maternidad generalmente idealizado o hasta tiranizado.

En general, han llegado a presentarla más bien como una realidad en la cual la mujer está llamada a sufrir, por lo que muchas veces la madre se ve superada por su propia maternidad, y respecto a la cual el hombre llega a desentenderse por completo, realidades ambas que sin más, son parte de la propia naturaleza del ser hombre o mujer que los ha dotado con la capacidad para que unidos por un lazo común de entrega y amor, puedan llegar a ser progenitores.

Los hijos, no son exclusivos del padre o de la madre ya que no son realidades excluyentes entre sí, muy por el contrario, han de complementarse y sumar esfuerzos asumiendo la paternidad como una tarea en común. Desgraciadamente, en la práctica la realidad muchas veces es otra: la madre asume la responsabilidad total de la crianza y educación de la prole, mientras el padre se limita a ser quien mantenga a la familia.

Efectivamente, la figura materna en los primeros años de vida del ser humano, se ha comprobado es primordial para el óptimo desarrollo del niño. Sin embargo, esta afirmación ha hecho pensar equívocamente a muchos que la ausencia de la figura paterna no es indispensable dentro de la rutina que se vive en un hogar y en relación directa con la tarea de educar a los hijos.

Bajo esta absurda postura, todos salen perdiendo: el padre, por no compartir con sus hijos cada una de las etapas de crecimiento de éstos con la gratificación que esto implica; y los hijos, por verse privados de la compañía y enseñanzas de un padre que seguramente tendrá más cariño que dar y muchas más cosas que enseñar, que cualquier otra figura masculina a la que puedan recurrir, ya que tarde o temprano, ambos buscarán identificarse tanto con el rol masculino como con el femenino, precisamente en aquellos que les resulten más familiares y cercanos, y es ahí precisamente donde deben de encontrar no solo presentes, sino también disponibles a ambos padres.

“La experiencia, el cariño y la presencia de los padres acompañan a la persona en su biografía y aún más cuando en los primeros años de su vida depende totalmente del cuidado de sus progenitores. De ahí que para que los hijos desarrollen plenamente todas sus capacidades, han de vivir dentro de un ambiente estable y acogedor, digno de su naturaleza de persona, lo cual solo es posible dentro del núcleo familiar en donde los cónyuges uniendo esfuerzos pondrán todos los medios que estén a su alcance para lograrlo, apoyándose en el mutuo amor que se tienen y que es extensivo primordialmente a los hijos y, por ello, trascendiendo cada uno sus propios intereses, deben volcarse en busca del bienestar de sus hijos.” (1)

Paternidad y maternidad son realidades sumamente complejas. La primera y más importante responsabilidad de traer al mundo un hijo, es la de procurar formar a una persona independiente e integra a través de la educación, presencia y cariño de ambos padres. La persona comienza a formarse en esa individualidad ya desde el momento de su concepción y más activamente a partir de su nacimiento.

Paradójicamente, es precisamente cuando el ser humano depende de una forma más directa que nunca de sus padres para lograr su subsistencia a través de la satisfacción de sus necesidades más primarias como son el comer, dormir y vestirse, así como también y no menos importante el recibir atención y afecto. Luis Gadea considera que la ausencia de dichos cuidados puede llegar a ser desastrosa y afirma que “si desde el momento en que nace, el niño no está rodeado de amor genuino de sus padres, si su atmósfera familiar no le brinda la atención y los cuidados solícitos que requiere, entonces hemos de pagar nuestro fracaso frente a la próxima generación al tener que vivir en un mundo desgarrado por el miedo y el odio, poblado por seres desdichados malogrados en el amor y en la amistad”. (2)

Esta, parece ser una afirmación un tanto fuerte, pero si reflexionamos un poco nos podemos dar cuenta que efectivamente, todos los problemas y conflictos que se viven actualmente en nuestra sociedad, de una u otra forma tienen sus raíces dentro del núcleo familiar, donde su desintegración o la ausencia de alguno o ambos padres, así como la violencia intrafamiliar, pueden llegar a ser factores realmente desastrosos para el presente y futuro de cualquiera de sus miembros.

La crianza y educación de un hijo aún siendo un gran gozo para los padres, ciertamente no es tarea fácil, y menos aún cuando se trata de una experiencia nueva tan llena de responsabilidades como cuando se es padre o madre por vez primera. Muchos afirmaran que para ser padres no hace falta prepararse, puesto que la vida misma se encargará de hacerlo.

Efectivamente, tanto la mujer como el hombre llevan arraigado desde el momento del nacimiento dentro de su natural forma de ser femenino o masculino, esa posibilidad de algún día poder llegar a ser partícipes de la grandeza de la paternidad; para eso tan solo se necesita la unión de los cuerpos. Sin embargo, tampoco puede negarse que una cosa es procrear y otra muy diferente acompañar y ayudar a los hijos en su tarea de crecer y llegar a desarrollar día a día su potencial para llegar a ser personas de bien.

“Tal es la razón por la que urge que los padres de familia se preparen para serlo, cuidando en primer lugar lo que reflejan como matrimonio ante sus hijos y después tratando de afinar en todas aquellas cualidades y virtudes que les caracterizan y que inculcan de modo natural en los hijos. Por tales motivos “la casa”, ese “techo común”, es el sitio ideal para introducir a los hijos en el universo de las realidades esenciales: el amor a la verdad, el bien, la justicia, la belleza, la armonía, la paz, la responsabilidad, el trabajo, la alegría… etc., en un clima de libertad. Es allí donde, de modo propio, se vela amorosamente por las necesidades de orden material y corporal de los niños, y donde entran en contacto primariamente con la dimensión espiritual y los valores trascendentes.” (3)

Así, los padres tenemos la obligación de prepararnos y adquirir las herramientas que nos permitan hacer frente a los obstáculos naturales que la vida nos ha de presentar al ir tratando de educar a nuestros hijos. No es lo mismo enfrentar una situación determinada sabiendo de antemano que posiblemente podía suceder, que recibirla totalmente de sorpresa.

En ambos casos se ha tenido que vivir lo mismo; la diferencia está en la forma de enfrentarlo. La angustia que muchas veces pasamos con respecto de lo que le sucede a los hijos, muchas veces no tiene razón de ser ya que tomamos como fuera de contexto situaciones que en realidad son normales que ocurran en ciertos periodos concretos de madurez y desarrollo de la persona en sus distintas etapas de crecimiento. De ahí la importancia de estar informados y conocer las diferentes etapas por las que los hijos han de pasar para alcanzar la edad adulta.

La vida nos convierte en aprendiz de padres con el nacimiento del primer hijo, y la enseñanza y aprendizaje no terminan ni aun después de haberlo experimentado por más de una vez y los hijos se hayan convertido en adultos.

Paternidad y maternidad son realidades que se arraigan en nuestro ser y no dejan de existir nunca, ni aún después de la muerte se deja de ser el padre o la madre de tal o cual hijo y es una cadena interminable que va de generación en generación estrenándose siempre en esta experiencia única de ser padres por primera vez.

Y lo cierto es que existe una realidad que no se puede negar: Cada hijo, sea el primero o el último de una familia numerosa o no, cada uno por su indiscutible individualidad e irrepetible singularidad y valía, es único y siempre serán recibidos al momento de su nacimiento como si fueran siempre los primeros.

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1 URDANETA Casas, Maria Isabel y VELASCO Gómez Alejandra. La importancia de la comunicación interpersonal entre madre e hijo para el óptimo desarrollo del bebé. Introducción p. IV Tesis de licenciatura, México, 1994.

2 GADEA de Nicolas, Luis. Escuela para padres y maestros. P22 Ed. Cedi, México, 1991.

3 CUELLAR, Hortensia. El niño como persona. P. 192 Ed. Minos, México, 1990.

Fuente:encuentra.com

LA SOMBRA: La dificultad de ser padres es una crisis de la esperanza.

 

El hecho que la crisis de la paternidad que aflige de un modo verdaderamente preocupante a la sociedad occidental del bienestar en declive demográfico, tenga que ver con una crisis de la esperanza es una afirmación generalmente compartida. El eclipse de la paternidad es la expresión radical de la enfermedad de la libertad, la cual, separada del origen y los vínculos, acaba necesariamente perdiendo todo impulso hacia el futuro replegándose en el proyecto de una autorrealización individualista.

Otra razón que nos impide entender correctamente el matrimonio como un auténtico camino de santidad es la separación existente en algunas personas entre el ejercicio de la libertad humana y la verdad de la entrega de la vida como plenitud. Nos referimos a la disociación sufrida en la comprensión entre ser esposo y ser padre, ser esposa y ser madre. La dramática ruptura entre el amor de un hombre y una mujer y la fecundidad. Esta fragmentación es signo de una separación entre vocación y santidad que afecta de forma directa al matrimonio. Si la paternidad se considera electiva y a merced del arbitrio humano, entonces ha dejado de ser imagen de la Paternidad divina, de la santidad de Dios. La santidad, en todo momento es una exigencia de una paternidad, de una generosidad última, imagen de la generosidad inicial de Dios de la que no somos dueños, ni árbitros, sino sólo intérpretes.

La crisis de la paternidad y la maternidad

Se manifiesta en la dificultad o incluso el rechazo de asumir el peso, que se advierte como excesivamente gravoso, de dar vida a los hijos. Aumentar la familia, más allá de la pareja, no se da ya como algo que viene de por sí, no se acepta como una dinámica de desarrollo natural del amor conyugal. Hoy, más bien, se vive como una decisión a tomar, una grave decisión, y a menudo la autorrealización de la misma pareja pasa a ser el criterio prioritario de tal elección. El hijo aparece como un proyecto humano que es evitado o es, por el contrario, querido directamente, incluso a toda costa, llegando a acudir a los mediante medios artificiales para suplir la esterilidad conyugal. Evitar un hijo o producirlo, parecen dos actitudes contrarias, pero en realidad son las dos caras de una misma concepción del hijo, que pasa a ser visto como el producto de la elección de los padres.

Pero esta crisis de la esperanza va más allá. La realidad, hoy, es que impera una mentalidad “anti-vida” (Evangelium vitae, 28) que no ve la vida como una bendición, sino como un peligro del que hay que defenderse. Se ha discutido mucho sobre las causas de la disminución del número de hijos. Se habla, sobre todo, del progreso económico y de los cambios de las condiciones de vida que ese progreso ha traído consigo (recuérdese los “dinky”). Miedo, angustia, egoísmo, ignorancia, todo esto ha contribuido al nacimiento de la mentalidad anti-vida que desconoce o rechaza la inmensa riqueza espiritual de la vida humana. Pero la razón última de esta mentalidad es, como dice Juan Pablo II, la ausencia de Dios en el corazón de los hombres, cuyo amor es más fuerte que todos los miedos del mundo juntos, y los puede vencer ( Familiares consortio, 6. 30).

LA LUZ: Llegar a ser padres y madres: volver a encontrar la esperanza del futuro

Pero la esperanza no vive de sí misma, es la más sorprendente de las virtudes; para poder esperar es necesario haber recibido una gracia verdaderamente grande, es necesario ser muy feliz, decía Charles Péguy 3.

La sobreabundante fecundidad del don originario fructifica en el sacramento del matrimonio como una apertura generosa a comunicar el don recibido. “La grandiosa ley del amor ¿no es acaso la de darse el uno al otro, para darse juntamente?”. No se trata ahora de una regla impuesta extrínsecamente, sino de la dinámica inscrita en el amor. Y por tanto, la paternidad y la maternidad no se configuran ni como un proyecto puramente humano que haya de ser deliberado con cautela en orden a construirlo desde las propias fuerzas, ni como un pretencioso derecho absoluto como si el hijo fuese el objeto de una reivindicación.
Ya no se ve como algo meramente electivo del hecho de “ser esposo”, sino que son dimensiones de una misma vocación.

Nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2220) que «los padres no sólo dan lugar al hijo en cuanto origen, sino que lo sostienen continuamente en el camino de la vida, lo alimentan, lo educan, lo preparan y lo conducen hacia la madurez. Y, en el caso de los padres cristianos, le transmiten la fe». Los padres son cooperadores del amor de Dios Creador y son los representantes de Dios en su paternidad y los primeros en transmitirles la experiencia de un amor incondicionado, gratuito e irrevocable, que permita a los hijos responder con gratitud y obediencia. Esta experiencia del amor gratuito de los padres conduce a la experiencia del amor gratuito de Dios.

Terminemos ofreciendo una nueva luz de esperanza sobre las familias…

LA LUZ: familia, tú eres el gozo y la esperanza

Era el 8 de octubre de 1994 cuando Juan Pablo II celebraba la vigilia de la I Jornada Mundial de la Familia y recordó el Concilio Vaticano II. A la pregunta clave de: “Iglesia, ¿qué dices de ti misma?, el Concilio afirmó que la Iglesia es “Luz de las Gentes” ( Lumen Gentium). Luego convirtió este recuerdo en desafío y preguntó a su vez: “Y tú, familia, ¿qué dices de ti misma?” La respuesta fue clara, ya indicada en el Concilio:

“Familia, tú eres Gaudium et spes!”; “¡Tú eres el gozo y la esperanza!”.

La indicación era clara: no se puede responder a esta pregunta con la solución de problemas, sino con una vida llena de gozo que genera la esperanza entre los hombres.

Querría ilustrar este tercer apartado con dos películas italianas: “La vida es bella” de Roberto Benigni (1997) y “Casomai” (Comprométete, 2002) de Alessandro D’Alatri.

1. “La vida es bella”
nos demuestra cómo en las circunstancias más adversas se puede hacer familia. Su enseñanza: el gran problema del matrimonio y la familia actualmente es que ha dejado la iniciativa a las circunstancias y a la sociedad, como esperando tiempos mejores y la consecuencia de esas circunstancias son cada vez más complejas.

La película nos invita a devolver el protagonismo a las familias. Son ellas las protagonistas de sus propios matrimonios y de sus familias. En eso no pueden delegar en nadie. Tienen su propia historia, que es una historia de amor, en la cual las circunstancias que viven no son sino verdaderas llamadas a responder con un amor siempre nuevo. Es de este modo como el plan de Dios sobre el matrimonio y la familia se entiende que no es simplemente un conjunto de exigencias, es una llamada a una vida en plenitud.

2. “Casomai” (Comprométete) podría traducirse en español como “En el caso de que sucediera”. Se trata de la ficción que un joven sacerdote recrea en la boda de unos novios, figurándose cómo podría llegar a ser su futuro. La novedad de este largometraje está en manifestar con toda crudeza que la aventura del matrimonio requiere una esperanza verdaderamente fundada, pues si es cierto que una vida sin esperanza es muy triste, aún hay algo más triste, y es tener una esperanza sin fundamento. La trama de la película va sugiriendo cómo entre los diversos fundamentos en los que se apoya la esperanza que anima la vida del matrimonio, uno imprescindible es la ayuda de la sociedad, de los amigos, de los profesionales, de la legislación. Con verdadero arte el director va mostrando paso a paso cómo un matrimonio, rico de promesas, acaba naufragando precisamente por la soledad en la que se encuentran al ver cómo la sociedad vuelve la espalda a su esperanza.

En conclusión, ninguna sombra o crisis podrá desnaturalizar la esencia de lo que es la familia. La familia es… la luz que nos guía en el camino de ser felices…santos. Por todo ello,

Es en la familia donde creo, donde amo y donde espero.

Ramon Acosta Peso – Master CC Matrimonio y Familia – 3 hijas

fuente: bpf.laiconet.es

Paternidad escamoteada

(Por María Calvo, La Gaceta de los Negocios, 2008-08-05)
La lucha por la igualdad ha sido, para algunas feministas radicales, una batalla contra el hombre, encontrando su culmen en el deseo de algunas mujeres de concebir hijos sin la intervención de aquel. De este modo, la ingeniería genética amenaza con su total destitución al resultar prescindibles para la reproducción de la especie. El verdadero problema surge cuando estas aspiraciones individuales superan el ámbito de lo privado para recibir reconocimiento legal.

La función del padre ha sido desprovista de valor, la sociedad no les tiene en cuenta. Como afirma García Morente, es por medio de la intervención paterna como el niño choca contra el mundo del adulto y sufre los dolores de tropiezo con una realidad –siquiera sea fragmentaria– que ya no es su propia realidad por él creada, sino “la realidad”; favoreciendo la conducción de la infancia a la hombría y evitando así que el niño vaya creciendo sin incorporarse al mundo del adulto, perdurando indebidamente en la vida pueril.

El pediatra Aldo Naouri, considera esencial la figura paterna que rompe la dependencia del niño con la madre, imponiendo el transcurso del tiempo y ubicándole fuera del universo uterino atemporal. Lo que le permite percibirse plenamente como ser vivo.

En ausencia de padre, surge una relación de pareja entre la madre y el hijo, una unión indisoluble, sin jerarquía, que perjudica el equilibrio psíquico de ambos. La relación paterno-filial se coloca en la antípoda de la madre y es esencial para que el niño asuma su propia individualidad, su identidad sexual y la autonomía psíquica necesaria para realizarse como sujeto.

La negación de la función paterna pone en peligro a toda la sociedad, pues, aquellos niños, una vez adolescentes, no tienen otro medio de probar su virilidad más que oponiéndose a la mujer-madre, incluso por medio de la violencia.

La alteridad sexual y la filiación se derivan y se fundan en el amor entre el padre y la madre. Se plantean problemas antropológicos, morales y simbólicos al otorgar un marco jurídico a una forma de reproducción que no tiene la misma naturaleza, ni finalidad que la resultante de la alianza entre un hombre y una mujer, fundamento del vínculo social.

Si se deprecia al varón, hombre, padre, se deprecia toda la condición humana. Es urgente recuperar la función paterna, que permite al niño resolver el complejo de Edipo, diferenciarse de la madre, recibir la masculinidad y, en definitiva, aceptar la realidad y crecer como un hombre libre.

El padre, la figura a la que idolatramos desde niñas

ABC, España, 2010-03-19

En esta semana conmemoramos la festividad del día del padre (España), pero no creo que debamos mirar al calendario y señalizar este día. Lo ideal sería recordar que ellos están esperando nuestras palabras de cariño cada vez que estamos a su lado, al igual que ellos hicieron cuando nos tenían en sus brazos.

Dos cortas pero hermosas palabras aprendemos siendo muy niños. Son las primeras que pronunciamos, son las que siempre tenemos en mente cuando algo nos ocurre. Las dos palabras, papá y mamá, estarán siempre con nosotros.

Son ellos las dos personas que por encima de todas las cosas, se entregarán a nosotros cuando necesitemos cualquier cosa. Siempre serán las dos figuras más importantes para cualquier niño: el padre y la madre. No es de extrañar, que cada año, les dediquemos un día, un simple ratito de nuestro tiempo libre para hacerles la vida más agradable.

En esta semana, se conmemora el día de S. José, que desde hace años es el dedicado a festejar la figura paterna. Muchos hijos ya adultos, recordarán a su madre con dulzura, con ternura, con un inmenso amor y al padre con un gran afecto y una inmensa devoción, por ello, casi nunca se nos olvida esta fecha tan importante en el calendario.

A veces he escuchado en varias reuniones, conversaciones con amigas, o algún artículo en revistas de psicología, que las niñas quieren a las madres, por lo que representan, por lo que son, porque es la persona que más nos ama en el mundo, porque excepto en casos muy raros es la persona que se entrega irremisiblemente y sin condicionamiento alguno a sus hijos, pero la figura paterna .., no lo es menos.., sobre todo.., para las hijas.

La niña, desde muy pequeña, siendo una criatura, empieza a ver en su papá un ejemplo a seguir, lo admira y lo idolatra, y ve en su progenitor el mejor prototipo de hombre. Siempre, en mi memoria, recordaré las escenas más gratificantes de mi padre, los ratitos que jugaba con nosotros, aún viniendo cansado del trabajo, aunque no pudiese mantener en pie después de una larga jornada de trabajo y con que alegría nos ofrecía algún presente conseguido ese día.

El cansancio físico nunca le importó a la hora de jugar con sus hijos un ratito.., y después .., con sus nietos… No hace falta ningún regalo para festejar este día. No hacen falta grandes celebraciones ni ostentosos obsequios.., solo un recuerdo y unas palabras en las que le hagas saber que siempre lo tendrás en tu memoria. Un padre solo necesita un poquito del grandioso amor que él supo dar cuando más lo necesitábamos. Los que fuimos hijos, y ahora somos padres…, es lo que imploramos.

La importancia de la familia para el estado de bienestar


Estudio del Instituto de Estudios del Capital Social (INCAS) del Centro de Investigación y Desarrollo Empresarial (CIDE) de la Universidad Abad Oliva CEU, sobre la importancia del matrimonio, la paternidad, la maternidad y el parentesco para el Estado de bienestar y el crecimiento económico
La sociedad experimenta un conjunto de problemas y disfunciones de las instituciones consideradas insustituibles socialmente valiosas (IISV) como el matrimonio, la paternidad, maternidad y descendencia y las relacionadas con estas. En este contexto se da la contradicción de que en vez de legislar para intentar reducirlos, el cuerpo jurídico los eleva a rango de canon y de modelo deseable, de forma que aquello que sólo debería ser considerado la consecuencia legal del ejercicio de la libertad personal, pero que no acontece positivo desde la perspectiva social, es convertido en norma sancionada por la ley e incluso potenciado. Es una obviedad que en razón de un modelo socialmente deseado, un elevado número de actividades ejercidas están intervenidas y limitadas porque existe una idea de valor social previo que determina la limitación o por el contrario su reconocimiento legal. El fumar es libre pero socialmente inconveniente y por lo tanto limitado, pese a que durante muchos años se ha considerado inocuo y es fuente importante de ingresos para el Estado. Existe, por lo tanto, por parte de los poderes públicos y mediáticos un criterio moral sobre qué es deseable o no para la colectividad, y la mera existencia de un fenómeno social, no presupone su aceptación como valioso. Esta manera de juzgar la realidad no se aplica en la concepción que guía el matrimonio, la paternidad, la familia y por extensión el parentesco, que tienden a ser menos valorados pese su valor para la sociedad, para el crecimiento económico y para el estado del bienestar, como expone el estudio.

Los contenidos

En la primera parte el estudio se definen los conceptos de matrimonio y familia, poniendo énfasis en el hecho de que la estructura básica de la sociedad es el matrimonio. Este hecho continúa siendo la base, con un aumento de la viudedad ocasionada por la mejora de la esperanza de vida, así como también del número de familias monoparentales dada la mayor abundancia de las rupturas matrimoniales. En un plano diferente, se da la recuperación de la vieja forma de la cohabitación (parejas de hecho). En este sentido no se puede hablar de “familias tradicionales” y de “nuevas familias”, porque la estructura “tradicional” es numéricamente la familia: matrimonio y viudedad por una parte; familias monoparentales fruto de un matrimonio desestructurado, por lo tanto una disfunción de la pareja, y parejas de hecho; cohabitación, una fórmula de convivencia que obviamente no tiene nada de nueva, sino que acompaña al matrimonio desde sus inicios. Por lo tanto y con propiedad, sólo cabe referirse a las nuevas familias como a las familias reconstituidas provenientes de una ruptura anterior -y que por lo tanto también tienen su origen en el matrimonio o la cohabitación; la novedad radica en la ley del divorcio que permite el nuevo matrimonio y los matrimonios homosexuales, estos sí realmente nuevos. Lo que si es nuevo es la voluntad política de institucionalizar un comportamiento por el simple hecho de existir como realidad social, y considerar las disfunciones de las instituciones sociales por primera vez en la historia, no como tendencias a reducir y limitar, sino como realidades a institucionalizar y fomentar. En realidad, lo que está sucediendo es que la idea de lo “nuevo” oculta la destrucción de la infraestructura social que hace posible el modelo social y económico que denominamos occidental. El estudio lo considera totalmente desacertado dado que el modelo estructural sobre el que se asienta la sociedad parte del matrimonio: a partir de él se articulan relaciones ascendentes, colaterales y descendentes de consanguinidad -las más numerosas-, y de afinidad. Este conjunto amplio es el parentesco, que junto con la dinastía tiene una importancia insustituible en la articulación de la sociedad y su actividad económica, puesto que mientras que el matrimonio constituye el productor primario de capital social por la vía de la descendencia y su educación, el parentesco es la red secundaria que lo multiplica. El estudio destaca que la confusión radica en que, en parte, y debido precisamente a su abundancia “natural”, los poderes públicos hoy se inclinan a actuar y legislar como si la alteración de sus estructuras y finalidades no tuviera importancia, como si en un ejercicio mágico la asignación del nombre “matrimonio” a la unión entre dos personas del mismo sexo, o del “modelo familiar” a una familia desestructurada, ya comportara que dispongan de los mismos atributos generadores de beneficios sociales que el matrimonio y la familia funcional, sostenible.

En realidad, cuando se utiliza el concepto de “nuevas familias”, se está refiriendo a un grupo heterogéneo donde no necesariamente todos sus componentes pueden ser calificados de nuevos, sino que su común denominador radica en otro punto: la mayoría tienen su desarrollo y finalidad situado en el imperio del deseo o en la ruptura. Es decir, en la supremacía de la desvinculación por encima de la solidez del compromiso. Esta no es la condición real de la familia, el desarrollo de la cual obedece a lógicas vinculadas y dotadas de un mayor compromiso personal y, por lo tanto, generadoras de confianza. En cambio, la exclusividad del deseo, el hecho de que haya logrado la condición de hiperbien, está en el fundamento del número de rupturas. La estrategia de la sanción legal como mecanismo para conquistar la “normalidad” de las pulsiones del deseo es lo que subyace tras estos planteamientos, y malogra la infraestructura social que componen las IISV, concretamente las ligadas con la paternidad y la maternidad: si el matrimonio como vínculo fuerte y estable ya no tiene como función singular la descendencia y el compromiso personal y social con su educación, si ya no es esto lo que señalan las leyes, la cuestión es clara: ¿cuál es entonces la institución social que tiene como finalidad fundamental esta misión? La erosión del concepto de pareja estable comprometida ante la sociedad y con voluntad de descendencia, hace que el comportamiento de los individuos se vea sustancialmente modificado, porque el marco de referencia básico e insustituible, matrimonio-padre-madre-hijos, se pierde.

A continuación el estudio hace un repaso a la actual problemática relacionada con la natalidad y el envejecimiento de la población, con especial énfasis en la cultura antinatalista de España y Cataluña, que se explica por razones socioeconómicas, el impulso consumista, el aborto y la nueva versión del divorcio, especialmente este último, dado que el matrimonio pasa a ser un contrato que puede ser disuelto unilateralmente sin alegar ninguna causa, a la vez que se rechaza la conciliación y la mediación en caso de conflicto en el marco de la Ley de Protección Integral contra la Violencia de Género. Así pues, se considera que la legislación española va contra una institución que no tan sólo ocupa un papel vital en el traspaso del trabajo de una generación a otra, sino que también protege y vela por los hijos, es una forma de cooperación social y económica, y regula la actividad sexual. El matrimonio socialmente deseable, el modelo sostenible, y la familia, vienen definidos por la unión de un hombre y una mujer con vocación de permanencia, abiertos a la descendencia y con capacidad de educarla, formalizada en un pacto jurídico, de naturaleza religiosa o civil. Esta unión expresa, por lo tanto, una vinculación fuerte personal y pública, ordenada por su misma naturaleza al bien del cónyuge y de la descendencia.

Este modelo está relacionado con la concepción y sistema de valores que han hecho posible la organización económica fundamentada en la empresa privada y la economía de mercado, la perspectiva del largo plazo, la educación de los hijos y el estado del bienestar. El concepto de sociedad entendida como una colectividad organizada de personas que habitan en un territorio común, que cooperan en grupo en la satisfacción de las necesidades fundamentales, compartiendo una cultura común y funcionando como unidad social distinta, no puede existir en buenas condiciones sin el matrimonio estable y la descendencia, de forma que en la medida en que las disfunciones aumentan, también lo hacen los costes sociales y la pérdida de capacidad económica.

La naturaleza de las Instituciones Insustituibles Socialmente Valiosas

Estas instituciones que merecen el calificativo de valiosas y que no pueden ser reemplazadas por ninguna otra, pueden ordenarse en tres niveles diferentes.

La institución fundante de la sociedad es el matrimonio. Él es la única IISV que tiene la capacidad primaria básica de generar descendencia y prepararla, conducirla, esto es, educarla para su mejor participación en la sociedad. Por lo tanto, la sociedad depende de esta fuente primaria en exclusiva. Históricamente el matrimonio se justifica y explica por su capacidad de dar paso a las instituciones de la paternidad, maternidad, filiación y fraternidad, por la vía de la descendencia. El matrimonio es jurídicamente un contrato y, como tal, con derechos y deberes recíprocos que tiene la finalidad social de fijar las relaciones estables entre un hombre y una mujer con vistas a la procreación. Su fijación jurídica es exactamente la descendencia. Si este hecho no define la naturaleza del matrimonio, ya no es la causa necesaria, entonces el matrimonio como institución fundante de la sociedad deja de existir aunque se mantenga el nombre. La capacidad histórica del matrimonio acontecido familia, una variable vinculada al progreso técnico y por lo tanto a la productividad total, unido a la conciencia social, es lo que ha hecho posible el estado del bienestar de Europa, una de sus especificidades de vocación universal más positivas. A partir del matrimonio se articulan el resto de IISV de carácter primario, como la paternidad y maternidad, la familia, fraternidad, el parentesco y la dinastía.

Sobre aquella estructura primaria se generan y se ordenan las otras instituciones sociales valiosas e insustituibles. Se trata de la escuela, las confesiones religiosas, la comunidad de trabajo que hoy denominamos empresa, la comunidad de vida: el barrio, pueblo, ciudad; la comunidad nacional. Todas ellas son previas al Estado e independientes de él. El Estado no puede tener la pretensión de actuar sobre la naturaleza de las instituciones de primero y segundo orden y transformarlas porque su origen y desarrollo no está en las leyes parlamentarias sino en la historia, la tradición, el derecho natural y el derecho consuetudinario.

El estudio continúa analizando las relaciones entre la economía y la familia. Una mirada a la historia económica y a la situación de muchos países de hoy, revela precisamente la importancia de los negocios familiares. Más de las tres cuartas partes de las empresas registradas en el mundo industrializado son negocios familiares y, en Europa, algunas de estas incluyen empresas verdaderamente importantes. Hay una estrecha relación entre el dinamismo económico y empresarial, la inversión a largo plazo y la capacidad de emprender proyectos importantes, la disponibilidad de ahorro para financiarlos, lo que implica un cierto grado de frugalidad, al menos relativa, y el pago puntual. Naturalmente como no se trata de un proceso “mágico” la razón de estas virtudes económicas no está en el nombre de la cosa, es decir a qué le llamemos “matrimonio”, sino en la capacidad de la institución que designamos con este nombre para desarrollar determinadas funciones y generar un determinado sistema de valores.

Descendencia y dinamismo económico

El dinamismo económico de una sociedad depende del horizonte temporal de sus decisiones. Cuanto mayor sea éste, mayor será el ahorro, menor el tipo de interés y mayor la inversión en I+D y la inversión de capital. Para que exista una cultura del largo plazo en una economía de mercado es necesaria la existencia de una concepción dinástica; es decir, la proyección de la familia a lo largo del tiempo por la vía de la descendencia. De este modo, se concluye que la mejor estrategia para dinamizar la economía a largo plazo es la propia natalidad: la que surge de matrimonios estables que apuestan por la continuidad, es decir, por el futuro y que tienen una perspectiva dinástica, más o menos explícita. Y la mejora de la natalidad exige unas condiciones de conciliación de la vida laboral y familiar importantes, que en España no se han producido, ni los gobiernos autonómicos han manifestado ningún interés en promover, así como servicios de asistencia, empezando por el más elemental de todos como es la guardería.

Cómo es bien sabido, la economía de mercado necesita un elevado margen de confianza y una planificación estratégica a largo plazo. Por lo tanto, si el único horizonte vital posible es el de mi satisfacción, nadie plantará un roble, ni prevalecerá la investigación, ni la democracia sabrá hacer frente a los problemas de largo plazo, porque cada vez más se concentrará en aquello más inmediato pese a no ser lo más importante. Si se altera la antropología de la caracterización hombre-mujer como la única identitaria de la especie humana, toda la concepción subsiguiente y el sistema de relaciones que construye se degrada, y con él, el sistema económico.

Con el debilitamiento del vínculo conyugal, algunos factores fundamentales entran en quiebra: la capacidad de decidir a largo plazo y la confianza, en cuanto que atributo básico de una sociedad para que pueda producirse y disponer de capital social. En este punto, se apunta la relación entre el declive del parentesco y la pérdida de capital social y su ulterior efecto sobre la producción en razón de las pautas de confianza, participación y responsabilidad en que educa la familia, y que son necesarias para un buen funcionamiento de las empresas y de la economía de mercado. La educación que se recibe en el marco familiar es vivencial y experimental. Es fijada en los propios códigos de conducta y transmitida mayoritariamente por el ejemplo más que por el discurso. Esta es la razón que hace tan difícil que esta función pueda ser suplantada de manera general por la escuela, al menos en los términos actuales, y especialmente por las escuelas sin ideario. El sistema escolar no puede sustituir la pérdida de capital social que se produce por las disfunciones de las instituciones del matrimonio, la paternidad y la maternidad.

La amplificación de las disfunciones: ideología de la desvinculación y perspectiva de género.

En la segunda parte el estudio se aborda la cultura de masas y, concretamente, la ideología de la desvinculación. La doctrina desvinculada considera que la auto realización individual sólo es posible por la vía de la satisfacción del deseo individual. El deseo es visto como la manifestación de la autenticidad humana y, por lo tanto, debe ser respetado estrictamente, porque de lo contrario se limita la libertad, más exactamente la autonomía personal. A la ideología de la desvinculación se añade una descripción de la ideología de género o feminismo de género, ideología esta que, a imitación del marxismo, se declara auto explicativa y omnicomprensiva de la sociedad y la historia, sostiene que la mujer está presa en un sistema patriarcal opresivo, y deriva en la práctica política en un movimiento antihombre. La fracasada ley española de Protección Integral contra la Violencia donde la condición masculina está discriminada, y la conciliación expresamente prohibida, es un ejemplo de ello. Considera esta teoría que la mujer ha de identificar sus intereses como mujer, antes que sus deberes personales hacia la familia, esto es, hacia el vínculo. Es evidente que una dialéctica de este tipo por parte del hombre y la mujer hace inviable el matrimonio, porque cada parte no busca la cooperación sino que primero antepone el propio beneficio en una variante del juego del prisionero. La ideología de género sostiene que es sobre el matrimonio, la familia, la escuela y la Iglesia donde hay que centrar la acción de “deconstruir”, porque en ellas radica la razón objetiva de la existencia de las clases, y no en los modos de producción, que es su segunda derivada. En realidad, la tesis última es muy simple: el sexo implica desigualdad. Los hombres no disfrutarían del privilegio masculino si no hubiera “hombres”. Y las mujeres no serían oprimidas si no existiera la “mujer”. Acabar con el sexo/género es acabar con el patriarcado y por lo tanto con la injusticia. El trasfondo común, y este es un aspecto a subrayar, no es el de “la aceptación” social de otras formas de relación sexual, sino el considerar intrínsecamente negativa la heterosexualidad con roles ajustados al sexo y hacerla sinónima de dominación machista. En realidad, la heterosexualidad es percibida desde la perspectiva de género, como una consecuencia de la condición masculina y por este hecho, opresora. Su finalidad profesa es la eliminación de la familia biológica para, de este modo, suprimir la represión social. No hay ninguna duda de que la familia, la que denominan “tradicional” en el sentido de “biológica” y “patriarcal” es vista en términos extremadamente perjudiciales, fuente de represión y causa de la violencia, especialmente contra la mujer. Esta concepción no solamente persigue modificar radicalmente el matrimonio, convirtiéndolo en una experiencia más, sino también la paternidad, la maternidad y el parentesco. El primero para liquidar el sentido y necesidad del dualismo sexual, el segundo para relativizar el parentesco biológico y fomentar el denominado parentesco cultural. Es evidente que una ideología que promueve que “no existe un hombre natural o una mujer natural, que no hay conjunción de características o de una conducta exclusiva de un solo sexo, ni siquiera en la vida psíquica”. Así, “la inexistencia de una esencia femenina o masculina nos permite rehusar la supuesta superioridad de uno u otro sexo, y cuestionar en lo posible si existe una manera natural de sexualidad humana”, es incompatible con la concepción del matrimonio, la paternidad, la maternidad y la familia: “La responsable de los problemas es la familia porque es el ámbito donde se aprende a confundir las diferencias entre hombres y mujeres con las desigualdades entre inferiores y superiores.” “La violencia contra las mujeres es un aspecto estructural del sistema social”. “La superioridad atribuida a los hombres se sustenta en el reparto desigual de actividades productivas y reproductivas entre hombres y mujeres. La división sexual del trabajo incluida la reproducción biológica privilegia a los hombres a la vez que se inculca en todos los ámbitos adecuados para reproducir la división mencionada”. “La violencia no se debe sólo a las características singulares y patológicas de una serie de individuos, sino que es una forma cultural de definir las identidades entre hombres y mujeres”.

Sus consecuencias sobre la descendencia son evidentes: “Para ser efectivos a largo plazo, los programas de planificación familiar deben buscar no sólo reducir la fertilidad dentro de los roles de género existentes, sino más bien cambiar los roles de género con objeto de reducir la fertilidad”.

Las leyes que fomentan las disfunciones sociales

En la tercera parte se estudian los aspectos de la legislación vigente que generan las disfunciones sociales de parentesco.

En este sentido, se trata de un cambio radical sobre los fundamentos, que a la vez y como no puede ser de otra manera, tendrá a medio y largo plazo efectos contundentes sobre la estructura social y económica. Entre estos cambios destaca la Ley de Protección Integral de la Violencia de Género, donde el hombre es condenado a mucha más pena por un mismo delito, no en función de un agravante, sino por su propia naturaleza masculina; la prohibición de la conciliación en las crisis de pareja; las condiciones previas que hacen posibles las IISV se asientan sobre la condición objetiva de la naturaleza biológica del ser humano constitutivamente dividido entre hombres y mujeres, sólo entre hombres y mujeres, y esto ahora se niega. Y es así porque la post izquierda española ha encontrado en los grupos feministas de la ideología de género, del homosexualismo político y sus reivindicaciones, el sucedáneo de la clase obrera a la vez oprimida y portadora del cambio histórico. Los cambios legales afectan al significado y práctica del qué es ser hombre y mujer, y por lo tanto, del ser persona, del qué significa ser padre y madre y sus deberes y obligaciones y funciones sociales, del qué representa la filiación y la pérdida de sus derechos ante el deseo. Implica la destrucción del sentido del matrimonio y, como consecuencia, de su papel fundante de la sociedad y, por extensión, de la familia, que también queda como una realidad “abierta” a cualquier interpretación y nueva propuesta. “Familia” es ya cualquier agregación de personas. La situación española actual se caracteriza precisamente porque une una voluntad decidida de dinamitar las instituciones sociales, dotándolas de un nuevo significado, con la carencia de un proyecto de sociedad basado en esta nueva orientación. Se altera, se destruye, se producen unos discursos rellenos de tópicos, pero no hay ninguna formulación de cuál es el modelo de llegada.

Finalmente, el estudio acaba con una serie de conclusiones sobre los efectos de la legislación elaborada en el marco de la ideología de género y de la cultura del deseo, y que pueden resumirse como sigue:

–La institución del padre y la madre y la realidad biológica hombre-mujer pasan a un segundo término, sustituidos por los “progenitores” y “cónyuges” asexuados en cuanto a concepto, y abiertos a cualquier práctica sexual.

–Las mujeres dejan de ser valoradas “per se”, y pasan a formar parte de una “clase” y ser presentadas en bloque.

–Constituirá un paso muy definido hacia la configuración legal de la teoría de que no existen hombres y mujeres sexualmente hablando, sino múltiples opciones sexuales.

–Se deja vacío de sentido el matrimonio: un contrato que por definición puede ser estéril y disuelto por deseo unilateral, es una forma de convivencia confusa, débil e inestable.

–La ley que regula la reproducción asistida es un prototipo de política del deseo: el sujeto de protección, el embrión primero, y el hijo después, pasan a un plan secundario: sólo cuenta el deseo de ser madre.

–La ley orgánica de la educación pertenece parcialmente a este bloque, en la medida que continúa evitando la introducción de la cultura del esfuerzo, del trabajo, y el principio de autoridad en la escuela, como concepción general; es decir, rechaza todo aquello que para el marco referencial de la política del deseo presenta una contradicción inasimilable.

Los efectos

Básicamente son de dos clases:

Los que alteran el funcionamiento de la sociedad y se expresan en la crisis escolar, la violencia entre los jóvenes y adolescentes, la expansión de la droga, el crecimiento de las enfermedades sexuales y el aborto, la inseguridad, etc. generadoras de infelicidad en el plano personal y costes sociales crecientes en el colectivo.

Los de incidencia económica relacionados sobre todo con la formación de capital social y la productividad total en su dimensión ligada a la tasa de progreso técnico.

Fuente: Zenit

Si quieres ser un buen padre, sé un buen esposo

 

 El último libro de Piero Ferruci, “Nuestros maestros los niños” ya ha sido traducido a 11 idiomas. Allí él dice: “Ha hecho falta tiempo, pero al final me he dado cuenta: la relación con mis hijos pasa través de la relación con mi mujer. No puedo tener con ellos una buena relación si mi relación con ella no es buena”.

La experiencia clínica de Ferruci le ha demostrado que “cada ser humano es el resultado de la relación entre dos individuos:su padre y su madre. Y esa relación sigue viviendo dentro de nosotros como una armonía bellísima o como una laceración dolorosa. La relación entre nuestros progenitores -dice Ferruci- nos constituye en lo que somos. Y esto es verdad también en la época de la familia dormitorio, de los progenitores single, de la fecundación artificial, de la manipulación genética, de los vientres de alquiler, de los bancos de espematozoides… Un niño siente con todo su ser la relación entre sus progenitores, sea cual sea, la siente en sí mismo. Si la relación está envenenada, el veneno circulará por su organismo. Si la atmósfera no es armoniosa, crecerá en la disonancia. Si está llena de ansias e inseguridades, también su futuro será incierto” .

La conclusión entonces parece clara: si quieres ser un buen padre, sé un gran marido. Si quieres ser una buena madre, sé una gran compañera para tu marido. Esto que parece simple, en la práctica no lo es. ¿Por qué? Ferruci responde en primera persona, con gran humildad:

“A veces he olvidado esta realidad. He tenido demasiada confianza. Sabiendo que nuestra relación va bien, la he dejado allí”. Abandonada la relación a su propia suerte, pronto aparecen los disgustos, las recriminaciones.

Cuando un matrimonio reacciona a tiempo y recupera lo bello de su amor, los primeros en darse cuenta son los hijos. Y cuenta su propia experiencia, después de una temporada en que, obsesionado por escribir sus libros, comenzó a levantarse a las 5 de la mañana y a pasar el día rabiando por el ruido y las interrupciones:

“Comencé a sentirme deprimido, algo no andaba bien. Al fin comprendí lo que sabía pero no quería admitir. El orden de mis prioridades estaba equivocado.

Decidí devolver a Vivien, mi mujer, un marido que no se cayera de sueño. Después ocurrió algo sutil y sorprendente. Mejoró la relación entre Emilio y Vivien. No es que fuese una relación mala, pero había algo que no me gustaba. A menudo Emilio era descortés con ella y hablaba conmigo como si Vivien no existiera, ignorándola como el machista más encallecido. Después lo he entendido: Emilio me mostraba cuál era mi actitud hacia Vivien… Era yo quien la transformaba en una sombra. Por fortuna me di cuenta a tiempo”.

¿Cómo mantener y mejorar constantemente la relación conyugal? Este autor italiano es un gran romántIco y cree que la fuente de amor para los esposos radica en el recuerdo de sus mejores momentos.

“Al contrario de lo que muchos piensan, yo creo que el hecho de enamorarse es el instante más auténtico de la relación entre dos personas; es cuando ellas ven que todas las posibilidades se abren ante ellas, cuando tocan la esencia y belleza del amor… Ante los ojos de mi mente desfilan nuestros momentos más luminosos: el primer paseo juntos, la decisión de casarnos una tarde de septiembre, Vivien que acude a recibirme al aeropuerto un día de lluvia. el concierto durante el embarazo de Emilio…

Todo eso es el origen, la fuente: el lugar en que todo va bien y es

perfecto. Resulta positivo regresar de vez en cuando a los orígenes y beber de aquella fuente de agua pura”.

Tomado de Hacer Familia

Por María Esther Roblero

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-11-07

La educación de los hijos: un proyecto de dos.

 

 En la vida de una persona existen proyectos de diversos tipos: los hay de corta, mediana y larga duración; con diferentes niveles de compromiso entre los participantes; con distinta necesidad de seguimiento; y con diverso impacto en la vida personal. Los hay más personales, que dependen exclusivamente del individuo, y los hay comunes, que necesitan de la colaboración de todas las partes para salir adelante.

Un tipo de proyecto muy particular que abarca toda la vida con todas sus dimensiones, en el que se pone en juego la felicidad de los implicados, es el matrimonio. Este proyecto común entre dos, es el más personal que puede haber para un hombre y una mujer, y repercute no sólo en sus propias vidas, sino que da pie a la célula básica de la sociedad: la familia. Este proyecto por su dinámica propia, genera nuevos proyectos comunes para los esposos.

La formación de los hijos es uno de estos proyectos comunes que surgen naturalmente del matrimonio. El traer un hijo al mundo es tarea de dos, como lo es el prepararlo para la vida. Este nuevo proyecto, que se llama hijo, necesita de la presencia y apoyo de sus dos progenitores para desarrollarse de manera adecuada hasta que esté en condiciones de hacerse protagonista de su propia vida. El hijo nace necesitado de todo: de cariño, de alimento, de cobijo, de protección,… de todo, y es incapaz de satisfacer por sí mismo estas necesidades. Su gran seguridad está en sus papás. Si alguno de ellos le falla, su desarrollo se verá afectado.

Las estadísticas hablan por sí solas. En el Reino Unido, el 70% de los jóvenes delincuentes proceden de “familias” monoparentales. Los niños que crecen en este tipo de ambiente tienen el doble de posibilidad de sufrir desórdenes mentales que aquellos que viven con sus dos padres. Las adolescentes que provienen de hogares sin padre o que fueron hijas de adolescentes, tienen una mayor probabilidad de repetir el mismo patrón convirtiéndose en madres solteras a corta edad. (1) La sociedad paga un alto precio cuando ambos padres no se corresponsabilizan de la educación de sus hijos.

Lo que un niño necesita para crecer sanamente (en todas sus dimensiones: cuerpo sano, mente sana, etc) es principalmente cariño, constancia y estabilidad. Y es precisamente en la familia fundada en el matrimonio de los padres donde se pueden encontrar estas características.

Cariño: Este es uno de los componentes más necesarios para el desarrollo físico-afectivo de un niño pequeño y para el desarrollo afectivo de la persona en cualquier otra etapa de la vida. El hijo no sólo necesita del amor de cada padre, sino que además necesita del amor de ambos padres entre sí. Necesita sentirse fruto de un gran amor. Necesita de una madre que se sepa y sienta querida y aceptada, al igual que de un padre enamorado y respetuoso de su mujer. De estas relaciones, el hijo aprende de forma espontánea la manera de amar a los demás. Toda esta dinámica fortalece la seguridad personal afectiva del hijo. Si lo pusiéramos en números se vería más claramente:

Si le diéramos el valor de 5puntos al amor de cada uno de los padres (a y b), tenemos que un hijo que vive únicamente con uno de sus progenitores sin tener contacto con el otro recibe 5 puntos de amor.

a = Amor de la madre = 5

b = Amor del padre = 5

Si este hijo tiene un poco más de suerte y cuenta con el amor de cada uno, aunque ellos vivan separados, podríamos decir que recibe 10 puntos de amor (c).

c = Amor de la madre (5) + amor del padre (5) = 10

Ahora bien, el amor de la madre se ve potenciado por el amor que ella recibe del padre, pues ve en el hijo una muestra constante de ese sentirse amada y una manera de manifestar su amor a su marido, además de la seguridad y serenidad personal que da el saberse amada, con lo que serían 25 puntos (d), aplicándose lo mismo al amor del padre potenciado por el amor que recibe de la esposa, otros 25 puntos (e).

d = Amor de la madre (5) potenciado por el amor del padre (5) = 25

e = Amor del padre (5) potenciado por el amor de la madre (5) = 25

Ahora bien, la relación entre el padre y la madre (f) añade en sí misma al ambiente de acogida, de seguridad y de cariño del hogar, (25 puntos).

f = Amor entre el padre (5) y la madre (5) = 25

Por lo que un hijo que cuente con el amor potenciado de cada uno de sus padres (d + e), más el amor de sus padres entre sí (f), recibirá 75 puntos de amor, contra los 5 o 10 puntos que el niño que no cuente con esa dinámica familiar.

d (25) + e (25) + f (25) = 75

Pongamos ahora el caso de una viuda, por ejemplo, que se sabía amada pero que por desgracia perdió al esposo. Su hijo cuenta con los 25 puntos del amor de su madre potenciado por el amor de su marido difunto (d) (pues ella no se sintió ni usada ni traicionada, lo que es muy diferente en caso de ciertas separaciones). Además, es muy probable que el hijo conserve entre los 5 ó 25 puntos del amor potenciado del padre, dependiendo, de los recuerdos que tenga y de la manera como la madre le haga saber el gran amor que su padre le tenía. Pongamos para ser realistas unos 15 puntos (e-). Este niño recibirá unos 40 puntos de amor, por así decirlo, es decir, estará mucho mejor equipado afectivamente para la vida que uno que vivió en un ambiente en el que nunca existió una relación más estable entre sus padres.

d (25) + e- (15) = 40

Constancia y estabilidad: Estas juegan un papel muy especial en todo proceso educativo. No se adquiere ningún tipo de hábito sin la constancia. La presencia constante de los dos padres en la familia resulta una pieza clave para el desarrollo del hijo. No es lo mismo formar al hijo a diario, que hacerlo solo durante los fines de semana. No es lo mismo para el hijo recibir el mismo tipo de formación por parte de ambos padres, que el estar expuesto a un tipo de lunes a viernes, y otro muy distinto los sábados y los domingos. Lo que uno tarda en construir entre semana, el otro lo destruye en un par de días y viceversa.

Cada hijo es ciertamente un proyecto común de muy largo plazo que exige gran dedicación por parte del padre y de la madre, pero un proyecto que se puede convertir en el punto de encuentro y unión entre ambos, y que puede dar sentido a ese otro primer proyecto que no hay que descuidar, que es el matrimonio. Del éxito o del fracaso de este proyecto, dependerá en gran medida la felicidad de toda la familia. Todo esfuerzo que dediquemos a este proyecto será en beneficio no solo de los hijos, sino también de la familia y de la sociedad.

(Por Liliana Esmenjaud, Colaboradora de Mujer Nueva, 2010-06-25)