¿Cómo afrontar las crisis conyugales?

En toda relación de pareja se viven en determinados momentos las llamadas “crisis” es cierto que estos momentos son difíciles en ocasiones, conseguiremos superarlas si en la medida de nuestras posibilidades nos ayudamos de pequeños consejos como los siguientes:

 Encontrar espacios para la comunicación en la pareja.
 Mantener actitudes de respeto y admiración mutuas.
 No rehuir de las dificultades y no insistir en las diferencias
 Dedicarse tiempo, paciencia y ternura.
 Cuidar la vida sexual en la pareja. Es necesario para el matrimonio pues es una dimensión que les une como pareja. Es propio también matizar que cada pareja vive distintos momentos evolutivos, en los cuales ambos tendrán que ir adaptándose.
 Establecer y respetar los “espacios personales”. En el matrimonio ambos son “una sola carne” pero no entendido esto como una fusión, sino que ambos se encaminan hacia un proyecto común pero que necesitan mantener sus distancias personales.
 Mantener un reparto equilibrado y flexible de tareas y roles. Los cónyuges atendiendo a sus cualidades es importante que distribuyan sus funciones.
 Fomentar la complicidad. Es muy importante abrirse a la intimidad aprender a ser compañeros de vida.

“La pareja no está constituida para restar; está para multiplicar en lugar de dividir, para tener más en cuenta lo que les une que lo que les separa” A. Polaino

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“Me he enamorado de una antigua novia”

 

Antonio era un chico de 35 años, estaba casado con María y hacía poquito que habían tenido su primer hijo, acudió a la consulta de psicología por problemas de ansiedad, por no encontrarse bien ni personalmente ni profesionalmente. Su historia podría ser algo común hasta aquí. Pero comenzó a contarnos como estaba viviendo un malestar con su mujer en la relación de pareja, porque se había enamorado de una chica con la que mantuvo hace unos años atrás una relación de pareja. Esta última no quedo cerrada y por lo cual se reactivo cuando un día puntual sus vidas se volvieron a encontrar.
Antonio estaba sintiendo con mucha intensidad sentimientos de enamoramiento que tienen que ver con las primeras etapas de una relación de pareja. Ya que cuando uno sigue hacia delante con ella, los sentimientos pueden ser menos intensos y aparecen otras claves que nos ayudan a desarrollar una madurez en el Amor.
Su caso resultaba complicado porque no puedes convencer durante la terapia a una persona de algo que no ve. Fue más que nada un proceso de acompañamiento y de favorecer unas claves para que ambos vieran como había algo dentro de su matrimonio que estaban olvidando, que no era exclusivamente un problema de Antonio o de María su mujer, sino de ambos. Estaban descuidando una parte que tiene que ver con el cuidado de su pareja, y a su vez quizás estaban entrando en una etapa nueva, que le señalaba su paternidad y necesitaban hacer algunos reajustes en sus vidas. Estaban viviendo unos cambios que son evolutivos pero con dificultad.
Finalmente pudieron volver juntos.

En este caso las claves que sirvieron en la terapia fueron:

  • Las habilidades sociales como terapeuta: la escucha, la empatía y la aceptación incondicional.
  • Favorecer no tomar decisiones premeditadas: “En tiempos de desolación no hacer mudanza”.
  • Hablar con los dos miembros de la pareja por separado al principio y después juntos.
  • El acompañamiento terapéutico para ayudarles en la reflexión sobre las dificultades. Una película que se le les recomendó fue “aprueba de fuego”. (os incluimos un video sobre ella).

 

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Católicos solteros encuentran amor por internet

Visión de la relación de pareja


En este tema voy a distinguir varias partes a la hora de su análisis:

1- Concepto de amor.
2- Teatro y carnaval.
3- Caída del telón.
4- Miedo.
5- Renacimiento.

1. Concepto de amor.
Estamos hablando de un concepto multicultural y multieducacional, por lo tanto no tiene porqué coincidir en todas las personas y difícilmente en las parejas. Si se da en la pareja se llega a decir que se encuentra a la “media naranja”.

Al no tener el concepto homogeneizado en todas las personas, cosa que acabaría de un plumazo con la libertad de pensamiento humana, el encuentro de dos personas se convierte en el encuentro de dos conceptos de amor (entre otros muchos), que de forma general serán coincidentes, pero cuyos flecos actúan como dos carreteras que se encuentran en un principio y siguen sentidos distintos, y algunas veces opuestos.

Todos tenemos un concepto más o menos coincidente del amor en términos generales, pero nos diferenciamos en el “sentido” del mismo. Me refiero con el sentido al fin que pretendemos: lo mejor para uno mismo, lo mejor para mi pareja, mejora económica, tradición, miedo, etc…

Por lo tanto en un inicio de la relación cada uno mira a un punto distinto del horizonte, pero no precisamente al mismo. El horizonte es el mismo para todos pero no el punto concreto, este punto es fruto de nuestro recorrido en la vida(educación, experiencias, madurez, etc…) Hacer coincidir dos puntos en el horizonte se hace tan difícil como que dos personas nacieran con la misma cara, hasta los gemelos tienden a gesticular de forma distinta.

La base del fracaso de toda relación la encontramos en el egoísmo, en intentar convencer al otro de que tu punto elegido en el horizonte es el correcto y no el del otro. De lo que no nos damos cuenta es de que en los dos puntos del horizonte se dan las mismas sensaciones, amanece y atardece de la misma manera. Lo realmente importante es respetar el punto de vista de tu pareja y que ella respete el tuyo e intentar ver las cosas como el otro las ve para así generar una evolución conjunta.

Ahora bien, para poder tener esta experiencia es necesario adoptar un sentimiento amoroso global, es decir aceptar las imperfecciones propias y las del otro, que en un principio serán completamente ocultadas o camufladas por miedo a no ser aceptado.

2. Teatro y carnaval.
El inicio, el primer contacto se produce en el gran “carnaval” o “teatro” de la vida. El miedo social a ser reconocidos de forma real hace que todo el mundo ande por el mundo disfrazado o con alguna mascara teatral que represente el papel que queremos transmitir.

Por lo tanto en un principio se da un esfuerzo de ocultación de nuestros defectos (e incluso de nuestras virtudes). Con el objetivo de ser querido y aceptado para poder llevar a cabo nuestro “sentido” anteriormente explicado. El problema fundamental de esta teatralidad es que se da en los dos miembros de la pareja a la vez (en un 90%) y cuando nos cansamos de dicho esfuerzo empiezan a aparecer los problemas ya que ni uno ni el otro se ven como al principio, evidentemente…

3. Caída del telón
El carnaval, el teatro… termina con la caída de un telón que no se puede contener más tiempo. La función acaba como todas las funciones, cuando acaban los recursos imaginativos de ambos, y la idealización empieza a agrietarse. La verdad pasa a través de esas grietas y ambos acceden a la realidad de la persona que tienen delante, y es en este momento cuando se empieza a mostrar la verdad, antes camuflada. La verdad no idealiza a nuestro favor, es como es, creando sorpresa (por lo que vemos) e inseguridad (por lo que mostramos). Aquí se presenta el verdadero reto, cuando ambos se ven sin mascara teatral.

4. Miedo
Es aquí cuando empieza el verdadero conocimiento de la pareja y es aquí cuando la gran mayoría no vuelve a verse; prefieren y eligen libremente teatralizar las relaciones amorosas ocultándose tras máscaras teatrales que ofrecen seguridad ante el miedo al fracaso o la inseguridad.

Alguien diría que es un tipo de “amor” válido, como un juego que nos entretiene. Pero de ahí no pasa, no busquemos en este juego el acceso a la verdad o a la sinceridad absoluta. Encumbrar la apariencia nos aleja de lo verdadero. Es como si nos dan un regalo y no lo abrimos hipnotizados por el papel que lo envuelve, puede ser muy bonito, no lo dudo, pero ¿porqué nos cuesta tanto abrirlo y aceptar lo que hay en el interior? El teatro es bonito, pero el conocimiento de la verdad por poco que veamos o que sintamos siempre será más real, y esto a la larga llena más porque en esta infinitud, el telón nunca cae.

Si nos quedamos en la superficialidad de saltar de una relación a otra sin abrirnos, seremos como la rana que salta de piedra en piedra sin bucear. Perder el miedo a nosotros mismos y la confianza se convierten en la llave hacia una conocimiento superior.

5. Renacimiento
El grado de aceptación debe ser bastante elevado en la pareja para afrontar este “renacimiento” de la relación, en el que se prescinde de máscaras teatrales. Una aceptación tanto de la persona que tenemos delante como de nosotros mismos. A partir de esta aceptación se abre un nuevo campo de conocimiento en ambas direcciones, e incluso introspectivamente, viéndonos reflejados en la sinceridad de nuestra pareja.

Es evidente que el que no esté predispuesto desde un principio a dar este salto (¿al vacío? Entendiendo vacío como desconocido) tiene muchas papeletas de seguir en una indefinida teatralización de las relaciones dentro de un bucle constante. Este bucle nos hará felices e infelices de manera constante y cíclica, pero sin transcenderlo, sin ir más allá. Este más allá es lo que nos puede llenar completamente al trascender esa prisión formada por un bucle imaginario e idealista.

Rubén González

Fuente:terapiayfamilia.blogspot.com/

¿Dejarías el amor a la suerte?

Tras el sacramento del matrimonio, los novios viven una transformación que les capacita para amar a un nivel muy superior al de antes de la boda

Por Isabel Molina E.

El matrimonio es la gran aventura de nues­tra vida, tan impredecible como fascinante. La cultura actual nos bombardea con señales de alerta para no dar el paso de la boda, sin embargo, poco se nos habla de los beneficios de casarse… ¿Qué añade ese “sí” definitivo ante el altar al amor de dos personas que se quieren?

EL PRÓXIMO 29 de abril tendrá lugar la boda del príncipe Guillermo de Inglaterra con su prometida, Kate Middleton. Los británicos han anunciado un gran día de fiesta nacional, y esperan ansiosos el evento que los pondrá en la primera plana de los principales medios del mundo. Una lluvia de elogios caerá sobre esta joven pareja que se presenta ante el altar para sellar su unión.

Más allá de eventos como este, que tienen sabor a cuento de hadas, el matrimonio, hoy en día, no goza del mejor prestigio social ni mediático. En 2005 se modificó el Código Civil en España para permitir las uniones entre personas del mismo sexo. Desde entonces, la realidad esponsal (marido y mujer) dejó de existir para ser reemplazada por la de cónyuge A y cónyuge B. En el mismo año, se aprobó el divorcio exprés para facilitar a las personas la disolución legal de su matrimonio al poco tiempo de presentar la demanda de divorcio. Los efectos de estos cambios legislativos no se han hecho esperar: según las estadísticas del Instituto de Política Familiar, entre 1998 y 2008 España fue el país de la Unión Europea 27 (UE27) con mayor crecimiento cuantitativo y cualitativo de divorcios (con un promedio de 73.000 divorcios más al año). Con la aceptación social del divorcio, algunos han decidido saltarse la boda y optar por irse a vivir juntos para evitar desastres. Otros, salvando grandes temores, se atreven a casarse pero, poco a poco, van perdiendo el interés y la confianza para luchar por mantener el vínculo.

¿Quiere decir entonces que el matrimonio está destinado a desaparecer? La respuesta la dan las nuevas generaciones. El informe Jóvenes españoles 2010, de la Fundación Santamaría –el cual sondea los valores de los jóvenes españoles de entre 15 y 24 años– anota que la mayoría de jóvenes sigue pensando en institucionalizar su relación de pareja. Para conseguirlo, optaría como primera opción por el matrimonio por la Iglesia y, como segunda, por la convivencia con o sin papeles. En EE UU, un estudio realizado por el Pew Research Center (noviembre de 2010) muestra también que los jóvenes estadounidenses sí valoran el matrimonio –el 95 por ciento de quienes no han cumplido los 30 años tiene planes de casarse– el problema es que han perdido la fe en él.

Para superar la disyuntiva entre el velo negro que se teje sobre la institución matrimonial y los deseos reales de las personas, Tomás Melendo, filósofo y metafísico, dice que a nuestra cultura le hace falta acabar de entender lo que es el matrimonio. Frases tan sonadas como “el matrimonio no es más que una cuestión de papeles” o “yo no necesito la confirmación de un cura para querer a mi pareja”, indican que se ha reducido el matrimonio a una ceremonia, un contrato o una alianza y, aunque el matrimonio engloba estas cosas, es mucho más.

Aníbal Cuevas, orientador familiar y autor del blog SerAudaces.com, compara lo que está sucediendo con el matrimonio con lo que ocurre cuando nos miramos en un espejo roto: “Podemos reconocernos, pero no es realmente nuestro rostro lo que vemos; son piezas cuarteadas que no encajan exactamente”. Es por eso, explica, que hoy “se acierta a intuir lo que es el matrimonio, pero no es visto en su unidad”.

Un estudio del National Marriage Project de la Universidad de Virginia y el Centro para el Matrimonio y la Familia del Instituto para los Valores en América,When marriage disappears (Cuando el matrimonio desaparece, 2010) concluye que el modelo de matrimonio como “institución” –que integraba el sexo, la paternidad, la cooperación económica y la intimidad emocional en una unión permanente– ha sido sustituido por un modelo de matrimonio que denomina de “almas gemelas”, en el cual el matrimonio se considera un medio para el crecimiento personal, la intimidad emocional y el consumo compartido. Bajo este “modelo”, la supervivencia del matrimonio dependerá de que ambos cónyuges sean felices. Además, el sexo y la crianza de los hijos son circunstanciales y pueden darse por igual fuera o dentro de la institución matrimonial. El matrimonio no se entiende como el inicio de algo que los esposos habrán de construir juntos, sino como una meta en sí misma. Por eso, para poder casarse, los novios tienen que haber alcanzado cierta independencia económica y emocional.

“Estamos en las antípodas de lo que es el matrimonio cristiano”, afirma monseñor Juan Antonio Reig Pla, presidente de la Subcomisión para la Familia y la Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española. “¿Qué es lo que ha pasado? El primer fenómeno que ha conducido a esta situación es la desacralización del matrimonio y de la vida humana. No se mira el matrimonio más que como respuesta a los propios deseos y satisfacciones; no se lo ve como algo a lo que Dios llama y, por tanto, como un estado de vida que nos trasciende”.

¿Casarse o vivir juntos?
Ante la dificultad de cumplir los requisitos para casarse, el número de parejas de hecho ha aumentado significativamente en las últimas cinco décadas. Se ha popularizado la creencia de que vivir juntos antes de casarse es una buena forma de determinar si en realidad los novios se van a entender y si, por lo tanto, podrán evitar un posible divorcio. Sin embargo, When marriage disappears (Cuando el matrimonio desaparece, 2010), señala que no hay ningún estudio que demuestre la veracidad de esta creencia. Por el contrario, hay evidencias de que aquellos que viven juntos antes de casarse, tienen más posibilidades de acabar en una ruptura matrimonial cuando se casen.

Un amor incondicional, es la aspiración del corazón humano. Muchos se sienten capaces de amar así, sin necesidad de casarse; sin embrago, cuando desaparece el sentimiento, aseguran que “se les acabó el amor”.

Casarse y convivir no son equiparables. Para comenzar, “el matrimonio blinda jurídica, religiosa y moralmente la alianza conyugal”, explica Patricia Martínez, profesora de Psicología de la vida matrimonial y familiar del Curso de Experto en Matrimonio y Familia de la Fundación DIF (www.fundaciondif.org). “Es lo mismo que ocurre con cualquier institución humana, cuyo contrato social se protege para mayor seriedad y estabilidad de unos usos y formas sociales que le dan credibilidad”, añade. Pero la principal diferencia, de acuerdo con Aníbal Cuevas, es el compromiso. Al casarse, “los contrayentes no se comprometen a seguir sintiendo lo que sienten en ese momento durante toda la vida, se comprometen a quererse en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, en los buenos y malos momentos”.

Tomás Melendo va aún más allá. Señala que la entrega, por la cual los cónyuges se dan libremente el uno al otro en exclusiva y para siempre, es del todo necesaria, pues el “sí” de la boda todo lo transforma. A partir de ese momento, los novios ya son otros. Pasan a ser esposos, es decir, “personas capaces de amar a un nivel muy superior”. Decirse “sí” –enfatiza Melendo– es un acto profundísimo, inigualable, por el que se fortalece la voluntad y se la habilita para querer a otro nivel.

Esto no quiere decir que al casarse ya esté todo dado, sino que, con la boda, los esposos emprenden la aventura de “aprender a amar”. “Puede sonar utópico –insiste el mismo Melendo–, pero quien ve el matrimonio como una gran aventura logra entenderlo. Lo propio de una aventura es que quienes la emprenden se pongan una meta alta, en apariencia inalcanzable, pero que vale la pena, aunque no tienen ninguna seguridad de que vayan a alcanzar su objetivo. Una vez que la inician, no permiten que las dificultades y los contratiempos sofoquen la ilusión inicial. Y, al mantener la mirada fija en el fin, en el triunfo, renuevan las energías y la valentía para seguir adelante”.

Vínculo sacramental
El catecismo de la Iglesia católica nos re­cuerda que, a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir el matrimonio a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales, no es una institución puramente humana. Dios es su autor. La alianza matrimonial fue elevada por Cristo a la dignidad de sacramento.

Al casarse, además de una capacidad nueva para amarse plenamente, los esposos reciben una gracia especial de Dios que hace viable ese tipo de amor que el corazón humano tanto desea: la gracia de estado. ¿En qué consiste esta gracia? Según monseñor Reig Pla es como una cuerda que nos permite subir al segundo piso de una vivienda cuando la puerta está cerrada. Alguien desde arriba nos lanza una cuerda. Uno se coge a ella y sube. “Justo esto es lo que hace la gracia de Dios: darnos la posibilidad de alcanzar lo que deseamos y no podemos por nuestras fuerzas”, añade. Rafael Real, que lleva 33 años de matrimonio, asegura que ha experimentado esta gracia de forma viva en muchas ocasiones, incluso a los pocos días casarse. “A la vuelta de nuestro viaje de novios, pasamos por mi pueblo a ver a mis abuelos. Nos encontramos con que mi madre tenía una molestia en un ojo y unos meses después había perdido la vista. Mis padres tuvieron que venirse a vivir con nosotros. Yo tenía mucho miedo de que el cariño que tenía por mi madre fuera a interferir con el amor a mi esposa, entonces le dije a mi mujer: ‘Rosa, ayúdame, que yo solo no puedo’”. Desde ese momento Rafael, notó en Rosa una capacidad especial para llevar la convivencia con sus suegros.

Al recibir el sacramento del matrimonio, los esposos adquieren como esa especie de seguro para proteger su amor. Muchos matrimonios han logrado superar crisis aparentemente insalvables cuando recuerdan que entre ellos hay un tercero, que muchas veces los espera en silencio. “Jesucristo es quien da a los esposos la posibilidad de amarse, de perdonarse, de regenerar todo lo que se destruye dentro de ellos –como las propias heridas en la vida matrimonial–, y de hacer posible todo lo que a lo largo de su historia pudieran estropear en el proyecto de Dios”, explica monseñor Reig Pla.

Amarse más
Casarse entonces, ¿para qué? Para quererse más. Solo el compromiso libre de los esposos que se deciden a amarse sin reservas, para siempre, hace posible ese amor total, plenamente humano, fiel, exclusivo y fecundo, que caracteriza el amor entre los esposos.

Amor plenamente humano: como en todo lo humano, hay caídas, fracasos y errores. Hay discusiones. Hay momentos de absoluta incomprensión y, ante esta situación, ¿qué hacemos? Patricia Martínez comenta que es posible superarlo todo, pues “el corazón humano no es solo un músculo físico, sino un fuego capaz de reavivar desde las propias cenizas, aunque parezca que se están apagando”.

Amor total: en el matrimonio se entrega la persona entera, sin reserva alguna. Esto es posible pues es el único amor donde se da la unión sexual. En los demás amores es posible comunicar pensamientos, afectos e intenciones, pero no se da ese encuentro corporal que simboliza la unidad anímica. La entrega corpórea sella el amor matrimonial.

Amor fiel y exclusivo: uno con una y para siempre. ¿Significa que no me sentiré atraído por otra persona? Y si alguien distinto a mi cónyuge me atrae, ¿cómo afrontar esta situación? ¿Podré aguantar toda la vida a su lado? La fidelidad puede ser difícil, pero es fuente de felicidad duradera y profunda. Además, es siempre posible. Patricia Martínez indica que para lograrla “debemos cuidar y preservar la intimidad conyugal como el velo que protege el vínculo de pertenencia a otro en su singularidad”. Y añade que “la fidelidad es la mejor garantía de unidad en la vida conyugal, pues al haber sido libres para elegir nos hemos comprometido libremente con otro, lo que exige exclusividad, no solo de los cuerpos, sino de las mentes y los corazones”.

Amor fecundo: uno de los grandes miedos actuales es el rechazo a la fecundidad propia del amor matrimonial. Incluso se difunde la idea de que, una vez casados, conviene aplazar la llegada de los hijos para conocerse mejor y disfrutar el matrimonio. María Luisa Estrada, cofundadora del programa de educación para el amor Protegetucorazón, asegura que estas ideas debilitan la unión, pues los hijos son la tuerca del amor. “Cuando un tornillo se afloja y no tiene tuerca, se cae y la máquina se estropea. De igual manera, los hijos traen alegría, al mismo tiempo que ayudan a olvidarse de uno mismo, y los esposos empiezan a mirar juntos en esa dirección porque ser padres exige ser un espejo en el cual pueden mirarse los hijos”. Los hijos son el don más excelente del amor.

¿CUESTIÓN DE SUERTE O DE TEMPLE?
Aníbal Cuevas indica que la base del matrimonio está en hacer una buena elección. Compartir los mismos principios y creencias sobre la sexualidad, los sentimientos, los hijos, la fe, –apunta– garantiza en gran medida esa elección. Sin embargo, esta base no es suficiente. También hace falta que los novios se preparen con lo que exige la vida matrimonial. El estudio When marriage disappears (Cuando el matrimonio desaparece, 2010), demostró que los matrimonios más estables en EE UU son los de quienes tienen mayor formación académica, pues desde pequeños a estos jóvenes se les ha trazado un camino de éxito muy claro: si quieren llegar lejos, tendrán que dar una serie de pasos, en un orden concreto. En otras palabras, lograr el famoso “sueño americano” no es un tema de suerte, muy por el contrario, exige posponer la recompensa, forjar la disciplina necesaria para concentrarse en la educación y ejercitarse en virtudes como la templanza y la moderación, entre otras. Esto no indica que para casarse haga falta un título universitario, lo que intenta demostrar es que el mismo autocontrol y capacidad de trabajo que hacen posible un grado universitario en EE UU ha entrenado para el éxito matrimonial a quienes hoy en ese país tienen las uniones más sólidas. Por el contrario, quienes no han recibido este entrenamiento, optan con frecuencia por el sexo prematrimonial, viven más embarazos adolescentes, una historia de vida compartida con diferentes parejas, de promiscuidad sexual, de abuso de drogas y de matrimonios a muy temprana edad.

TIEMPO COMPARTIDO
Se ha vuelto muy frecuente ver que los matrimonios hagan planes de manera independiente, cada uno por su lado. María Luisa Estrada explica que este estilo de vida es muy mal síntoma. “Al casarse se hace una elección llena de aspectos maravillosos, que también conlleva renuncias. El tiempo se vuelve compartido. Hay que aprender a manejarlo de otro modo. Debe existir interacción, comunidad de vida y amor”. Es ese tiempo compartido el que permite a los esposos crecer en el conocimiento mutuo, madurar en el amor y hacer feliz, mucho más feliz, al otro. “Es mejor involucrarse en las cosas del otro, acompañarse siempre que sea posible, sin que eso implique perder una independencia natural y necesaria para actividades más personales, también indispensables para el propio crecimiento y descanso. No quiere decir que no haya algunos momentos para estar solos, pero el matrimonio conlleva estar juntos, hacer cosas juntos, disfrutar juntos”, añade Estrada.

fuente:revistamision.com

El deseo sexual sin amor por Enrique Rojas

La personalidad es una provincia de la afectividad. Grandes errores psicológicos arrancan de aquí, de separar el sexo y el amor

Enrique Rojas. Catedrático de psiquiatría.

La sexualidad humana ofrece una enorme complejidad. Sin embargo, su impulso fundamental es de tipo instintivo. Es la personalidad, formada por la inteligencia, la educación afectiva y la voluntad la que diferencia la sexualidad humana de la animal. La sexualidad es un elemento básico de nuestras vidas, y forma parte, de manera intrincada e inseparable, del mas grande de los sentimientos: el amor.

La sexualidad nos acompaña desde el nacimiento y puede determinar una parte de la vida adulta.

Aunque el estallido de la sexualidad se produce a partir de la pubertad, en realidad nos acompaña desde nuestro mismo nacimiento. Como Freud y otros estudiosos descubrieron, el niño presenta ya una faceta sexual desarrollada, que influye en la evolución de su personalidad y que puede determinar, al menos en parte, su vida adulta.

La sexualidad ni se debe reprimir ni se debe descontrolar, es necesaria su educación.

Por todo ello es conveniente asumir la sexualidad como algo perfectamente natural, pero también como un factor vital que, relacionado con el deseo, debe ser educado. Como se supo desde los mismoscomienzos de la psiquiatría moderna, la represión de la sexualidad puede producir trastornos; igualmente la entrega auna sexualidad descontrolada da lugar a una vida insatisfactoria e infeliz dominada por los impulsos hedonistas.

Las teorías sobre la sexualidad humana son numerosísimas, y tal vez no haya otro tema sobre el que se haya escrito tanto a lo largo de la historia.En realidad no fue hasta finales del siglo XIX que la sexología se convirtió en una ciencia gracias al libro “Estudios sobre psicología sexual“, del mencionado Ellis.

En esta obra se analizaba por primera vez la sexualidad desde un punto de vista general, desvinculado del erotismo. Ellis estudió la relación de pareja, la respuesta sexual de hombres y mujeres, o problemas como la frigidez y la impotencia.

El marco ideológico de la sexualidad en la actualidad está marcado por el agnosticismo, positivismo y utilitarismo.

Desde entonces ha habido multitud de autores que se han dedicado a este tema que, sin duda, atrae, sorprende y fascina al ser humano: Kinsey, Master, Jonson, Pellegrini, Giese, Lorando…

El planteamiento ha sido distinto en cada caso. El marco ideológico en el que hoy se sitúa la sexualidad en muchos ambientes tiene tres notas negativas que debemos combatir: el agnosticismo (ignora su vertiente espiritual), el utilitarismo (enaltece lo útil y placentero como esencial) y el positivismo (el sexo por si mismo, sin más). Unos han preferido concentrarse en detalles técnicos; otros han buscado una mejor expresión de las necesidades sexuales; algunos han querido desmitificar el sexo, restándole importancia como cosa natural que es; y otros han preferido indagar en los medios para incrementar el placer.

Casi todos los autores coinciden en evitar dejarse dominar por ese impulso instintivo que convierte la relación en un mero choque genital…

Todos ellos, sin embargo, han coincidido en un punto: la sexualidad humana es variada, exclusiva de nuestra especie, pero guarda un poso animal en su impulso de base. Independientemente del punto de vista , casi todos los autores señalan, por una razón o por otra, que hay que evitar dejarse dominar por ese impulso instintivo que priva a la sexualidad de sus mejores facetas y convierte la relación de pareja en un mero choque genital para satisfacer un apetito apremiante.

Por desgracia, estas sugerencias no parecen haber prendido en la sociedad moderna, agobiada por la inmediatez, el hedonismo, el consumismo y la permisividad.

Alcanzado el placer físico, la persona se siente vacía —como siempre que se realiza un deseo de manera impulsiva e impersonal— y esto produce sentimientos de culpa, obsesión y neurosis.

Alcanzado el placer físico, la persona se siente vacía, y esto produce sentimientos de culpa, obsesión y neurosis.

Convertir el sexo en una «religión», lo que parece ser una de las normas de la modernidad, es un error. La sexualidad es solo una parte del ser humano, importante, pero no la mas importante, ni tampoco la única.

La sexualidad humana es, pues, algo mas que conseguir un orgasmo rápido.

Para que la sexualidad sea satisfactoria y surja el amor es necesario saber controlar el deseo.

Es parte de una relación profunda entre dos personas, el inicio de un proyecto común que, partiendo de lo corporal, termina en una fusión psicológica , cultural y espiritual. La función básica de la sexualidad en la naturaleza es asegurar la continuidad de la especie por medio de la reproducción, pero en el género humano es algo mas.

La sexualidad es parte del amor, y el amor conduce al perfeccionamiento de la persona y a la verdadera felicidad. Para que la sexualidad sea satisfactoria y surja el amor es necesario saber controlar el deseo.

La sexualidad es una parte del amor, pero no es lo mismo que éste. Por el contrario, el sexo con amor forma parte del camino hacia el desarrollo humano en el ámbito de la pareja.

Las personas que se dejan gobernar por sus deseos inmediatos terminan siendo prisioneras y juguetes del momento y se convierten en egoístas incapaces de mantener una verdadera relación comprometida.

El conocimiento del universo afectivo es importante en la vida sexual de la pareja. Forma parte de la educación del deseo, y permite disfrutar de una sexualidad mas completa, por cuanto hace que entren en el juego elementos como el autocontrol, la voluntad y el dominio sobre los impulsos. Las personas que se dejan gobernar por sus deseos inmediatos terminan siendo prisioneras y juguetes del momento y se convierten en egoístas incapaces de mantener una verdadera relación comprometida.

Hay que tener en cuenta que la sexualidad no es un fin en si misma, sino parte de un entramado. La relación sexual con amor auténtico es una sinfonía donde se hospedan lo físico, lo psicológico, lo espiritual y la propia biografía.

El amor ha sido una de las fuerzas que ha movido a la humanidad a lo largo de la historia. En nuestra tradición cultural occidental fueron, por supuesto, los filósofos griegos los primeros en estudiar detalladamente la naturaleza del amor. Entre sus conclusiones destaca la tesis de que el amor surge primero de un deseo físico, pero que luego se perfecciona en una relación mas profunda caracterizada por el afecto.

El cristianismo elevó el amor a la categoría de valor universal. Distintas corrientes en la historia hasta nuestros tiempos han corrompido este concepto.

El cristianismo elevó el amor a la categoría de valor universal. El amor, tanto a Dios como al prójimo, es la máxima expresión del carácter humano y lo que verdaderamente nos convierte en seres superiores. El amor sería una suma de valores, como bondad, compromiso y generosidad.

La idealización del amor cortés en la Edad Media corrompería en parte este concepto superior, al iniciarse un «vaciado» de la relación de pareja que alcanza su «cumbre» en los últimos compases del siglo XX.

El Renacimiento proseguiría en esta línea y se iría alejando del concepto de amor pleno de la tradición cristiana original. La Celestina, y mas tarde Romeo y Julieta, son los precedentes de un nuevo concepto de amor que se va desarrollando poco a poco hasta llegar a la definición del amor del primer gran filósofo moderno, Descartes. Para el pensador francés el amor era una de las pasiones fundamentales del ser humano —junto al deseo o el odio, entre otras—. Pascal estableció su famosa máxima: «El corazón tiene razones que la razón desconoce». El enciclopedista Diderot llegó aún mas lejos con una frase que, en nuestra opinión, es absolutamente errónea, pero que da buena fe de la forma de pensar de la ilustración: «Se dice que el deseo es fruto de la voluntad, pero lo cierto es lo contrario: la voluntad es fruto del deseo». En suma, se había llegado a la culminación de un proceso intelectual que separaba el amor del intelecto, como si fueran aspectos independientes.

Esta lógica, equivocada en nuestra opinión, condujo paso a paso al desarraigo del fín del milenio. El amor, elaborado como pasión exaltada por los autores románticos, de vino sentimiento vacío, expresión del hedonismo apresurado, y quedó privado de su verdadero valor como herramienta para alcanzar la plenitud del espíritu.

En la actualidad vemos los resultados de todo ello: una multitud de personas desorientadas, dominadas por el consumismo y privadas de felicidad.

En la actualidad vemos los resultados de todo ello: una multitud de personas desorientadas, dominadas por el consumismo y privadas de felicidad. Todo el mundo nota que algo va mal, pero no sabe decir exactamente qué. Es hora de efectuar un giro, de realizar un esfuerzo de superación tanto personal como social.

La personalidad es una provincia de la afectividad. Grandes errores psicológicos arrancan de aquí, de separar el sexo y el amor

La personalidad es una provincia de la afectividad. Grandes errores psicológicos arrancan de aquí, de separar el sexo y el amor.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2011-03-24

Razones para terminar un noviazgo.

No basta amar a una persona para formar una pareja con ella.

RAZONES PARA TERMINAR UN NOVIAZGO

Objetivo:
Hacer conciencia de los factores por los cuales una relación de noviazgo debería terminar, preparando al joven a relaciones emocionalmente estables.

No basta amar a una persona para formar una pareja con ella. Aunque íntimamente ligados, son dos asuntos diferentes. Podemos amar intensa y profundamente a una persona, y al mismo tiempo darnos cuenta de que no podemos formar una buena pareja con esa persona.

La relación de pareja es maravillosa, pero también difícil. No es suficiente, para construirla, con lindos sentimientos. Hacen falta otras cosas: madurez, salud emocional, respeto, solidaridad, generosidad, comunicación, proyectos de vida comunes, acuerdo en los principios básicos, flexibilidad…

El noviazgo es, precisamente, la etapa para darse cuenta de si dos personas que se aman pueden o no, al cabo del tiempo, formar un matrimonio feliz. Por eso necesitan estar atentos a lo que verdaderamente ocurre en su relación, más allá de la atracción y el enamoramiento. Conviene que estén atentos a los pequeños signos, detalles que pueden estar ocultando problemas graves, como los siguientes, que deben prender una señal de alarma en nuestra relación:

1.- VIOLENCIA. Cuando hay violencia en la relación sea verbal, emocional o física, aunque sea leve, esa relación debe terminar de inmediato. Las esposas de hombres golpeadores, por poner un ejemplo, relatan casi siempre que de novios ya había gritos e insultos. Nunca pensaron que eso empeoraría, la violencia nunca construye una relación. Es una profunda falta de respeto.

2.- CELOS. Cuando alguno de los dos es celoso, son una señal terrible de inseguridad, de afán de control y de posesión sobre el otro. Sobre estas bases no puede existir el auténtico amor. Los celos, no son, para nada, una prueba de amor. Al contrario, significan que el celoso te considera posesión suya, para su uso y recreación.

3.- DEPENDENCIA EMOCIONAL. Si se necesitan el uno al otro para ser felices. La felicidad es una experiencia interna y responsabilidad de cada quien. Si comparten y enriquecen su felicidad, qué maravilla, pero si dependen del otro para ser felices, si sienten que su vida esta vacía sin el otro, eso no es amor, es dependencia.

4.- ALCOHOLISMO. Cuando uno de los dos bebe más de la cuenta. El alcoholismo es una enfermedad. Los enfermos alcohólicos merecen amor, comprensión y respeto, como cualquier persona. Pero, mientras no se recuperen de su enfermedad, no están capacitados para formar una pareja, mucho menos para ser padres. Hablamos de recuperación, no solamente de dejar de beber. La recuperación significa un cambio profundo de la persona, de su carácter, de su madurez, de su vida espiritual. El alcoholismo es una enfermedad progresiva, de modo que es probable que durante el noviazgo todavía no se manifieste plenamente, pero si hay signos de esta enfermedad, está ahí, por ejemplo beber cada fin de semana, excederse una y otra vez, no poder decir “basta”, aburrirse en reuniones donde no hay alcohol, hacer o decir cosas que no haría o diría sobrio, tomar para escapar de tensiones o problemas o para animarse…

5.- DESEOS DE CONTROL. Si tu novio o novia te presiona a hacer algo que tú no estás de acuerdo porque le parece bueno para ti. Esto puede parecer un detalle insignificante, pero en el fondo hay un enorme deseo de control sobre la otra persona, lo que implica poner obstáculos para que sea ella misma.

6.- NO PUEDEN SER AMIGOS. Si lo que los une es la pasión, el deseo, el enamoramiento; pero no pueden sentarse a platicar; si no se escuchan uno al otro; si no pueden compartir sus vidas como hacen con un buen amigo o una buena amiga, eso que hay entre ustedes no les va a permitir formar un buen matrimonio.

7.- PROBLEMAS PSICOLÓGICOS. Cualquier problema psicológico serio es razón suficiente para terminar un noviazgo, o al menos para plantear la necesidad de recuperación del afectado antes de formalizar más la relación. Problemas como depresión, ansiedad, inseguridad profunda, inmadurez, obsesiones, masoquismo, agresividad, compulsiones, adicciones y otras, deben ser tratados profesionalmente antes de formar una pareja. El miembro sano de la pareja no debe sentirse culpable por dejar al otro con su problemas porque, como ya dijimos, una cosa es el amor y otra la pareja. Podemos amar a alguien con problemas, y apoyarlo y ayudarlo en la medida de lo posible, pero de ahí a formar una pareja hay un abismo. No solamente no es conveniente, sino que no tenemos derecho a hacerlo, por lo menos no si lo que queremos es formar una familia.

8.- MENTIRAS Y OCULTAMIENTO DE ASUNTOS GRAVES. Haber tenido un hijo, por ejemplo, o padecer una enfermedad seria, así como antecedentes penales o situaciones familiares problemáticas, entre otros. Estos asuntos, por sí mismos, no necesariamente incapacitan una relación. Pero el otro debe saber que existen para poder tomar una decisión libre, no con base en engaños. Así que, si alguien sospecha con cierto fundamento que el otro le está ocultando algo grave, es mejor terminar esa relación cuanto antes.

9.- EGOÍSMO. Cada quien sabe cuándo es egoísta y cuándo el otro lo es. El egoísmo no permite que se desarrolle el amor.

10.- JUZGARSE EL UNO AL OTRO. Criticar a sus mutuas familias, no aprobarse, no darle valor a lo que siente o piense el otro. Todo esto habla de que no hay un verdadero encuentro entre los dos.

11.- NO AFINIDAD DE VALORES. No estar de acuerdo en los valores fundamentales de la vida. ¿Cómo podrían construir una vida en común así?

12.- NO ESTAR DE ACUERDO EN DETALLES COTIDIANOS. Por ejemplo como pasar el tiempo libre, que uno le guste bailar y otro no, el tipo de comida, etc., y no ser capaces de tolerarse uno al otro. Si uno de los dos tiene que adaptarse a otro, renunciar a sus amigos o actividades que degustan, esa relación no va a funcionar, porque está partiendo de un cancelar, al menos en parte, de uno de lo miembros.

Tomado del libro “OBRAS SON AMORES Y NO BUENAS…EXCUSAS”
Recopilador: Pbro. Jorge Amando Vázquez Rodríguez
Autor del artículo: Yusi Cervantes Leyzaola

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Fuente:
Pastoral Juvenil Coyuca.

http://pjcweb.org

Problemas de pareja entre los jóvenes

Quienes llaman a la línea de ayuda se sienten incómodos con su vida sexual de pareja

Hablar de pareja es también hacerlo de la gran mayoría de nosotros. Según la Encuesta Nacional de Juventud 2005, del Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ), el 80% de los jóvenes han tenido alguna vez en su vida un(a) novio(a). Asexoría, trabajando con los datos arrojados por las estadísticas de uso de la línea de ayuda, ha identificado que muchas personas llaman porque atraviesan por algún problema con su pareja y observamos lo siguiente:

El 29.41% estaban involucradas en una relación conflictiva de infidelidad; 25.5% se sentían mal debido a que pensaban que faltaba amor en su vida sexual de pareja; 13.73% tenían problemas cotidianos que, con las fricciones de todos los días, estaban haciéndose más grandes.

Curiosamente, en todos los casos, había hecho falta por lo menos alguno de estos tres elementos que median las relaciones humanas, sobre todo las de pareja:

1.Comunicación 2. Confianza 3.Respeto

El ser humano es tan complejo que es imposible que no existan conflictos en sus relaciones interpersonales, pero la comunicación puede favorecer a la construcción de una sana relación; no sólo comunicando al otro lo que se quiere, sino escuchándolo también.

Quienes llaman a la línea de ayuda porque se sienten incómodos con su vida sexual de pareja afirman, en todos los casos, no llevar vida de pareja; es decir, la relación se ha centrado en las relaciones sexuales, pero no son satisfactorias, dejándoles un sentimiento de vacío. En estos casos, la confianza y la comunicación son indispensables para que la pareja pueda ir creciendo en el amor y la entrega.

En la Encuesta Nacional de Juventud 2005 del IMJ, se preguntó a hombres y mujeres qué buscan en su pareja: El 36% sinceridad y el 20% responsabilidad. La comunicación sólo será efectiva si está mediada por la verdad y la sinceridad; Por otro lado, la responsabilidad es la capacidad de responder a las circunstancias, buenas o malas, de cada día y la forma en la que se cultiva y cuida al otro en cualquier caso.

Asexoría te recomienda:

COMUNICA: ¿Qué tanto se conocen? ¿Saben cuáles son los planes, metas, objetivos de cada uno y los comparten? ¿Cuál es su opinión sobre aquellos temas que tanto te preocupan o te parecen tan importantes? Comunicar es conocer; desenmascarándote y permitiéndole a él/ ella que también lo haga.

CONFÍA: ¿Se dejan llevar por lo que dicen los demás? ¿Crees en él/ ella? Creer en el otro es una muestra de amor…pero no te lances al vacío, sin asegurarte de que haya una red debajo para amortiguar tu caída. Foméntala todos los días a través del crecimiento de ambos y búsqueda constante por alcanzar sus mutuas aspiraciones.

RESPETA: ¿Buscan y quieren lo mismo? ¿Se aceptan tal como son? Procura tener en cuenta que frente a ti tienes a una persona con sus propios gustos e intereses y que probablemente sean diferentes a los tuyos; conócelos y respétalos. Una relación es de dos, y no de uno sólo.

Nos conocemos por nuestras semejanzas, pero crecemos
a partir de nuestras diferencias.

Los datos analizados corresponden a 110 personas que han llamado a nuestra Línea de Ayuda

Fuente: catholic.net

EN LA PAREJA SE PUEDE NEGOCIAR

Todos los días tienes que elegir, te ves en la necesidad de coger algo y dejar algo; te ves en la necesidad de ponerte de acuerdo, de coordinar con quiénes compartes la vida, ya sea en asuntos importantes como en cosas que no lo son tanto. El hecho es que vives en función de acuerdos tácitos y pactos de convivencia, muchas veces imperceptibles, pero concretos. Y si bien el término “negociar” no goza de muy buena prensa, aprender a hacerlo es la clave para llevarse bien y garantizar relaciones más satisfactorias, en todos los aspectos.

(Cuento con que se parte de la base que uno está convencido de querer vivir en pareja, de que se quiere aprender a vivir en pareja.)

¿Es verdaderamente necesario hacer una larga lista de renuncias para asegurar una relación duradera? ¿Implica que tengas que posponer indefinidamente tus deseos?. ¿Es cierto que para llevarse bien, tienes que dejar pasar una y otra vez todo lo que te molesta de tu pareja o de tus hijos? 

El tema es que si es perfectamente esperable que tú te ocupes de las personas queridas, también sucede que también eres tú quien siempre deja de lado sus necesidades o el/la que siempre se calla la boca para evitar una discusión, a la larga terminarás por no sentirte bien, por experimentar un gran amargor de boca, un mal sabor que te llevará a cuestionarte asuntos que hasta el momento creías incuestionables. Un buen día se te “ llenará la copa” y buscarás cambiar de posición y plantearás todo tipo de reproches y discusiones; es tan fácil como ver que vas a ¡EXPLOTAR!

Existe una forma más efectiva para conseguir que todos los vínculos sean más satisfactorios y equitativos y se llama negociación y tiene sus secretos. 

Negociar, es un proceso de conversaciones mediante el cual las partes involucradas intentan lograr acuerdos cuando surgen intereses opuestos y deseos que no convergen en intereses. También es una elaboración, por lo que lleva su trabajo y esfuerzo personal no carente de, al mismo tiempo, una gran dosis de voluntad individual.
(Todo lo que merece la pena se consigue con grandes dosis de esfuerzo)
La infinidad de intereses que tiene cada persona genera diferencias que tienen que ser resueltas de algún modo para poder convivir. Sin embargo, no existe ninguna situación que no pueda remediarse. La experiencia clínica me ha demostrado que ante verdaderos problemas de comunicación que eran “casi irreparables”, y si aún existe el amor (recordemos que como sentimiento puede cambiar y extinguirse) era cuestión de que básicamente se creara el propósito de querer aprender a plantear lo que realmente quieres.

CLAVES: 
· Ponte a la misma altura que el otro. Entiende que tú eres tan valioso como los demás. Defiende tus deseos. Para poder ocuparte de los demás, primero tienes que encargarte de ti mismo/a (esto no es egoismo)
· Abandona a tiempo la discusión. Saber emprender correctamente la retirada no es un signo de debilidad sino de fortaleza. 
· Visualiza alternativas y sugiérelas. En la medida de lo posible trata de ser amable: “¿qué pasaría si…?”; “me gustaría que…”, estas frases permiten abrir el diálogo y el intercambio de opiniones (la agresividad genera agresividad)
· Acepta el no. El hecho de hacer un reclamo no significa que será atendido inmediatamente. Sin embargo, eso no debe ser una excusa para dejar de plantear lo que tú necesitas. Poder comunicar lo que deseas es un paso vital para aprender a negociar. 
· Escucha sin interrumpir. De este modo le permitirás al otro expresarse y también podrás exigir ser escuchado/a si interrupciones.
· No amenaces ni desacredites a los demás. No olvides que tu objetivo no es destruir al otro, sino ejercer un derecho legítimo. Y no olvides que las acusaciones cierran las puertas. 
· Evita el chantaje. La extorsión afectiva es la estrategia de los débiles. Establece cuáles son tus derechos.
· No des nada por sentado. Descarta pensamientos como:” él debería saber que…”; “ya sé lo que va a responder…”, ” yo estoy segura de que él…”. (Normalmente el curso de adivino aún no está disponible, creo)
· Conversa sobre un tema puntual. Si uno se va por las ramas, no centra el dialogo sobre lo que le interesa, genera dispersión y gran malestar.
· No quieras tener siempre la razón. No hay nada más desagradable que tener a una persona testaruda enfrente de uno. 
· No pases facturas. No lleves las cuentas de cada cosa buena que tú haces o de los errores que él comete.

Ninguna pareja, por más enamorada que se sienta, está libre de discusiones y problemas. La clave para salir airosos está en la capacidad para abordar, resolver y negociar sus conflictos. ¡Y se puede! 
Se puede tener afinidad en valores, abrazar objetivos de vida compartidos, compatibilidad sexual y provenir de familias relativamente similares; pero si a la hora de discutir, desafiando la convivencia, la pareja no es capaz de asumir con madurez las dificultades ni tiene capacidad de llegar acuerdos, probablemente estén destinados al fracaso.
Esto se vuelve fundamental, sobre todo, en períodos críticos como la etapa de organización del matrimonio y en el tiempo de recién casados en que comienza el “ajuste” a esa nueva vida, pues marcará la pauta de cómo se relacionarán y trabajarán el tema a futuro. Tampoco olvidemos que en los ciclos evolutivos de la pareja existen luces y sombras y es en estas situaciones cuando es conveniente sacar los recursos que cada uno tiene, aprendiendo asertividad, empatía y respeto. Un Orientador familiar, un terapeuta, puede conduciros por este camino para que se consiga estabilizar la relación que tal vez solos no se sea capaz de afrontar.

Una observación tan importante como las anteriores es dejar de lado algo tan peligroso como el rencor. Se hace necesario, pues, en las primeras sesiones de orientación, “bajar la intensidad emocional” de los clientes. ¡Ahora podemos comenzar!

Juan Jose López Nicolás
ASOCIACION CONVIVENCIA FAMILIAR RINCON DE SECA
http://terapiayfamilia.blogspot.com

La familia de origen

Si nos fijamos, en realidad todos somos, hemos sido, y seguimos siendo hijos; da igual la familia en la que nos ha tocado vivir que nadie nos dijo como realmente teníamos que ejercer nuestra profesión de hijos. Siempre vendremos de un origen no nacemos de la nada, y nuestras familias nos van marcando una serie de pautas, nos gusten más o menos. La cosa se complica cuando como hijos somos padres; total que no era ya difícil el asunto como para liarlo aún más.

Siendo esto así, se ve en demasiadas ocasiones en terapia de pareja como las dificultades en su relación se le suma las de las familias de origen. Siempre que una nueva pareja se funda se suele insistir mucho que es necesario y fundamental que ésta cree su propia comunidad, su propia familia.

Por otro lado las respectivas familias de origen deben saber que a la pareja ha de concedérsele prioridad. Cada uno viene de familias distintas y cada familia tira de un hijo en muchas ocasiones tomando parte en sus problemas. En esos momentos no es que las familias respectivas se mantengan al margen sino que tienen que considerar que la mejor ayuda o apoyo no es tomar parte en sus decisiones o resoluciones, hablar airadamente de uno o de otro, porque su hijo es su hijo y el otro miembro de la pareja siempre será el responsable de sus problemas. Considerarlo de esa manera significara un embrollo familiar en donde por una lado la familia no este ayudando de esta manera a la nueva pareja para constituir su propia familia y por otro lado los hijos no hayan resuelto sus propias complicaciones con sus respectivas familias de origen y así construir una nueva base familiar. Y es que en palabras de una terapeuta de familia “las crisis de pareja tienen que ver muchas veces, con no haber podido resolver los cónyuges sus dificultades en sus propias familias extensas y repetir patrones disfuncionales en ellas” (Pérez- Díaz Flor, 1994).

Pero también rechazar a la familia de origen o no tratarla de forma adecuada no conduce a nada o mejor dicho sí que conlleva a un gesto de desavenencia dentro los miembros de la pareja: “por que tu hermano me dijo…” “tu padre está equivocado…” estos comentarios nos dañan como hijos, porque no olvidemos que son nuestra familia, y la defenderemos a ultranza a pesar de que no nos guste lo que vemos, pero han sido y serán nuestra base, en donde nos hemos criado.

Por eso mismo las relaciones con la familia extensa, suegros, cuñados, etc. sí que deben ser cuidadas y bien gestionadas, porque por desgracia son muchas las parejas que tropiezan en esta materia. Ayudarse mutuamente la pareja a facilitar un buen trato con los suyos, revierte en más felicidad para su relación. Es fundamental saber que son amores muy distintos y perfectamente compatibles. Y por eso mismo ambos amores merecen reconocerse y recibir un buen trato.

Mª Del Carmen González Rivas

Centro de Atención psicológica y familiar vínculos

www.psicovinculos.es