“Le robé a muchas mujeres la belleza de su maternidad”
Tras presenciar un aborto guiado por una ecografía, Abby Johnson supo que su carrera como directiva en la organización líder en practicar abortos de EE UU, Planned Parenthood, era “una mentira”, y se dedicó a revelar las trampas de esta industria.
Por Isabel Molina E. Fotografía: cortesía de Abby Johnson e Ignatius Press
ABBY JOHNSON se ha convertido en el dolor de cabeza de Planned Parenthood. En su libro UnPlanned –NoPlanificada– (Ignatius Press, 2011, EE UU), pone al descubierto las prioridades abortistas de esta organización y la manipulación semántica que utiliza. Sus antiguos empleadores la llevaron a juicio para intentar silenciarla. Sin embargo, no solo ganó la demanda, sino que el caso atrajo la atención de los medios y lo único que consiguieron fue darle una plataforma para contar su historia. Hoy, Abby Johnson forma parte de Coalition for Life (Coalición por la Vida), la organización provida que trabaja del otro lado de la reja de la misma clínica que ella dirigió, para intentar ofrecer alternativas distintas al aborto a las mujeres que allí acuden.
Usted fue educada en una familia cristiana provida, ¿qué la llevó a involucrarse con Planned Parenthood?
Cuando estaba en la Universidad (Texas A&M University), asistí a la feria anual que promueve causas de distintas organizaciones en las que los estudiantes pueden participar. Me acerqué a la mesa de Planned Parenthood y me encontré con una mujer compasiva con la que sentí que tenía mucho en común. Ella me habló de que esta organización buscaba reducir el número de abortos, proporcionando una asistencia sanitaria segura, asequible y de calidad a las mujeres en dificultades.
Bastó una conversación de diez minutos con esta mujer… Después de eso me hice voluntaria, llegué a ser empleada y, finalmente, directora de la Clínica de Bryan, en Texas, durante ocho años.
Solo al final de esos años descubrió la verdadera agenda de esta organización. ¿Cómo ocultan ellos sus prioridades abortistas?
Planned Parenthood afirma ser una organización que se preocupa por las mujeres y ofrece una asistencia sanitaria de calidad, segura y asequible para ellas. Muchos empleados –me ocurrió a mí también– están allí porque comparten ese objetivo. Sin embargo, hay una parte que ellos no anuncian: que la mayoría de sus ingresos proviene del aborto, no de la “planificación familiar” ni de los demás servicios que ofrecen. Cuando atraviesan dificultades económicas, como sucedió cuando yo era directora de la Clínica Bryan, aumentan el número de abortos para incrementar sus ingresos. Yo siempre creí que estaba haciendo lo mejor por las mujeres, pero luego me di cuenta de que Planned Parenthood le roba a esas mujeres el don de la maternidad, y ante un aborto no hay manera de dar marcha atrás. Es una tragedia… pero ellos lo presentan todo muy bonito.
¿Qué hacen para aumentar sus cuotas de abortos?
Planned Parenthood es un negocio, y esto significa que sus empleados muchas veces están obligados a recomendar el aborto a las mujeres que se enfrentan a un embarazo no planeado. Aunque les preocupen las mujeres que entran a sus clínicas tanto como a las personas provida que están del otro lado de sus rejas, no siempre tendrán la opción de ayudarles de verdad. Muchas veces se verán forzados a sugerirles un aborto.
Su vida cambió tras colaborar en un aborto… ¿qué fue lo que ocurrió?
Al principio, cuando me pidieron ayuda pensé que sería una gran experiencia de aprendizaje, porque durante todos mis años alentando a las mujeres a abortar, nunca había presenciado un aborto. El inicio del procedimiento me resultaba familiar. Sabía cómo sostener la sonda de ultrasonidos, pero tan pronto la sonda permitió ver el feto, mi corazón se encogió. Vi el cuerpo perfectamente formado de un bebé de 13 semanas, al igual que había visto a mi hija Grace en una ecografía. Quise despertar a la mujer, mostrarle que era madre de un bebé hermoso y perfecto, pero ya era demasiado tarde. Mientras se realizaba ese aborto mi corazón ya no era el mismo…
¿Qué cambió en su corazón?
Supe que no quería volver a ser parte de un aborto, y me di cuenta de que no quería ser parte de una organización que practica abortos. Me di cuenta de que la organización en la que había construido mi carrera era una mentira; y que yo le había mentido y robado la belleza de la maternidad a muchas mujeres, incluso sabiendo lo que es ser madre. Mi corazón cambió de manera insospechada. Me di cuenta de que desde la concepción se forma un bebé perfectamente creado para vivir, no un “tejido” ni un “feto que no siente”. En esa sala de abortos –aunque yo no lo sabía en ese momento– nació mi deseo de defender vidas, como la de ese bebé, cada día de mi vida.
¿Cree que si más madres pudieran ver a sus bebés en una ecografía elegirían no abortar?
Sí. Una de las preguntas más frecuentes que me hacían las mujeres durante las asesorías era: “¿Mi bebé sentirá algo durante el aborto?” En Planned Parenthood me enseñaron que “no, que el bebé no siente nada”. Ellas preguntan porque les importa su bebé y quieren asegurarse de que este “procedimiento médico” no le hará daño a la vida que crece dentro de ellas. Sé que si esas mujeres hubieran sabido que su bebé sentiría el aborto, que sufriría dolor y que se sentiría atacado, muchas no habrían abortado.
¿Cómo cambió su misión personal tras el giro que dio su vida?
Mi misión solía ser ayudar a las mujeres y creía que el aborto era un procedimiento necesario en determinadas situaciones. Después de presenciar ese aborto entendí que siempre hay una opción mejor que el aborto. Mi objetivo hoy es denunciar la realidad del aborto y educar a las mujeres, a los hombres y a las generaciones futuras sobre la vida en el útero y las opciones que tienen ante un embrazo no planeado.
Usted habla mucho del trabajo con las “mujeres en crisis” ante un embarazo no planeado, pero, ¿quién se ocupa de los “padres en crisis”?
Hay organizaciones como 40 Days for Life (40 Días por la Vida), que abordan el papel del padre en un embarazo no planeado. Desafortunadamente nuestra cultura está guiada por el lema “es mi cuerpo, yo elijo”, sin embargo, los hombres pueden jugar un papel decisivo en la prevención del aborto. Muchas veces ellos sienten que no tienen voz ni voto pues no llevan al niño en su vientre… Mi consejo es que acudan a organizaciones como 40 Days for Life que los animarán a usar su voz.
Su marido nunca compartió su visión sobre el aborto, pero la amaba incondicionalmente…
Doug fue mi roca durante mis años de trabajo en Planned Parenthood. Dios le dio un regalo maravilloso: la paciencia y el amor más allá del entendimiento. Él me reto de la manera más amorosa: confiaba en que, por fin, yo vería las cosas de forma diferente durante el embarazo de nuestra hija Grace.
¿Cómo cree que reaccionan sus antiguos colegas al leer su libro?
Seguro que a algunos les produce un gran shock, porque nunca se imaginaron que yo, como directora de una clínica de Planned Parenthood, muchas veces no estaba de acuerdo con lo que me tocaba hacer. Nunca conoceré las reacciones de cada uno, pero deseo que ellos busquen la verdad, la vean y que esa verdad los libere de la industria del aborto, tal como me liberó a mí.
En su libro menciona que muchos de ellos se sienten atrapados, pero piensan que alguien tiene que hacer su trabajo. ¿Qué les diría hoy si pudiera hablar con ellos?
He tenido muchas conversaciones de estas desde que me marché de Planned Parenthood. Les cuento que hay brazos amorosos que están dispuestos a ayudarles a encontrar otro trabajo, a apoyarlos mientras lo encuentran, y a caminar a su lado; que no están solos. Les cuento del apoyo que yo recibí cuando me retiré y del peso tan grande que me quité de encima. Cada uno de ellos puede recibir ese mismo apoyo que yo tuve.
Y si nos vamos del otro lado de la reja, ¿qué le recomienda a las personas que trabajan por la vida para que su labor toque mentes y corazones?
La única manera de cautivar las mentes y los corazones es revelar la verdad sobre el aborto y las opciones ante un embarazo no planeado de manera amorosa y serena, y hacerlo en oración. Durante mis años en Planned Parenthood, siempre admiré los esfuerzos de las personas provida que se paraban del otro lado de nuestras rejas. Sabía que, al igual que yo, querían ayudar a quienes entraban a la clínica. Gracias a ellos supe a dónde ir cuando decidí dejar la industria del aborto.
Durante los años que describe en su libro, usted y su esposo participaron en servicios dominicales de distintas iglesias cristianas, buscando una comunidad de fe. ¿Han logrado encontrarla?
Sí. Hace un año que mi esposo y yo nos convertimos al catolicismo. Cuando yo dejé Planned Parenthood, fuimos recibidos en los brazos amorosos de la comunidad provida. La mayoría de ellos son católicos y me invitaron a dar charlas y a participar en actividades parroquiales. Poco a poco, fui creciendo en el amor a la liturgia de la Iglesia católica, a sus formas y a sus enseñanzas.
Al despertarse por la mañana, ¿qué le pide a Dios?
Rezo para que en mi país se valore y se ame la vida, rezo por la sanación de los hombres y mujeres que sufren emocionalmente los trastornos de abortos pasados, y rezo por todas las personas involucradas en la industria del aborto o que están pensando en abortar, para que busquen y escuchen la verdad que pueden mostrarles los activistas provida que están del otro lado de la reja. La oración acabará con el aborto. Mi último ruego es que el aborto se acabe y que en todo el mundo se respete la creación más sagrada de Dios: la vida.
CRUZAR LA REJA
Abby Johnson cuenta en su libro por qué pensaba que el feto no era una persona con derecho a la vida –incluso ella misma se sometió a dos abortos de bebés concebidos con su primer esposo y los mantuvo en secreto– y por qué todo cambió el día que tuvo que asistir a un aborto… Dio la casualidad de que el médico abortista utilizó un procedimiento que suele evitarse en las instalaciones de Planned Parenthood para ahorrar tiempo: realizó un aborto asistido por ultrasonido. Una semana después, aunque le angustiaba renunciar a su salario sin tener un nuevo trabajo, decidió cruzar la reja y unirse a la causa provida que durante años había mirado con recelo. Hoy Abby trabaja en proyectos de la campaña 40 Días por la Vida, unas jornadas de oración que se realizan frente a clínicas abortistas. Una de aquellas campañas estaba en marcha frente a su clínica cuando ella dejó el cargo.
fuente: revistamision.org
La ilusión de vivir y la maternidad
Blanca Mijares
Alrededor del ser madre se arremolinan muchos términos como: ilusión, amor, educación, felicidad, sentido, crecimiento. Pero, desgraciadamente también, y me da mucha tristeza, términos como esclavitud y molestia, términos estos últimos que nos hablan de un profundo egocentrismo, una profunda falta de identidad personal y de un profundo sin sentido en la vida.
Me pregunto ¿Por qué hay mujeres -pocas afortunadamente-, que gritan, que se desgarran, que se convulsionan, que luchan incluso contra su propia naturaleza? ¿No se dan cuenta de que su argumentación y lo que defienden no las hace mejores, ni más plenas, ni las ayuda a encontrar la paz interior, ni les reserva un amor verdadero?
Son víctimas de una época que ha tergiversado los valores y que quiere vivir filosofías como las de:
Schopenhauer -Tan citado por las feministas y que por lo visto no han leído- que no ha tenido rival como misógino y que concibió la vida como una maldición y la muerte como la liberación de sus desgracias.
O Nietzsche que al exaltar la voluntad sobre todas las cosas y declarar la muerte de Dios proporcionó una anti-filosofía que al alabar al yo aislado, desafiante de toda ley, ofreció un programa que justifica cualquier cosa que desee la voluntad, incluso el suicidio de su propio autor, que tras intentar convertirse en su propio Dios, cortó toda comunicación personal, y al no quedar nadie para ayudarle a descubrir quién era, se provocó la locura primero y el suicidio después.
O Rand, una mujer con tal egoísmo que se convirtió en enemiga del amor verdadero, arrogante y dogmatica, su filosofía es imposible de ser vivida, ni por ella misma; sin embargo, verdaderos fanáticos la siguen.
O la filosofía eugenésica de Darwin, Galton o Haeckel, que provocó ni más ni menos que el infierno nazi y ha influido en las prácticas eugenésicas actuales.
O la de Jean Paul Sarte que al negar la naturaleza humana, evita definir que es inhumano, punto significativo para la moralidad y de este modo, elimino un fundamento importantísimo para denunciar los crímenes contra la humanidad e incito a realizar actos brutales. La psicología de Sarte es Machista, desprecia a las mujeres de forma evidente: toma el dualismo de Descartes y lo aplica a los sexos, describiendo lo masculino y lo femenino como antagónicos, por eso, se le considera maniqueo y anti-feminista. Se opone al carácter fructífero de la mujer y a la realidad encarnada de la sexualidad. Además de degradar a la mujer al nivel de ser en sí, de materia, Sarte, crea una brecha imposible de salvar entre el Yo y el Otro. En consecuencia, el amor entendido como intersubjetividad se hace imposible y solo se pueden dar relaciones de sadismo o masoquismo. Según él, el modo fundamental de todas las relaciones humanas es el conflicto.
O la filosofía de su pareja Simone de Beauvoir que en contra de lo que se cree, nunca habló en nombre de todas las mujeres; ni el tipo de libertad que apoyó incluye la libertad para contraer matrimonio y para criar a los propios hijos, como se afirma. Su existencialismo Sartreano, desprecio a la mujer porque considero que su feminidad supone una esclavitud del “ser en si” que es. La retrata como un ser víctima de su propia biología e inmovilizada por las expectativas de la sociedad burguesa. Su propia filosofía era más horrible que cualquier otra cosa que le produjera miedo. Admitía que ella era una nada con miedo de todo, aspirando a un ideal masculino, a pesar de creer que los hombres siempre han considerado a las mujeres como el Otro que debe ser oprimido. Ella fue muy infeliz, era una bebedora, fumaba en exceso, experimentó con drogas, intentó suicidarse, sufría episodios de depresión y estaba obsesionada con la muerte.
O que decir del famoso Freud o de Reich, que se centran en la búsqueda del placer, reduciendo al ser humano a pura sexualidad, perdiendo de vista su espiritualidad y las capacidades que ella implica.
O la de todos los modernos planificadores y traficantes de la muerte: Mead, Kinsey, Sanger, Gamble, Humphry, Kevorkian o Singer.
Varios de los cuales vivieron vidas atormentadas, llenas de traumas y hasta anomalías psíquicas. Y que en términos generales se ha cometido el error de generalizar su vivencia personal o su opinión personal o su conveniencia personal sin un verdadero análisis sobre la cuestión.
No cabe duda que la ignorancia es mala cabalgadura. Sinceramente creo que aún buscando un aparente bien estas mujeres están siendo engañadas, manipuladas por personas con intereses eugenésicos y/o machistas. Cuyo único interés es rebajar a la mujer al nivel de cosa para su uso y después, botarla como se hace con un pañuelo desechable sin mayor compromiso o responsabilidad.
Después de plantear la raíz del problema a groso modo, quisiera continuar con su sintomatología en la sociedad. Vemos como se ha perdido la ilusión por vivir, a pesar de que vivimos una época en la que gozamos de más comodidades. Se respira un ambiente de descontento, de stress, de aburrimiento, de indiferencia, de depresión. Los matrimonios se resquebrajan, los jóvenes se suicidan, las mujeres se matan de hambre literalmente, se da prioridad a la imagen sobre el ser, los hombres se han vuelto incapaces para amar y se vuelcan en el tener y en el éxito profesional, se evita todo tipo de esfuerzo o compromiso, se busca el libertinaje, el placer aquí y ahora, se cree que estamos predestinados por nuestro pasado, las estrellas o cualquier otra fuerza misteriosa, o al contrario, se cree que con tan solo desear las cosas, ellas llegarán por obra de magia. La injusticia desaparece del mapa, el único que cuenta es el yo desvinculado de todo… Definitivamente estamos perdidos.
Podemos observar como no existen más los héroes, los modelos que edifican han desaparecido: Nos hemos convertido en botargas, en caricaturas de ser, que salta de una moda a otra, que creen descubrir algo valioso en los medios de comunicación o en las revistas de moda o del corazón, o en la vida de los famosos y sus escándalos. Vemos como el sentido de las palabras se ha manipulado por motivos ideológicos, así lo que durante todo la historia de la humanidad ha sido comprendido por ejemplo, como una aberración, ahora es una opción. Mucha gente nos quiere convencer, nos quiere manipular, debido a una gama de intereses enorme y variada que se insertan en la cultura actual: hedonista, consumista, permisiva y relativista, para lograr sus intereses personales o grupales.
Y me pregunto ¿Y yo donde quedo? ¿Realmente esa soy yo y eso es todo lo que la existencia me depara? ¿No soy más valiosa, no puedo lograr una vida más digna, más llena de sentido, de serenidad y de amor verdadero? Sospecho que soy y puedo mucho más de lo que se me ofrece. Te invito me acompañes por la reflexión que hice para descubrirme y descubrir el sentido de mi existencia:
1. Soy mujer. Es un dato objetivo fundamentado en la biología que dice: en todas tus células está contenida la información de tu sexo, de tu pertenencia a la especie homo sapiens y las características específicas heredadas por tus padres. Es una información proporcionada por la genética y contenida en el ADN desde el momento de la concepción: Se es hombre o se es mujer por el par 23 (XX o XY).
2. Para la concepción de un ser humano es indispensable la aportación de un padre –hombre- y de una madre –mujer-. Ninguno es sustituible porque, una parte de la información debe ser leída del cromosoma de origen paterno y otra diferente del cromosoma materno. Cada lote de cromosomas hace algo específico dependiendo de quién provenga, cada uno por separado no puede construir una imagen completa de la persona. El contenido paterno construye el envoltorio y la búsqueda de alimento (membranas y placenta), el contenido materno suministra los elementos que permiten que el individuo pueda construirse a sí mismo.
3. Por la acción organizada de las hormonas se organiza un sistema nervioso masculino o femenino, base de las diferentes fisiologías y conductas que se observan en hombres y mujeres.
4. Hombres y mujeres poseemos diferentes habilidades cognitivas. Gracias a los estudios psicométricos se ha descubierto que las mujeres muestran una mayor tendencia al uso de la mano derecha y una mayor articulación y fluidez verbal en el hablar que los varones. Las niñas normalmente aprenden a hablar antes que los hombres, tienen un vocabulario más extenso y emplean más pronto construcciones gramaticales. Los varones, tienen una mejor ejecución en tareas no verbales, cuando las relaciones espaciales son preponderantes. Muy interesantes son al respecto los estudios de Kimura sobre las diferencias entre el cerebro de varón y el de mujer en el modo de resolver problemas intelectuales. En conclusión, podemos decir que hombres y mujeres nos conducimos de forma diferente.
5. La antropología Biológica y la Etología han descubierto diferencias entre la sexualidad humana y la animal, que las hacen diversas: La sexualidad humana es capaz de ser expresión de una intimidad, y es esta dimensión, la que le da su más profundo sentido. El fin de la sexualidad humana no es exclusivamente procreativa (lo que no legitima separar sexualidad de procreación). Hay un salto cualitativo entre animales y personas tan grande que no hay punto de comparación. La espiritualidad humana: La vida interior que implica. La inteligencia y voluntad que posee. La capacidad de amar y de trascender en el otro. La capacidad de compromiso libre. La capacidad de apropiarse del futuro a través de actor dirigidos en una dirección elegida libremente. La necesidad del otro para sobrevivir durante toda la vida. La capacidad de crear sinergias y de buscar el bien común, etc, etc. que hace al ser humano totalmente diferente.
6. La Psicología ha aportado al conocimiento sobre varón y mujer, su complementariedad no sólo entre los sexos, sino en el interior de su ser, gracias al psiquiatra Jung, se ha descubierto que cada ser humano está llamado a realizar una personalidad humana completa abarcando todas las virtudes asignadas a ambos sexos, con el matiz propio de su sexo que les hace complementarios.
7. Desde la Antropología cultural, interesa desmascarar a Margaret Mead quien manipulo los resultados de su investigación para auto-justificar sus comportamientos sexuales desviados, la ligereza de su vida y de sus declaraciones. Derek Freeman demostró de forma apabullante como todas las afirmaciones hechas por Mead en su libro eran completamente falsas o estaban gravemente distorsionadas; demostró que la cultura en Samoa estaba profundamente influenciada por el cristianismo y por lo tanto, opuesta a lo que ella se atrevió a afirmar y degradaba a sus pobladores.
8. La Sociología constata que se ha superado, en muchos lugares, la concepción que articulaba la diferencia entre varón y mujer entorno a diferentes roles sociales. Actualmente, el acceso a la cultura y la independencia económica son dos bienes al alcance de más mujeres. Además, se comienza a reconocer su aportación femenina como enriquecedora en las diferentes esferas laborales.
9. La Filosofía tiene la tarea de elaborar una teoría antropológica que engarce la igualdad y la diferencia, que supere la subordinación y el igualitarismo, que son los extremos en los que se han plantado los diferentes pensadores. Necesitamos un término medio donde no se lesiona a nadie y todos podamos realizarnos como lo que somos y podamos aportar a la riqueza de la humanidad con nuestro propio ser masculino y femenino, y nos ayudemos a crecer y a vivir una sociedad más humana. Es necesario volver a hablar de reciprocidad y de complementariedad. De la diferencia en unidad.
10. Ya la filosofía nos ha aportado sobre la igualdad: varones y mujeres somos personas, seres dotados de espiritualidad, por lo tanto, compartimos una misma naturaleza y una misma dignidad y nos compete por igual la responsabilidad de sacar adelante a nuestras familias y a nuestra cultura cooperando y aportando lo que es más propios de cada uno.
11. Sobre esto tiene mucho que decir la Antropología Teológica, que hunde sus raíces en el Cristianismo. Ilumina el entendimiento cuando nos ayuda a descubrir como Dios nos ha querido: Imagen suya, en dos variantes: varón y mujer, y con una misión común: crecer, multiplicarnos, llenar la tierra y dominarla. Aquí la clave es ser imagen suya: Dios es Amor y es Trinitario: es unidad en la diversidad, es comunidad de vida y amor. Esa es nuestra vocación es la razón de nuestro ser sexuado y de nuestro existir.
12. La humanidad entera está llamada a vivir en concordia, en unidad, en la diversidad y en la riqueza que eso implica, en una cooperación que rebase la justicia, que hable sobre todo de amor. Sólo así se logrará la paz y la justicia tan añoradas. Ya basta de experimentos que has resultados tan dolorosos para tantos millones de personas como, por ejemplo, los regímenes comunistas o la propagación del aborto que no sólo es la más grande de las injusticias porque afecta al más indefenso de la sociedad y es ejecutado por quienes deberían de protegerlo, sino también son víctimas todas las mujeres que por ignorancia o por miedo lo han realizado, acorraladas por la presión de hombres irresponsables o de una sociedad con rasgos esquizofrénicos, y que por no poder perdonárselo nunca, ya que va en contra de su propia naturaleza, incluso han llegando al suicidio. En contraste, otras mujeres necesitan justificar su vida libertina y por eso, promueven una supuesta libertad sin límites, que sólo las encadena a sus pasiones, a su egoísmo, a la forma más empobrecedora y triste de vivir la existencia. Estas mujeres han perdido de vista que la moral nos enseña el arte de vivir bien, con dignidad, con belleza, con estilo, con serenidad, con sentido.
13. Somos seres superiores, somos hijos de Dios, podemos y debemos comportarnos como tales y reflejar esa imagen Divina impresa en nuestro ser corpóreo-espiritual. Tanto como varones, como mujeres. Ya basta de sentirnos amenazados por nuestra propia naturaleza sexuada, así somos y lo más sano es asumirnos, aceptarnos, como somos y también aceptar y asumir el fin para el que fueron ideados: Mostrar la imagen Divina aquí en la Tierra, de amor total, incondicional, indiviso y fecundo.
Afortunadamente, si nos fijamos bien, todavía existen modelos a seguir en las mujeres que nos rodean, en las que no aparecen en los medios de comunicación, son aquellas heroínas silenciosas que con su trabajo cotidiano, con su alegría de vivir, con su dedicación, con la entrega de su vida entera a su familia y a su sociedad se realizan. Son mujeres maduras, coherentes, con estabilidad psicológica que con ilusión de vivir, saben el valor que tienen, el valor de su aportación femenina y el sentido de su vida. No importa su nivel económico o cultural, su origen o rango. Lo que les une es la ilusión de ser mujeres y de vivir su feminidad, de aportarla al mundo y complementarse con la masculinidad, para enriquecer la realidad. Aunque reconozcan que todavía haya mucho trecho por recorrer y las contrariedades surjan de la misma cultura en la que vivimos. Son mujeres a las que no les da miedo ser mujeres y realizarse como tales, disfrutan siendo femeninas y humanizan su entorno.
Son mujeres que han tratado de elegir un buen hombre para realizar un proyecto biográfico común, para casarse –comprometiéndose de forma mutua y reciproca-, para amarse y formar una familia. Para formar núcleos familiares dinámicos a lo largo del tiempo, donde se acoge al desvalido, al enfermo, al viejo, al necesitado, y que por lo tanto, ayudan a sus miembros a crecer como personas, que a su vez, al lanzarse a la sociedad la humanizan, la enriquecen.
Viven la ilusión de ser buenas esposas y buenas madres, sin complejos, sin sentimientos de culpa, con coherencia, sin luchas internas que no llevan a ninguna parte. Son felices con tan solo tener la ilusión de hacer feliz a su familia, a sus compañeros de trabajo, de sacar adelante un proyecto de vida, etc. de forma realista y objetiva. Son mujeres que se saben situar en su realidad tanto material como espiritual, y se manejan con una contabilidad que cuida las cosas pequeñas bien hechas, hechas con amor, con generosidad y con sentido trascendente.
Son mujeres ejemplares que aunque las tormentas y los vientos contrarios las visiten, no se dan por vencidas de antemano. Son mujeres que aunque el hombre no haya resultado lo que ellas esperaban, han sabido salir adelante, que han sabido sacar adelante a sus familias, no sin mucho esfuerzo y sacrificio de por medio. Ellas son las que al final de la vida, cuando haya que hacer un recuento de lo realizado y logrado puedan sentirse satisfechas, aunque algunas cosas no se hayan logrado como hubieran querido. Sin embargo, se podrán sentir felices y podrán presentar algo al Creador: Su amor, que al final es de lo único de lo que se nos tomara cuenta: de cuánto y cómo hemos amado.
Vivamos nuestra feminidad y nuestra maternidad con amor, con ilusión, con alegría. Les aseguro no hay mayor satisfacción que ver crecer a los hijos, compartir con ellos sus logros y sus derrotas. No los hagamos inútiles, enseñémosles el valor de la entrega, del sacrificio gozoso por los demás, del servicio compartido dentro y fuera del hogar, sobre todo por los más necesitados, además, es importante que tengan una vida espiritual profunda, que se sepan Hijos de Dios, creados a Imagen Suya, y sepan que el mejor modelo a seguir es Jesucristo: Dios-Encarnado, Carne-Divina. El nos muestra junto con su Madre la Santísima Virgen María el ideal de unidad Corpóreo-Espiritual que somos y que debemos realizar para lograr la plenitud en el existir humano.
Mi deseo más profundo en este día de las Madres es este: Que su mayor ilusión siempre sea luchar, a pesar de las caídas o los problemas, para reflejar esa imagen Divina, que somos, de la forma más perfecta que podamos, sin complejos, sin culpas, al contrario, llenas de entusiasmo, con empeño, con voluntad férrea y un inmenso amor alegre. ¡Feliz día!
Fuente:encuentra.com
Oración a San Gerardo pidiendo el don de la maternidad
El Don de la maternidad
Celebramos un año más el merecido Día de la Madre, el cual gira alrededor de nuestras progenitoras quienes nos han traído al mundo y se entregan a su familia con el amor incondicional que las caracteriza. No debemos pasar por alto esta fecha para reflexionar sobre el Don de la maternidad.
La palabra matrimonio se deriva de la expresión latina “matris munus”, oficio de madre. Por eso acostumbramos a decir que un hogar es lo que es la madre, que la madre llena el hogar.
La aureola con que se ha rodeado siempre la figura de la madre no tendría razón de ser si se limitara a traer hijos al mundo. Madre es la que da la vida, pero su labor apenas comienza, ella cuida y nutre esa vida tanto en el aspecto material como en el espiritual de forma vitalicia. El rol de madre nunca termina, es algo inherente a ella, aunque los hijos estén mayores y se hayan ido de casa, ella perpetuará en sus corazones, nunca dejará de gozar por sus triunfos y sufrir por sus dificultades.
Mujer, mamá, esposa y trabajadora al mismo tiempo
Los innumerables roles que desempeñan las mamás, las hacen únicas e irreemplazables, gracias al innato Don de la maternidad encarnado en la Virgen María y otorgado por Dios a las mujeres para que fueran ellas las madres de la humanidad.
Ser ama de casa, llevar las riendas del hogar, educar y cuidar a los hijos, ser una buena trabajadora, ser una mujer bella por dentro y por fuera, ser una esposa amorosa; son sólo algunas de las exigencias que las madres deben enfrentar a diario. Ha veces les demandamos tanto, que sin intensión, terminamos por agobiarlas hasta el punto de considerarse extenuadas.
Las mamás también tienen derecho a sentir cansancio, a tener un mal día, a llorar “supuestamente” sin tener razón. Ponernos en los zapatos de mamá, nos hará entender su agitado mundo y reflexionar sobre cómo los hijos y el esposo pueden ayudar.
Una obra en silencio
Como dice el relato Homenaje a las madres invisibles, el trabajo de las madres es como la de los constructores de enormes y antiguas catedrales, quienes trabajaron toda su vida en una obra que nunca verían terminada. Hicieron grandes esfuerzos y nunca esperaron crédito. Su pasión por el trabajo era alimentada por su fe y por la convicción de que nada escapa a la mirada de Dios.
Este relato cuenta la anécdota de un hombre poderoso que fue a supervisar la construcción en una de estas catedrales y se encontró con uno de los trabajadores que tallaba un pajarito en una de las vigas de madera que sostendrían el techo. Curioso, le preguntó por qué perdía su tiempo tallando esa figurilla en una viga que nadie vería ya que sería cubierta con yeso, y le respondió: ‘Porque Dios si lo ve’.
Ningún esfuerzo o sacrificio que hacen las madres pasa desapercibido ante los ojos de Dios, porque ningún un acto es demasiado pequeño para que Él no lo vea y lo haga sonreír. Las madres están construyendo una gran catedral, sólo que ahora no pueden ver en lo que sus esfuerzos se convertirán.
¡Feliz día mamá!
Fuente:lafamilia.info
Cuando el hijo nace del amor
(Por Fernando Pascual, Colaborador Mujer Nueva, 2010-10-28)
Un hijo puede nacer o porque se quieren sus padres, o sólo porque lo quieren sus padres, o sin quererlo sus padres. Esta serie de posibilidades (existen más) pueden ayudarnos a comprender un poco cuál sea la mejor manera de que nazcan los hijos, y por qué la fecundación artificial no es éticamente correcta.
Pensemos en la primera posibilidad: un hijo nace porque se quieren sus padres. Cuando un hombre y una mujer se enamoran de verdad, a fondo, de modo exclusivo, son capaces de dar el paso de un compromiso total: pueden casarse.
En el matrimonio, la unión sexual vivida como expresión del amor mutuo, sin adulteraciones, sin trampas, se orienta a la posibilidad de que inicie una nueva vida, de que llegue un hijo. El “quererse” de los padres se orienta espontáneamente, también en los sueños de la pareja, a la llegada de cada hijo.
Ese hijo que nace “porque se quieren sus padres” es visto como un don, como un “alguien” que se acoge como distinto de sus progenitores y como dependiente de su amor. No habría hijo sin amor. El hijo muestra cómo el amor transciende a los esposos, los introduce en el misterio de una nueva vida.
Para los cristianos, ese hijo es expresión de la confianza de Dios que ha enriquecido el amor humano con el gran regalo de la fecundidad; de este modo, los padres participan y colaboran con Dios en el misterio del originarse de cada existencia humana. Sabemos que el alma viene de Dios, pero Dios no puede realizar ese gesto creador sin que los padres se abran al misterio de la fecundidad en cada uno de sus gestos de amor conyugal.
Sin embargo, no siempre el hijo llega. A veces se trata de problemas fácilmente solucionables con varias visitas médicas. Otras veces, se trata de problemas más o menos graves, incluso de una esterilidad incurable.
En el caso de que él o ella sean estériles, si el amor es fuerte, la pareja puede seguir viviendo su vida matrimonial en plenitud. Faltará, ciertamente, la alegría de un hijo, pero el amor sabe cómo dar un sentido a esa situación, sabe crecer en todas las circunstancias de la vida.
Pensemos la segunda posibilidad: un hijo puede nacer sólo porque lo quieren sus padres. En esta situación, el centro de la vida sexual de los esposos es el hijo deseado. A veces esto lleva a una obsesión tal que la pareja ve debilitarse su felicidad matrimonial si no llega.
Surge entonces la fuerte tentación de recurrir a cualquier técnica o método artificial con tal de conseguir el deseo. Igualmente, se corre el riesgo de reducir la donación de amor propia del acto sexual a un uso del mismo con un fin casi exclusivamente reproductivo, lo cual puede herir gravemente el sentido auténtico y pleno de la sexualidad humana hasta reducirla casi a un acto dotado de un valor meramente fisiológico.
Si se lleva al extremo esta mentalidad, puede caerse en un doble peligro. Por un lado, el valor del hijo corre el riesgo de fundarse sólo en ser querido por los padres. No es visto como un don, como alguien que nace desde el amor. Es visto, más bien, como el resultado del deseo, del esfuerzo de los padres por conseguirlo.
En esta mentalidad se comprende que la fecundación artificial tenga tanto éxito, pues ofrece, “fabrica”, hijos para aquellos padres que no pueden tenerlos de modo normal: llena el vacío y la frustración de su situación estéril.
El otro peligro consiste en ver naufragar la unión matrimonial precisamente porque no se ha logrado la meta que obsesiona a los esposos (o a uno de ellos). No han faltado pueblos y culturas que permitían el divorcio precisamente para los casos en los que la esposa era considerada estéril. Sin embargo, no puede ser amor verdadero aquel que subordina toda la vida de la pareja al hecho de tener o no tener un hijo.
El amor es aceptación sin condiciones del otro, tal como es, con sus cualidades y sus defectos. Los hijos pueden llegar o pueden no llegar, pero cuando hay amor (cuando los esposos se quieren) la situación de esterilidad no puede llevar al fracaso de la vida matrimonial.
La tercera posibilidad radica en una mentalidad según la cual el inicio de la vida de un hijo queda excluido en el proyecto y en los sueños de los esposos. Las relaciones sexuales son vividas sólo como expresión del mutuo afecto (a veces, por desgracia, como expresión de una especie de egoísmo de pareja), sin que se desee la llegada del hijo.
Este modo de vivir ha llevado al gran desarrollo de la mentalidad anticonceptiva. Además, se da un riesgo mayor: si el método para evitar hijos no funcionó y el hijo inicia su existencia en el útero de la madre, algunos ceden a la tentación de deshacerse de él: deciden cometer un aborto, eliminar su vida.
En este cuadro podemos comprender el error de la fecundación artificial. En la misma se busca lograr una concepción humana fuera de la relación sexual que expresa el amor de los esposos; para ser más precisos, sustituye tal relación, “produce” al hijo sin la misma.
Si, además, se recurre a la fecundación extracorpórea (en la fecundación in vitro), el hijo (normalmente varios a la vez) será producido fuera del lugar natural y más adecuado para garantizar una existencia digna: fuera del útero de la madre.
Técnicas como la inseminación artificial, la FIVET (fecundación in vitro con transferencia de embriones), el ICSI (inyección intracitoplasmática de un espermatozoide), etcétera, obedecen a la lógica del “querer un hijo” que puede llevar al extremo de no verlo como don, sino como producto y, en definitiva, como una posesión, resultado del deseo de los padres y no don misterioso que nace del mutuo amor.
Si el “producto” no sale bien, si es defectuoso, la tentación de suprimirlo, de negarle todo respeto, es muy fuerte. No es difícil encontrar laboratorios que “fabrican” rutinariamente varios embriones por ciclo y seleccionan luego a los “mejores” para implantarlos en la madre; podemos intuir cuál será el destino que espera a los “peores”…
Es posible evitar el recurso a las técnicas de fecundación artificial si recuperamos la idea de que el hijo es un don, no un derecho ni un resultado merecido. Si lo vemos siempre en el horizonte que nace cuando el centro de la vida de los esposos es el amor mutuo abierto a la vida.
Cuando el hijo es visto así, como un don, cuando nace porque los padres se quieren (y, en su amor, se abren a la posibilidad del hijo), entonces ese hijo es respetado en su riqueza y en su autonomía, en su condición de alguien que vale incluso más allá del hecho del ser querido o del no ser querido.
Cada hijo pide, humildemente, en silencio, ser acogido dentro del amor que une a sus padres, y ser respetado por lo que es, con sus cualidades y con sus defectos, quizá incluso con alguna grave deformación, pero con su orientación profunda a vivir, con sus posibilidades de amar y ser amado.
A esta luz hay que valorar el gesto de la adopción de niños abandonados. Unos padres que se aman y que aceptan su situación de fecundidad o de esterilidad (los buenos esposos, con o sin hijos, pueden adoptar niños abandonados) deciden un día acoger a un niño huérfano o solitario. La adopción se convierte en gesto de amor cuando el niño es adoptado no según la perspectiva del simple deseo, sino desde la perspectiva de la acogida.
Cada niño abandonado suplica, pide, espera, ser amado, como lo pide el niño concebido en el seno de su madre. Pide cariño por ser lo que es: un ser humano necesitado de amor, como todos.
Es un ser que querría que unos padres velasen por su vida y reconociesen su valor, aunque no sea muy guapo, aunque tenga algún problema físico, aunque haya sido abandonado por quienes pudieron darle cariño y no quisieron, aunque la vida haya permitido la muerte de sus padres en un accidente o por enfermedades contagiosas que pudieron evitarse con un poco más de justicia en este mundo lleno de egoísmos.
Hemos de recuperar la categoría del amor para pensar las relaciones entre padres e hijos. De este modo, evitaremos ese enorme cúmulo de problemas y de injusticias que se originan desde las técnicas de fecundación artificial, técnicas que no respetan la dignidad de cada hijo que inicia a existir. Un hijo que merece ser originado de la mejor manera posible: desde el amor de unos padres que se quieren.
Fuente: mujernueva.org
Maternidad inteligente es maternidad natural
(Por Nieves García, Colaboradora de Mujer Nueva, 2010-07-14)
El ser humano es un extraordinario trapecista. La Historia de la humanidad se asemeja a un circo. Parece que según pasa el tiempo, el slogan “Señores, más difícil todavía” se hace realidad. Lo más difícil se consigue acercándose a los límites entre lo posible y lo imposible. Ahora es el tiempo de la mujer, y como acróbata no lo hace nada mal.
Hace un tiempo Jennifer Roback, economista neofeminista, e investigadora de la Universidad de Standford publicaba un libro titulado “Amor y economía”, dónde reflejaba de alguna manera su experiencia personal. Se cansó de profesionalizar su hogar (niñeras, guarderías…) y, al mismo tiempo, deshumanizar su puesto de trabajo, en el que debía esconder su papel de madre. Ella misma dice “Ahora he humanizado mi trabajo: ¡sí, soy madre y voy a irme antes porque a la niña le están saliendo los dientes este mes! ¡¡¡¡Qué pasa!!!! Y he desprofesionalizado mi hogar: en vez de una niñera o de una guardería, ahora mis dos hijos tienen una madre de verdad”. En otras palabras se cansó de la profesión de acróbata e hizo una elección biológicamente responsable.
Es de sabios conocer la naturaleza para aliarse con ella y sacarle el mejor partido. Los mejores años para que una mujer sea madre son los de su juventud. Su cuerpo y su psicología están dispuestos para realizar con éxito un juego complicado, el de la maternidad, del que dependerá también la humanización de sus hijos. La maternidad se inicia en el momento de la concepción y no finaliza en el momento de dar a luz. Justo a partir de ese momento esa pequeña criatura dependerá no sólo físicamente, sino también afectivamente, de la cercanía y del trato que se establezca con su madre. No es justo engendrar un hijo, para convertirlo en un huérfano por horas, o en un producto de alquiler en brazos ajenos. Aceptar la realidad de la propia biología y vivirla con naturalidad es lo más inteligente.
Identificarse con la realidad de ser madre es un arte, pero un arte natural. Hoy día, son muchas las mujeres que están cansadas de los juegos de equilibrio para mantener una profesión y atender a sus hijos. Se ponen nerviosas cuando están en el trabajo y les llaman de su casa para decir que el niño tiene fiebre; se tensan cuando en la oficina el trabajo se alarga, y no dejan de ver el reloj sabiendo que sus hijos están solos. Las citas con el médico de los niños son una tortura si sólo atienden en horario de trabajo, las guarderías que les gustan son muchas veces privadas y caras, o están lejos de la casa y del trabajo; dejar los niños con alguna de las abuelas les inquieta porque saben que los niños no paran un momento, y una mujer mayor no tiene los mismos reflejos… Los índices de estrés y tensión son altos. Esto nos lo pueden confirmar los psicólogos, que tienen en sus listas de pacientes una buena cantidad de mujeres, con el mismo perfil: joven profesional, y madre.
No todas las mujeres actualmente pueden elegir con inteligencia ser madres cuando ellas lo desean. En ocasiones, la necesidad de aportar al hogar un sueldo es la que obliga a la espera; pero más a menudo son las creencias, ya arraigadas en el colectivo inconsciente, las que le hacen retrasar su maternidad o sencillamente no entregarse a ella con toda su persona. Ideas como: “es una pérdida de tiempo estudiar una carrera para después cuidar niños”, “Tienes que trabajar porque es injusto que dependas económicamente de tu marido; tienes que ganar tu propio dinero”… Utilitarismo, materialismo, individualismo… nunca asfixiarán la felicidad profunda que tiene una madre cuando puede darse con todo su ser al hijo que ama. El cuidado de un ser humano no es una profesión, es una forma de vida que no tiene precio, y de la que depende la humanización misma de la sociedad.
Habría también que cuestionarse sobre las profesiones que piden absolutamente todo entre los 25 y los 40 años, como por ejemplo el mundo académico o el de la empresa. Es absurdo escuchar a una mujer que diga, tengo dos carreras, un doctorado y un hijo. ¡Un hijo es un ser humano no se puede enlistar como si fuera un título más! Lo mismo sucede en muchas empresas en que sólo se contrata antes de los 30. ¿Y después? ¿Acaso la persona rinde menos? Seamos sinceros, les sale más económico porque el sueldo que tienen que pagar a un joven siempre será menor que el del profesional con experiencia.
Estoy convencida de que existen otros caminos alternativos para que las mujeres puedan realizarse intelectual, profesionalmente, y tengan la libertad de elegir su maternidad en el tiempo que biológicamente les ofrece la naturaleza. Somos las mismas mujeres las que hemos de pensar y crear nuevos estilos profesionales, donde se pueda conciliar la maternidad no sólo con un horario flexible de trabajo, sino incluso con un calendario de años flexible, por ejemplo. ¿Se atrevería alguien a contratar a una mujer a los 21 años, ofrecerle a los 26 que forme una familia y se entregue a sus hijos, y esperarla…por ejemplo hasta los 35 o 40? ¡Que locura! Posiblemente este tipo de ideas lo sean, pero más locura es seguir negándole a la madre lo que por naturaleza tiene derecho a vivir ella, su esposo y sus hijos.
Conozco mujeres de 40 años en adelante, que después de haberse entregado íntegramente a su maternidad, cuando sus hijos comienzan a volar, han iniciado unos estudios universitarios, y han llegado a desarrollar una inteligente carrera profesional. La edad promedio cada vez crece más en los países del primer mundo. Trabajar de los 40 a los 75 no está nada mal. Y además pudiendo aportar todo lo aprendido en humanidad. Una mujer-madre sabe mucho mejor que otra, como manejar tensiones, entender a quien no sabe comunicarse, esperar a quien aún no despunta pero es potenciable, y levantar el ánimo del que fracasa. El día que las empresas se atrevan a apostar de verdad por el ser humano, sabrán valorar la maternidad, la respetarán, la fomentarán y contarán en sus filas a mujeres que fueron madres, para que les ayuden a seguir humanizando su empresa y su mundo.
La mujer que puede y quiere elegir lo biológicamente más responsable en orden a su maternidad es también una mujer inteligente; la profesión se puede reconquistar pero no las cualidades que acompañan cada edad y nos permiten ser compañeras y madres, felices y serenas.
fuente: www.mujernueva.org
Por un feminismo más humano
(Por Bosco Aguirre, Colaborador de Mujer Nueva, 2010-06-08)
Para más de uno, el tema de la maternidad debería quedar como algo exclusivo de las mujeres. Los hombres deberíamos callarnos, no decir ni palabra, porque no podemos quedar embarazados.
Si se lleva a su máximo extremo la postura anterior, media humanidad no podría emitir ningún juicio sobre el tema. Lo cual es caer en una doble injusticia.
La primera injusticia: se atentaría contra el derecho a la libertad de expresión. Excluir a todo un “colectivo”, el de los hombres, sobre un tema tan importante es una injusticia digna de ser condenada con firmeza.
La segunda injusticia: los hombres y las mujeres nacen gracias a la unión entre hombres y mujeres. No hay maternidad si no hay paternidad, no hay niños sin que cada uno nazca de un hombre y de una mujer. Es decir, la maternidad no es un asunto privado ni exclusivo de la mujer.
Los hombres tienen, por lo tanto, mucho que ver con la maternidad. Porque cada uno de ellos ha nacido gracias a mujeres que han dicho “sí” a su maternidad. Sin mujeres que acojan a sus hijos, no nacería ningún hombre. Ni ninguna mujer, también hay que decirlo.
Además, como ya dijimos, no hay mujer que sea madre si no es con la ayuda de un hombre que también llega a ser padre.
Los problemas surgen cuando los hombres se esconden, huyen de sus responsabilidades como padres. Algunos no quieren saben nada de un embarazo que inicia, de un hijo que también es de ellos. Es entonces cuando dejan sola a la mujer, como si la maternidad fuese un asunto privado, como si sus actos no tuviesen responsabilidades en la nueva vida que ha iniciado.
Hay que considerar, también, la vida del hijo. No es justo ver al hijo, durante los meses de embarazo, como un asunto privado de la mujer. Los que hoy disfrutamos de la vida un día estuvimos en el útero de nuestras madres. Si nacimos fue porque antes fuimos embriones y fetos. No éramos un objeto, ni algo que estaba allí a disposición de lo que decidiesen en total libertad los adultos.
Ciertos movimientos que se autodeclaran defensores de la mujer necesitan abrir los ojos ante esta realidad. La maternidad afecta a tres seres humanos: el padre, la madre, el hijo. Negar los derechos de uno de ellos en función de los gustos o caprichos sólo de la mujer (o del hombre y de la mujer cuando se “alían” para acabar con la vida de su hijo, o del hombre cuando obliga a la mujer a abortar) es promover una cultura del dominio y de la muerte. Lo contrario de lo que estaría llamado a buscar cualquier feminismo que se propusiese defender seriamente la dignidad de las mujeres.
El feminismo auténtico, verdadero, serio, será respetuoso de toda vida humana. Será justo y solidario. Estará dispuesto a tutelar y a asistir a cualquier mujer madre que viva en situaciones de pobreza, falta de higiene, desprecio o marginación. Será capaz de responsabilizar al hombre-padre en la vida de cada nuevo hijo. Protegerá y buscará el bien de los hijos. Que son los hombres y las mujeres del mañana. Lo cual es el fruto más maduro y más rico de cualquier movimiento que quiera defender, auténticamente, los derechos humanos.
Fuente:www.mujernueva.org





