Padres y docentes, en el mismo barco

Por Adolfo Torrecilla
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Última actualización 16/05/2011@08:19:21 GMT+1
Cállate. Ponte en tu sitio. Siéntate. Callaos. Que os calléis. Un poco de atención… Los profesores dedican el 16% de la clase a imponer orden en las aulas, un trabajo agotador que afecta negativamente en el rendimiento académico de los alumnos y hasta en el ambiente del centro. Este constante tira y afloja y la escasa colaboración de los padres son uno de los talones de aquiles de nuestro sistema educativo.
Organizada por CEAPA y CONCAPA, se celebró recientemente en el Consejo Escolar del Estado la I Jornada de Participación. Y también hace poco tuvo lugar en Pamplona el 35º Congreso de FAPACE, organización que aglutina a los padres de los centros de Fomento. En estos foros, se ha vuelto a destacar que se necesitan padres que se involucren más en el colegio.

Y no es que los padres tengan mala voluntad o que pasen de lo que les sucede a sus hijos en las aulas. En muchas ocasiones la falta de formación les impide afrontar sus obligaciones, que dejan demasiado en mano de los profesores. De ahí la necesidad de seguir impulsando las Escuelas de Padres como eficaz herramienta para darles el apoyo educativo necesario con el fin de que sepan moverse en un territorio en el que, por desgracia, a menudo se sienten desbordados.

Escaso respaldo

Este pasotismo, sin embargo, tiene negativas consecuencias para el ambiente de los centros educativos, como confirma una encuesta de FETE-UGT. El 55% de los encuestados subrayan la falta de respaldo de los padres a la hora de afrontar los problemas que surgen en las aulas. Más aún, en muchas ocasiones la respuesta de las familias va en contra incluso de los intereses educativos, actitud que en nada contribuye a que mejoren los resultados escolares y a que, por supuesto, disminuya el fracaso escolar, el verdadero lastre de la educación española. Y es que para mejorar el clima educativo es indispensable que mejoren las relaciones entre los padres, profesores y alumnos. La extensión de un clima de desconfianza, violencia y de indisciplina, aunque no sean casos escandalosos ni trágicos como los que a veces saltan a las noticias de los medios de comunicación, empaña el trabajo y el esfuerzo que ponen los docentes para mejorar la calidad de nuestro sistema educativo.

Hace falta, pues, que los padres, en todas las etapas pero especialmente en la Secundaria, la más conflictiva, asuman su papel de colaborar con la escuela. No puede ser que se alineen por sistema en el bando contrario al de los profesores, asegurando con su conducta que sus hijos mantengan una actitud desafiante. Más aún, resulta preocupante la proliferación de casos hasta ahora insólitos en la educación española, como son los actos de violencia de los padres contra los profesores.

A través de las actuaciones del Consejo Escolar, de las Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, del diálogo, de las frecuentes reuniones, de las tutorías…, deben establecerse fluidos cauces de colaboración entre las familias y los docentes, pues todos deberían ir en la misma dirección. Cuando se respira un clima conflictivo en las aulas, con enfrentamientos entre los profesores y los alumnos, o entre los propios alumnos, acaba salpicando negativamente al trabajo docente.

Según el último Informe TALIS (Teaching and Learning International Survey), elaborado por la OCDE en 2009, el 16% de las clases en España se pierde en imponer orden. Pero hay datos todavía más preocupantes. Por ejemplo, España es el país donde el clima escolar es el “menos favorable” de los países participantes. El Informe reconoce que es necesario fortalecer la figura del profesor y mejorar sus condiciones sociolaborales como factor determinante para que mejore el clima educativo. En este sentido, la mejor dirección es trabajar, con la colaboración de los padres, para reforzar la autoridad y el prestigio del profesor. Sin embargo, los recientes recortes educativos, que han afectado de manera muy especial a los docentes, no parece que sean la mejor medicina de las Administraciones educativas para apoyarlos.

Fuente:padresycolegios.com

LOS NIÑOS DE LAS MIL HORAS DE TELE


Un estudio reabre la alerta sobre el consumo masivo que los menores hacen de la televisión. Nadie sabe aún cuál es el efecto sobre los niños, aunque nadie duda de que marcará a toda una generación

Por Joaquim Reglan
La Vanguardia 25/01/2004

“Por la mañana están muy nerviosos, porque desayunan rápido e hipnotizados ante la tele”, explica una maestra

“El problema de fondo –apunta un profesor de psicoanálisis– no es de cifras, sino de personas indefensas ante los medios”

La comprobación de que las criaturas pasan más horas frente al televisor y otras pantallas electrónicas que en la escuela dispara las alarmas y el debate sobre la cantidad y calidad del consumo audiovisual. Mac Luhan vaticinó aulas sin muros debido a la influencia de la cultura audiovisual, pero no imaginó que las malas artes y las nuevas tecnologías crearían vertederos de basura sin muros de contención. Un estudio realizado por el Consell de l”Audiovisual de Catalunya (CAC) alerta sobre que los menores catalanes pasan 990 horas anuales ante pantallas electrónicas y sólo 960 en la escuela, que hay pocos programas infantiles buenos, que el 15% de los escolares sufre insomnio a causa de los ruidos y los horarios y que muchos contenidos son aberrantes. Ante esos resultados, su presidente, Francesc Codina, propone “ampliar el horario de protección a la infancia, compensar la diferencia horaria entre escuela y televisión, favorecer una mayor producción infantil, crear nuevos canales especializados y concienciar a los padres sobre su responsabilidad”.

José Manuel Pérez Tornero dirigió el estudio. Es profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona y asesor de la Unesco en educación mediática. Autor de tratados sobre la materia, se muestra optimista. “Una mayor sensibilidad social respecto al problema y las nuevas tecnologías permitirán seleccionar a la carta canales especializados de mayor calidad”, augura. Le fascina la televisión y le ve muchas posibilidades educativas, “por eso la critico con una mezcla de dolor de corazón y de cariño. Me gustaría que fuese mejor y puede serlo. Mi mujer es catedrática de Literatura y se queja del lenguaje y los valores que inculca la telebasura entre la juventud”. Como muchos padres, desea “una televisión que trate de la vida cotidiana, fomente la cultura y los valores solidarios”.

Xesc Barceló es un guionista de prestigio. Pionero de programas infantiles de TVE y responsable de la programación juvenil de TV3, ahora trabaja en Media Pro y suministra programas a varias cadenas. “Antes –explica– había más preocupación por los contenidos didácticos e innovadores. Una serie como ‘Verano azul’ parece ñoña, pero fue progresista en su época. Ahora me preocupan los insultos, la grosería, el morbo y los chistes racistas y excluyentes que se cuentan en ciertos espacios.” No practica la regla de oro de los guionistas norteamericanos: “Si ponemos excrementos, atraemos moscas, si ponemos más excrementos, atraemos más moscas”, pero tampoco dispara contra el emisor. “Hay porquería y programas selectos, pero el gran público tiende hacia lo peor, como en música, libros o cine. Si diese más beneficios hablar de principios éticos, lo harían, pero no es así.”

Creador de espacios “sutilmente didácticos con toque gamberro, pero sin confusiones ideológicas o de comportamiento y sin apelar a instintos básicos”, ve cómo la televisión se hace más primaria y atrae a los jóvenes con morbo y sexo. “Sea pública o privada, por unas décimas de audiencia se emite más carnaza”, y la tontería se expande y contagia. Espacios de humor o series como ‘Plats bruts’ son histéricas, histriónicas y groseras, pero gustan a menores y mayores. “Es una moda y un reflejo de las galerías de monstruos de ‘Crónicas marcianas’ y ‘Gran Hermano’, que ya sólo son caricaturas de sí mismos”, resume el guionista.

Sue Aran es directora de estudios audiovisuales de la Universitat Ramon Llull y ha colaborado en el estudio del CAC. “La prensa ha simplificado los datos, no ha separado las horas dedicadas a la televisión de las dedicadas a ordenadores y videojuegos”, critica. Más que alarmar a la sociedad o atacar a la industria audiovisual, propone “una revisión general del modelo familiar y del consumo cultural que afecta a todos, ya que adultos y ancianos pasan más horas frente a la pantalla que los niños”. Su tarea es formar nuevos profesionales. “En la universidad introducimos una reflexión general sobre la preocupación social y educativa, así como asignaturas sobre uso pedagógico y educación mediática. Pero sería bueno que esa reflexión se integrase en la escuela primaria, ya que algunos programas de la Generalitat mezclan cine, televisión e informática.”

Montserrat Colom dirige una escuela de primaria. “Se nota que niñas y niños ven programas inapropiados y fuera del horario habitual. Por la mañana están muy nerviosos, porque desayunan rápido e hipnotizados ante la tele.” Sin embargo, no es partidaria de introducir asignaturas especiales. “Desde la escuela se puede incidir aprovechando las ocasiones para hacer comentarios críticos, pero sin dramatizar y con sentido común. Lo contrario sería contraproducente, ya que formamos personas libres y críticas ante la televisión y ante la sociedad.” Cree que el problema se agrava en secundaria.

Víctimas no sólo infantiles Lluís Prat se licenció en Audiovisuales en la Universitat Pompeu Fabra y dirige un centro de bachillerato. “Los adolescentes reciben más influencias de los amigos que de casa o la televisión. Es cierto que se retrasa la adolescencia, pero se debe a una estructura educativa que lleva diez años en reformas y ha bajado los niveles de calidad. Atribuirlo a los audiovisuales es una simplificación excesiva.” Su crítica a los contenidos mediáticos es por su “desmesurada inflación de programas del corazón y de chismorreo”.

Según el sociólogo Salvador Cardús, “la estadística no cambia nada. Escandalizarse por las cifras es farisaico, porque los índices de audiencia señalan lo que desean ver los adultos, y los maestros miran tanta tele como los demás ciudadanos”. Cardús detecta “una fobia contra los medios audiovisuales, a los que se culpa de todos los males de nuestra existencia. La cuestión no es saber cuántas horas pasan los menores ante las pantallas, sino cómo las pasan”.

Begoña Odrazola es terapeuta familiar y pesimista. “Las estadísticas son parecidas a las de hace 20 años, no se avanza y nos jugamos el futuro de una juventud más violenta”, dice. Por su consultorio pasan padres agobiados por el trabajo, hijos pasivos y sedentarios, personas solitarias e incomunicadas, abuelas que hacen de canguro y “adolescentes con falta de límites, que no valoran las cosas, no soportan una negativa y son más impulsivos”. Tiene casos tan preocupantes como el de una mujer que se ha quedado en el paro, se ha enganchado a la playStation y se pasa cuatro horas diarias jugando. Pero siempre hay alguno peor: “Un niño tenía la habitación llena de ordenadores y no salía nunca. Cumplió 18 años y no quería trabajar ni estudiar. Ha llegado a los 28 años encerrado en su cuarto y ahora ya hay un mandato judicial de alejamiento del hogar instado por los padres.”

Joan Salinas-Rosés es profesor de psicoanálisis en la Universidad del País Vasco. Según él, “lo que está en debate son síntomas contemporáneos que todo sujeto recibe de modo masivo. El problema de fondo no es de cifras y horas, sino de personas indefensas ante unos medios que tienden hacia la uniformidad y el pensamiento único, en línea con la globalización y una colonización de las mentalidades cada vez más sutil”. En cuanto a la afirmación del CAC de que mirar una pantalla “no es natural”, estima que “tampoco es natural beber refresco de cola o té. Es en función de una cultura que algo se convierte en hábito natural, y son los padres quienes transmiten estos hábitos”. Lo que parece claro es que cada vez se practican menos aquellos tres mandamientos de los medios que decían: “Informar, formar y entretener.”

Fuente:arvo.net

Criterios a tener en cuenta para la elección del centro escolar


Pablo Carreño Gomáriz – 11.02.2010

CRITERIOS A TENER EN CUENTA PARA LA ELECCIÓN
DEL CENTRO ESCOLAR

Ante este reto de facilitaros, de alguna manera, los criterios para elegir un colegio para la educación de los propios hijos, lo primero que tenemos que hacer es empezar con qué es un niño, qué es la educación. Después de tener claro esto, hablaremos de los cuatro fundamentos esenciales para mí a la hora de elegir un colegio.

¿Qué es un niño? Voy a ser muy empírico porque yo soy sociólogo. Supongamos que tenemos en esa silla a un niño, mejor dicho al que yo voy a describir ahora no estará sentado. Un niño es algo que al padre y a la madre le da el médico o la monja, recién nacido y le dice, aquí tiene padre feliz, aquí tiene tres kilos y medio de peso, absolutamente ignorante y absolutamente egocéntrico. Dicho de otra manera, tiene aquí un encantador cochino egoísta. El reto que se le pone al padre y a la madre cuando se le da ese niño es, aunque no lo veamos así, ahora usted tiene que convertirlo en 70 kilos de peso, si es varón, 45 si es chica, licenciado en derecho o en ingeniería de telecomunicaciones y que sea capaz de dar algo a los demás. Este es el reto.

La eduación consiste esencialmente en sacar al niño de sí mismo y hacerle ver que los demás existen y que no existen porque han venido aquí para utilizarlos él, para servirse de ellos, para amarlo porque me gusta o no me gusta. Han venido aquí con ellos que es otra cosa distinta. Conseguir que ese niño de tres kilos y medio de peso absolutamente ignorante y egocéntrico, ese adorable cochino egoísta, se convierta en alguien capaz de donar, de donarse, esa es la gran aventura de la educación. Luego, si el niño es licenciado en exactas o es ingeniero de caminos, o es albañil, eso es lo de menos, lo importante es que haya aprendido a ser y hacer feliz. Porque además, el que no es capaz de hacer feliz no es capaz de serlo. El que va por la vida buscando cosas no es capaz de dar nada.

Os lo voy a probar de una manera muy gráfica. Un vaso, como cualquier ser humano, tiene una capacidad. El vaso, aunque esté casi al borde, aunque tuviera de todo, y no debiera tener un motivo para quejarse de nada, la única manera de que este vaso dé algo es que se sienta lleno. Por eso, una pieza fundamental de la educación, y este es un criterio fundamental para la elección, es que el niño aprenda a ser feliz. Sin necesidad de depredar a los demás.

Dentro de este marco tenemos a este niño, un yo que acaba de nacer y que tiene un padre, una madre, una abuelita, un hermano y, a todos ellos, el niño los pone a su servicio con la herramienta que tiene, llorar. Este niño como un pedazo de madera o de piedra hay que convertirlo en alguien, para introducirlo en la sociedad 25 años después o los que sean, para que sea capaz de moverse, de salir de él, al menos en una determinada proporción. La educación no consiste en hacer un producto perfecto. Pero si consiste en hacer un producto lo suficientemente bueno para que tenga un porcentaje de salida hacia fuera, de instrumentalizarse él para otro, de darse, este es el proceso. Empezar con una materia prima y terminar con un producto capaz de introducirse en la sociedad sin que hayamos metido un habitante de la selva. Porque esta es la diferencia entre un habitante de la ciudad y uno de la selva. En la selva cada uno de ellos sale por la mañana con una mano a cada lado y mirándose, o son depredadores o depredan.

La única manera de que en éste que acaba de nacer puedan confiar los que hay alrededor de él, es que este niño merezca la confianza y desde luego si no le ha enseñado nadie no habrá manera de vivir al lado de él. Este es el proceso de la educación. En realidad, la ecuación para un sociólogo se llama algo mucho más amplio. Me gusta hablar de socialización. La socialización es precisamente el proceso que tienen en los grupos, en las organizaciones humanas de hacer civilizados, asequibles, confiables a sus ciudadanos nuevos.

Qué herramientas hay para hacer esto. Se hace a voleo, no. En toda actividad humana profesional hay unas herramientas, unos útiles. ¿Qué herramientas hay para esto? Aquí tenemos al cochino egoísta, adorable por supuesto, que no estaba dispuesto a ceder en nada, es un yo genético, con el que tenemos que hacer algo. El bloque de granito se transforma con tres herramientas: disciplina. Sin disciplina no saldrá nunca de ahí. Si este niño durante los siete primeros años de su recorrido de socialización ha podido hacer todo lo que le gusta y no ha tenido que hacer nada de lo que no le gusta, no hemos estado socializando un ser humano, hemos estado socializando un dios. Porque cuando llegue a los 18 años, este ser humano, se siente omnipotente. Y la omnipotencia es de Dios, no del ser humano. Hasta entonces todo lo que le gustaba ha podido hacerlo, con más o menos llanto o más o menos rabieta. Lo que no le gustaba no ha tenido necesidad de hacerlo. Tenemos un dios de 7 años. Ahora a los 7 años si tiene un hermano y lo tiene que depredar, lo hará.

Este egocentrismo se convierte en egoísta en la medida en que cuando llega aquí no ha tenido ninguna necesidad de reprimirse. El ser humano para llegar a convertirse en un auténtico ser humano necesita disciplina, necesitan que le digan que no. Aunque eso, al que más trabajo le cueste sea a su entrenador, ya sea su padre o su madre, los entrenadores están en el sitio en el que están no para decir que sí, que eso lo puede hacer cualquiera, el entrenador está para decir que no. La disciplina, la disciplina sensata, consiste en decir pocas veces que no, cuando se dice que no en un tema importante, y hacérselo ver.

Este es mi ideal de la disciplina. La disciplina consiste sencillamente en no abusar de la autoridad. Porque tan abuso de la autoridad es pasarse como quedarse corto. No somos dioses, por lo tanto, toda extremosidad, todo reduccionismo, es una manera de salirse del tiesto. Sin disciplina no hacemos hada. Cuando el niño se nos da pequeñito es 100% disciplina y 0% instrumento, autonomía y libertad. Autonomía y libertad que no se puede entender como, haga usted lo que quiera, sino como, decida usted y sea responsable de lo que usted ha decidido. Libertad sin responsabilidad es arbitrariedad. La libertad no consiste en que yo hago lo que me gusta. El hombre está continuamente entre un cruce de camino entre el me gusta o no me gusta y debe o no debe. Tal vez el debo o no debo coincida con el gusta o no gusta, y hay veces que no coincide. Aquel que cuando no coincide nunca opta por el debo o no debo, no es todavía un hombre ni una mujer aunque tenga 80 años. Y esto va evolucionando en la medida que el niño va respondiendo hasta que los 18, a los 22, depende de cada niño, llega un momento que es 0% disciplina y 100% autonomía. Qué pena el que cae en esa estupidez provinciana de cuando sea mayor ya haré. Eso es absurdo, si el primer proceso, la primera fase de la educación es “domesticarle”, antes de que conozca los afluentes del Danubio, con mucho amor, pero “domesticarle”. Este ser maravilloso hay que “domesticarlo”. Para que lo pueda “dejar suelto” con su hermanito y con su vecino sin que quiera “bebérselo” o utilizarlos.

Este es el proceso. ¿Criterio para elegir un colegio? Este es uno. Tenemos tres herramientas: disciplina, autonomía y amor. Autonomía y disciplina de acuerdo con la realidad, no se trata de idealismos ni de izquierdas ni de derechas, ni totalitario ni permisivo. Se trata que en función de lo que tenga delante, depende del niño, depende de la edad pero siempre sabiendo que estas dos herramientas tienen que estar utilizadas empezando por el 100% 0% y, en cuanto se pueda, ya que este proceso es largo. Es curioso que muchas veces no sabemos y pretendemos dejarlo para luego y con el niño o la niña casados es cuando intentamos meternos con su vida, cuando ya nos han hecho abuelos. Es un proceso. Empezamos con un niño de tres kilos, egocéntrico e ignorante y lo tenemos que dejar en alguien con quien se pueda vivir sin necesidad de que tenga que mirar a su espalda.

Los hombres tienen que aprender de nuevas, No aprenden de generación en generación. Los seres humanos pensamos todos que venimos a este mundo a inventarlo. Pero no, hemos venido a descubrir cómo funciona. Esta información se la pedimos a la gente que ya ha pasado por allí. Entonces, que es lo que pasa. Pues pasa que hay zonas periódicamente de máxima vida civilizada y hay otras zonas periódicamente de vida salvaje. ¿Y en que se diferencian estas dos cosas? La diferencia está esencialmente, en que lo civilizado está fundamentalmente en que las relaciones entre los seres se basan en el respeto. Cuando no hay respeto en las relaciones no hay vida civilizada. Y el respeto genera el amor. Pero sin respeto, sin una dosis suficiente en la relación, no hay posibilidad, se rompe todo. Cuando el respeto se pierde, lo que amanece en las relaciones entre los hombres es el desprecio. La frontera que marca la vida civilizada y la vida selvática es un índice de confianza suficiente como para darle la espalda al que tengo al lado. Cuando baja el respeto, el índice de respeto, baja el índice de confianza. Estas situaciones conllevan casi siempre una degeneración moral.

Así, tenemos otro criterio. ¿El colegio debe infundir respeto, confianza o competitividad? Ya nadie sensato piensa que la competitividad tenga ningún porvenir.

Otro criterio es la organización familiar. La organización familiar es un criterio que marca. La organización familiar es una organización que por naturaleza es bicéfala. Lo dirigen dos personas, padre y madre. Ahora, esta organización para funcionar necesita convertirse, aunque sea intermitentemente, en monarquía. Es decir, necesita decidir quien de ellos dos dice la última palabra y en qué temas. Si no se hace así y se vive el mito, de tenemos que estar siempre los dos de acuerdo, se pueden dar las cosas más paradójicas del mundo. Nos ponemos de acuerdo en que tú seas quien diga la última palabra en este campo. Y esto evitará una de las grandes tragedias en la educación, que es los conflictos más o menos latentes, a base de repartir previamente las funciones. Este es otro criterio para elegir colegio. ¿Quién tiene que elegir?

En la organización familiar lo que buscamos es la satisfacción máxima de tres. Buscamos sentirnos más admirados dentro que fuera. Porque los que tienen problemas con su familia son huérfanos. Después según el sexo o la edad hay más o menos hambre de una u otra cosa. Segundo valor, ternura. Vamos a la organización familiar a sentirnos tratados con mayor dedicación y ternura. Es incuestionable que la mujer pide más ternura. Pero todos tienen que dar el máximo de ternura a los demás. Y el tercer valor, es la seguridad. Entramos, cerramos la puerta, y decimos, aquí sí estamos a gusto. Necesitamos todos, esa seguridad. Si esa organización familiar no nos ofrece esto es una chapuza.

Sintetizando todo esto. Tenemos que tener en cuenta que el colegio hay que elegirlo con realismo, que sea un colegio que no esté anclado en el futuro ni en el pasado, sino ahora. Que impere el sentido existencialista. Tiene que ser un colegio que tenga los mismos ideales que tenga tu familia sino al niño le vamos a destrozar, le vamos a hacer un esquizofrénico, con una doble vida. Cuidado con criterios bastardos: elegirlo porque se puede conocer a personas importantes o porque se puede aprender mucho inglés. Eso son asuntos residuales, a considerar después de. El criterio tiene que hacerse teniendo en cuenta que estamos en una sociedad con un criterio declive del respeto y pasando esa frontera de la confianza de forma acelerada. Habrá que buscar un colegio que tenga criterio y que sepa despertar criterio y libertad en el alumno. La mayor libertad que podemos buscar para nuestro hijo no es que haga cosas o que diga cosas sino que piense. En este momento, el mayor peligro no es que no tengamos libertad para hacer o para decir, sino libertad para pensar. La instrumentalización que se puede hacer en la libertad, según el mundo en el que vivimos, es impresionante.

El último gran criterio para elegir un colegio, es que se busca siempre para algo. Hay tres maneras de buscar el colegio. Yo puedo educar con Dios, hablando del absoluto real.

fuente:vivirenfamilia.net

Despierta de la Resaca: Di que NO al alcohol!

¡Padres, despertémonos de la resaca! ¡”Perdamos el tiempo” con ellos y ayudémosles a decir que NO al alcohol!

¡Despierta de la Resaca: Di que NO al alcohol!
Queridos amigos

Si, a lo mejor no es una idea muy popular en estos tiempos, pero creo que la gran inversión educativa que estamos realizando con nuestros hijos, merece ir contracorriente, especialmente en este tema. Tenemos los medios, y por tanto, la obligación de hacer de nuestros jóvenes personas diferentes, ajenas a la mediocridad y al mal gusto; sin complejos y sin vergüenza, que no es lo mismo que sinvergüenzas; libres y valientes, que se atrevan a plantar cara a la “normalidad” . En definitiva, en jóvenes extraordinarios.

Cuenta Leopoldo Abadia en uno de sus artículos que “en muchas conferencias, se levanta una señora (esto es pregunta de señoras) y dice esa frase que a mí me hace tanta gracia: “¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?” (…) Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: “¡y a mí, ¿qué me importa?! Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco”.

Y “el gurú de la crisis Ninja” continua con esta anécdota: “Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho más qué hijos íbamos a dejar a este mundo” . Chapeau!

Y esto me hace pensar que el problema del consumo excesivo de alcohol de nuestros jóvenes no radica solamente en los peligros físicos que, según lo expertos, tiene beber unas copas – adormecimiento progresivo de los centros cerebrales superiores, pérdida del autocontrol conductual y emocional, incoordinación muscular, afecciones cardiovasculares, complicaciones hepáticas, retrasos del crecimiento, microcefalias, delirios, coma etílico,…-, sino en los efectos morales que deterioran su dignidad, el respeto hacia uno mismo, a su imagen personal y social, a su autoestima; abocándolos a la tristeza, a sentimientos de culpabilidad, y a la frustración.

Pues como bien señala el filósofo José Antonio Marina, miembro de La Fundación Alcohol y Sociedad, el consumo de alcohol y drogas se ha instalado en el circuito juvenil y no sirve decirle al joven que beber de forma abusiva va a provocarle cirrosis y problemas de salud. Hay que hacerle comprender que va a ser repudiado socialmente, que no va a saber comportarse adecuadamente.

Al fin y al cabo, ¿A quién le gusta que le recuerden las barbaridades que pudo llegar a hacer con unas copas de más, las groserías que llegó a decir a sus padres y amigos, y/ o los actos vandálicos que promovió en pleno colocón?

De todos es conocido que muchos de nuestros jóvenes asocian el ocio, la fiesta y las vacaciones con el consumo de alcohol. Es más, creen que beber les hará más populares, más atractivos, más felices. Pero no son conscientes de que el alcohol no es tan divertido como parece.

Al contrario, esta especie de ritual incorporado, desgraciadamente, a la “normalidad”, es uno de los peores compañeros de diversión que se puede elegir. De hecho provoca muchos dolores de cabeza.
En primer lugar, porque el consumo de alcohol esclaviza, y sin advertirlo, crea una dependencia física y psíquica de la que es difícil salir, incluso para los adolescentes, puesto que cuanto más joven se es, más sensible resulta a los efectos del alcohol y más vulnerable a los posibles riesgos

Y en segundo lugar, por los peligros que conlleva: de la euforia inicial se pasa a la confusión y la incoordinación motora. Luego viene el estupor, la pérdida de voluntad, y la pérdida de reflejos que puede provocar un coma etílico, o lo que es peor, la ausencia de reflejos que te lleva, irremediablemente, a la muerte.

De ahí que, y a pesar de que muchos padres nos encontramos desbordados ante este fenómeno, y aceptamos con “resignación” o con “ignorancia” que nuestros hijos se reúnan con sus amigos para beber, e incluso, “toleramos”, con un “pacto de no agresión”, que para superar sus complejos, vencer la timidez para hacer nuevas amistades, pasar un rato alegre y divertido bailando, necesitan una copa para inhibirse; no podemos seguir justificándolo con comentarios como que “es algo por lo que hay que pasar, ya pasará…”,¡yo también lo hacía a su edad!, ¡por beber un poco no pasa nada!,…

¡Padres, despertémonos de la resaca! ¡”Perdamos el tiempo” con ellos y ayudémosles a decir que NO al alcohol!

Sólo así, no arriesgaremos a nuestros hijos, a nuestra familia, y podremos ayudarles a plantarle cara a una “normalidad” que, sin duda, les puede esclavizar.

Y para ello, dado que el consumo de alcohol está tan arraigado en nuestra cultura y nuestras costumbres, propongo que les demos ejemplo y consumamos con moderación, no seamos permisivos y fijemos unas normas de cumplimiento obligatorio (“si bebes no conduzcas”, “los adolescentes no deben beber”,” no se bebe en zonas comunes donde pueda ser un ejemplo nocivo para los pequeños”,…), hablemos con nuestros hijos, démosles información y expongámosles los riesgos y las posibles consecuencias de llevar unas copas de más.

fuente: catholic.net

El arte de ayudar con las tareas

Las tareas pueden ser vistas por los chicos como un ‘mal’ inevitable del que es difícil librarse. Pero para cambiar esta percepción negativa, los padres juegan un papel muy importante.

Hay padres que creen ayudar a sus hijos haciéndoles directamente las tareas, mientras que otros tan sólo preguntan de vez en cuando “¿Hoy tienes tareas?” Lo cierto es que hay que evitar ambos extremos .

Los deberes son un complemento del programa escolar. Lo ideal es ayudarle al niño a aceptar libremente sus responsabilidades y a concebir el aprendizaje como un objetivo del que puede apropiarse para su propio provecho. Pero, ¿como lograrlo?

A continuación le damos algunas ideas para que sus hijos saquen el máximo provecho a ese rato dedicado al estudio desde casa:

- Propicie un ambiente agradable de estudio: Si se puede, asígnele un escritorio propio con silla cómoda en un lugar sin ruido y con buena luz.

- Dele al niño la oportunidad de descansar y alimentarse antes de que se siente a hacer tareas. El estómago vacío y la fatiga le impedirán concentrarse.

- Antes de comenzar las tareas, es buena idea sentarse con el niño diez minutos y preguntarle cuáles son las tareas del día y si sabe cómo hacerlas. Una vez aclaradas las dudas, déjelo solo para que se concentre.

- No lo deje abandonado. Es muy probable que requiera alguna indicación o unas palabras de ánimo, y necesite que alguien esté disponible. No es bueno que se le atosigue, pero sí agradecerá alguna oportuna y aislada visita de vez en cuando para preguntarle cómo va.

- Establezca un horario fijo o rutina: merienda, un poco de charla, estudio y cena. Es positivo que el niño sea consciente de que hay un momento para cada cosa y que las tareas no se deben dejar a la mitad. Hay que acabarlas.

Cuando el niño acabe de hacer las tareas, pídale que le muestre lo que hizo. Dé un vistazo a cada una de ellas y pídale que repita lo que no está bien hecho. Esta es un forma de enseñarle a terminar lo que empieza y a hacerlo bien. Aconséjele que ofrezca a Dios esa tarea.

Es muy importante elogiarlo por lo que hace bien, pero no le dé regalos por hacer algo que es parte de su deber. Esto sería darle mensajes equivocados.

Por último, recuerde que las comparaciones son odiosas. Evítelas entre hijos, primos o vecinos. Lo importante es que el niño sepa lo qué debe hacer para lograr buenas notas, y que se le inculque el esfuerzo por hacer las cosas bien.

fuente:lafamilia.info

LA IMPORTANCIA DEL SUEÑO EN LOS NIÑOS

Carmen de Andrés
Coordinadora de Comunicación del Grupo Educativo COAS.
Miembro de ATELEUS (Asociación de Telespectadores y Radioyentes de Euskadi).

Los padres debemos fijar un horario de cierre de la televisión.

Psicólogos, pediatras y especialistas están de acuerdo en que la salud y el crecimiento de los niños se hallan estrechamente ligados a sus ritmos biológicos. Muchos problemas de cansancio, falta de rendimiento escolar e incluso retraso de crecimiento se explican por una desincronización con el denominado reloj biológico que gobierna nuestro sistema nervioso.

La falta de sueño, puede provocar en el niño comportamientos de aislamiento, angustia y actitudes agresivas. Al dormir, el organismo incrementa, entre otras cosas, la producción de sustancias que regulan y aumentan la respuesta inmunitaria, la regeneración orgánica, la síntesis de la hormona del crecimiento, la maduración neuronal, la regeneración de procesos mentales y de aprendizaje, así como el almacenamiento de la memoria a largo plazo.

Por todas estas razones se hace necesario preservar el sueño de cada niño. Es importante que los padres cuiden el sueño de sus hijos como un hábito desde los primeros meses de vida. Esto determina un rol primordial de los padres para proteger la higiene del sueño de los hijos como parte de su crianza y educación.

Sin embargo, hoy en día, muchas veces por el desconocimiento de los riesgos que entraña, se produce en muchas familias una patente relajación de las normas que regulan la vida cotidiana, provocando, entre otras consecuencias, una patente erosión de los límites horarios para ir a dormir de los más pequeños.

Según un estudio realizado por la Universidad de Navarra, el 60% de los niños encuestados ven la televisión después de las diez de la noche, porcentaje que asciende al 85% los fines de semana, además, el 64% de los padres no controla la televisión que ven sus hijos. Otro dato que apuntala el exceso de televisión que devoran los niños es que se calcula que en España los menores de entre cuatro y catorce años pasan más tiempo utilizando la televisión y otras pantallas (990 horas al año) que en el colegio (960).

Todos sabemos que la televisión tiene sobre los niños un efecto magnético. La focalización de la atención a este medio es debida a la fascinación que produce la conjunción de imágenes y sonido. Es fácilmente comprobable por la mayoría que cuando un niño está conectado a la televisión es muy difícil que nos preste la atención debida. Sin embargo, no debemos dejar que nuestros hijos queden hipnotizados por el medio y mucho menos que éste sea el que organice los horarios de descanso de la familia.

Los expertos alertan que los niños preescolares (3 a 6 años) deben dormir una media de entre 10 y 12 horas, los escolares (6-12 años), 10 horas, los adolescentes, 9 horas y los adultos, 8 horas. Éstos previenen sobre la importancia de mantener las rutinas en los niños y especialmente una higiene a la hora de descansar para que no se produzca una merma en la concentración que pueda repercutir en sus resultados escolares y una mayor irritabilidad que afecte a su sociabilidad.

Los padres debemos asumir que el sueño del niño debe ser tenido en cuenta y orientar a nuestros hijos en el consumo responsable de las pantallas para evitar los perjuicios que los malos hábitos puedan conllevar. La Asociación de Pediatría Norteamericana daba una serie de consejos a los padres para ayudarles a organizar mejor los horarios de descanso de los pequeños que creo que podríamos aprovechar: limitar el tiempo de exposición al televisor de los menores a 1 ó 2 horas como máximo, retirar la televisión de las habitaciones, seleccionar las programaciones y ver la televisión en familia.

Fuen:www.sontushijos.org

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