Desarraigo familiar

Si nos atenemos al diccionario, la palabra “desarraigar” significa etimológicamente “arrancar de raíz un árbol o una planta” y si la unimos a la familia, nos podemos hacer una idea clara de lo que supone para la institución familiar cuando se produce esta arrancadura de algún miembro de ella, por las múltiples circunstancias sociales, culturales, económicas, ambientales, etc… que hoy día vive la familia en general y la española en particular.

En una charla que impartí en el Centro Carcelario de Badajoz, por invitación especial de la Pastoral Penitenciaria, y a la que asistieron sorpresivamente más de 50 internos, al término de la misma, en el coloquio-diálogo que siguió, uno de ellos me hizo la siguiente pregunta-reflexión: “todo lo que usted nos ha dicho está bien, pero dígame que ha hecho Dios por nosotros cuando nos hizo nacer en un ambiente familiar totalmente roto, con padres drogadictos, viviendo los 7 hermanos en chabola, en una barriada marginal, sin trabajo, sin medios económicos, sin cultura ni educación y alimentándonos del robo diario y de la picaresca para poder subsistir”. Ciertamente la pregunta era seria y agobiante; pedí a Dios su ayuda para poderle contestar: “Efectivamente, su situación personal y familiar es angustiosa, pero pienso que, entre otras cosas, ese Dios, a quien tú acusas de tus males, me ha hecho a mí y a cuantos están colaborando con vosotros a través de la Pastoral, para ayudaros a salir de la situación de desamparo y desarraigo familiar en el que os encontráis en este momento y para que, cuando salgáis de aquí, podáis incorporaros a la sociedad con otro ideal, con otra ilusión que cambie vuestras vidas y os sintáis integrados”.

Desarraigo del inmigrante

Pero no sólo los presos, con todos sus problemas de drogadicción, abandono, ambiente, etc… sufren el desarraigo familiar; ahí están los inmigrantes con sus crisis de identidad socio-cultural, desarraigados de su familia y de su país de origen, de su cultura, de su idioma, de sus paisajes y costumbres.. y es que el desarraigo es básicamente un sentimiento de pérdida, que se siente en mayor o menor intensidad, dependiendo del grado de intervención, en la decisión de dejar el país. Este desarraigo familiar que consiste en estar aquí y tener la familia en otro lugar, es el más común de los problemas; el emigrar conlleva alejarse de la familia, esto genera ansiedad y preocupación pues muchos miembros ya no saben cuál es y dónde está el núcleo familiar y cuál es su rol dentro del mismo.

En la mayoría de los casos siempre se tiene la esperanza de reagruparse, pero se vive con la incertidumbre del volverse a ver; este sentimiento degenera en periodos de tristeza y frustración y se hace necesaria una ayuda especializada.

Todo esto que decimos para los inmigrantes, está surgiendo también en jóvenes que abandonan sus familias en su deseo de independizarse sin haber conseguido un trabajo o una madurez suficiente; también en aquellos otros que se lanzan a la aventura del mundo consumista porque en sus hogares no hay medios suficientes para consentir todos sus “caprichos” o necesidades tecnológicas más actuales. Y ¡cómo no!, igualmente se está manifestando en los hijos de padres divorciados o separados. Así podríamos continuar enumerando tantas y tantas situaciones de desarraigo.

Como decía Javier Elzo, catedrático de Sociología en la Universidad de Deusto : “la familia española vive hoy un periodo de tránsito extremadamente complicado” y es por ello, por lo que la familia necesita medidas de protección dirigidas a cubrir sus necesidades básicas y mejorar su entorno, con el objetivo de mantenerla en unas condiciones que permitan su desarrollo integral en todos los valores que tiene pero que están siendo trastocados, cuando no falseados o esquilmados. Se hacen urgentes unos programas compensadores de carácter socio-educativo y económico que favorezcan la integración y faciliten el adecuado ejercicio de las funciones parentales, así como una mejora en las relaciones socio-familiares. Sólo de esta forma llegaremos a una sociedad más justa y solidaria con la familia. ¿En ello estamos?

Francisco L. Bobadilla
Maestro. Coordinador de Escuela de Padres