Un acompañamiento lleno de vida

Hace poquito pude comprobar cómo el tiempo y el esfuerzo merecen la pena. Así fue cuando vimos a María, una preciosa niña que ha traído gran esperanza para sus padres y su hermano.

Su madre hace casi un año se planteo la posibilidad de abortar, ya que era fruto de algo que no estaba programado o preparado como lo fue su primer embarazo. Lo que si fue importante es que desde un principio confió en los profesionales que la atendíamos, y que su marido la quería y apoyaba para que esa vida siguiera hacia delante.

Simplemente lo que valió para este caso es la escucha activa, el soltar en la terapia las preocupaciones, el replantearse una historia de su propia vida.

Quizás todos podamos hacer esta labor con los que nos rodean y no nos damos cuenta en muchos casos. ¡Hoy por hoy hay una familia más feliz y eso merece la pena!

 

Os dejamos con una palabras de Khalil Gibran, sobre los hijos

 

Vuestros hijos no son vuestros hijos.

Ellos son los hijos y las hijas de la Vida que trata de llenarse a si misma
Ellos vienen a través de vosotros pero no de vosotros.
Y aunque ellos están con vosotros no os pertenecen.

Les podeís dar vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podeís dar habitáculo a sus cuerpos pero no a sus almas,
Pues sus almas habitan en la casa del mañana, la cual no ser puede visitar, ni tan siquiera en los sueños.
Podeís anhelar ser como ellos, pero no lucheís para hacerlos como sois vosotros.
Porque la vida no maarcha hacia atrás y no se mueve con el ayer.

Vosotros sois los arcos con los que vuestros hijos, como flechas vivientes son lanzados a la Vida.
El Gran Arquero ve la diana en el camino del infinito, y la dobla con su poder y sus flechas pueden ir rápidas y lejos.
Haced que la forma en que dobleís el arco en vuestra manos sea para alegría.
El también, además a amar la flecha que vuela, ama el arco que es estable.

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Lecciones para los hijos sobre el manejo del dinero

En una sociedad donde el dinero es adorado por muchos y además es símbolo de poder, éxito y “felicidad”, resulta importante enseñarles a los hijos a tomar conciencia del consumismo que les rodea y desarrollar en ellos el criterio para tomar sus propias decisiones.

La enseñanza que se les debe ofrecer a los hijos en relación al dinero, no es sólo darles a entender en qué y cómo gastarlo, es mucho más que eso. Comprende aspectos tan determinantes como es la capacidad de razonamiento, la actitud frente a las dificultades financieras, el desarrollo del autocontrol, la cordura que exigen ciertas situaciones, la recursividad e imaginación para la búsqueda de soluciones, la valoración del esfuerzo, la responsabilidad, la honestidad, la ética en el trabajo, etc. los cuales únicamente se aprenden en la familia, de ahí su urgencia y relevancia.

Justamente las siguientes enseñanzas pretenden brindar a los padres lineamientos para lograr que los hijos interioricen los anteriores conceptos, que sin duda estarán en juego por el resto de sus vidas.

El dinero es un medio para obtener ciertas cosas, no un fin. Quiere decir que el dinero no es un pretexto para pasar por encima de las personas o de los principios personales, sino que es la vía para lograr metas que signifiquen beneficios propios y para los demás.

El dinero no es malo, lo malo es el deseo posesivo y desenfrenado hacia él. Cuando una persona basa todos sus esfuerzos y felicidad alrededor de éste, su vida se torna pobre y vacía.

Se debe ser poseedor de dinero, en lugar de ser poseído por él. El hombre es dueño de sus actuaciones y de su riqueza, pero no debe ser esclavo de ella.

Dinero no es igual a felicidad, con el dinero se adquieren bienes u otros beneficios, pero nunca podrá comprar la verdadera y única felicidad, como son los momentos que se viven en familia o el hecho de gozar de una salud próspera.

El dinero requiere esfuerzo, se trabaja para lograrlo y se aprende a administrarlo. En este punto concreto, es donde los papás deben adjudicarles a los hijos, pequeños encargos acordes a su edad. De esta manera vivirán en carne propia el valor del esfuerzo y apreciarán el trabajo que realizan los padres para poder brindarles su educación, recreación, vivienda, alimentación, vestido, entre otros.

Ahorrar es una necesidad y así se les debe enseñar desde que los hijos están pequeños. Una persona que desde tempranas edades ha sido acostumbrada a reservar parte de sus ingresos (así sea la mesada) para el ahorro, es más probable que cuando sea adulto tenga autocontrol y piense con cabeza fría antes de hacer un gasto.

Compartir con otros. Algunas veces el ser humano necesita ver realidades opuestas a la suya, para poder asimilar algunos aspectos. Por ello es conveniente que los hijos conozcan la vida de otros niños con más necesidades y así llegar a su propia conclusión de lo afortunados que son y lo mucho que pueden ayudar a otros.

Evaluar el costo-beneficio y precio-calidad. Cada que el niño pida algún juguete u otro objeto, es recomendable que se le invite a pensar si realmente lo necesita, si el valor que pagará por éste es justo o no, si le sacará provecho a largo o a corto plazo, así como a valorar otras ofertas y si la calidad es acorde al precio; claro está que se debe explicar en los términos que el niño comprenda. Esta reflexión hará que sus decisiones estén en razón a evaluar el costo más allá del simple antojo.

La regla de oro: El ejemplo. ¡Cómo iba a faltar semejante elemento! No olvidemos que los hijos tienden a repetir las conductas de sus padres, y la cuestión del dinero no es la excepción.

Fuente: lafamilia.info

Sabiduría de niño

Sexualidad humana, amor y felicidad

La elegancia del erizo

LA VIRTUD DE ESCARLATA O’HARA

Casi todos conocemos a este personaje cinematográfico, una caprichosa y bella mujer rica, que se enfrenta a la caída de su imperio sociocultural en medio de una guerra. Una mujer un tanto maquiavélica para la que el objetivo es uno y claro y los medios para obtenerlo están justificados.

La virtud de Escarlata reside en su capacidad para dejar a un lado el dolor, el miedo, la culpabilidad, sin pasar por alto que este personaje es tremendamente egocéntrico y egoísta, reitero su virtud para luchar y salir adelante, su “ya lo pensaré mañana” un tanto superficial le permite al mismo tiempo centrar toda su atención en el momento que vive, sin rumiar sus pensamientos más dolorosos, o las incertidumbres del futuro.

Su mente parece no dejar de buscar salida, eso sí, si la estrategia no ha funcionado no volverá a repetirla, algo que parece obvio y que sin embargo resulta tremendamente costoso a muchos, sobre todo porque existe cierta inconsciencia sobre el proceso de resolución, ni tan siquiera son conscientes de su fallo al repetir una y otra vez la misma estrategia equívoca.

A la pregunta ¿qué has hecho hasta ahora para solucionar tu problema?, suele seguirle un: he hecho de todo pero al examinar con detenimiento las estrategias y hasta el planteamiento del problema, es fácil observar que no se tiene claro cómo abordarlo, que se cambian las palabras para terminar haciendo siempre lo mismo, la persona se sume entonces en un mar de pensamientos negativistas y ya no ve salida. Ahora tenemos dos problemas.

Las técnicas de resolución de problemas son sencillas y eficaces si se utilizan correctamente.

Algunas personas tienen una gran capacidad para realizar estos procesos cognitivos de forma natural, mientras que otras andan siempre en conflicto incapaces de solucionar o tomar decisiones. Está claro que Escarlata O´hara no tenía esa clase de conflictos. Y, por suerte para todos, esto se aprende.

¿Qué es una técnica de resolución de problemas?

Es una técnica que sigue un proceso definido cuyo objetivo es que la persona ponga en marcha un plan para solucionar una situación-problema, y aprenda a gestionar situaciones futuras similares.

La resolución de un problema que nos genera malestar y para el que no vemos salida debe hacerse de modo que seamos conscientes en cada momento del objetivo que buscamos y de por qué actuamos de tal manera. Cuando las situaciones se complican y el resultado es importante es mejor no dejar al azar un papel relevante.

Seguir los pasos que se exponen a continuación nos será de gran ayuda:

1. Formular el problema: definirlo y desglosarlo en todas las partes susceptibles de intervención.

2. Establecer un orden de actuación que permita abordarlo paso a paso.

3. Generar alternativas de solución, todas aquellas que se nos ocurran.

4. Decidirse por una alternativa y valorar pros y contras.

5. Llevar la alternativa a la práctica.

6. Valorar resultados.

7. Si el resultado no es satisfactorio: volvemos al punto 4 y ponemos en marcha una nueva alternativa.

El mejor resultado es aquel que nos permite sentirnos a gusto con nosotros mismos y con las circunstancias que lo provocaron, aun cuando no sea el que esperábamos inicialmente.

Es importante este planteamiento porque nos hace ser consciente de que cuando tomamos una decisión fundamentada ante un dilema, es la decisión adecuada, porque es la que queremos. Aunque más tarde, repito, no obtengamos el resultado imaginado, sabemos que no hemos cometido un error, ya contábamos con esta posibilidad. Aprendemos de lo ocurrido y ponemos en marcha un nuevo argumento.

Puede que suene frío pero es de lo más práctico, sea cual sea la naturaleza del problema y sobre todo cuando nos resulta realmente complejo y su magnitud interfiere en nuestro día a día.

Si nos encontramos frente a un muro, sea cual sea su magnitud, en nuestro camino no caigamos en la cobardía o la dejadez de creer que ya no podemos avanzar, si no lo podemos derribar, puede que sí saltar, escalar, picar; solo necesitamos voluntad, convicción y no perder de vista el objetivo.

Artículo por gentileza de Cristina Carmona Botía
Psicóloga y articulista de la página www.sentirse-bien.net

Los valores y su significado

“Todo valor supone la existencia de una cosa o persona que lo posee y de un sujeto que lo aprecia o descubre, pero no es ni lo uno ni lo otro. Los valores no tienen existencia real sino adherida a los objetos que lo sostienen. Antes son meras posibilidades.” (Prieto Figueroa, 1984, p. 186).

¿Qué se entiende por “Valor”?

¿Desde qué perspectiva se aprecian los valores?

¿Cuales son sus características?

¿Cómo valora el ser humano?

¿Cómo se clasifican?

Aún cuando el tema de los valores es considerado relativamente reciente en filosofía, los valores están presentes desde los inicios de la humanidad. Para el ser humano siempre han existido cosas valiosas: el bien, la verdad, la belleza, la felicidad, la virtud. Sin embargo, el criterio para darles valor ha variado a través de los tiempos. Se puede valorar de acuerdo con criterios estéticos, esquemas sociales, costumbres, principios éticos o, en otros términos, por el costo, la utilidad, el bienestar, el placer, el prestigio.

Los valores son producto de cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Surgen con un especial significado y cambian o desaparecen en las distintas épocas. Por ejemplo, la virtud y la felicidad son valores; pero no podríamos enseñar a las personas del mundo actual a ser virtuosas según la concepción que tuvieron los griegos de la antigüedad. Es precisamente el significado social que se atribuye a los valores uno de los factores que influye para diferenciar los valores tradicionales, aquellos que guiaron a la sociedad en el pasado, generalmente referidos a costumbres culturales o principios religiosos, y los valores modernos, los que comparten las personas de la sociedad actual.

¿Qué se entiende por valor?

Este concepto abarca contenidos y significados diferentes y ha sido abordado desde diversas perspectivas y teorías. En sentido humanista, se entiende por valor lo que hace que un hombre sea tal, sin lo cual perdería la humanidad o parte de ella. El valor se refiere a una excelencia o a una perfección. Por ejemplo, se considera un valor decir la verdad y ser honesto; ser sincero en vez de ser falso; es más valioso trabajar que robar. La práctica del valor desarrolla la humanidad de la persona, mientras que el contravalor lo despoja de esa cualidad (Vásquez, 1999, p. 3). Desde un punto de vista socio-educativo, los valores son considerados referentes, pautas o abstracciones que orientan el comportamiento humano hacia la transformación social y la realización de la persona. Son guías que dan determinada orientación a la conducta y a la vida de cada individuo y de cada grupo social.

¿Desde cuáles perspectivas se aprecian los valores?

La visión subjetivista considera que los valores no son reales, no valen en sí mismos, sino que son las personas quienes les otorgan un determinado valor, dependiendo del agrado o desagrado que producen. Desde esta perspectiva, los valores son subjetivos, dependen de la impresión personal del ser humano. La escuela neokantiana afirma que el valor es, ante todo, una idea. Se diferencia lo que es valioso de lo que no lo es dependiendo de las ideas o conceptos generales que comparten las personas. Algunos autores indican que “los valores no son el producto de la razón”; no tienen su origen y su fundamento en lo que nos muestran los sentidos; por lo tanto, no son concretos, no se encuentran en el mundo sensible y objetivo. Es en el pensamiento y en la mente donde los valores se aprehenden, cobran forma y significado. La escuela fenomenológica, desde una perspectiva idealista, considera que los valores son ideales y objetivos; valen independientemente de las cosas y de las estimaciones de las personas. Así, aunque todos seamos injustos, la justicia sigue teniendo valor. En cambio, los realistas afirman que los valores son reales; valores y bienes son una misma cosa. Todos los seres tienen su propio valor. En síntesis, las diversas posturas conducen a inferir dos teorías básicas acerca de los valores dependiendo de la postura del objetivismo o del subjetivismo axiológico.

¿Cuáles son las características de los valores?

¿Qué hace que algo sea valioso? La humanidad ha adoptado criterios a partir de los cuales se establece la categoría o la jerarquía de los valores. Algunos de esos criterios son: (a) Durabilidad: los valores se reflejan en el curso de la vida. Hay valores que son más permanentes en el tiempo que otros. Por ejemplo, el valor del placer es más fugaz que el de la verdad. (b) Integralidad: cada valor es una abstracción íntegra en sí mismo, no es divisible. (c) Flexibilidad: los valores cambian con las necesidades y experiencias de las personas. (d) Satisfacción: los valores generan satisfacción en las personas que los practican. (e) Polaridad: todo valor se presenta en sentido positivo y negativo; todo valor conlleva un contravalor. (f) Jerarquía: hay valores que son considerados superiores (dignidad, libertad) y otros como inferiores (los relacionados con las necesidades básicas o vitales). Las jerarquías de valores no son rígidas ni predeterminadas; se van construyendo progresivamente a lo largo de la vida de cada persona. (g) Trascendencia: los valores trascienden el plano concreto; dan sentido y significado a la vida humana y a la sociedad. (h) Dinamismo: los valores se transforman con las épocas. (i) Aplicabilidad: los valores se aplican en las diversas situaciones de la vida; entrañan acciones prácticas que reflejan los principios valorativos de la persona. (j) Complejidad: los valores obedecen a causas diversas, requieren complicados juicios y decisiones.

En una escuela de enseñanza primaria, una maestra se dio cuenta de la vanidad que había en las actitudes de sus alumnos. Valiéndose de una situación fantástica, sugirió al grupo lo divertido que sería crear una ciudad imaginaria. Cada alumno podría desempeñar el trabajo que quisiera. Llevando cuenta de las elecciones hechas por los chicos, el grupo descubrió que tenían varios doctores, abogados e ingenieros. Hubo un individualista que aspiraba a ser vago. A continuación, preguntó al grupo si una ciudad así podría sobrevivir. Entonces se puso de manifiesto la necesidad de agricultores, fabricantes de herramientas, de personas dedicadas a la limpieza de las calles, etcétera. En la discusión que siguió, los chicos se dieron cuenta, por primera vez, no sólo de la importancia que tiene toda ocupación en nuestra sociedad, sino también de las medidas que estaban usando para determinar el valor de una ocupación o de una persona. Los distintos valores de nuestra sociedad que dan importancia a la recompensa monetaria, a la categoría, al servicio social, etcétera, emergieron del inconsciente al interés consciente de todos los miembros del grupo. (Lifton, 1972, pp. 263-264)

¿Cómo valora el ser humano?

¿Cómo expresa sus valoraciones? El proceso de valoración del ser humano incluye una compleja serie de condiciones intelectuales y afectivas que suponen: la toma de decisiones, la estimación y la actuación. Las personas valoran al preferir, al estimar, al elegir unas cosas en lugar de otras, al formular metas y propósitos personales. Las valoraciones se expresan mediante creencias, intereses, sentimientos, convicciones, actitudes, juicios de valor y acciones. Desde el punto de vista ético, la importancia del proceso de valoración deriva de su fuerza orientadora en aras de una moral autónoma del ser humano.

¿Cómo se clasifican los valores? ¿Cuáles tipos de valores existen?

No existe una ordenación deseable o clasificación única de los valores; las jerarquías valorativas son cambiantes, fluctúan de acuerdo a las variaciones del contexto. Múltiples han sido las tablas de valores propuestas. Lo importante a resaltar es que la mayoría de las clasificaciones propuestas incluye la categoría de valores éticos y valores morales. La jerarquía de valores según Scheler (1941) incluye: (a) valores de lo agradable y lo desagradable, (b) valores vitales, (c) valores espirituales: lo bello y lo feo, lo justo y lo injusto, valores del conocimiento puro de la verdad, y (d) valores religiosos: lo santo y lo profano. La clasificación más común discrimina valores lógicos, éticos y estéticos. También han sido agrupados en: objetivos y subjetivos (Frondizi, 1972); o en valores inferiores (económicos y afectivos), intermedios (intelectuales y estéticos) y superiores (morales y espirituales). Rokeach (1973) formuló valores instrumentales o relacionados con modos de conducta (valores morales) y valores terminales o referidos a estados deseables de existencia (paz, libertad, felicidad, bien común). La clasificación detallada que ofrece Marín Ibáñez (1976) diferencia seis grupos: (a) Valores técnicos, económicos y utilitarios; (b) Valores vitales (educación física, educación para la salud); (c) Valores estéticos (literarios, musicales, pictóricos); (d) Valores intelectuales (humanísticos, científicos, técnicos); (e) Valores morales (individuales y sociales); y (f) Valores trascendentales (cosmovisión, filosofía, religión) (p. 53).

“Tiene razón el liberalismo cuando dice que la sociedad es para el hombre y no el hombre para la sociedad, pero diciendo la mitad de la verdad escamotea la otra mitad: que el hombre que se refugia en su “interés privado” y se pone como horizonte el “bien particular” desentendiéndose del Bien Común está violando su dignidad de hombre y da la espalda a la tarea ética que le correspondería en cuanto hombre digno.” (Mikel de Viana, 1991, p. 15)

Anécdota del metodólogo principiante

El difunto Heinrich Böll, ganador del Premio Nobel de Literatura, escribió una vez un cuento titulado “Anécdota para socavar la moral de trabajo”. Este cuento ilustra de manera bastante entretenida el problema de la modernidad y los valores universales, por una parte, y el tradicionalismo con respecto a costumbres específicas, por otra. Imaginemos un paraíso de vacaciones en el Mediterráneo, tal como hubiera podido existir en Italia o España hace más de 30 años: una playa de arenas blancas y un cielo azul, despejado, con un resplandeciente sol de mañana. Un turista solo – compatriota de Böll y nuestro – camina por la playa, disfrutando de la tranquilidad y el ambiente solitario de las primeras horas de la mañana. Pero, no tarda en darse cuenta de que no está totalmente solo: se encuentra también en este escenario un pescador de la localidad, recostado a la sombra de su embarcación. El turista siente vergüenza por esa flojera tan flagrante que viola su ética protestante, y se pregunta por qué será que el pescador está ocioso a esa hora de la mañana. En vista de que conoce el idioma local, despierta dentro de él su alma de etnógrafo y comienza a interrogar al pobre pescador, preguntándole por qué no está trabajando, como debería.

Nuestro pescador, con la cortesía y paciencia de la mayoría de las víctimas de los etnógrafos y su sed de conocimientos, contesta que hoy tuvo suerte: ya ha obtenido una gran pesca y se la ha vendido al pescadero por un buen precio. En su opinión, ya ganó más que suficiente dinero por hoy. Entonces el turista se escandaliza por esta evidente falta de previsión y advierte al pescador que debe poner más atención a las eventualidades futuras: es posible que no siempre tenga tanta suerte como hoy y, por lo tanto, sería conveniente guardar dinero para los tiempos malos. Es más, el pescador debe pensar en su familia en caso de un accidente grave y debe también guardar para un posible desastre. El pescador continúa amistoso y paciente, y le explica que conoce bien su trabajo, con todos los trucos y que, por consiguiente, confía en que siempre pescará suficiente, aunque quizás no tanto como hoy. Y si llegase a suceder lo peor -¡que Dios no quiera!- no hay por qué desesperarse; después de todo, tiene muchos familiares y buenos amigos que sin duda estarían dispuestos a ayudar a su familia en caso de mala suerte.

Entretanto, mi compatriota ha pasado de etnógrafo a experto en desarrollo: comienza a describir un futuro brillante, espléndido, para el pescador, con tal que éste demuestre estar dispuesto a aceptar la orientación de su benévolo asesor. El pescador no tiene sino que utilizar su tiempo al máximo, en lugar de permanecer ocioso; así podría pescar más cada día. El dinero extra de esta pesca se podría invertir en modernos equipos para pescar aún más y así obtener más ingresos adicionales. De esta manera, el pescador podría invertir más dinero y eventualmente comprarse un buen barco, y así sucesivamente… Después de algunas fantasías más, el experto en desarrollo en potencia ya se está imaginando la compra de helicópteros propios para llevar suministros frescos a la cadena de restaurantes de lujo especializados en pescado. La paciencia de la víctima de tan buenos consejos comienza a desvanecerse. Interrumpe a mi compatriota para preguntarle por qué debe pasar tanto trabajo para semejante desarrollo. En este punto, el desarrollista amateur se siente triunfante: “Si logras todo esto, tendrá suficiente dinero para hacer todo lo que quiera el resto de su vida”. “Eso está muy bien – le contesta el pescador – pero eso es lo que ya estoy haciendo… (Schiel, 1991, pp. 63-64)

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Referencias

- Frondizi, R. (1972). ¿Qué son los valores? (3a. ed.). México: FCE.

- Lifton, W. (1972). Trabajando con grupos. México: Limusa Wiley.

- Marín Ibáñez, R. (1976). Valores, objetivos y actitudes en educación. Valladolid: Miñón.

- Mikel de Viana (1991). Dignidad humana: Un paso más allá de los Derechos Humanos y contra el Neoesclavismo Liberal. Suplemento Cultural de Últimas Noticias, (1.230), 8-10.

- Prieto Figueroa, L. B. (1984). Principios generales de la educación. Caracas: Monte Avila.

- Rokeach, M. (1973). The nature of human values. New York: Free Press.

- Scheler, M. (1941) Ética. Nuevo ensayo de fundamentación de un personalismo ético (H. Rodríguez Sanz, Trad.). (1ª. ed.). Revista de Occidente, I.

- Schiel, T. (1991). Modernidad & Universalismo. Caracas: Universidad Central de Venezuela, UNESCO.

- Vásquez, E. (1999). Reflexiones sobre el valor (I). Suplemento Cultural de Últimas Noticias, (1.606), 1-3.

LA SUPERACIÓN PERSONAL

Todo en mi mundo era extraño, gris y oscuro, sin rumbo y sin sentido.

Pero ocurrió que en una ocasión en que necesitaba ayuda urgente, escuche a mi hermana hablar sobre ser tú mismo y vivir la vida como tú la sientes, aceptándote tal cual eres y diciéndote que tú eres el causante de sentirte feliz o no.

El tema me empezó a interesar, y según lo iba contando ella, me parecía cada vez más fascinante, sobre todo cuando ella decía eso de “ser tú”, que en aquel momento me parecía imposible de conseguir y mucho menos de intentarlo, pero ella me decía que lo leyera que era muy interesante y que luego hablaríamos sobre ello.

Cuando me trajo el libro a casa tenía la sensación de que era como esos regalos que te dan por sorpresa y estás ansiosa por abrirlo a ver qué encuentras…

Me senté en el sofá, con mucha delicadeza como si llevase a un bebe en brazos, y a la vez parecía que estaba haciendo algo secreto, que estaba a punto de rebelarme una formula para acabar con todo.

La primera hoja que leí fue brutal, estaba escrito con una sinceridad a la que no estaba acostumbrada y cerré de golpe el libro enfadada.

Me hablaba de todo lo que me había dicho mi hermana, pero aun así esperaba que fuese un poquito más suave y justo la primera hoja que leí decía:

“ tú eres el causante de todo lo que pasa en tu vida”

Era como un insulto hacia mí misma, palabras duras y terribles en aquel momento de mi vida, donde nada parecía tener sentido, y que alguien te dijera eso, aunque fuese en un libro, me pareció de todo, menos algo bueno para mí.

Mi hermana me había recomendado aquel libro, con la mejor intención, y parecía que era la respuesta que yo necesitaba, pero la primera impresión fue como un puñetazo en toda la cara y mis ojos ante el asombro parecieron crecer de golpe, como espantados de ver a un monstruo.

Después de un rato de enfado con aquel libro, que solté de golpe y el cual me observaba en la mesa pidiéndome que lo volviera a leer, respiré hondo y me atreví a cogerlo de nuevo.

Algo en mi interior, a pesar de la impresión que me llevé, me decía que lo leyera sin miedo y decidí adentrarme en aquello que parecía una jungla, lo sentía como una aventura en la selva tropical, donde te puedes encontrar cualquier cosa, y decidí adentrarme despacito ¡por si acaso!

Desde entonces hasta hoy, devoro todo lo que cae en mis manos sobre la superación personal, y ni que decir tiene que aquella primera vez en que volví a leer aquel libro no paraba de llorar, era como una tormenta que arrasaba con lo que había a su paso, y en aquel momento había mucho que limpiar.

Aquella sinceridad, a la que no estaba acostumbrada, me rompió de golpe por dentro, llamar a las cosas por su nombre, quitándote del papel de victima y haciéndote responsable de tu vida, no era algo muy común de encontrar, y desde luego el proceso de limpieza se preveía largo y lento, y muy lento en ocasiones, ya que el barro de las tormentas de mi vida, cubrieron demasiado la verdad en mí, y había que escarbar mucho para encontrar el agua pura, y ver el paraíso que se escondía detrás, donde sí entraba el sol.

Recuerdo que en aquellos momentos de mi vida, daba largos paseos para relajar mi cuerpo y mi mente, que por momentos parecía que iban a explotar, y al ver edificios en construcción me paraba a mirarlos y observaba la difícil y dura labor que conlleva levantar un edificio, y todos los pormenores que hay que tener en cuenta para que todo este dispuesto y en perfectas condiciones para ser habitados. Así me sentía yo, comenzando la construcción de mi vida, eso sí en esta ocasión intentaba que estuviera edificado en una base firme y sólida, a prueba de duras tormentas, para evitar que fuese como la casita de los tres cerditos, que el lobo con su soplido enfurecido logró derribar, como hizo en mi vida en muchas ocasiones…

Desde entonces, el tema de la superación personal, me parece algo imprescindible en nuestra vida, y muy necesario, tanto es así que a medida que te adentras en este tema, te das cuenta de que toda tu vida depende de ello, tu camino, tus creencias, los triunfos, los éxitos, las relaciones personales, en una palabra la felicidad que todos buscamos en todo lo que hacemos en nuestra vida, depende muy mucho de cómo entiendas la vida, y la visión que tengas de ella.

Si tu visión es optimista, comprensiva, si intentas sacar algo positivo de todo lo que vivas, si buscas en cada experiencia alguna enseñanza que te regala la vida, es seguro que aunque pases por momentos bajos, siempre tu vida será ascendente, siempre caminarás hacia la cima de la montaña, y cada vez descubrirás cosas nuevas de las diferentes montañas de nuestra vida.

Si por el contrario, ves la vida como un castigo, donde todo te parece malo e incluso absurdo, sin sentido y sin razón, es seguro que tu vida no será muy feliz, porque esa es la visión que tienes y es lo que tú ves, no la realidad que te rodea.

Es como si la persona optimista, siempre tuviera los cristales de su ventana limpios para ver lo que ocurre en realidad fuera, y en cambio la persona negativa tuviese por el contrario, los cristales de su ventana sucios y piensa que lo que ve a través de ella distorsionada por la suciedad es la realidad, todo sucio y turbio.
Como me dijo alguien una vez, no me creas, ponlo en práctica y ya me contarás.

El camino de la superación, es un camino de continuidad por toda nuestra vida, es la senda que te ayuda a llegar donde quieres llegar y te da los medios para conseguirlo.

Qué diferente sería nuestra vida si en los colegios desde nuestros comienzos, incluyeran una asignatura que se llamara “aprender a vivir”, y donde no solo nos enseñaran la teoría, sino también la práctica, ya que algunos no tienen la posibilidad de aprender valores en su núcleo familiar, e incluso esa asignatura les ayudaría a comprender a sus padres, y evitarían años más tardes trastornos psicológicos que en ocasiones les cuesta mucho superar.

Con ejercicios de valoración, para descubrir cómo se ve cada uno a sí mismo, como ven a sus familias, qué les falta para ser felices, cómo ven a sus compañeros, qué admiras de la gente que te rodea, qué te gustaría ser en la vida, y por qué, cuáles son tus creencias, qué piensas de la vida, qué te mueve en los momentos difíciles, qué te hace feliz, etc.

Hacer incluso visitas guiadas, para visitar los ancianitos, a los niños que están en hospitales y en escuelas de primaria, visitas a los enfermos en los hospitales, descubriendo así los diferentes procesos por los que pasa el ser humano, y dándole una valoración mas profunda, que vaya mas allá de las marcas de ropa, o de toda esa publicidad que nos hace dependientes de una forma de vida que no necesitamos y que nos convierte en personas superficiales, que dejan pasar las cosas importantes delante de sus ojos, simplemente porque alguien nos dice que vivir de una forma determinada es ser moderno, y que hay que vivir con los tiempos.

Esta valoración de la vida en profundidad, nos haría más humanos, más sinceros, más abiertos, más creativos, en una palabra más vivos.

Y es evidente que esa valoración, es la que nos llega al alma, la valoración del amor, la que nos acerca a todos, la que nos ayuda a vernos iguales, a sentir que podemos aportar mucho a la vida del otro, y el otro aportar mucho a nuestra vida, con lo cual nos ayudaría a tener los pies en la tierra y la mente en el cielo, en definitiva a ir adquiriendo el sentido común que todos necesitamos para andar por la vida

No cabe duda que todo ello ayudaría a nuestros hijos a caminar por la vida con otra escala de valores, a hacerles fuertes y más felices, y seguro que tendríamos profesionales más capacitados y mejor preparados para ayudar y ayudarse a si mismos.

Seguro que el fracaso escolar no existiría, porque cada niña/o, encontraría la motivación adecuada a su vida, y algo mucho más importante, encontraría la valoración personal que algunos no encuentran en sus hogares.
El tema de la superación personal, ¡es apasionante! es una aventura a un mundo desconocido, que eres tú mismo, es un camino que siempre te da sorpresas, y todas ellas sorprendentes, es un camino alegre e incluso divertido, porque aprendes a verte con humor, sin demasiada seriedad, a reírte de tus historias, dándole simplemente el valor justo, y que a su vez todo ello te libere de viejas ataduras.

Es un camino de felicidad, porque cuando te liberas de todo lo que te ata, te da miedo o te impide vivir, vas mar abierto por la senda que te marca la luz, con seguridad y sin miedo.

En este punto, surge la pregunta del millón, al menos a mi me surgió,:

¿Significa que el camino de la superación te impide vivir situaciones o problemas y siempre vas a vivir feliz?

Es evidente que no; no se trata de una fórmula mágica que te hace inmune a todos los problemas, como si de una coraza se tratara, porque eso significaría que dejarías de aprender y te estancarías, y dejarías de ser libre para estar preso de ti.

El aprender a conocerte, a valorarte y aceptarte tal como eres, y aceptar a los demás tal cual son y a las circunstancias que te rodean, significa que te enseña a ver cada situación desde una óptica positiva, que te enseña a buscar soluciones y no a hundirte en la búsqueda, a mirar con optimismo a pesar de lo que suceda fuera, porque crees en ti y aprendes a creer en lo que haces, aunque los resultados puedan tardar en llegar, en la paciencia está la virtud de vivir la vida con intensidad.

Por supuesto en ese camino de búsqueda interior, pasas por muchos momentos de desconcierto, de dudas, puede haber lágrimas, porque lo que estás haciendo es conocerte y eso conlleva todo lo que eres, a veces alegre, a veces un poco triste o desconcertado por lo que vives, y a veces solo hay silencios.

Nadie ha dicho que esto sea un camino perfecto, tal y como se entiende la perfección, es decir, todo siempre positivo, siempre alegre, siempre lleno de éxitos, tampoco significa lo contrario, simplemente es un camino donde hay de todo, porque ese todo es el que te ayuda a caminar y a valorar en su justa medida tanto los éxitos como los que no son éxitos.

Porque si lo miras desde el prisma del crecimiento personal, como ser humano adulto y consecuente con tu vida que eres, te darás cuenta que incluso en los momentos que llamamos malos, aprendemos muchísimo, por tanto se podría decir que también son éxitos.

Si vivimos la vida pasito a paso, será mucho mas divertido que querer saltarnos de golpe toda la escalera, porque al final terminas cayendo.

Alguien me dijo una vez “Atrévete a vivir algo diferente”, y aquella frase caló tan hondo en mi alma que aún no he parado, ¡ni pienso parar!, porque ya forma parte de mi vida, y lo tengo tan integrado como los poros de mi piel, aquella frase fue como la clave que abre una puerta de seguridad, y que estaba cerrada a cal y canto.

¡Afortunadamente, se abrió la puerta y desde entonces todo han sido grandes sorpresas, sobre todo el encontrarme a mi misma, detrás de aquella puerta!

(c)2009 Rosa Díaz Santiago
fuente:buzoncatolico.es

Encontrar a Dios en el dolor

Resulta complejo para el ser humano la comprensión del dolor y el sufrimiento. Por desgracia, quien resulta en el banquillo de los acusados es Dios, a sabiendas que Él en su amor infinito, siempre quiere lo mejor para sus hijos. Todo ser humano necesita encontrar un sentido para el dolor, que inevitablemente llega. Para los cristianos es más fácil encontrar este significado.

¿A quién le gusta sufrir? Se supone que a nadie, pero lo cierto es que la vida, en su camino hacia la felicidad, se encuentra colmada de tropiezos inesperados, algunos determinados por nuestro actuar como otros ajenos a nuestra voluntad. Este recorrido, a ciencia cierta, se hace más llevadero si el Señor acompaña cada paso del andar, puesto que la fe todo lo puede.

Juicios no justos

Nada más apropiado al tema, que el pensamiento del Papa Juan Pablo II acerca del dolor humano, expresado en la Carta apostólica Salvifici Doloris:

“Dentro de cada sufrimiento experimentado por el hombre, y también en lo profundo del mundo del sufrimiento, aparece inevitablemente la pregunta: ¿por qué? Es una pregunta acerca de la causa, la razón; una pregunta acerca de la finalidad (para qué); en definitiva, acerca del sentido. Esta no sólo acompaña el sufrimiento humano, sino que parece determinar incluso el contenido humano, eso por lo que el sufrimiento es propiamente sufrimiento humano. (…) Y es bien sabido que en la línea de esta pregunta se llega no sólo a múltiples frustraciones y conflictos en la relación del hombre con Dios, sino que sucede incluso que se llega a la negación misma de Dios.”

En igual orden, el escritor Jesús David Muñoz de Virtudes y Valores anota: “Es normal hacernos la pregunta: ¿por qué Dios no quitó el sufrimiento del mundo? ¿Por qué dejó algo que nos molesta tanto?… Sin embargo, esta posición de la criatura que juzga al creador no es en nada justa. Decirle a Dios lo que debe hacer y lo que no debe hacer suena a broma, pero es muchas veces la manera en la que reaccionamos. Nuestra actitud ante el dolor no debe ser la de juzgar a Dios y darle consejos de cómo ser Dios, sino más bien la de buscar encontrar lo qué quiere enseñarnos, las lecciones que quiere que saquemos. ¡Se puede sacar tanto bien de las situaciones adversas y de los sufrimientos!”

El amor le gana al dolor

El sufrimiento en sí mismo, no se puede definir como algo bueno, pues es difícil disfrutar de algo tormentoso, no obstante, lo que hace la diferencia es la actitud del ser humano frente a éste, el provecho, el aprendizaje y los hallazgos que se presenten a través del dolor, en definitiva, el alimento espiritual a través del amor de Dios.

Un ejemplo claro que ilustra lo anterior: “la Madre Teresa de Calcuta no se sentó a contar cuántos pobres había en la India y a suspirar por esta triste situación. No, ella se puso a trabajar y aprendió a amar. (…) Ante la realidad del dolor podemos vivir amargados, renegando o incluso odiando a Dios toda la vida o puede convertirse en una oportunidad para ejercitarnos en el amor.”

“(…) Dios es bueno, pero esto no significa que no exista el sufrimiento y el dolor. Dios es tan bueno, que incluso de lo malo puede sacar un bien mayor. Incluso del mal, del dolor más atroz, Dios puede sacar algo mejor. Es cuestión de estar atentos a descubrirlo.”*

Fuentes: *¿Un tesoro escondido en el sufrimiento? Por Jesús David Muñoz L.C., Virtudes y Valores – Catholic.net; Carta apostólica Salvifici Doloris del Sumo Pontífice Juan Pablo II, 1984.

Imágenes: Getty Images

No desperdiciar el sufrimiento
Por Jaime Greiffenstein Ospina – Coloquios de J.M.
El sufrimiento es un compañero en la vida de todas las personas con penas y dolores que amargan la existencia, pero lo importante no es cuánto se sufre sino cómo se sufre. Para Benedicto XVI “lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar un sentido mediante la unión con Cristo, que sufrió con amor infinito”. La experiencia de la enfermedad y el sufrimiento puede convertirse en una escuela de esperanza, madurez y unión con Dios que beneficia a toda la Iglesia.

Lo importante con el sufrimiento es no dejarlo en lamentos sino ofrecerlo a Dios por intenciones concretas. Por eso el Pontífice pide a los enfermos “ofrecer los sufrimientos por los sacerdotes, para que puedan mantenerse fieles a su vocación y su ministerio sea rico en frutos espirituales”. También se aplica a la acción humanitaria de las personas que acompañan al enfermo y que sufren de alguna forma al acompañarle.

Fuente:lafamilia.info

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