Observatorio del Foro de la Familia sobre ideología de género

El Observatorio sobre el Adoctrinamiento de Género es una iniciativa del Foro Español de la Familia que ha nacido como consecuencia de la entrada en vigor de la Ley Orgánica 2/2010 sobre “Salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo”.

Dicha Ley, entre otras cosas, constituye una intromisión ilegítima en el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus propias convicciones (art. 27.3 de la Constitución Española) e impone una visión de la sexualidad basada en la Ideología de Género.

La ideología de género es contraria a nuestras tradiciones jurídicas y filosóficas y es gravemente perjudicial para la salud de nuestros hijos, por cuanto trivializa las relaciones sexuales y confunde a la juventud con un supuesto “sexo seguro”.

Por estas razones, se ha hecho necesario divulgar, denunciar, formar e informar a los padres y educadores, y la sociedad en general, sobre las consecuencias de la entrada en vigor de esta Ley y sobre la mejor forma de paliar sus efectos y hacer frente a la desinformación y hábitos que quiere inducir en la sociedad. Con estos fines nace este Observatorio.

El Observatorio sobre Adoctrinamiento de Género (OAG) tiene los siguientes objetivos:

a) Vigilar los contenidos de las asignaturas que se cursen, sean de esta materia o de otras.

b) Denunciar ante las instancias administrativas y/o judiciales, aquellos contenidos que atenten contra el legítimo derecho de los padres a la educación de sus hijos, al amparo del artículo 27.3 de la Constitución Española y de la sentencia del Tribunal Supremo de fecha 11 de febrero de 2009.

c) Fomentar la formación de padres y educadores en los contenidos implícitos y explícitos de la ley 2/2010 para que conozcan su verdadero alcance y consecuencias.

d) Fomentar una sana educación afectivo-sexual en la escuela donde se respete la libertad ideológica y el pluralismo, sin imposiciones propias de regímenes totalitarios.

e) Ofrecer la ayuda necesaria a aquellos padres que encuentren alguna dificultad en cómo educar a sus hijos en esta materia.

fuente. www.adoctrinamientodegenero.org

Homosexualidad: el derecho a tener un padre y una madre / Por Trayce L. Hansen

21 de julio de 2010.- Los defensores del matrimonio homosexual creen que lo único que los niños necesitan de verdad es amor. Basándose en dicha suposición, concluyen que para los niños es tan bueno ser criados por unos amorosos padres del mismo sexo que por otros progenitores de sexos distintos. Pero esa premisa básica –y cuanto se deriva de ella– es falsa, porque el amor no basta.

Hombre y mujer hacen aportaciones diversas a la crianza de los hijos, cada uno de una forma singular e irrepetible por parte del otro. Dicho lisa y llanamente, las madres y los padres no son intercambiables. Dos mujeres pueden, cada una de ellas, ser buenas madres, pero ninguna puede ser un buen padre.

Hay cinco razones por las que ser criados por un padre y una madre redunda en el mejor interés de los hijos.

La primera es que el amor materno y el amor paterno, aunque igualmente importantes, son cualitativamente distintos y dan lugar a relaciones paternofiliales diferentes. Específicamente, la combinación del amor de madre, que muestra una devoción incondicional, y el amor de padre, que pone condiciones, es lo que resulta esencial para el desarrollo de un hijo. Cualquiera de estas formas de amor puede ser problemática sin la otra. Porque lo que un hijo necesita es el equilibrio complementario que ambos tipos de amor y de relación proporcionan.Sólo los padres heterosexuales ofrecen a sus hijos la oportunidad de establecer relaciones con un progenitor del mismo sexo y del contrario. Las relaciones con ambos sexos en una etapa temprana de la vida hacen que resulte más fácil para un hijo relacionarse con ambos sexos más adelante.Para una chica, esto significa que entenderá mejor e interactuará adecuadamente con el mundo masculino, y que se sentirá más cómoda en el mundo de las mujeres. Y para un muchacho, lo opuesto será verdad. Tener una relación con “el otro” (un progenitor del otro sexo) también incrementa la probabilidad de que un hijo sea más empático y menos narcisista.
En segundo lugar, los niños progresan a través de etapas de desarrollo predecibles y necesarias. Algunas etapas exigen más de una madre mientras que otras requieren más de un padre. Por ejemplo, durante la primera infancia, los niños de ambos sexos suelen estar mejor bajo el cuidado de su madre. Las madres tienen mejor sintonía con las delicadas necesidades de sus hijos más pequeños y, en consecuencia, responden de forma más adecuada. Sin embargo, en algún momento, si un muchacho ha de convertirse en un hombre como debe ser, tiene que despegarse de su madre y, en vez de ello, identificarse con su padre. Un chico sin padre carece de un hombre con el que identificarse y es más probable que tropiece con problemas a la hora de forjar una sana identidad masculina.

Un padre enseña a un chico cómo canalizar debidamente sus impulsos agresivos y sexuales. Una madre no puede mostrar a su hijo la forma de controlar sus impulsos porque ella no es un hombre y no tiene impulsos del mismo tipo. Un padre también inspira en un muchacho una forma de respeto que una madre no puede infundir: un respeto con el que es más probable tener a raya a un chico. Y ésas son las dos razones primordiales por las que los chicos sin padre tienen mayores probabilidades de caer en la delincuencia y acabar en la cárcel.

La necesidad de un padre también forma parte de la psique de las chicas. Hay ocasiones en la vida de una muchacha en las que sólo vale un padre. Por ejemplo, un padre ofrece a una hija un lugar seguro y sin contenido sexual en el que experimentar su primera relación hombre-mujer y afianzar su feminidad. Cuando a una chica le falta un padre que desempeñe ese papel, tiene más posibilidades de llegar a ser promiscua, en un intento equivocado de satisfacer su ansia innata de atención y aprobación masculinas.En general, los padres desempeñan un papel de contención en las vidas de sus hijos. Refrenan en los hijos una conducta antisocial y evitan que el comportamiento de sus hijas tenga un excesivo tono sexual. Cuando falta un padre que cumpla esta función, con frecuencia se derivan nefastas consecuencias tanto para los hijos sin padre como para la sociedad.
El tercer motivo es que chicos y chicas necesitan un progenitor del sexo opuesto que les ayude a moderar sus propias inclinaciones vinculadas a su género. Por ejemplo, los muchachos se inclinan en general por la razón más que por la emoción; prefieren las normas antes que las relaciones; correr riesgos en vez de ser cautos, y optan por las normas por encima de la compasión, mientras que, por regla igualmente general, las muchachas se inclinan por lo contrario.

Un progenitor del sexo opuesto ayuda a su hijo o hija, según sea el caso, a controlar sus propias inclinaciones naturales enseñándole, con la palabra y de modo no verbal, el valor de las tendencias contrarias. Esa enseñanza no sólo facilita la moderación, sino que también amplía el mundo de cada hijo, ayudándole a ver más allá de su propio y limitado punto de vista.
En cuarto lugar, el matrimonio entre personas del mismo sexo incrementará la confusión sexual y la experimentación sexual de los jóvenes. El mensaje implícito y explícito del matrimonio homosexual es que todas las opciones son igualmente aceptables y deseables. Por tanto, incluso los hijos provenientes de hogares tradicionales, si caen bajo la influencia del mensaje de que todas las opciones sexuales son iguales, crecerán pensando que no importa con quién se relacione uno sexualmente o se case.

Sostener semejante creencia llevará a algunos jóvenes impresionables a considerar planes sexuales y maritales que nunca antes se habrían planteado. Y los hijos de familias homosexuales, que tienen más probabilidad de incurrir en experimentos sexuales, lo harán incluso en mayor medida, porque no sólo sus padres han establecido como modelo de conducta la sexualidad no tradicional, sino que también esta habría recibido la aprobación social.No hay duda de que la sexualidad humana es maleable. Pensemos en la Grecia o la Roma antiguas, en las que la homosexualidad masculina y la bisexualidad estaban presentes en la sociedad. Ello no sucedía porque la mayoría de aquellos hombres hubieran nacido con un “gen homosexual”; se debía, más bien, a que la homosexualidad era aprobada en tales sociedades. Aquello que una sociedad admite se multiplica dentro de ella.

Y quinto, si la sociedad permite el matrimonio homosexual, también tendrá que permitir otros tipos de matrimonio. La lógica jurídica es sencilla: si prohibir el matrimonio homosexual es discriminatorio, entonces, rechazar el matrimonio polígamo, el matrimonio “abierto” cuyos cónyuges mantienen varias relaciones al mismo tiempo, o cualquier otra agrupación marital será igualmente considerado discriminatorio.Las repercusiones emotivas y psicológicas que semejante colección de situaciones tengan sobre las psiques y la sexualidad en desarrollo de los niños serían desastrosas. ¿Y qué les sucede a los hijos de estos matrimonios alternativos si la unión se disuelve y, a continuación, cada progenitor “vuelve a casarse”? Estos hijos podrían acabar teniendo cuatro padres, o dos padres y cuatro madres, o… pongan ustedes lo que gusten en el espacio en blanco.

Por supuesto que las parejas homosexuales pueden dar amor como las parejas heterosexuales, pero los hijos necesitan más que amor. Necesitan las cualidades distintivas y las naturalezas complementarias de un progenitor masculino y otro femenino.La sabiduría acumulada a lo largo de más de 5.000 años ha llegado a la conclusión de que la configuración marital y parental ideal es la que forman un hombre y una mujer. Despreciar con arrogancia semejante acervo de sensatez, y utilizar a los hijos como conejillos de indias de un experimento radical, resulta arriesgado, en el mejor de los casos, y catastrófico en el peor.El matrimonio homosexual no redunda en el mejor interés de los hijos. Y aunque podamos comprender el estado de ánimo de los homosexuales que desean casarse y tener hijos, no podemos permitir que nuestra compasión hacia ellos anule nuestra compasión hacia los niños. En la contienda entre los deseos de algunos homosexuales y las necesidades de todos los niños, no podemos permitir que los niños salgan perdiendo.

Parejas del mismo sexo, ¿tienen derecho a unos hijos?

(Por Jorge Enrique Mújica, Colaborador de Mujer Nueva, 2008-07-03)
“Mi mayor preocupación es que se está ignorando a los niños en el debate actual sobre matrimonios entre personas del mismo sexo”. Es una declaración de Dawn Stefanowicz, una mujer que a sus cuarenta años sigue cargando con el recuerdo de una infancia marcada por la homosexualidad activa de su padre.

En el libro Out From Under: The Impact of Homosexual Parenting (Annotation Press, 2007) Stefanowicz reconoce, entre otras cosas, la necesidad que tuvo de afecto y seguridad por parte de su padre. La constatación de la autora es clara: las víctimas reales y perdedores de la legalización del así llamado matrimonio homosexual, son los niños. Y ante ello, se plantea: ¿qué esperanza puede ofrecerse a niños inocentes sin voz? La interrogante acusa un llamado a las autoridades para que defiendan el verdadero matrimonio entre hombre y mujer y excluyan, por el bien de los niños, cualquier otra forma de equiparación.

El reconocimiento jurídico de parejas del mismo sexo en varios países del mundo, está decantando en la exigencia de adopción ante la imposibilidad natural de concebir. En no pocos lugares, sus pretensiones han sido escuchadas y hoy están cobijadas por la ley al grado de obligar a instituciones a dejarles a niños bajo tutela.

Más allá de un juicio multidisciplinar sobre la homosexualidad, se impone la pregunta sobre la base en que se apoya este “derecho” a adoptar. Es más, ¿hay efectivamente un derecho para que este tipo de parejas lo hagan y, si existe, dónde queda el derecho de los niños a nacer y crecer en una familia según las leyes de la naturaleza?

Los homosexuales suelen apelar a un pretendido derecho a tener descendencia, lo que justificaría buscar los medios necesarios para tener un hijo: desde la adopción hasta la renta de donadores de esperma, si se trata de mujeres, o de óvulos y vientre, si se trata de hombres. Un planteamiento así presente varias objeciones:

1. En primer lugar, una demanda así, responde a la lógica de la producción y del dominio y no a la del amor y la donación. El niño se considera un objeto que no nace como don de amor sino como exigencia de un deseo. La vida humana proviene naturalmente del amor que se expresa sexualmente entre dos cónyuges unidos en matrimonio; sólo la unión afectiva-espiritual entre el varón y la mujer implica la posibilidad de la vida.

2. Desear un hijo no implica un derecho a tenerlo. Un hijo no puede ser querido como objeto de derecho pues tiene dignidad de sujeto; y como sujeto, sí tiene derecho a ser concebido en pleno respeto a su dignidad de ser humano.

3. Aun en las parejas heterosexuales que experimentan un fuerte deseo psicológico para procrear, no hay una necesidad vital para hacerlo. Nadie muere ni pone en peligro su salud física o psíquica si no tiene hijos.

4. No hay un derecho a tener un hijo pues ninguna persona es debida a otra como si fuese un bien instrumental. Por tanto no existe un derecho a “tener” un hijo a cualquier precio. Eso significaría ir contra su dignidad.

Los países que están legislando a favor de la adopción por parte de personas del mismo sexo, están olvidando los legítimos derechos que tienen los niños a crecer y desarrollarse en núcleos adecuados a su condición de seres humanos con una naturaleza que precisa de la figura y papel de una madre y un padre. Si tan grande es la sensibilidad que hay hacia la protección de la infancia en todo el mundo, ¿por qué no se les pregunta a los que van a ser adoptados si desean tener una mujer a la cual llamar mamá y un hombre al cual llamar papá o dos mamás o dos papás?

Los derechos de la familia… una apuesta por el futuro

Este no es un tema de esos que uno dice, “Este tema no es de mi interés”, o “Que este tema lo 

Antes de hablar de los Derechos Humanos de las Familias es necesario refrescar algunos 

conceptos que, a fuerza de escucharlos en las noticias, periódicos, en la boca de los políticos,

pierden su verdadero significado.

El derecho es aquella cosa que, estando atribuida ya a un sujeto que es el titular, es debida a

éste. Por ejemplo la Declaración Universal de los Derechos Humanos habla en el artículo 1 de

que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Este derecho no

es otorgado por el Estado, sino simplemente se reconoce expresamente. Nadie otorga la

libertad, ni la dignidad humana. Éstas son inherentes a toda persona.

Todo verdadero derecho encuentra su fundamento en la naturaleza humana. Los Derechos

Humanos designan un tipo o clase de derechos, una de cuyas notas esenciales es la de ser

preexistentes a las leyes positivas, son aquellos que el hombre tiene por su dignidad de

persona que deben ser reconocidos por las leyes, en caso de que esos derechos no se

reconozcan, se dice que se comete injusticia y opresión. Esos derechos se declaran, se

reconocen, no se otorgan ni se conceden.

Los Derechos del Hombre y de la Familia 

 

No es suficiente reconocer solamente los derechos del hombre pues éste es una persona, un 

ser cuya identidad se constituye mediante relaciones específicas de solidaria comunidad con

otros sujetos personales, porque el hombre no es un individuo aislado. La verdad es que el

hombre, en cuanto persona, es primero que ciudadano un ser familiar (hijo, hermano, esposo,

madre, etc.) El sujeto de los derechos de la familia es el hombre “familiar” (el que vive en

comunión, en una familia). Podemos incluso afirmar que los derechos de la familia son los

derechos del hombre que vive en comunión. Dice Pedro Jesús Lasanta: “Los derechos de la

familia son concreciones al vivir humano en dimensión familiar”. Por ser derechos de las

personas son de la familia, por ser de la familia, son de la persona.

Así pues, el verdadero reconocimiento de los Derechos Humanos pasa por los derechos de la

familia.

Los Derechos Humanos de las Familias en las Conferencias Internacionales 

 

Ahora bien, si comparamos las normas internacionales sobre los Derechos Humanos que se 

refieren a las familias con las políticas familiares establecidas en las últimas Conferencias

convocadas por Naciones Unidas veremos a todas luces que hay algunas reformas legislativas

que afectan al matrimonio y a la familia.

La Declaración Universal de 1948 no comentaba nada sobre la manera de poner en práctica

las disposiciones relacionadas con la familia. La ayuda de las Naciones Unidas se limitó a

apoyo humanitario, aunque luego hubo una cierta preocupación por la familia por parte de

organizaciones como el Fondo de Población y el Comité sobre la Situación de la Mujer. Su

acción se hizo más patente en la serie de Conferencias Internacionales organizadas por

Naciones Unidas durante la década de los 90. Estas conferencias suelen producir una serie de

declaraciones de principios y planes de acción que suelen implicar un grado de compromiso de

los gobiernos participantes. Además estas Conferencias orientan las actividades de las

Naciones Unidas poniendo en marcha agencias, fondos y programas. Habría que anotar que

estas reuniones han buscado más el consenso político, dejando de lado la universalidad de los

Derechos Humanos radicada en la dignidad humana, la cual no es objeto de consenso o

discusión.

Visión de la familia de la ONU 

 

El artículo 16.3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, (1948) dice 

expresamente: “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho

a la protección de la sociedad y del Estado”. En tanto que la Carta Social Europea (1961)

afirma en el artículo 16: “La familia es la célula fundamental de la sociedad”.

Sin embargo desde hace poco más de diez años los temas fundamentales en torno a la familia

han sido redefinidos desde las Conferencias Internacionales y la misma ONU. Veamos dos

ejemplos de esto:

Familia: 

es para hablar de planificación familiar o para presentar una definición ambigua. Por ejemplo,

no se presenta la paternidad o la vida familiar. Tampoco se habla de maternidad, se sustituye

la palabra “madre” por “mujer”. Ofrecen una visión negativa de la familia, hablan de

“matrimonios precoces” o de las “prácticas a eliminar”, de “violencia”, “discriminación”, etc.. Se

ignora la diferencia entre la comunidad familiar y otro tipo de convivencias afectivas (uniones

homosexuales, incestos, etc.)

presentan una visión pobre de la familia. Hacen pocas referencias a ella, y si lo hacen

Salud reproductiva: 

desarrollo (1994), se han hecho grandes esfuerzos por promover la definición de “derechos

reproductivos” como derecho básico de todas las parejas e individuos a decidir libre y

responsablemente el número de hijos, su espaciamiento; derecho a disponer de la información

y de los medios para alcanzar el nivel más elevado de salud sexual y reproductiva. Esta

formulación esconde ambigüedades que pueden suponer la conculcación de otros al derecho a

la vida, promoción del aborto, píldoras, etc.

especialmente desde la Conferencia de El Cairo sobre Población y

Los Derechos Humanos de las familias 

 

Los derechos de la persona, tienen una dimensión social, que halla su expresión en la familia. 

Esto significa afirmar que la familia es titular de propios derechos fundamentales. Pero ¿de qué

familia estamos hablando? No todas las convivencias que de hecho se dan en la sociedad son

realmente “familia”. Hablamos de la familia cuyo fundamento es el matrimonio, el cual se funda

en la alianza conyugal. La alianza entre un hombre y una mujer hecha por sus voluntades por

la que constituyen una comunidad de amor y de vida, indisoluble, fiel y fecunda.

Hay que dejar claro que los derechos de las familias contribuyen a proteger los Derechos

Humanos de una posible visión individualista de los mismos. Además, no podrá haber

verdaderos derechos humanos sin respeto a los derechos de las familias. Tanto los Derechos

Humanos como los de la familia son anteriores a cualquier pronunciamiento jurídico,

Conferencia Internacional, o consenso.

De esto concluimos que los Derechos Humanos marcan los principios éticos jurídicos que los

gobiernos y la Comunidad Internacional deberían respetar y proteger. La familia y el hombre

existen antes que el Estado o cualquier otra comunidad y posee unos derechos propios que

son inalienables. Apartarse de ellos supone una verdadera quiebra de los derechos de las

personas. Y al reconocer la preexistencia de los derechos de la familia se pueden detectar las

injusticias que se cometen en la mala positivización del Derecho de la familia.

Como síntesis de los derechos de las familias podríamos enunciar:

1. Derecho a elegir libremente el estado de vida. 

familia, permanecer célibes.

Contraer matrimonio, establecer una

2. Derecho a casarse libremente. 

Con libertad y pleno consentimiento.

3. Derecho a la procreación responsable. 

entre los nacimientos, número de hijos a procrear de acuerdo a una justa jerarquía de valores y

de acuerdo con el orden moral objetivo.

Los esposos pueden decidir sobre el intervalo

4. Derecho-deber de respetar y proteger la vida humana. 

concepción hasta la muerte natural.

Desde el momento de la

5. Derecho-deber de educar a los hijos. 

padres son los primeros educadores (no los gobiernos).

Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los

6. Derecho de existir y progresar como familia. 

Estados.

Así debe ser reconocida por las leyes de los

7. Derecho a la libertad religiosa. 

De vivir y practicar la fe de modo público y privado.

8. Derecho a ejercer su función social y política. 

Ser constructora de la sociedad.

Derecho de contar con una adecuada política familiar. 

social y fiscal.

En el terreno jurídico, económico,

9. Derecho a una organización del trabajo que no disgregue a la familia. 

sea un obstáculo para la unidad y la estabilidad de la familia.

Que el trabajo no

10. Derecho a una vivienda decente. 

familia.

De acuerdo a la condición personal y necesidades de la

11. Derecho de las familias emigrantes a la misma protección que se da a otras familias. 

 

Sin discriminaciones. 

 

Los derechos que protegen a la familia: las políticas familiares 

 

Para llevar a cabo políticas familiares, para proteger los Derechos Humanos de las familias es 

necesario apoyarse en el Derecho Natural. Éste se define como aquel que emana de la ley

natural. Afirma que la ley está asentada en principios universales e inmutables, en la naturaleza

humana y no en los pactos o consensos.

Cuando se habla de políticas familiares, no se pide que se dé nada extra a la familia, sino que

se deje a la familia ser lo que tiene que ser. Se pide una defensa de su misión y una protección

de su identidad. Y con ello se está plenamente seguro de estar aportando al bien común de la

sociedad.

Las políticas familiares han de tener la energía para revisar las decisiones moralmente

erróneas que haya en el ordenamiento jurídico y comenzar una cultura de la familia y de la

vida. Esto no compete sólo a los políticos, las familias han de participar, organizarse, trabajar.

Por último, el ejercicio político no se puede mover a impulsos cortos, la familia es una apuesta

en el tiempo y en la continuidad. Por eso, la familia recibe un fuerte impulso en aquellas

sociedades en las que se apuesta por el futuro, en aquellas donde se apoya el matrimonio, los

hijos, la educación. Es decir casarse es apostar por un futuro. Tener hijos es una apuesta a

futuro. Educar a los hijos es preocuparse por el futuro.

¿Apostaremos por el futuro de los Derechos Humanos, por el futuro de la humanidad, por el 

futuro de la Familia?

(Por: Marcela García Frausto, Colaboradora de Mujer Nueva, 2006-07-03)

traten los políticos”. No, este tema es de interés para todos y cada uno de nosotros, pues toca

nuestras vidas y la de nuestras familias, y aunque se debata en las mesas de los políticos y

muchas veces no nos enteremos, el destino de nuestra sociedad futura se juega aquí, pues

queramos o no, estemos de acuerdo o no, se aprueban leyes que luego van marcando nuestra

historia y nuestra sociedad.

Los Derechos Humanos