Verbo: El reto de una adolescente

Verbo es una película que os recomendamos a padres y educadores, para poder ayudarnos en la difícil compresión de la mente del adolescente. Está película nos ayuda a comprender como el adolescente trata de cuestionarse el mundo en el que vive, ayudarle a entender cual es su misión nos ayudara a manejar la comunicación y la relaciónes con ellos en ese apasionante mundo hacia el descubrimiento de su identidad personal.

¿Conoces otras películas entorno a este tema?, escríbenos a: mcarmengr@psicovinculos.es

 

Un nuevo libro sobre adolescencia

Recientemente se ha clausurado el Congreo de Terapia Familiar 2011. Entre los profesionales que abordan el tema de la terapia de familia, el profesor Roberto Pereira presento su  libro: Adolescentes en el siglo XXI. Aborda la etapa de la adolescencia en conexión con las relaciones del mundo adolescente. Principalmente dentro del contexto familiar.

Un libro muy recomendado para profesionales implicados en este área de intervención.

“El matrimonio cambia nuestra identidad para siempre”

The Family Watch, 6 de julio 2009.

08-07-2009

Maggie Gallagher es una conocida periodista norteamericana, que publica su columna sobre temas familiares en más de 30 periódicos norteamericanos -entre los que se encuentra The New York Times, The Weekly Standard, and the Wall Street Journal- y ha escrito tres libros de gran éxito sobre el matrimonio, en los que aboga por lo que ya se conoce como el “Movimiento por un nuevo matrimonio”. El más reciente se titula “The Case for Marriage: Why Married People Are Happier, Healthier, and Better-Off Financially”. Es conocida su actitud de nunca rechazar una invitación para hablar del matrimonio, lo que le ha llevado a innumerables debates de televisión -entre los que destaca su participación en el programa de Larry King o en los principales programas de la NBC- y de radio, a numerosas universidades y entidades públicas y privadas, así como a intervenir repetidas veces como experta en el Senado de los EE UU y en varias cámaras legislativas estatales. Hace algunos años creó el Institute for Marriage and Public Policy, del que es presidenta y cuya misión es realizar la investigación y la acción educativa necesarias para que la legislación y las políticas públicas protejan y refuercen el matrimonio como institución social.

Con ocasión de su participación en un Encuentro The Family Watch en Madrid, ha respondido a nuestras preguntas. La entrevista también puede verse grabada en vídeo aquí.

¿Cómo se puede explicar a los más jóvenes la importancia del matrimonio?
Voy con frecuencia a dar conferencias a universidades norteamericanas y los estudiantes me suelen preguntar cómo se puede evitar el divorcio, porque todos entienden que es algo duro y doloroso. Nadie se casa ni nadie se mete en una relación pensando en que la otra parte puede romperla un día y terminar mal, nadie se casa porque quiere terminar divorciándose. Así que, cuando me hacen esa pregunta, siempre respondo lo mismo: “¿que cómo evitar el divorcio? No yendo ninguno de los dos al juzgado para pedirlo, esa es la forma más segura de que nunca suceda”.
Entonces vuelven a levantar la mano y dicen que lo que querían preguntar realmente es cómo ser felices en el matrimonio. Les digo que es una buena pregunta y una noble intención, pero que es algo distinto, que eso se refiere al fundamento mismo del matrimonio y que, para contestarla, hay que preguntarse qué es para mí el matrimonio, si no es más que la celebración de una relación sentimental o se trata de algo que va a cambiar mi identidad para siempre.
Cuando sé que no piensan como yo, les digo que lo que creo de mi matrimonio y trato de transmitir a mis hijos es paralelo a lo que creo de la maternidad: ser esposa es como ser madre, en el sentido de que ser madre es algo muy intenso y satisfactorio, muy gratificante y que aporta amor a una relación, pero no es ese amor ni esa relación lo que define la unión con mi hijo, sino su nacimiento. Mi hijo es mi hijo siempre y, aunque en algún momento me cueste o me duela aceptarlo, no puedo ir a un juzgado y pedir que se revoque mi maternidad.
Es decir, pienso que uno de los aspectos que la nueva cultura del matrimonio debe entender es que el consentimiento que damos realmente nos cambia. Convertirse en marido o mujer supone una transformación fuerte y permanente de la realidad y de mi identidad, de manera semejante a lo que todos entendemos que supone convertirse en madre o padre.
En realidad, se trata de saber si nuestro amor es fiable, o si se trata sólo de una serie de sensaciones interiores que hacen que termine cuando se acaban. Este es el reto al que se enfrenta hoy la vida familiar y su centro es precisamente el concepto de matrimonio, qué significa para mí, cómo lo vivo, si merece la pena y si es mejor o peor que sus alternativas. Precisamente en esas alternativas encontramos la mejor defensa del matrimonio, porque lo más profundo del corazón humano necesita dar y recibir un amor que sea fiable, que sea causa de un amor renovado constantemente.
Además, el matrimonio es el mejor modo de que el amor entre un hombre y una mujer salga del contexto de lo pasajero, de lo prescindible, y adquiera una realidad pública y permanente. Eso es lo que ha hecho que el matrimonio sea diferente del simple enamoramiento y de la mera amistad, lo que lo convierte en algo admirable y digno de ser vivido.

¿Cuál es el papel del padre en la familia?
La mujer, la madre, cumple un papel clave en la relación entre padre e hijo, porque aporta información y contraste a las opiniones del hombre, del padre. Por eso, cuando ambos no se ven como partes de una misma familia, la participación del padre en la relación con su hijo se ve afectada.
Y también hay que tener en cuenta que cuando padre y madre se separan no permanecen solos, sino que tienden a buscar nuevas relaciones, que compiten con las anteriores. La nueva compañera del antiguo marido quizá no vea con hostilidad su relación con los hijos, pero le estará quitando tiempo y atención. Esos conflictos pueden manejarse mejor o peor, pero siempre están ahí.
En los ámbitos sociales donde las rupturas se han desarrollado del todo, como los ambientes más urbanos de Norteamérica, se comprueba que hay más pobreza, que los niños sufren un perjuicio económico, y también que hay una constante rotación de relaciones superficiales. ¿Cómo se puede pedir a alguien que sea un buen padre, si a sus 25 años ya tiene 3 hijos de mujeres diferentes que viven en lugares distintos, y quizá está estrenando una nueva relación que le pone mala cara cuando va a ver a las anteriores? Es fácil entender que eso no funciona, que no es un sistema familiar sostenible.
No dar importancia al valor del matrimonio significa no dársela tampoco a que los hijos puedan crecer en un ambiente adecuado, a que puedan tener un padre y una madre accesibles, a la familia como unidad, como idea, como concepto. En resumen, significa que estamos poniendo por delante de la familia otras muchas cosas.
El matrimonio nunca es un sistema totalmente perfecto y hay que estar siempre pendientes de los niños y la familia, pero si queremos tomarnos en serio el bienestar del niño, su calidad de vida y su futuro, tenemos que cuidarlo.

¿Qué cometido tienen las entidades como The Family Watch en la sociedad actual?
En los últimos cinco años, han surgido unos cuantos think tanks en distintos países. Lo único malo es que su nacimiento se debe a un problema que se ha generalizado. En el mundo desarrollado, en los lugares donde la sociedad humana crece porque se consolida el estado de derecho y la sociedad de las oportunidades, han surgido al mismo tiempo problemas para el desarrollo de la familia.
Mientras la tribu africana más pequeña sabe como lograr que hombre y mujer se unan para dar origen a la siguiente generación, en nuestras sociedades, que son tan buenas para tantas cosas, algo tan sencillo se ha convertido en un auténtico problema. Sin embargo, lo positivo es que, en vez de aceptarlo como algo inevitable, estamos tratando de establecer nuevas estrategias, porque nos damos cuenta de que hemos creado unas sociedades modernas que son hostiles a la familia de forma desconocida hasta ahora. No queremos renunciar a los beneficios del progreso, sino afrontar esta situación para encontrar nuevas formas de entender lo que pasa y encontrar soluciones para recuperar la familia.
Lo que The Family Watch está haciendo es muy importante, entre otras cosas porque formáis parte de una red mundial que no sólo abarca España. En todo el mundo hay gente que sabe hacer buenos coches, descubrimientos científicos y otros avances, pero ¿estamos siendo capaces de aportar lo que la sociedad necesita para acoger a los niños y hacer que el amor entre un hombre y una mujer sea estable y forme un hogar? Esto resulta cada vez más difícil, y por eso me alegra que no sea sólo en EE UU donde podemos decir que, cuando se detecta un problema, no encogemos los hombros y pensamos que no hay solución, sino que nos ponemos a trabajar para resolverlo, porque siempre hay formas de hacer que las cosas mejoren o, al menos, que no empeoren.

¿Y qué consejo nos daría?
Mi consejo es que fortalezcáis mucho las redes de intelectuales, que son extremadamente importantes, y que logréis que cada vez haya más jóvenes licenciados valiosos que se interesen por temas como la familia, el divorcio, el matrimonio, los niños que crecen sin su padre…
No podemos dejar que los intelectuales se aíslen, porque no es el genio individual el que triunfa, sino la labor de equipo. Por eso, necesitamos crear grupos selectos de personas que sean capaces de pensar sobre los problemas, definirlos y aplicar el método científico y la investigación a sus causas, de forma que propongan posibles soluciones. Creo que este es servicio importantísimo para la sociedad.
Y mi otro consejo para que esto funcione es que consigáis que haya familias sanas, para lo que necesitamos encontrar la forma, en medio de las actuales circunstancias adversas, de que haya entornos en los que la vida familiar pueda desarrollarse, en las que el matrimonio siga siendo un ideal de vida, en las que se respete el concepto de lo que significa ser marido y mujer, padre y madre, y donde estos ideales se transmitan de forma efectiva a nuestros hijos.
Si somos capaces de hacerlo, en pocas generaciones cambiaremos la cultura, porque el futuro ciertamente pertenece a los que tienen hijos: el futuro será lo que nosotros hagamos.

fuente:www.thefamilywatch.org

La homosexualidad por DR. Jokin de Irala

GAY PRIDE: LA PERSONA NO PUEDE REDUCIRSE AL SEXO Teólogo del Papa: «La Iglesia, sin ofender a las personas, dice la verdad»

El sábado, 1 de julio [de 2000], comenzó por la noche, en Roma, el «Gay Pride», la fiesta del orgullo homosexual que tiene como principal foco de celebraciones mundial, durante el gran Jubileo del año 2000, la Ciudad Eterna. El gran desfile tendrá lugar el próximo 8 de julio y al lado del Coliseo.
El hecho de que esta iniciativa tenga lugar precisamente en Roma, en este año, cuando miles de peregrinos vienen a cruzar la puerta santa de las Basílicas romanas, ha sido percibido como una provocación. Las declaraciones de algunos grupos de presión han llevado a crear una grave confusión: homosexuales contra la Iglesia y, por consecuencia, la Iglesia contra los homosexuales. Se trata de una confusión gravísima que no ha traído más que sufrimiento a muchas personas.
Cabe preguntarse, por tanto, qué es lo que dice la Iglesia sobre las personas homosexuales. Y, ¿quién mejor para responder a esta pregunta que uno de los consejeros más cercanos en asuntos doctrinales a Juan Pablo II, el padre Georges Cottier, dominico, comúnmente conocido como el «teólogo del Papa» (o más exactamente teólogo de la Casa Pontificia) y secretario general de la Comisión Teológica Internacional?
El padre Cottier comienza recordando la carta que publicó sobre este argumento en 1986 la Congregación para la Doctrina de la Fe —publicamos al final de este servicio el documento íntegro—: «Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen».
El «teólogo del Papa» cita además el número 2.358 del Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en 1997, donde —tras explicarse que la inclinación homosexual «objetivamente desordenada, constituye una prueba» para la mayor parte de los hombres y mujeres que experimentan «tendencias homosexuales profundamente arraigadas»—, afirma claramente que estas personas «deben ser acogidas con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellas, todo signo de discriminación injusta».
—Entonces, ¿la Iglesia no está contra los homosexuales?
—Georges Cottier: Ante todo, la Iglesia recuerda que no tenemos que aprisionar a la persona en su sexualidad. En el documento de 1986 de la Congregación para la Doctrina de la Fe «Sobre la atención pastoral de los homosexuales» se hace una aclaración importante. La persona, como tal, trasciende la sexualidad. De modo, que es mejor no hablar de «homosexuales», sino más bien de «personas homosexuales», para subrayar que esta trascendencia se debe al destino fundamental de todos los seres humanos.
—Esta aclaración recuerda la famosa distinción entre el «pecado» y el «pecador». ¿No cree que es un elemento que ha sido olvidado en algunos debates que han tenido lugar en días pasados?
—Georges Cottier: En efecto, tenemos que distinguir muy bien entre tendencias homosexuales, de las cuales la persona no es responsable en gran parte de los casos, y los actos homosexuales. Estos actos son juzgados por la ley moral, que nos indica el camino para alcanzar nuestro fin: la unión con Dios. Algunos actos están en conformidad con la voluntad de Dios y, por ello, son buenos; otros no lo son. Pero esto se aplica también a todos los actos sexuales y a todos los campos de la actividad humana. Por tanto, se aplica también a las personas heterosexuales.
—Como sucede con el adulterio, por ejemplo…
—Georges Cottier: Exactamente. Un adulterio es grave, es un pecado. Por tanto, no tenemos que poner de un lado los actos homosexuales y por otro los heterosexuales. Para la Iglesia, las relaciones sexuales son moralmente lícitas únicamente cuando tienen lugar dentro del matrimonio monógamo e indisoluble.
—¿Cómo deben aplicarse estos principios a la acción pastoral?
—Georges Cottier: La acción pastoral se dirige a las personas y, por tanto, tiene que caracterizarse por la comprensión y el respeto. Es verdad, por desgracia, con frecuencia se ha despreciado a estas personas, se les ha hecho sufrir por comportamientos que son más bien fruto de prejuicios que de auténticos motivos de inspiración evangélica. Hay que pensar más en la maternidad de la Iglesia: personas homosexuales o personas heterosexuales, célibes o casadas, todos somos amados por la Iglesia, pues la Iglesia es el sacramento del amor de Cristo para todos.
—Entonces, está claro que hay que respetar a todos. ¿También a quien proclama el orgullo homosexual?
—Georges Cottier: La dificultad actual se debe a la ideología «gay», que es algo muy diferente. Constituye un conjunto de reivindicaciones, algunas justas y otras no. Son justas cuando piden el reconocimiento del respeto que merece toda persona. Pero detrás, se da la tendencia de muchos a reconocer las uniones entre personas homosexuales, si bien no de manera idéntica, al menos muy como si fuera al muy parecido al matrimonio. Algo así como lo que sucede con el reconocimiento de las parejas de hecho. El matrimonio, sin embargo, es una institución querida por Dios, que nosotros, los hombres, no podemos cambiar según nuestros caprichos. Por tanto, la Iglesia, sin ofender a las personas, tiene que decir la verdad, es decir, «no». Recordando, como decía Pablo VI, que el anuncio de la verdad es una forma eminente de caridad
—Entonces, ¿qué puede hacer la comunidad eclesial para ayudar a una persona homosexual a vivir dignamente su condición?
—Georges Cottier: Ante todo, tiene que luchar contra los prejuicios y el desprecio, que casi siempre es fruto de los prejuicios. Tienen que sentirse miembros con plenos derechos de la parroquia, pues son personas como cualquier otra, y para quienes vale la misma llamada a la santidad del resto de los demás hombres y mujeres. Lo repito: tenemos que tener presente la maternidad de la Iglesia que ama en nombre de Cristo a todos los hombres. También a aquellos que tienen grandes problemas.
—¿Pueden ser de ayuda los llamados grupos de atención a homosexuales?
—Georges Cottier: Pueden dar una cierta ayuda. Pero el peligro está en que se creen grupos que viven demasiado entre ellos su propia diferencia. Puede ser algo contraproducente y fuente de nuevos prejuicios.
—En conclusión, ¿cree que iniciativas como el «Gay Pride» son motivo de ayuda para las personas homosexuales?
—Georges Cottier: Creo que no. Más allá de la coincidencia con el año santo y de su naturaleza más o menos provocante, esta manifestación no ayuda a comprender bien el problema y los dramas humanos que existen. Es probable que detrás de las provocaciones se esconda también un cúmulo de sufrimientos. Pero ciertamente éste no es el camino apropiado para superarlos.

Fuente:conoze.com

La supuesta pasividad de la mujer

En su magistral obra Persona femenina, persona masculina (Ed. Rialp 1996), Blanca Castilla y Cortázar, pulveriza —con poderosos argumentos racionales— algunos mitos que la humanidad ha tomado como dogma hasta nuestros días, como el de la índole esencialmente pasiva de la mujer. Transcribimos aquí un capítulo de esa obra como invitación a conocer todo el texto de 124 páginas. Alguien ha hablado de una nueva raza de mujeres activas al tiempo que plenamente femeninas. Valga la expresión. Se encuentran en el buen camino, como ellas saben hacerlo, con comprensión, ternura y fortaleza.

EN TORNO A LA DIFERENCIA VARÓN-MUJER

Centrándonos ya en lo que podríamos llamar una antropología diferencial, el modelo de configuración de dichas relaciones que más raigambre ha tenido en nuestra tradición cultural es el que, afirmando la inferioridad de la mujer, ha tipificado la feminidad de un modo negativo. Esto lo han mantenido desde Aristóteles haste Hegel, pasando por Santo Tomás, Freud o Darwin. Bastaría recordar que en la línea hegeliana, el varón es racional, activo, dominante y, en oposición a él, la mujer es sentimental, pasiva, entregada. La pasividad, en concreto, ha sido considerada como algo genuino de la mujer, frente a la actividad, que se ha presentado como propiedad cuasi-exclusiva del varón.

Por tanto, mantener que varón y mujer son personas igualmente y personas distintas requiere abordar la cuestión de si se corresponden verdaderamente masculinidad-feminidad con los parámetros actividad-pasividad. Podría resultaría contradictorio afirmar de alguien que es persona, negándole a la vez sus características propias.

1. ¿Actividad-pasividad?

¿Realmente se puede decir que el varón es activo y la mujer pasiva? Indudablemente la pasividad comporta negatividad e inferioridad respecto a la actividad. Manifiesta falta de impulso propio y, en última instancia, falta de libertad. ¿Es la mujer —en cuanto tal— menos libre que el varón? ¿Su personalidad tiene menos fuerza precisamente por ser femenina? No parece claro. La experiencia demuestra que el hecho de que alguien sea pasivo o perezoso no se corresponde con el ser varón o mujer, sino con un defecto de una determinada persona.

Quizá sea la observación de la conducta humana fuente de datos ilustrativos. En efecto, hay descripciones fenomenológicas que pueden resultar sugerentes. A1 varón, por ejemplo, en el marco de las relaciones humanas, se le ha atribuído siempre el papel de tomar «oficialmente» la iniciativa. Esto se ha manifestado de un modo especial en el enamoramiento. En el caso — no infrecuente— de que fuera la mujer la primera en enamorarse, no parecía propio de la feminidad adelantarse. Ella había de esperar, pues al varón le correspondía «declararse». Sin embargo, la espera no tenía por qué ser inactive. Ella podía ingeniárselas para atraerle, pare conseguir que él tomara la iniciativa. Realmente en ese proceso es difícil saber quien es realmente el que se adelanta.

Julián Marías ha escrito deshaciendo el prejuicio de la pasividad femenina: «recordemos a Aristóteles, según el cual Dios, suprema actividad, acto puro sin mezcla de pasividad, mueve el mundo “como el objeto del amor y del deseo”, mueve sin ser movido. Es la forma máxima de actividad, que podemos llamar la atracción. Es lo que corresponde a la mujer, que “atrae” al varón, lo “llama”, ¿hay algo más activo?».

En efecto, el modelo descrito en estas relaciones pone de manifiesto dos modos diferentes y complementarios de apelación-respuesta. Dicho con otras palabras describe dos modos diferentes de ser activos.

2. Modos de apelación-respuesta

Sin embargo, el esquema varón-actividad/ mujer-pasividad sigue estando vigente en los estudios teóricos. Y a nivel práctico, para paliarlo, sólo se ha arbitrado la «imitación». Para que a la mujer no se le tachara de pasiva se ha visto obligada, muchas veces, a actuar «al modo de» el varón.

Esta situación se debe, en parte, a un deficiente desarrollo del pensamiento antropológico, que no ha desenmascarado las contradicciones encerradas en esos desarrollos. También habría que señalar que el ser humano —sobre todo el varón— tiende a tratar a las personas como objetos, dominándoles como si fueran cosas. Y esto indudablemente ha influido poderosamente en el pensamiento.

En nuestra cultura se ha afirmado con nitidez que el ser humano transciende la Naturaleza. El pensamiento cristiano ha defendido siempre que es superior al mundo material. Y la modernidad, aunque haya desembocado en un generalizado materialismo, se caracteriza por distinguir entre Naturaleza y Libertad.

Sin embargo, y, a pesar de las intuiciones de los pensadores dialógicos, en occidente se sigue conceptualizando al ser humano con paradigmas cosmológicos.

En concreto, la relación actividad-pasividad, empleada en las explicaciones de la antropología varón-mujer, expresa un esquema perteneciente a los fenómenos físicos. En efecto, esas categorías se han obtenido en el estudio del Cosmos. En el campo de la física, una potencia activa es eficiente frente a una potencia pasiva, que es modificada: el fuego quema la madera. En el mundo material toda acción se relaciona con una pasión.

Este patrón es válido también en las relaciones del ser humano con la Naturaleza en las que —en virtud de su superioridad—, aquél domina y dirige las causas naturales: enciende el fuego que quemará la leña.

Pero cuando nos referimos al ser humano, en el que su ser es libertad, los términos físicos han de usarse analógicamente, pues se ha entrado en una órbita superior. En efecto, en las relaciones humanas nos hallamos en un terreno regido fundamentalmente por la actividad. En los actos propiamente humanos la pasividad va perdiendo campo. Así, por ejemplo, a la actividad docente de un profesor corresponde la actividad discente del alumno; si no hubiera alguien que atendiera y aprendiera no habría docencia; sería —literalmente—, predicar en el desierto. Profesor-alumno se relacionan con una actividad, recíproca y complementaria, que enriquece a ambos.

Tomando otras descripciones del ámbito de la comunicación, no tendría sentido el diálogo, por ejemplo, si alguien no escuchara. Pero escuchar no es pasividad. A veces requiere incluso mayor actividad. Si se presta atención se puede entender hasta más de lo que se oye, pues si se va al fondo de lo que se quiere expresar, se puede captar aún lo que no se ha llegado a decir. Escuchar es otro modo de comunicar que el hablar, su contrapartida necesaria. Así se constituye una verdadera comunicación, que puede dar como resultado la comunión personal.

En resumen, la aplicación simétrica de la relación actividad-pasividad al mundo antropológico —todavía al uso— es un trasvase inadecuado generador de sofismas.

Sin embargo, en el campo de la antropología filosófica existen actualmente también indicios alentadores que interesaría proseguir. Parecen muy enriquecedores, por ejemplo, los planteamientos que se hacen desde lo que se ha llamado «la hermenéutica del don», donde los términos opuestos de la relación son dar y recibir, y al recibir se le atribuye la misma categoría activa del dar.

Describiendo la diferencia relacional entre varón y mujer, anteriormente se ha dicho que el varón al darse sale de sí mismo. Saliendo de él se entrega a la mujer y se queda en ella. La mujer se da pero sin salir de ella. Es apertura pero acogiendo en ella. Su modo de darse es distinto al del varón y a la vez complementario, pues acoge al varón y a su amor. Aquí se advierte que el amor, que es siempre apertura, no siempre supone salir de sí. También el acoger es otro modo de amar.

En este sentido hablaba Buber de la importancia del «entre» en las relaciones Yo-Tú: «El amor no se adhiere al Yo como si tuviese al Tú sólo como “contenido”, como objeto, sino que está entre Yo y Tú. Quien no sepa esto, quien no lo sepa con todo su ser, no conoce el amor, aunque atribuya al amor los sentimientos que vive, que experimenta, que goza y exteriorize. E1 amor es una acción cósmica. A quien habita en el amor (…) a ése los seres se le aparecen realmente y como un Tú, es decir, con existencia individualizada, autónoma, única y erguida; de vez en cuando surge maravillosamente una realidad exclusiva, y entonces la persona puede actuar, puede ayudar, sanar, educar, elevar, liberar. E1 amor es responsabilidad de un Yo por un Tú: en esto consiste la igualdad de todos los que se aman».

En el amor complementario entre dos personas, y en concreto, en el que se da entre la persona varón y la persona mujer no parece que se correspondan con las categorías actividad-pasividad, sino más bien con dos modos activos y complementarios de ser activos.

Blanca Castilla y Cortázar – 2004.02 – www.arvo.net

La figura del padre

Importancia de la práctica físico-deportiva y del género

Importancia de la práctica físico-deportiva y del género en el autoconcepto físico de los 9 a los 23 años
International Journal of Clinical and Health Psychology
RESUMEN

El propósito de este estudio descriptivo mediante encuesta es comprobar los efectos de la edad, el género y la práctica físico-deportiva en el autoconcepto físico en estudiantes de 9 a 23 años. La muestra está compuesta por 2.332 alumnos a los que se les pasó el Physical Self-concept Questionary (PSQ). Tras distintos análisis de correlación, univariantes, multivariantes y de regresión, los resultados revelan que tanto la autoestima como el autoconcepto físico están influenciados por la edad, el género y la práctica físico-deportiva, destacando como principal aportación que la práctica de alguna actividad física o deportiva es la que más predice la autoestima en particular y el autoconcepto físico, en general. Por otro lado, son los varones los que presentan una mayor autoestima, imagen corporal, competencia y condición física. En cuanto a la evolución de la autoestima y el autoconcepto físico de los 9 a los 23 años, solo se observan diferencias significativas en la competencia percibida y la condición física. Como conclusión, este estudio muestra la relevancia que la edad, el género y la práctica físico-deportiva extraescolar parecen tener sobre la elaboración del autoconcepto físico.

PALABRAS CLAVE. Autoestima. Autoconcepto físico. Edad. Género. Deporte. Estudio descriptivo mediante encuesta.

Diversos estudios reflejan los beneficiosos efectos que proporciona la práctica del ejercicio físico-deportivo en el ámbito físico, fisiológico y, muy especialmente, en el psicológico (Alfermann y Stoll, 2000; Fox, 2000b). En este sentido, existen estudios que muestran que los resultados referidos a la salud mental son favorables para la autoestima, creando un efecto positivo en el bienestar del individuo practicante y asociando estados depresivos y quejas de salud para los sedentarios (Fox, 1997, 2000a; Sonstroem y Morgan, 1989; Sonstroem y Potts, 1996). No obstante, y a pesar de estos beneficios, existe un predominio de los sedentarios frente a los físicamente activos (García Ferrando, 2005; US Departament of Health and Human Services, 1996).

En la sociedad occidental se cultiva mucho el cuerpo y la imagen corporal considerándolos como un arma muy importante a la hora de presentarnos a los demás. Además, existe una relación directa entre el aumento de la competencia percibida y la aceptación personal, favoreciendo el desarrollo de la autoestima (Fox, 2000b). Ambos aspectos, el cuerpo y la apariencia, también se reflejan como el predictor más influyente en la autoestima (Fox, 1997; Harter, 1993).

Los efectos positivos en la autoestima y el autoconcepto físico también se deben a la duración (Leith, 1994) y frecuencia de la práctica físico-deportiva (Bruya, 1977; McGowan, Jarman y Pedersen, 1974), ya que cuanto mayor es la frecuencia de la práctica de actividad física, mejor es la salud mental del individuo, disminuyendo por tanto su grado de depresión (Kull, 2002). Basado en el modelo del auto-concepto multidimensional de Shavelson, Hubner y Stanton (1976), Fox y Corbin (1989) desarrollaron el Perfil de Auto-percepción Físico (Physical Self-Perception Profile, PSPP) dividiendo el auto-concepto físico en cuatro subdominios (competencia percibida, fuerza física, condicionamiento físico y atractivo, apariencia o imagen corporal) junto con un quinto y más general (autoestima). La percepción de condición física se ha manifestado como el predictor más fuerte en la conducta del ejercicio físico (Fox y Corbin, 1989; Sonstroem, Speliotis y Fava, 1992), atribuyendo aspectos diferentes al ego o aspecto físico y destacando la importancia de la competencia percibida. También se ha resaltado como un factor que afecta a la conducta del ejercicio y a la auto-evaluación física del individuo (Harter, 1986).

Numerosos estudios demuestran que las mujeres tienen mayor preocupación por su cuerpo y su imagen (Bane y McAuley, 1998), mostrando que éstas son más críticas con sus cuerpos y están más involucradas en la apariencia física que los hombres (Heunemann, Shapiro, Hampton y Mitchell, 1966; Loland, 1998). Encontramos otras diferencias en el género constatando menores puntuaciones en todos los subdominios del PSPP comparando las mujeres con los hombres (Fox y Corbin, 1989; Hayes, Crocker y Kowalski, 1999). Ellas también parecen asociar más el atractivo corporal con el conjunto del Physical Self-concept Questionnaire (PSQ), mientras que los hombres se basan más en el deporte y aspectos de fuerza física en relación con el ego personal (Asçi, Asçi y Zorba, 1999; Hayes et al., 1999).

De forma general, las personas sufren cambios físicos que afectan al cuerpo en ambos géneros y, por consiguiente, al proceso de construcción de su identidad personal y social. Como afirma Lirgg (1993), esto explicaría que la inclusión de alumnos de diferente sexo dentro del grupo-clase, cuando estos cambios se producen y son fácilmente observables por el género contrario, crearía una situación poco confortable que cambia a medida que los escolares consolidan su adolescencia. En este sentido, el proceso de formación del autoconcepto físico estaría sujeto a los relevantes cambios que los escolares presentan a lo largo de este periodo de edad. No obstante, como Fox (1988) argumenta, es difícil demostrar como afectan a la autoestima los distintos estadios de desarrollo en el niño. Algunos estudios en adolescentes jóvenes atribuyen la falta de correlación entre los diferentes dominios del autoconcepto físico a una autoestima poco diferenciada que se va incrementando a lo largo de la adolescencia (Alsaker y Olweus, 1992; Harter, 1999; Marsh y O´Niell, 1984).

Teniendo en cuenta los resultados obtenidos por estudios previos (Lindwall y Hassmen, 2004; Maïano, Ninot y Bilard, 2004; Moreno y Cervelló, 2005; Moreno, Moreno y Cervelló, 2007) las hipótesis planteadas en este estudio fueron:

– Respecto al género, creemos que los varones presentarán un autoconcepto físico significativamente mayor que las mujeres.
– En cuanto a la edad, nuestra hipótesis de partida es que el autoconcepto físico será mayor en los estudiantes de Educación Secundaria que en los de Primaria y, como así afirman los estudios previos, no esperamos encontrar diferencias entre los estudiantes de Secundaria y los universitarios.
– También esperamos encontrar mayores niveles de autoconcepto físico en los practicantes de actividades físicas deportivas extraescolares. En la redacción de este artículo se siguieron las recomendaciones de Ramos- Alvarez, Valdés-Conroy y Catena (2006).

Método

Diseño de la investigación

Para cumplimentar las hipótesis del trabajo se utilizó un diseño de investigación de estudios ex post facto evolutivo transversal (Montero y León, 2007).

Muestra

Los participantes de este estudio constituyen un total de 2.332 estudiantes de edades comprendidas entre 9 y 23 años (M = 15,55 años; DT = 3,78), siendo 1.152 varones y 1.180 mujeres. Para la elaboración de los grupos de edad se tuvo en cuenta la etapa educativa en la que estaban implicados los sujetos. Por tanto, la muestra se dividió en cinco grupos en relación con la edad: 9-11 años (n = 578), 12-14 años (n = 430), 15-17 años (n = 647), 18-20 años (n = 371) y 20-23 años (n = 306). De todos ellos, 1.752 practican alguna actividad físico-deportiva y no practican 580 estudiantes.

Por grupos, en el grupo de 9-11 años, 51 no practican y 527 practican, en la edad de 12-14 años, 142 no practican y 288 sí practican, a los 15-17 años 206 no practican y 441 sí practican, en el grupo 18-20 años 90 no practican y 281 sí practican, mientras que en los 20-23 años, 91 no practican y 215 sí practican. De aquellos que practicaban, el 22% practicaba puntualmente (una sesión a la semana), el 42% practicaba entre dos y tres sesiones a la semana y el 36% practicaba más de tres sesiones a la semana. Entre las actividades físico-deportivas incluíamos tanto la práctica física organizada (fitness, gimnasia de mantenimiento, deportes, etc.) como la no organizada (pasear, carrera, etc.). Los sujetos de 9 a 11 años fueron tomados en Escuelas de Enseñanza Primaria, mientras que los de 12 a 14 años y de 15 a 17 años en Institutos de Enseñanza
Secundaria y el resto de 18 a 23 años pertenecen a grupos de nivel universitario de la Región de Murcia.

Instrumento

Se empleó el Cuestionario de Autoconcepto Físico. La adaptación al español de esta escala (Moreno y Cervelló, 2005) parte de la original Physical Self-Perception Profile (PSPP) de Fox (1990) y Fox y Corbin (1989). El instrumento está compuesto por 30 ítems y cinco factores: Competencia percibida, Atractivo corporal (imagen o percepción corporal), Condición física, Fuerza física y Autoestima. A la versión española de Moreno y Cervelló (2005) se le denomina Physical-Self Questionnaire (PSQ), siendo utilizado en distintos contextos y edades (Asçi, 2005; Boyd y Hrycaiko, 1997; Maïano, et al., 2004; Petrakis y Bahls, 1991; Sonstroem, Harlow y Josephs, 1994). Las respuestas al instrumento original están expresadas en una escala tipo Lickert de 0 (totalmente en desacuerdo) a 5 (totalmente de acuerdo) puntos. La versión de Moreno, Cervelló, Vera y Ruiz (2007) para edades de 9 a 11 años presenta un rango de respuesta de 0 a 10 puntos. En el presente estudio los coeficientes alfa de Cronbach obtenidos son de 0,82 para Competencia percibida, 0,74 para Atractivo corporal, 0,78 para Condición física, 0,54 para Fuerza física y 0,72 para Autoestima. Tomando como valores aceptables aquellos que son igual o están por encima de 0,70 (Nunnally, 1978), sólo un factor mostró una fiabilidad inferior al recomendado, quedando fuera de nuestro interés para este estudio (Fuerza física).

Procedimiento

Se llevó a cabo una selección de centros atendiendo a un muestreo aleatorio por conglomerados (Azorín y Sánchez-Crespo, 1986). La cumplimentación del cuestionario por parte de los alumnos de edades comprendidas entre los 9 y los 17 años se llevó a cabo en el aula de Educación Física, no estando presente el profesor pero sí el investigador principal con el fin de solventar toda duda que pudiera surgir en la comprensión, tanto de los ítems que componen el cuestionario como de las instrucciones establecidas al inicio de la administración del mismo. En cuanto a los alumnos universitarios los datos se recogieron en diversas clases y especialidades. La escala se contestó de forma autónoma y en un ambiente calmado y tranquilo favoreciendo la relajación y oncentración de los alumnos. Las instrucciones establecidas previas a la cumplimentación del cuestionario hicieron referencia al objetivo general del estudio, con el fin de que mostraran mayor interés en la mecánica de rellenado del mismo. Del mismo modo, se aclararon algunos términos que pudieran resultar confusos y se les animó para que lo rellenaran de la manera más sincera posible haciendo hincapié en el anonimato de los mismos. En el caso de los sujetos menores de edad se solicitó una autorización paterna para su participación en el estudio, mientras que a los mayores de edad se les presentó una hoja informativa con los objetivos del estudio. En todos los casos se indicó que la participación en la investigación era voluntaria. El tiempo requerido para la cumplimentación del cuestionario fue de 10-15 minutos en función del número de alumnos y la agilidad de la clase. El instrumento de medida incluía ítems relativos a variables sociodemográficas (edad, género, práctica físico-deportiva extraescolar, frecuencia de práctica, tipo de práctica y estudios).

Análisis de datos

Las relaciones entre variables se exploraron utilizando correlaciones bivariadas de Pearson. Las diferencias en autoconcepto físico relativas a la edad, género y práctica físico-deportiva extraescolar fueron obtenidas utilizando un análisis de varianza. Por último, para comprobar el poder de predicción de la edad, género y práctica físicodeportiva extraescolar en el autoconcepto físico se utilizó un análisis de regresión lineal. Para ello se empleó el paquete estadístico SPSS en su versión 12.0 para Windows.

Dado que los datos fueron recogidos en dos escalas de puntuación distintas, los mismos fueron convertidos en puntuaciones tipificadas para su posterior análisis.

Resultados

Medias, desviaciones típicas y análisis de correlación

Respecto a las medias se observa que el mayor valor corresponde al factor autoestima (M = 0; DT = 0,69), seguida de imagen corporal (M = -0,01; DT = 0,60), condición física (M = -0,02; DT = 0,69) y competencia percibida (M = -0,03; DT = 0,74). En relación a la correlación de los factores del autoconcepto físico, encontramos que todos se relacionan significativamente con todos (véase la Tabla 1). Cabe destacar la alta correlación positiva entre competencia percibida y condición física (r = 0,73), así como entre fuerza y autoestima (r = 0,51), imagen corporal (r = 0,50) y condición física (r = 0,51).

Efectos principales y efectos de interacción de edad, género y práctica físico-deportiva sobre la autoestima y el autoconcepto físico

Se realizó un análisis multivariante donde se consideraron como variables independientes la edad, el género y la práctica físico-deportiva extraescolar y como variables dependientes la autoestima, la imagen corporal, la competencia percibida y la condición física. El resultado de los contrastes multivariados mostró un efecto de interacción entre la edad y la práctica deportiva (Lambda de Wilks = 0,97, F (16, 7048) = 4,28, p < 0,01) y efectos principales para el género (Lambda de Wilks = 0,95, F (4, 2307) = 24,72, p < 0,01), la edad (Lambda de Wilks = 0,98, F (16, 7048) = 2,50, p < 0,01) y la práctica deportiva (Lambda de Wilks = 0,89, F (4, 2307) = 65,10, p < 0,01).

Las pruebas de los efectos inter-sujetos mostraron para el caso de la interacción entre la práctica deportiva y la edad únicamente diferencias significativas en el factor autoestima (F (4, 2307) = 11,22, p < 0,01). El análisis univariado muestra que el autoconcepto físico relacionado con la edad presenta diferencias significativas (Lambda de Wilks = 0,98, F (16, 7048) = 2,50, p < 0,01). Tras un análisis a posteriori (prueba de Tukey) encontramos dichas diferencias en la competencia percibida (F = 2,80, p < 0,01) entre los grupos de 9-11 años y de 18-20 años, a favor de los de mayor edad y en la condición física (F = 2,97, p < 0,01) entre los grupos de 9-11 años y de 20-23 años, a favor de estos últimos y entre los grupos de 12-14 años y de 18 a 20 años, a favor del grupo de 18-20 años (véase la Tabla 2). El género presenta diferencias significativas (Lambda de Wilks = 0,87, F (4, 2307) = 80,78, p < 0,001) cuando se relaciona con los factores del PSQ. Dichas diferencias se dan en todos los factores: autoestima (F = 41,88, p < 0,001), imagen corporal (F = 51,96, p < 0,001), competencia percibida (F = 309,90, p < 0,001) y condición física (F = 192,51, p < 0,001), siendo los varones los que presentan valores más altos que las mujeres (M = 0,07; M = 0,06; M = 0,69; M = 0,65) (véase la Tabla 2). Cuando se relaciona el PSQ con la práctica físico-deportiva también encontramos diferencias significativas (Lambda de Wilks = 0,84, F (4, 2307) = 108,59, p < 0,001). Estas diferencias se dan en autoestima (F = 66,17, p < 0,001), apariencia o imagen corporal (F = 21,12, p < 0,001), competencia percibida (F = 239,35,‘p < 0,001) y condición física (F = 362,83, p < 0,001), siendo mayores en los que practican frente a los sedentarios (véase la Tabla 2).

Regresión lineal

Para comprobar la importancia del valor predictivo de las variables edad, género y práctica físico-deportiva sobre el autoconcepto físico se han realizado diferentes análisis de regresión lineal (véase la Tabla 3). En relación a la dirección de las correlaciones respecto a la edad, no se encuentran correlaciones en ninguno de sus factores: autoestima (r = -0,01, p > 0,05), apariencia física (r = -0.02, p > 0,05), competencia percibida (r = 0,03, p > 0,05) y condición física (r = 0,02, p < 0,05). Por género, son los hombres quienes perciben los subdominios del PSQ como más importantes que las mujeres; en este sentido se encuentran correlaciones en autoestima (r = -0,12, p < 0,001), apariencia física (r = -0,16, p < 0,001), competencia percibida (r = 0,36, p < 0,001) y condición física (r = 0,29, p < 0,001). Para la variante práctica físico-deportiva se encuentran correlaciones en todos sus factores en aquellos que practican, siendo el de mayor valor la condición física (r = 0,39, p < 0,001), seguido de la competencia percibida (r = 0,32, p < 0,001), autoestima (r = 0,20, p < 0,001) y apariencia física (r = 0,11, p < 0,001). Respecto al poder de predicción del género, la edad y la práctica físico-deportiva extraescolar sobre el autoconcepto físico se observa que la edad predice de forma significativa, pero débilmente, la competencia percibida (R2 = 0,004, p < 0,001) y la condición física (R2 = 0,004, p < 0,01), mientras que el género se ha mostrado como un buen predictor significativo de la competencia percibida (R2 = 0,132, p < 0,001), pero aporta poca varianza explicada en la condición física (R2 = 0,033, p < 0,001), la apariencia física (R2 = 0,024, p < 0,001) y la autoestima (R2 = 0,004, p < 0,01). Por otro lado, la práctica físico-deportiva se ha mostrado como mejor predictor de la condición física (R2 = 0,149, p < 0,001), que de la competencia percibida (R2 = 0,050, p < 0,001), la autoestima (R2 = 0,040, p < 0,01) y la apariencia física (R2 = 0,004, p < 0,001).

Discusión

Este estudio presenta la relación del autoconcepto físico con diferentes variables sociodemográficas como la edad, el género y la práctica físico-deportiva extraescolar en estudiantes de distinto nivel educativo. Los resultados generales muestran que existe influencia de las variables edad, género y práctica físico-deportiva en el autoconcepto físico, apoyando la idea de que el autoconcepto es el resultado de varias interacciones sociales y personales en contacto con el medio, por lo que su configuración está influida por los núcleos sociales que lo rodean, siendo los factores competencia percibida y condición física los más influenciados por la edad, concretamente en el grupo de 18 a 20 años. Sin embargo, estos resultados difieren del estudio de Welk, Corbin y Lewis (1995) que apoyan dicha influencia en individuos de 12 a 17 años de edad. La diferencia encontrada con el estudio de Welk et al. puede ser debida a los diferentes rangos de edad de los dos estudios, aunque futuras investigaciones deberán analizar si estas diferencias son únicamente debidas a la edad o se puede estar produciendo una diferente interacción social.

Encontramos que el autoconcepto físico se ve influido por el género, tal y como lo indica Marsh (1998) con estudiantes adolescentes, coincidiendo con la mayoría de autores en mayores valores de los varones frente a las mujeres (Crocker, Eklund y Kowalski, 2000), aunque por el contrario, otros afirman que el factor imagen corporal influye en mayor medida en la autoestima de las mujeres (Hagger, Ashford y Stambulova, 1998). Del mismo modo, el autoconcepto físico se ve influido por la práctica físicodeportiva extraescolar, coincidiendo con los resultados obtenidos por Crocker et al. (2000). Además, los resultados del análisis multivariante de nuestro estudio han mostrado un efecto de interacción entre la edad y la práctica físico-deportiva, encontrando que la implicación en actividades físico-deportivas muestra mejoras en la autoestima en todos los niveles de edad. Estos resultados parecen estar en consonancia con numerosas investigaciones (Alexander, Nickel, Boreskie y Searle, 2000; Boyd y Hrycaiko, 1997; Jackson y Marsh, 1986; Weiss, McAuley, Ebbeck y Wiese, 1990) que han analizado el efecto de la práctica de actividades físicas en la autoestima. Líneas de investigación futuras deberán precisar de forma más detallada el efecto que diferentes tipos de prácticas físico-deportivas extraescolares (organizadas y no organizadas) pueden tener en la variación del autoconcepto físico. Esta es además una de las limitaciones de este estudio, que deberá ser contemplada en el futuro.

Respecto a los efectos de interacción, hemos encontrado que la edad y la práctica físico-deportiva extraescolar parecen estar afectando al nivel de autoestima de los sujetos, de forma que aquellos que tienen mayor edad y practican actividades físicodeportivas extraescolares presentan mayores niveles de autoestima. Los resultados parecen mostrar que aquellos que están más años practicando puedan desarrollar de forma más clara su autoestima. Sin embargo, los resultados (evidentemente debido a la naturaleza correlacional de la investigación) no nos dan una explicación clara acerca de dicha relación. Sería interesante, que futuros trabajos abordaran desde una perspectiva más cualitativa si existe un efecto de la edad y la práctica sobre la autoestima, o más bien podría ocurrir que los sujetos con un mayor autoconcepto físico fuesen los que se involucrasen durante más tiempo en las actividades físico-deportivas.

Numerosos investigadores consideran que existe una posible explicación de estas diferencias atribuyendo la importancia del ideal social sobre el cuerpo (Maïano et al., 2004; Marsh, 1999). Se observa una estrecha relación entre la imagen corporal y la autoestima sobre todo en mujeres con edades adolescentes de 15 a 23 años (Crocker et al., 2000; Hagger et al., 1998). De hecho, en un reciente estudio que utilizó el metaanálisis para relacionar la imagen corporal con la práctica de actividades físicas se encontró como principales resultados que los practicantes de actividades físico-deportivas presentaban una imagen corporal más positiva que los sedentarios, que los estudios de intervención que han aplicado programas de actividad físico-deportiva han conseguido modificar positivamente la imagen corporal de los grupos experimentales frente a los grupos de control y que existen otras variables, como por ejemplo la edad y el género, que están moderando la imagen corporal de las personas (Hausenblas y Fallon, 2006).

Los resultados del presente estudio apoyan las conclusiones obtenidas de este trabajo de revisión. Además, son los varones los que practican más actividad físico-deportiva haciéndolo también en edades adolescentes y obteniendo una mayor autoestima (Crocker et al., 2000; Sonstroem et al., 1992). Este mismo resultado es compartido por Trew, Scully, Kremer y Ogle (1999) reiterando que los adolescentes que practican actividad físico-deportiva tienen un autoconcepto más elevado. Por su parte, Balaguer (1998) especifica que los varones practicantes tienen una mayor competencia percibida e imagen corporal que aquellos que no practican, mientras que las mujeres, también practicantes, sólo obtienen puntuaciones más altas en la competencia percibida, señalando que ellos son más activos que ellas, logrando por tanto una mayor percepción en el autoconcepto físico global. Así pues, de todos los factores del autoconcepto físico, la competencia percibida es el valor más importante para los varones. Nuevos trabajos deberán determinar las variables culturales y sociales que pueden estar detrás del mayor nivel de compromiso en actividades físico-deportivas que presentan los varones frente a las mujeres.

El género y la práctica físico-deportiva son predictores del PSQ en todos los subdominios analizados en este estudio, mientras que la edad lo es en la competencia percibida y la condición física. Las asociaciones predictivas más fuertes se encuentran en las variables género y práctica físico-deportiva extraescolar, anotando mayores valores en los subdominios condición física y competencia percibida. Coincidiendo con Lindwall y Hassmen (2004) encontramos una mayor puntuación a favor de los varones y de los que más practican.

Para concluir, y resumiendo, en este estudio hemos tratado de analizar las relaciones existentes entre la edad, el género y la práctica físico-deportiva extraescolar sobre el autoconcepto físico, utilizando una muestra de estudiantes de edades comprendidas entre los 9 y 23 años. Los resultados revelan una relación entre el autoconcepto y las citadas variables sociodemográficas, suponiendo esta investigación una primera aproximación al análisis del autoconcepto físico, ya que actualmente no existen muchas investigaciones que analicen la relación entre estos constructos, y debería ser un punto de partida para su estudio, pues se pueden obtener datos relevantes para el logro de una mayor persistencia en la práctica de actividad físico-deportiva. En este sentido, la investigación de Lindwall y Hassmen (2004) apunta a los posibles beneficios que la misma puede generar en la salud de los adolescentes. Así pues, sería importante que se valorase la práctica de la actividad físico-deportiva como un factor muy positivo para la salud, tanto en el ámbito físico como en el psicológico, ya que como refleja este estudio, podría potenciar efectos positivos sobre el autoconcepto físico. En esta práctica, debe prevalecer la frecuencia sobre la intensidad apoyándose en el campo de la Medicina que recomienda realizar actividad física durante 30 minutos diarios sin distinción de género o edad (US Department of Health and Human Services, 1996). Sólo así se puede reducir el elevado número de niños obesos con los que cuenta la sociedad actual como resultado de la ausencia de hábitos de vida saludables (Fox, 2000a, 2000b).

Por tanto, sería interesante realizar estudios donde se potencien hábitos saludables (inclusión de la actividad físico-deportiva en el estilo de vida o aumento de la práctica físico-deportiva) para comprobar y reafirmar, de forma experimental, la mejora del autoconcepto físico.

Referencias

Alexander, M.J.L., Nickel, R., Boreskie, S.L. y Searle, M. (2000). Comparison of the effects of two types of fitness/flexibility programs on gait, mobility and self-esteem of older females. Journal of Human Movement Studies, 38, 235-268.
Alfermann, D. y Stoll, O. (2000). Effects of physical exercise on self-concept and well-being. International Journal of Sport and Exercise Psychology, 30, 47–65.
Alsaker, F.D. y Olweus, D. (1992). Stability of global self-evaluations in early adolescence: A cohort longitudinal study. Journal of Research on Adolescence, 2, 123-145.
Asçi, F. (2005). The construct validity of two physical self-concept measures: An example from Turkey. Psychology of Sport and Exercise, 2, 1-11.
Asçi, F.H., Asçi, A. y Zorba, E. (1999). Cross-cultural validity and reliability of Physical Self- Perception Profile. Journal of Sport and Exercise Psychology, 30, 399-406.
Azorín, F. y Sánchez-Crespo, J.L. (1986). Métodos y aplicaciones del muestreo. Madrid: Alianza Universidad.
Balaguer, I. (1998, agosto). Self-concept, physical and health among adolescents. Trabajo presentado en el 24 International Congress of Applied Psychology, San Francisco (Estados Unidos).
Bane, S. y McAuley, E. (1998). Body image and exercise. En J.L. Duda (Ed.), Advances in Sport and Exercise Psychology Measurement (pp. 311-322). Morgantown, WV: Fitness Information Technology.
Boyd, K.R. y Hrycaiko, D.W. (1997). The effect of a physical activity intervention package on the self-esteem of preadolescent and adolescent females. Adolescence, 32, 693-709.
Bruya, L.D. (1977). Effect of selected movement skills on positive self-concept. Perceptual and Motor Skills, 45, 252-254.
Crocker, P.R.E., Eklund, R.C. y Kowalski, K.C. (2000). Children’s physical activity and physical self-perceptions. Journal of Sports Sciences, 18, 383-394.
Fox, K.R. (1988). The self-esteem complex and youth fitness. Quest, 40, 230-246.
Fox, K.R. (1990). The physical self-perception profile. Manual. Dekalb, IL: Northern Illinois University.
Fox, K.R. (1997). The physical self and processes in self-esteem development. En K.R. Fox (Ed.), The physical self: From motivation to well-being (pp. 111-139). Champaign, IL: Human Kinetics.
Fox, K.R. (2000a). Self-esteem, self-perceptions and exercise. International Journal of Sport Psychology, 31, 228–240.
Fox, K.R. (2000b). The effects of exercise on selfperceptions and self-esteem. En S.J.H. Biddle, K.R. Fox y S.H. Boutcher (Eds.), Physical Activity and Psychological Well-Being (pp. 88- 118). Londres: Routhledge
Fox, K.R. y Corbin, C.B. (1989). The physical self-perception profile: Development and preliminary validation. Journal of Sport and Exercise Psychology, 11, 408-430.
García Ferrando, M. (2005). Encuesta sobre hábitos deportivos de los españoles. Madrid: CIS.
Hagger, M., Ashford, B. y Stambulova, N. (1998). Russian and British children’s physical selfperceptions and physical activity participation. Pediatric Exercise Science, 10, 137-152.
Harter, S. (1986). Processes underlying the construction, maintenance, and enhancement of the self-concept in children. En J. Suls y A.G. Greenwald (Eds.), Psychological perspectives on the self (vol. 3) (pp. 137-181). Hilldsdale, NJ: Lawrence Erlbaum.
Harter, S. (1993). Causes and consequences of low self-esteem in children and adolescents. En R.B. Baumeister (Ed.), Self-esteem: The puzzle of low selfesteem (pp. 57-78). Nueva York: Plenum Press.
Harter, S. (1999). The construction of the self. A developmental perspective. Nueva York: Guildorf Press.
Hausenblas, H.A. y Fallon, E.A. (2006). Exercise and body image: A meta-analysis. Psychology and Health, 21, 33-47.
Hayes, S.D., Crocker P.R.E. y Kowalski K.C. (1999). Gender differences in physical selfperceptions, global self-esteem, and physical activity: Evaluation of the Physical Self-Perception Profile model. Journal Sport Beba, 22, 1-14.
Heunnmann, R.L., Shapiro, L.R., Hampton, M.C. y Mitchell, B.W. (1966). A longitudinal study of gross body composition and body conformation and their association with food and activity in teenage population. American Journal of Clinic Nutrition, 18, 325-338.
Jackson, S.A. y Marsh, H.W. (1986). Athletic or antisocial? The female sport experience. Journal of Sport Psychology, 8, 198-211.
Kull, M. (2002). The relationships between physical activity, health status and psychological well-being of fertilityaged women. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sport, 12, 241-247.
Leith, L.M. (1994). Foundations of Exercise and Mental Health. Morgantown, WV: Fitness Information Technology.
Lindwall, M. y Hassmen, P. (2004). The role of exercise and gender for physical self-perceptions and importance ratings in Swedish university students. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sport, 14, 373-380.
Lirgg, C.D. (1993). Effects of same-sex versus coeducational physical education on the selfperceptions of middle and high school students. Research Quarterly for Exercise and Sport, 64, 324-334.
Loland, N.W. (1998). Body image and physical activity. A survey among Norwegian men and women. International Journal of Sport and Exercise Psychology, 29, 339-365.
Maïano, C., Ninot, G. y Bilard, J. (2004). Age and gender effects on global self-esteem and physical self-perception in adolescents. European Physical Education Review, 10, 53-69.
Marsh, H.W. (1998). Age and gender effects in physical self-concepts for adolescent elite athletes and nonathletes: A multicohort-multioccasion Desing: Journal of Sport and Exercise Psychology, 20, 237-259.
Marsh, H.W. (1999). Cognitive discrepancy models: Actual, ideal, potencial, and future selfperspectives of body image. Social Cognition, 17, 46-75.
Marsh, H.W. y O´Neill, R. (1984). Self-description questionnaire III (SDQIII): The construct validity of multidimensional self concept ratings by late adolescents. Journal of Educational Measurement, 21, 153-174.
McGowan, R.W., Jarman, B.O. y Pedersen, D.M. (1974). Effects of a competitive endurancetraining program on selfconcept and peer approval. Journal of Sport Psychology, 86, 57- 60.
Montero, I. y León, O.G. (2007). A guide for naming research studies in Psychology. International Journal of Clinical and Health Psychology, 7, 847-862.
Moreno, J.A. y Cervelló, E. (2005). Physical self-perception in Spanish adolescents: Effects of gender and involvent in physical activity. Journal of Human Movement Studies, 48, 291- 311.
Moreno, J.A., Cervelló, E., Vera, J.A. y Ruiz, L.. (2007). Physical self-concept of Spanish schoolchildren: Diferences by gender, sport practice and levels of sport involvement. Journal of Education and Human Development, 1, 1-17.
Moreno, J.A., Moreno, R. y Cervelló, E. (2007). El autoconcepto físico como predictor de la intención de ser físicamente activo. Psicología y Salud, 17, 261-267.
Nunnally, J.C. (1978). Psychometric theory. Nueva York: McGraw-Hill. Petrakis, E. y Bahls, V. (1991). Relation of physical education to self-concept. Perceptual and Motor Skills, 73, 1027-1031.
Ramos-Alvarez, M.M., Valdés-Conroy, B. y Catena, A. (2006). Criteria of the peer-review process for publication of experimental and quasi-experimental research in Psychology. International Journal of Clinical and Health Psychology, 6, 773-787.
Shavelson, R.J., Hubner, J.J. y Stanton, G.C. (1976). Validation of construct interpretations. Review of Educational Research, 46, 407-441.
Sonstroem, R.J., Harlow, L.L. y Josephs, L. (1994). Exercise and self-esteem: Validity of model expansion and exercise associations.Journal of Sport and Exercise Psychology, 16, 29-42.
Sonstroem, R.J. y Morgan, W.P. (1989). Exercise and self-esteem: Rationale and model. Medicine and Science in Sports and Exercise, 21, 329-337.
Sonstroem, R.J. y Potts, S.A. (1996). Life adjustment correlates of physical self-concepts. Medicine and Science in Sports and Exercise, 21, 329-337.
Sonstroem, R.J., Speliotis, E.D. y Fava, J.L. (1992). Perceived physical competence in adults: An examination of the physical self-perception profile. Journal of Sports and Exercise Psychology, 14, 207-221.
Trew, K.J., Scully, D., Kremer, J. y Ogle, S. (1999). Sport, leisure and perceived self- competence among male and female adolescents. European Physical Education Review, 5, 53-74.
US Department of Health and Human Services (1996). Physical Activity and Health: A Report of the Surgeon General. Atlanta, GA: US Department of Health and Human services, Centers for Disease Control and Prevention, National Center for Chronic Disease Prevention
and Health Promotion.
Weiss, M.R., McAuley, E., Ebbeck, V. y Wiese, D.M. (1990). Self-esteem and causal attributions for children’s physical and social competence in sport. Journal of Sport and Exercise Psychology, 12, 21-36.
Welk, G.J., Corbin, C.B. y Lewis, L.A. (1995). Physical self-perceptions of high school athletes. Pediatric Exercise Science, 7, 152-161.

Fuente: International Journal of Psychology and Psychological Therapy 2007, Vol. 7, Nº 1, pp. 13-26 Autor:Juan Antonio Moreno (Universidad de Murcia, España), Eduardo Cervelló (Universidad Miguel Hernández de Elche, España) y Remedios Moreno (Universidad de Murcia, España) Comentarios Imprimir

Las relaciones familiares importan a la hora de reafirmar la identidad sexual

El Dr. Judd Marmor, un antiguo presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría y progay, recalca que “nadie nace homosexual. Chicos constitucionalmente afeminados o chicas masculinas desarrollan relaciones heterosexuales cuando sus entornos familiares y sus oportunidades para una apropiada identificación con el género son favorables”

4 de junio de 2010.- El psiquiatra Richard Fitzgibbons advierte a los padres de que no descarten la conducta de cruce de género en la infancia “simplemente como una fase pasajera, porque si finalmente practican la homosexualidad, tienen más probabilidad de engancharse a las drogas, alcohol o prostitución; de intentar el suicidio, de sufrir trastornos psicológicos y enfermedades de transmisión sexual”.

Dale O’Leary, autor de The Gender Agenda, afirma: “Las personas que creen ser hombres atrapados en cuerpos de mujeres (o viceversa) necesitan terapia. La cirugía no cambiará el hecho de que cada célula del cuerpo del hombre sea claramente masculina (XY) o de la mujer (XX)”.

El psicólogo clínico norteamericano Joseph Nicolosi, antiguo presidente de la National Association of Research and Therapy of Homosexuality, NARTH (http://www.narth.com/), es conocido internacionalmente por practicar la terapia reparativa para vencer los sentimientos de atracción por el mismo sexo no queridos. Entre otros manuales, ha escrito junto a su mujer la Guía para padres para la prevención de la homosexualidad (www.esposiblelaesperanza.com).

(Marta Santín / Alba) En ella, pone de manifiesto que no existe ninguna evidencia científica que demuestre que se nace homosexual. El Dr. Judd Marmor, un antiguo presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría y progay, recalca que “nadie nace homosexual. Chicos constitucionalmente afeminados o chicas masculinas desarrollan relaciones heterosexuales cuando sus entornos familiares y sus oportunidades para una apropiada identificación con el género son favorables”.

Una historia típica

Numerosos expertos que han investigado el trastorno de identidad demuestran cómo los genes, el ambiente y otras influencias se interrelacionan entre sí dando lugar a la homosexualidad.

El experto de NARTH Jeffrey Satinover describe una historia típica. Un niño que nace con ciertos rasgos sensibles o estéticos, percibidos como problemas en lugar de como regalos, marcando al chico como diferente. Su padre no sabe cómo tratarle y piensa que su hijo necesita dureza en lugar de afirmación. El hijo entonces “se excluirá defensivamente” de su padre para protegerse.

“Y esta separación le dejó menos capacitado para relacionarse con otros varones. La madre, por otra parte, le sobreprotege”. “A pesar de esta exclusión, el chico anhela el amor del padre. En la pubertad, desea ser como otros chicos, y estos deseos terminan erotizándose”, afirma.

Por esta razón, Nicolosi califica la atracción por el mismo sexo como un impulso reparador. “Durante veinte años he llegado a ver que la persona con orientación homosexual intenta reparar las necesidades afectivas del mismo sexo insatisfechas desde la infancia. No he conocido a ningún homosexual que diga que tuvo una relación cercana con su padre”.

Para la psicoterapeuta y ex lesbiana Andria Sigler-Smalz, “el impulso en la relación lésbica se debe a los déficits emocionales por parte del mismo sexo. La atracción emocional es más esencial que la atracción sexual”.

En la web http://www.peoplecanchange.com/ se relatan cientos de testimonios de ex homosexuales: “Aunque teníamos miedo a los hombres, suspirábamos por su aceptación. Envidiábamos la confianza y la masculinidad que parecían venirles tan fácilmente, y la envidia se convirtió en lujuria. Queriendo ser como ellos, se convirtieron en objetos de nuestro deseo. El dolor venía de no sentirnos amados, incluía ansia de padre, enredo de madre, rechazo de los compañeros, pobre estima de género y, con una frecuencia desproporcionada, abuso sexual en la infancia o exposición prematura al sexo”.

Nicolosi enumera una amplia gama de señales que pueden detectarse. La primera es que el niño con Desorden de Identidad de Género (DIG) es infeliz con su sexo biológico.

La raíz del lesbianismo

En los varones. En lugar de incorporar un sentido masculino del yo, rechaza su masculinidad emergente. Se refugia en las niñas y en las actividades femeninas. Le cuesta hacer amigos varones. Tienen miedo a las competiciones deportivas. Finalmente, reniega de su pene. “El problema no está en que juegue con muñecas, sino en lo que no está haciendo: aprender cómo ser un chico entre los chicos”, afirma. En la adolescencia, todas estas conductas se interrelacionan en la “fase de transición erótica crítica”, en la que las necesidades del chico de tener vínculos con los varones se transforman en atracción erótica.

Mientras nada satisfaga esas necesidades, la conducta homosexual se desarrollará rápidamente. Nicolosi recuerda que una cuarta parte de los preadolescentes sufren confusión de identidad sexual. “Pero lo más alarmante es que podrían ser identificados erróneamente como homosexuales por un orientador gay a los doce años”.

En las niñas. Para Nicolosi, “en la raíz del lesbianismo está el rechazo de su identidad femenina. Deciden que ser mujer es indeseable”. Les repelen los juegos de familia, la ropa femenina y sus órganos genitales. La relación con su madre no es adecuada o no se siente afirmada por sus padres. Han sufrido malas experiencias con varones o abuso sexual temprano. La psicoterapeuta Diane Eller-Boyko, ex lesbiana, observa: “Nuestra cultura honra lo masculino: la fuerza y el dominio. Eso crea en muchas mujeres una grieta neurótica de sus naturalezas auténticas. Sin saberlo, muchas madres transmiten a sus hijas una imagen nada atractiva de la feminidad porque se vuelven no disponibles, deprimidas e iracundas”. El Dr. Robert Stoller advierte también a los padres de su rol: proporcionarles afecto para que sientan que merecen el amor de otro hombre.

fuente: caminocatolico.org

REFLEXIÓN Y CONSTANCIA, CIMIENTOS DE LA EDUCACIÓN DE LA PERSONALIDAD

 

 

 

 

Reflexión sobre estos valores humanos de acuerdo con la pedagogía del P. Tomás Morales

 

 

 

 

De todos los valores humanos, reflexión y constancia son los más destacados por el padre Tomás Morales como principales cimientos del carácter, hasta el punto de observar que con ambas es posible corregir otros defectos, en especial la superficialidad y la inestabilidad, que son a su juicio el origen de todos los demás.

Vamos a iniciar hoy una reflexión sobre estos dos valores humanos, de acuerdo con la pedagogía este gran educador, “idealista con los pies en la tierra”, como le llama Abilio de Gregorio. Baste, para empezar, con un par de esenciales pinceladas.

La reflexión es imprescindible para el dominio de la curiosidad, del sentimentalismo, de la vanidad, de la ambición. Las ventajas que aporta su cultivo asiduo son la profundidad en el juicio, la firmeza, el espíritu constructivo (la verdadera crítica es siempre creadora, la crítica falsa, destructiva, es la del mediocre que cree elevarse a rebajar a los demás), la libertad de quien juzga con conciencia moral recta, la apertura a la visión sobrenatural de las cosas.

Entre los medios más idóneos para el cultivo de la reflexión destaca la escucha, la observación y la lectura, las tres sobre el cimiento de un triunfal silencio interior que hace posible el encuentro consigo mismo, con los demás y con Dios.

La constancia es la manifestación más luminosa de la virtud cardinal de la fortaleza, y una virtud “casi teologal”. La necesidad de la constancia nace de una clarividente realidad: suple muchas cualidades, pero no se suple con ninguna. Fuente de paz y de firmeza, es fuerza de voluntad que todo lo logra, más si se apoya en la gracia de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

Los medios que el P. Morales propone para alcanzarla son tres:

1º) Querer pocas cosas, pero de verdad.

2º) No fantasear: realismo, no dejarse llevar por la imaginación.

3º) Paciencia (“no cansarse nunca de estar empezando siempre… Es en la continuidad donde se dan a conocer las almas grandes”). Procediendo poco a poco, no desanimándose nunca. “No hace falta que tengas ideas geniales, pero es imprescindible que las que tengas las realices”.

La constancia es la mejor fragua de la madurez. Y la paciencia, la medida del amor, amor concreto en la cotidianidad, belleza interior. “Paciencia con todos, con todo, contigo mismo” (Francisco de Sales).

Pero la constancia del cristiano no es esencialmente un empeño de su voluntad, sino una participación en la firmeza de Cristo entregado en la cruz y en el stabat de María a sus pies. Ellos son modelos e intercesores en la forja del carácter humano, que el P. Morales considera fundamental en el camino de la santidad cristiana.