Educar en la abstinencia, una estrategia que funciona

(Por Juan Meseguer Velasco, Escuela de Familia, 2010-03-19)

El pasado 26 de enero, un informe del Alan Guttmacher Institute reveló que, por primera vez desde 1990, la tasa de embarazos adolescentes ha sufrido un repunte. En 2006 –último año del que se tienen datos disponibles– hubo 71,5 embarazos por cada 1.000 chicas estadounidenses entre 15 y 19 años, lo que supone un incremento del 3% respecto a la tasa de 69,5 adolescentes en 2005.

Después, los autores del informe establecen una correlación –bastante discutible– entre el aumento de la tasa de embarazos adolescentes y los programas de educación sexual centrados en la abstinencia, impulsados por la Administración Bush.

El informe del Guttmacher Institute ha agitado a la opinión pública estadounidense. Casi todos los medios coinciden en que los resultados que muestra son preocupantes. En lo que no se ponen de acuerdo es en identificar la causa.

Algunos periódicos, como el New York Times, se han apuntado con entusiasmo a la hipótesis que plantea el Guttmacher Institute. Otros, como el Washington Post, menciona esa explicación pero no la hace propia. Entre las causas posibles, este diario cita la relajación de los jóvenes ante los peligros del sida (lo que les lleva a tener relaciones sexuales sin preservativo) o la afluencia de los inmigrantes hispanos.

Lo cierto es que, hoy por hoy, los programas que promueven la abstinencia sexual de los jóvenes están bajo sospecha. Para que puedan optar a ser financiados por fondos federales, antes se ha de probar que su estrategia funciona.

Los datos cantan

Esto es lo que acaba de conseguir un riguroso estudio publicado en la revista Archives of Pediatric & Adolescent Medicine (2-02-2010). Según el estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Pensilvania, los programas de educación sexual centrados en la abstinencia logran persuadir a muchos alumnos para que retrasen el inicio de su actividad sexual.

Es cierto que ya existían algunos informes que certificaban el éxito de la estrategia de la abstinencia en Estados Unidos. Pero lo novedoso es que este estudio ha conseguido llamar la atención de los más escépticos.

Según el Washington Post (2-02-2010), “por primera vez hay pruebas claras de que un programa de abstinencia puede funcionar”. Es significativo que esta noticia haya estado durante varios días entre las cinco más leídas de su edición on line.

Los autores del estudio han seguido durante cuatro años a 662 adolescentes afroamericanos de clase media, de entre 10 y 15 años, que participaron en programas de educación sexual a principios del 2000. Se ha escogido a estos jóvenes porque se trata de una población de alto riesgo.

Los programas se impartieron en módulos de ocho horas –con descansos, claro– a lo largo de varios sábados, en cuatro colegios públicos. Unos alumnos participaron en programas centrados exclusivamente en la abstinencia; los demás asistieron a programas que combinaban diversas estrategias, principalmente la contracepción y la abstinencia.

A los dos años de impartirse los cursos, llegó la hora del recuento. Un tercio de los alumnos que había asistido a los programas de sólo abstinencia se había iniciado ya en las relaciones sexuales. En cambio, ese porcentaje llega hasta casi la mitad de los alumnos del otro grupo.

En otras palabras, la probabilidad de mantener relaciones sexuales en los adolescentes que habían participado en los programas centrados en la abstinencia es un 33% más baja que en los otros.

Eficacia demostrada

Para John B. Jemmott, profesor de la Universidad de Pennsylvania y director del estudio, estos resultados ofrecen una oportunidad para tomarse más en serio el debate sobre los programas de educación sexual: “Llevamos demasiados años echando pestes sobre los programas de sólo abstinencia, sin prestar atención a los datos”. “Este estudio muestra que los programas centrados en la abstinencia pueden compartir cartel con los demás programas de educación sexual que ofrecemos”, concluye Jemmott.

El estudio de la Universidad de Pensilvania puede tener consecuencias políticas importantes. En teoría, el sistema educativo de Estados Unidos avala tanto los programas de educación sexual contraceptiva como los que promueven la abstinencia de los jóvenes. Pero en la práctica las cosas no son tan equitativas. La Administración Obama ya ha tomado partido por la educación sexual contraceptiva, al eliminar los más de 170 millones de dólares que antes iban destinados a financiar los programas centrados en la abstinencia.

No obstante, una vez demostrada la eficacia de los programas de sólo abstinencia, podrían volver a recibir apoyo de los fondos federales.

Así se desprende de unas declaraciones de Sarah Brown, directora de la National Campaign to Prevent Teen and Unplanned Pregnancy: “Este nuevo estudio puede cambiar las reglas del juego. Por primera vez, hay pruebas claras de que la estrategia de la abstinencia puede ayudar a muchos jóvenes a retrasar las relaciones sexuales”.