El Día del padre: ideas para celebrarlo

¿Qué es lo que más le gusta a papá? Que le digas que le quieres todos los días, sentirse alguien muy especial para ti y ver que valores su trabajo y esfuerzo a diario. Por eso, en su día le harás aún más feliz si reúnes todas las demostraciones de cariño y le haces un pequeño homenaje.
Para hacerle ver que es una persona valiosa y fundamental para la familia, recuérdale lo mucho que le quieres y prepárale un día inolvidable con mucha imaginación y teniendo en cuenta sus gustos.

Empezar a vivir el Día del padre con buen desayuno que le saque de la rutina, hará las delicias de tu papá. Un desayuno en familia es un momento de integración, que le sacará de la rutina. Después, felicítale. Es el momento de entregarle su regalo. Cualquier cosa servirá, pero si está hecha con amor, esfuerzo y dedicación darás en el clavo. Los dibujos, las tarjetas de felicitación, los collages de fotografías, las poesías, los últimos vídeos familiares o las manualidades hechas por vosotros le llegarán al corazón. Después, una actividad compartida, una comida deliciosa, una película por la tarde y un cuento antes de dormir pueden completar un día perfecto.

Conseguir que tu papá se sienta el mejor padre del mundo es objetivo ese día. Los niños tienen la oportunidad de hacer gala de su generosidad, simpatía y cariño hacia un papá que lo es todo para ellos. Y los padres no deben dejar pasar esta excelente oportunidad para devolverles este regalo, compartiendo y trasmitiéndoles lo que significa ser padre. ¿Cómo? Tan sólo dedicando este día por completo a los niños, olvidándose de las preocupaciones y tareas diarias.

Es un buen día para crear vivencias que tanto niños como padres recordarán con el tiempo. Los padres son “lo más” para sus hijos y gracias a su papel cada vez más activo y participativo con los niños, pueden hacer más cosas con ellos, pasar más tiempo juntos y crear familias más unidas. Los niños se fijan mucho en los mayores e imitan a los mayores, así que muy probablemente esta experiencia sea enriquecedora para vuestra relación.

Aprovecha este gran momento para contar a tus hijos una historia entrañable, que siempre recordarán y en la que ellos eran los protagonistas. Recuérdales el día en que nacieron, cómo te enteraste de que ibas a ser papá, cómo te sentiste cuando le cogiste por primera vez en brazos y lo feliz que te hizo su llegada a casa, qué pasó el primer día que tocaron la nieve o fueron a la playa. Los niños adoran escuchar historias y cuando son el eje de la narración se sienten queridos y aceptados.

Mantén los lazos de amistad y complicidad contándoles un secreto de cuando eras pequeño como ellos. Ameniza la charla con anécdotas, historias, secretos o sueños que puedas compartir y contarles de cuándo eras pequeño. Seguro que les encanta escuchar estas cosas de su padre y saber qué sentía o pensaba cuando era pequeño como él.

fuente:guiainfantil.com

Día del padre

“Me considero un buen padre. Al igual que sé acompañar a mi hijo en sus períodos de fiebres y dolores, también soy capaz de repasar con él durante horas los nombres de países africanos y sus correspondientes capitales”, así se expresaba un amigo al hablar de su paternidad y de su hijo.

Deseo fijarme en la figura del padre por dos motivos fundamentales, primero porque estamos en la semana en la que hemos celebrado el día dedicado a ellos y en segundo lugar porque se ha dibujado un perfil con el que nunca me he identificado. Se dice, con relativa e injusta frecuencia, que el papel que hace mejor el hombre es imponer la autoridad y las normas, hasta tal punto que se intentan resolver conflictos acudiendo al “ya se lo diremos a tu padre cuando llegue”. Esta frase no denota autoritarismo en el referido sino incapacidad en quien la emite, porque no posee las capacidades suficientes para resolver la cuestión planteada.

El fuerte y el trabajador

El padre suele ser la figura físicamente más fuerte de la pareja, tradicionalmente ha asumido el trabajo fuera de casa y era la segunda línea de afrontamiento de los problemas familiares. Cuando el buen hacer cariñoso de la madre parecía no dar sus frutos, entonces se acudía a él como la definitiva instancia que daría la solución.

Es buen momento para detenernos en otros aspectos que están presentes en la paternidad y que no siempre se han destacado. Y comenzamos por reconocer los muchos esfuerzos realizados para transmitirnos sus principios, creencias y valores de la vida, por enseñarnos lo que saben y por proporcionarnos los medios adecuados para aprender incluso lo que ellos desconocían o habían olvidado y eso a costa de vivir, en muchas ocasiones, con austeridad personal y de pareja.

Se ha afirmado que los padres son diestros para trasmitir responsabilidad y seriedad en el trabajo, compromiso con los amigos, fortaleza en la debilidad y capacidad para afrontar las dificultades diarias. Se ha creído que son inexpresivos en el sufrir, adictos al silencio y sobrios en mostrar sus afectos. Sin duda que estos aspectos pueden darse y se dan en diversas proporciones en los padres, pero son insuficientes para comprender en su totalidad esta majestuosa figura de nuestras vidas, porque también siente la impotencia del hijo que no alcanza el nivel de los demás, llora con el dolor y sonríe con la alegría, acaricia en el sueño y dice “te quiero” mirando a los ojos. El padre desprende orgullo y satisfacción ante el hijo que viene corriendo a abrazarle, proporciona protección para encarar los miedos, renuncia a su necesidad por el bien del otro, escucha en la adversidad, es paciente en la discapacidad y cariñoso en el diario. El padre espera con los brazos abiertos el regreso del hijo que se retrasa o que no llega, muestra con satisfacción las fotografías de ellos, recuerda los primeros pasos y balbuceos aunque hayan pasado ya muchos años.

Superar estereotipos

La pena de muchos padres es vivir condicionados por estereotipos que no les permiten expresar todo su mundo de afectos, creyendo que eso es más propio de la feminidad y se pierden así la posibilidad de sentirse más realizados en todas sus emociones. Ser consciente de los errores y de los fallos con nosotros mismos y con los hijos no denota debilidad sino inteligencia, pedir perdón mejora la convivencia y nos hace más accesible. Si nadie nos enseñó a ser hijo ni hermano, sí tuvimos un modelo de padre al que siempre podremos imitar en sus muchos aciertos y, en el caso de los errores, tendremos la posibilidad de corregirlos con nuestros hijos. Héroes de nuestra niñez fueron los padres y tenemos la posibilidad de serlo de nuestros hijos, menudo privilegio, tan solo hace falta que dejemos salir nuestros sentimientos y buenas intenciones.

José María Fernández Chavero

Psicólogo clínico y Máster en bioética