Facilitar la maternidad es mucho más que respetar un derecho

9 Mayo 10

El ‘Estado Mundial de las Madres 2010’, de la ONG Save the Children, ha salido estos días en la prensa porque España ha descendido dos puestos en el ranking, del 11 al 13 entre todos los países del mundo. Me parece que ese descenso no es significativo porque, como es lógico, responde a criterios más o menos subjetivos e incluso aleatorios.

Para mí, lo verdaderamente importante es que haya madres que reconozcan que no pueden tener los hijos que querrían, porque les falta tiempo o dinero o un padre adecuado para sus hijos. Y eso lo dicen todas las encuestas en las que se les pregunta desde hace un cierto tiempo.

Más aún cuando no se trata sólo de satisfacer un derecho —y menos aún un capricho—, sino de una verdadera necesidad. Basta con recordar que el INE ha anunciado que, si la tasa actual de dependencia en España es del 47,8 %, en 2050 llegará al 89,6%, lo que significará que ese año o pagaremos el doble de impuestos o que habrá la mitad de prestaciones.

Así de claro lo dejaba Alejandro Macarrón en uno de sus artículos, publicado en la Expansión:

“Así pues, aumentar nuestras tasas de fecundidad es un imperativo nacional. También de todo Occidente y otros países desarrollados. El problema es que poner el dedo en la llaga de nuestra infertilidad supone cuestionar muchas cosas del discurso moral dominante en esta sociedad comodona en exceso.

”Es decir a los compatriotas en edad de procrear que no lo hacen por pereza y miedo a tener hijos, que están actuando como la cigarra de la fábula, y que eso les empobrecerá económica y afectivamente cuando sean más mayores, vivan en una sociedad de ancianos, y no tengan hijos y nietos que dulcifiquen los rigores de su vejez.

”Es denunciar que trivializar y facilitar el homicidio de seres humanos en gestación (el aborto), inmoral como todo homicidio que no sea en legítima defensa propia, atenta contra el sistema de pensiones y nuestra prosperidad a largo plazo.

”Es atreverse a decir que trabajar fuera de casa es un derecho que las mujeres, libérrimamente, pueden ejercer (o no). Pero no una obligación, ni algo que deba ser fomentado o dificultado por los poderes públicos. Porque el trabajo femenino fuera del hogar, si implica una bajada drástica de la natalidad, crea PIB ahora, pero lo destruye en el futuro por el envejecimiento de la población.

”Es señalar que facilitar aún más la ruptura familiar, como hace la reciente ley de divorcio exprés, es lesivo para la natalidad, en promedio mayor en las familias tradicionales.

”Es tener el coraje de decir que también atenta contra la familia y la natalidad el creciente sesgo antimasculino de nuestro entorno legal. Los varones españoles hemos sido pre-criminalizados en masa con ciertas leyes antimasculinas, pese a que los maltratadores domésticos son una ínfima minoría, y a que también hay hombres maltratados por sus mujeres. Y en caso de divorcio, se despluma sistemáticamente a los hombres, y se les priva de sus hijos al denegar la custodia compartida, habitual en EEUU, Francia o Suecia. Con todo ello, casarse y tener hijos es algo, objetivamente, cada vez más arriesgado para los varones españoles”.

Ignacio Socías

Por una familia sostenible