¿Demasiados deberes en casa?

Hay padres que no están de acuerdo en que su hijo llegue a casa con deberes, pero las tareas escolares pueden ayudarnos a conocer al niño. ¿Cuáles son sus habilidades y cuáles sus deficiencias? Obsérvalo y lo sabrás. No se trata de que hagas de profesor en casa, pero sí puedes participar. Los deberes contribuyen a desarrollar la autonomía de tu hijo, aunque es importante que cada día disponga de tiempo libre.

Hay, desde hace algún tiempo, un cierto debate entre los padres en torno al sentido lógico y a la utilidad de que sus hijos tengan que seguir trabajando y estudiando en casa, una vez que han acabado su jornada escolar.

Los detractores de esta práctica afirman que la responsabilidad de la instrucción de sus hijos debe ser totalmente asumida por los profesores que son los que están preparados para hacerlo. Los padres y madres no tenemos ni el tiempo ni la cualificación para hacer de profesores. Por lo tanto, las tareas escolares deberían realizarlas en el ámbito escolar. Desde el punto de vista de sus hijos, añaden algunos, la carga que supone continuar en casa su jornada escolar da lugar a horarios de trabajo impropios para su edad y que no les permiten disponer de tiempo libre para otras tareas extraescolares e incluso para jugar. Visto el panorama desde aquí, parece indefendible la postura contraria que afirma que es positivo que los niños realicen en casa algunas tareas relacionadas con el aprendizaje escolar. No obstante, tengo la esperanza de que, tras la lectura de mi exposición, un buen número de padres y madres asumirán los razonamientos que defiendo.

En primer lugar, hay que reseñar que algunas de las afirmaciones anteriormente hechas son acertadas y dignas de tenerse en cuenta. Es el caso de que los padres no han de hacer de profesores de sus hijos como norma general. Los hijos han de realizar en casa actividades de aprendizaje y de estudio que puedan resolver de manera autónoma, cosa que han de tener presente los profesores. También asumo como propia la idea de que nuestros hijos han de tener tiempo libre todos los días. Tiempo para realizar otro tipo de actividades y jugar o entretenerse a su manera. Así pues, será útil y eficaz que dediquen algún tiempo a realizar tareas de aprendizaje siempre que puedan realizarlas con autonomía y que les permitan disponer a diario de tiempo libre. En estas circunstancias, los deberes nos ofrecerán unas posibilidades, de otro modo imposibles de conseguir. En concreto, tendremos ocasión de conocerlos mejor y de poder ayudarles en sus estudios de manera más oportuna y eficaz.

Conocer mejor a nuestros hijos

Al observar lo que hacen y cómo lo hacen obtendremos información de primera mano sobre su manera de trabajar.

Conoceremos directamente en qué consiste su trabajo de estudiantes, su manera de enfrentarse a las tareas y el esfuerzo que les supone. Descubriremos su capacidad de atención, pulcritud y organización. Este conocimiento nos permitirá contrastar la información que recibimos de sus profesores con la nuestra.

Podremos conocer inmediatamente las dificultades que encuentran. De este modo, al observar sus dificultades en las tareas encargadas podremos ponernos en contacto con sus profesores para valorar sus dificultades y poner remedio, si es oportuno.

A través de la observación de los libros y libretas que lleva a casa para trabajar, descubriremos cómo trabaja en clase, sus mejores y peores habilidades, sus éxitos y fracasos.

Al conocer concretamente sus tareas escolares, estaremos en condiciones de que compartan con nosotros experiencias del colegio, cosa que es a veces difícil de conseguir. Con frecuencia responden a nuestras preguntas sobre cómo les va en el colegio con monosílabos.

Ayudarlos de manera oportuna y eficaz

Conocerlos mejor nos permitirá mantener mejores relaciones con ellos y poder ofrecerles ayuda y orientación.

Nuestra ayuda podrá dirigirse, en primer lugar, a motivarlos para el estudio. Lo conseguiremos si mostramos interés por sus estudios y damos mucha importancia a sus tareas escolares.

Por otro lado, en la medida en que apreciemos positivamente los trabajos que hacen bien y los pequeños éxitos de cada día, los estimularemos para seguir esforzándose. También nos permitirá, en ocasiones, proponerles estímulos para que se esfuercen especialmente en algún objetivo concreto.

Otro tipo de ayuda, que produce gratitud y sentimientos de colaboración entre padres e hijos, es la posibilidad de proporcionarles una ayuda puntual para conseguir un material para un trabajo, para solucionar una duda, para acabar algo más laborioso de la cuenta… La sensación de colaboración genera una especial cohesión familiar.

Este tiempo de trabajo personal nos permitirá incidir en la educación de algunas capacidades fundamentales como son la atención, la perseverancia, la laboriosidad, la responsabilidad y el orden y organización. Algunas de estas capacidades también las desarrollan en el colegio pero, por ser fundamentales, tiene un interés evidente participar directamente en su desarrollo.

¿A partir de qué edad es recomendable que hagan deberes en casa?

Bajo mi punto de vista, desde el primer momento, aunque con graduación de tiempo y de tipos de tareas.

En edad preescolar los deberes consistirán en enseñar y explicar trabajos hechos aquel día, una o dos veces por semana.

En los primeros cursos de la educación primaria, podrán ser tareas diarias que no ocupen más allá de media hora diaria y que sean de tipo rutinario. Es recomendable que el padre o la madre ayude al hijo a planear la tarea, a organizar el material, etc. Una vez iniciada la tarea, conviene que permanezca en la misma habitación pero haciendo algo diferente, no mirando directamente lo que hace su hijo. De vez en cuando puede hacer alguna sugerencia o ayudarle a centrar la atención.

En los últimos cursos de primaria y primeros de secundaria puede aumentarse el tiempo hasta una hora e incluir algunas actividades de estudio. En esta etapa, nuestro hijo debería tener un lugar específico para trabajar. La participación de los padres, en este momento, ha de ser discontinua, es decir, no permanecer en la misma habitación pero entrar y salir de vez en cuando, comprobando lo que hace y haciéndole algún comentario.

En la educación secundaria podrán ser actividades que exijan más esfuerzo personal y relacionadas con el estudio; también podrá alargarse el tiempo hasta la hora y media o dos horas diarias como media. Al final de la educación secundaria bastará con asegurarse que cumple con el horario pactado y que usa el tiempo de estudio para tal finalidad.

Como vemos, la participación de los padres en los deberes también ha de ir acomodándose a la edad de los hijos. En los primeros años escolares los padres pueden ayudarles a planificar la tarea, a prever cómo hacerla, a valorarla, a perseverar con atención. Es decir, llevarlos de la mano, estar cerca de ellos mientras trabajan. Luego, a medida que se van haciendo mayores y más autónomos, ir dejándolos solos, en su cuarto, pero visitándolos mientras trabajan y comentando las dificultades o los logros.

He dejado para el final intencionalmente, para que sea la última idea que quede en la mente del lector, la que considero más importante: el seguimiento de las tareas escolares de los hijos es importante que lo hagan el padre y la madre, no sólo la madre. Precisamente, el hecho de que participen los dos en ello dará a los estudios de los hijos el rango de asunto muy importante y, como consecuencia, generará en ellos motivación suficiente para el esfuerzo. Por desgracia, es bastante frecuente encontrar una relación directa entre fracaso en los estudios y desinterés de los padres por las tareas escolares.

José María Lahoz García

Pedagogo (Orientador escolar y profesional),

Profesor de Educación Primaria y de Psicología

y Pedagogía en Secundaria

DEBERES EN VACACIONES

Se acerca el verano, y con él el final de curso y las vacaciones. Llega el momento de hacer balance del año escolar, y premiar o reforzar los resultados que nuestros hijos hayan obtenido durante el curso.

En el caso de niños pequeños, para los que la palabra suspenso todavía no existe, es muy importante, como apuntaba antes, reforzar lo que ya han aprendido a lo largo de diez meses en los que sus conocimientos han dado un giro de 180 grados. Es a partir de segundo de Infantil (el curso que terminan con 5 años o a punto de cumplirlos) cuando hay que empezar a reforzar lo aprendido para que no se pierda durante la época estival. No olvidemos que, para ellos, el verano es muy largo, y olvidar los “libros” durante casi tres meses es demasiado tiempo.

Sea cual sea la edad del niño, la clave está en trabajar sin agobiar. Es importante establecer una rutina diaria en la que los peques deben hacer sus “deberes”, más o menos a la misma hora (el mejor momento del día es después del desayuno). Debe ser un rato en el que se dediquen a sus tareas escolares sin agobiarse ni sentirse obligados o presionados. Si se lo empiezan a tomar como algo cotidiano, cada vez les resultará más fácil e incluso lo tomarán con ganas. Eso sí, no deben renunciar a otro tipo de diversión: si tienen un cumpleaños, o si todos sus amiguitos bajan a la piscina a la misma hora, o si hay una ocasión especial, el niño debe participar de estas actividades, igual de enriquecedoras. En esos casos, buscamos otro momento, consensuado, para hacer los ejercicios diarios. Si no han suspendido ninguna asignatura, cuarenta minutos diarios serán suficientes para reforzar lectura y practicar caligrafía, matemáticas, o las materias que tengamos programadas.

Es fundamental que estas tareas las establezca el profesor que han tenido durante el curso, porque nadie mejor para definir las necesidades de refuerzo, o puntos flacos de cada niño. Los llamados “cuadernos de vacaciones” son una buena opción siempre y cuando al profesor le parezca bien. Según se ha publicado esta misma semana en el diario El País, las célebres “Vacaciones Santillana” se remontan a los años setenta. Surgieron, cuentan, “con la idea de los profesores de entregar al niño ejercicios de comprensión lectora y ortografía para repasar en verano, y lo unimos en un único cuaderno”, dice Begoña Vaquero, de Santillana. En los noventa, sumaron la serie Enigmas, con actividades para pasar un rato divertido, convencidos de que en las vacaciones había tiempo para la reflexión. Y en la era de Internet y televisión, el esfuerzo se ha centrado en “reforzar lo aprendido durante el curso”.

El caso de los niños algo mayores o aquellos que ya conocen lo que es un suspenso, es algo diferente. En estos niños es muy importante reforzar la autoestima además de las materias, para evitar el rechazo al estudio, que lo único que conseguirá será que abandone las ganas de estudiar (que ya de por sí no son muchas). Mi experiencia de muchos años como profesor particular en verano, me ha enseñado que la diversión, el juego y el estudio pueden y deben ir de la mano. Hacer que el estudio sea divertido, o al menos no sea una obligación impuesta que les prive de otras actividades. Primera hora de la mañana, antes del “baño” de turno o la hora de la siesta, en que todavía hace demasiado calor para reanudar el tiempo de piscina o playa pueden ser buenas opciones para la hora del estudio. Es fundamental premiar los aciertos y los avances, para que el niño se sienta valorado y vea el triunfo cerca. De esta manera dejará de ver la hora del estudio como una obligación. La rutina es importante, pero también lo es la recompensa, por ejemplo dejar un día libre en medio de la semana si el día anterior ha trabajado bien.

Con todo, lo que los profesores queremos es que no se olviden los conocimientos adquiridos durante el curso. Además de eso, los padres necesitamos que los niños no se agobien ni sientan rechazo hacia la hora del estudio o los deberes, y los niños quieren y necesitan disfrutar de sus vacaciones. Por eso, lo ideal es unir estas tres ideas y convertirlas en una rutina diaria que hará que toda la familia disfrute de tan merecido descanso estival.

Julio Alberto De Pedraza García

Profesor de Primaria