El deseo sexual sin amor por Enrique Rojas

La personalidad es una provincia de la afectividad. Grandes errores psicológicos arrancan de aquí, de separar el sexo y el amor

Enrique Rojas. Catedrático de psiquiatría.

La sexualidad humana ofrece una enorme complejidad. Sin embargo, su impulso fundamental es de tipo instintivo. Es la personalidad, formada por la inteligencia, la educación afectiva y la voluntad la que diferencia la sexualidad humana de la animal. La sexualidad es un elemento básico de nuestras vidas, y forma parte, de manera intrincada e inseparable, del mas grande de los sentimientos: el amor.

La sexualidad nos acompaña desde el nacimiento y puede determinar una parte de la vida adulta.

Aunque el estallido de la sexualidad se produce a partir de la pubertad, en realidad nos acompaña desde nuestro mismo nacimiento. Como Freud y otros estudiosos descubrieron, el niño presenta ya una faceta sexual desarrollada, que influye en la evolución de su personalidad y que puede determinar, al menos en parte, su vida adulta.

La sexualidad ni se debe reprimir ni se debe descontrolar, es necesaria su educación.

Por todo ello es conveniente asumir la sexualidad como algo perfectamente natural, pero también como un factor vital que, relacionado con el deseo, debe ser educado. Como se supo desde los mismoscomienzos de la psiquiatría moderna, la represión de la sexualidad puede producir trastornos; igualmente la entrega auna sexualidad descontrolada da lugar a una vida insatisfactoria e infeliz dominada por los impulsos hedonistas.

Las teorías sobre la sexualidad humana son numerosísimas, y tal vez no haya otro tema sobre el que se haya escrito tanto a lo largo de la historia.En realidad no fue hasta finales del siglo XIX que la sexología se convirtió en una ciencia gracias al libro “Estudios sobre psicología sexual“, del mencionado Ellis.

En esta obra se analizaba por primera vez la sexualidad desde un punto de vista general, desvinculado del erotismo. Ellis estudió la relación de pareja, la respuesta sexual de hombres y mujeres, o problemas como la frigidez y la impotencia.

El marco ideológico de la sexualidad en la actualidad está marcado por el agnosticismo, positivismo y utilitarismo.

Desde entonces ha habido multitud de autores que se han dedicado a este tema que, sin duda, atrae, sorprende y fascina al ser humano: Kinsey, Master, Jonson, Pellegrini, Giese, Lorando…

El planteamiento ha sido distinto en cada caso. El marco ideológico en el que hoy se sitúa la sexualidad en muchos ambientes tiene tres notas negativas que debemos combatir: el agnosticismo (ignora su vertiente espiritual), el utilitarismo (enaltece lo útil y placentero como esencial) y el positivismo (el sexo por si mismo, sin más). Unos han preferido concentrarse en detalles técnicos; otros han buscado una mejor expresión de las necesidades sexuales; algunos han querido desmitificar el sexo, restándole importancia como cosa natural que es; y otros han preferido indagar en los medios para incrementar el placer.

Casi todos los autores coinciden en evitar dejarse dominar por ese impulso instintivo que convierte la relación en un mero choque genital…

Todos ellos, sin embargo, han coincidido en un punto: la sexualidad humana es variada, exclusiva de nuestra especie, pero guarda un poso animal en su impulso de base. Independientemente del punto de vista , casi todos los autores señalan, por una razón o por otra, que hay que evitar dejarse dominar por ese impulso instintivo que priva a la sexualidad de sus mejores facetas y convierte la relación de pareja en un mero choque genital para satisfacer un apetito apremiante.

Por desgracia, estas sugerencias no parecen haber prendido en la sociedad moderna, agobiada por la inmediatez, el hedonismo, el consumismo y la permisividad.

Alcanzado el placer físico, la persona se siente vacía —como siempre que se realiza un deseo de manera impulsiva e impersonal— y esto produce sentimientos de culpa, obsesión y neurosis.

Alcanzado el placer físico, la persona se siente vacía, y esto produce sentimientos de culpa, obsesión y neurosis.

Convertir el sexo en una «religión», lo que parece ser una de las normas de la modernidad, es un error. La sexualidad es solo una parte del ser humano, importante, pero no la mas importante, ni tampoco la única.

La sexualidad humana es, pues, algo mas que conseguir un orgasmo rápido.

Para que la sexualidad sea satisfactoria y surja el amor es necesario saber controlar el deseo.

Es parte de una relación profunda entre dos personas, el inicio de un proyecto común que, partiendo de lo corporal, termina en una fusión psicológica , cultural y espiritual. La función básica de la sexualidad en la naturaleza es asegurar la continuidad de la especie por medio de la reproducción, pero en el género humano es algo mas.

La sexualidad es parte del amor, y el amor conduce al perfeccionamiento de la persona y a la verdadera felicidad. Para que la sexualidad sea satisfactoria y surja el amor es necesario saber controlar el deseo.

La sexualidad es una parte del amor, pero no es lo mismo que éste. Por el contrario, el sexo con amor forma parte del camino hacia el desarrollo humano en el ámbito de la pareja.

Las personas que se dejan gobernar por sus deseos inmediatos terminan siendo prisioneras y juguetes del momento y se convierten en egoístas incapaces de mantener una verdadera relación comprometida.

El conocimiento del universo afectivo es importante en la vida sexual de la pareja. Forma parte de la educación del deseo, y permite disfrutar de una sexualidad mas completa, por cuanto hace que entren en el juego elementos como el autocontrol, la voluntad y el dominio sobre los impulsos. Las personas que se dejan gobernar por sus deseos inmediatos terminan siendo prisioneras y juguetes del momento y se convierten en egoístas incapaces de mantener una verdadera relación comprometida.

Hay que tener en cuenta que la sexualidad no es un fin en si misma, sino parte de un entramado. La relación sexual con amor auténtico es una sinfonía donde se hospedan lo físico, lo psicológico, lo espiritual y la propia biografía.

El amor ha sido una de las fuerzas que ha movido a la humanidad a lo largo de la historia. En nuestra tradición cultural occidental fueron, por supuesto, los filósofos griegos los primeros en estudiar detalladamente la naturaleza del amor. Entre sus conclusiones destaca la tesis de que el amor surge primero de un deseo físico, pero que luego se perfecciona en una relación mas profunda caracterizada por el afecto.

El cristianismo elevó el amor a la categoría de valor universal. Distintas corrientes en la historia hasta nuestros tiempos han corrompido este concepto.

El cristianismo elevó el amor a la categoría de valor universal. El amor, tanto a Dios como al prójimo, es la máxima expresión del carácter humano y lo que verdaderamente nos convierte en seres superiores. El amor sería una suma de valores, como bondad, compromiso y generosidad.

La idealización del amor cortés en la Edad Media corrompería en parte este concepto superior, al iniciarse un «vaciado» de la relación de pareja que alcanza su «cumbre» en los últimos compases del siglo XX.

El Renacimiento proseguiría en esta línea y se iría alejando del concepto de amor pleno de la tradición cristiana original. La Celestina, y mas tarde Romeo y Julieta, son los precedentes de un nuevo concepto de amor que se va desarrollando poco a poco hasta llegar a la definición del amor del primer gran filósofo moderno, Descartes. Para el pensador francés el amor era una de las pasiones fundamentales del ser humano —junto al deseo o el odio, entre otras—. Pascal estableció su famosa máxima: «El corazón tiene razones que la razón desconoce». El enciclopedista Diderot llegó aún mas lejos con una frase que, en nuestra opinión, es absolutamente errónea, pero que da buena fe de la forma de pensar de la ilustración: «Se dice que el deseo es fruto de la voluntad, pero lo cierto es lo contrario: la voluntad es fruto del deseo». En suma, se había llegado a la culminación de un proceso intelectual que separaba el amor del intelecto, como si fueran aspectos independientes.

Esta lógica, equivocada en nuestra opinión, condujo paso a paso al desarraigo del fín del milenio. El amor, elaborado como pasión exaltada por los autores románticos, de vino sentimiento vacío, expresión del hedonismo apresurado, y quedó privado de su verdadero valor como herramienta para alcanzar la plenitud del espíritu.

En la actualidad vemos los resultados de todo ello: una multitud de personas desorientadas, dominadas por el consumismo y privadas de felicidad.

En la actualidad vemos los resultados de todo ello: una multitud de personas desorientadas, dominadas por el consumismo y privadas de felicidad. Todo el mundo nota que algo va mal, pero no sabe decir exactamente qué. Es hora de efectuar un giro, de realizar un esfuerzo de superación tanto personal como social.

La personalidad es una provincia de la afectividad. Grandes errores psicológicos arrancan de aquí, de separar el sexo y el amor

La personalidad es una provincia de la afectividad. Grandes errores psicológicos arrancan de aquí, de separar el sexo y el amor.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2011-03-24

Educación de la inteligencia y la afectividad

El deseo sexual sin amor

Enrique Rojas .Catedrático de psiquiatría.

La sexualidad humana ofrece una enorme complejidad. Sin embargo, su impulso fundamental es de tipo instintivo. Es la personalidad, formada por la inteligencia, la educación afectiva y la voluntad la que diferencia la sexualidad humana de la animal. La sexualidad es un elemento básico de nuestras vidas, y forma parte, de manera intrincada e inseparable, del mas grande de los sentimientos: el amor.

La sexualidad nos acompaña desde el nacimiento y puede determinar una parte de la vida adulta.

Aunque el estallido de la sexualidad se produce a partir de la pubertad, en realidad nos acompaña desde nuestro mismo nacimiento. Como Freud y otros estudiosos descubrieron, el niño presenta ya una faceta sexual desarrollada, que influye en la evolución de su personalidad y que puede determinar, al menos en parte, su vida adulta.

La sexualidad ni se debe reprimir ni se debe descontrolar, es necesaria su educación.

Por todo ello es conveniente asumir la sexualidad como algo perfectamente natural, pero también como un factor vital que, relacionado con el deseo, debe ser educado. Como se supo desde los mismoscomienzos de la psiquiatría moderna, la represión de la sexualidad puede producir trastornos; igualmente la entrega auna sexualidad descontrolada da lugar a una vida insatisfactoria e infeliz dominada por los impulsos hedonistas.

Las teorías sobre la sexualidad humana son numerosísimas, y tal vez no haya otro tema sobre el que se haya escrito tanto a lo largo de la historia.En realidad no fue hasta finales del siglo XIX que la sexología se convirtió en una ciencia gracias al libro “Estudios sobre psicología sexual“, del mencionado Ellis.

En esta obra se analizaba por primera vez la sexualidad desde un punto de vista general, desvinculado del erotismo. Ellis estudió la relación de pareja, la respuesta sexual de hombres y mujeres, o problemas como la frigidez y la impotencia.

El marco ideológico de la sexualidad en la actualidad está marcado por el agnosticismo, positivismo y utilitarismo.

Desde entonces ha habido multitud de autores que se han dedicado a este tema que, sin duda, atrae, sorprende y fascina al ser humano: Kinsey, Master, Jonson, Pellegrini, Giese, Lorando…

El planteamiento ha sido distinto en cada caso. El marco ideológico en el que hoy se sitúa la sexualidad en muchos ambientes tiene tres notas negativas que debemos combatir: el agnosticismo (ignora su vertiente espiritual), el utilitarismo (enaltece lo útil y placentero como esencial) y el positivismo (el sexo por si mismo, sin más). Unos han preferido concentrarse en detalles técnicos; otros han buscado una mejor expresión de las necesidades sexuales; algunos han querido desmitificar el sexo, restándole importancia como cosa natural que es; y otros han preferido indagar en los medios para incrementar el placer.

Casi todos los autores coinciden en evitar dejarse dominar por ese impulso instintivo que convierte la relación en un mero choque genital…

Todos ellos, sin embargo, han coincidido en un punto: la sexualidad humana es variada, exclusiva de nuestra especie, pero guarda un poso animal en su impulso de base. Independientemente del punto de vista , casi todos los autores señalan, por una razón o por otra, que hay que evitar dejarse dominar por ese impulso instintivo que priva a la sexualidad de sus mejores facetas y convierte la relación de pareja en un mero choque genital para satisfacer un apetito apremiante.

Por desgracia, estas sugerencias no parecen haber prendido en la sociedad moderna, agobiada por la inmediatez, el hedonismo, el consumismo y la permisividad.

Alcanzado el placer físico, la persona se siente vacía —como siempre que se realiza un deseo de manera impulsiva e impersonal— y esto produce sentimientos de culpa, obsesión y neurosis.

Alcanzado el placer físico, la persona se siente vacía, y esto produce sentimientos de culpa, obsesión y neurosis.

Convertir el sexo en una «religión», lo que parece ser una de las normas de la modernidad, es un error. La sexualidad es solo una parte del ser humano, importante, pero no la mas importante, ni tampoco la única.

La sexualidad humana es, pues, algo mas que conseguir un orgasmo rápido.

Para que la sexualidad sea satisfactoria y surja el amor es necesario saber controlar el deseo.

Es parte de una relación profunda entre dos personas, el inicio de un proyecto común que, partiendo de lo corporal, termina en una fusión psicológica , cultural y espiritual. La función básica de la sexualidad en la naturaleza es asegurar la continuidad de la especie por medio de la reproducción, pero en el género humano es algo mas.

La sexualidad es parte del amor, y el amor conduce al perfeccionamiento de la persona y a la verdadera felicidad. Para que la sexualidad sea satisfactoria y surja el amor es necesario saber controlar el deseo.

La sexualidad es una parte del amor, pero no es lo mismo que éste. Por el contrario, el sexo con amor forma parte del camino hacia el desarrollo humano en el ámbito de la pareja.

Las personas que se dejan gobernar por sus deseos inmediatos terminan siendo prisioneras y juguetes del momento y se convierten en egoístas incapaces de mantener una verdadera relación comprometida.

El conocimiento del universo afectivo es importante en la vida sexual de la pareja. Forma parte de la educación del deseo, y permite disfrutar de una sexualidad mas completa, por cuanto hace que entren en el juego elementos como el autocontrol, la voluntad y el dominio sobre los impulsos. Las personas que se dejan gobernar por sus deseos inmediatos terminan siendo prisioneras y juguetes del momento y se convierten en egoístas incapaces de mantener una verdadera relación comprometida.

Hay que tener en cuenta que la sexualidad no es un fin en si misma, sino parte de un entramado. La relación sexual con amor auténtico es una sinfonía donde se hospedan lo físico, lo psicológico, lo espiritual y la propia biografía.

El amor ha sido una de las fuerzas que ha movido a la humanidad a lo largo de la historia. En nuestra tradición cultural occidental fueron, por supuesto, los filósofos griegos los primeros en estudiar detalladamente la naturaleza del amor. Entre sus conclusiones destaca la tesis de que el amor surge primero de un deseo físico, pero que luego se perfecciona en una relación mas profunda caracterizada por el afecto.

El cristianismo elevó el amor a la categoría de valor universal. Distintas corrientes en la historia hasta nuestros tiempos han corrompido este concepto.

El cristianismo elevó el amor a la categoría de valor universal. El amor, tanto a Dios como al prójimo, es la máxima expresión del carácter humano y lo que verdaderamente nos convierte en seres superiores. El amor sería una suma de valores, como bondad, compromiso y generosidad.

La idealización del amor cortés en la Edad Media corrompería en parte este concepto superior, al iniciarse un «vaciado» de la relación de pareja que alcanza su «cumbre» en los últimos compases del siglo XX.

El Renacimiento proseguiría en esta línea y se iría alejando del concepto de amor pleno de la tradición cristiana original. La Celestina, y mas tarde Romeo y Julieta, son los precedentes de un nuevo concepto de amor que se va desarrollando poco a poco hasta llegar a la definición del amor del primer gran filósofo moderno, Descartes. Para el pensador francés el amor era una de las pasiones fundamentales del ser humano —junto al deseo o el odio, entre otras—. Pascal estableció su famosa máxima: «El corazón tiene razones que la razón desconoce». El enciclopedista Diderot llegó aún mas lejos con una frase que, en nuestra opinión, es absolutamente errónea, pero que da buena fe de la forma de pensar de la ilustración: «Se dice que el deseo es fruto de la voluntad, pero lo cierto es lo contrario: la voluntad es fruto del deseo». En suma, se había llegado a la culminación de un proceso intelectual que separaba el amor del intelecto, como si fueran aspectos independientes.

Esta lógica, equivocada en nuestra opinión, condujo paso a paso al desarraigo del fín del milenio. El amor, elaborado como pasión exaltada por los autores románticos, de vino sentimiento vacío, expresión del hedonismo apresurado, y quedó privado de su verdadero valor como herramienta para alcanzar la plenitud del espíritu.

En la actualidad vemos los resultados de todo ello: una multitud de personas desorientadas, dominadas por el consumismo y privadas de felicidad.

En la actualidad vemos los resultados de todo ello: una multitud de personas desorientadas, dominadas por el consumismo y privadas de felicidad. Todo el mundo nota que algo va mal, pero no sabe decir exactamente qué. Es hora de efectuar un giro, de realizar un esfuerzo de superación tanto personal como social.

La personalidad es una provincia de la afectividad. Grandes errores psicológicos arrancan de aquí, de separar el sexo y el amor

La personalidad es una provincia de la afectividad. Grandes errores psicológicos arrancan de aquí, de separar el sexo y el amor.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2011-03-24

Fracaso en los estudios. Es más importante la voluntad que la inteligencia.

Mi experiencia de médico y de profesor universitario es que una persona con voluntad llega en la vida mas lejos que una persona inteligente.Doctor Enrique Rojas.

EL FRACASO EN LOS ESTUDIOS

Doctor Enrique Rojas

Casi todos los acontecimientos son vistos con una óptica psicológica.

Ese ángulo siempre ha existido, pero en la actualidad ha cobrado unos matices insospechados. Lo mismo sucede con el fracaso en los estudios.

Vengo sosteniendo desde hace tiempo que mas importante

que la inteligencia, son sus factores instrumentales, orden, constancia, voluntad, motivación y la alegría de ver que uno es capaz de vencerse y ponerse metas y cumplirlas.

Naturalmente hacen falta unas mínimas condiciones de salida en lo que atañe a la inteligencia.

Mi experiencia de médico y de profesor universitario es que

una persona con voluntad llega en la vida más lejos que una persona inteligente.

Y esto lo vemos, de entrada en todo el inmenso panorama del estudio, ya que éste es un termómetro que registra muchas cosas concretas de la conducta de un joven. Muchos que han abandonado sus estudios, se han dado cuenta después, de que su problema no era de cabeza, sino de método. “Comprender tarde es no comprender”.

“Educar es enseñar y grabar en la conducta aprendizajes y esquemas de referencia positiva, que eleven el nivel de ese sujeto, haciéndolo cada vez más personas”.

Cada uno se educa a si mismo a través de sus experiencias personales. La vida enseña más que muchos libros. La vida es la gran maestra. Lo que sucede es que en ocasiones, ese conocimiento es tardío y ya solo va a tener aplicaciones inmediatas.

Los trabajos de investigación sobre este tema pone de relieve que de entrada hay que establecer unas premisas sobre qué tipo de niño o adolescente tenemos delante. Ahí entran de lleno los “test”. Pruebas estandarizadas que miden la capacidad intelectual, el pensamiento abstracto, las aptitudes, el tipo de personalidad, las formas de reacción ante los más diversos estímulos… Todo ello se esquematiza en un “inventario de test” muy amplio que tiene una enorme utilidad.

Pues bien, muchos fracasos en los estudios primarios, secundarios y universitarios, no se deben tanto a la falta de inteligencia o de capacidad mental como a falta de voluntad;

déficit claro en los instrumentos de ésta; orden, constancia, disciplina, así como en sus relaciones familiares y en las que éstos tienen con su medio ambiente y profesores.

Un maestro que sabe estimular a sus alumnos y deposita en cada uno de ellos su confianza, será, más fácil que obtenga buenos resultados,

que aquel otro frío, distante y más crítico, que no sabe llevar un espíritu de lucha y esfuerzo a su alumnado.

Al animal no se le educa, sino que se le adiestra. Recordemos los experimentos de Koheler con monos: la inteligencia animal se mueve solo dentro de un cierto entrenamiento de conducta relativamente simple.

hijos de padres separados

Un alumno desadaptado a su colegio o que no ha sabido encajar bien en la Universidad, puede manifestarse de muy diversas formas. Es frecuente el “bloqueo para aprender”, que consiste en una especie de incapacidad para captar en clase lo que allí se dice, en otras ocasiones se trata de un “bloqueo afectivo”:muchas veces los hijos de padres separados, que tienen un mal troquelado sentimental, rinden menos y se muestran traumatizados por la situación de sus padres; en otros casos hay que analizar que hay detrás de eso; de igual modo,

las “conductas agresivas y de oposición” pueden acarrear problemas de cara a conseguir un rendimiento adecuado.

La labor del psicólogo y del psiquiatra tiene en estas situaciones un papel decisivo.

No existe el niño sin voluntad

No existe el niño sin voluntad, salvo que se trate de una enfermedad física o intelectual grave o que los problemas familiares hayan hecho mella en él o que en su ambiente familiar el tema de la voluntad ha estado muy abandonado. Adquirir voluntad es un asunto dependiente de haber sabido aplicar una buena pedagogía.

Tanto los fracasos en los estudios, como los jóvenes con “dificultades” necesitan una asistencia psicológica que les ayude a superar su situación. Estos fallos suelen reflejar algo negativo que se mueve por debajo y alimenta toda esa conducta negativa.

Lo esencial es “comprender donde nace el problema y como se ha ido gestando”. Puesto que la meta no es solo que estudie más y mejor, sino equilibrar su personalidad, que mejoren sus relaciones familiares y de compañerismo, que sienta el gozo de su esfuerzo al ver que avanza en distintos planos de su vida.

Toda pedagogía es ciencia y arte a la vez. Pero es esencial tener educada la voluntad, lo cual se va llevando a cabo poco a poco, a través de pequeños ejercicios diarios; así se va llegando a la costumbre de vencerse, en cosas en apariencia pequeñas, pero que tienen su importancia.

“La voluntad para el estudio debe ser fomentada desde la infancia, haciéndola atractiva y siendo los padres sus principales impulsores”.

Pero cada niño tiene sus particularidades. Decía Madame de Maintenon que “es necesario observar el humor y la capacidad de cada niño y después comportarse según ese modo natural,…” Hoy existen muchas teorías sobre el aprendizaje. “La pedagogía es una ciencia que ayuda a la educación y favorece la enseñanza; es también un arte que predispone a un mejor aprendizaje, mediante teoría y ejemplos atractivos”. Ciencia y arte forman un binomio. Si sabemos sacarle partido a los fracasos, tendremos bien aprendida la lección, rectificando errores y corrigiendo lo que no ayuda en cualquier forma de aprendizaje. Los conflictos educativos y sus teorías son la evolución de las ideas con el paso de los años.

Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2011-01-11