“LOS CHAVALES DEBEN SABER QUE TAMBIÉN TIENEN OBLIGACIONES”

 Entrevista de José María Naval  al Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid,  Arturo Canalda

Licenciado en Derecho y diplomado en Asesoría Fiscal y Derecho Tributario.

Padre de seis hijos.

Mundo cristiano

-Desde hace cincuenta años, en que se aprobó la Declaración de los Derechos del Niño, ¿en qué ha cambiado la situación de la infancia?

-Lo que evoluciona es la sociedad, y eso lleva aparejado una evolución en el tratamiento de los menores. La Declaración es un hito porque, por primera vez, todos los países reconocen que los menores no son objetos, sino sujetos de derecho. Es un salto cualitativo muy importante en la situación de los menores. De todos modos, queda mucho por hacer, porque todavía existen muchos países con un gran déficit a la hora de garantizar los derechos recogidos en esa declaración.

Se ha avanzado mucho, aunque tal vez para nosotros sea menos evidente, porque tenemos la suerte de vivir en un país donde la protección social es elevadísima, y donde los niños, gracias a Dios, no tienen grandes problemas como puede ocurrir en algunas naciones del Tercer Mundo, donde el trabajo infantil o la explotación sexual son un grave problema habitual.

-Pero no todo es de color de rosa para los niños…

-Es verdad. Aquí también tenemos grandes contrastes, porque no olvidemos que hay menores en situaciones muy desfavorecidas, como los que viven en entornos chabolistas. No vivimos en un mundo feliz: la mayoría de los niños viven razonablemente bien, pero sin muy ir lejos hay otros que no tienen lo mínimo para vivir con dignidad.

-Por otro lado, habla de que existe una protección social elevadísima. ¿Eso no lleva a crear niños sobreprotegidos?

-Es verdad que tanta protección puede generar una sensación de sobreprotección, pero es más bien desde el ámbito educativo, que desde la protección social como tal (sanidad, educación universal). La calidad de vida mínima para todos no genera sobreprotección, lo que la genera es la carencia educativa.

Lo primordial

-Violencia infantil, nuevas tecnologías, temas educativos… ¿Cuáles son las prioridades en su trabajo?

-Desde que me nombraron señalé mis prioridades: las nuevas tecnologías; recuperar el valor y la importancia de la educación en valores y el respeto al profesor; y sobre todo, luchar por aquellos que están cada vez más ocultos, que son los niños de los entornos más desfavorecidos que, como acabo de señalar, también existen: la Cañada Real, las Barranquillas… Todo el mundo ante ellos hace la vista gorda, porque creen que no existen.

-Centrándonos en internet, en la web del Defensor del Menor lanzan la campaña “En la web tu imagen es de todos”, con el slogan de “Antes de colgar tu imagen, piénsalo”. ¿Qué pretende?

-Queremos poner un punto de preocupación no sólo a los chavales, sino también a los padres, de que no es bueno colgar todo en internet. A1 final te encuentras con problemas serios: violación de la intimidad, o que los hijos puedan tener una cita con un desconocido por el mero hecho de colgar una fotografía o dar datos personales. Nosotros trabajamos con casos muy duros. Hay que concienciar de que no todo vale en la red. Los chicos deben mirar con precaución qué cuelgan, y los padres, supervisar lo que ponen sus hijos: a veces, algunas fotografías para un niño no tienen ninguna relevancia, pero vistas con ojos de adulto, probablemente sí.

No se trata de exageraciones: tenemos casos de menores que han quedado con adultos desconocidos en internet a través de las redes sociales, o del messenger, y ha acabado en una violación.

También nos preocupan mucho las fotos subidas de tono que están empezando a colgar las adolescentes. Además, lo hacen siempre a cambio de algo (que te recarguen el móvil, o lo que sea). Eso sucede y muchas veces los padres no son conscientes. Incluso el sexo virtual es algo que está a la orden del día. Nos preocupa, porque es una práctica muy peligrosa.

Violencia en Pozuelo

-Tras los episodios de violencia juvenil en Pozuelo, con menores implicados, cabe plantearse qué está pasando con los jóvenes.

-No se trata de buscar culpables, sino soluciones. Lo de Pozuelo pone de manifiesto, en primer lugar, que no hace falta vivir en un entorno desestructurado, de bajo nivel socioeconómico, para que se produzcan graves problemas de convivencia. Y en segundo lugar, que precisamente por eso vemos que estamos ante un problema educativo, vinculado a una gran carencia de valores.

-¿De qué valores habla?

-Me refiero a la educación en valores que tanto nos preocupamos por resaltar desde esta institución: educar a los niños en la cultura de que para ser algo el día de mañana tienes que esforzarte; de que debes respetar a los mayores, a los compañeros; y de que quien algo quiere en la vida algo le cuesta. Influye ese hedonismo que existe en nuestra sociedad, en la que todo se consigue prácticamente apretando un botón y donde incluso el sistema educativo permite pasar de curso con un montón de asignaturas… Tenemos un problema, y está en la raíz: nuestro modelo de sociedad es muy complicado, la educación en valores no está de moda, hasta el punto de que cuando un padre intenta educar así a su hijo, los medios de comunicación y los amigos deseducan.

-Supongo que la solución no pasa sólo por incrementar la policía, como a veces parece que creen los políticos.

-No, la policía soluciona el problema en un hecho puntual. Pero hay que atajar las causas. ¿Por qué unos padres de uno de los municipios con mayor renta per cápita de España no son capaces de explicarles a sus hijos que no pueden ir por la calle lanzan­do botellas a los policías, ni quemando coches…? Y que si beben, beban razonablemente.

Tienen obligaciones

-Usted es Defensor del Menor, pero, ¿quién nos defiende de los comportamientos de los menores?

-Los delitos de agresiones a padres se han incrementado en un 40 por ciento. Esto pone de manifiesto que tenemos un serio problema. Pero no podemos trivializar.

Los menores deben saber que también tienen obligaciones. Y eso también es tarea mía. Cuando fui elegido, advertí: en España, los menores además de derechos tienen obligaciones y que los chavales lo conozcan es misión de todos: padres, educadores… Si educas solo en los derechos, estás creando una generación absolutamente irresponsable. Es un problema, insisto, de raíz educativa.

La mejor receta es enseñar a los chavales, con cariño, que tienen obligaciones. Desde pequeñitos tienen que saber que hay cosas que no pueden hacer y que deben respetar a los mayores.

-Entre los derechos de los niños, ¿no habría que añadir el derecho a ser corregido?

-Sí, pero eso se presta a malas interpretaciones. En la reforma del Código Civil español, cuando se quitó el precepto que instaba a los padres a corregir “moderada y razonablemente a los hijos” se montó una gran polémica. Decían: “¡Nos quita autoridad a los padres! ¡Ahora no vas ni a poder dar un azote a tu hijo en el trasero!”. Pues mira, sí vas a poder dárselo (yo desde luego, que soy Defensor del Menor, doy unos cuantos). Otra cosa es que te vuelvas loco y eso lo utilices habitualmente como método de corrección. Entonces hay un problema. Pero cuando tu hijo de dos años va a meter el dedo en el enchufe, o le das un azote o se te electrocuta. Eso es ley de vida.

Importa la familia

-¿Hasta qué punto influye la desestructuración familiar en los chavales conflictivos?

-Mucho. No todos los chicos afrontan con igual solvencia las situaciones que puedan tener en casa. Cuando hablamos de una familia desestructurada o de unos padres separados, al final, casi todo eso tiene un reflejo en el comportamiento de los chicos. Es verdad que no es lo mismo la influencia de esos graves problemas de separación, o económicos, en una familia donde alguno de los padres está vinculado al mundo de la droga, que en otra de clase media. Es muy distinto. Incluso desde el punto de vista de respuesta penal, ya hemos visto que hay diferencias: el juez de Pozuelo condenó a los protagonistas de los disturbios a no salir por la noche durante tres meses y se montó la mundial. Si en lugar de ser de Pozuelo fueran de Vallecas probablemente estarían en un centro de medidas judiciales. La cuestión, es que todo tiene consecuencias y el entorno familiar es decisivo para el desarrollo de los chavales.

-En este sentido, ¿qué piensa de la madre que fue condenada por el juez por pegar una bofetada a su hijo?

-Es algo absolutamente desproporcionado. Tanto, que el Consejo de Ministros la indultó. Eso pone de manifiesto que las leyes, llevadas a sus extremos, generan efectos tan perniciosos como aquellos que intentan corregir. En este caso, la juez aplicó la ley en su literalidad. Es un caso negativo de aplicación de la ley, frente a los cinco o seis mil casos positivos que se producen, y también hay que valorar. En toda ley suele haber algún caso paradigmático que pone en duda su aplicación, pero es precisamente lo que denominamos la excepción que confirma la regla.

-Las denuncias de agresiones, ¿no desvirtúan las relaciones escolares?

-Ese es el problema de raíz que he mencionado. La falta de autoridad del profesor y la falta de respeto del niño. El maestro debe ganarse nuevamente su autoridad, y debe ser quien mande. Los niños deben entender desde pequeños que la figura relevante en el aula es el profesor, no el alumno. Pero la falta de respeto empieza porque los propios padres desautorizan a los maestros. Los chavales deben entender: que en el aula tiene que haber autoridad; que el profe no es su amigo y que su padre tampoco es su amigo, sino su padre. Es algo que hay que volver a retomar. No digo que haya que obligar a los niños a que se levanten cuando entra el profesor, como propone Sarkozy, pero tampoco estaría mal. En el aula, el profe es el que manda y el papá asume lo que dice el profesor.

Aborto y píldora

-¿Le preocupa el auge de los embarazos en menores y adolescentes?

-Me preocupa mucho la falta absoluta de educación sexual, o de sexualidad responsable. Las administraciones en este punto tienen una carencia muy relevante, y los padres también. Cada uno, en función de sus propias convicciones morales, puede tomar el camino que quiera y educar a sus hijos acorde a ello. Pero en realidad, hoy, parece que se está fomentando una sexualidad absolutamente irresponsable donde todo tiene solución. Y la solución puede incluir el aborto, para quitarse de encima un problema, cuando lo ideal sería haber trabajado antes en una correcta educación, y quien entienda la sexualidad de una determinada manera, con métodos anticonceptivos. Pero el problema es que la sociedad en general busca soluciones puntuales a hechos sin valorar muchas veces que esos hechos tienen una grandísima trascendencia.

-¿A qué se refiere?

-Por ejemplo, al aborto en niñas de 16 años, que el gobierno quiere implantar ahora y que es una grandísima aberración en sí misma.

Los padres siempre deben estar apoyandoa sus hijos en cualquier momento, y procurar que cualquier decisión que se tome para la menor sea la mejor decisión para ella, con independencia del planteamiento de los padres. Por eso no se debería hurtar a los padres la posibilidad de ayudar a sus hijos: que se les consulte, y si se oponen y la niña tiene la madurez suficiente, que decida un juez. Lo que no puede permitir la autoridad es que los padres estén ajenos a una situación así. Eso, sin entrar en condicionantes ético-morales, sobre los que cada uno puede pensar lo que quiera, como en el tema de la píldora del día después, por ejemplo.

-En su web tiene un apartado hablando precisamente de la píldora.

-Cuando el gobierno decide comercializar esta píldora en las farmacias, sin receta, está cometiendo uno de los mayores errores sanitarios de la década.

-¿Por qué?

-Porque, al final, se va a acabar convirtiendo en un método anticonceptivo más, y no en un método excepcional o para casos de emergencia. Además, es un método que, con independencia de lo que piense cada uno, en algunos casos puede tener un efecto que desde el punto de vista ético-moral hay personas que no admiten. Por otra parte, la venta indiscriminada de estas pastillas sin control médico, hace que no usen otros métodos anticonceptivos que por lo menos previenen contra las enfermedades de trasmisión sexual (lo que no hace la píldora).

Creo que estas cosas deben estar supervisadas por un médico, que dé las pautas adecuadas para una correcta anticoncepción (si es lo que se pretende).

¿Entorno ideal?

-Con su experiencia, ¿qué ambientes percibe como menos problemáticos para los niños?

-Lo que garantiza que un niño viva en un entorno bueno es una familia más o menos normalizada, con unas condiciones de vida razonables, donde los hijos vayan al colegio, donde esté presente el deporte, los hábitos saludables, el ocio sano, unas relaciones estables… De todos modos, no existe el entorno perfecto.

-¿Ayuda la existencia de una familia numerosa?

-Yo soy padre de seis hijos. Creo que las familias numerosas, y las familias donde hay abuelos, donde la estructura familiar está claramente definida, tienen quizá alguna oportunidad mayor. Es cierto que con familia numerosa tienes más dificultades económicas, pero también salen hijos más solidarios, que entienden mejor el compartir… Probablemente esas familias garanticen una situación algo mejor. Y para el chaval, es posible que sea más divertido una familia con más gente.

-¿Son tan excepcionales esas familias “normales”? Porque los casos que aparecen en la prensa son los problemáticos.

-Afortunadamente, las familias sin especiales problemas no son raras, pero en la prensa solo sale lo malo. La mayoría de las familias, dejando aparte problemas puntuales, viven razonablemente bien, y los niños igual. ¡No todos los niños hacen lo que hacen los adolescentes de Pozuelo, y lo que ha sucedido en Pozuelo no se repite todos los días del año!