EN LA PAREJA SE PUEDE NEGOCIAR

Todos los días tienes que elegir, te ves en la necesidad de coger algo y dejar algo; te ves en la necesidad de ponerte de acuerdo, de coordinar con quiénes compartes la vida, ya sea en asuntos importantes como en cosas que no lo son tanto. El hecho es que vives en función de acuerdos tácitos y pactos de convivencia, muchas veces imperceptibles, pero concretos. Y si bien el término “negociar” no goza de muy buena prensa, aprender a hacerlo es la clave para llevarse bien y garantizar relaciones más satisfactorias, en todos los aspectos.

(Cuento con que se parte de la base que uno está convencido de querer vivir en pareja, de que se quiere aprender a vivir en pareja.)

¿Es verdaderamente necesario hacer una larga lista de renuncias para asegurar una relación duradera? ¿Implica que tengas que posponer indefinidamente tus deseos?. ¿Es cierto que para llevarse bien, tienes que dejar pasar una y otra vez todo lo que te molesta de tu pareja o de tus hijos? 

El tema es que si es perfectamente esperable que tú te ocupes de las personas queridas, también sucede que también eres tú quien siempre deja de lado sus necesidades o el/la que siempre se calla la boca para evitar una discusión, a la larga terminarás por no sentirte bien, por experimentar un gran amargor de boca, un mal sabor que te llevará a cuestionarte asuntos que hasta el momento creías incuestionables. Un buen día se te “ llenará la copa” y buscarás cambiar de posición y plantearás todo tipo de reproches y discusiones; es tan fácil como ver que vas a ¡EXPLOTAR!

Existe una forma más efectiva para conseguir que todos los vínculos sean más satisfactorios y equitativos y se llama negociación y tiene sus secretos. 

Negociar, es un proceso de conversaciones mediante el cual las partes involucradas intentan lograr acuerdos cuando surgen intereses opuestos y deseos que no convergen en intereses. También es una elaboración, por lo que lleva su trabajo y esfuerzo personal no carente de, al mismo tiempo, una gran dosis de voluntad individual.
(Todo lo que merece la pena se consigue con grandes dosis de esfuerzo)
La infinidad de intereses que tiene cada persona genera diferencias que tienen que ser resueltas de algún modo para poder convivir. Sin embargo, no existe ninguna situación que no pueda remediarse. La experiencia clínica me ha demostrado que ante verdaderos problemas de comunicación que eran “casi irreparables”, y si aún existe el amor (recordemos que como sentimiento puede cambiar y extinguirse) era cuestión de que básicamente se creara el propósito de querer aprender a plantear lo que realmente quieres.

CLAVES: 
· Ponte a la misma altura que el otro. Entiende que tú eres tan valioso como los demás. Defiende tus deseos. Para poder ocuparte de los demás, primero tienes que encargarte de ti mismo/a (esto no es egoismo)
· Abandona a tiempo la discusión. Saber emprender correctamente la retirada no es un signo de debilidad sino de fortaleza. 
· Visualiza alternativas y sugiérelas. En la medida de lo posible trata de ser amable: “¿qué pasaría si…?”; “me gustaría que…”, estas frases permiten abrir el diálogo y el intercambio de opiniones (la agresividad genera agresividad)
· Acepta el no. El hecho de hacer un reclamo no significa que será atendido inmediatamente. Sin embargo, eso no debe ser una excusa para dejar de plantear lo que tú necesitas. Poder comunicar lo que deseas es un paso vital para aprender a negociar. 
· Escucha sin interrumpir. De este modo le permitirás al otro expresarse y también podrás exigir ser escuchado/a si interrupciones.
· No amenaces ni desacredites a los demás. No olvides que tu objetivo no es destruir al otro, sino ejercer un derecho legítimo. Y no olvides que las acusaciones cierran las puertas. 
· Evita el chantaje. La extorsión afectiva es la estrategia de los débiles. Establece cuáles son tus derechos.
· No des nada por sentado. Descarta pensamientos como:” él debería saber que…”; “ya sé lo que va a responder…”, ” yo estoy segura de que él…”. (Normalmente el curso de adivino aún no está disponible, creo)
· Conversa sobre un tema puntual. Si uno se va por las ramas, no centra el dialogo sobre lo que le interesa, genera dispersión y gran malestar.
· No quieras tener siempre la razón. No hay nada más desagradable que tener a una persona testaruda enfrente de uno. 
· No pases facturas. No lleves las cuentas de cada cosa buena que tú haces o de los errores que él comete.

Ninguna pareja, por más enamorada que se sienta, está libre de discusiones y problemas. La clave para salir airosos está en la capacidad para abordar, resolver y negociar sus conflictos. ¡Y se puede! 
Se puede tener afinidad en valores, abrazar objetivos de vida compartidos, compatibilidad sexual y provenir de familias relativamente similares; pero si a la hora de discutir, desafiando la convivencia, la pareja no es capaz de asumir con madurez las dificultades ni tiene capacidad de llegar acuerdos, probablemente estén destinados al fracaso.
Esto se vuelve fundamental, sobre todo, en períodos críticos como la etapa de organización del matrimonio y en el tiempo de recién casados en que comienza el “ajuste” a esa nueva vida, pues marcará la pauta de cómo se relacionarán y trabajarán el tema a futuro. Tampoco olvidemos que en los ciclos evolutivos de la pareja existen luces y sombras y es en estas situaciones cuando es conveniente sacar los recursos que cada uno tiene, aprendiendo asertividad, empatía y respeto. Un Orientador familiar, un terapeuta, puede conduciros por este camino para que se consiga estabilizar la relación que tal vez solos no se sea capaz de afrontar.

Una observación tan importante como las anteriores es dejar de lado algo tan peligroso como el rencor. Se hace necesario, pues, en las primeras sesiones de orientación, “bajar la intensidad emocional” de los clientes. ¡Ahora podemos comenzar!

Juan Jose López Nicolás
ASOCIACION CONVIVENCIA FAMILIAR RINCON DE SECA
http://terapiayfamilia.blogspot.com

Varón y Mujer: creados para el amor

Sheila Morataya-Fleishman

El tema de la creación expresa la grandeza y dignidad del ser humano, así como sus posibilidades.

Querido lector,

¿Has pensado por qué Dios creó el universo? Y todavía más… ¿por qué crea al hombre? En el primer caso la respuesta viene de inmediato, sabía que nos gustaría. En el segundo, Dios crea al hombre para darle a conocer su amor. Esto es una verdad maravillosa y un descubrimiento sin igual. Realmente es una gracia de Dios ser tú y ser yo. Dios tuvo un proyecto para cada uno al crearnos. Es verdaderamente una gracia ser hombre, para cualquier persona en este mundo. “Ser” es el mayor don que hemos recibido de Dios. Dios es amor. En su gran amor decidió crearte a ti y a mí, personas humanas. Persona masculina y persona femenina son la obra maestra, cumbres, lo más alto de la creación de Dios. Precisamente sobre esto trata la “Teología del cuerpo” que contiene la catequesis de Juan Pablo II sobre el cuerpo humano y el sentido de la sexualidad humana. Esta serie de enseñanzas fueron impartidas los primeros cinco años de su pontificado, entre los años 1979 y 1984.

¿Teología del cuerpo?

Te preguntarás qué quiere decir “Teología del cuerpo” y por qué es importante que como cristianos conozcamos sobre ella. “Teología” es, según la perspectiva cristiana, no sólo una palabra “sobre” Dios, sino ante todo, una palabra “de” Dios, de nuestro Dios que se ha revelado, que ha salido al encuentro con nosotros, que ha empezado un diálogo lleno de amor con cada uno de forma personal y única. Por lo tanto, “Teología del cuerpo” es lo que dice Dios sobre nuestro cuerpo humano. La teología del cuerpo de Juan Pablo II es una reflexión bíblica del misterio de Dios para el hombre descubierto en el cuerpo humano. Dios no revela su misterio en los animales, lo ha hecho únicamente en el hombre. Dios creó el cuerpo como “signo” de su misterio de amor hacia la persona humana, lo crea del polvo de la tierra al igual que a los animales. Sin embargo, al crear al hombre Dios le sopla “aliento de vida”, haciéndolo semejante a Él para que someta y reine la tierra (Génesis 1,7). Ésta es una verdad esplendorosa que debería llevar a cada uno a vivir dando gloria a Dios por la oportunidad de nuestra vida.

1] Masculinidad y Feminidad en el Mundo de la Biblia, Instituto de Ciencias para la Familia.

fuente:encuentra.com

Hombres a favor de las mujeres

(Por Bosco Aguirre, Mujer Nueva, 2010-05-18)

Parece perfectamente normal que las mujeres creen asociaciones y promuevan actividades para defenderse a sí mismas ante los ataques y abusos de algunos hombres o de ciertos grupos de poder. Grupos de poder que promueven, por ejemplo, la esterilización forzada de mujeres pobres, o que explotan con violencia a chicas jóvenes e incluso a niñas para llevarlas a la prostitución, o que contratan trabajadoras a sueldos más bajos de los que reciben los hombres. En esa misma lógica, sería normal que los hombres (varones) también organizasen sus asociaciones de defensa cuando se sintiesen agredidos por algunas mujeres o por otros grupos sociales, políticos o económicos.

Pero lo que podría parecer extraño es que grupos de mujeres se organizasen para defender a los hombres, o que grupos de hombres se uniesen para defender a las mujeres. Aunque para alguno esto parecería un cuento de “Las mil y una noches”, sin embargo es algo que la humanidad ha hecho durante siglos.

Es verdad que el ser humano (hombre y mujer) muchas veces ha caído en el error de despreciar al diferente, como cuando algunos españoles de la conquista se preguntaban si los indios tenían alma, o cuando los griegos creían que los esclavos no merecían casi ningún derecho, o cuando algunos “libertadores” de América mataban a los colonos de la “madre patria” como si se tratase de ratas, sin detenerse en “escrúpulos” para distinguir entre buenos y malos…

Pero también es verdad que otros seres humanos han sido capaces de defender y de trabajar en favor el “distinto”, del “diferente”. Eran hombres y mujeres libres los que se lanzaron a abolir la esclavitud en muchos lugares del planeta. Eran blancos los que promulgaron leyes para la protección de los indios. Eran cristianos los que pidieron mayor respeto para los que pertenecían a otras religiones. ¿Por qué no soñar en un feminismo que nazca desde grupos de varones?

Ya se han dado casos de hombres que se han lanzado a la defensa de los derechos de la mujer, pero todavía el camino por recorrer es largo. Cuando hay hogares en las que él dice siempre la última palabra (o el último grito), y se llegan a los golpes para imponer la propia “razón”; cuando hay médicos que para satisfacer a las autoridades ofrecen con engaño anticonceptivos abortivos a mujeres que carecen de instrucción; cuando hay planes nacionales, como en China, que han forzado a muchas familias a asesinar a la niña que nace porque se prefiere un varón… la verdad es que sí queda mucho por hacer.

No todo el panorama es igualmente oscuro. En muchos hogares el marido sabe dialogar e, incluso, someterse a la esposa cuando ella tiene razón (y esto ocurre no pocas veces). Hay médicos que quieren respetar la integridad de la mujer ante cualquier campaña más o menos oficial o “filantrópica” por controlar el tesoro tan femenino de la fecundidad (tesoro que también el hombre posee y al que no pocos atacan con planes de esterilización más o menos forzada de varones). Hay familias que acogen a cada niña que nace aunque esto implique vivir bajo la presión exterior que sugiere a gritos que nazcan sólo muchachos…

Urge, por lo tanto, que cada vez más hombres defiendan a las mujeres, y que las mujeres defiendan, ¿por qué no?, a los hombres. La grandeza de una sociedad no consiste en que cada grupo se atrinchere detrás de sus intereses particulares para defenderlos incluso a costa del bien común. Una sociedad se hace grande cuando cada grupo busca el bien verdadero de los demás, en ese pluralismo auténtico que nace del respeto no de los errores (nunca toleraremos ideas hitlerianas ni racismos de ocasión) pero sí de las personas que a veces se equivocan de buena fe, y que necesitan ser ayudadas a descubrir la verdad.

¿Es utopía auspiciar un nuevo feminismo abierto? Hubo quienes llamaron a los defensores de los esclavos soñadores ilusos o enemigos del sistema económico eficiente. Hay quienes hoy etiquetan como enemigos de la mujer a los que atacan el aborto o la esterilización forzada. Pero será la razón y el sentido profundo de la dignidad humana quienes nos digan lo que realmente podemos hacer por la mujer. No abandonarla a la lógica del mercado, a la ley del más fuerte, ni despreciarla en sus dimensiones características, como son la posibilidad de tener hijos o el cariño que sabe ofrecer como pocos hombres son capaces. El nuevo feminismo respetará a la mujer en su integridad. Y eso es algo que interesa no sólo a las mismas mujeres, sino a todos los hombres que queremos vivir, igual con igual, con quienes junto a nosotros, y no contra nosotros, pueden construir un mundo más humano y más feliz.

fuente:mujernueva.org
baguirre@mujernueva.org

CONSEJOS SABIOS PARA APRENDER A AMAR AL OTRO SEXO

La queja más frecuente respecto a los hombres de parte de las mujeres es la de que estos no escuchan. La queja más frecuente de los hombres respecto a las mujeres es la de que ellas siempre están intentando cambiarlos.
Con frecuencia se escucha en matrimonios con problemas, una expresión muy significativa: “somos muy diferentes”. Y no se cae en la cuenta que el problema no está en ser diferentes, sino en comprender esas diferencias. Lo primero no se puede evitar. Lo segundo es una conquista. Una buena comprensión del sexo opuesto ha salvado muchos matrimonios.

Diferentes en los valores

La queja más frecuente respecto a los hombres de parte de las mujeres es la de que estos no escuchan. El hombre generalmente o no le hace caso o escucha sólo unas palabras y a continuación da una solución. Además el hombre termina confundido, porque a ella parece ser que eso no le basta. Y en general sucede que la mujer desea solidaridad y comprensión y el hombre piensa que ella necesita soluciones.

La queja más frecuente de los hombres respecto a las mujeres es la de que ellas siempre están intentando cambiarlos. Cuando una mujer quiere a un hombre, se siente responsable de contribuir a su crecimiento e intenta ayudarle a mejorar su modo de hacer las cosas. Por mucho que se resista a su ayuda, ella persiste y busca cualquier momento para decirle lo que tiene que hacer. Ella cree que le está ayudando y él que le está controlando. Lo que él desea de la mujer es aceptación.

¿Por qué pasa esto?

1. El hombre.

Los hombres dan valor al poder, a la competitividad, a la eficiencia, al logro. Siempre están haciendo cosas para demostrar su valía, para desarrollar su poder y sus capacidades. Eso define su sentimiento del yo. Se realizan a través del éxito y del logro. De ahí incluso sus gustos: el deporte, la caza, la acción… Les tiene generalmente sin cuidado las novelas románticas y los libros de formación personal. Se interesan más por los objetivos y las cosas que por la gente y los sentimientos. A los hombres les preocupa las cosas que pueden ayudarles a manifestar poder mediante los resultados y la consecución de sus objetivos. Y todavía mejor si lo hacen solos. La autonomía es un símbolo de eficiencia, poder y competencia.

Comprender esta característica puede ayudar a las mujeres a entender por qué los hombres muestran tanta resistencia a que se les corrija o se les diga lo que tienen que hacer. Ofrecer a un hombre un consejo que no ha pedido, equivale a suponer que no sabe lo que debe hacer o que no es capaz de hacerlo solo. Los son muy sensibles a esta cuestión. También a esta luz debe entender la mujer por qué el hombre habla poco de sus problemas y se los guarda para sí. Pedir ayuda sería una señal de debilidad. Sin embargo, cuando necesita ayuda, pedirla es una señal de sabiduría. Y en ese caso buscaría a alguien que le merezca consideración.

Finalmente, todo lo anterior es una de las razones por las que los hombres ofrecen de manera instintiva soluciones cuando las mujeres les hablan de sus problemas. El hombre en estas situaciones se pone el título de “arreglalotodo” e intenta dar consejos para demostrar su cariño. Quiere ser útil; cree que con sus consejos va a ser más valorado. No se da cuenta de que puede ayudar a una mujer con solo escucharla.

2. La mujer

Las mujeres no tienen los mismos valores. Dan importancia al amor, a la comunicación, a la belleza, a las relaciones. Dedican más tiempo a apoyarse, a ayudarse, a cultivarse. Sus sentimientos y la calidad de sus relaciones definen su sentido del yo. En esto encuentran su realización. Y, en consecuencia, todo en ellas refleja estos valores. Más que construir autopistas, les interesa convivir en armonía, en comunidad y en amorosa cooperación. Es un modo opuesto al del hombre.

Les encanta una ropa diferente cada día, según se sientan. Es para ellas muy importante la relación personal, especialmente en relación con sus sentimientos. Pueden incluso cambiarse se ropa varias veces al día según sean sus estados de ánimo.

Importancia primordial tiene para la mujer la comunicación. Manifestar los propios sentimientos es mucho más importante que alcanzar metas o éxitos. Hablar y relacionarse entre ellas es fuente de enorme satisfacción. Al hombre le resulta difícil entender esto. Las mujeres están orientadas hacia las relaciones y no los objetivos. Les importa más expresar su bondad, su amor y su afecto. Así por ejemplo dos hombres se encuentran para almorzar porque ven en el hecho de ir al restaurante una forma práctica de conseguir alimentación y tratar un asunto. Para dos mujeres es una forma de cultivar una relación, en donde se van a dar apoyo mutuo. Tienden las mujeres incluso a ser muy francas e íntimas.

La mujer además es muy intuitiva, en el sentido de una capacidad de prever las necesidades ajenas. Entre mujeres ofrecer ayuda no es ni una ofensa ni necesitar ayuda una señal de debilidad. Lo mismo en el hombre sí puede serlo. Para ella el que alguien le ofrezca ayuda es un galardón: hace que se sienta amada y halagada.

3. Soluciones para estas situaciones

a. Para la mujer: deja de dar consejos. Un ejemplo: se hace un viaje y después de perderse, se dan cuenta que llevan dando vueltas al mismo sitio. Ella sugiere pedir ayuda. Él se enfada. ¿Qué ha pasado? El mensaje real ha sido el siguiente: ella dice: yo te quiero, me preocupo por ti y te ofrezco mi ayuda. Él entiende: no confío en que llegues a donde vamos; eres un incompetente. ¿Qué hacer? Tratar de manifestar que se comprende lo que él está haciendo por ella, aunque sea con el silencio. Cuando una mujer ofrece un consejo que no se le ha pedido e intenta ayudar a un hombre, no se da cuenta de lo crítico o poco afectuoso que puede parecerle a él su gesto. Más aún, es muy posible que el hombre se sienta más susceptible con las cosas pequeñas que con las grandes.

b. Para el hombre: aprende a escuchar. Los hombres deben recordar que las mujeres hablan de sus problemas para intimar y no precisamente para conseguir soluciones. A menudo la mujer sólo quiere manifestar sus sentimientos acerca de cómo le ha ido un día y el esposo creyendo ayudar la interrumpe y le ofrece una retahíla de soluciones. Y no entiende en consecuencia por qué esto le sienta mal a ella. Un ejemplo: no me queda libre ni un minuto (dice ella). Deberías dejar ese trabajo (dice él). El trabajo me gusta, lo que pasa es que… (dice ella). Tú haz sólo lo que puedas (dice él). Ya lo hago. Es increíble, pero hoy no he llamado por teléfono a mi mamá (dice ella). No te preocupes. Lo entenderá (dice él). Pero no te das cuenta que está muy sola (dice ella). Te preocupas demasiado, y por eso vives infeliz (dice él). Entonces se enfada y grita: es que no me escuchas. Un modo de relacionarse con la mujer es escucharla con solidaridad y comprensión.

Síntesis: los dos errores que más se cometen:

Cuando la mujer está disgustada, el hombre trata de cambiar sus sentimientos convirtiéndose en el señor “todo arreglado” y ofreciendo para sus problemas soluciones que descalifican sus sentimientos.

Cuando un hombre comete errores, la mujer intenta cambiar su conducta convirtiéndose en el comité para la mejora del hogar y ofreciendo consejos no solicitados.

4. En defensa de ambos

Al afirmar lo anterior no se dice que no haya cosas buenas en ambos en su forma de intervenir. El error realmente no es de fondo, sino de forma. La mujer aprecia la presencia del “arreglalotodo”, siempre que no aparezca cuando esté disgustada. El hombre aprecia la presencia del “comité para el arreglo del hogar siempre y cuando él lo haya pedido”. La comprensión de estas diferencias hace que sea fácil respetar la sensibilidad del otro y prestarle apoyo.

Cuando una mujer se resiste a las soluciones que le ofrece el hombre, éste siente que se está poniendo en cuestión su competencia. Por ello su disposición a escuchar también sufrirá menoscabo. Breves ejemplos de cómo el hombre puede por error invalidar sentimientos o bien ofrecer soluciones no deseadas: “No deberías preocuparte tanto”. “Pero eso no es lo que yo te he dicho”, “Muy bien, lo siento. ¿Por qué no lo olvidamos?”, “pero sí hablamos de ello”, “no deberías tomártelo así”, “muy bien, yo limpio el…”, “si vas a quejarte luego, no lo hagas”, “de ahora en adelante yo me encargo”, “te importaría ir al grano”.

Cuando el hombre se resiste a las sugerencias de la mujer, ella cree que él es un orgulloso y que no la apoya. Algunos ejemplos de cómo la mujer puede molestar al hombre dando consejos o críticas aparentemente inofensivas: “¿Cómo se te ocurre comprar eso?”, “los platos están todavía mojados”, “llevas el pelo muy largo”, “hay sitio para aparcar ahí, no lo has visto?”, “no lo pongas ahí, se va a perder”, “deberías llamar al fontanero, porque…”, “deberías pasar más tiempo con los niños”, “¿Cómo puedes pensar en ese despacho tan desordenado”, “Conduces demasiado deprisa”, “deberías haber llamado, pues no sé dónde estabas”, “las patatas fritas tienen mucho aceite, no son buenas para tu corazón”, “esa camisa no va bien con esos pantalones”…

fuente: www.mujernueva.org

El papel del hombre en la familia

The Family Watch, 20 de febrero 2011.

20-02-2011

La Sección de Política Social y Desarrollo del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas ha presentado el 17 de febrero un nuevo documento sobre “El hombre en la familia y las políticas familiares en un mundo cambiante”. [El informe, que está en inglés, puede descargarse aquí.]

Los autores son expertos de distintos países convocados para este trabajo, que ha sido financiado por el Fondo Fiduciario de Actividades sobre la Familia de Naciones Unidas.
El primer capítulo del estudio se centra en un análisis global de la participación del hombre en el cuidado de los miembros necesitados de la familia, clave para la correcta construcción de la familia, el apoyo mutuo y su estabilidad. El segundo se centra en la paternidad y el rol social que cumple en los diferentes contextos culturales, con la interesante aportación del concepto de “paternidad social” para definir los contextos adversos en los que a veces el hombre tiene que ejercer la paternidad como consecuencia de la proliferación de rupturas familiares, porque los niños con los que convive no son sus hijos biológicos mientras quizá tiene hijos biológicos con los que no convive. También trata de la conciliación entre trabajo y familia desde el punto de vista del hombre, de las consecuencias negativas para la salud física y mental que tiene la ruptura familiar para el hombre y de los beneficios de la estabilidad.
A continuación, el Informe trata más directamente de los “padres vulnerables” y los “padres en contextos familiares vulnerables”. Trata de enumerar los entornos familiares problemáticos, en los que los hijos se ven separados de sus hijos por la separación o la privación de libertad, y avanza posibles soluciones para ayudarles a seguir cumpliendo con su tarea en esas circunstancias. En una segunda parte, analiza la situación de las familias en las que el padre abusa de los hijos o los descuida, con frecuencia por la incapacidad para hacer frente a la debilidad que se deriva del alcoholismo u otras formas de adicción, dejando a la madre sola en la atención de los hijos.
El siguiente capítulo se dedica al hombre en el contexto de la emigración por motivos laborales. Después de dejar constancia de que la emigración es un fenómeno que afecta a toda la familia, analiza los factores que la hacen cada vez más compleja y las diferencias entre la emigración masculina y femenina. Finalmente, se incluye una sección sobre el impacto que el VIH y el Sida han tenido en las familias de los afectados de distintos lugares.
El informe también inserta casi tres decenas de ejemplos de entidades de los cinco continentes que trabajan en proyectos relacionados con este tema, que sirven para dar una dimensión realista a los contenidos con los que se relacionan.
Aunque, como es lógico en un intento pionero, el Informe tiene algunas limitaciones y sus conclusiones no serán compartidas probablemente por todos, constituye un intento valiente y profundo de acometer la tarea de definir el papel del padre en la sociedad actual, tan alejado de quien se limita a aportar los medios económicos a la familia como del aquel cuya colaboración se mide exclusivamente por el grado de sustitución en las tareas del hogar. Como el propio texto indica, no podemos privar a los hijos de la figura de un padre al que tienen derecho y que necesitan para su adecuado desarrollo, y así como la igualdad no supone que la mujer imite en todo al hombre en el entorno laboral, tampoco significa que el hombre tenga que imitar en todo a la mujer en el entorno familiar. La verdadera igualdad exige la complementariedad de lo que cada uno puede aportar en ambos ámbitos, distinto pero igualmente necesario.

Fuente: www.thefamilywatch.org

hombre y mujer complementarios

En defensa de la Familia.Por Pierre-Joseph Proudhom

Al reeditar su libro Justice, agrega un catecismo del matrimonio:

“Todo atentado a la familia es una profanación de la justicia, una traición al pueblo y a la libertad, un insulto a la revolución. El desbordamiento de todos los crímenes y delitos contra el matrimonio es la causa más activa de la decadencia de las sociedades modernas.

El matrimonio es un pacto de castidad, de caridad y de justicia, por el cual los esposos se declaran públicamente exentos el uno y el otro, y el uno para el otro, de las tribulaciones de la carne y de las atenciones de la galantería, en consecuencia sagrados para todos e inviolables.

Se me aparece como una unión mística, la más sorprendente de las instituciones humanas(…) Sin castidad, sin sacrificio, sin constancia, no hay amor entre el hombre y la mujer (…)

El matrimonio es una cosa moral, en la cual el comercio de los sentidos no llega sino como algo accesorio. El matrimonio en la fuerza de su idea, es un pacto de abnegación absoluta(…) Nuestra descomposición social avanza a ojos vista; cuanto más estudio los síntomas, más descubro que las libertades públicas tienen por base y por salvaguardia las costumbres domésticas(…)

Para formar una familia, para que el hombre y la mujer encuentren en ella la alegría y la calma a las que aspiran, sin las que no estarán nunca más que incompletamente unidos, aunque lo estén por el deseo, es necesaria una fe conyugal; entiendo por ello un idea de su mutua dignidad, que elevándose por encima de los sentidos les haga, al uno para el otro, aún más sagrados que queridos y haga de su comunidad fecunda una religión más dulce que el mismo amor.

Un error deplorable de nuestros demócratas es creer que la familia es una carga que frena la dedicación y la acción; es el objetivo por el contrario que nos da aplomo y voluntad (…)

Autor: solidaridad.net- Fecha: 2008-06-12

Mujer y Hombre: Diferencias que nos acercan

Aunque existen algunas corrientes de pensamiento que tratan de explicar que las diferencias entre el hombre y la mujer son solo de tipo cultural, considerar que hombre y mujer son iguales, sin diferencias de ningún tipo, es perder de golpe toda la riqueza que aporta la diversidad y la complementariedad. Si el otro es igual que yo, quiere decir que no me aporta nada.

Según el autor del libro Puedo entender a mi marido, Antonio Vásquez Vega, gran parte de nuestro enriquecimiento personal se basa en la ayuda y en la complementariedad del otro, que, en este caso, nos ayuda más a ser nosotros mismos.

El autor hace un análisis de género desde las perspectivas de diferentes disciplinas lo que nos permite reconocer hasta qué punto hombre y mujer son radicalmente distintos:

Genéticamente, un hombre tiene un cromosoma X y otro Y, frente a la mujer que tiene los dos XX. Eso es lo que hace que el género, en la concepción, lo ponga el hombre.

Fisiológicamente, las diferencias son ostensibles. Su aparato genital es como algo superpuesto a él, externo, frente a la mujer, en la que forma parte de su intimidad, dotándola de una mayor unidad con todo su cuerpo y, en consecuencia, de mayor armonía y elegancia. El hombre crece un 7% más y hasta una edad superior, y tiene una mayor tendencia hacia la calvicie. Su sistema óseo en más resistente, sus manos miden casi 2 cm más, viven menos, tienen la voz más grave, y casi el 40% de su peso es fibra frente al 23% de la mujer.

Sexualmente, el hombre genera millones de espermatozoides frente a un solo óvulo de la mujer, con un declinar físico más lento que le permite mantener la fertilidad casi toda la vida.

Neurológicamente, el hombre tiene un cerebro 14% más pesado y voluminoso, y con menor conexión de ambos hemisferios, lo que hace que le cueste mucho más trabajar en varias tareas al mismo tiempo. Le cuesta más expresar sus sentimientos y emociones las cuales están en el hemisferio derecho, mientras que la capacidad verbal está en el izquierdo. El hombre utiliza más el hemisferio derecho, donde se dan las tareas logísticas (contemplación, síntesis).

En cuanto a los sentidos, los hombres tienen peor sensibilidad para el oído, pero más agudeza visual y mayor sensibilidad y capacidad de observar diferencias en la luz. Tiene, en cambio, peor ángulo de visión y ve peor en la oscuridad. Detecta mejor los sabores salados, frente a la mujer que detecta mejor los dulces y amargos. Tienen peor olfato y un timbre de voz más grave. La mujer tiene abrumadoramente más sensibilidad en la piel.

En el aprendizaje, las diferencias son notables. Los hombres tienen una capacidad más retardada, son superiores en los test matemáticos, en cuestiones espaciales y mecánicas, frente a la mujer, que tiene una superioridad clara en la expresión verbal. Los hombres muestran interés por las cosas, y son más propensos a la hiperactividad, frente a la mujer, que lo muestra por las personas. El modo de conocer del hombre es, fundamentalmente, deductivo frente al intuitivo de la mujer.

fuente:lafamilia.info

La devaluación del amor

(Por Carolina López, , 2009-11-18)
El peso sufre una devaluación en estos días y mucha gente, con razón, está muy preocupada. Sin embargo, desde hace décadas, el amor ha sufrido una caída estrepitosa y poco o nada nos ha interesado.

La comprensión de su naturaleza es cada día más confusa pues en unos cuantos años, pseudo ideologías como el permisivismo y el hedonismo nos han bombardeado -sobre todo a través de la televisión- de innumerables ideas e imágenes a las que llaman ´amor´, y que en realidad sonopuestas al verdadero amor.

El viejo eslogan de los años 60: “el amor es libre”, ha tomado en el siglo 21 una fuerza tal que hoy muchos de los que dicen amar, se refieren más bien aun sentimiento egoísta, a una pasión desequilibrada.

Y es que el defecto fundamental del amor libre no es que ponga al amor por encima de todo, sino que no lo ponga. Pone a la libertad individual por encima del amor.

“Te doy todo, menos mi libertad, que es lo que más aprecio. La aprecio por encima de ti”, dicen los diálogos de los programas y series más populares del momento.

¿Acaso no comprometerse es amor? ¿Será el amor como lo pintan en la pantalla, cuestión de ´química´ o complacencias inmediatas, fáciles y atractivas?

Le cuento que hace poco más de un año, un matrimonio de casi 40 años de casados sufrió una tragedia: El esposo tuvo que ser intervenido
quirúrgicamente por un derrame cerebral y a raíz de la operación quedó
parapléjico.

Desde hace más de 12 meses el hombre se encuentra en silla de ruedas, alimentado por una sonda y sin poder hablar. Su esposa, desde entonces, permanece a su lado día y noche, atendiéndolo en todo momento, animándolo de palabra y con su espíritu de alegría. Ella no deja de hablarle, a pesar de no estar del todo segura si él la escucha. Y por si fuera poco, recibe a los amigos y familiares que llegan a su casa con una gran sonrisa. La sonrisa de una mujer que tiene bien claro que el amor conyugal se demuestra en las buenas y en las malas.

Quienes han ido a visitar a esta pareja suelen decir que Tere es el mejor testimonio de lo que es el amor incondicional y para siempre de los esposos.

Tristemente una de las causas que más ha devaluado la naturaleza del amor en estos tiempos es la promoción que se hace por todos lados del amor cualitativo.

De esa clase de amor que no ama a las personas en sí mismas, sino sus cualidades, e incluso sus pertenencias.

La característica de este supuesto amor es idealizar alguna cualidad física, profesional o del estatus de la persona.

Basta con echar un vistazo a cualquier serie de moda o revista del corazón para toparnos con ese culto desmedido al físico o al dinero.

¿Cuántos jóvenes a causa de los continuos mensajes de la televisión, revistas o canciones, hoy valoran más el tener que el ser?

Lo que la televisión no les dice a los jóvenes es que quienes se ´enamoran´ de una sola cualidad de la persona por lo general terminan su relación con la clásica expresión: “¡Se acabó el amor!”. Y es que si perdemos el encanto por aquello que tanto se admiraba de la pareja ¿qué nos puede quedar?

¿Sabe usted? quizás nos puede quedar reflexionar en el verdadero amor. En esas cátedras de amor que hoy nos dan tantos matrimonios, como el de Tere y Fernando, que a pesar de los obstáculos, problemas o enfermedad de alguno de los cónyuges su amor no solo permanece sino se fortalece cada día más.

Tal vez no está demás, en estas épocas en donde los mensajes de lo que es el amor son cada día más confusos y apartados de su naturaleza, meditar en el amor real, el que nace de la voluntad, el que no se estanca en el puro sentimentalismo.

El caso es que mientras la caída del peso tiene preocupados a muchos en estos días, la caída del amor parece no interesarnos.

No está mal preocuparnos por la estabilidad de nuestra moneda, eso mejora una parte de nuestra vida. Pero mucho más nos conviene revalorar el amor verdadero, el sólido, el incondicional, el que es para siempre, pues eso edifica y estabiliza todo nuestro ser. Y además, contagia a otras parejas a seguirlo.

Ella y él … la división del trabajo

(Por Carlota de Barcino, Mujer Nueva, 2004-01-16)
A menudo se denuncian en el mundo del trabajo discriminaciones que son difíciles de probar. Bajo la aparente necesidad de una “buena presencia” o ciertos requisitos físicos, se esconden preferencias empresariales no siempre justificables. El empresario, especialmente en las pequeñas y medianas empresas, cuenta con un amplio margen de actuación a la hora de decidir el sexo, la apariencia, la raza y otras características de los trabajadores que quiere contratar, sin que estos elementos influyan de modo alguno en el desarrollo eficaz del trabajo.

Sin embargo, existen otras diferencias de trato que son más fáciles de comprobar porque basta con mirar las estadísticas de empleo. Una de ellas es la que da lugar a lo que los expertos llaman “segregación ocupacional”, es decir, la división de hombres y mujeres en dos mundos laborales distintos y, como consecuencia, la concentración de mujeres en ciertos sectores y ocupaciones.

En la mayoría de los países, las mujeres acaparan los sectores financiero e inmobiliario, la Administración Pública, la educación, la sanidad y las actividades asistenciales; y están prácticamente ausentes en grupos ocupacionales como el del personal directivo de órganos de la Administración Pública, directores y gerentes de empresas, y en los sectores agrícola, ganadero, y minero, preparación y tratamiento de materiales, fabricación de productos, montaje y manejo de maquinaria e instalaciones, construcción y transportes.

Desde las civilizaciones más primitivas, el hombre ha realizado las funciones que requerían más fuerza física (trabajo agrícola, caza, elaboración de herramientas, etc.), y la mujer se dedicó a otro tipo de tareas, especialmente las de cuidado y asistencia, no sólo de sus hijos, sino de una familia más extensa: la comunidad en que se hallaba inserta.

Cuando se dio la revolución industrial, la necesidad de aumentar la fuerza de trabajo dedicada a la industria, así como un tipo de vida urbano que requería mayores ingresos para la subsistencia, llevaron a la mujer a desarrollar su trabajo fuera del hogar. En aquel entonces, las condiciones laborales no distinguían entre hombres y mujeres, y hubo que cambiar muchos esquemas de trabajo que perjudicaban especialmente a éstas.

Hoy en día nadie duda que hombres y mujeres son distintos, y que desarrollan su trabajo de modo diverso. Pero la diversidad no contiene en sí misma un parangón: nadie es mejor ni peor, simplemente distintos. Hombres y mujeres son distintos físicamente, y por tanto, toda concentración de uno u otro sexo en un sector que esté relacionado con la fuerza física estaría justificado. Pocas personas saldrían a la arena pública reclamando un mayor número de mujeres entre los conductores de camiones, los mineros, pescadores o agricultores, simplemente porque son muy pocas las que optarían por este tipo de trabajos.

Sin embargo, tareas que podrían ser igualmente realizadas por hombres y mujeres, que hoy reciben la misma educación, están convirtiéndose en “ocupaciones femeninas”, y suelen ser categorías medias e inferiores de la empresa. Se crea entonces un círculo vicioso, pues esas ocupaciones acaban disuadiendo la entrada de varones y propiciando la contratación de mujeres. Así sucede, por ejemplo, en puestos como el de auxiliar administrativo. ¿Quién conoce un solo “secretario”?

Esta nueva división del trabajo ha sido objeto de estudio por algunos economistas y sociólogos. Algunas de las razones vienen del lado de la demanda: el empresario tiene preferencias y estereotipos sobre el sexo de sus empleados, y suele asignar a la mujer un mismo tipo de ocupación, injustificadamente. Pero del lado de la oferta también influyen las necesidades y preferencias de la mujer, que suele valorar mucho más que el hombre otros aspectos de su vida, sobre todo, su papel en la familia. Al no encontrar un entorno que facilite sus deseos de ser madre, o de ejercer como tal, mujeres que podrían realizar trabajos más cualificados renuncian a ellos, buscando sectores o puestos con mayor flexibilidad de horarios o donde las interrupciones temporales de la actividad laboral debidas a su condición de madre, ocasionan menos perjuicios.

Y esa diferencia femenina que es la maternidad, no sólo influye en el cargo que se le asigna: también en las posibilidades de promoción, puesto que una experiencia humana tan formidable se descuenta del cálculo de la experiencia profesional, como si no aportase nada a esa persona. Y por último, reduce las oportunidades formativas que se ofrecen en la empresa, puesto que el empresario tiende a formar a los empleados de cuya permanencia y rentabilidad está más seguro, excluyendo automáticamente a la mujer, o relegándola a puestos menos necesitados de formación.

Así pues, hombres y mujeres viven de modo distinto su paternidad. Las implicaciones laborales que tiene para la mujer el embarazo, nacimiento y lactancia del niño, y su posterior cuidado, acaban forzándola a reducir el número de hijos que desea tener o a entrar en la dinámica segregacional antes descrita.

Los expertos no acaban de encontrar la causa de esta división laboral. Apuntan que en las sociedades modernas, con pocos hijos y crecientes infraestructuras para criarlos, en principio la familia no debería ser motivo de que la mujer tenga que elegir ocupaciones más compatibles con su función de madre. Mi opinión personal es que sí sucede así. Por mucha infraestructura que exista para el cuidado de los niños, la función paterna, y especialmente la materna, es insustituible. Y la crianza exige no sólo “calidad” de tiempo (como muchos padres arguyen, a veces llevados por un cierto sentimiento de culpa), sino también “cantidad”. Algo que no encaja bien en un sistema laboral de dedicación intensiva.

En definitiva, la caída de la natalidad no sería más que una consecuencia de ese difícil encaje de la mujer en el mundo del trabajo. También la segregación ocupacional manifiesta ese problema de tantas mujeres que aspiran a una vida personal equilibrada… ¿necesitan aún más datos quienes toman decisiones en el mundo de la política y la empresa, para responder a este problema? ¿Cómo dar a la maternidad el valor que le corresponde, sin que sea “un peligro” que causa discriminación?