Beneficios de la música en bebés


La influencia de la música sobre el ser humano se remonta a tiempos muy antiguos. Ya en la China de Confucio (500 a.C.) y en la Grecia clásica se reconocían las virtudes formativas de la música. Actualmente, y en las últimas décadas, la comunidad científica ha mostrado gran interés por investigar los efectos beneficiosos de la música, ¡en especial, en los bebés!

Si entendemos la música como una simple combinación de sonidos y tiempo, no podremos sumergirnos en el prodigioso y mágico mundo del Arte. Solo si se desarrolla su espectro emocional, capaz de transmitir sentimientos y variar el estado anímico, podrá ser fuente de energía y de equilibrio intelectual y moral para el ser humano.

Todos los seres humanos nacemos con un potencial para aprender. Pero solamente pueden desarrollar al máximo sus habilidades aquellas personas que ejerciten de manera adecuada y en los momentos idóneos sus capacidades. Durante la infancia, se aprende de forma más fácil y rápida, ya que el cerebro de un niño es mucho más plástico y activo que el de un adulto.

¿Cuándo comenzamos?
Desde las primeras semanas de gestación, un bebé es capaz de percibir las vibraciones sonoras. A partir del quinto mes de embarazo, ya puede escuchar los sonidos que provienen del cuerpo de la madre, así como su voz y las voces de los que se encuentran cerca, y también los sonidos del ambiente; la música rítmica lo calma y la estridente, lo excita; siente, escucha y aprende. Y en el último trimestre, es capaz de recordar sonidos y de reaccionar ante estímulos. Por ello, la estimulación prenatal es fundamental para su progresivo desarrollo.

La voz de la madre y la música que a ella le agrada le estimulan y le transmiten bienestar. Compartir la música favorece una relación íntima, que fortalece los lazos afectivos entre madre e hijo, potencia la sensibilidad del niño y desarrolla su sistema nervioso, favoreciendo su desarrollo afectivo, cognitivo, sensorial, motor y social.

¿Y los papás?
La estimulación prenatal y la del recién nacido suelen estar asociadas a la madre, pero un bebé a las 28 semanas de gestación ya es capaz de reconocer también la voz de su padre. Es recomendable que los papás se animen a cantar con sus bebés y compartan con ellos sus melodías favoritas.

¿Qué música?
Los padres se preguntan sobre la música que sus hijos deben escuchar. Los bebés todavía en el vientre de la madre y los recién nacidos no necesitan una música especialmente compuesta para ellos. No se les debe limitar a escuchar exclusivamente canciones de cuna, porque también tienen capacidad para disfrutar y recordar música clásica, como han descubierto los investigadores de la Sociedad Acústica de América. Escuchar distintos tipos de música, les ayudará a aprenderla, a reconocerla y a disfrutarla.

En general, se recomiendan canciones de letras sencillas que insinúen contacto físico, canciones de animales que incluyan onomatopeyas, canciones de balanceo, bailes sencillos y audiciones de música clásica de fácil estructura y de corta duración.

Normalmente, los padres son los primeros educadores musicales del niño y por ello los lazos afectivos que se establezcan entre ellos condicionarán el tipo de música con la que disfrute el pequeño. Tan válida es una nana, como la música de Mendelssohn o Vivaldi. Si los padres disfrutan con un tema, el niño se sentirá a gusto, porque asociará la melodía con un ambiente de cariño.

Grandes beneficios
Existen numerosos estudios sobre la influencia de la música en los niños. Entonar canciones a los bebés, incluso antes de haber nacido, y escuchar música con ellos, además de producir cambios a nivel fisiológico (ritmo cerebral, circulación, respiración, digestión, metabolismo, tono muscular, sistema inmunológico o actividad neuronal), desarrolla un fuerte vínculo afectivo, que estimula su inteligencia emocional. Asimismo, a nivel psicológico, despierta, estimula y desarrolla emociones y sentimientos que pueden modificar el estado de ánimo del oyente y promoverle a la reflexión, además de fomentar el autocontrol. Intelectualmente, la música favorece la capacidad de atención y concentración, incrementando así su rendimiento en el trabajo; estimula la memoria, el análisis, la síntesis y el razonamiento, y por lo tanto, el aprendizaje; consigue una mayor precisión para percibir y abstraer estímulos visuales y auditivos, desarrolla el sentido del orden y facilita la creatividad.

También supone una preparación preverbal, con lo que los niños comenzarán a hablar antes y acelerarán el aprendizaje de idiomas. Su aptitud musical y su coordinación motriz se desarrollan muchísimo y aprenden a disfrutar con la música. La música también se utiliza como terapia de distintas dolencias (ansiedad, estrés, alteraciones del sueño, autismo, etc.).

Amor al Arte
El objetivo principal de la estimulación musical no es crear músicos profesionales, aunque puede llegar el caso. Lo que se pretende es que el niño ame y viva la música, y que esta contribuya a su educación global.

Algunas ideas
• La estimulación musical no se debe limitar a la audición de canciones u obras instrumentales. A medida que la madurez del bebé lo vaya permitiendo, sería muy beneficioso combinar música y movimiento, incorporando palmadas, mímica y baile, y animarle a que nos imite. Con ello, le damos a entender que la música es fuente de diversión.
• Les encanta experimentar, por lo que se podría poner al alcance del bebé objetos sonoros (instrumentos musicales o no), con los que pueda generar ruidos o sonidos.
• Enseñarle a escuchar, llamándole la atención sobre los sonidos del entorno (el timbre, el teléfono, la ambulancia, el canto de un pájaro…).
• Les gusta mucho seguir distintos ritmos.
• Se debería también estimular la voz, el lenguaje y el canto. Pueden escuchar rimas y cuentos musicales, grabar su voz, etc.
• Una buena actividad sería bailar con ellos en brazos mientras escuchamos una melodía o le cantamos una canción.
• Es conveniente que escuchen audiciones completas para que vayan percibiendo el patrón musical, por ello deberemos seleccionar obras de corta duración.
• Puede ser divertido investigar sobre la clase de música que le gusta al niño. Seleccionar distintos tipos de música y ver sus reacciones. Seguramente, al principio, le agradará la música suave, pero sus gustos irán variando a medida que crezca.
• Si queremos que disfruten de verdad, escuchemos sus preferencias y tengamos en cuenta sus aptitudes. No hay que empeñarse en que elijan el instrumento que a nosotros nos gusta.

fuente: www.conmishijos.com

Virginia González, psicóloga

La familia es el nido donde se desarrolla la vida

Después de muchas horas de buscar comida, un pájaro vuelve a su nido y obtiene el bienestar supremo de un lugar que es a la vez cálido y seguro, alejado de los peligros y distracciones del mundo exterior.
Un ser humano debería sentir la misma calidez y seguridad cuando vuelve a su hogar. El hogar y la familia son un nido, un centro en sus vidas, un eje a partir del cual se irradian todas las experiencias cotidianas.
Podríamos decir que un hogar es una necesidad humana. En los tiempos de cambios permanentes, de inseguridad e inestabilidad que nos toca vivir, el hogar ofrece al hombre un lugar seguro.
Nuestra casa y nuestra familia deberían ser los lugares donde más cómodos nos sentimos en el mundo, tanto de niños como de adultos. Ellas determinan cómo se toman las decisiones de la vida, allí se forman nuestras actitudes, conciencia y autoestima. Un hogar sano es obviamente un ingrediente fundamental en toda búsqueda de calidad de vida.
El hogar es el sitio donde aprendemos a trabajar, a jugar, a estar a gusto con nosotros mismos y con los otros. A ser interdependientes y productivos. Más importante aún, es el espacio donde aprendemos sobre la felicidad y la plenitud. Dígame… ¿qué siente cuando vuelve a casa tras una ausencia prolongada de unos meses, incluso de unos pocos días?
El hogar es una base segura que nos da la confianza para explorar el terreno de un mundo impredecible y a menudo peligroso.
Así como una persona sana suele dar su salud por asegurada, muchos de nosotros podemos no apreciar la belleza del hogar. Las actitudes y el amor de nuestros padres nos han dado una base a partir de la cual hemos construido nuestra propia vida. Pero como todo cimiento, éste es invisible: está allí, aunque nunca lo veamos.
Para apreciar el vigor de un hogar realmente provisto de amor, sólo debemos mirar lo que pasa cuando un hogar no sirve a esa función. Lamentablemente, no debemos mirar muy lejos. Mucha gente no ha tenido nunca un verdadero hogar, un ambiente cómodo donde sentirse querido y amado; donde no haya nada que temer y donde los problemas se enfrenten, en lugar de ignorarse, negarse o culpabilizarse.
Es responsabilidad de los padres construir un hogar feliz y sano; no sólo por el bien de sus hijos, sino por sí mismos y por la sociedad toda. Especialmente en estos tiempos convulsos, cuando tan pocas personas tienen hogares saludables propios, es nuestro deber dar el ejemplo.
Tener un hogar saludable depende en gran medida de nuestra postura ante el tema. Por ejemplo, nuestro trabajo puede ser importante y necesario para la supervivencia, pero el lugar de trabajo no es nuestro hogar. Hoy en día muchos adultos han reemplazado su hogar por sus carreras o aficiones; quizás porque ellos, de niños, nunca tuvieron buenos hogares, o porque sus padres pusieron sus propias carreras e intereses personales antes que el hogar y la familia.
Un verdadero hogar es más que una simple casa hermosa. La dinámica de la familia es, por supuesto, el ingrediente clave de un verdadero hogar, pero el ambiente físico también es importante: el espíritu y el aspecto de la casa. Esto no significa que debamos tener una casa grande y costosamente amueblada, sino que debe reflejar el espíritu de la familia. Un museo puede tener muebles hermosos, pero nadie querría vivir en él.
Un hogar hermoso también debe estar libre de las influencias que pueden contaminar su plenitud. Por ejemplo, todos conocemos los efectos dañinos que tiene el exceso de televisión sobre los niños y especialmente sobre los adolescentes. No deberíamos permitir que la televisión gobierne nuestro hogar.
La máxima belleza de un hogar, por supuesto, es su calidez emocional y espiritual. Hay muchos modos de embellecer una casa. Hablar y compartir momentos con los niños, invitar a sus amigos y permitir que sea usada como lugar de estudio o esparcimiento. Dejar que los adolescentes la sientan como propia, que sea su refugio (aunque se aíslen o hagan ruido). También los adultos deben utilizarla como nexo social, para cenas, reuniones o asambleas comunitarias. Esas son las cosas que hacen a una casa realmente hermosa -la gente que la vive- y esto, cuesta mucho menos que muebles de estilo, o un aparato de televisión de última generación.
¿Cómo querría usted que sus hijos recordaran su hogar? Seguramente como un sitio de calidez y bondad, donde la gente se reunía a gusto para hablar de las cosas que más les importaban. Muy probablemente, sus niños se volverán adultos que crearán la misma clase de hogar que hoy conocen. Quizás, no sería malo que recordaran sus hogares como singulares nidos… de amor.