Cómo decir NO al adolescente

 

Saber decir NO a un permiso o a una comportamiento inaceptable, es uno de los mayores retos de un padre con hijos adolescentes. Para nadie es un secreto que esta etapa de la vida se caracteriza por su rebeldía y por la apatía ante el grupo familiar, reemplazado por el grupo de amigos. Lo que dicen papá y mamá es OUT y lo que dicen sus amigos es IN.

Por ello, un NO dicho a tiempo puede salvar al hijo adolescente de una situación de riesgo que puede convertirse en algo grave como la adicción al alcohol o a las drogas. El NO a los adolescentes siempre debe ir acompañado de mucha calma y convencimiento de lo que se dice para que sea efectivo.

Según la autora del libro “Cómo digo que no a mi hijo adolescente”, Blanca Jordán, un cosa es decir No y otra es saber decirlo. En todos los casos, el hijo adolescente debe saber la opinión de sus padres acerca de los lugares y las amistades que frecuenta. Muchas veces “por falta de orientación, pereza o por no enfrentar al adolescente, se le permiten amistades o comportamientos que traen consecuencias muy negativas”, afirma la especialista.

Es importante que el chico tenga referencias de lo que para sus padres es bueno y es malo. Una vez este concepto esté claro, se debe ser tajante y rotundo al decir NO. De ahí que se debe evitar usar esta palabra por sistema, o ligeramente por presión o por razones de cansancio o estrés.

¿Qué hacer después del NO?

El adolescente necesita explicaciones simples y claras. La frase “por que lo digo yo y punto”, no logrará su objetivo de persuasión y por lo contrario aumentará la contrariedad del chico. Es importante que el NO sea consecuente con sus convicciones como padre y ante todo con sus acciones.

Estas son otras pautas para lograr una mayor comprensión a la hora de negar un permiso o corregir un comportamiento:

1.Los gritos no llevan a nada: Si el adolescente le alza la voz, no se ponga en esa misma situación. Más bien desármelo manteniendo su voz en tono normal y su actitud calmada y dígale que con los gritos no logrará nada.

2.Eduque en la libertad: Aunque hay muchos peligros fuera del hogar, no se puede optar por negar todos los permisos. Es imposible encerrar al chico en una burbuja por temor al entorno. Eduque al adolescente desde la libertad bien entendida y no desde el libertinaje (hago todo lo que me place).

3.No diga Sí sin estar segura: Si el chico le pide un permiso desprevenidamente y usted no está segura qué decir, tómese su tiempo antes de darle una respuesta. Infórmese o consúltelo con su cónyuge, para que la decisión esté respaldada con razones de peso.

4.Un NO debe ir acompañado de un Si: Al negar un permiso, use su imaginación para ofrecerle al chico otra salida. “¿Por qué en vez, no te vas al cine con tus amigos? Yo puedo llevarlos y recogerlos a la salida”.

5.El mejor consejo es mantener un buen diálogo con el adolescente: Antes de dar o negar un permiso escuche al chico; hágale preguntas de con quién y adónde irá. Luego tome su decisión y trasmítala dando sus razones.

6.No le tema a la reacción: Después de dar un NO, es posible que haya portazos, llantos o frases de ataque. No dé su brazo a torcer, pues de lo contrario perderá credibilidad ante el chico y él o ella seguirá utilizando estas tácticas en un futuro. Sin embargo, si un día se da cuenta que se equivocó en su decisión, esté preparada para aceptarlo. No tema reconocer ante su hijo su error y pedirle disculpas.

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Padres sometidos a pequeños dictadores

 

Jaime V. Echagüe – La Razón, 6 de junio 2010.

Es una palabra de apenas dos letras, pero muchos son incapaces de pronunciarla. Decir “no” a los hijos parece la asignatura pendiente de los padres de hoy, incapaces de inspirar autoridad. Si no se reacciona a tiempo, el resultado puede degenerar en un pequeño dictador.

A más de un padre se le ha escapado este comentario: “Qué pena que no vengan con manual de instrucciones. Si hubiera sabido que era tan complicado…”. Impotentes e incapaces. Así se ven muchos para “meter en cintura” a sus hijos. Y si intentan comprar el respeto del niño, termina siendo peor el remedio que la enfermedad, que hasta tiene nombre: “síndrome del emperador”, una expresión cada vez más utilizada por los psicólogos. ¿Los síntomas? La propia denominación lo dice. El niño se vuelve un tirano, un consentido y un prepotente, hasta hacerse el rey de la casa. Ahora bien, ¿qué ha ocurrido hasta llegar a esa situación?

“El nivel de autoridad hoy es cero”, afirma con rotundidad la psicóloga Isabel Menéndez Benavente, experta en comportamiento infantil y juvenil. “Hay un movimiento pendular en todos los ámbitos. Del autoritarismo, “la letra con sangre entra”, se ha pasado a una permisividad extrema: no se puede tocar al niño porque le podemos causar un trauma”, añade. Así, el cambio que se ha producido en los últimos quince años ha sido “brutal”.

Y es que parece que la palabra “autoridad” produce alergia. La psicóloga recuerda que el vocablo “viene del latín “augere”, que significa “ayudar a crecer”. Ésa es la forma de que nuestros hijos tengan un camino y unos límites”. Pero los expertos no creen que ésta sea la tónica. Los padres parecen perdidos y desconcertados. “Tienen un hijo como quien tiene un coche: sólo para exhibirlo, o como un bien material. Hay una falta de afecto real”, dice Menéndez.

Y por supuesto, el adverbio “no” también está ausente de su vocabulario. La experta defiende que los padres “son padres, no colegas de sus hijos. Y éstos se les van a alejar en la adolescencia”. No es raro ver hoy cómo niños de 8 años piden de regalo un ordenador portátil y un teléfono “y se les concede. Muchas veces incluso en familias humildes, que han de hacer sacrificios económicos enormes”. El resultado es el de un niño “lleno de cosas, pero sin un tiempo de calidad con sus padres”.

“Hay dos problemas: falta autoridad y capacidad de disciplina, pero hay una sobreprotección”, asegura el psicólogo Javier Urra. “Estamos creando una sociedad algodonosa. No hacemos que los niños acepten la frustración, que se eduquen en la duda, el conflicto, que se enfrenten a esos problemas. No se les puede meter en una urna de cristal”, sostiene, pues, de ser así, “serán jóvenes victimistas, que esperarán que la ayuda les venga de fuera”. Entonces, ¿cómo impedir que un hijo degenere en un pequeño dictador? “Hay que tener autoridad moral, ser un adulto, transmitir unos criterios esenciales y que el niño se socialice”, argumenta Urra, que considera vital educar al menor “en el respeto a uno mismo, a los demás y a los mayores”. También debe usarse el “sentido común y la inteligencia emocional, ser empático y tener habilidades sociales”, dice Benavente.

“Mañana lo agradecerá”

Y por supuesto, recurrir al castigo que, al final, “es decirle al niño: “Te quiero, y por eso vas a venir a casa a esta hora, o vas a recoger tu habitación”“, afirma Urra. ¿Y cómo ha de ser la sanción? “Coherente e inmediata. Y una vez impuesta, que se cumpla. El niño no lo entenderá hoy, pero lo agradecerá mañana”. En este sentido, una encuesta elaborada por el CIS reflejaba que el 56,4% de los padres creía que gracias a los castigos “sí que se podía lograr algo”. Y seis de cada diez eran partidarios de un “azote a tiempo” para evitar problemas mayores. Ahora bien, un 79,2% abogaba por premiar los buenos comportamientos antes de dar un cachete.

“¿Castigos físicos? Jamás”, afirma Benavente. “Pero no pasa nada por dar un cachete en el culo. ¿Qué diálogo puedes tener, por ejemplo, con una niña que se asoma a la ventana cada dos por tres? No se trata ni de dar un bofetón ni de humillar”, puntualiza. Así se ha llegado a un aumento de las “denuncias a los padres. Hay madres a las que sus hijos les dicen: “Cómo me digas algo, te denuncio por maltrato psíquico o físico”“.

Desgraciadamente, lo que cada vez son más frecuentes son las agresiones de hijos a padres. Javier Urra afirma que la Fiscalía ha recibido 8.000 denuncias en un año. “Son una muestra de la permisividad, y también del sentimiento de culpabilidad de los padres, que tratan de comprar el cariño de los hijos”. Es la consecuencia más amarga de tener en casa a un emperador menor de edad.