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Federación Internacional de Familias Católicas
Asociación internacional que busca facilitar la comunicación y el encuentro de todas las familias católicas e instituciones católicas dedicadas a la promoción de la famila
Federación Internacional de Familias Católicas
Qué es la Federación Internacional de Familias católicas.
Es una asociación internacional que busca facilitar la comunicación y el encuentro de todas aquellas familias católicas e instituciones católicas dedicadas a la promoción de la familia, con el objetivo de darnos apoyo mutuo en el aspecto espiritual, moral y social y unir nuestras fuerzas en un momento histórico en el que la familia está siendo objeto de grandes agresiones culturales, ideológicas, sociales y políticas y en el que los valores fundamentales de la familia católica, están siendo relativizados y atacados de manera frontal.
¿Qué busca?
·Informar. Ofrecer un punto de referencia para todos los padres de familia e instituciones católicas dedicadas a la familia, en el que encuentren contenidos e información en completa consonancia y fidelidad al Magisterio de la Iglesia Católica.
·Formar. Promover actividades formativas para padres de familia, matrimonios e instituciones católicas dedicadas a la familia, en las que se difundan y promuevan los mensajes del Papa a las familias, las enseñanzas de Catecismo de la Iglesia católica referentes a la vida familiar y todos los documentos que publique el Consejo Pontificio para la Familia y demás organismos eclesiales dedicados a la promoción y fortalecimiento de los valores familiares.
·Difundir. Hacer llegar a nuestros miembros artículos y documentos de actualidad para que estén informados de los criterios cristianos acerca de los temas más candentes y para brindarles consejos acerca de cómo manejar las situaciones familiares de una manera exitosa.
·Asesorar. Brindar un servicio de consultoría familiar gratuito, formado por asesores familiares expertos que puedan ayudar a los miembros en momentos de crisis, duda o debilidad.
·Unir y fortalecer. Ser un lugar de comunicación y diálogo entre los diversos miembros para orar unos por otros, apoyarse, aconsejarse, consolarse, fortalecerse y enriquecerse mutuamente.
·Respaldar. Dar presencia y nombre a nuestros miembros, que contarán con la seguridad de tener una Institución internacional que los respalde y apoye en sus pensamientos y acciones en la sociedad.
Diez razones para unirse
1. Contar con el apoyo y acompañamiento de un grupo de familias con intereses y preocupaciones similares, al que se puede recurrir en momentos de duda y dificultad.
2. Poder acceder a la asesoría gratuita de consultores familiares expertos y la asesoría espiritual de sacerdotes fieles al Magisterio y al Papa.
3. Contar con información actual y oportuna en temas importantes como la educación de los hijos, la comunicación dentro del matrimonio, las relaciones intrafamiliares, etc.
4. Contar con un espacio de comunicación dentro de los foros de Catholic.net, en el que se pueden expresar y comentar con los otros miembros, los temas más importantes para la vida y crecimiento de la familia.
5. Contar con un espacio personal de publicación del propio pensamiento y de los temas y noticias que más nos interesan acerca de la familia y de los eventos que deseamos promover, dentro de los blogs de Catholic.net
6. Posibilidad de asistir a los cursos que organice la Federación en los distintos lugares del mundo.
7. Posibilidad de asistir a una Renovación Matrimonial anual y a unos Ejercicios Espirituales anuales.
8. Contar con el servicio de la Red de oración para que unidos recemos por las dificultades de nuestras familias.
9. Posibilidad de comunicarse y unir fuerzas con otras familias e instituciones familiares alrededor del mundo.
10. Posibilidad de representar los intereses de la Federación, utilizando su nombre en las acciones o publicaciones personales, que tengan como objetivo la difusión de los valores cristianos, el bienestar de la familia y la defensa de sus derechos.
¿Quiénes pueden ser miembros?
Cualquier matrimonio, padre de familia, institución o persona:
· Que esté preocupada por los ataques que está recibiendo la familia de parte de las leyes y los medios de comunicación y quiera protegerse y defenderse.
· Que quiera sentirse acompañado y apoyado por otras familias que quieren vivir también de acuerdo con las enseñanzas de Cristo.
· Que tenga dudas acerca de cómo debe pensar cristianamente acerca de algunos temas familiares y quiera formarse e informarse.
· Que quiera orar por otras familias y contar con un grupo de oración para su propia familia.
· Que quiera contar con la asesoría espiritual y familiar gratuita de un sacerdote o de un consultor familiar acorde al Magisterio de la Iglesia.
· Que esté interesada en promover los valores cristianos dentro de las familias.
¿Cómo afiliarse?
La afiliación a la federación es gratuita.
Se deberá llenar el formato adjunto y enviarlo. Nuestro Consejo lo analizará y les haremos llegar vía e-mail el certificado de aprobación.
Sólo serán publicadas en el portal los datos marcados con (*). El resto de la información es confidencial y sólo servirá como referencia para nuestro Consejo.
Encuentro mundial de las Familias 2012
Presentado el Encuentro Mundial de las Familias Milán 2012
ROMA, miércoles 25 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Ha empezado la cuenta atrás para la cita que verá a Milán transformarse del 29 de mayo al 3 junio de 2012 en la capital de la familia. De hecho, en esos días tendrá lugar el Encuentro Mundial de las Familias, un acontecimiento querido en 1994 por Juan Pablo II, y que para esta edición tendrá como tema “La familia: el trabajo y la fiesta”.
Es precisamente la voluntad del Papa polaco fallecido de promover esta jornada ha permitido a los organizadores buscar un espacio de visibilidad con ocasión de la beatificación celebrada en Roma, durante la cual se ha proyectado un breve spot de cara al acontecimiento de Milán.
A un año del acontecimiento, la Sala de Prensa vaticana acogió ayer martes una conferencia de presentación del documento publicado por la Libreria Editrice Vaticana, que recoge el tema del encuentro y proporciona las pistas de reflexión para la preparación del mismo.
El documento ha sido publicado en italiano, inglés, español, francés, alemán, portugués y polaco, y reúne en total diez catequesis bíblicas, modeladas sobre la forma de la lectio divina, acompañadas con textos del magisterio y que se cierran con las preguntas para las parejas y para los grupos familiares o comunidades.
Todo ello junto a obras artísticas dirigidas a visualizar los principales contenidos: desde la Sagrada Familia de Rembrandt, al Grupo Familiar de Henry Moore, o las Bodas de Caná de Paolo Veronese.
Los textos de las catequesis, realizados por la diócesis de Milán y por el Consejo Pontificio para la Familia, se articulan en tres grupos, relativos por orden a la familia, al trabajo y a la fiesta, y se introducen con una catequesis sobre el estilo de la vida familiar.
Intentan sobre todo arrojar luz sobre la relación entre la experiencia de la familia y la vida cotidiana en la sociedad y en el mundo.
Durante la rueda de prensa, el cardenal Dionigi Tettamanzi, arzobispo de Milán, afirmó que este subsidio “representa una ocasión propicia para relanzar y ‘afirmar’ los desafíos que hace treinta años la exhortación apostólica Familiaris Consortio y la encíclica Laborem exercens de Juan Pablo II nos entregaron” y al mismo tiempo “articular el camino de tantas diócesis en todo el mundo y ser un instrumento útil no solo para las iniciativas de la pastoral familiar y del trabajo”.
“La cuestión – explicó – es que el trabajo y la fiesta son dimensiones antropológicas de todo lugar y de todo tiempo e inciden sobre todo en la estructuración de la familia. Nuestro ser católicos se convierte así en el modo singular y original – según la verdad del Espíritu del Señor Jesús – de vivir retos que son exactamente los de cada familia”.
Por eso, prosiguió el cardenal Tettamanzi, “Milán es fuertemente invitada a ser medio-lanum, tierra de medio, encrucijada de pueblos que buscan en el Dios vivo la única respuesta verdadera a la propia vida y lugar de cuestionamiento recíproco entre Iglesia y sociedad”.
En su intervención, monseñor Franco Giulio Brambilla, obispo auxiliar de Milán y coordinador del grupo para la redacción de las catequesis preparatorias de Milán 2012, explicó que las palabras familia, trabajo y fiesta “forman un trinomio que parte de la familia para abrirla al mundo: el trabajo y la fiesta son formas como la familia vive el ‘espacio’ social y el ‘tiempo’ humano”.
Las dos novedades de este VII encuentro, prosiguió, el camino Hacia Milán en cada Iglesia local y nacional de los cinco continentes, y el Encuentro de Milán, que no implicará sólo a la diócesis ambrosiana, sino a todas las iglesias de Lombardía.
“Las catequesis – explicó monseñor Brambilla – intentan deshacer la madeja del tema de la tensión entre familia y sociedad. La familia tiende a vivir su propio mundo en la esfera privada y la sociedad se piensa y se proyecta como un conjunto de individuos”.
“A la vida civil – destacó – le cuesta tener en cuenta vínculos sociales que la preceden, y empuja a la familia a su régimen de apartamiento, mientras que la experiencia familiar experimenta su fragilidad y es particularmente vulnerable frente a los procesos sociales, en particular a los que inciden en la vida cotidiana, como el trabajo y el tiempo libre. Por tanto las catequesis parten de la vida cotidiana para abrirla al mundo, insistiendo en la familia como lugar de vínculos libres”.
“Así – prosiguió el obispo auxiliar de Milán – las relaciones familiares, por un lado, se deben colocar de forma realista en las formas actuales con las que trabajo y tiempo libre influyen en la vida de pareja y la educación de los hijos; pero, por el otro, podrán convertirse en ocasión para transformar el mundo mediante el trabajo y para humanizar el tiempo mediante el sentido cristiano de la fiesta, en particular del domingo”.
Por su parte, el cardenal Ennio Antonelli, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, explicó que los primeros tres días del Encuentro estarán dedicados al Congreso teológico-pastoral: “Por la mañana en la Feria Milano City Portello tendrán lugar las reuniones generales para la oración común y la escucha de las ponencias principales”.
“Por las tardes, el primer día se celebrará en la misma sede de la Feria, el segundo en cinco diócesis lombardas muy cercanas, y el tercero en varios lugares representativos de la ciudad, se dedicarán a temáticas particulares dirigidas especialmente a algunas categorías de personas”.
“Se dedicará una atención especial a los niños – añadió –, de modo que puedan tener casi un congreso paralelo para ellos. Como conclusión del tercer día está previsto un concierto en la Scala para las delegaciones oficiales de los diversos países, y a continuación una solemne adoración eucarística en el Duomo”.
El cuarto y quinto día, en cambio, serán alegrados por la presencia de Benedicto XVI, que presidrá las fases culminantes del Encuentro. La ciudad acogerá, de hecho, la fiesta de los testimonios del sábado 2 de junio y la solemne celebración eucarística del domingo 3 de junio.
[Más información en www.family2012.com]
Fuente:Zenit.org
Comunión de los divorciados vueltos a casar
Blanca Mijares
Toda la Iglesia debe, con gran caridad, hacer todo lo posible para fortalecer el amor a Cristo y a la Iglesia de los fieles que se encuentran en situación matrimonial irregular, para que puedan acogen el mensaje cristiano sobre el matrimonio y soportar con fe los sufrimientos de su situación. Hay que hacerles comprender que no se trata de discriminarlos sino de ser fieles a la voluntad de Jesucristo que restableció la indisolubilidad del matrimonio y la confió a su Iglesia como don. Por eso, es necesario que toda la comunidad eclesial los ame y acompañe para ayudarlos a comprender la verdad y puedan vivirla.
Para la Iglesia el matrimonio cristiano constituye el fundamento de la familia y es una alianza por la que un hombre y una mujer constituyen una íntima comunidad de vida y de amor, que por su naturaleza está ordenada al bien de los cónyuges y a la generación y educación de los hijos; y que entre bautizados es, además, un sacramento.
Además, para la Iglesia, el origen del matrimonio no es sólo cultural, sino que procede de la misma naturaleza humana en cuanto que, como dice el libro del Génesis 1-27, al principio “Dios los creó hombre y mujer”. El matrimonio es una institución divina y no un producto cultural cuyas principales características -unidad, indisolubilidad y apertura a la vida- vienen definidas por la propia naturaleza del amor entre un hombre y una mujer, imagen del Divino, que exige a los esposos o cónyuges amarse el uno al otro para siempre y alcanzar su mayor expresión en la procreación. Es por ello, que la Iglesia se ha opuesto tradicionalmente al matrimonio polígamo, al matrimonio poliándrico y al matrimonio homosexual.
El fundamento del matrimonio se encuentra en las siguientes palabras del Génesis:
“Creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne”.
El fiel que está conviviendo habitualmente “more uxorio” con una persona que no es su legítima esposa o su legítimo marido, no puede acceder a la Comunión eucarística. En el caso de que él lo juzgara posible, los pastores y los confesores, dada la gravedad de la materia y las exigencias del bien espiritual de la persona y del bien común de la Iglesia, tienen el grave deber de advertirle que dicho juicio de conciencia riñe abiertamente con la doctrina de la Iglesia. También tienen que recordar esta doctrina cuando enseñan a todos los fieles que les han sido encomendados.
El c. 915 dice que: “No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o de la declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave”.
La prohibición de dar la comunión a los divorciados vueltos a casar deriva de la ley divina y trasciende el ámbito de las leyes eclesiásticas positivas. San Pablo decía: “Así, pues, quien come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Examínese, pues, el hombre a sí mismo, y entonces coma el pan y beba del cáliz: pues el que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” 1 Cor. 11, 27-29.
Gran responsabilidad tienen los pastores sobre la salvación de éstos fieles, ya que por un lado, en consideración de sus dificultades y sufrimientos generados por encontrarse en situaciones matrimoniales irregulares, deben hacerles sentir la caridad de Cristo y la materna cercanía de la Iglesia; acogiéndolos con amor, exhortándolos a confiar en la misericordia de Dios y, con prudencia y respeto, sugerirles caminos concretos de conversión y de participación en la vida de la comunidad eclesial.
La auténtica comprensión y la genuina misericordia no se encuentran separadas de la verdad, los pastores tienen el deber de recordar a estos fieles la doctrina de la Iglesia acerca de la celebración de los sacramentos y especialmente de la recepción de la Eucaristía.
Fiel a la palabra de Jesucristo, la Iglesia afirma que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el anterior matrimonio.
Si los divorciados se han vuelto a casar civilmente, se encuentran en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios y por consiguiente no pueden acceder a la Comunión eucarística mientras persista esa situación.
Esta norma no tiene un carácter punitivo o discriminatorio, sino que expresa una situación objetiva que de por sí hace imposible el acceso a la Comunión eucarística: “Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía.
Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio.
Para los fieles que permanecen en esa situación matrimonial, el acceso a la Comunión eucarística sólo se abre por medio de la absolución sacramental, que puede ser concedida “únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, -como, por ejemplo, la educación de los hijos- no pueden cumplir la obligación de la separación, “asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos”. En este caso ellos pueden acceder a la Comunión eucarística, permaneciendo firme sin embargo la obligación de evitar el escándalo.
La Exhortación Apostólica “Familiaris Consortio” recuerda a los pastores que, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las diversas situaciones y los exhorta a animar a los divorciados que se han casado otra vez para que participen en diversos momentos de la vida de la Iglesia. Al mismo tiempo, reafirma la praxis constante y universal, “fundada en la Sagrada Escritura, de no admitir a la Comunión eucarística a los divorciados vueltos a casar”, indicando los motivos de la misma. La estructura de la Exhortación y el tenor de sus palabras dejan entender claramente que tal praxis, presentada como vinculante, no puede ser modificada basándose en las diferentes situaciones.
Esto no significa que la Iglesia no sienta una especial preocupación por la situación de estos fieles que de ningún modo se encuentran excluidos de la comunión eclesial. Se preocupa por acompañarlos pastoralmente y por invitarlos a participar en la vida eclesial en la medida en que sea compatible con las disposiciones del derecho divino, sobre las cuales la Iglesia no posee poder alguno para dispensar.
Es necesario iluminar a los fieles interesados a fin de que no crean que su participación en la vida de la Iglesia se reduce exclusivamente a la cuestión de la recepción de la Eucaristía. Se debe ayudar a los fieles a profundizar su comprensión del valor de la participación al sacrificio de Cristo en la Misa, de la comunión espiritual, de la oración, de la meditación de la palabra de Dios, de las obras de caridad y de justicia.
El matrimonio, en cuanto imagen de la unión esponsal entre Cristo y su Iglesia así como núcleo basilar y factor importante en la vida de la sociedad civil, es esencialmente una realidad pública. El consentimiento, sobre el cual se funda el matrimonio, no es una simple decisión privada, ya que crea para cada uno de los cónyuges y para la pareja una situación específicamente eclesial y social. Por lo tanto, el juicio de la conciencia sobre la propia situación matrimonial no se refiere únicamente a una relación inmediata entre el hombre y Dios, como si se pudiera dejar de lado la mediación eclesial, que incluye también las leyes canónicas que obligan en conciencia. No reconocer este aspecto esencial significaría negar de hecho que el matrimonio exista como realidad de la Iglesia, es decir, como sacramento.
La Exhortación “Familiaris Consortio”, cuando invita a los pastores a saber distinguir las diversas situaciones de los divorciados vueltos a casar, recuerda también el caso de aquellos que están subjetivamente convencidos en conciencia de que el anterior matrimonio, irreparablemente destruido, jamás había sido válido. Ciertamente es necesario discernir a través de la vía del fuero externo establecida por la Iglesia si existe objetivamente esa nulidad matrimonial. La disciplina de la Iglesia, al mismo tiempo que confirma la competencia exclusiva de los tribunales eclesiásticos para el examen de la validez del matrimonio de los católicos, ofrece actualmente nuevos caminos para demostrar la nulidad de la anterior unión, con el fin de excluir en cuanto sea posible cualquier diferencia entre la verdad verificable en el proceso y la verdad objetiva conocida por la recta conciencia.
Atenerse al juicio de la Iglesia y observar la disciplina vigente sobre la obligatoriedad de la forma canónica en cuanto necesaria para la validez de los matrimonios de los católicos es lo que verdaderamente ayuda al bien espiritual de los fieles interesados.
La Iglesia es el Cuerpo de Cristo y vivir en la comunión eclesial es vivir en el Cuerpo de Cristo y nutrirse del Cuerpo de Cristo. Al recibir el sacramento de la Eucaristía, la comunión con Cristo Cabeza jamás puede estar separada de la comunión con sus miembros, es decir con la Iglesia. Por esto el sacramento de nuestra unión con Cristo es también el sacramento de la unidad de la Iglesia. Recibir la Comunión eucarística riñendo con la comunión eclesial es por lo tanto algo en sí mismo contradictorio. La comunión sacramental con Cristo incluye y presupone el respeto, muchas veces difícil, de las disposiciones de la comunión eclesial y no puede ser recta y fructífera si el fiel, aunque quiera acercarse directamente a Cristo, no respeta esas disposiciones.
fuente:encuentra.com





