“Mi novia me ha sido infiel”


Se podría decir que hoy en día vivimos bajo la insistente amenaza que daña a nuestras relaciones de pareja y aunque el mundo de la televisión (en la mayorías de las ocasiones) pretende desdibujarlas o hablar de ellas a la ligera. He de decir que las personas que pasan por una situación de infidelidad sufren. ¡Vaya que si sufren! pero es más aman tanto que siguen apostando por esa relación aunque les duela lo que ha pasado. Así es como estos casos se reciben en las consultas de psicología.

Curiosamente este es el hilo conductor de una película que recientemente se ha estrenado “Crazy, stupid, love”. Quizás habrá mucho que cuestionarse de la película pero si he de rescatar algo positivo de ella es el personaje del hijo, que pide a su padre, tras la infidelidad de su mujer y su ruptura matrimonial que no se rinda y vuelva a recuperar el amor de su madre. No se si esto es muy común hoy en día, pues muchas veces las personas que nos rodean intentado ayudar o nosotros mismos se nos hace imposible volver a recuperar a alguien que creemos que ya no está. Cuando hay un matrimonio, la verdad que la cosa hay que meditarla pero que muy, muy bien. Pero y cuando estamos viviendo un noviazgo, ¿Qué hacemos tras una infidelidad? ¿Merece la pena seguir adelante?

Independientemente de una situación u otra creo que es primordial, pensar que la fidelidad va mucho más allá: las palabras, los conceptos son más ricos cuando más se ahonda en ellos. Habría que volver nuestra mirada hacia aquello que nos propuso un gran existencialista que hablo de la fidelidad en sus escritos, Gabriel Marcel “la fidelidad es creadora y liberadora” y yo añadiría, respeta una promesa.

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Ponle fuerza a lo débil

Sacramento del matrimonio

El valor de la fidelidad

Por Sixto Porras

Recuerdo la experiencia de Carlos. Todos sus compañeros hablaban de su última aventura sexual, de la forma en que habían tenido que mentir para justificar su ausencia, y de cómo el coqueteo terminó en una aventura. “Hoy nos veremos nuevamente, argumentó Carlos”, refiriéndose a la segunda cita que tendría con la persona que había conocido la semana pasada. Una vez más tendría que mentir, ocultarse, tener temor a ser descubierto, simplemente para vivir 5 minutos de placer. Placer que una vez satisfecho, perdía su encanto. Él pensó que engañaba a su esposa, sin darse cuenta que el engañado era él. No era ella la que tenía que ocultarse, la que tenía que mentir, la que tenía temor, no era ella la que arriesgaba la estabilidad de su familia.

Tiempo después lo encontré casualmente, su mirada era distante y su sonrisa se había apagado. Meditabundo exclamó: “Me ocurrió” -sorprendido le contesté; “¿Perdón?” “-Me ocurrió lo mismo. Ella se fue con alguien más joven que yo. Bueno, todo tenía techo de cristal”. Él se refería a que aquella aventura, que tenía fragancia de pasión, se convirtió en un temor que le atrapó. No solo había perdido lo que le había costado años construir –su familia-, sino que había quedado atrapado en la mentira de la infidelidad.

Todos dejamos a nuestro paso una fragancia que nos identifica. Solo falta que las personas convivan con nosotros y al poco tiempo podrán describirnos. Hay que tener siempre presente que una de las mejores fragancias que dejan huella constructiva, es el ser conocidos como personas leales, fieles, consistentes, y de palabra.

Como “caminantes que debemos hacer camino al andar”, tenemos la exigencia de ser fieles a la partitura que lleva nuestro nombre, porque quiérase o no, será imitada por quienes nos aman y sobre todo por las futuras generaciones.

El mejor de los negocios que podemos hacer en la vida es ser personas fieles, porque así nos convertimos en personas confiables, vivimos en paz con nosotros mismos y con los demás. Por eso, es necesario recordar que el amor es más que un sentimiento, es más que una emoción pasajera, es un acto de la voluntad que se sostiene a través del tiempo con valor, determinación, perseverancia, detalles y una buena dosis de comunicación. Es un acto de la voluntad que produce los mejores sentimientos, que proporciona estabilidad y seguridad a la vida familiar.

Para todos aquellos que anhelan ser fieles, les instamos a no poner la confianza en sus propias emociones. En la generalidad de nuestra existencia se experimenta que la atracción hacia la belleza física siempre estará ahí, la atracción por la aventura probablemente nos va a seducir, pero no podemos olvidar que la sensualidad tiene la particularidad de distorsionar la realidad y ocultar las consecuencias. Genera una reacción bioquímica que ciega la razón. Ante esta realidad, muchas veces insoslayable, la fidelidad debe sostenerse en el tiempo y más aún cuando somos conscientes de lo que está en juego. Lo primero que se pierde es la capacidad de amar, la seguridad del hogar, la paz interior, la confianza en las personas y la claridad para el desarrollo de nuestras habilidades. La infidelidad nos lleva al camino de la mentira, a la culpa que daña, a comprometer las finanzas. ¡No vale la pena ser infiel!

Así como hay que pagar un alto precio por lo que vale mucho, igualmente hay que pagar un alto precio por la paz interior, por la felicidad de la familia, por lo que es justo, por hacer valer la promesa compartida en los votos matrimoniales. Nos casamos para ser fieles el uno al otro, para acompañarnos en las buenas y en las malas, en salud o en enfermedad, en riqueza o en pobreza y hasta que la muerte nos separe.

Cuando somos fieles a la persona que amamos, somos fieles para con nosotros mismos y para con los demás, porque, ¿quién es el que se tiene que ocultar? ¿Quién es el que tiene que mentir? ¿Quién es el que tiene sentimientos de culpa? ¿Quién es el que tiene temor? ¿No es acaso la persona infiel? Lógicamente, toda la familia sufre, y las víctimas más sensibles son los niños. No obstante, quien pierde la paz, la confianza y el respeto de los suyos es la persona infiel. ¡No vale la pena ser infiel!

Ahora bien, La fidelidad se protege asumiendo la responsabilidad de nuestra palabra. Cuando somos infieles nosotros somos los únicos responsables. No podemos creer que alguien nos indujo: es necesario asumir la responsabilidad de nuestros actos. La fidelidad se protege manteniendo una buena comunicación con nuestra pareja, siendo amigo o amiga de la persona que amamos, cuidando los detalles, admirando y respetando. Debemos aprender a luchar con la rutina, y con el cansancio extremo. Debemos resolver los problemas pendientes, y pasar tiempo a solas con la persona amada. El matrimonio se protege con pequeños detalles, pero, sobre todo, decidiendo ser fiel al pacto matrimonial. Disfrutemos de nuestra intimidad sexual y deleitémonos con la persona que amamos, con la que construimos una relación de amistad y compañerismo: nuestro cónyuge. El amor no crece por sí solo, el amor se cultiva, se protege y se alimenta.

Un matrimonio que es fiel permite que sus hijos crezcan en un ambiente de seguridad emocional, donde se saben amados, valorados y apreciados. Estos elementos son necesarios para el buen desarrollo de los niños. Los hijos que han visto a sus padres respetarse y ser fieles el uno al otro, ven a la familia como el lugar al que siempre pueden regresar en sus mentes para inspirarse, les es más fácil respetar a sus hermanos, reconocer a la autoridad y relacionarse con seguridad a la hora de construir su propio proyecto matrimonial.

En el desarrollo de la vida matrimonial, es necesario recordar que no solo construimos nuestra felicidad, sino que también estamos colocando los fundamentos para que nuestros hijos y nietos construyan la suya. Aquí cabe señalar las preguntas que permanentemente nos impelen: ¿Qué legado estamos dejando a las próximas generaciones? ¿Estamos abriendo caminos de esperanza, o impulsamos a un mundo de duda, sospecha y temor? Debemos vivir de tal manera que abramos camino a la esperanza para la generación que toma ejemplo en nosotros.

Fiel es la persona que corresponde a la confianza puesta en ella. Es una persona que vive conforme a la palabra comprometida y a las normas que promulga. La fidelidad es consecuencia de una relación entre dos personas libres, que se saben seguras de sí mismas y de los que aman. Personas con una sana autoestima y deseosos de construir un futuro estable.

La práctica de la fidelidad en nuestra mente y en nuestras acciones nos dará paz y posibilitará espacios de realización y vida plena. El sabio Salomón nos aconseja acerca de cómo disfrutar nuestra sexualidad con libertad, paz y seguridad:

“… ¡Goza con la esposa de tu juventud! Es una gacela amorosa, es una cervatilla encantadora. ¡Que sus pechos te satisfagan siempre! ¡Que su amor te cautive todo el tiempo!”. (Proverbios: 5:18-19 NVI)

Tanto para hombres como para mujeres, es esta calidad de vida la que da realización personal a los que viven una relación de pareja, la que no produce temor, ni angustia. La fidelidad se debe proteger desde las emociones y los pensamientos, ya que es ahí donde somos atacados. Así que, cuidemos nuestras emociones y nuestros pensamientos, lo que vemos y lo que escuchamos, porque es donde se origina la capacidad de ser fieles, leales y comprensivos.

Consecuencias de la Infidelidad

Conduce a una pérdida de la confianza
Se torna mentiroso/a y pierde credibilidad
Se afectan las finanzas
Se arriesga a perder el amor y respeto de quienes nos aman
Produce sentimientos de soledad y culpa
Pone en riesgo nuestro proyecto de vida

Las personas fieles

Son seguras de sí mismas
Tienen relaciones interpersonales saludables
Inspiran respeto y confianza
Se sienten amados y confían en los demás

Un matrimonio a prueba de aventuras

Es muy probable que en un matrimonio ambos se amen con sinceridad, y ninguno de los dos esté pensando en ser infiel, sin embargo, no es cierto que la infidelidad sea imposible. Es un mito pensar que si amamos a nuestra pareja, no seremos tentados ni atraídos por alguien del sexo opuesto. La fidelidad hay que protegerla y cuidarla.

¿Por qué es fácil ilusionarse con una persona extraña que se presenta interesada, amable, atractiva y sensual? Pues porque la novedad excita y oculta las imperfecciones y las consecuencias.

Los sentimientos hacia una persona del sexo opuesto se pueden desarrollar cuando nos encontramos en contacto frecuente, cuando comenzamos a escribir con regularidad, o cuando le llamamos todos los días. En estas situaciones existe la oportunidad de que se desarrollen la atracción, el afecto y el cariño. Puede ocurrir entre compañeros de trabajo, amigos íntimos, vecinos, o entre jefe y subalterno. Puede parecer muy natural, casi irresistible y “¡muy correcto!”

Es muy importante conocer nuestra vulnerabilidad y ser preventivos.

Algunos factores que estimulan la atracción y aceleran la química del cuerpo:

La fragancia del cuerpo
La apariencia física
Una persona muy sociable
Una persona intelectual
Una persona atenta
Una situación de dolor y alguien que consuela
La exposición a la pornografía

Escuchemos las señales de alerta que indican peligro, y aunque no ha ocurrido nada malo aún, huyamos mientras aun hay tiempo, busquemos ayuda y hablemos con nuestro cónyuge.

¿Cómo proteger nuestro hogar de la infidelidad?

Reconociendo cuándo nuestra vulnerabilidad se encuentra amenazada por la atracción. Por ejemplo, queremos ver a alguien que nos agrada mucho, recibir y hacer llamadas frecuentes, sentimos que nos hace falta ver y hablar con esa persona. La atracción lleva a la cercanía, la cercanía a la confianza, la confianza a la fantasía y ésta despierta deseos incontrolables y los deseos llevan a la consumación y la consumación al lamento, a la pérdida y al desequilibrio emocional.
Si nosotros mismos, o nuestros amigos perciben comportamientos inadecuados de parte de alguna persona, o perciben una situación que podría llevarnos a ser infiel, no desestimemos estas advertencias y tomemos medidas inmediatas.
Tengamos amigos que protejan nuestro matrimonio. Atendamos consejos y recomendaciones.
Con nuestra pareja, persigamos intereses comunes, cultivemos sueños familiares y mantengamos proyectos juntos.
Cuidemos la privacidad de nuestro hogar.
Aprendamos a divertirnos y a jugar juntos.
Seleccionemos bien nuestros amigos. Si estos nos estimulan a la deslealtad, mejor alejémonos.
No frecuentemos lugares que estimulan la lujuria.
Recordemos que la novedad excita y oculta las imperfecciones. La atracción estimula la ilusión y la ilusión oculta la realidad.
Cultivemos una buena, franca y profunda comunicación con nuestro cónyuge.
Debemos ser conscientes de que nuestros sueños y planes pueden obstaculizarse y verse truncados por una aventura.
Hagamos conciencia de que todo lo oculto saldrá a la luz tarde o temprano.
Resolvamos conflictos, desilusiones y no acumulemos resentimientos. Ninguno de éstos es excusa.
Renovemos continuamente nuestro pacto de fidelidad, lealtad, respeto, amor, confianza y comunicación.
Procuremos una vida sexual satisfactoria con nuestro cónyuge.
Todos deseamos intimidad; revelar nuestros sentimientos más profundos, sentirnos comprendidos, amados, aceptados, cuidados y respetados. Intimidad es más que sexo. Es la capacidad de tener una relación auténtica y llena de respeto mutuo. La intimidad se inicia en un encuentro emocional y se extiende a lo físico. Tengamos verdadera intimidad con nuestro cónyuge.
No hay matrimonio que no tenga dificultades. Por lo tanto, pareciera que todos tenemos una excusa para ser infieles. Es importante recordar que ningún cónyuge puede satisfacer todas las necesidades de su pareja. La fidelidad es una decisión unilateral. Una decisión que solo nosotros mismos, en forma personal, podemos tomar.

Valoremos lo que tanto nos ha costado. Seamos conscientes de que construir un hogar no es cosa fácil. Hagamos una lista de lo que más amamos de nuestra familia, de cuánto nos ha costado y de lo que perderíamos si fuésemos infieles. Tomemos una decisión inteligente.

Si hemos cometido un error, no tengamos temor en restaurar nuestra relación matrimonial. Todo se inicia con una palabra valiente; “perdón me equivoqué, volvamos a intentarlo.” Vale la pena ser fiel.

fuente:enfoquealafamilia.com

¿Es plena la unidad y la relación sexual en el matrimonio?


Blanca Mijares

El encuentro personal en el matrimonio permite trenzar las posibilidades de la propia vida con las de otra persona a la que se le ama, se le considera valiosa y se desea hacer feliz; a la vez que, permite experimentar todo cuanto suceda en la interrelación entre ambos durante el proceso de desarrollo biográfico compartido y continuo que desean tener. Es dar y recibir, es descubrir y mostrar, es don y acogida de todo lo que somos y seremos. Por lo tanto, el encuentro personal será tanto más elevado y fecundo cuánto más ricas y maduras sean las personas involucradas y más dispuestas estén a comprometerse entre sí.

El encuentro personal es un acontecimiento relacional, que nace de la propia naturaleza social del hombre y que se manifiesta en la interacción activa de los esposos. El encuentro personal no se da automáticamente, como fruto de la mera vecindad. Debe ser creado esforzadamente, mediante el cumplimiento de ciertas exigencias ineludibles: diálogo sincero y continuo, equilibrio entre la fusión y el alejamiento, generosidad, apertura de espíritu, respeto, ayuda, confianza, agradecimiento, paciencia, admiración, sobrecogimiento, comprensión, simpatía, amabilidad, cordialidad, fidelidad, alegría, ternura, lealtad, mutuas, etc. etc. etc. Es decir, que sólo podrán ser capaces de relacionarse así quienes actúen con madurez.

No es lo mismo relacionarse con un objeto que con un ámbito personal, porque los objetos se yuxtaponen o chocan entre sí, en cambio, los ámbitos personales pueden trenzarse, relacionarse y enriquecerse mutuamente hasta profundidades inimaginables, hasta niveles de unidad que sólo los seres espirituales logran.

Por lo tanto, el encuentro personal implica intercambiar posibilidades, y posibilidades sólo puede ofrecerlas y recibirlas un hombre o una mujer que sea capaz de descubrirse como un ser corpóreo-espiritual y que pueda vivir al mismo tiempo en varios niveles de realidad. Un ejemplo sería, cuando dos esposos se saludan tras una jornada de separación; al saludar, el esposo vive, experimenta, varios niveles de la realidad: el físico, el fisiológico, el psíquico, el afectivo-espiritual, el simbólico, el sociológico, el cultural… etc. y la esposa, que recibe el saludo puede contestar viviendo los mismos niveles y contestando en el mismo sentido, provocando un ámbito de relación mucho más profundo y rico en significados y posibilidades que el que nos ofrecen las simples cosas.

Por eso, para fundar un modo de unidad elevado es necesario ensamblar modos de realidad diversos y complementarios: varón y mujer como entidades corpóreo-espirituales pueden unirse intensamente gracias a esa doble condición sexual que ofrece posibilidades de crear formas únicas, estéticas y creativas de relacionarse. El matrimonio por ensamblar en sí diversos modos de realidad tiene el poder de manifestarse como dotado de posibilidades riquísimas. Esa manifestación resulta muy atractiva para quien desea casarse, ya que invita a establecer una relación de entrelazamiento de los cónyuges entre sí y de sus posibilidades, que se estiman valiosas y bellas.

Siempre que un cónyuge se trenza, es decir, que se une de forma biográfica y comprometida con el otro, es porque ha visto en el matrimonio una oferta de posibilidades para actuar con sentido y de forma coherente con su naturaleza: para amarse mutuamente, para ayudarse, para formar una familia, para emprender un proyecto biográfico compartido. Cuando este contenido se pierde de vista, el matrimonio se convierte en una institución que no ofrece nada y en consecuencia, muchos jóvenes deciden no casarse o temen hacerlo, porque están confundidos y desconocen la riqueza y posibilidades del amor conyugal y del matrimonio.

Si se reduce la relación matrimonial al uso sexual del otro, se desvirtúa, se le roba el valor que encierra; además se trata de forma denigrante al otro como ámbito personal al usarlo como objeto para unos fines, y quien actúa de este modo egoísta no actúa de acuerdo a su dignidad y debido a su comportamiento empobrece su desarrollo personal y bloquea su propia felicidad. De esta forma, se instrumentaliza al matrimonio y a la persona para fines personales; por lo tanto, el matrimonio, quien instrumentaliza y quien es usado, pierden toda su capacidad de ofrecer y recibir las riquezas que les son propias y pueden aportar como ámbitos de interacción vital. La persona egoísta se empobrece, se esclaviza al compromiso de libertad sin sentido que tiene consigo mismo y de su autocomplacencia que lo acorralan en una triste soledad.

Muchas veces constatamos cómo alguien elije casarse teniendo una concepción deteriorada de la persona, reduccionista, que considera al ser humano como objeto, o al matrimonio como forma de institucionalizar el placer o el deseo, a ese ser humano se le podrá tocar externamente, pero nunca será posible adentrarse en su mundo interior y potenciar las posibilidades de la interrelación personal y por lo tanto, su matrimonio tarde o temprano fracasará.

Sólo pueden relacionarse a profundidad las personas que se consideran ámbitos de riqueza y posibilidades, dueñas de sí mismas, con sentido en la vida, con ilusión de vivir, con una vida interior rica y profunda, con vida personal plena y libre, con capacidad de amar generosa e incondicionalmente, de comprometerse y de comunicarse con el otro. Cualidades que facilitan la formación de una común uniidad de vida y amor. Esto es así porque, casarse no significa tenerse como objetos para hallarse en vecindad, yuxtaponerse, chocar, dominarse o manejarse.

Casarse significa entrelazarse íntima y fuertemente con la otra persona para crear una nueva realidad, cuya belleza y perfección dependerá de la acción activa, generosa, delicada, intencionada, libre y amorosa de los cónyuges. Es mucho más que estar presente, es una aventura, un reto a la creatividad para poder intercambiar el mayor y más bello números de posibilidades, para crear una trenza muy hermosa y bien hecha, sin desbalances o chipotes. Por lo tanto, implica saber claramente para qué se casa uno, qué significa ser persona, qué cualidades y defectos poseen ambos y de este modo poder elegir el matrimonio libremente y realizarlo de la mejor forma posible, a través del esfuerzo amoroso, comprometido, generoso y continuado de ambos.

Así como con la simple sonrisa, nos sale al encuentro toda la persona del amigo y puede darse un entrelazamiento incipiente de ambos como ámbitos personales, el encuentro corporal entre los cónyuges es un fenómeno dual típico de las realidades expresivas porque integra en sí dos modos distintos de realidad: la relación sexual -que no se reduce a una unión de cuerpos, aunque la implique- y sobre todo, la presencia de toda la persona del que ama. Quien ama es la persona entera, no el cuerpo solamente, la persona no pude separar lo que es. En la unidad corporal matrimonial los esposos se revelan toda su persona, la unidad que son y todo el amor que se tienen. Los esposos son capaces de verse con amor en cuerpo y alma, y descubrir hasta lo más íntimo de su ser. En el matrimonio dos planos de realidad distintos (material y espiritual) logran su máxima integración potenciándose mutuamente. El punto de máxima expresión de ese fenómeno impresionante que llamamos unidad de dos, ser una misma carne, se realiza en ese momento. Es un encuentro que expresa de forma sublime la capacidad unitiva del ser humano. Los animales nunca podrán amarse de esa forma, que ve a los ojos y descubre al ser humano en su totalidad y en su grandeza. Cuando varón y mujer se encuentran íntimamente; la corporalidad expresa la interioridad, el lugar donde solo podemos estar con nosotros mismos y con Dios, es cuando nos instalamos en el otro y estamos con el otro como cuando estamos solo con nosotros mismos. Es experimentar lo infinito del amor en un segundo, es realizar la plenitud del amor que nos es propia y de la que somos capaces los seres humanos. Es amor que nos proyecta a la eternidad y nos da fuerza y sentido para afrontar el presente. Es el orgasmo pleno y verdaderamente humano, aquel que es conforme a su naturaleza espiritual y corporal.

fuente:encuentra.com

5 Retos de los matrimonios del siglo XXI

5 Retos de los matrimonios del siglo XXI

Si bien en la relación conyugal se presentan dificultades que no están determinadas por la época y serán las mismas a pesar del tiempo, es evidente que en nuestros días existen más desafíos que en los tiempos pasados. En palabras de la experta Jutta Burggraf: “El matrimonio no es anacrónico en absoluto. Pero es un reto -hoy más que nunca- mantenerse unidos uno al otro”; ¿por qué? es lo que se analiza a continuación.

El siglo XXI ha triado consigo una serie de cambios –sociales, políticos, educativos, científicos, tecnológicos…- algunos de ellos favorables, como otros que han hecho mella en la institución matrimonial y por consiguiente en la familia. Por tanto, se convierte en una necesidad básica que los esposos construyan bases sólidas además de decisiones fehacientes, las cuales deberán permanecer firmes pese a las influencias negativas ofrecidas en el ambiente circundante. He aquí una descripción a nuestro modo de ver, de los cinco retos principales que deben enfrentar los matrimonios de estos tiempos:

Infidelidad y sexualidad: la opinión pública, al que igual que varios medios de comunicación actuales, no protegen ni promocionan el matrimonio, incluso se podría decir que se hace propaganda a la infidelidad. Asimismo, hay que tener especial cuidado con la tergiversada sexualidad, es decir, aquella que parte de una concepción utilitarista, la cual carece de su carácter humano y afectivo-emocional, en donde el único objetivo es satisfacer los impulsos, los sentidos, la gratificación física. Cuando la sexualidad ha perdido su norte, se dan todas las condiciones para caer en la infidelidad, pues es una búsqueda de goce inmediato, que no mide las consecuencias que ello conlleva.
Relación trabajo-familia: se hace más patente en la actualidad que en las épocas pasadas, la distribución desequilibrada del tiempo a favor del trabajo y en contra de la familia. Jutta Burggraf, autora citada al comienzo, escribe en un artículo publicado en almudi.org: “Muchas veces los esposos tienen distintos campos de acción, ya sea en la familia, en la profesión fuera del hogar. No se ven durante muchas horas del día. Sin embargo, tienen contacto con otras personas, hombres y mujeres, y con ellos comparten sus intereses y planes profesionales. Cuando vuelven cansados a casa, ya no tienen fuerzas para dialogar o hacer planes y esto genera una distancia entre los esposos.”

No obstante, también hay que reconocer que es un problema de parte y parte, pues falta conciencia de ciertas empresas para propiciar horarios justos y flexibles, como también es preciso que los trabajadores aprendan a delimitar los espacios y reclamen respeto hacia sus prioridades familiares.

El manejo de las nuevas tecnologías: existe una frase coloquial de autoría desconocida que expresa: “la tecnología es aquello que acerca a los desconocidos y aleja a los conocidos”. En la actualidad, muchos reprochan de sus cónyuges el mal uso de los dispositivos móviles, computadores, celulares, entre otros, pues pareciera que desplazan a la familia o a su propia pareja. Es un verdadero reto para los matrimonios jóvenes, establecer los límites de las nuevas posibilidades comunicativas que brindan los avances tecnológicos.
Las crisis matrimoniales y la actitud ante las dificultades: algunas corrientes modernas pretenden vender la ideal del “matrimonio desechable”, el cual promulga que ante la primera dificultad que se presenta, se acuda al divorcio como la primera opción de una supuesta solución. La intolerancia e incapacidad para afrontar las crisis naturales de toda relación, ha hecho que el matrimonio pierda su seriedad, compromiso, responsabilidad y respeto frente a una institución sagrada.
La mujer ayer y hoy: no es para nada reprochable que la mujer haya alcanzado niveles tan altos en los espacios empresariales, como los hombres. No obstante, esta circunstancia propia de los últimos años, ha hecho que el concepto de liberación femenina se haya ido por otros caminos; como resultado: hogares desprovistos de una esposa y madre, quien se ocupa mayoritariamente en conquistar los terrenos laborales.

La reflexión anterior puede tener algo de certeza, pero si de allí no se pasa a la acción, entonces no habremos logrado nada. Vale la pena que los cónyuges le echen un vistazo a estos cinco retos y emprendan un plan con tareas concretas para evitar naufragar en estas circunstancias.

Fuentes: sontushijos.org; almudi.org; libro “Mujer y hombre frente a los nuevos desafíos de la vida en común” de Jutta Burggraf, Ediciones Universidad de Navarra – España 1999.

* Jutta Burggraf, Doctora en Pedagogía, Doctora en Teología y profesora de Teología dogmática y Ecumenismo en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Fuente:lafamilia.info

Realización personal y fidelidad

Este es un binomio difícil de relacionar. La relación matrimonial ha cambiado mucho en los últimos tiempos. Se ha hecho más personal; la objetividad de la institución ha cedido terreno a favor de la subjetividad. La relación de pareja es una forma de realización personal. Pero tiene su lógica propia. De ahí su dificultad. ¿Cómo ser fiel al cónyuge siendo fiel a mi mismo? ¿Cómo unificar estas dos fidelidades que son, de suyo, distintas pero inseparables? Podemos describir tres clases de fidelidad, de consistencia y valor desigual:

Fidelidad resultado

La relación se mantiene con vocación de duración. Las razones por las que se mantiene, sin embargo, son prácticas. La relación da buenos resultados; compensa el esfuerzo. En la contabilidad del haber y el debe sale ganando el haber. Las dos personas encajan bien; se adaptan las psicologías; se distribuyen los roles de forma más o menos armónica de suerte que su funcionamiento no chirríe demasiado.

A la base está una fidelidad condicionada. Sigo contigo a condición de que me hagas feliz. Sigo contigo si respondes a lo que yo espero de ti, si me gratificas sexualmente, si tenemos hijos.

Estas condiciones, explícitas o implícitas, son límites que se ponen a la fidelidad y al compromiso de amor. En consecuencia, de hecho el amor conyugal es como un contrato, es decir, una conjunción de intereses. Prevalece la racionalidad. Desde el principio se cuenta ya con las condiciones de disolución del contrato.

Fidelidad fusión

Como la yedra pegada a la pared; como la media naranja que se une a la otra media. Cada uno pierde su identidad para construir una tercera. Como en el mito de los andróginos según Platón en el Banquete. Puede lograrse esta tipo de fidelidad en la medida en que renuncia cada uno a su personalidad voluntariamente. Puede lograrse en cuanto que una persona anula a la otra, la hace del todo dependiente. La fidelidad sería sumisión.

Es evidente que esta no es la fidelidad que se propone y se pide en la vida conyugal. Un matrimonio así puede durar toda la vida. Pero es todo, menos un matrimonio propiamente tal de personas adultas.

Fidelidad promesa

La fidelidad se hace palabra de promesa. Es la palabra dada y comprometida la que articula el tiempo, la que confiere porvenir a la relación. La palabra dado es una referencia que da solidad. Se mantiene la palabra dada, y la palabra dada mantiene la relación. Ser fiel es una decisión de la voluntad: es querer ser fiel. Pero requiere especiales y habilidades y destrezas en esta sociedad apresurada. No se produce automáticamente ni la realización personal y la fidelidad. Es especialmente difícil si cada uno tiene una fuerte dosis de narcisismo.

La fidelidad prometida y comprometida en el matrimonio tiende a ser incondicional; es una verdadera alianza de amor recíproco. Implica riesgo, quemar las naves; sacrificar otras posibilidades de futuro. La relación afecta a la propia identidad: uno llega a ser casado, y tal vez padre. Casarse es entrar a formar parte en la historia de otra persona y dejarle que entre en el mía. Unimos lo que tenemos. Y lo que somos. Construimos una historia de diálogo y comunicación. Así se logra escribir una historia común con dos colores distintos. Este tipo de fidelidad creciente logra conyugar la realización personal y el amor al cónyuge. No son dos dinamismos distintos. Lo que más satisface a cada uno es ver al otro contento y feliz. Hacerte feliz me hace feliz.

Matrimonios que luchan por ello son una buena noticia para todos.

Publicado el Lunes 23 de Febrero del 2009 – Matrimonio, Buena Noticia

Fuente: bpf.laiconet.es

El valor de la fidelidad matrimonial

 

La fidelidad conyugal es un valor que se halla actualmente cuestionado. Entre las múltiples causas de tal fenómeno, deben subrayarse diversos malentendidos

 

  

D. Alfonso López Quintás, catedrático emérito de filosofía en la Universidad Complutense (Madrid) y miembro de la Real Academia Española de Ciencias Morales y Políticas, ha resaltado en varias de sus obras el carácter creativo de la fidelidad. Queremos rogarle que clarifique un poco la idea de fidelidad, que juega un papel decisivo en nuestra vida de interrelación.

 

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-¿Es la fidelidad actualmente un valor en crisis? ¿A qué se debe el declive actual de la actitud fiel?       

 

-A juzgar por el número de separaciones matrimoniales que se producen, la fidelidad conyugal es un valor que se halla actualmente cuestionado. Entre las múltiples causas de tal fenómeno, deben subrayarse diversos malentendidos. 

Se confunde, a menudo, la fidelidad y el aguante.

 

Aguantar significa resistir el peso de una carga, y es condición propia de muros y columnas. La fidelidad supone algo mucho más elevado: crear en cada momento de la vida lo que uno, un día, prometió crear. Para cumplir la promesa de crear un hogar con una persona, se requiere soberanía de espíritu, capacidad de ser fiel a lo prometido aunque cambien las circunstancias y los sentimientos que uno pueda tener en una situación determinada.

 

Para una persona fiel, lo importante no es cambiar, sino realizar en la vida el ideal de la unidad en virtud del cual decidió casarse con una persona. Pero hoy se glorifica el cambio, término que adquirió últimamente condición de “talismán”: parece albergar tal riqueza que nadie osa ponerlo en tela de juicio. Frente a esta glorificación del cambio, debemos grabar a fuego en la mente que la fidelidad es una actitud creativa y presenta, por ello, una alta excelencia.       

 

Si uno adopta una actitud hedonista y vive para acumular sensaciones placenteras, debe cambiar incesantemente para mantener cierto nivel de excitación, ya que la sensibilidad se embota gradualmente.        

 

Esta actitud lleva a confundir el amor personal -que pide de por sí estabilidad y firmeza- con la mera pasión, que presenta una condición efímera.       

De ahí el temor a comprometerse de por vida, pues tal compromiso impide el cambio. Se olvida que, al hablar de un matrimonio indisoluble, se alude ante todo a la calidad de la unión. El matrimonio que es auténtico perdura por su interna calidad y valor. La fidelidad es nutrida por el amor a lo valioso, a la riqueza interna de la unidad conyugal. Obligarse a dicho valor significa renunciar en parte a la libertad de maniobra -libertad de decisión arbitraria- a fin de promover la auténtica libertad humana, que es la libertad para ser creativo.

 

La psicóloga norteamericana Maggie Gallagher indica, en su libro Enemies of Eros, que millones de jóvenes compatriotas rehúyen casarse por pensar que no hay garantía alguna de que el amor perdure. Dentro de los reducidos límites de seguridad que admite la vida humana, podemos decir que el amor tiene altas probabilidades de perdurar si presenta la debida calidad. El buen paño perdura. El amor que no se reduce a mera pasión o mera apetencia, antes implica la fundación constante de un auténtico estado de encuentro, supera, en buena medida, los riesgos de ruptura provocados por los vaivenes del sentimiento.

 

-Si la fidelidad se halla por encima del afán hedonista de acumular gratificaciones, ¿qué secreto impulso nos lleva a ser fieles?       

 

-La fidelidad, bien entendida, brota del amor a lo valioso, lo que se hace valer por su interna riqueza y se nos aparece como fiable, como algo en lo que tenemos fe y a lo que nos podemos confiar. Recordemos que las palabras fiable, fe, confiar en alguien, confiarse a alguien… están emparentadas entre sí, por derivarse de una misma raíz latina: fid.

 

El que descubre el elevado valor del amor conyugal, visto en toda su riqueza, cobra confianza en él, adivina que puede apostar fuerte por él, poner la vida a esa carta y prometer a otra persona crear una vida de hogar. Prometer llevar a cabo este tipo de actividad es una acción tan excelsa que parece en principio insensata. Prometo hoy para cumplir en días y años sucesivos, incluso cuando mis sentimientos sean distintos de los que hoy me inspiran tal promesa.

 

Prometer crear un hogar en todas las circunstancias, favorables o adversas, implica elevación de espíritu, capacidad de asumir las riendas de la propia vida y estar dispuestos a regirla no por sentimientos cambiantes sino por el valor de la unidad, que consideramos supremo en nuestra vida y ejerce para nosotros la función de ideal.        

 

 -Según lo dicho, no parece tener sentido confundir la fidelidad con la intransigencia…       

 

-Ciertamente. El que es fiel a una promesa no debe ser considerado como terco, sino como tenaz, es decir, perseverante en la vinculación a lo valioso, lo que nos ofrece posibilidades para vivir plenamente, creando relaciones relevantes. Ser fiel no significa sólo mantener una relación a lo largo del tiempo, pues no es únicamente cuestión de tiempo sino de calidad. Lo decisivo en la fidelidad no es conseguir que un amor se alargue indefinidamente, sino que sea auténtico ,merced a su valor interno.        

 

Por eso la actitud de fidelidad se nutre de la admiración ante lo valioso. El que malentiende el amor conyugal, que es generoso y oblativo, y lo confunde con una atracción interesada no recibe la fuerza que nos otorga lo valioso y no es capaz de mantenerse por encima de las oscilaciones y avatares del sentimiento. Será esclavo de los apetitos que lo acucian en cada momento. No tendrá la libertad interior necesaria para ser auténticamente fiel, es decir, creativo, capaz de cumplir la promesa de crear en todo instante una relación estable de encuentro.        

 

Así entendida, la fidelidad nos otorga identidad personal, energía interior, autoestima, dignidad, honorabilidad, armonía y, por tanto, belleza.

  

 -En Iberoamérica y en España parece concederse todavía bastante importancia a la fidelidad conyugal. ¿Cómo se conjuga esto con la crisis del valor de la fidelidad?       

 

-En estos países todavía se conserva en alguna medida la concepción del matrimonio como un tipo de unidad valiosa que debe crearse incesantemente entre los cónyuges. De ahí el sentimiento de frustración que produce la deslealtad de uno de ellos. Esto no impide que muchas personas se dejen arrastrar por el prestigio del término cambio, utilizado profusamente de forma manipuladora en el momento actual.

 

-¿Puede decirse que lo que está en crisis actualmente son las instituciones a las que se debiera tener fidelidad?       

  

 -Exige menos esfuerzo entender el matrimonio como una forma de unión que podemos disolver en un momento determinado que como un modo de unidad que merece un respeto incondicional por parte de los mismos que han contribuido a crearla. Este tipo de realidades pertenecen a un nivel de realidad muy superior al de los objetos. Hoy día vivimos en una sociedad utilitarista, afanosa de dominar y poseer, y tendemos a pensar que podemos disponer arbitrariamente de todos los seres que tratamos, como si fueran meros objetos.

 

Esta actitud nos impide dar a los distintos aspectos de nuestra vida el valor que les corresponde. Nos hallamos ante un proceso de empobrecimiento alarmante de nuestra existencia.       

Por eso urge realizar una labor de análisis serio de los modos de realidad que, debido a su alto rango, no deben ser objeto de posesión y dominio sino de participación, que es una actividad creadora.

 

Participar en el reparto de una tarta podemos hacerlo con una actitud pasiva. Estamos en el nivel 1 de conducta. Participar en la interpretación de una obra musical compromete nuestra capacidad creativa. Este compromiso activo se da en el nivel 2. Para ser fieles a una persona o a una institución, debemos participar activamente en su vida, crear con ella una relación fecunda de encuentro -nivel 2-.

 

Esta participación nos permite descubrir su riqueza interior y comprender, así, que nuestra vida se enriquece cuando nos encontramos con tales realidades y se empobrece cuando queremos dominarlas y servirnos de ellas, rebajándolas a condición de medios para un fin.       

 

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-09-19

Aprender a ceder es el secreto para celebrar las bodas de oro

Lograr una relación fuerte requiere de un esfuerzo mutuo

 

  

Después de 54 años juntos, siete hijos y 31 nietos, Javier Cox y Mónica Irarrázaval se siguen queriendo.
Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-11-14

El Mercurio, Chile, 2008

 

 

Él incluso le dedica poemas y, al igual que siempre, todos los días, sin falta, almuerzan juntos. “Cosas así ayudan a mantener bien el matrimonio”, explica Javier. “Nunca dejé de venir, mi trabajo también es ella”, agrega este médico jubilado.ejemplo de getimagesize()

Hasta hace un tiempo salían a pasear en bicicleta juntos, aunque ahora, luego de una lesión que tuvo Javier, tuvieron que conformarse con una hora de caminata diaria.

“Lo que nos molesta lo decimos cuando salimos a caminar”, confiesa Mónica.

Es que no por haber celebrado unas felices bodas de oro significa que no se enojen de vez en cuando. “Igual que todas las parejas nos ponemos de malas, pero nos arreglamos y a veces esas reconciliaciones son muy enriquecedoras. Es el juego de ceder”, dice Javier.

Trabajo de dos

¿Pero cuáles pueden ser las peleas de una pareja que se conoce entre sí todas las mañas y debilidades? “Cosas chicas, como qué programa ver en televisión. A él le gusta el fútbol y a mí me carga. También se molesta porque dice que hablo mucho por teléfono con la familia. Pero yo encuentro que es la única forma de mantener el contacto entre todos”, dice ella, entre sonrisas dirigidas a su marido.

Sin embargo, nunca son malos ratos duraderos, y por eso van a casi todas partes juntos. “Incluso cuando la gente del edificio me ve solo me pregunta dónde está mi señora”, asegura Javier.

Claro que no todos piensan igual que los Cox- Irarrázaval. Para Rebeca Izquierdo la clave de un matrimonio a largo plazo está en ceder, pero también en mantener espacios para cada uno. “Hay que respetar el metro cuadrado de la otra parte. Esas parejas que hacen todo juntos, a la larga no resulta porque son dos personas distintas, con gustos diferentes”.

Por eso es clara: “Si uno de nosotros quiere ir al biógrafo y el otro no, va el que quiere ir y se acabó”. Pero eso no es motivo, dicen tanto Rebeca como Enrique Undurraga, su marido por 55 años, para no saber en qué está su pareja. “Nos contamos las cosas, es importante saber comunicarse y siempre sabemos en dónde está el otro”.

Además, reconocen que lograr una relación fuerte requiere de un esfuerzo mutuo: “No es fácil llegar a estar 55 años con alguien”, dicen casi a coro.

La paciencia, aseguran, es una virtud necesaria, aunque según Enrique “todo es más fácil ahora que conocemos mejor al otro. Lo más complicado es al comienzo”.

“A estas alturas uno ya sabe lo que le molesta a la otra persona. Ya le conoce todas las fallitas, pero también todas las cualidades, y eso es esencial”, comenta Lina Ferrari, con la experiencia de quien lleva 53 años de matrimonio.

“Ahora que no están los hijos, nos sentimos solos a veces, pero sabemos que tenemos que cuidarnos entre los dos. Y mi marido me trae desayuno a la cama, me sigue regaloneando. Eso es lindo, incluso 53 años después”.

Cinco décadas y mucho másWilly Schütte (103) y Felicia Sanhueza (92), la pareja de corredores que se volvió famosa luego de participar en la última maratón de Santiago, tiene otro récord: llevan 71 años juntos.

Ellos aseguran que ni la exposición mediática a la que se han sometido en los últimos días, ni ningún otro motivo los va a hacer cambiar el amor que se tienen y, menos, su forma de expresarlo: “Siempre somos cariñosos entre nosotros. No sé cómo a las personas les extraña eso. No es ficticio, siempre le he dicho ‘mi amor’ y le doy besitos”, dice Felicia. Y es para creerle. Mal que mal, los 10 kilómetros que caminaron hace dos domingos los hicieron tomados de la mano.

“Sigo enamorado, igual que antes -agrega Willy-, ¿por qué va a ser difícil llevar tantos años con alguien como ella?”, se pregunta.

Felicia, eso sí, confiesa que uno de sus grandes temores, después de casi tres cuartos de siglo juntos, es la separación. “Me da miedo que uno quede solo. Por eso al rezar le pido a Dios que cuando nos vayamos lo hagamos juntos, o lo más cerca posible”.

¿Cómo hacer que tu noviazgo dure?

Las parejas modernas están fundadas sobre el enamoramiento, la atracción de dos que lo que más les gusta es estar juntos. La persona que amas es la única que deseas en el mundo y tú eres la única persona en el mundo que ella desea, los enamorados son por eso espontáneamente fieles. Al menos al principio.
Para que el amor perdure en el tiempo se requiere de la intervención de la voluntad. Los enamorados forjan entre ellos una especie de “compromiso de fidelidad” que les liga, aunque no se diga expresamente, se sobreentiende que por este compromiso dejarán de buscar a otros y cuidarán las ocasiones para no enamorarse de nadie más. Por lo tanto la fidelidad tiene dos caras: una espontánea, fundada sobre el deseo y otra de compromiso, fundada sobre la voluntad.
La fidelidad es un deber que se debe practicar. Ser fiel es respetar a los demás, no serlo es ser corrupto o deshonesto. No se trata de algo insignificante, esto define a la persona: como una persona de bien o como una persona “corrompida” o “dañada”. Así entendida, la fidelidad nos otorga identidad personal, energía interior, autoestima, dignidad, honorabilidad, armonía y, por tanto, belleza.
Una relación de noviazgo se debe cuidar. Y lo mejor es fundarla sobre bases comunes, que permitan que la relación dure en el tiempo y que los dos tengan un maravillo recuerdo el uno del otro y no terminen peleados o como enemigos.
Te recomendamos ocho temas que tienen como fin prevenir la infidelidad y proteger la relación de enamorados, háblalos con tu pareja y que sea un compromiso desde el inicio:

1.Saber Elegir: Si no está tu pareja evita pasar tiempo innecesario con alguien de tu sexo opuesto, en especial si es a solas. Por ejemplo, si buscas un entrenador personal en el gimnasio, o alguien para estudiar un examen es mejor elegir a alguien de tu mismo sexo.

2.Comparte Sabiamente: Si un día te das cuenta que está compartiendo con alguien secretos e intimidades tuyos o de tu pareja que no has compartido antes o que no lo haría, eso es una señal de alerta. Un lío emocional con alguien, también puede hacer mucho daño a la relación.

3.Deja el sexo para el matrimonio: Muchas veces las cosas van bien, pero el sexo termina por volver la relación demasiado física y los encuentros con tu pareja cambian de valoración. Es mucho más fácil que terminen rompiendo.

4.Conoce a fondo a tu pareja: ¿Como piensa? ¿Qué le gusta? ¿Qué es lo que más le atrae de ti? No pienses en los fallos, ni te centres solo en defectos o reproches, es fácil que cualquier otra persona pueda parecerte mejor y te atraiga si sólo vez lo negativo de tu pareja. Hablen con claridad y dile no a las críticas.

5.Haz planes interesantes: es importante tener un poco de creatividad. Ocasiones para conocerse más y crecer como personas. Muchas parejas no alcanzan la intimidad durante el no-viazgo. Están demasiado ocupadas besándose y abrazándose cuando tendrían que estar hablando de los profundos sentimientos de sus corazones.

6.No ahogues la relación: no se llamen a toda hora y no pasen todo el tiempo juntos. Es importante que tengan tiempos privados para crecer. Si no dejas ese espacio te terminarás hartando o aburrirás a tu pareja. Coordinen para no llamarse ni escribirse ni verse uno o varios días cada semana.

A primera vista podría parecer que la fidelidad así vivida, no es amor y que la lealtad se convierte en pura obligación. Pero nada más falso. Las personas que respetan su compromiso de fidelidad son las que han dado importancia a la lealtad espontánea que brota de un amor apasionado. Se han enamorado y quieren amar de verdad, para eso están dispuestas hacer otros pequeños sacrificios, que no se presentan como obstáculos insuperables sino como una necesidad de cuidar lo más valioso que tienen.

Permanecer fiel al amor es un compromiso, no una renuncia. Son los que viven así los que logran que su amor no se pierda, los que incrementan ese amor, los que se quieren más cada día más. Han pasado del simple enamoramiento al amor estable y sereno que es el ideal que todo hombre, que toda mujer buscan en su vida.

AUTOR: Daniel Vallmer (daniel@valoralamor.com)
FUENTE: www.valoralamor.com