Trabajar por la familia, trabajar por el reino de Dios

Cuando ella gana más que él: ¿se afecta la relación matrimonial?

Cada vez son más las mujeres que se adhieren a la fuerza laboral para poder contribuir a la economía familiar, incluso muchas de ellas alcanzan cargos superiores, y por consiguiente, mejores sueldos que sus esposos, pero ¿afecta esto la relación matrimonial?

Hasta hace poco era normal que el hombre asumiera el rol de proveedor de recursos para el hogar, y la mujer el cuidado de los hijos y el hogar. Pero los tiempos han cambiado, y ahora son numerosas las mujeres, que por decisión propia o necesidad, han tenido que compaginar el papel de madres con el de ejecutivas, llegando a ser exitosas y muy profesionales en sus quehaceres. Sin embrago, esta situación puede ser motivo de conflicto; bien porque las parejas no logran afrontar adecuadamente la situación, o bien porque la cultura del rol varonil está fuertemente marcada y resulta impensable que sea la mujer quien suministre mayores recursos al hogar.

No está demás aclarar, que por fortuna existen matrimonios que viven bajo estas circunstancias, las cuales no comprometen su estabilidad, puesto que las asumen como una oportunidad para fortalecer la economía familiar y además tienen muy presente que la valía personal no está sujeta a los ingresos (lo que implica un alto grado de madurez).

¿Qué ocurre entonces en los matrimonios donde sí hay conflicto por este motivo?

Actitudes que ponen en juego a las parejas

Los problemas suelen comenzar con un detonante distinto al tema dinero, pero después se descubrirá que es éste el causante de las continuas discusiones.

Por lo general, el hombre comienza a mostrar comportamientos que denotan un nivel bajo de autoestima, inseguridad, frustración e incluso algunos síntomas de depresión. “Estos sentimientos se dan a partir de ideas o reglas que ya se tienen como que `la persona que gana un mejor sueldo es porque es más inteligente y puede lograr mejores oportunidades´. Todo esto es producto de la relación de equivalencia que se ha hecho entre sueldo-poder, sueldo-éxito, éxito-admiración.” Puntualiza la psicóloga Claudia Zabala. *finanzaspersonales.com.co

Y es que el hecho de que estos paradigmas estén tan incrustados en las personas, no es gratis. Desde los inicios de la evolución humana, el hombre ha sido el líder de su grupo familiar, su posición jerárquica se ha caracterizado por ser dominante y aunque la esposa ha mostrado ser su acompañante incondicional, ha debido estar también bajo su sombra. Así que cuando este modelo se transforma, es cuando se abren las puertas para el campo de batalla.

Por otro lado, es común encontrar que las mujeres comienzan a manifestar ciertos vientos de superioridad, emiten comparaciones indeseables por el hecho de estar mejor remuneradas que sus esposos y otras actitudes algo humillantes que obviamente provocan enfados. Además pueden sentir que sus decisiones deben tener más peso dentro de la familia y así quitarle valor a la opinión de sus cónyuges. De esta manera, ellas pueden descubrir facetas hasta el momento desconocidas de sus maridos, lo que puede llevarlas al desencanto.

¿Cuáles son las consecuencias?

Los especialistas resaltan diversas secuelas de este tipo de situaciones, como puede ser el deterioro de la relación precedido de comportamientos hostiles, el detrimento del auto-concepto de los involucrados, la búsqueda de actividades satisfactorias fuera del hogar y en los casos más extremos, el divorcio.

¿Cómo manejar esta situación?

La recomendación entonces, comienza por dar mayor importancia a los logros, esfuerzos, desempeño del cónyuge, sin tener de por medio el factor dinero. Requiere cambiar la idea de que el poder y el dinero están vinculados. En el matrimonio existe algo llamado “comunión”: todo es de todos, decisiones, bienes, dificultades, tristezas, alegrías…

Los aportes que cada quien hace al hogar, deben ser igualmente valorados sin percatarse si son monetarios o no. Se debe tener claro que dedicar tiempo a la educación de los hijos, el cuidado de la casa, etc. también son aportes supremamente significativos.

Algo clave en este tema, es nunca perder la admiración por el cónyuge. Cuando se deja de admirar a quien se ama, sus fortalezas y esfuerzos serán pisoteados. Haga lo que haga, (siempre y cuando no vaya en contra de las leyes y la integridad humana) se debe apoyar al esposo/a, lo que implica también ayudarle a ser cada vez mejor en su actividad profesional.

Cuando ambos trabajan…

La autora Sylvia Villarreal de Lozano expone algunos consejos para los matrimonios donde ambos trabajan:

No compitan. No se trata de una competencia. Cada quien debe sentirse orgulloso de su puesto, sea cual sea, y debe ocurrir lo mismo con el de la pareja.

Reconozcan sus logros. Por pequeños que puedan parecer, es importante motivar a la pareja en todo lo que realice, y de igual manera también el otro debe apoyarle a llevar a cabo las metas.

Piensen en un beneficio mutuo. Se trata de apoyarse en todo momento. No hay que enojarse cuando se requiera que uno de los dos responda económicamente por más cosas. El hecho de que ser hombre, no quiere decir que tenga que ser el único sustento y que siempre será autosuficiente.

Administren el tiempo. Distribuyan los quehaceres y las tareas del hogar. Cuando ambos trabajan, es imposible que sólo uno se encargue de todo. Lo mejor es que platiquen y lleguen a un acuerdo en donde ambos resulten recompensados de igual manera.

No permitan que se acaben los detalles. El hecho de que ahora la esposa también trabaje no quiere decir que es menos mujer, menos femenina, o que deje de ser una dama y su esposo un caballero. Recuerden, ¡la caballerosidad y la femineidad jamás pasarán de moda!

Y no olviden… Para que un matrimonio funcione se requiere de dos; que ambos se ayuden, se tengan confianza, se comuniquen, se valoren, se den libertad y sobre todo, que se amen y se lo hagan saber a cada instante.

Fuente: masalto.com

Iglesia, mujer, hogar

Pbro. Dr. Pablo Prieto

La dimensión mariana de la Iglesia. La riqueza espiritual de las labores domésticas.

En la última página de la Biblia, que lo es también de la Historia, Dios propone a la mujer como la señal que separa este mundo que acaba de aquel otro que comienza: HE AQUÍ QUE HAGO NUEVAS TODAS LAS COSAS (Apocalipsis 21, 1-5).

En toda mujer, en efecto, resplandece esta luz, siquiera levemente; ninguna puede sustraerse a este misterio. Asociada a María, toda mujer es Ianua Coeli, puerta por la que Dios y el hombre entran el uno en el otro. En cada mujer recomienza el mundo.

UNA MUJER HACENDOSA ¿QUIÉN LA HALLARÁ? VALE MUCHO MÁS QUE LAS PERLAS… (Proverbios 31, 10) == El trabajo doméstico expresa y realza admirablemente el genio femenino, pues la mujer personifica el hogar, y lo convierte en prolongación de su regazo.

Ahora bien, esto que atribuimos a la mujer en el plano de lo simbólico e ideal nos incumbe a todos en el plano de lo práctico e inmediato. Cada uno a su modo y según sus circunstancias, está implicado en esta trama de servicio, respeto y delicadeza que son las tareas del hogar. ¿Cómo responder si no a esta llamada que Dios nos dirige a través de todo corazón materno? ¿Cómo ingresar en el regazo de Él sin comprometerse activamente en de ella?

El frasco de alabastro está en manos de la mujer; sin embargo es responsabilidad de cada miembro de la familia el que su perfume se difunda y extienda HASTA LLENAR TODA LA CASA (cf. Jn 12, 3).

Bendito el que en ti viene a mí. Así alaba un antiguo autor a la Ciudad-Esposa, Jerusalén, en el domingo de Ramos. Aquel día Jerusalén sale gozosa a recibir a su Esperado, que llega entre vítores a lomos de un borriquillo: ALÉGRATE, HIJA DE SION, SALTA DE JÚBILO, JERUSALÉN: HE AQUÍ QUE VIENE A TI TU REY, JUSTO Y VICTORIOSO (Zacarías 9, 9).

Nosotros, ciudadanos de la nueva Jerusalén, también deseamos cantar a esta Ciudad nuestra, que es la Iglesia, donde Cristo está siempre trayéndonos su victoria: Bendito el que en ti viene a mí.

Y lo mismo exclama el varón honesto, limpio de corazón, cuando encuentra a una mujer hermosa, pues toda mujer es figura de la Iglesia: bendito el que en ti viene a mí.

“Creí haberme casado con una mujer, pero me he casado con muchas”. El amigo que me decía esto no es que sea polígamo, simplemente está comenzando a conocer a su esposa. Ella es como un río: incesante novedad en la permanente identidad.

Ahora te toca, le dije, remontar su curso, hasta encontrar la fuente.

¡ESTA ES LA MORADA DE DIOS CON LOS HOMBRES! (Apocalipsis 21, 3). No se anuncia aquí una mansión cualquiera, por admirable que sea, sino la definitiva: ¡ESTA ES!, ¡por fin!, ¡llegó la hora! ¿Y por qué es definitiva? Porque no se presenta como un edificio que se inaugura sino como una novia que llega, rutilante de esplendor: DESCIENDE DEL CIELO COMO UNA NOVIA ADORNADA PARA SU ESPOSO, como la enamorada que, toda ella, alma y cuerpo, está pronta y preparada para la boda. Y llegado el momento, cuando los invitados aguardan, ella se hace esperar con un secreto regocijo, pues sabe que la expectación forma parte de su adorno. Y cuando por fin hace cruza la puerta, la gente exclama: ¡ESTA ES!

¿Y quién va a ser esta mujer sino la Iglesia? Sí, sólo una mujer en el colmo de su hermosura, o sea una novia, puede simbolizar adecuadamente la morada de Dios. Esta esposa deslumbrante, en trance siempre de llegar, está latente en toda mujer, quienquiera que sea. Y nuestro corazón siente el deber apremiante de celebrarlo: ¡ESTA ES!

De los cuatro, el evangelio más femenino es el de Lucas. En él figuran muchas mujeres, y principalmente María. ¡Cómo se nota que Lucas, investigador serio, acudió a buenas fuentes! Se pone a escribir, dice en el prólogo, DESPUÉS DE HABERME INFORMADO CON EXACTITUD DE TODO DESDE LOS COMIENZOS (Lc 1, 3). ¿Y qué comienzos? ¿dónde comienza Aquel del que se dice que fue ENGENDRADO, NO CREADO? En María. Pues aunque no fuera creado, Cristo sí fue criado: que se lo pregunte a Ella. En Ella comienza, de Ella sale, por Ella se llega. Si quieres investigar al Hijo haz como Lucas, comienza por la Madre.

Y AHÍ TIENES A TU PARIENTE ISABEL, QUE HA CONCEBIDO EN SU ANCIANIDAD… PORQUE PARA DIOS NADA HAY IMPOSIBLE (Lc 1, 36). Para ilustrar el milagro de María, el Ángel propone el milagro de Isabel: una anciana que concibe. ¿Pero por qué este milagro y no otro? Después de los prodigios grandiosos e incontestables de la Sagrada Escritura, ahora que llega la plenitud de los tiempos, ¿basta este signo tan discreto para realzar un momento tan sublime? Y sin embargo el Arcángel insinúa que es precisamente en la concepción de Isabel donde resplandece el colmo de la omnipotencia divina, sólo superada por la Encarnación del Verbo: PORQUE PARA DIOS NADA HAY IMPOSIBLE. Para Dios, en efecto, ser poderoso es ante todo ser fecundo. De ahí que, en el orden natural, la mayor gloria que puede alcanzar un ser humano es ser madre.

En el orden sobrenatural sucede algo análogo, pues no hay verdadera vocación divina que no consista en cierta forma de maternidad espiritual, más intensa que la de la carne: el celibato, la virginidad, el apostolado, la dedicación a los pobres… Habituados a valorar la eficiencia por encima de la fecundidad, los hombres nos hemos vuelto miopes para Dios.

AHÍ TIENES A TU PRIMA ISABEL, dice el Mensajero, porque tú, María, sabrás entender esta señal, que a su vez esclarece la tuya. Sólo el prodigio de una maternidad puede servir de signo para otra maternidad. De ahí ese entendimiento tácito, hondo, que se da entre las madres.

VOCACIÓN DE NIDO. == Nido no es cama, ni sofá con mullidos cojines, donde uno se amuerma perezosamente. Nido es el lugar donde se está lo justo para nacer, para crecer, y para aprender a volar: para perderle miedo a la altura, y lanzarse finalmente al cielo.

De ahí que la madre tenga vocación de nido. La mujer anida a los hijos, al marido, y a todos a cuantos ella prohíja con su amor, que no es ablandarlos con mimos y comodidades. El nido es esa rara forma de ternura que cría fortaleza, de suavidad que produce reciedumbre, de protección que incita al valor: ¡al valor de volar!

Dándole el pecho, la mujer es para su hijo cocina, cocinera, alimento y recipiente al mismo tiempo. En este gesto resplandece la majestad de la mujer. ¿Y qué son las labores domésticas sino una prolongación, en el espacio y el tiempo, de esta función estrictamente materna? ¿Qué otra cosa es un hogar sino un regazo?

Aunque al varón también incumban las tareas del hogar, porque así lo dicta la justicia y la caridad, lo cierto es que el espíritu materno lo informa todo, como el ungüento del Evangelio: LA CASA SE LLENÓ DE LA FRAGANCIA DEL PERFUME (Jn 12, 3).

¡TODO ESTÁ A PUNTO! (Mt 22, 4), exclama el rey de la parábola. ¿Y cuál es el punto de la comida? Es esa feliz combinación entre el aderezo de los alimentos, el apetito de los comensales y la disposición de los corazones. Cuando falla uno de estas tres condiciones el encanto de la comida se desvanece. La comunión a que tendía decae o incluso fracasa.

TODO ESTÁ A PUNTO. Porque esta misteriosa síntesis tiene su momento y lugar precisos, que es necesario respetar. Por eso la comida es una pedagogía de aquella fiesta de bodas que es la Iglesia, donde Dios desposa a la Humanidad. La cita es aquí, en esta vida mortal, que para el Anfitrión eterno dura apenas un instante: lo justo para aceptar y dar el paso. Para nosotros cualquier momento puede ser el decisivo: TODO ESTÁ A PUNTO, VENID…

SÓLO LAS ADOLESCENTES Y LOS SANTOS ven la vida correctamente. Ellas coinciden con los santos en entender la vida como lo que es: un romance, una historia de amor.

PONGO ENEMISTAD ENTRE TI Y LA MUJER (Génesis 3, 15 ) == Aunque tiendan a complicarse más que los varones, lo cierto es que las mujeres ven antes, ven más y ven mejor que nosotros.

El diablo las odia más y las teme más porque ellas pueden más contra él.

MARIDO Y MUJER == Amarse es aprender a envejecer juntos.

“No sólo os doy lo mío, sino que os lo doy condimentado, aliñado, de modo que os guste”. Esto nos insinúa Dios con la parábola del domingo: HE PREPARADO MIS TERNEROS CEBADOS, EL BANQUETE ESTÁ A PUNTO: ¡el Cielo está a punto!, ¡venga, ahora, empecémoslo aquí abajo!, ¡la tierra es un aperitivo, un entrante!, ¿para qué he instituido la Misa sino para abrir boca? La fiesta ya se siente, su aroma percibe en este vestíbulo que es la vida terrena, ¿no lo notas? Basta un rato de oración, un roce con los sacramentos, un gesto de servicio a los demás, y presientes que lo bueno ha comenzado, y que llega a tus oídos el aviso del Rey: ¡TODO ESTÁ A PUNTO: VENID A LAS BODAS! (cf. Mt 22, 1-14).

PREPARAS UNA MESA ANTE MÍ Y MI COPA REBOSA (Salmo 22). == Tú, Señor, preparas el alimento para el comensal y el comensal para el alimento. Mediante la Encarnación del Verbo, tú cocinas lo divino para que tenga sabor humano. Y luego a nosotros, estos zarrapastrosos de los caminos, nos tomas, nos lavas y trajeas y perfumas con tus sacramentos. ¡DICHOSOS LOS LLAMADOS A LA CENA DE BODAS DEL CORDERO!, dice el Apocalipsis. No se lo pierdan, señores, todo está a punto, venid… (Apocalipsis 19, 9)

Atención a esta matrona judía que se alza entre la multitud, esta MUJER DEL PUEBLO, fogosa y enérgica (cf. Lc 11, 27-28). Su corazón materno no puede reprimirse a la vista de Jesús: “¡DICHOSO EL VIENTRE QUE TE LLEVÓ Y LOS PECHOS QUE TE CRIARON!, dichoso ese cuerpo de madre que es como el mío, en Ella, en la Virgen, también me siento madre tuya”. Esto quería decir la MUJER DEL PUEBLO, por cuya boca hablaba el auténtico Pueblo, o sea la Iglesia, a la cual personificaba sin darse cuenta. En Jesús las mujeres se entienden, las madres se solidarizan y las esposas se sienten figura de la Iglesia. ¡Bendito sea el misterio de la Iglesia, que resplandece en todas las mujeres!

PERO ÉL REPLICÓ: DICHOSOS MÁS BIEN LOS QUE ESCUCHAN LA PALABRA DE DIOS Y LA GUARDAN. ¿Y cuál es esta palabra? Cristo, el Verbo encarnado. Por tanto ESCUCHAR LA PALABRA es concebirlo y gestarlo, como hizo María. ¿Y qué es GUARDAR LA PALABRA? Hacerla crecer, como la madre hace crecer al bebé dándole el pecho. Con su réplica Jesús quiso decir: ¡Dichosa mi Madre, que realizó con su alma lo que significó con su cuerpo!.

Fuente:encuentra.com

El Don de la maternidad

Celebramos un año más el merecido Día de la Madre, el cual gira alrededor de nuestras progenitoras quienes nos han traído al mundo y se entregan a su familia con el amor incondicional que las caracteriza. No debemos pasar por alto esta fecha para reflexionar sobre el Don de la maternidad.

La palabra matrimonio se deriva de la expresión latina “matris munus”, oficio de madre. Por eso acostumbramos a decir que un hogar es lo que es la madre, que la madre llena el hogar.

La aureola con que se ha rodeado siempre la figura de la madre no tendría razón de ser si se limitara a traer hijos al mundo. Madre es la que da la vida, pero su labor apenas comienza, ella cuida y nutre esa vida tanto en el aspecto material como en el espiritual de forma vitalicia. El rol de madre nunca termina, es algo inherente a ella, aunque los hijos estén mayores y se hayan ido de casa, ella perpetuará en sus corazones, nunca dejará de gozar por sus triunfos y sufrir por sus dificultades.

Mujer, mamá, esposa y trabajadora al mismo tiempo

Los innumerables roles que desempeñan las mamás, las hacen únicas e irreemplazables, gracias al innato Don de la maternidad encarnado en la Virgen María y otorgado por Dios a las mujeres para que fueran ellas las madres de la humanidad.
Ser ama de casa, llevar las riendas del hogar, educar y cuidar a los hijos, ser una buena trabajadora, ser una mujer bella por dentro y por fuera, ser una esposa amorosa; son sólo algunas de las exigencias que las madres deben enfrentar a diario. Ha veces les demandamos tanto, que sin intensión, terminamos por agobiarlas hasta el punto de considerarse extenuadas.

Las mamás también tienen derecho a sentir cansancio, a tener un mal día, a llorar “supuestamente” sin tener razón. Ponernos en los zapatos de mamá, nos hará entender su agitado mundo y reflexionar sobre cómo los hijos y el esposo pueden ayudar.

Una obra en silencio

Como dice el relato Homenaje a las madres invisibles, el trabajo de las madres es como la de los constructores de enormes y antiguas catedrales, quienes trabajaron toda su vida en una obra que nunca verían terminada. Hicieron grandes esfuerzos y nunca esperaron crédito. Su pasión por el trabajo era alimentada por su fe y por la convicción de que nada escapa a la mirada de Dios.

Este relato cuenta la anécdota de un hombre poderoso que fue a supervisar la construcción en una de estas catedrales y se encontró con uno de los trabajadores que tallaba un pajarito en una de las vigas de madera que sostendrían el techo. Curioso, le preguntó por qué perdía su tiempo tallando esa figurilla en una viga que nadie vería ya que sería cubierta con yeso, y le respondió: ‘Porque Dios si lo ve’.

Ningún esfuerzo o sacrificio que hacen las madres pasa desapercibido ante los ojos de Dios, porque ningún un acto es demasiado pequeño para que Él no lo vea y lo haga sonreír. Las madres están construyendo una gran catedral, sólo que ahora no pueden ver en lo que sus esfuerzos se convertirán.

¡Feliz día mamá!

Fuente:lafamilia.info

Sentirse en casa

El belen en nuestros hogares

Os escribo una breve historia sobre como nace la idea de poner el belén en nuestras casas:
A las afuera del pueblo de Belén se encuentra la gruta en la que nació Jesús hace dos mil años. Esa desconocida cueva, que hasta entonces solo importaba a su dueño porque le servía para dar cobijo a unos pocos animales, ha pasado a ser un lugar importante, muy importante.
Allí se encuentra el primer suelo que tocó Dios hecho hombre. Aquel es el lugar en el que por primera vez, los hombres podíamos ver al Dios invisible. En esa habitación de animales Dios podía ser visto, oído y tocado por primera vez. Por eso, esa gruta de Belén es un lugar importante, querido y entrañable para todos los que seguimos a Jesucristo.

¡Qué suerte poder ir a Belén durante estos días en los que recordamos lo que allí ocurrió!
Como no nos resulta posible ir a Belén, traemos Belén a nuestras casas. Así nació la costumbre de poner durante las Navidades un “Belén”, en algún rincón de todos los hogares cristianos. No es una tontería. Es un modo de acercarnos al misterio que celebramos estos días. No es como el árbol de Navidad ni como cualquier otro adorno. No es sólo para dar ambiente, es mucho más lo que nos transmite. Nos asaltan recuerdos de lo que allí ocurrió, imaginamos las cosas que cuenta el Evangelio, revivimos aquella historia cargada de humildad y que da sentido a nuestras vidas. Por eso debemos empeñarnos en cuidarlo y enriquecerlo hasta el último detalle, que parezca una miniatura en vida y refleje nuestra fe y cariño hacia Jesús, Maria y José.
Ahora que quedan podos días para la Navidad, podemos pensar en cómo vivimos este tiempo tan precioso, mirando a Jesús en el pesebre. Cómo hace veinte siglos, muchos hombres le cerraron las puertas de su casa porque no había sitio para él. Nadie le recibió y tuvo que nacer en un establo, en una cueva inhóspita, lugar para animales. “Vino a su casa y los suyos no lo recibieron”. Esto se refiere sobre todo a Belén, pero en realidad, se refiere a toda la humanidad.

Que en esta Navidad Jesús pueda entrar en tu casa, que le hagas sitio en tu alma, que nazca Jesus en nuestras vidas, que se encuentre recibido y a gusto dentro de tí.

Es verdad. Dios pretende venir esta navidad y resulta que la humanidad “no tiene sitio para él”. Está tan ocupada consigo misma de forma tan exigente, que necesita todo el espacio y todo el tiempo para sus cosas y ya no queda nada para el otro, para el prójimo, para el pobre, para Dios. Y cuanto más se enriquecen los hombres, tanto más se llenan de sí mismos y menos puede entrar el otro.
Todas nuestras casas deben ser como el hogar de Nazaret, donde todos podamos perder tiempo con nuestros seres queridos, donde se practique la gimnasia cristiana de perdonar y pedir perdón, donde nuestras puertas abiertas puedan acoger al más necesitado, donde reine el amor. Cómo decía Teresa de Calcuta: “El amor comienza en el hogar, el amor vive en los hogares y esa es la razón por la cual hay tanto sufrimiento y tanta infelicidad en el mundo de hoy… Todo el mundo parece estar con una prisa tan terrible, ansioso por desarrollos grandiosos y riquezas, de tal forma que los niños tienen muy poco tiempo para sus padres, los padres tienen muy poco tiempo para ellos, y en el hogar comienza el rompimiento de la paz del mundo”.
¡FELIZ NAVIDAD!

http://escueladepadresvirgendelcarmen.blogspot.com/

Los padres, proveedores de amor a los hijos.

Escrito por Magdalena Subercaseaux
Miércoles 29 de Septiembre de 2010

Que importante y delicado resulta el prepararse adecuadamente para la vida. Mucha más delicado si nos ponemos a pensar que no sólo tendremos la responsabilidad de realizar bien nuestra tarea profesional, sino que también, en determinados casos, tendremos que asumir la delicada tarea de formar personas, dentro del seno de un hogar.

Esto sin duda requiere de una mayor preparación, ser padre implica madurez, responsabilidad, dedicación, en fin vivir una vida buena, la misma que requiere aprender a autotrascender.

Particularmente, creo que el ser padre, es una tarea muy seria, a veces compleja, si no se actúa con criterio y madurez, de allí que quien asume la tarea de ser padre, tiene que ser consecuente y responsable con su misión, hoy más que nunca, en que todo parece indicar que la labor de padre, no está siendo asumida con toda la fuerza, seriedad y entereza con que debería ser asumida.

Leía hace unos días el testimonio de un padre de familia, el cual, tras la muerte súbita de su hija, una joven de 21 años, decía: “ahora me doy cuenta que fallé, por descuido, en mi labor de padre… y es que no supe darle a mi hija toda la atención que requería, no la oriente acerca de como vivir y afrontar la vida, por consiguiente no le supe brindar el amor que necesitaba…, miren ahora, la he perdido”.

Es triste y verdaderamente lamentable, llegar a una situación de este tipo, pero a veces, por aquí va nuestro error de padres, vivimos tan metidos en nuestros asuntos, que consideramos que los asuntos de nuestros hijos, no requieren de nuestra atención, puesto que los consideramos insignificantes, si es que los llegamos a considerar, hay veces en que ni siquiera nos damos cuenta de lo que está sucediendo en casa con nuestros hijos, y es que de una u otra forma, en el camino perdemos el dialogo, el espacio y el tiempo de atención necesarios para comunicarnos con ellos, para desarrollar afectos, para simplemente conocernos y descubrirnos; los resultados son contundentes:distanciamiento, desconocimiento, esto es terminamos siendo huéspedes de un hogar que lamentablemente ya no es el nuestro, con un poco de suerte, tal vez desayunemos, almorcemos o cenemos juntos, como en cualquier pensión, pero no tendremos el tiempo ni el espacio para hacer vida en familia, simplemente se habrá quebrado la relación familiar.

Insisto, que delicado e importante es ser padre, digo esto, porque si partimos de la palabra misma, veremos que, si bien es cierto el termino padre significa «proveedor», aquí habría que aclarar, que el padre no debe convertirse en un simple proveedor de bienes materiales, también debe aprender a proveer bienes espirituales, es decir valores, normas, principios de vida que ayuden a sus hijos a crecer como personas y a desarrollar adecuadamente aquel proyecto de vida que mañana más tarde les permita insertarse adecuadamente en la sociedad, sabiendo la misión que deben de asumir en la vida.

Por eso digo que ser padre es asumir la responsabilidad de ayudar a nuestros hijos a lograrse como personas, ayudarles a descubrirse como lo que son, seres capaces de comprender lo que hacen.

Para lograrlo, no bastan las palabras, no bastan los regalos o las propinas, es necesario el testimonio de vida, los hijos, tienen que llegar a descubrir en sus padres un modelo de vida digno de ser imitado.
Fuente: The Family Watch, Marco Alberca

Hogar y familia

A la palabra hogar le estamos dando menos importancia de la que se merece.

Si miramos en buscadores como Google, Yahoo o MSN, la mayoría de las entradas que aparecen hacen referencia a temas de decoración, electrodomésticos, diverso elementos de menaje y seguros para incidencias en la casas.

En el momento de escribir estas líneas, en el diccionario de la Lengua Española aparecen diversas acepciones de la palabra hogar, de las que seleccionamos las tres primeras:

1 – Sitio donde se hace la lumbre en las cocinas, chimeneas, hornos de fundición, etc. 2 – Casa o domicilio. 3 – Familia, grupo de personas emparentadas que viven juntas.

Y si miramos en Wikipedia dice que se usa la palabra hogar para:

El lugar donde se hace la lumbre en las cocinas, chimeneas, etc., véase hogar (fuego). La palabra hogar se usa para designar el lugar donde una persona vive, donde siente seguridad y calma. En esto último (la sensación de seguridad y calma) se diferencia del concepto de casa, que sencillamente se refiere al lugar habitado, al lugar físico. La palabra hogar proviene del lugar en el que se reunía, en el pasado, la familia a encender el fuego para calentarse y alimentarse.

De ellas, destacamos algunas: grupo de personas emparentadas que viven juntas; sitio donde se hace lumbre en las cocinas y chimeneas, donde se reúne la familia para hacer el fuego para calentarse y alimentarse; y lugar donde una persona vive y siente seguridad y calma.

Estas acepciones hacen referencia a un concepto de familia y hogar que nos sabe a tradicional y con cierta sensación de añoranza. Pero a la vez surge el deseo para que nuestras familias sean ese sitio donde se reúnen nuestros seres queridos, se sientan amados, seguros y encuentren la calma necesaria, en una sociedad donde no abunda nada de esto.

En contra de esta forma de entender el hogar pero en beneficio del bienestar, han ido apareciendo los sistemas de calefacción actuales que disipan el punto neuralgico de reunión, ya que cada habitación tiene ese calor que se buscaba en el centro del hogar.

Los horarios actuales de cada miembro de la familia, las distancias y el tiempo que empleamos en ellos, la disponibilidad de frigoríficos, comidas rápidas, etc. también difuminan la necesidad de juntarse al rededor de ese sitio común donde se alimentaba la familia.

A eso se suma las distintas formas de entretenimiento a través de los medios de comunicación, y las nuevas tecnologías, que si no estamos atentos estarán instalados en cada habitación de nuestras casas.

Con ello conseguiremos, pequeños hoteles, con suite dotadas de numerosos medios que hacen que los residentes estén mucho más cómodos. Pero no se podrán considerar hogares, porque han perdido el punto de reunión, donde se encontraban las personas que allí vivían.

Algo paradójico a este respecto, es el desarrollo que últimamente están tenido las casas rurales, que no se explica solamente en un precio más económico. También influye la busca de un espacio idéntico al hogar tradicional, porque añoramos ese sitio de encuentro con las personas que nos rodean diariamente, con las personas que en el fondo amamos.

Al unir hogar y personas que amamos, surge la contradicción de una sociedad donde la palabra amor a perdido la parte más importante que subyace en la palabra hogar, y es la entrega a los seres amados.

No se podrán construir hogares, donde los miembros que viven en esa casa común, no estén dispuestos a entregar parte de si mismos a los demás. Y esto se contradice a la tendencia actual de vivir en cómodas suites individuales.

El comienzo para hacer de nuestras casa verdaderos hogares, tiene que nacer necesariamente del padre y la madre, o de la madre y el padre, porque no hay prevalencia entre ambos. Buscando esos momento de encuentro de los integrantes de la familia, como son los desayunos, las comidas y cenas de los fines de semana, aunque sea más cómodo hacerlo fuera de casa. Y si en lugar de los sábados y domingos, se lográ todos los días de la semana, mejor que mejor.

O bien, las sobremesas donde desaparezca la televisión, o similares, dando lugar al encuentro de los miembros de la familia mediante juegos familiares, tertulias sobre las actividades de cada miembro, canciones o villancicos, chistes o chascarrillos diversos.

Esto que parece tan evidente, normalmente se queda en meros deseos, a no ser que el matrimonio se siente, lo hable, y lo concrete.

Quizás sea bueno que antes ambos miembros de la pareja, busque el punto de encuentro entre ellos, basado en darse al otro, más allá de tener una casa que no podrían comprar solos, o satisfacer las necesidades sexuales mutuas.

Pero esto es otra historia, que ya saldrá en otro momento.

Un saludo y feliz año,

Fuente: www.vidafamiliar.es

El casado casa quiere

Antonio Vázquez

Que los padres se preocupen de los hijos forma parte de la naturaleza de las cosas. Así es y así seguirá siendo. Es lo lógico y la gozosa experiencia de comprobar que les queremos por encima de cualquier contingencia. Es la cadena ininterrumpida del ser y el acontecer humano. Ya es menos conveniente que esa preocupación degenere en ansiedad que afecte a los demás miembros de la familia, que también tienen derecho a nuestra serenidad.

Este largo preámbulo me lo sugiere la carta de una madre angustiada por la noticia que le acaba de dar su hija: se casará dentro de seis meses, pero su novio y ella, por razones de trabajo, continuarán viviendo en ciudades separadas por cuatrocientos kilómetros; es decir, que se verán únicamente los fines de semana. La indignación de la madre no tiene límites ante su nula capacidad para remediarlo, y sobre todo por pensar que esta circunstancia es observada por los novios como una pequeña incomodidad, un incremento del gasto y un mal menor, aunque muy soportable.

A la vez –me comenta- me califican de anticuada, llegando al colmo de decirme que “estos son otros tiempos que no tienen nada que ver con los míos, pues cuando nosotros nos casamos todo era fácil” Ya se puede imaginar que me he indignado y la he dicho todo lo que se me ha venido a la boca. Su padre y yo –la he recordado- nos casamos con una cama, una mesa camilla y dedicando muchas horas para hacer, con cuatro maderas, unos muebles de cocina donde poner los platos. Que por estar juntos nos hubiéramos ido a Africa o la Patagonia.

No somos los Amantes de Teruel, pues ella nos ha visto discutir mucho, pero que nos queremos con locura después de treinta y cinco años y muchas discusiones. He acompañado a su padre siempre que he podido a cualquier viaje, aunque tuviera que pasar el día sola mientras él trabajaba, con la ilusión de poder cenar juntos; y, su padre aunque viniera derrengado ponía cara de estar más fresco que una lechuga.La carta quema en las manos o rezuma lágrimas, tanto por lo que escribe como por lo que oculta y su fina intuición detecta. Me pide que escriba y diga las cosas claras, para enseñarle mi articulo a sus hijos.

Agradezco mucho todo lo que valora mi opinión pero tengo serias dudas sobre el impacto que puede hacer en su ánimo de sus hijos.

Como tantas veces he comentado, resulta difícil prescribir una receta sin conocer todos los datos, ignorarlo todo sobre sus relaciones, su modo de pensar y los condicionantes u opciones que han barajado al tomar la decisión. Por tanto ruego a mi amable comunicante que no haga comerse en trocitos la pagina de papel sobre la que escribo, de no fácil digestión y que estropearía la colección que seguro tendrá conservada de HACER FAMILIA.

Haré algún comentario que usted procesará en su cabeza y lo despachará según su “buen arte” como en las viejas recetas que confeccionaban los farmacéuticos. Perdóneme este punto de humor para romper el climax. Sólo desde la serenidad puede tener algún impacto su argumentación.

Es fácil suponer que estamos ante un tema profesional resuelto por la vía fácil, subordinado la unión familiar al brillo profesional. Cada uno de los futuros cónyuges tienen un buen trabajo en su ciudad y se resisten a dejarlo. Puede existir también una condicionante económica añadida, aunque he visto casos en los que lo determinante ha sido únicamente la cualificación en el trabajo.

Cada uno está muy bien asentado en su ciudad y cuesta mucho trabajo iniciar la escalada de trabajo en otro lugar. En ésta última hipótesis el problema se reduce a preferir la satisfacción personal profesional a compartir la vida con el otro.

He señalado la cuestión de forma descarnada para que se entienda sin paños calientes. Se está poniendo en juego la capacidad de renuncia del uno hacia el otro, actitud que habrán de ejercitar a lo largo de su vida matrimonial con reincidente generosidad en las cosas pequeñas y grandes.

Junto a ello, mientras permanezcan separados a lo largo de las jornadas de trabajo, cuando se encuentren los fines de semana convivirán en “estado de excepción” y se romperá esa naturalidad, intimidad, y confianza que aporta la vida ordinaria. El matrimonio es una fruta de maduración continua. Hay que estar con el otro en los momentos de fatiga, de aburrimiento, de alegría, de contrariedad o de éxito. Tienen que verse como son, y aprender a aceptar las diferencias precisamente en esa época idealizada en la que pasamos por encima de todo, porque todo se tapa con la nube de la ilusión recién estrenada, que convierte las legañas en rimel brillante.

Se podrían añadir más obstáculos: la soledad es difícil de soportar y no es extraño que se corra el riesgo de buscar compensaciones afectivas en otros lugares, que empiezan por ligerezas y se convierten en cadena.

¿Hijos? Parece aventurado pensar en ellos. Por otra parte, si llegaran, se han menguado muy considerablemente las posibilidades de brindarles el cariño que en justicia les corresponde de ambos padres.

Es muy posible que a esta argumentación se pueda objetar que la historia grande y pequeña esta llena de matrimonios que han tenido que soportar larguísimas separaciones que han servido para unirles más. Sin duda, y han puesto a prueba una heroica fidelidad… pero la clave está en la causa: para unos ha sido una dura contrariedad que han soportado por encima de todo, con notable sacrificio; para otros, una condicionante que ellos mismos se han puesto precisamente para no sacrificar una satisfacción personal.

No se quejará mi lectora de falta de claridad, llevada a extremos contundentes. Estoy seguro que éste no es su caso y será algo muy transitorio, y con plazo muy breve, marcado con el mismo rigor que el vencimiento de una letra de cambio. Tranquilícese, que en menos de tres meses estará ayudando a su hija a poner la casa.

Colaboración Hacer Familia Febrero 2002

La Familia formadora de valores