Educación y consumo de drogas

A nadie medianamente informado se le escapa el grave problema que tiene planteada la Sociedad actual con el consumo de drogas. Estamos a la cabeza de Europa en el consumo de cocaína y hemos igualado a Estado Unidos, parece ser que ahora nos empieza a preocupar lo que se veía venir desde la ocurrente movida madrileña de los años 70 y 80.

Hoy día se acepta por la mayoría de los profesionales relacionados con la problemática de la drogodependencia que es muy difícil determinar con exactitud cuáles con las causas concretas que hacen que el individuo consuma y desarrolle dependencia. Sólo sabemos que existen determinadas condiciones que colocan a la gente en situación de consumir, las llamadas circunstancias o factores de riesgo.

Factores de riesgo

En primer lugar debemos hablar de los factores físicos de riesgo como determinadas situaciones de pobreza que influyen negativamente en el desarrollo de la persona, por ejemplo, una mala alimentación o una vivienda inadecuada. También la falta de actividades de ocio y tiempo libre tan necesarios para encontrar amigos, para divertirse o para pasar ratos agradables sin tener que acudir a drogas.

En segundo lugar, podemos hablar de los factores sociales de riesgo como son la familia, la escuela y el grupo de iguales. Los tres participan activamente en el desarrollo de la persona, haciendo que ésta sea segura o insegura, madura o inmadura, etc. cuando se enfrente a la droga.

La familia influye de manera decisiva por medio de la relación de pareja. Las malas relaciones y las continuas discusiones de los padres pueden hacer sentir a los hijos inseguridad y creer que van a ser abandonados. Si los padres no se ponen de acuerdo en la forma de educar a los hijos, éstos pueden recibir dobles mensajes y generar inestabilidad en sus comportamientos. Es muy importante el ejemplo de los padres, como forma que tenemos de aprender a través de la imitación, por eso un comportamiento inadecuado delante de los hijos es un modelo para ellos y puede que lo imiten.

La familia, clave

Debemos cuidar el estilo de vida familiar que tiene que ver con las normas de convivencia, la distribución de tareas y los hábitos de orden, comunicación, alimentación e higiene. Si no se adquieren, cuando se llega a la etapa adulta tendremos carencias importantes para desenvolvernos en la vida. Se deben favorecer las muestras de afectos, pero también los límites, querer no es permitir todo, querer es decir también que no todo se puede y de lo que se puede no todo se debe. Para finalizar este apartado de la familia, hablar del tipo de educación. Tanto el afecto como la autoridad y la libertad deben estar presentes en todo proceso educativo intentando, dentro de la dificultad que supone, que ninguna de estas actitudes se dé en exceso porque puede dar lugar a sobre protección que mantenga a los hijos en una situación infantil cuando el afecto es excesivo, o a soledad cuando hay un exceso de libertad que se percibe como que “pasan de ellos”, o a rebelarse o someterse cuando hay exceso de autoridad.

La escuela, otro pilar

La escuela es fundamental en la educación de los niños que un día serán adultos. Ésta debe facilitar las relaciones personales entre los alumnos, entre los profesores y entre unos y otros, que favorezcan la estima personal, teniendo en cuenta las necesidades educativas de cada uno. Debe cuidar el ambiente para que no potencie el individualismo y la competitividad, los resultados más que el esfuerzo. Hay que sacar el máximo partido a las instalaciones de la escuela y potenciar actividades extra escolares artísticas, culturales y festivas, intentando facilitar la integración y no la soledad y marginación y, por supuesto, estar en estrecha colaboración con los padres para evitar mensajes contradictorios.

El grupo de iguales es muy importante en el desarrollo de las personas. Debemos tener en cuenta la disposición del grupo ya que puede haber problemas cuando los líderes del mismo tienen conductas inadaptadas, consumo de drogas o delincuencia. También la presión del grupo hacia el individuo, porque el grupo da mucho, pero pide todo, en el sentido de que hay que acatar sus normas y cumplirlas por encima, en muchas ocasiones, de las posturas individuales y las propias convicciones.

Hay otros factores como son los valores dominantes de una sociedad en un momento determinado. En la nuestra se valora en exceso el individualismo, vivir el presente, el placer, el éxito, el consumo, etc., y nos olvidamos con frecuencia de valores como la solidaridad, la igualdad, la paz y el respeto hacia los demás, hacia la naturaleza, etc. Vivimos en una sociedad desarrollada, en la que nos vemos obligados a elegir. La cuestión es tener claro que nadie nos obliga a tomar una decisión concreta, es decir, que si estamos en una reunión de compañeros y todos consumen alcohol, nadie nos está obligando a beberlo aunque sea la costumbre.

También nos encontramos con mensajes de la publicidad y los medios de comunicación, en los que se deja claro que el consumo es perjudicial para la salud pero, al mismo tiempo, se nos invita a consumirlo a través de las imágenes y mensajes.

Factores psicológicos

Por último, y no por ello menos importantes, los factores psicológicos de riesgo. Los problemas familiares que rompen el equilibrio personal y son difíciles de superar, la curiosidad que nace de las ganas de conocer todo lo nuevo en determinadas épocas de la vida como puede ser la adolescencia, las personalidades inmaduras que no tienen la capacidad para resolver los problemas de la vida, los problemas afectivos causados por relaciones inadecuadas o por la soledad, pueden dar lugar a la angustia que nos hacen más vulnerables para el consumo de drogas.

Es de desear que todos estas cuestiones sean considerados y estudiadas para poder desarrollar un plan de prevención que disminuya el excesivo y preocupante consumo actual de drogas y nos abra con esperanza al futuro.

José María Fernández Chavero
Psicólogo
chavero@correo.cop.es