El principito y la rosa

Establecer diálogos

Para que haya un buen diálogo hay que saber escuchar y, como siempre, no podemos olvidar que hemos de hacer malabarismos para encontrar tiempo y entregarlo a nuestros hijos; es el bien más valioso que podemos ofrecerles.

¿Cómo lograr una buena comunicación? Una actitud idónea para que surja el encuentro deseado es olvidar que los padres tenemos toda la razón, ya que esto no es cierto, la mayoría de materias son opinables, y escuchando aprendemos y conocemos con profundidad a nuestros hijos, que no nos abrirán su corazón si somos dogmáticos, rígidos y poco flexibles. Ya se ve que, para que haya buena comunicación, es muy importante ir con la sencillez de quién quiere ayudar, nunca imponer.

Podemos caer en el defecto de pensar que ya sabemos lo que nos dirán. Saber ya la respuesta porqué creemos que nuestro hijo es de una determinada manera y no dar posibilidades a nuestro hijo o hija de expresarse sinceramente. Si no los dejamos explicarse del todo no les damos la oportunidad de mejorar, puesto que nos faltará la información completa y no sabremos que hacer para aconsejarle.

Enumeraremos algunas cualidades convenientes para llegar a establecer un buen diálogo, teniendo en cuenta que la primera de todas será responder a todas las preguntas que nos hagan.

1. No interrumpir y tener paciencia. Esto vale para todas las edades, desde el hijo o hija que casi no sabe hablar, pero nos quiere pedir algo, hasta el adolescente que nos quiere explicar un problema o una alegría y lo hace de una forma acalorada. Por ejemplo, nos están explicando una cosa y nosotros nos preocupamos más de la forma gramatical que están empleando que del contenido de lo que nos explica y de los sentimientos del hijo; mal haríamos sí corrigiéramos la gramática a media explicación porque quizás ”cortaríamos” la espontaneidad.

2. Cuidar el lenguaje no verbal. La mirada y el gesto ocupan un papel primordial. Mirar a los ojos de nuestro hijo y aprobar afirmativamente con el gesto para animar y demostrar que nos interesa lo que nos dice; con la mirada de los padres se puede demostrar interés y afecto y descubrir, en la de los hijos, todo su estado de ánimo. Mirada y gesto establecen la complicidad de la amistad y de la confianza mutua.

3. Saber preguntar. Conviene hacer una pregunta de manera positiva para asegurarnos de que nos enteramos y entendemos lo que nos dicen; también sirve preguntar para captar el nivel que tienen de entendimiento del tema que sea, y por lo tanto, adelantar informaciones sobre sexualidad, diversiones, adicciones a juegos, “chats”, Internet, etc. aprovechando los momentos de ocio y tranquilidad para tener estas conversaciones y dar información y criterios a seguir.

4. No mirar el reloj. Para los hijos es muy importante que demostremos un interés real por sus cosas; tenemos buenos momentos para comunicarnos sí los sabemos aprovechar aunque la experiencia nos diga, que el ”momento” del hijo quizás no coincide con el nuestro, pero la atención a las personas de nuestra familia es siempre nuestra primera y amable responsabilidad.

5. Vivir la discreción. Muchos hijos adolescentes se quejan de que los padres cuentan a los demás las cosas íntimas que les han confiado. Seguro que los padres no actuamos con mala intención al hacerlo, se puede hacer o para vanagloriarse o para quejarse pero se comprende que es un defecto que indica poca comprensión y respeto para los sentimientos de los hijos.

Para finalizar esta frase de André Frossard para nuestra reflexión: ”Miramos por la ventana el bullicio la calle y nos olvidamos de alguien que está a nuestro lado y necesita nuestra compañía”.

Victoria Cardona Romeu

Profesora y educadora familiar