Criterios a tener en cuenta para la elección del centro escolar


Pablo Carreño Gomáriz – 11.02.2010

CRITERIOS A TENER EN CUENTA PARA LA ELECCIÓN
DEL CENTRO ESCOLAR

Ante este reto de facilitaros, de alguna manera, los criterios para elegir un colegio para la educación de los propios hijos, lo primero que tenemos que hacer es empezar con qué es un niño, qué es la educación. Después de tener claro esto, hablaremos de los cuatro fundamentos esenciales para mí a la hora de elegir un colegio.

¿Qué es un niño? Voy a ser muy empírico porque yo soy sociólogo. Supongamos que tenemos en esa silla a un niño, mejor dicho al que yo voy a describir ahora no estará sentado. Un niño es algo que al padre y a la madre le da el médico o la monja, recién nacido y le dice, aquí tiene padre feliz, aquí tiene tres kilos y medio de peso, absolutamente ignorante y absolutamente egocéntrico. Dicho de otra manera, tiene aquí un encantador cochino egoísta. El reto que se le pone al padre y a la madre cuando se le da ese niño es, aunque no lo veamos así, ahora usted tiene que convertirlo en 70 kilos de peso, si es varón, 45 si es chica, licenciado en derecho o en ingeniería de telecomunicaciones y que sea capaz de dar algo a los demás. Este es el reto.

La eduación consiste esencialmente en sacar al niño de sí mismo y hacerle ver que los demás existen y que no existen porque han venido aquí para utilizarlos él, para servirse de ellos, para amarlo porque me gusta o no me gusta. Han venido aquí con ellos que es otra cosa distinta. Conseguir que ese niño de tres kilos y medio de peso absolutamente ignorante y egocéntrico, ese adorable cochino egoísta, se convierta en alguien capaz de donar, de donarse, esa es la gran aventura de la educación. Luego, si el niño es licenciado en exactas o es ingeniero de caminos, o es albañil, eso es lo de menos, lo importante es que haya aprendido a ser y hacer feliz. Porque además, el que no es capaz de hacer feliz no es capaz de serlo. El que va por la vida buscando cosas no es capaz de dar nada.

Os lo voy a probar de una manera muy gráfica. Un vaso, como cualquier ser humano, tiene una capacidad. El vaso, aunque esté casi al borde, aunque tuviera de todo, y no debiera tener un motivo para quejarse de nada, la única manera de que este vaso dé algo es que se sienta lleno. Por eso, una pieza fundamental de la educación, y este es un criterio fundamental para la elección, es que el niño aprenda a ser feliz. Sin necesidad de depredar a los demás.

Dentro de este marco tenemos a este niño, un yo que acaba de nacer y que tiene un padre, una madre, una abuelita, un hermano y, a todos ellos, el niño los pone a su servicio con la herramienta que tiene, llorar. Este niño como un pedazo de madera o de piedra hay que convertirlo en alguien, para introducirlo en la sociedad 25 años después o los que sean, para que sea capaz de moverse, de salir de él, al menos en una determinada proporción. La educación no consiste en hacer un producto perfecto. Pero si consiste en hacer un producto lo suficientemente bueno para que tenga un porcentaje de salida hacia fuera, de instrumentalizarse él para otro, de darse, este es el proceso. Empezar con una materia prima y terminar con un producto capaz de introducirse en la sociedad sin que hayamos metido un habitante de la selva. Porque esta es la diferencia entre un habitante de la ciudad y uno de la selva. En la selva cada uno de ellos sale por la mañana con una mano a cada lado y mirándose, o son depredadores o depredan.

La única manera de que en éste que acaba de nacer puedan confiar los que hay alrededor de él, es que este niño merezca la confianza y desde luego si no le ha enseñado nadie no habrá manera de vivir al lado de él. Este es el proceso de la educación. En realidad, la ecuación para un sociólogo se llama algo mucho más amplio. Me gusta hablar de socialización. La socialización es precisamente el proceso que tienen en los grupos, en las organizaciones humanas de hacer civilizados, asequibles, confiables a sus ciudadanos nuevos.

Qué herramientas hay para hacer esto. Se hace a voleo, no. En toda actividad humana profesional hay unas herramientas, unos útiles. ¿Qué herramientas hay para esto? Aquí tenemos al cochino egoísta, adorable por supuesto, que no estaba dispuesto a ceder en nada, es un yo genético, con el que tenemos que hacer algo. El bloque de granito se transforma con tres herramientas: disciplina. Sin disciplina no saldrá nunca de ahí. Si este niño durante los siete primeros años de su recorrido de socialización ha podido hacer todo lo que le gusta y no ha tenido que hacer nada de lo que no le gusta, no hemos estado socializando un ser humano, hemos estado socializando un dios. Porque cuando llegue a los 18 años, este ser humano, se siente omnipotente. Y la omnipotencia es de Dios, no del ser humano. Hasta entonces todo lo que le gustaba ha podido hacerlo, con más o menos llanto o más o menos rabieta. Lo que no le gustaba no ha tenido necesidad de hacerlo. Tenemos un dios de 7 años. Ahora a los 7 años si tiene un hermano y lo tiene que depredar, lo hará.

Este egocentrismo se convierte en egoísta en la medida en que cuando llega aquí no ha tenido ninguna necesidad de reprimirse. El ser humano para llegar a convertirse en un auténtico ser humano necesita disciplina, necesitan que le digan que no. Aunque eso, al que más trabajo le cueste sea a su entrenador, ya sea su padre o su madre, los entrenadores están en el sitio en el que están no para decir que sí, que eso lo puede hacer cualquiera, el entrenador está para decir que no. La disciplina, la disciplina sensata, consiste en decir pocas veces que no, cuando se dice que no en un tema importante, y hacérselo ver.

Este es mi ideal de la disciplina. La disciplina consiste sencillamente en no abusar de la autoridad. Porque tan abuso de la autoridad es pasarse como quedarse corto. No somos dioses, por lo tanto, toda extremosidad, todo reduccionismo, es una manera de salirse del tiesto. Sin disciplina no hacemos hada. Cuando el niño se nos da pequeñito es 100% disciplina y 0% instrumento, autonomía y libertad. Autonomía y libertad que no se puede entender como, haga usted lo que quiera, sino como, decida usted y sea responsable de lo que usted ha decidido. Libertad sin responsabilidad es arbitrariedad. La libertad no consiste en que yo hago lo que me gusta. El hombre está continuamente entre un cruce de camino entre el me gusta o no me gusta y debe o no debe. Tal vez el debo o no debo coincida con el gusta o no gusta, y hay veces que no coincide. Aquel que cuando no coincide nunca opta por el debo o no debo, no es todavía un hombre ni una mujer aunque tenga 80 años. Y esto va evolucionando en la medida que el niño va respondiendo hasta que los 18, a los 22, depende de cada niño, llega un momento que es 0% disciplina y 100% autonomía. Qué pena el que cae en esa estupidez provinciana de cuando sea mayor ya haré. Eso es absurdo, si el primer proceso, la primera fase de la educación es “domesticarle”, antes de que conozca los afluentes del Danubio, con mucho amor, pero “domesticarle”. Este ser maravilloso hay que “domesticarlo”. Para que lo pueda “dejar suelto” con su hermanito y con su vecino sin que quiera “bebérselo” o utilizarlos.

Este es el proceso. ¿Criterio para elegir un colegio? Este es uno. Tenemos tres herramientas: disciplina, autonomía y amor. Autonomía y disciplina de acuerdo con la realidad, no se trata de idealismos ni de izquierdas ni de derechas, ni totalitario ni permisivo. Se trata que en función de lo que tenga delante, depende del niño, depende de la edad pero siempre sabiendo que estas dos herramientas tienen que estar utilizadas empezando por el 100% 0% y, en cuanto se pueda, ya que este proceso es largo. Es curioso que muchas veces no sabemos y pretendemos dejarlo para luego y con el niño o la niña casados es cuando intentamos meternos con su vida, cuando ya nos han hecho abuelos. Es un proceso. Empezamos con un niño de tres kilos, egocéntrico e ignorante y lo tenemos que dejar en alguien con quien se pueda vivir sin necesidad de que tenga que mirar a su espalda.

Los hombres tienen que aprender de nuevas, No aprenden de generación en generación. Los seres humanos pensamos todos que venimos a este mundo a inventarlo. Pero no, hemos venido a descubrir cómo funciona. Esta información se la pedimos a la gente que ya ha pasado por allí. Entonces, que es lo que pasa. Pues pasa que hay zonas periódicamente de máxima vida civilizada y hay otras zonas periódicamente de vida salvaje. ¿Y en que se diferencian estas dos cosas? La diferencia está esencialmente, en que lo civilizado está fundamentalmente en que las relaciones entre los seres se basan en el respeto. Cuando no hay respeto en las relaciones no hay vida civilizada. Y el respeto genera el amor. Pero sin respeto, sin una dosis suficiente en la relación, no hay posibilidad, se rompe todo. Cuando el respeto se pierde, lo que amanece en las relaciones entre los hombres es el desprecio. La frontera que marca la vida civilizada y la vida selvática es un índice de confianza suficiente como para darle la espalda al que tengo al lado. Cuando baja el respeto, el índice de respeto, baja el índice de confianza. Estas situaciones conllevan casi siempre una degeneración moral.

Así, tenemos otro criterio. ¿El colegio debe infundir respeto, confianza o competitividad? Ya nadie sensato piensa que la competitividad tenga ningún porvenir.

Otro criterio es la organización familiar. La organización familiar es un criterio que marca. La organización familiar es una organización que por naturaleza es bicéfala. Lo dirigen dos personas, padre y madre. Ahora, esta organización para funcionar necesita convertirse, aunque sea intermitentemente, en monarquía. Es decir, necesita decidir quien de ellos dos dice la última palabra y en qué temas. Si no se hace así y se vive el mito, de tenemos que estar siempre los dos de acuerdo, se pueden dar las cosas más paradójicas del mundo. Nos ponemos de acuerdo en que tú seas quien diga la última palabra en este campo. Y esto evitará una de las grandes tragedias en la educación, que es los conflictos más o menos latentes, a base de repartir previamente las funciones. Este es otro criterio para elegir colegio. ¿Quién tiene que elegir?

En la organización familiar lo que buscamos es la satisfacción máxima de tres. Buscamos sentirnos más admirados dentro que fuera. Porque los que tienen problemas con su familia son huérfanos. Después según el sexo o la edad hay más o menos hambre de una u otra cosa. Segundo valor, ternura. Vamos a la organización familiar a sentirnos tratados con mayor dedicación y ternura. Es incuestionable que la mujer pide más ternura. Pero todos tienen que dar el máximo de ternura a los demás. Y el tercer valor, es la seguridad. Entramos, cerramos la puerta, y decimos, aquí sí estamos a gusto. Necesitamos todos, esa seguridad. Si esa organización familiar no nos ofrece esto es una chapuza.

Sintetizando todo esto. Tenemos que tener en cuenta que el colegio hay que elegirlo con realismo, que sea un colegio que no esté anclado en el futuro ni en el pasado, sino ahora. Que impere el sentido existencialista. Tiene que ser un colegio que tenga los mismos ideales que tenga tu familia sino al niño le vamos a destrozar, le vamos a hacer un esquizofrénico, con una doble vida. Cuidado con criterios bastardos: elegirlo porque se puede conocer a personas importantes o porque se puede aprender mucho inglés. Eso son asuntos residuales, a considerar después de. El criterio tiene que hacerse teniendo en cuenta que estamos en una sociedad con un criterio declive del respeto y pasando esa frontera de la confianza de forma acelerada. Habrá que buscar un colegio que tenga criterio y que sepa despertar criterio y libertad en el alumno. La mayor libertad que podemos buscar para nuestro hijo no es que haga cosas o que diga cosas sino que piense. En este momento, el mayor peligro no es que no tengamos libertad para hacer o para decir, sino libertad para pensar. La instrumentalización que se puede hacer en la libertad, según el mundo en el que vivimos, es impresionante.

El último gran criterio para elegir un colegio, es que se busca siempre para algo. Hay tres maneras de buscar el colegio. Yo puedo educar con Dios, hablando del absoluto real.

fuente:vivirenfamilia.net

La Enseñanza Diferenciada Reduce el fracaso Escolar

(Por Leonard Sax,, Escuela de Familia, 2010-01-25)

Entrevista a Leonard Sax, graduado en el prestigioso MIT de Massachusetts, psicólogo y médico.
Presidente de la Asociación Norteamericana de Escuelas Públicas para un Solo Sexo, por Jose Maria Navolpotro

De la noche a la mañana, la enseñanza diferenciada se ha puesto de actualidad en España. De pronto, algunas comunidades autónomas han iniciado una batalla contra los colegios que aplican este sistema, amparados en la falsa acusación de “segregacionistas”. Fuera de nuestras fronteras, este tipo de enseñanza vive momentos de auge, sobre todo en Estados Unidos.

Medio millar de colegios norteamericanos son para chicos y chicas, en la enseñanza pública. Entre los partidarios de que los padres tengan esta libertad de elección está Hillary Clinton.

-Su asociación para la enseñanza diferenciada, ¿tiene alguna connotación religiosa?
-En absoluto. Somos una asociación exclusivamente civil, de colegios públicos, una asociación ciudadana, sin ninguna ligazón con grupos religiosos, o políticos. En muchos países, como España, esta enseñanza tiene que ver con la Iglesia Católica, pero no tiene por qué ser así. En Estados Unidos nuestro movimiento no tiene relación con las escuelas católicas, sino públicas. A nuestra asociación no pertenece ninguna escuela confesional.

-¿Qué presencia hoy tiene la escuela diferenciada en Estados Unidos?
-Hay 540 colegios públicos que ofrecen enseñanza diferenciada, y empezamos solo con once. Newport es un ejemplo de lo que ha sucedido. Allí se hizo un estudio en un colegio, aprovechando que había aulas mixtas y de un solo sexo. Cuando se matriculaba a los niños, se les asignaba de forma aleatoria a una u otra clase, aunque, si los padres querían, podían cambiar la opción. En cinco años que duró el estudio, los resultados muestran que el porcentaje de niñas que aprobaban en aulas mixtas era un 69%; mientras que en las de sólo niñas, ascendía al 75%. En cuanto a los niños, un 55% aprobaban en las mixtas; y hasta un 85% en las diferenciadas. Hay que tener en cuenta que todas las condiciones (instalaciones, profesores, origen social de los alumnos…) de unas y otras aulas eran las mismas.
Hoy, otras escuelas siguen el mismo modelo, pero no todos con igual éxito. Incluso algunas tienen peores resultados.

-¿Cómo se entiende eso?
-Si te limitas a poner a unos chicos en una clase y a las chicas en la otra, el sistema no funciona. Es imprescindible una mínima formación a los profesores, porque los que toda su vida han estado enseñando en clases mixtas no pueden aplicar el mismo esquema en las diferenciadas.

¿Motivos políticos?

-Ha habido una larga tradición de escuelas diferenciadas, pero de pronto los políticos decidieron excluirlas del sistema público. ¿Por qué?
-En Estados Unidos ha ocurrido como en España. Hace cincuenta años, se pensaba que la formación de los chicos debía ir orientada a lo profesional, y la de las chicas, a las tareas del hogar. Y por cierto, tuvieron mucho éxito, cada una por su parte. Cuando los políticos piensan ahora en las escuelas diferenciadas, tienen en la cabeza las mismas en las que ellos se educaron, aquellas en las que los chicos y las chicas hacían cosas diferentes. Por eso, cuando hablo con ellos me dicen que ya conocen esos centros y no los quieren, porque no quieren que se diferencie por sexo.

-¿Y qué les contesta?
-Que no se trata de volver al pasado. Se trata de estudiar lo mismo, pero en aulas diferenciadas. Lo que hay que hacer es llevarles y que vean que las escuelas de hoy no son las del pasado.

-En España, hay una ofensiva para que los colegios diferenciados no reciban dinero público. ¿Se trata de una cuestión política?
-En Estados Unidos, en 1975 se abandonó la enseñanza pública diferenciada. Posteriormente, muchos congresistas republicanos se dijeron: si enviamos a nuestros hijos a escuelas privadas de niños o niñas ¿por qué no permitirlo también en centros públicos? El congresista demócrata Ted Kennedy sentenció que eso significaba discriminar a las chicas y todo se quedó como estaba. Eso ocurrió en los años 90. Pero las cosas cambiaron, sobre todo cuando Hillary Clinton retomó el discurso de los primeros republicanos: ¿Por qué no dejar a los padres libertad para elegir? Y puso fin a la politización. Ella fue quien propuso la enmienda a favor de la enseñanza diferenciada en la escuela pública y ya no hubo problemas. No estamos hablando de política, sino de proteger las diferencias.

Tópicos

-La enseñanza diferenciada, ¿no favorece los estereotipos?
-En los colegios mixtos, incluso los mejores alumnos, consideran determinadas asignaturas como propias de niñas: los idiomas, la poesía, el arte… Y sucede lo mismo con las chicas en materias como la informática o la física: las ven como de chicos. En cambio, esto no ocurre en la educación diferenciada.
El pasado mes de octubre, estuve en Memphis en un congreso. Allí, una profesora comentó su frustración al ver cómo la informática se estudiaba acorde con patrones propios de chicos: los ejemplos eran de diseño de coches, por ejemplo, de competitividad… Y contó que ella había adoptado el programa para que fuese atractivo a las chicas, con ejemplos y casos más adecuados, y consiguió ganarse a las alumnas. Si hay enseñanza diferenciada, habrá más chicas interesadas en informática, en ingeniería… En España, sé que los chicos están por detrás de las chicas en habilidades de lecto-escritura. Algo de esto puede mejorar si estudian en clases sólo de niños.

-Entonces, ¿hay que poner en todas partes escuelas diferenciadas?
-No, ni mucho menos. Yo no pido que todo el mundo tenga que optar por la enseñanza diferenciada, sólo digo que hay que dar libertad a los padres. Lo que defendemos es la equidad de género.
No se trata de meter a las niñas en conventos y a los niños en monasterios. E1 derecho que deberían tener los padres para decidir es tan sencillo como que los niños y las niñas son diferentes. El desarrollo neurológico es diferente en ambos sexos.

-Pero argumentan que, precisamente, la diferenciada va en contra de la igualdad.
-En 1994, el gobierno español impone la supresión de las escuelas estatales de un solo sexo, en aras de la igualdad de oportunidades. Pero esa es una premisa falsa. Prueba de ello es que, por ejemplo, las alumnas que estudian Informática en la universidad han disminuido en los últimos veinte años en España. Insisto: la clave es entender que hombres y mujeres somos diferentes. Esta idea antes era sexista, porque significaba que el hombre debía ir al trabajo, y la mujer quedarse en casa. Pero hemos avanzado, y ahora se comprende que igualdad no está reñida con la diferencia. Y la mejor manera de atender esa diferencia es la educación diferenciada.

-De todos modos, se dice que la enseñanza diferenciada no favorece la socialización de los chavales.
-El año pasado, en Barcelona, se presentó un estudio que refleja cómo, después de diez o veinte años de su graduación escolar, quienes se graduaron en escuelas para un solo sexo tienen mejores porcentajes en cuanto a obtención de títulos de postgrado, son mejores profesionales, ganan más dinero, y muy especialmente las mujeres, son más líderes locales. En cuanto a la familia, el porcentaje de fracaso matrimonial de chicos y chicas en una u otra escuela es muy parecido. En ese sentido no hay diferencia.

Los chavales, en contra

-¿Qué piensan los chavales de esta enseñanza?
-A la mayoría de los chavales no les gusta, sobre todo a los chicos. Para que nuestro discurso tenga éxito hay que hacer muchas cosas y, en primer lugar, conseguir que sean los padres quienes tomen la decisión de llevar a los hijos a uno u otro colegio. Hace cuarenta años, los padres decían: “esa es la escuela a la que vas a ir” y no había más. Pero hoy los padres piensan que los hijos deben ser los que elijan. Y la mayor parte de los chicos prefieren las mixtas, sobre todo si no tienen experiencia de una escuela solo para chicos.

-¿Por qué la prefieren?
-Hay dos razones. Primero, evidentemente es más divertido estar en una clase con chicas.
En segundo lugar, en Estados Unidos tenemos un problema tremendo con la homofobia: el miedo de los chicos a que los otros piensen que es homosexual. Los chicos están aterrorizados con ese tema. Y si escogen un colegio de chicos temen que se les identifique con eso.
Por eso hay que dar más poder a los padres, para que tengan fuerza para tomar resoluciones y sean ellos quienes decidan. E1 chaval no es capaz de elegir lo mejor para él. Da igual que luego vayan diciendo: “Yo no quería ir a una escuela para chicos, pero mi madre me obligó a ir”. Más adelante se darán cuenta de que era la mejor elección. Porque, la verdad, que sea menos divertida y el miedo a que piensen que es homosexual no son razones de peso.

-¿Y qué piensan las chicas?
-Es la tercera razón. Si pones a cien chicas a elegir, un tercio preferirán los colegios de chicas; otro tercio, los mixtos; y a otro tercio les da lo mismo. En cambio, un 99 de los chicos dirán que quieren la mixta.
Pero, una vez que los chicos están en la escuela de chicos, les gusta quedarse allí. Además, en comunidades con larga experiencia en diferenciadas, muchas veces los chicos prefieren ir colegios diferenciados porque las chicas prefieren a los chicos de esas escuelas.

-Este tipo de enseñanza, ¿no separa a los chavales del mundo real, que es mixto?
-En realidad, los colegios mixtos no representan el mundo real. Ahí, lo que cuenta es quién gusta a quién, quién tiene las piernas más largas, y quién es el más guapo. En Estados Unidos se hizo un estudio sociológico sobre cómo se veían las chicas, sobre su autoestima. En los centros mixtos, la única pregunta decisiva para la autoestima de las chicas era: ¿Eres guapa? Entre las alumnas de colegios femeninos, había otras cosas: tener buenas notas, llevarse bien con los padres, ser buena deportista… y también ser guapa, como una cosa más.
En este sentido la enseñanza diferenciada prepara mejor para el mundo real, porque lo que importa -por lo general- en el ámbito profesional es si eres competente, no si eres guapa.

Disminuye el fracaso

-¿Cree que la enseñanza diferenciada hace disminuir el fracaso escolar?
-Creo que sí. Pero, para eso, necesita profesores con formación específica. Y consigue reducir el fracaso no sólo entre las chicas, sino también entre los chicos. En las clases se acaban las peleas, se crea una cultura donde lo que mola es sacar buenas notas y portarse bien. En la escuela mixta, a lo que más prestan atención es al guapo.
De todos modos, hay también actividades que pueden realizar de forma conjunta. Por ejemplo, en Nueva Zelanda, en muchas ciudades hay tres escuelas públicas: una para chicos, otra para chicas y otra mixta. Cada una de ellas colabora con las otras, y, una vez al mes, realizan actividades conjuntas.

Me parece que las escuelas deben ofrecer oportunidad de interactuar pero, por ejemplo, en clase de francés deben centrarse en aprender francés, no en ligar.

-¿Hay datos concretos sobre cómo mejoran los alumnos?
-En 1992 sólo teníamos once escuela; públicas diferenciadas en Estado; Unidos y por eso no hay datos sobre sus resultados a largo plazo. Sí los hay sobre escuelas privadas. Según esas investigaciones, los alumnos de escuelas para un solo sexo tienen algunas posibilidades más de ir a la universidad, pero muchas más de ser líderes. Veamos: ¿Qué mujeres, en Estados Unidos han roto el llamado “techo de cristal”? Nancy Pelosi, la primera mujer que preside la Cámara de Representantes; Sally Ride, primera norteamericana que subió al espacio; Sandra Day O´Connor, primera juez del Tribunal Supremo: Madeleine Albright, primera Secretaria de Estado; Condoleezza Rice, la primera Secretaria de Estado de raza negra… Todas tienen en común haber estudiado en colegios de chicas.

-Pero hay países con muy buenos resultados educativos, como Finlandia, donde sólo hay colegios mixtos.
Finlandia es un caso particular interesante. Está en lo más alto, en la clasificación del informe PISA. Hay razones para ello: tiene gran presupuesto, los profesores están muy bien pagados, los mejores alumnos de la universidad se dedican a la enseñanza…
Como hay tantos factores que influyen, la cuestión no es comparar un país con otro, sino comparar dentro del propio país, con las mismas condiciones. De todos modos, si en Finlandia hubiese escuelas diferenciadas, sus resultados serían aún mejores.

-O sea, que los buenos resultados de la diferenciada no se reducen a un área: desde África a la India…
-En India la mayor parte del sistema educativo público estaba integrado por colegios mixtos. Pero mucha gente, no sólo la clase media o alta, mandaba a sus hijos a escuelas privadas porque son muy, muy baratas. Por eso la mayoría de las escuelas de primaria o secundaria eran privadas, y diferenciadas (herencia del sistema educativo colonial inglés). Pero allí, se empezó a ver como pasada de moda. Conocí a un hindú, que había ido a mi país, y hablando con sus vecinos, se sorprendió de que sus hijos estudiasen en un centro de educación diferenciada: en Norteamérica, donde la gente tiene más formación, están a la última en moda, ¡lo más moderno eran los colegios para chicos o chicas…!
De todos modos, hay que tener en cuenta algo muy importante: la educación diferenciada no es cuestión de modas.
MÁS INFORMACIÓN

www.singlesexschools.org

www.igualesperodiferentes.org

CRITERIOS A TENER EN CUENTA PARA LA ELECCIÓN DE Colegio

 

Ante este reto de facilitaros, de alguna manera, los criterios para elegir un colegio para la educación de los propios hijos, lo primero que tenemos que hacer es empezar con qué es un niño, qué es la educación. Después de tener claro esto, hablaremos de los cuatro fundamentos esenciales para mí a la hora de elegir un colegio.

¿Qué es un niño? Voy a ser muy empírico porque yo soy sociólogo. Supongamos que tenemos en esa silla a un niño, mejor dicho al que yo voy a describir ahora no estará sentado. Un niño es algo que al padre y a la madre le da el médico o la monja, recién nacido y le dice, aquí tiene padre feliz, aquí tiene tres kilos y medio de peso, absolutamente ignorante y absolutamente egocéntrico. Dicho de otra manera, tiene aquí un encantador cochino egoísta. El reto que se le pone al padre y a la madre cuando se le da ese niño es, aunque no lo veamos así, ahora usted tiene que convertirlo en 70 kilos de peso, si es varón, 45 si es chica, licenciado en derecho o en ingeniería de telecomunicaciones y que sea capaz de dar algo a los demás. Este es el reto.

La eduación consiste esencialmente en sacar al niño de sí mismo y hacerle ver que los demás existen y que no existen porque han venido aquí para utilizarlos él, para servirse de ellos, para amarlo porque me gusta o no me gusta. Han venido aquí con ellos que es otra cosa distinta. Conseguir que ese niño de tres kilos y medio de peso absolutamente ignorante y egocéntrico, ese adorable cochino egoísta, se convierta en alguien capaz de donar, de donarse, esa es la gran aventura de la educación. Luego, si el niño es licenciado en exactas o es ingeniero de caminos, o es albañil, eso es lo de menos, lo importante es que haya aprendido a ser y hacer feliz. Porque además, el que no es capaz de hacer feliz no es capaz de serlo. El que va por la vida buscando cosas no es capaz de dar nada.

Os lo voy a probar de una manera muy gráfica. Un vaso, como cualquier ser humano, tiene una capacidad. El vaso, aunque esté casi al borde, aunque tuviera de todo, y no debiera tener un motivo para quejarse de nada, la única manera de que este vaso dé algo es que se sienta lleno. Por eso, una pieza fundamental de la educación, y este es un criterio fundamental para la elección, es que el niño aprenda a ser feliz. Sin necesidad de depredar a los demás.

Dentro de este marco tenemos a este niño, un yo que acaba de nacer y que tiene un padre, una madre, una abuelita, un hermano y, a todos ellos, el niño los pone a su servicio con la herramienta que tiene, llorar. Este niño como un pedazo de madera o de piedra hay que convertirlo en alguien, para introducirlo en la sociedad 25 años después o los que sean, para que sea capaz de moverse, de salir de él, al menos en una determinada proporción. La educación no consiste en hacer un producto perfecto. Pero si consiste en hacer un producto lo suficientemente bueno para que tenga un porcentaje de salida hacia fuera, de instrumentalizarse él para otro, de darse, este es el proceso. Empezar con una materia prima y terminar con un producto capaz de introducirse en la sociedad sin que hayamos metido un habitante de la selva. Porque esta es la diferencia entre un habitante de la ciudad y uno de la selva. En la selva cada uno de ellos sale por la mañana con una mano a cada lado y mirándose, o son depredadores o depredan.

La única manera de que en éste que acaba de nacer puedan confiar los que hay alrededor de él, es que este niño merezca la confianza y desde luego si no le ha enseñado nadie no habrá manera de vivir al lado de él. Este es el proceso de la educación. En realidad, la ecuación para un sociólogo se llama algo mucho más amplio. Me gusta hablar de socialización. La socialización es precisamente el proceso que tienen en los grupos, en las organizaciones humanas de hacer civilizados, asequibles, confiables a sus ciudadanos nuevos.

Qué herramientas hay para hacer esto. Se hace a voleo, no. En toda actividad humana profesional hay unas herramientas, unos útiles. ¿Qué herramientas hay para esto? Aquí tenemos al cochino egoísta, adorable por supuesto, que no estaba dispuesto a ceder en nada, es un yo genético, con el que tenemos que hacer algo. El bloque de granito se transforma con tres herramientas: disciplina. Sin disciplina no saldrá nunca de ahí. Si este niño durante los siete primeros años de su recorrido de socialización ha podido hacer todo lo que le gusta y no ha tenido que hacer nada de lo que no le gusta, no hemos estado socializando un ser humano, hemos estado socializando un dios. Porque cuando llegue a los 18 años, este ser humano, se siente omnipotente. Y la omnipotencia es de Dios, no del ser humano. Hasta entonces todo lo que le gustaba ha podido hacerlo, con más o menos llanto o más o menos rabieta. Lo que no le gustaba no ha tenido necesidad de hacerlo. Tenemos un dios de 7 años. Ahora a los 7 años si tiene un hermano y lo tiene que depredar, lo hará.

Este egocentrismo se convierte en egoísta en la medida en que cuando llega aquí no ha tenido ninguna necesidad de reprimirse. El ser humano para llegar a convertirse en un auténtico ser humano necesita disciplina, necesitan que le digan que no. Aunque eso, al que más trabajo le cueste sea a su entrenador, ya sea su padre o su madre, los entrenadores están en el sitio en el que están no para decir que sí, que eso lo puede hacer cualquiera, el entrenador está para decir que no. La disciplina, la disciplina sensata, consiste en decir pocas veces que no, cuando se dice que no en un tema importante, y hacérselo ver.

Este es mi ideal de la disciplina. La disciplina consiste sencillamente en no abusar de la autoridad. Porque tan abuso de la autoridad es pasarse como quedarse corto. No somos dioses, por lo tanto, toda extremosidad, todo reduccionismo, es una manera de salirse del tiesto. Sin disciplina no hacemos hada. Cuando el niño se nos da pequeñito es 100% disciplina y 0% instrumento, autonomía y libertad. Autonomía y libertad que no se puede entender como, haga usted lo que quiera, sino como, decida usted y sea responsable de lo que usted ha decidido. Libertad sin responsabilidad es arbitrariedad. La libertad no consiste en que yo hago lo que me gusta. El hombre está continuamente entre un cruce de camino entre el me gusta o no me gusta y debe o no debe. Tal vez el debo o no debo coincida con el gusta o no gusta, y hay veces que no coincide. Aquel que cuando no coincide nunca opta por el debo o no debo, no es todavía un hombre ni una mujer aunque tenga 80 años. Y esto va evolucionando en la medida que el niño va respondiendo hasta que los 18, a los 22, depende de cada niño, llega un momento que es 0% disciplina y 100% autonomía. Qué pena el que cae en esa estupidez provinciana de cuando sea mayor ya haré. Eso es absurdo, si el primer proceso, la primera fase de la educación es “domesticarle”, antes de que conozca los afluentes del Danubio, con mucho amor, pero “domesticarle”. Este ser maravilloso hay que “domesticarlo”. Para que lo pueda “dejar suelto” con su hermanito y con su vecino sin que quiera “bebérselo” o utilizarlos.

Este es el proceso. ¿Criterio para elegir un colegio? Este es uno. Tenemos tres herramientas: disciplina, autonomía y amor. Autonomía y disciplina de acuerdo con la realidad, no se trata de idealismos ni de izquierdas ni de derechas, ni totalitario ni permisivo. Se trata que en función de lo que tenga delante, depende del niño, depende de la edad pero siempre sabiendo que estas dos herramientas tienen que estar utilizadas empezando por el 100% 0% y, en cuanto se pueda, ya que este proceso es largo. Es curioso que muchas veces no sabemos y pretendemos dejarlo para luego y con el niño o la niña casados es cuando intentamos meternos con su vida, cuando ya nos han hecho abuelos. Es un proceso. Empezamos con un niño de tres kilos, egocéntrico e ignorante y lo tenemos que dejar en alguien con quien se pueda vivir sin necesidad de que tenga que mirar a su espalda.

Los hombres tienen que aprender de nuevas, No aprenden de generación en generación. Los seres humanos pensamos todos que venimos a este mundo a inventarlo. Pero no, hemos venido a descubrir cómo funciona. Esta información se la pedimos a la gente que ya ha pasado por allí. Entonces, que es lo que pasa. Pues pasa que hay zonas periódicamente de máxima vida civilizada y hay otras zonas periódicamente de vida salvaje. ¿Y en que se diferencian estas dos cosas? La diferencia está esencialmente, en que lo civilizado está fundamentalmente en que las relaciones entre los seres se basan en el respeto. Cuando no hay respeto en las relaciones no hay vida civilizada. Y el respeto genera el amor. Pero sin respeto, sin una dosis suficiente en la relación, no hay posibilidad, se rompe todo. Cuando el respeto se pierde, lo que amanece en las relaciones entre los hombres es el desprecio. La frontera que marca la vida civilizada y la vida selvática es un índice de confianza suficiente como para darle la espalda al que tengo al lado. Cuando baja el respeto, el índice de respeto, baja el índice de confianza. Estas situaciones conllevan casi siempre una degeneración moral.

Así, tenemos otro criterio. ¿El colegio debe infundir respeto, confianza o competitividad? Ya nadie sensato piensa que la competitividad tenga ningún porvenir.

Otro criterio es la organización familiar. La organización familiar es un criterio que marca. La organización familiar es una organización que por naturaleza es bicéfala. Lo dirigen dos personas, padre y madre. Ahora, esta organización para funcionar necesita convertirse, aunque sea intermitentemente, en monarquía. Es decir, necesita decidir quien de ellos dos dice la última palabra y en qué temas. Si no se hace así y se vive el mito, de tenemos que estar siempre los dos de acuerdo, se pueden dar las cosas más paradójicas del mundo. Nos ponemos de acuerdo en que tú seas quien diga la última palabra en este campo. Y esto evitará una de las grandes tragedias en la educación, que es los conflictos más o menos latentes, a base de repartir previamente las funciones. Este es otro criterio para elegir colegio. ¿Quién tiene que elegir?

En la organización familiar lo que buscamos es la satisfacción máxima de tres. Buscamos sentirnos más admirados dentro que fuera. Porque los que tienen problemas con su familia son huérfanos. Después según el sexo o la edad hay más o menos hambre de una u otra cosa. Segundo valor, ternura. Vamos a la organización familiar a sentirnos tratados con mayor dedicación y ternura. Es incuestionable que la mujer pide más ternura. Pero todos tienen que dar el máximo de ternura a los demás. Y el tercer valor, es la seguridad. Entramos, cerramos la puerta, y decimos, aquí sí estamos a gusto. Necesitamos todos, esa seguridad. Si esa organización familiar no nos ofrece esto es una chapuza.

Sintetizando todo esto. Tenemos que tener en cuenta que el colegio hay que elegirlo con realismo, que sea un colegio que no esté anclado en el futuro ni en el pasado, sino ahora. Que impere el sentido existencialista. Tiene que ser un colegio que tenga los mismos ideales que tenga tu familia sino al niño le vamos a destrozar, le vamos a hacer un esquizofrénico, con una doble vida. Cuidado con criterios bastardos: elegirlo porque se puede conocer a personas importantes o porque se puede aprender mucho inglés. Eso son asuntos residuales, a considerar después de. El criterio tiene que hacerse teniendo en cuenta que estamos en una sociedad con un criterio declive del respeto y pasando esa frontera de la confianza de forma acelerada. Habrá que buscar un colegio que tenga criterio y que sepa despertar criterio y libertad en el alumno. La mayor libertad que podemos buscar para nuestro hijo no es que haga cosas o que diga cosas sino que piense. En este momento, el mayor peligro no es que no tengamos libertad para hacer o para decir, sino libertad para pensar. La instrumentalización que se puede hacer en la libertad, según el mundo en el que vivimos, es impresionante.

El último gran criterio para elegir un colegio, es que se busca siempre para algo. Hay tres maneras de buscar el colegio. Yo puedo educar con Dios, hablando del absoluto real.

Pablo Carreño Gomáriz – vivirenfamilia.net