Compartir mesa con los padres mejora la dieta de los jóvenes

Josep Corbella – La Vanguardia, 26 de mayo 2011.

26-05-2011

Comer en familia tres veces por semana basta para reducir el riesgo de que niños y adolescentes tengan una dieta poco equilibrada, exceso de peso o trastornos alimentarios. Así lo demuestra la investigación más amplia realizada hasta la fecha sobre la relación entre comidas familiares y salud de los hijos.

Que tres comidas en familia por semana sean suficientes para mejorar la dieta indica que los beneficios de sentarse juntos a la mesa “no se limitan a estas tres comidas sino que se extienden a otras comidas a lo largo de la semana”, ha explicado por correo electrónico Amber Hammons, coautora de la investigación, de la Universidad de Illinois en Urbana-Campaign (EE.UU.).
Pero si unos padres tienen ocasión de comer con sus hijos cuatro o cinco veces por semana, los beneficios serán mayores que si sólo comen tres, explica Hammons. “Proponemos que las familias procuren compartir cinco comidas por semana. Sabemos que en muchos hogares es complicado, porque todo el mundo está muy ocupado, pero para la mayoría de las familias es un objetivo posible”.
La investigación se ha basado en los datos de diecisiete estudios anteriores realizados en seis países y en los que han participado 182.836 niños y adolescentes de entre 3 y 17 años. Es lo que técnicamente se llama un metaanálisis: una investigación que sintetiza el conjunto de resultados científicos sobre una cuestión.
Se han analizado datos de Estados Unidos, Canadá, Finlandia, Australia, Nueva Zelanda y Japón. Dado que distintos modelos de familia conviven en estos seis países, los investigadores han definido como comida familiar aquella en que los hijos comparten mesa por lo menos con uno de sus padres.
Según los resultados que se presentarán en el número de junio de la revista médica Pediatrics, comer en familia por lo menos tres veces por semana reduce en un 12% el riesgo de que los hijos tengan sobrepeso, un beneficio que se observa tanto en niños como en adolescentes.
Con tres comidas en familia semanales se reduce también un 20% el consumo de alimentos poco saludables como los de comida rápida y las bebidas azucaradas, y aumenta un 24% el consumo de alimentos saludables como frutas, verduras y hortalizas. En este caso, el efecto es más acusado en adolescentes, que a menudo pueden elegir lo que comen, que en niños.
También es más acusada en adolescentes la reducción del riesgo de trastornos alimentarios. Con cinco comidas en familia por semana, el riesgo de que un o una adolescente se dé atracones de comida , se provoque vómitos o se ponga a dieta sin que haya un motivo médico baja un 35%.
Entre los distintos factores que han contribuido a que las comidas familiares no sean tan frecuentes como en el pasado, Toni Massanés, director de la Fundació Alícia, destaca la tendencia a construir pisos pequeños sin mesa en la cocina. “Hay otros factores, como los horarios laborales de los padres, pero a veces se olvida que la cocina ha dejado de ser un espacio de convivencia”, señala Massanés, que promociona la alimentación saludable desde la Fundació Alícia.
“Comer juntos es una de las conductas más saludables que las familias pueden poner en práctica”, destaca Amber Hammons. Los beneficios, recuerda la investigadora, no se limitan a la alimentación sino que se extienden a otras áreas de la vida de niños y adolescentes. Otros estudios han detectado que comer en familia está relacionado con un mejor rendimiento académico y con un menor riesgo de consumo de drogasentre los jóvenes. Y aunque no está demostrado que comer con los padres sea la causa de estos beneficios, “las interacciones personales a la hora de comer contribuyen probablemente a mejorar la salud y el bienestar de los niños más allá de la dieta”, afirma Hammons.
Falta explicar de qué modo comer en familia tiene efectos saludables que van más allá del momento de la comida, admite Amber Hammons. Una posibilidad es que, cuando los padres preparan comida para la familia en casa, procuran que sea equilibrada y procuran no abusar de platos poco saludables. Una hipótesis complementaria es que, cuando los padres comen con sus hijos, tienen ocasión de hablar con ellos y enseñarles a comer de manera saludable. Y también tienen ocasión de detectar precozmente cualquier indicio de trastorno alimentario o conducta inadecuada y abordarlo antes de que se convierta en un problema. “Probablemente sea una suma de factores”, sostiene Hammons. “Vamos a estudiarlo en próximas investigaciones”.

Recomendación: qué hacer si los niños se pelean en la mesa
Las peleas entre hermanos, sobre todo cuando son pequeños, son uno de los dos motivos principales que citan los padres para evitar las comidas en familia –el otro es la dificultad para coincidir todos a la misma hora–. Investigadores de la Universidad de Illinois en Urbana-Campaign(Estados Unidos) han demostrado la eficacia de las siguientes estrategias para prevenir peleas en la mesa en la franja de edad de 4 a 8 años:
– Veinte minutos antes. Avisar a los niños de que pronto será la hora de comer o cenar para que acaben lo que están haciendo y tengan tiempo de guardar sus cosas.
– Diez minutos antes. Asignar a cada uno una tarea relacionada con la comida (como poner los cubiertos) y expresar al niño lo importante que es lo que hace para la comida familiar.
– Durante la comida. Enseñar a los niños a parar, pensar y hablar cuando tienen desacuerdos. Tener mucha paciencia. No perder de vista que entre hermanos de 4 a 8 años surgen desacuerdos una media de cuatro veces por hora, de modo que el objetivo no es que no los tengan, sino que aprendan a resolverlos.
– Cada día. Dedicar un rato a cada niño de manera individualizada y hacer algo específicamente para él como contarle un cuento, leerle un libro o jugar a un juego.
– No desistir. Incluso poniendo en práctica estas estrategias, los conflictos entre hermanos no se reducirán drásticamente de un día para otro ni van a desaparecer por completo, advierte Laurie Kramer, de la Universidad de Illinois. Kramer recomienda insistir con la estrategia positiva de “parar, pensar y hablar” para enseñar a los niños qué deben hacer para resolver sus diferencias, en lugar de derivar hacia estrategias negativas que ponen el énfasis en lo que no deben hacer (como decir “no os peleéis”).

Fuente:thefamlywatch.org