PARA ELLOS; LA EDUCACIÓN DEL DESEO

 

Para padres con hijos varones

Revista Hacer Familia, nº 184

El adolescente varón comienza a vivir en estas edades unas trasformaciones a todos los niveles: psicológicas, biológicas y afectivas. En él también empezará a surgir el interés por las chicas, buscando querer a alguien y sentirse querido. Es ahora cuando debemos hablar con nuestro hijo de amor, entrega y sentimientos, todo ello orientado a una educación ordenada del deseo y la afectividad.

Existe hoy una gran preocupación de los padres por la educación de los hijos, pero a veces establecen prioridades equivocadas. Pueden gastar muchas más energías, tiempo y dinero en que el niño aprenda inglés e informática que en hacer de él una persona honrada, responsable e íntegra.

Apoyarle emocionalmente

Cada niño necesita un desarrollo armónico de todo su ser, lo que incluye que sus padres le transmitan unos valores. De aquí que la educación sexual debe incluir la afectividad, la educación de la voluntad, de los sentimientos y las emociones. Así, deben aprender a reconocer sus propios sentimientos, comprender los sentimientos de los demás y compartirlos, aprender a escuchar, descubrir las necesidades de un amigo; aprender a manejar la ansiedad, la ira y la tristeza, saber controlar las emociones; asumir la responsabilidad de las decisiones y atreverse a un compromiso. Muchos padres temen que cuando sus hijos lleguen a la adolescencia, la influencia familiar quede eclipsada por el círculo de compañeros, convirtiéndose en origen de conflictos. Sin embargo, el entorno familiar es determinante: los adolescentes que se sienten unidos a su familia tienen menos riesgo de asumir conductas como el consumo de drogas, alcohol, tabaco o las relaciones sexuales prematuras. Eso sí, tienen que poder contar con alguno de los padres en casa en momentos claves del día, como la vuelta del colegio o instituto, la hora de la cena o de llegada de otras actividades o salidas. Los hijos deben saber que cuando necesitan hablar con los padres por lo menos uno de ellos va a estar accesible, aunque sea por teléfono, porque la cercanía emocional incluso es más importante que la física.

Desarrollo de los caracteres sexuales secundarios

Aun antes de la pubertad, se forman en el cuerpo del chico hormonas sexuales, que aumentan considerablemente en dicha etapa y son responsables del desarrollo definitivo de los órganos sexuales. Los cambios que se van a producir en la estructura corporal a partir de los 12 años son especialmente llamativos: el clásico “estirón” que conlleva un enorme aumento del apetito, aparición del vello en cara, axilas y pubis; la laringe aumenta de tamaño, las cuerdas vocales se alargan y se produce el cambio de voz. Las glándulas del sudor son más activas y producen un olor desagradable; hay que insistir en que tienen que cuidar la higiene corporal y no exponerse a que alguien les llame la atención Finalmente, ocurre el desarrollo y primera actividad de los órganos genitales. Se producen por primera vez los espermatozoides capaces de fecundar, aparece el primer derrame (polución) de forma natural durante la noche, acompañado de sueños eróticos y sensación de placer.

El despertar de la sexualidad

En estas edades brota con fuerza el despertar de la sexualidad, cuando aún no se ha llegado e, la madurez psíquica y personal. Voluntad y conocimiento todavía no son suficientemente fuertes para dominar y controlar el impulso sexual. Con facilidad este impulso potente puede conducir a la masturbación, que consiste en darse a sí mismo, solitariamente, el placer sexual por la excitación voluntaria de las partes genitales, que puede convertirse en un hábito cuando no se pone ningún remedio para dominar esos impulsos. En los años de desarrollo, esta actitud no es un signo de un deseo sexual exagerado, ni tiene efectos secundarios físicos, pero suele estar acompañada de sentimientos de malestar porque el poder sexual no está hecho para uno solo, sino para hacer feliz a otra persona. El papel de los padres consistirá en desdramatizar y ofrecer una orientación positiva para ayudar a superarlo: evitar el aislamiento, la soledad, la incomunicación, los hábitos de vida muy cerrados e introvertidos, así como música y películas excitantes.

Dudas sobre la homosexualidad

Otra preocupación de los padres de hoy es una posible tendencia homosexual de su hijo, desde que el tema de este trastorno afectivo está en la calle. La homosexualidad consiste en sentir una atracción erótica hacia personas del mismo sexo, acompañado de cierta indiferencia hacia personas del sexo opuesto. Esto no quiere decir que cualquier persona que alguna vez en su vida haya experimentado una relativa ambivalencia en sus tendencias sexuales sea un gay. Estas tendencias aparecen a veces en la adolescencia y son pasajeras, cuando los chicos están en pleno desarrollo e incluso es típico tener sentimientos ambiguos. Los padres debéis fomentar una vida saludable, aficiones en contacto con la naturaleza, deportes, excursiones, hábitos de una buena higiene, horas de sueño suficientes, una alimentación sana y que tengan un círculo estable de buenos amigos. Asimismo, es importante que se esfuercen en una lucha ascética personal, disciplina de los sentidos, de la imaginación y fuerza de voluntad.

Entrenar la voluntad

A nadie se le escapa que a los chicos de hoy les falta voluntad. Eso lo podemos ver en las propias calificaciones escolares: si sacan malas notas, la mayoría de las ocasiones es porque no estudian y no estudian porque les falta voluntad. Para entrenar la voluntad hay que: aprender a decir que no a pequeñas cosas, acostumbrarse a levantarse puntualmente, recoger las cosas, hacerse la cama o cumplir un horario. Actualmente todo el mundo, y los padres no son una excepción, tiene miedo a decir que no, miedo a la autoridad. Pero, autoridad con cariño hace falta para ayudar al desarrollo de una persona -los hijos- que aun no está formada del todo. Lo característico de esta etapa de la vida es la inseguridad personal, que se acentúa por el permisivismo y la falta de autoridad de muchos padres y profesores. Si todo está permitido y no hay criterios morales, se incrementa la inseguridad y el miedo a adquirir compromisos, apareciendo cierto temor ante las dificultades del futuro.

Enfrentarse a la realidad del mundo

Nuestros hijos viven en tres mundos distintos: el mundo que les descubren los padres, el de sus propios sentimientos y deseos, y el del ambiente que les rodea. La sociedad les propone como un derecho humano vivir a tope la propia sexualidad, tachando de problemáticos a los adolescentes que aún no han tenido relaciones sexuales. Así, tiendas y máquinas expendedoras les presentan condones en todos los colores y para todos los gustos, igual que si fueran caramelos. En este ambiente es comprensible que los jóvenes estén desorientados: lo que les cuentan sus padres no sólo es contrario a sus deseos y sentimientos, sino que se contradice con lo que ven y oyen diariamente. Los padres debemos hablar con ellos y hacerles ver la realidad: el hombre se excita con facilidad y reacciona a estímulos más viscerales, siendo la implicación psíquica menos profunda que en la mujer y dejando menos huella en él la actividad sexual. La mujer casi siempre sale perdiendo, no sólo porque es más idealista y su entrega es más profunda, sino también porque es ella la que sufre las consecuencias de un posible embarazo. Este hecho deben comprenderlo los adolescentes, si de verdad queremos que aprendan a respetar a la mujer y a sí mismos. La información que reciben respecto a este tema, simplemente es que para evitar un embarazo, se recomienda el uso del preservativo; pero su seguridad es relativa por la posibilidad de rotura. Debemos ser nosotros los que les expliquemos que con el uso del preservativo existe una tasa de embarazos de aproximadamente un 15%, pero que en manos de adolescentes puede llegar hasta un 50%, porque requiere habilidad, madurez, autodisciplina, planificación y motivación. Los adolescentes -inmaduros, impulsivos y arriesgados- no parecen buenos candidatos para practicar estas cualidades. Y si la seguridad es baja para un posible embarazo, mucho más lo es para el contagio del virus del SIDA, por ejemplo, ya que éste es mucho más pequeño que un espermatozoide y puede penetrar por los poros del látex del que está hecho el preservativo.

¿Por qué esperar?

Esta es la pregunta del millón que tantos hijos suelen formular a sus padres: ¿Por qué esperar a estar casados si ya nos queremos? Para empezar, porque saber esperar es muy formativo: deben aprender a aguantarse, a contenerse y hay que explicarles las razones por las que merece la pena hacer este esfuerzo. Si los padres no pierden la calma y se mantienen firmes, les hacen un enorme bien a los hijos. La educación en la espera equivale a la educación de la paciencia y de la fortaleza: esperar unos minutos a que la madre acabe de charlar con una amiga, esperar unos días a que se les compre las zapatillas de deporte que tanto desean, esperar unas semanas o meses para hacer un viaje que se les había prometido, unos años a tener la edad apropiada para disponer de una moto y finalmente, esperar en el noviazgo a tener relaciones sexuales hasta llegar al matrimonio.

Y además, explicarle que el acto sexual es la expresión corporal del amor. La capacidad de amar es lo más grande e íntimo que tiene la persona humana. En el amor sexual la intervención del cuerpo da un carácter irreversible a la relación, porque uno se entrega del todo. Entregar el cuerpo sin haberse comprometido para siempre es como prostituirse. Para vivir la sexualidad en plenitud, se precisa madurez física y psíquica, compromiso, fidelidad y aceptación total del otro con una entrega unida a la transmisión de la vida. Todo esto no se da en las uniones superficiales sin compromiso alguno.

Aspectos para abordar la educación de la sexualidad

– Que tengan criterios para saber distinguir entre el bien y el mal. Que no se avergüencen de no actuar como todo el mundo. Que conozcan el significado de la sexualidad humana.

– Que sepan cómo funciona todo lo relacionado con la procreación humana.

– Que conozcan también la biología de la mujer.

– Que conozcan los inconvenientes de la anticoncepción artificial.

– Que aprendan a respetar las peculiaridades psico-sexuales de las chicas.

– Que los padres sean oportunos y veraces en las conversaciones sobre la sexualidad.

– Que conozcan a los amigos de los hijos.

– Que sepan con quién y a dónde van.

Ana Otte

Doctora en Medicina y Orientadora Familiar