Cómo soportar el desempleo sin deprimirse

Las colas del paro forman parte del día a día de muchos desempleados.

Óscar Monzón

El suicidio de un padre de familia que, tras haber sido desahuciado, decidió ahorcarse la semana pasada en un parque de Barcelona, es de esas gotas que colman el vaso. Aunque, afortunadamente, casos tan extremos como éste son los menos, sí que ponen en evidencia el tremendo impacto que tiene la actual crisis económica no sólo en los bolsillos de los ciudadanos sino también sobre su salud mental.

“Los estudios observacionales indican que las personas desempleadas cuentan con un riesgo de suicidio entre dos y tres veces mayor”, indica un documento publicado el año pasado en ‘The British Medical Journal’. Sin embargo, esta relación, como aclara José Luis Ayuso, catedrático de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid, “no es directa”, depende de factores como la personalidad (con su influencia genética y ambiental) y la cobertura social de cada país.

“En Psicología, cualquier pérdida (como la del trabajo) conlleva un duelo. Ante esto, hay personas que desarrollan trastornos adaptativos (no tanto patológicos) como ansiedad, estrés o depresión”, declara Iñaki Eguiluz, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital de Cruces (Bilbao). Estos síntomas son los más comunes y muy pocas veces son sinónimo de suicidio. “Los casos más extremos van acompañados de trastornos de la personalidad previos, que no habían dado la cara hasta entonces, o de un cuadro clínico de depresión. Además, suelen ser personas que no toleran la frustración que les provoca esta situación de crisis”, aclara este profesor de la Universidad del País Vasco.

Junto con las características personales, las estructuras sociales en las que se mueve cada sujeto marcan mucho su comportamiento. Como explica el doctor Ayuso, que también es miembro del Instituto de Investigaciones Sanitarias del Hospital de la Princesa (Madrid), para afrontar la crisis son esenciales “los programas de protección, que ayudan al desempleo o que intentan favorecer la incorporación al trabajo”. La existencia de una cobertura sanitaria universal también resulta básica. Pero es algo que no ocurre en todos los países, como es el caso de Estados Unidos, donde a la tragedia de quedarse en paro se suma la de perder el seguro médico.

Consejos
Ante una situación de estrés, como lo es perder el trabajo, Eguiluz aconseja mantener la serenidad, ya que “como todo duelo, se puede salir, y hay que hacerlo”.

Por si eso no fuera suficiente, en España juega a nuestro favor la alta sociabilidad que nos caracteriza. Las relaciones personales o los vínculos familiares –cada vez más debilitados, todo sea dicho– pueden ayudar. Lo contrario sucede con el aislamiento, que agudiza la sensación de soledad. “Llevar una vida ordenada y contar con la familia o los amigos son factores muy estabilizadores”, recalca el psiquiatra vasco.

Dentro de estas estructuras sociales, la religión también puede cumplir un papel protector, “al promover creencias que reafirman la vida”, según los autores de un estudio aparecido en ‘Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology’. Todo ello, sin olvidar el apoyo profesional.

“La gente no suele buscar este tipo de ayuda. Casi el 50% de las personas con depresión está sin diagnosticar”, matiza José Luis Ayuso.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2010-12-19

La adicción a Internet puede enmascarar una fuerte depresión

Perder la noción del tiempo, conectarse de madrugada o estar ansioso si no se navega, síntomas de que existe un problema · Esta patología se caracteriza por la inexistencia de un componente químico al que engancharse

Perder la noción del tiempo en la red, conectarse a altas horas de la noche o sentirse ansioso cuando no se navega pueden ser síntomas de que una persona es adicta a internet, pero además en algunos casos esa adicción puede enmascarar una profunda depresión.
En España, entre el 80% y el 90% de la población adulta navega por internet, y un 5% de ellos abusan o hacen un mal uso de esta actividad; entre este porcentaje figuran los adictos a la red, cuyas estadísticas resultan difíciles de determinar por ser ésta una de las nuevas adicciones, conocidas como “adicciones sin sustancia”.
Este tipo de patologías se caracterizan por la inexistencia de un componente químico al que engancharse. Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco, ha dedicado su carrera a estudiarlas, y analiza en una entrevista esos síntomas y sus repercusiones. Además de escribir libros sobre el tema como ¿Adicciones sin drogas? Las nuevas adicciones y Adicción a las nuevas tecnologías en adolescentes y jóvenes, es el autor de más de 50 artículos sobre esta materia.
En su opinión, esta adicción no se diagnostica sólo según el número de horas que se navega. Más de tres puede considerarse un síntoma pero los especialistas prefieren guiarse por otras señales de alarma, como perder la noción del tiempo, levantarse al baño en medio de la noche y conectarse a internet, o reaccionar negativamente si un familiar sugiere que tiene un problema.
Pero, ¿qué tiene internet que lo hace tan atractivo para estas personas? Echeburúa consideró que la red permite “crear un mundo de fantasía, una identidad ficticia y un tipo de relaciones sociales” que mejoran el estado de ánimo de la persona con baja autoestima, hasta el punto de que puede llegar a sentirse “eufórica”.
Por ello, el perfil más frecuente de estos adictos es de una persona que se rechaza a sí misma y que es solitaria o aburrida. Echeburúa también incluyó a aquellos con relaciones sociales o familiares pobres, que se han divorciado o no se llevan bien con sus hijos.
Las aplicaciones más interactivas actúan como vía de escape de estos problemas: videojuegos multijugador, redes sociales y chats son las que crean más adicción.
Sin embargo, este problema puede ocultar una depresión. En este sentido, Echeburúa cree que internet puede funcionar como una “autoterapia a corto plazo” que mejora el estado de ánimo del paciente, pero que, con el tiempo, empeora su situación.
Según la experta, depresión y adicción funcionan como un mecanismo circular: en algunos casos, la dependencia de internet puede ser resultado de una depresión previa, mientras que en otras ocasiones, conectarse de una forma abusiva puede degenerar en una depresión.
De una forma u otra, el paciente termina percatándose de que se ha convertido en un “esclavo de la red” y que ese mundo que ha construido es ficticio, lo que le genera un sentimiento de culpa o vergüenza. Y es precisamente este remordimiento el que le impide pedir ayuda.
Como explicó Echeburúa, cuando los adictos por fin acuden a la consulta “ya sufren un nivel de deterioro muy grande: su pareja les ha abandonado, han perdido su trabajo o se han metido en un problema económico serio”.
Como el resto de las adicciones, el reconocimiento del problema es el primer paso del tratamiento. Para ello, Echeburúa recomienda a los familiares que no les recriminen esa conducta, sino que les ayuden a ver que tienen un problema, señalándoles los datos objetivos.
El tratamiento consiste en generar nuevos hábitos en el adicto, como fomentar la realización de otras actividades en los horarios en los que solía conectarse, y entre ellas apunta la oportunidad de ir al gimnasio o de apuntarse a un taller.
En el caso de que la adicción aparezca con una depresión, los expertos recomiendan tratar primero la depresión y prevenir consecuencias dramáticas como el suicidio, y enfrentar la adicción cuando el estado de ánimo del paciente vaya mejorando.

eldiadecordoba.es

Consejos para sobrevivir a una situación de desempleo

“Los estudios observacionales indican que las personas desempleadas cuentan con un riesgo de suicidio entre dos y tres veces mayor”,

elmundo.es

El suicidio de un padre de familia que, tras haber sido desahuciado, decidió ahorcarse la semana pasada en un parque de Barcelona, es de esas gotas que colman el vaso. Aunque, afortunadamente, casos tan extremos como éste son los menos, sí que ponen en evidencia el tremendo impacto que tiene la actual crisis económica no sólo en los bolsillos de los ciudadanos sino también sobre su salud mental.

“Los estudios observacionales indican que las personas desempleadas cuentan con un riesgo de suicidio entre dos y tres veces mayor”, indica un documento publicado el año pasado en ‘The British Medical Journal’. Sin embargo, esta relación, como aclara José Luis Ayuso, catedrático de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid, “no es directa”, depende de factores como la personalidad (con su influencia genética y ambiental) y la cobertura social de cada país.

“En Psicología, cualquier pérdida (como la del trabajo) conlleva un duelo. Ante esto, hay personas que desarrollan trastornos adaptativos (no tanto patológicos) como ansiedad, estrés o depresión”, declara Iñaki Eguiluz, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital de Cruces (Bilbao). Estos síntomas son los más comunes y muy pocas veces son sinónimo de suicidio. “Los casos más extremos van acompañados de trastornos de la personalidad previos, que no habían dado la cara hasta entonces, o de un cuadro clínico de depresión. Además, suelen ser personas que no toleran la frustración que les provoca esta situación de crisis”, aclara este profesor de la Universidad del País Vasco.

Junto con las características personales, las estructuras sociales en las que se mueve cada sujeto marcan mucho su comportamiento. Como explica el doctor Ayuso, que también es miembro del Instituto de Investigaciones Sanitarias del Hospital de la Princesa (Madrid), para afrontar la crisis son esenciales “los programas de protección, que ayudan al desempleo o que intentan favorecer la incorporación al trabajo”. La existencia de una cobertura sanitaria universal también resulta básica. Pero es algo que no ocurre en todos los países, como es el caso de Estados Unidos, donde a la tragedia de quedarse en paro se suma la de perder el seguro médico.

Consejos
Ante una situación de estrés, como lo es perder el trabajo, Eguiluz aconseja mantener la serenidad, ya que “como todo duelo, se puede salir, y hay que hacerlo”.

Por si eso no fuera suficiente, en España juega a nuestro favor la alta sociabilidad que nos caracteriza. Las relaciones personales o los vínculos familiares –cada vez más debilitados, todo sea dicho– pueden ayudar. Lo contrario sucede con el aislamiento, que agudiza la sensación de soledad. “Llevar una vida ordenada y contar con la familia o los amigos son factores muy estabilizadores”, recalca el psiquiatra vasco.

Dentro de estas estructuras sociales, la religión también puede cumplir un papel protector, “al promover creencias que reafirman la vida”, según los autores de un estudio aparecido en ‘Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology’. Todo ello, sin olvidar el apoyo profesional.

“La gente no suele buscar este tipo de ayuda. Casi el 50% de las personas con depresión está sin diagnosticar”, matiza José Luis Ayuso.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2011-03-24

Embarazadas deprimidas, hijos con menos esperanza de vida


Europa Press, 26 de agosto 2010.

La depresión clínica y la ansiedad durante el periodo de gestación pueden provocar el nacimiento de niños más pequeños y de más bajo que peso con mayores probabilidades de fallecer durante su infancia, según afirman los resultados de un estudio realizado por el Instituto Karolinska de Suecia, en colaboración con el Comité para el Progreso Rural de Bangladesh (BRAC, por sus siglas en inglés).

La investigación, publicada en la revista ‘BMC Public Health’, se ha centrado en el seguimiento, hasta ocho meses después del alumbramiento, de 720 mujeres procedentes de dos zonas rurales de Bangladesh que, como factor común, recibieron asistencia especializada durante el primer trimestre de su embarazo debido a síntomas de depresión y ansiedad pre-parto.
De este modo, los investigadores comprobaron que los problemas de salud mental de las madres son un factor primario que contribuye a elevar el riesgo de mortalidad infantil y empeorar la salud de los niños, con independencia de la situación de pobreza, malnutrición o estatus económico de la familia.
Según explica el investigador principal del estudio, Hashima E-Nasreen, “el 18 por ciento de las mujeres estudiadas fue diagnosticada por depresión y el 25 por ciento tuvo ansiedad durante la gestación; todas ellas se mostraron mucho más propensas a dar a luz a bebés de pequeño tamaño y bajo peso”.
“Este es un problema preocupante si se tiene en cuenta que el bajo peso al nacer está fuertemente asociado con un incremento de la mortalidad infantil, que además puede derivar en una perpetuación del ciclo de problemas de salud mental de la madre”, comenta este experto del BRAC.
El peso del 81 por ciento de los niños fue registrado dentro de sus primeras 48 horas de vida acompañado de los datos socioeconómicos, antropométricos, reproductivos, obstétricos y sociales de sus madres. Según los autores, la importancia de los resultados radica en que son los primeros realizados con mujeres no procedentes de países occidentales

http://www.thefamilywatch.org/