Maneje bien su tiempo y logre el equilibrio

Hay momentos de la vida en que el tiempo no alcanza para cumplir con todas las actividades y compromisos que adquirimos, y anhelamos que el día tuviera más de 24 horas para lograrlo. Por lo general esta excesiva ocupación va acompañada de un sentimiento de “preocupación” porque sentimos que estamos descuidando alguno de los aspectos que constituyen al ser humano: su parte espiritual, física, social e intelectual.

En varias ocasiones, esta saturación de actividades puede tener una dosis de nuestra responsabilidad por no saber distribuir el tiempo adecuadamente. Aquí le daremos algunas claves para organizar el tiempo y lograr un equilibrio en cada uno de sus roles.

Priorizar: la clave

Antes que llenar una agenda de ítems, es necesario sentarse por unos minutos a escribir indiscriminadamente todas las tareas que debe realizar en un día. Una vez tenga esta lista, otórgueles un valor según la importancia y “no la urgencia”, pues pensamos que todo es urgente mas no todo es importante. Teniendo depurada la lista, se dará cuenta qué cosas son primordiales y notará que hay otras que quizá no resultaron tan necesarias como pensaba pero que sí requieren de un tiempo.

Delegue, no todo lo tiene que hacer usted

Hay que ser realistas, no somos superhéroes para cumplir con todo, delegue algunos de los compromisos en otras personas, no tema pedir ayuda, hay personas de muy buena voluntad que poseen el espíritu de servicio.

La ejecución

Ya teniendo una lista ordenada de prioridades y delegadas en otros algunas de ellas, la lista seguramente habrá disminuido. El siguiente paso es planificar cómo vamos a realizar las tareas, es decir, no empezar alocadamente a hacerlas sino mirar otras variables, como por ejemplo los recursos que tenemos, el plazo con el que se cuenta, la ayuda de otra persona, etc. Es muy importante asignarle un tiempo a cada actividad y ser muy respetuosos de ese espacio, no permita interrupciones, en esas pequeñeces es donde se pierde tiempo.

Finalmente, el equilibrio

Es muy importante darle un espacio del día o de la semana a cada aspecto nombrado anteriormente, es decir, una dosis de ejercicio físico, una de entrenamiento mental, un tiempo para el crecimiento espiritual, y otro espacio para el campo social, la familia y los amigos. El equilibrio entre estos campos es lo que nos hace crecer integralmente, así que siempre distribuya equitativamente el tiempo.

Fuente: psicologia.costasur.com

La búsqueda del equilibrio en el matrimonio


Basta observar las parejas que le rodean, inclusive la propia, para darse cuenta que por lo general uno de los cónyuges tiene unas habilidades que el otro no tiene. Cuando las habilidades de ambos cónyuges se integran se producen unos beneficios maravillosos.

Los seres humanos nacimos para vivir en colectividad, somos seres sociales, lo llevamos en nuestra naturaleza, nos necesitamos los unos a los otros y además cada ser diferente, no hay nadie elaborado con el mismo molde. Estas diferencias, como nos pueden alejar, también nos pueden complementar y enriquecer, es más, son necesarias; el mismo problema visto desde diferentes ángulos, tiene mejores soluciones.

La familia, producto de la unión de un hombre y una mujer, es una pequeña sociedad, que necesita de estas diferencias para buscar un equilibrio. Los extremos son dañinos y perjudican las relaciones, pero gracias a los defectos de uno y las fortalezas del otro, el matrimonio se puede convertir en una sociedad armónica y efectiva.

Cómo sacar ventaja de las diferencias entre los esposos

El matrimonio es una pequeña empresa, que necesita de varias habilidades humanas para que tenga permanencia en el tiempo, crezca diariamente, se mantenga unida, fortalecida y además genere ganancias. Como el ser humano está en la permanente búsqueda de su desarrollo personal, tenemos las limitaciones propias de nuestra condición humana. Pero en el matrimonio éstas se pueden convertir en fortalezas cuando se complementan unas y otras.

Mientras que una persona es cautelosa en los gastos, la otra es derrochadora; mientras que uno es muy nervioso, el otro es más ecuánime; mientras que uno es drástico y autoritario con los hijos, el otro es más flexible; mientras que uno es desordenado, el otro es cuidadoso del orden; mientras que uno es realista, el otro es un eterno soñador; mientras que uno es lento e indeciso para tomar decisiones, el otro es seguro y decidido; mientras que a uno le cuesta socializar, el otro es extrovertido; mientras que uno es bueno para las finanzas familiares, el otro es bueno para la búsqueda de planes vacacionales… Dependiendo de la situación, serán necesarias ambas posturas de la vida para lograr un objetivo determinado. Aquí las diferencias tienen un aire distinto, si son asumidas como un auxilio y no como un impedimento.

Estas disparidades también se pueden convertir en un instrumento para crecer juntos, pues la idea es que el cónyuge con determinada carencia, sea instruido y apoyado por su pareja.

Puede suceder también que ambos esposos tengan las mismas debilidades, y en este caso es muy probable que se presenten dificultades, lo importante es reconocer que los dos requieren mejorar en algún aspecto y unidos superar este impase.

Esta estrategia funciona bastante bien, se puede sacar provecho de las diferencias y en lugar de estar lamentándose y criticar las faltas del cónyuge, sacar partido de ello buscando el beneficio personal, matrimonial y familiar.

lafamilia.info

El rodaje de la pareja

Entre toda la felicidad de empezar a compartir una vida, también empieza un período de “ajuste” en que surgen los “roces” de la convivencia cotidiana por temas como el orden, la asignación de responsabilidades y roles de cada unoen el nuevo hogar, lo que no siempre es de fácil arreglo.

 Un punto de partida para evitar esos conflictos es estar consciente de que la pareja no es perfecta; aprender a aceptar “quién eres” y no “quién quiero que seas”. Se pretende de forma inconsciente hacer a la otra persona a nuestra imagen y semejanza, anulándola como ser, como persona individual y con sus características personales y únicas que le otorgan la capacidad de ser por ella misma. Nadie debe ser una proyección de nadie.
Se recomienda hacer un listado con lo que es importante de su pareja para cada uno, qué le entrega ésta y qué no. Al analizar esta lista, encontrarán “fallos” en algunos aspectos, ya que la otra persona no puede llenar múltiples necesidades emocionales. Sin embargo, hay que aceptarlo y tratar de suplirlas de otra manera que no sea exigiéndole al otro algo que no puede dar. Esto nos ayudará a lograr un equilibrio en la relación.

Pero cuando los problemas son inminentes, existen herramientas para negociar o intentar resolverlo de la manera más exitosa posible. Lo primero es hacer una distinción entre lo que verdaderamente merece discusión y lo que no. Sin embargo, tampoco es bueno cuando uno de los dos siempre cede para evitar los conflictos, porque después de un tiempo esta persona estará cansada y la relación se puede colapsar.

El cómo abordar la manera de discutir, influye de forma determinante en la resolución del conflicto. Siempre sugerimos expresarse centrándose en el uso del “yo” más que del “tú”. Por ejemplo, conviene más decir “es que yo me sentí de tal manera…” a “que tú me trataste muy mal…”, ya que de la última forma el otro se sentirá inmediatamente atacado, mientras que de la primera se está hablando de los propios sentimientos.

El problema no está en discutir los puntos de vista, si no en no hacerlo con madurez ni poniéndose en el lugar del otro para llegar a un acuerdo. La idea es aprender a negociar para que ambos sientan que salieron victoriosos del conflicto, ya que cuando decidimos vivir en pareja son muchos los cambios a los que nos tenemos que enfrentar y, a menudo, estos cambios suponen motivo de conflicto entre la pareja.

Hace años eran nuestras madres y abuelas las que se veían completamente dependientes del marido, pasaban de ser dependientes de un padre para ser dependientes de una pareja. Hoy en día cada vez se da menos, ya que la mujer se ha independizado y trabaja fuera de casa igual que el hombre: ocupa puestos importantes y puede llevar la economía familiar en igualdad con su pareja. Muchas veces nos encontramos hombres que tienen muy asumido el rol de marido que aporta en la casa un nivel económico, pero que se desentiende de otras tareas dejando a su mujer la carga de casi todo lo que se hace necesario para llevar el peso de la pareja, la relación y los asuntos educacionales.

Cuando ella está en casa y no trabaja parecería algo más lógico, pero si ambos trabajan, lo normal sería repartirse las tareas. Muchas de nuestras madres son las responsables de que esto ocurra; han inculcado en sus hijos valores materialistas y machistas; el valor del hombre está en su trabajo y el de la mujer en su casa con los hijos. Cuando iniciamos una vida con un hombre que tienen estos ideales, y además su madre se ocupa de reforzarlos cada día nos vamos a encontrar ante una tarea ardua y difícil, ya que los cambios que necesitamos costaran trabajo y discusiones diarias. Consultar con un especialista en familia que os dé pautas y pistas para la reflexión, es, en la mayoría de ocasiones, la única solución para salvar una pareja que aunque es cierto que se ama, no es sólo el amor lo que puede dar los elementos válidos para llevar adelante las vicisitudes tan variadas que se dan en la convivencia diaria de la pareja.

Es importante la Teoría de las tres “P” (Persona, Pareja, Padres). No podemos evolucionar a lo largo de nuestra vida de pareja si no hemos aprendido a madurar y llevar a cabo los cambios emocionales en nuestra vida como persona individual. Si tengo carencias (del tipo que sean) como persona, esas mismas carencias las llevo a mi relación de pareja y además con el tiempo se van ampliando y siendo mas obstructivas en el ámbito de las relaciones con los demás. Pero con el cambio de los ciclos evolutivos, cuando llego a ser Padre, inciden mis carencias en la educación hacia mis hijos, lo que no desarrollará adecuadamente el ciclo ni la transmisión adecuada de enseñanzas hacia ellos porque yo mismo/a no he aprendido en primera instancia a formarme como persona madura, coherente y sincera. Esto es la base para incidir en la idea de que es importante formar al ser humano desde su más tierna infancia con los valores adecuados para que vaya evolucionando su persona en todas las etapas que le toque vivir. Si no lo hacemos así, castraremos a nuestros hijos y le transmitiremos las deficiencias, los miedos, las renuncias, etc. que nosotros mismos hemos padecido impidiéndoles desarrollarse en los valores que tanto buscamos y anhelamos todos: La libertad, el respeto, la tolerancia…y, sobre todo, como base necesaria, EL AMOR

JUAN JOSE LOPEZ NICOLAS. Orientador familiar