No deje que su hijo pruebe alcohol en casa

Los adolescentes que beben en casa, con padres o amigos, tienen más riesgo de abuso

PATRICIA MATEY

Los padres que beben con sus hijos de vez en cuando para enseñarles a usar el alcohol con moderación o les permiten ingerirlo en casa con los amigos sólo persiguen educarles en el consumo responsable, pero están equivocados.

Al menos esta es la hipótesis que se desprende de un nuevo estudio que constata que los jóvenes que tienen ‘permiso’ para beber en casa poseen más posibilidades de abusar del alcohol fuera de ella y de desarrollar problemas relacionados con su abuso.

Su autor principal, Haske van der Vorst, del Instituto de Ciencias del Comportamiento de la Universidad Radboud en Nijmegen (Holanda), aclara a ELMUNDO.es los motivos. “El alcohol es una droga que cuando se usa estimula al cerebro a querer más. Además, la juventud tiene un cerebro menos desarrollado, por lo menos en la parte de auto-control. Es difícil además que un adolescente no beba para poder controlar así su consumo. En segundo lugar, beber en casa les dé la impresión de que es algo que está bien, así que lo hará en otras circunstancias”.

En su estudio, publicado en el ‘Journal of Studies on Alcohol and Drugs’, recuerda que “en la mayoría de los países europeos el uso de bebidas etílicas en la población juvenil se ha convertido en un problema de salud pública, ya que incluye agresiones, delincuencia y problemas de abuso”.

Urgencias

De hecho, esta semana, y durante la celebración en Barcelona de la V Jornada de Actualización en Toxicología, se dió a conocer un estudio (realizado durante 2007 y 200), coordinado por Victoria Trenchs, del Hospital San Joan de Déu, que desvela que la mayoría de las consultas a urgencias de adolescentes sobre drogas son debido a un abuso en el consumo de alcohol. El trabajo, con pacientes de 12 a 18 años años, pone de manifiesto que del total de 26.240 atenciones urgentes realizadas al servicio de pediatría de dicho centro el 1% se debió al abuso de drogas. Un 76% por alteración de la conciencia por uso de bebidas etílicas.

Para los científicos holandeses, “la prevención es la vía más importante para disminuir las posibilidades de que los chicos y chicas abusen de él. Muchos programas están encaminados a que los menores resistan las presiones de los amigos, aunque también en los últimos años han surgido otras tendencias como es que los padres supervisen el consumo, enseñándoles el uso social y racional del alcohol en casa con el fin de limitar los excesos fuera de ella. Sin embargo, muchas de estas medidas no tienen un respaldo científico suficiente”.

Los autores mandaron un e-mail a las 5.000 familias de 20 municipios holandeses que están participando en el estudio Familia y Salud [destinado a examinar los distintos procesos de sociabilización de la población, según los comportamientos saludables durante la adolescencia]. Finalmente, la muestra del trabajo se compuso de 428, todas con ambos padres y dos hijos de entre 13 y 15 años. Se las siguió durante dos años.

Tras medir a través de cuestionarios el consumo de bebidas etílicas en casa y fuera de ella, además de la existencia de problemas por su consumo [como ‘no hago los deberes por culpa de la ingesta], los autores encontraron que un 53% había ingerido alcohol en el mes previo al estudio con su padre, de los que un 73% lo habían hecho dentro del hogar. Un 43% había tomado ‘alguna copa’ con su madre, la mayoría de ellos en casa. En cuanto al consumo con los amigos, un 79% de los adolescentes reconoció haberlo ingerido, en la mitad de estos casos, también, dentro del domicilio familiar.

Ejemplo paterno

Y los hijos siguen el comportamiento de los padres. “El hecho de que ellos beban predice que sus vástagos también vayan hacerlo dentro y fuera de casa”, comentan los investigadores.

Tras computar todos los datos, los autores comprobaron que los adolescentes que más alcohol tomaban en casa eran, también, los que más consumían en los bares. Y más preocupante aún, los que ingerían mayores cantidades de etanol eran los que dos años más tarde tenían más posibilidades de desarrollar problemas asociados a esta ingesta.

“Las conclusión es fácil de dibujar. Si, primeramente, bebes en casa es probable que en un principio tengas menos problemas de consumo elevado de alcohol. Pero nuestros datos sugieren que su consumo en el hogar predice tanto el incremento de los niveles de ingesta dentro y fuera del mismo a corto plazo como un aumento de las consecuencias negativas asociadas a su uso”, concluye el estudio.

Recomendaciones

Haske van der Vorst aconseja a los padres que no quieran “que sus hijos desarrollen patrones de consumo en la adolescencia que mantegan restricciones estrictas sobre el mismo y vigilen sus actividades diarias”.

Pese a estos datos, los autores hacen hincapié en la necesidad de “que se lleven a cabo más trabajos que repliquen estos resultados y proponen que se evalúen los efectos de los moderadores (beber o no con los padres y hacerlo con amigos o no) en el consumo de los adolescentes por separado”. Recuerdan, sobre todo, que los progenitores son los que debe ser más conscientes de su papel fundamental en la prevención del inicio en el consumo. Y para los menores, un consejo: “El consumo de alcohol es para adultos. No bebas nunca, al menos hasta cumplir los 16 años”, reflexiona el doctor autor principal de la investigación .

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2010-04-29

ADICTOS A LA MARCHA NOCTURNA

 

Un estudio sobre el ocio de jóvenes y adolescentes

Aceprensa (extracto)

Pasar la noche entera, o casi, “de marcha” se ha convertido en la opción preferida de ocio para muchos jóvenes y adolescentes, como cualquiera puede observar y un reciente estudio corrobora en España. Tales planes suelen incluir excesos en la bebida, y a veces droga, sexo esporádico, peleas o accidentes. Esto invita a plantearse cómo proponer a los jóvenes otras formas más seguras de divertirse.

El atractivo de la noche

En primer lugar, “la noche se les presenta como espacio para la experimentación”.

Les atrae porque diluye los límites y relaja las responsabilidades. No hay control de los padres, no hay que dar cuenta de lo que se hace, todo está permitido. Los defectos se difuminan, se aparcan los deberes y se puede ser lo que no se es durante el día.

Creen encontrar ahí la libertad recién descubierta y la quieren estrenar a toda costa. Les permite bailar, beber, desinhibirse, probar nuevas experiencias, ser otros durante unas horas, relacionarse sin poner en juego nada más que la epidermis… Los tímidos se vuelven osados; los rechazados se sienten queridos; los solitarios, acompañados; los menos agraciados se ven guapos; los inseguros cobran seguridad; los antipáticos parecen simpáticos; los inocentes pierden la inocencia.

El ocio nocturno se resuelve generalmente en una discoteca o un disco-bar. Esos locales están hechos para enmarañar tos sentidos y adormecer la razón y, así, dejar a los chicos y chicas al vaivén de los instintos. Las luces relampagueantes anulan la vista; la música estridente, el oído; el alcohol anula el gusto y el habla; el ambiente cargado, el olfato, y la aglomeración de cuerpos, el tacto. El contacto físico sustituye a las palabras: en una pista de baile hay poco que decir.

Doctor Jeckyll y Mister Hyde

En segundo lugar, los jóvenes perciben la marcha nocturna “como fractura en la rutina cotidiana”.

Viven pensando en que llegue el viernes para arrojar todo por la borda y divertirse hasta que el cuerpo aguante. Dividen la semana en dos: los días de labor, donde hay que someterse a la disciplina cotidiana, ir al cole o a trabajar; y el finde o weekend, cuando son libres y dueños de su tiempo.

Todos esos jóvenes y adolescentes viven una auténtica esquizofrenia: son Doctor Jeckyll entre semana y Mister Hyde los fines de semana. Y la verdad es que, en muchos casos, poco tiene que ver la imagen que dan en el aula o en casa con la que muestran fuera.

Se sienten ellos mismos cuando son Mr. Hyde, en esos momentos de ocio donde reina el “buen rollo” y desaparecen las preocupaciones, los deberes, las obligaciones y las normas.

Peligroso viaje de exploración

Tercero, los adolescentes ven el salir de noche “como instrumento esencial en la búsqueda de una identidad personal y grupal”.

El adolescente siente que traspasa una frontera que separa dos mundos: el familiar, dependiente e infantil, del social, independiente y juvenil. Si el primer mundo le aporta seguridad, bienestar y afectividad, el segundo le da la oportunidad de correr riesgos, de divertirse y de probar nuevos sentimientos.

Van a la aventura, a ver qué hay, a ver qué pasa. El adolescente que sale de noche busca nuevas experiencias que le ayuden a identificarse a sí mismo. Quiere saber quién es y qué rol le corresponde dentro del grupo, y para eso la noche le proporciona todo un campo de experimentación.

El problema es que ese viaje de exploración resulta peligroso y los adolescentes asumen sin reflexión alguna demasiados riesgos. Embriaguez, drogas, peleas, relaciones sexuales… se ven “por la noche” como actividades ampliamente normalizadas.

Cumplen las expectativas

Un cuarto motivo por el que el ocio nocturno tiene tanta trascendencia para los jóvenes: salir de marcha lo perciben “incluso como oportunidad de ejercicio de los tópicos que la sociedad adulta espera del joven”. Se limitan a cumplir las expectativas que los adultos tienen sobre ellos.

Este es el motivo más significativo de los cuatro. Los tres primeros son comprensibles: lo que muchos adolescentes y jóvenes perciben es que esperamos de ellos que hagan lo que hacen.

Pilar Guembe y Carlos Goñi