Educar hoy para no lamentar mañana

 

En materia de educación no hay fórmulas mágicas, pero sí bastantes herramientas que ayudan a los padres a desarrollar su labor. Una de ellas es tener como premisa básica que un hijo se educa desde que el mismo instante que nace, de forma que cuando llegue a la adolescencia -etapa donde se pone a prueba todo lo sembrado- se haya realizado un proceso formativo que facilitará las cosas.

El hombre es como un bloque en bruto que durante años va adquiriendo forma gracias a la tarea, exigente y amorosa a la vez, de los padres. Este encargo requiere tiempo, dedicación y constancia, puesto que durante años se sembrará sin ver los frutos, hasta que un día aquella obra deberá brillar con luz propia y defenderse por sus propios medios, valiéndose de los instrumentos adquiridos en años anteriores.

Jorge Ordeig Corsini autor del libro “Preparar la adolescencia”, expresa en éste, el siguiente ejemplo:

“La adolescencia es una de las épocas más divertidas, apasionantes… y problemáticas de la vida. Es como una tempestad que embiste con toda su fuerza. En los antiguos barcos de vela, cuando se encontraban en medio de una borrasca, no tenían más remedio que ponerse a la capa: arriar velas, renunciar a avanzar y rezar para que el barco aguantara. Unos sobrevivían y otros se hundían. ¿De qué dependía? Esta es la pregunta clave. Y la respuesta es: de cómo estuviera preparado el barco; de que se hubiera construido bien, de que el mantenimiento hubiera sido correcto, de que la carga estuviera bien estibada, de que se hubieran hecho las maniobras previas para reducir trapo, etc. Cuando la tempestad ya se ha desatado, no se puede gobernar el barco: tiene que resistir él solo. Muy parecida es la situación de un adolescente. Si la tormenta le sorprende sin una preparación adecuada puede tener graves averías, casi irse a pique.”

No hay que dar por sentado que una buena preparación, elimina cualquier posibilidad de errores y equivocaciones por parte de los adolescentes, pues es lógico y normal que se presenten en esta etapa, incluso estos pequeños tropiezos serán importantes para alcanzar su maduración, además, conocer y aceptar sus propios límites. Referente a este punto, Jorge Ordeig explica: “No es bueno preocuparse demasiado: si el barco estaba bien preparado, las averías no serán de importancia, y tendrán un efecto muy positivo”.

Aunque vale hacer una advertencia importante, y es aquella relacionada con la libertad personal, la cual le confiere al ser humano la facultad de tomar sus propias decisiones, pese a que los padres hayan realizado un perfecto trabajo.

Educar con proyección al futuro

Las primeras edades son el tiempo óptimo para cimentar las bases que se pondrán en juego durante el resto de la vida, por ello su trascendencia y necesidad de asumir este serio compromiso.

Si desde pequeños los hijos acatan normas, cuando sean adolescentes o ya jóvenes, lo más seguro es que se adapten a ellas con mayor disposición. Por eso cuando se quieren lograr cambios o mejoras en los adolescentes, es más difícil lograr resultados satisfactorios, ya que no se puede pretender llevar a cabo una tarea que requería doce años, en unos cuantos meses.

Se suele pensar que se educa para una edad determinada, pero esto es equivocado. Aunque todo plan educativo debe irse adaptando de acuerdo a las necesidades, se educa para formar una persona, un adulto que llegará a ser. Así que hay que pensar en el futuro, previendo errores y haciendo ajustes.

Habrá casos de casos y excepciones a la regla. Pero existen muchas más probabilidades de que la adolescencia trascurra de forma normal, cuando se impartió durante varios años una educación rica en valores y con límites, que si en la infancia se le dio la autonomía al niño de hacer lo que le provocó, dejando de lado la formación de la voluntad, el acatamiento de normas, la enseñanza de virtudes, en fin, todos los frentes que abarca la formación del ser.

Plan de acción

Nunca es tarde para comenzar, es mejor prevenir que lamentar. Elabore un proyecto educativo de sus hijos y siga atentamente los siguientes consejos:

Para los bebés también existen formas de enseñarles los límites, por ejemplo los horarios de alimentación, sueño, recreación, baño, etc.

No ceder ante los caprichos de los niños y permanecer en su posición, con el fin de enseñar los conceptos de autoridad y formación de la voluntad.

La enseñanza de valores como orden, disciplina, generosidad, honestidad, amistad, constancia, laboriosidad, respeto… también tienen aplicación en las edades primarias. Los niños irán interiorizando de acuerdo a su nivel de comprensión, pero para ello necesitan que los padres los familiaricen con estas virtudes.

Los padres no nacen aprendidos, requieren preparación y ayudas. Integre a su rutina diaria, el aprendizaje en esta labor de padre, puede ser un libro, un artículo, videos, cursos, etc.

El amor de padres es infinito, finalmente lo que se quiere es formar personas íntegras que sean felices y gran parte de su éxito, está en sus manos, así que manos a la obra.