¿Drogas para niños?

Considero que con nuestros hijos, alumnos y gente menuda en general, no sólo hemos de dialogar, sino observar, para ayudarles a construir elementos de protección y madurez.

En recientes conversaciones, varios colegas se han hecho eco de la idea de que los psicofármacos para niños es una moda peligrosa. No puedo dejar de dar mi opinión. Está claro que no todo niño o niña que no sea tranquilo, callado o estudioso, sin un excelente comportamiento, ni unas estupendas calificaciones, deba tener por ello un “desequilibrio químico” en el cerebro. Y digo esto, además, porque la controversia está alimentada al conocerse estudios recientes que revelan un incremento notable en el uso de psicofármacos en niños y jóvenes.

Pues sí, lo cierto es que en los últimos diez años se ha producido un aumento del 300% en las prescripciones de fármacos psiquiátricos en niños, lo que es difícilmente asumible desde un punto de vista clínico: No nos engañemos, las conductas distorsionadoras y agresivas, la depresión, la hiperactividad y la ansiedad son también un reflejo del contexto vital de nuestros niños y jóvenes. Entonces, los que no entran en los estándares de comportamiento y control definidos por los padres, escuelas o gobiernos, se transforman en “problemas” que deben solucionarse: La respuesta, en demasiadas ocasiones, es la prescripción de un fármaco.

Considero que con nuestros hijos, alumnos y gente menuda en general, no sólo hemos de dialogar, sino observar, para ayudarles a construir elementos de protección y madurez, para que se conozcan y se abran al mundo con buen ánimo y seguros de aportar mucho de positivo. En esta dinámica, sí es verdad que van a poder aparecer necesidades especiales, que habrá que atender lo antes posible. No obstante, es evidente que no se han de aplicar métodos psiquiátricos para solucionar problemas “académicos”. Como también está claro que la prescripción muy estudiada y puntual de medicación puede aumentar la eficacia de un abordaje terapéutico integral, que facilitará otras intervenciones no farmacológicas. (No olvidemos que se ha de valorar la conducta del niño dentro de su medio familiar, escolar y sociocultural: Evitar la falta de límites, la impunidad o el desapego puede ser la mejor medicina inicial).

Todos los expertos coinciden en que tan negativo es tratar de más como de menos. Es preciso evitar el mal uso o abuso de psicofármacos. Es aquí donde un tratamiento multidisciplinar ha de aparecer como clave para afrontar las dificultades graves o menos graves que en algunas criaturas pueden surgir.

Por ello, hemos de sistematizar un adecuado tratamiento psicológico, dirigido a padres e hijos; un tratamiento farmacológico, a veces de larga duración, prescrito por un médico especialista; y un tratamiento psicopedagógico, con terapias cognitivo-conductuales que ayudarán a adquirir estrategias de comportamiento y habilidades sociales.

En uno de los ejemplos más característicos, el de niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), los psiquiatras reiteran una y otra vez que arrastrar a lo largo de la infancia y adolescencia síntomas de TDAH sin resolver suficientemente, puede producir un enorme riesgo de complicaciones a medio-largo plazo, derivadas de múltiples fracasos sucesivos, inseguridad, baja autoestima y/o desadaptación.

Entonces, algo habrá que hacer. Sí, pero sin olvidar que la práctica médica razonable excluye administrar una medicación que cause más problemas de los que evite. En todo caso, se hace imprescindible aplicar de manera combinada la vía psicoterapéutica y la vía farmacológica, y ésta última sólo cuando sea de verdad imperioso. O sea, antes de empezar cualquier tratamiento siempre es necesaria una evaluación cuidadosa del estado físico y psicológico del niño, niña o adolescente; además de considerar el aspecto funcional de cada familia en concreto.

Pues venga, no perdamos energías alimentando controversias. Que nos una un objetivo común, ya que compartir nuestros conocimientos mejorará la calidad de vida de nuestros niños y jóvenes. Y, de paso, la nuestra. Para ello, nos urge una estrecha colaboración entre padres, profesionales de la educación y médicos especialistas y pediatras.

(Por Emili Avilés, Colaborador de Mujer Nueva, 2010-05-06)

Uno de cada tres jóvenes españoles entre 16 y 24 años es fumador

 EFE, 26 de mayo 2010.

Uno de cada tres jóvenes españoles entre 16 y 24 años es fumador y, por lo tanto, susceptible de perder al menos catorce años de su vida y de sufrir las numerosas enfermedades que produce este hábito nocivo por el que mueren 60.000 personas cada año en España.

“Independízate del tabaco” es el lema de una nueva campaña de concienciación dirigida al público juvenil, que han presentado hoy diversas sociedades científicas junto con el Consejo de la Juventud de España, el Injuve y la Red Española de Universidades Saludables.

La campaña, que se difundirá en los medios de comunicación, en vallas publicitarias y en los centros educativos y de salud de todo el país, lanza mensajes como “sal de fiesta sin humo”; “que nada te ate y menos un cigarro”; “haz que los besos sepan a besos” o “que tu pelo huela a champú es un derecho, no un privilegio”.

Isabel Oriol, presidenta de la Asociación Española Contra el Cáncer (Aecc), ha explicado que esta iniciativa pone de manifiesto las consecuencias más evidentes del tabaco, como el mal olor, la pérdida de gusto y olfato, el gasto económico que supone y, sobre todo, su carácter adictivo.

“Apelando al espíritu independiente que caracteriza a la juventud queremos mostrar que el tabaco más que ser un símbolo de independencia es una atadura”, ha sentenciado.

Además, pretende convencer a los jóvenes de que “el ocio y el tabaco no son sinónimos”, ya que los datos muestran que el consumo de cigarrillos es muy superior en los momentos festivos.

La experta ha indicado que los jóvenes constituyen la franja de edad en la que más se fuma y con menos intención de abandonar este hábito.

Oriol ha señalado que la inhalación o exposición al humo pueden hacer perder hasta 14 años de vida y provocan en España 140 muertes diarias, además de adelantar la aparición de enfermedades graves en aquellos que han adquirido este vicio en pleno proceso de desarrollo.

La edad media de inicio de tabaquismo son los 13 años, a los 14 se fuma a diario y entre los 18 y los 29 es cuando se condensa la mayor franja de fumadores, un 33,7%.

El coordinador del Área de Tabaquismo del Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), Carlos Jiménez, ha agregado que una persona que empieza a fumar en tan temprana edad puede sufrir un cáncer de pulmón a los 35 años, dado que el pulmón alcanza su máxima función a los 22.

Sobre esta patología ha apuntado que se diagnostican 20.000 casos cada año en España, de los que 18.000 fallecen, siendo uno de los tumores con menor supervivencia.

“Aproximadamente el 85% de los cánceres de pulmón están relacionados directamente con el tabaco”, ha advertido, para aventurar que será el segundo en incidencia para el año 2015 con 28.206 enfermos.

Leandro Plaza, presidente de la Federación Española del Corazón (FEC), ha indicado que el 29% de las muertes por enfermedad coronaria son debidas al tabaquismo. Ha puntualizado que el tabaquismo pasivo también incrementa el riesgo cardiovascular un 23% en hombres y un 19% en mujeres.

El doctor ha apostado por la prevención mediante la educación sanitaria de la población para lograr que los jóvenes no pongan en riesgo su bienestar y su vida, y practiquen un estilo de vida saludable “como garantía de un futuro a largo plazo”.

Si las estadísticas generales muestran que cerca del 70% de los fumadores quiere dejar de fumar y tiene pensado hacerlo próximamente, esta intencionalidad es inferior en los jóvenes que se plantean los plazos más largos para dejar de fumar, ha lamentado.

Los expertos han exigido, cuanto antes, una ley antitabaco que proteja al máximo a los no fumadores en los espacios públicos y han recordado que 2 de cada 4 personas con esta adicción morirán a causa de dolencias asociadas a ella y que, uno de ellos, lo hará de forma prematura, es decir, antes de cumplir 65 años.

Educación y consumo de drogas

A nadie medianamente informado se le escapa el grave problema que tiene planteada la Sociedad actual con el consumo de drogas. Estamos a la cabeza de Europa en el consumo de cocaína y hemos igualado a Estado Unidos, parece ser que ahora nos empieza a preocupar lo que se veía venir desde la ocurrente movida madrileña de los años 70 y 80.

Hoy día se acepta por la mayoría de los profesionales relacionados con la problemática de la drogodependencia que es muy difícil determinar con exactitud cuáles con las causas concretas que hacen que el individuo consuma y desarrolle dependencia. Sólo sabemos que existen determinadas condiciones que colocan a la gente en situación de consumir, las llamadas circunstancias o factores de riesgo.

Factores de riesgo

En primer lugar debemos hablar de los factores físicos de riesgo como determinadas situaciones de pobreza que influyen negativamente en el desarrollo de la persona, por ejemplo, una mala alimentación o una vivienda inadecuada. También la falta de actividades de ocio y tiempo libre tan necesarios para encontrar amigos, para divertirse o para pasar ratos agradables sin tener que acudir a drogas.

En segundo lugar, podemos hablar de los factores sociales de riesgo como son la familia, la escuela y el grupo de iguales. Los tres participan activamente en el desarrollo de la persona, haciendo que ésta sea segura o insegura, madura o inmadura, etc. cuando se enfrente a la droga.

La familia influye de manera decisiva por medio de la relación de pareja. Las malas relaciones y las continuas discusiones de los padres pueden hacer sentir a los hijos inseguridad y creer que van a ser abandonados. Si los padres no se ponen de acuerdo en la forma de educar a los hijos, éstos pueden recibir dobles mensajes y generar inestabilidad en sus comportamientos. Es muy importante el ejemplo de los padres, como forma que tenemos de aprender a través de la imitación, por eso un comportamiento inadecuado delante de los hijos es un modelo para ellos y puede que lo imiten.

La familia, clave

Debemos cuidar el estilo de vida familiar que tiene que ver con las normas de convivencia, la distribución de tareas y los hábitos de orden, comunicación, alimentación e higiene. Si no se adquieren, cuando se llega a la etapa adulta tendremos carencias importantes para desenvolvernos en la vida. Se deben favorecer las muestras de afectos, pero también los límites, querer no es permitir todo, querer es decir también que no todo se puede y de lo que se puede no todo se debe. Para finalizar este apartado de la familia, hablar del tipo de educación. Tanto el afecto como la autoridad y la libertad deben estar presentes en todo proceso educativo intentando, dentro de la dificultad que supone, que ninguna de estas actitudes se dé en exceso porque puede dar lugar a sobre protección que mantenga a los hijos en una situación infantil cuando el afecto es excesivo, o a soledad cuando hay un exceso de libertad que se percibe como que “pasan de ellos”, o a rebelarse o someterse cuando hay exceso de autoridad.

La escuela, otro pilar

La escuela es fundamental en la educación de los niños que un día serán adultos. Ésta debe facilitar las relaciones personales entre los alumnos, entre los profesores y entre unos y otros, que favorezcan la estima personal, teniendo en cuenta las necesidades educativas de cada uno. Debe cuidar el ambiente para que no potencie el individualismo y la competitividad, los resultados más que el esfuerzo. Hay que sacar el máximo partido a las instalaciones de la escuela y potenciar actividades extra escolares artísticas, culturales y festivas, intentando facilitar la integración y no la soledad y marginación y, por supuesto, estar en estrecha colaboración con los padres para evitar mensajes contradictorios.

El grupo de iguales es muy importante en el desarrollo de las personas. Debemos tener en cuenta la disposición del grupo ya que puede haber problemas cuando los líderes del mismo tienen conductas inadaptadas, consumo de drogas o delincuencia. También la presión del grupo hacia el individuo, porque el grupo da mucho, pero pide todo, en el sentido de que hay que acatar sus normas y cumplirlas por encima, en muchas ocasiones, de las posturas individuales y las propias convicciones.

Hay otros factores como son los valores dominantes de una sociedad en un momento determinado. En la nuestra se valora en exceso el individualismo, vivir el presente, el placer, el éxito, el consumo, etc., y nos olvidamos con frecuencia de valores como la solidaridad, la igualdad, la paz y el respeto hacia los demás, hacia la naturaleza, etc. Vivimos en una sociedad desarrollada, en la que nos vemos obligados a elegir. La cuestión es tener claro que nadie nos obliga a tomar una decisión concreta, es decir, que si estamos en una reunión de compañeros y todos consumen alcohol, nadie nos está obligando a beberlo aunque sea la costumbre.

También nos encontramos con mensajes de la publicidad y los medios de comunicación, en los que se deja claro que el consumo es perjudicial para la salud pero, al mismo tiempo, se nos invita a consumirlo a través de las imágenes y mensajes.

Factores psicológicos

Por último, y no por ello menos importantes, los factores psicológicos de riesgo. Los problemas familiares que rompen el equilibrio personal y son difíciles de superar, la curiosidad que nace de las ganas de conocer todo lo nuevo en determinadas épocas de la vida como puede ser la adolescencia, las personalidades inmaduras que no tienen la capacidad para resolver los problemas de la vida, los problemas afectivos causados por relaciones inadecuadas o por la soledad, pueden dar lugar a la angustia que nos hacen más vulnerables para el consumo de drogas.

Es de desear que todos estas cuestiones sean considerados y estudiadas para poder desarrollar un plan de prevención que disminuya el excesivo y preocupante consumo actual de drogas y nos abra con esperanza al futuro.

José María Fernández Chavero
Psicólogo
chavero@correo.cop.es