Divorcio y custodia de los hijos: el eterno conflicto

Los políticos saben que hay un colectivo de partidarios de la custodia compartida y otro igual de detractores.

Soledad Michelena – La Voz de Galicia, 29 de mayo 2011.

30-05-2011

El abogado Ignacio Bermúdez de Castro intenta responder, en doce puntos, a las cuestiones más espinosas en relación a la custodia de los hijos tras una ruptura matrimonial. Aunque la Ley del Divorcio del 2005 contempla la custodia compartida de los hijos, la práctica judicial sigue concediéndola con clara prioridad a la madre.

¿Los divorcios en Galicia caminan hacia el proceso del mutuo acuerdo o hacia el contencioso?
En estos momentos, hay una tendencia de 60 contenciosos, mientras que el resto de los procesos son de mutuo acuerdo, pero muchos de aquellos se reconducen, que es lo idóneo. Ahora bien, cuando las posturas están muy encontradas es imposible. Un divorcio contencioso es, por decirlo de algún modo, el cuento de nunca acabar.

¿Quién se lleva la custodia de los hijos?
En un altísimo porcentaje se concede a la madre, salvo cuando los hijos mayores de 12 años o menores con suficiente criterio manifiesten lo contrario. Aun así, por el intervencionismo del Ministerio Fiscal en los asuntos de familia, muchas veces no se le da al padre. Aunque el artículo 159 del Código Civil concede al juez discrecionalidad para otorgarla a uno o al otro y el equipo psicosocial informe de que ambos son igual de idóneos, sistemáticamente se suele conceder a la madre.

¿Por qué se sigue otorgando a la madre?
En España, a pesar de que la Ley del Divorcio de 1981, la primera de la democracia, cumplirá 30 años el 7 de julio, aún no tenemos una cultura tan acentuada como en otros países sobre la custodia compartida. Puedo entender que se conceda la custodia a las madres de niños sin destetar o a las madres mucho más aptas; pero reclamo, como abogado, el derecho de los dos cónyuges igual de aptos de que, al menos, al juez se le cree la duda de si tiene que ser el padre o la madre. Pero como en la praxis esa duda nunca se crea, las custodias a los padres son habas contadas y siempre por manifestación expresa del hijo. Esto es, paradójicamente, machista. Cuando en 1981 se parió la Ley del Divorcio, la mujer no estaba tan incorporada al mercado de trabajo, pero hoy veo en mi despacho muchas parejas en las que la mujer es la más ocupada; por eso el gran argumento de los padres para pedir la custodia exclusiva es que ellos tienen más tiempo libre.

¿Los padres la piden?
En mi despacho, un 90% la quieren y a los que no, pocos, los convenzo para que la pidan. Es una equivocación pensar que los padres quieren desentenderse de sus hijos, porque el rol del hombre ha cambiado. Lo más inteligente es la custodia compartida, con matices: que los padres no vivan muy lejos uno de otro y que sean gente razonable.

¿Por qué interviene el fiscal en casos de mutuo acuerdo?
¿Quién más que los padres quiere lo mejor para los hijos? Igual que existe la presunción de inocencia, lo normal es presumir la coherencia de los padres y si ellos, de mutuo acuerdo, deciden que la custodia compartida es lo mejor, no lo tienen que someter al arbitrio de un tercero. Me parece ignominioso que este arbitrio esté en el propio espíritu de la ley.

¿Existe el síndrome de alienación parental?
Es corrientísimo, por desgracia. En mutuos acuerdos no se da y en custodias compartidas es prácticamente inexistente, pero en los divorcios contenciosos es el pan nuestro de cada día; ejercido, sobre todo, por el progenitor custodio con el fin de romper los vínculos del hijo con el otro progenitor.

¿Qué dice la ley sobre la custodia compartida?
En Galicia hay un proyecto de ley para que, como se acaba de hacer en Aragón, la norma general sea la custodia compartida, pero en 13 de las 17 autonomías rige el derecho común y esto quiere decir que basta con que uno de los progenitores no la quiera para que no se conceda, salvo esa pequeña discrecionalidad del juez, ya que se necesita el informe del fiscal. En más del 95% de los divorcios contenciosos, el juez opta por la exclusiva; normalmente para la madre. Y en los de mutuo acuerdo, el fiscal tiene gran poder de decisión para que se conceda o no la compartida. No sé a qué obedece esta animadversión de jueces y fiscales a la compartida, porque su no concesión somete a los hijos a la terrible decisión de elegir entre padre o madre. Yo pido que el derecho español le dé la vuelta y el derecho foral gallego, que sería de aplicación preferente, la recoja como norma general. Está más que acreditado que es positiva para el menor.

¿Por qué existe tanta división política sobre esta fórmula?
Los políticos saben que hay un colectivo importante de partidarios de la custodia compartida y otro igual de importante de detractores. La custodia compartida, por los daños colaterales que acarrea, supone muchos votos. Se juega con sentimientos y no solo están afectados el papá o la mamá: están el abuelo, los tíos, mucha gente. Muchas veces el progenitor custodio no se da cuenta de que no es progenitor en exclusiva, porque una cosa es la patria potestad, que casi siempre, comparten padre y madre, y otra la custodia, el día a día. Y el tiempo para poder ejercitar el SAP (síndrome de alineación parental), es decir, la manipulación del hijo en contra de los intereses y los afectos del otro progenitor.

¿La sociedad va por delante de la justicia en estos temas?
La sociedad evoluciona día a día, minuto a minuto, y va muy por delante de la Justicia. Los jueces solo aplican lo que el legislador promulgó. Estoy convencido de que muchos jueces quisieran conceder la custodia compartida, pero no pueden. Siempre digo que tenemos el peor ministro de Justicia que ha tenido el país. Nos ha prometido miles de millones y los juzgados están sin conectar, con una falta de medios materiales y humanos impresionantes. He tenido padres en mi despacho que vienen a protestar porque llevan tres años sin ver a su hijo de 6 y, cuando ha cumplido 18, todavía siguen sin verlo. Que no se enfade nadie. Me remito a los expedientes y al hecho de que la dilación judicial se ha convertido consuetudinariamente en un atenuante del Código Penal. De los tres poderes de Montesquieu: el judicial, el ejecutivo y el legislativo; el menos culpable de este caos, sobre todo en el Derecho de Familia, es el judicial.

¿La crisis económica influye en los fracasos matrimoniales?
Cuando hay una crisis matrimonial importante, ni crisis económica ni gaitas. Detrás de todo gran divorcio, normalmente hubo una gran historia de amor porque, si una persona no te importa, no pasa nada. Conozco gente que vino a divorciarse a los 70 y a los 80 años. A los 60 años está siendo muy frecuente ahora pedir el divorcio. No hay mejor CIS que un despacho de abogados de familia.

¿A qué edad es más frecuente divorciarse?
Hoy la gente se casa a los 30 y pico y se divorcian entre los 35 y los 55 años, pero como nos hacemos viejos más tarde, se empiezan a ver muchos divorcios a los 60 años. Además, la crisis de los 40 ya no existe; ahora es la de los 50 y dentro de poco será la de los 60. La ley del divorcio de 2005, con el código en la mano, es muy parecida a la de 1981 pero la praxis no tienen nada que ver porque el matrimonio no es como el de antes. Ahora con solo invocar la desaparición del affecto maritalis te dan el divorcio. En eso hemos avanzado. Actualmente se dice que la familia está en proceso de extinción. Creo que desde el punto de vista antropológico, no va a desaparecer. Solo ha cambiado el concepto. Ahora puede ser monoparental: una madre y sus hijos, que incluso pudo tener por inseminación artificial, pero será familia y la familia solo se extinguirá con el mundo. La familia es una referencia, incluso para el más desarraigado.

¿Qué papel cumplen las asociaciones de padres y madres separados?
Soy asesor jurídico de la Asociación Gallega de Madres y Padres Separados. La labor de este colectivo es muy importante, porque se han convertido en la segunda familia del divorciado. Dicen que el trauma de un divorcio es lo peor después de la muerte de un hijo. Tenemos que conceptuar el divorcio como remedio porque en muchos casos termina con situaciones insostenibles.

Fuente: Thefamlywatch

Adopción, una realidad sin miedo

 

¿Cómo enfrentar los retos que supone adoptar un hijo? ¿Qué debemos saber para facilitar esta realidad sin miedos?

Una historia hermosa de generosidad es la que se da cada vez que unos padres deciden adoptar a un niño. Los motivos son muchos: desde la incapacidad de concebir hasta cuestiones de solidaridad social, en las que, además de tener ya cierto número de hijos, se decide dar una mejor vida a un pequeño niño desprotegido.

Lo esencial en todos los casos ha de ser que la motivación esté custodiada por el amor pleno y realizador de transmitir la vida, que en este caso no es biológica, sino psicológica, social y espiritual.

La decisión de adoptar no es fácil. Dos padres deben enfrentar muchas cuestiones de orden psicológico, social, material, espiritual e incluso legal. Las dudas, sentimientos y pensamientos que los asaltan son infinitos, por lo que deben estar lo mejor preparados para realizar este acto de sensible humanidad.

La adopción es posible por la grandeza de corazón de las personas que ven en los niños desamparados una oportunidad de formar una familia; afortunadamente la conciencia de la adopción va en aumento; sin embargo, hemos de ser cuidadosos pues en muchos de los casos los niños que es posible adoptar se encuentran en esa situación debido a familias dolientes y desintegradas.

Muchos niños son abandonados por madres solteras que se sienten solas, por familias que no tienen trabajo y no pueden mantener a otro hijo, por el egoísmo de una pareja de querer vivir su vida sin niños, por la muerte de ambos padres y la falta de acogimiento del niño por los abuelos o familiares extensos, por la terrible realidad de la violencia intrafamiliar en la que los hijos deben ser rescatados de sus padres pues son objeto de abusos físicos o psicológicos.

Transformar una vida de dolor en alegría

Las historias de adopción no tienen por lo regular un principio feliz, un origen desdichado es lo que muchas veces se encuentra tras la soledad de un niño ya sea que lo encontremos en alguna calle, un orfanato, una casa hogar…

Sin embargo, el final puede ser feliz, rescatar a un niño de la soledad y del dolor es una acción que Dios seguramente premiará. Recordemos que “debe reservarse una atención especialísima al niño, desarrollando una profunda estima por su dignidad personal, así como un gran respeto y un generoso servicio a sus derechos. Esto vale respecto a todo niño, pero adquiere una urgencia singular cuando el niño es pequeño y necesita de todo, está enfermo, delicado o minusválido” (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 26).

Así es, el niño es un don siempre y debe ser atendido con amor, paciencia, generosidad; especialmente cuando “necesita de todo” cuando se encuentra “enfermo o delicado” no solo físicamente, sino del corazón por la soledad, por el abandono, por los maltratos, por el dolor…

Una tarea hermosa y realizadora

Lamentablemente, ante la creciente ola de adopción por la conciencia social y la generosidad de espíritu, se conocen muy pocos lugares donde puedan verdaderamente apoyar y guiar a los padres que han decidido dar este paso tan importante para ellos y para un niño que pronto será parte integral de su familia.

Los padres adoptivos ilusionados quieren acoger a su hijo adoptivo, que cuando se habla desde el corazón la palabra adoptiva no tiene el significado que estrictamente tiene en el mundo natural, sino que adquiere un significado sobrenatural que hace referencia al amor y a la decisión voluntaria de acoger y hacer suyo el don maravilloso del hijo.

Palabras clave: amor, aceptación, seguridad

Los padres no han de sobreproteger al niño adoptado, sino tratarlo de un modo natural, sin miedo, sin temor a ser rechazado o desobedecido, pues una actitud distinta en la que se le de todo lo que quiere al niño sin ningún límite puede ser perjudicial y hacerle sentir al niño que sus padres no le ofrecen seguridad y un ambiente estable donde desarrollarse. Lo que el adoptado verdaderamente desea es que los padres le demuestren que son sus verdaderos padres y actúen como tales.

Es importante recordar que cada niño es un mundo, cada niño es diferente y es así como cada uno requiere un proceso educativo adecuado a sus particularidades, por lo que hay que tomar en cuenta su personalidad, es preciso observarlo, comprenderlo y guiarlo, así como continuamente ponerse en su lugar para poder sentir de alguna manera con su hijo su historia, su pasado, su dolor y a partir de ahí entenderlo mejor, acogerlo cada vez más y amarlo.

¿Revelar la verdad?

Son los padres quienes adquieren derechos y obligaciones ante el niño adoptado y tienen la función de educar a este hijo, por tanto, son ellos quienes tienen que informar del hecho de la adopción y de sus orígenes como algo que forma parte de su proceso educativo. Lo importante es que el hecho sea dialogado, compartido y asumido por ambos padres y el hijo de modo que pueda hablarse de esto con naturalidad.

En cuanto a la forma de realizar la información, varía según las circunstancias. Launay y Soulé distinguen tres casos:

El primero, cuando el niño ha sido adoptado con edad entre los tres y los siete años es preciso hablarles y ayudarles a que tomen conciencia de la realidad, estos niños dependiendo de su edad entenderán en mayor o menor grado las cosas, habrá que tener el tino y la delicadeza necesaria para hablarles con la verdad procurando su aceptación y sobre todo suavizar el pasado doloroso que pudieran tener, poniendo énfasis no en eso, si no en el presente y en el futuro que le espera siendo un ser tan importante en la familia a la cual pertenece ahora.

El segundo, cuando el niño ha sido adoptado en los dos o tres primeros años, plantea que lo mejor es esperar y hablarle desde los tres o cuatro años y proceder de la manera más simple diciendo al hijo la historia que les llevó a adoptarlo de una manera amable y dulce que les ayude a aceptar de acuerdo a su edad, su condición.

La tercera, cuando el caso es de un niño que se haya adoptado con más de siete años, estos niños, por lo regular vienen dañados a veces físicamente, pero casi siempre psicológicamente, por lo que habrá de ser especialmente pacientes, pues sin duda conocen bien su origen o son conscientes de lo que han sufrido como la soledad de un orfanato, de la calle, el rechazo de sus padres, en fin… habrá que esforzarse más y buscar amar incondicionalmente a esta persona tan marcada por el dolor y cambiar poco a poco sus lágrimas por risas.

Sea cual fuere el caso se recomienda que se le informe al hijo de toda la verdad, sin importar la edad, si el niño se siente en la familia adoptiva como si fuera su propia familia porque se sienta aceptado, seguro y amado, no hay nada que temer. Si en un futuro el niño, joven o ya en la adultez el hijo quisiera conocer más sobre sus orígenes hay que permitirle informarse si éste es su deseo, aunque todo ello tiene que estar enmarcado dentro de un clima de sumo cuidado y delicadeza y con la intervención de profesionales que puedan servir de orientadores ante las nuevas situaciones que puedan surgir.

Una cuestión importante es no esperar a la pubertad para informar a la criatura, sería un error grave ya que es durante esta, que el hijo vive muchos cambios y busca identificarse consigo mismo y desarrollar su personalidad, misma que se verá dañada si desde pequeño no conoce su verdadera historia y vive en medio de secretos o medias verdades, ansiedades e inseguridades. Es importante que tengan la oportunidad de sanar heridas y convertirse en hombres y mujeres sanos y fuertes.

Educación idéntica

Hace poco conocí la historia de unos padres, muy buenos, por cierto, se preocupaban por sus cuatro hijos —todos adoptados— es impresionante ver la generosidad de esta pareja dan la vida por sus hijos como cualquier otra pareja de padres. La señora, me dio esta reflexión en un encuentro y me dijo, mira, ya sea un hijo se sangre o un hijo adoptivo, en la educación de los hijos, la diferencia la hace el amor. La reflexión es la siguiente:

“Los niños aprenden lo que viven:

Si un niño vive con crítica aprende a condenar

Si un niño vive con hostilidad aprende a pelear

Si un niño vive con ridículo aprende a ser tímido

Si un niño vive con pena aprende a sentirse culpable

Si un niño vive con aliento aprende a tener confianza

Si un niño vive con alabanza aprende a apreciar

Si un niño vive con justicia aprende a tener fe

Si un niño vive con aprobación aprende a quererse

Si un niño vive con aceptación y amistad aprende a encontrar amor en el mundo” Iaw, D.

¡Cuántas cosas deben hacernos pensar y reflexionar estas palabras! todo niño, natural o adoptado merece nacer y crecer en un ambiente propicio que le permita ser un niño sano tanto física, mental y espiritualmente. Si un niño ha tenido la mala fortuna de crecer algunos años en un ambiente hostil, habrá que amarlo mucho y trabajar mucho con él para que aprenda a amarse y a amar… pero a pesar de lo terrible que pueda ser la realidad, nunca desanimarnos pues no hay imposibles…. “La diferencia la hace el amor”.

Los hombres y mujeres tenemos la responsabilidad de los demás, no podemos ser indiferentes a la “suerte” que les tocó vivir a unos y a otros, el mundo ya no puede más, la humanidad grita de desesperación al ser testigo de tanto dolor, tanto abandono y rechazo, de tanta infancia destrozada, todos somos responsables, sin excepción y debemos de buscar que estos niños, futuros padres y madres sean amados, crezcan en lo posible, en un ambiente digno, sin violencia, sin hambre, sin frío.

Adopción divina

“Yo seré para vosotros Padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor todopoderoso” (2 Co 6, 18).

La Iglesia, Madre y Maestra, nos enseña que Dios tiene un solo hijo único: Jesucristo; Dios, por Jesucristo, nos ha adoptado y hecho también Hijos de Dios por el Amor. Somos hermanos de Jesucristo no por naturaleza, sino por don de la gracia porque esta filiación adoptiva confiere una participación real en la vida del Hijo único.

“Dios, quiere comunicar su propia divina a los hombres libremente creados por Él, para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos. Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 52).

Dios es el Padre todopoderoso. Su paternidad y su poder se esclarecen mutuamente. Muestra, en efecto, su omnipotencia paternal por la manera como cuida de nuestras necesidades, por la adopción filial que nos da. Dios al hacernos hijos suyos quiere que vivamos una nueva vida, una vida eterna, nos ha rescatado de morir en la soledad y en la desesperación del pecado gracias al sacrificio de Jesucristo.

Dios nos ha dado el privilegio y el don de ser hijos, Él es nuestro Padre y nos ama, nos procura, esta filiación nos hace capaces de obrar rectamente y de practicar el bien, de alcanzar la perfección en la caridad, la santidad.

¡Nosotros que somos imperfectos somos invitados a ser perfectos como nuestro Padre Dios, somos invitados a vivir felices eternamente sin importar nuestro origen y nuestra naturaleza caída y pecadora! ¡Cómo nosotros siendo simplemente hombres nos podemos resistir a esta adopción maravillosa y a seguir este ejemplo de Amor y realizarlo también con los más desprotegidos!

La seguridad, la confianza, la esperanza que nos da tener un Padre bueno que nos mira en todo momento y que nunca nos abandona, nos mantiene de pie, con la esperanza de alcanzar la herencia prometida de la vida eterna, se trata de un derecho por gracia, el pleno derecho del amor, que nos hace “coherederos de Cristo”.

Humanamente hablando, nosotros podemos amar también y ejercer una paternidad adoptiva, aproximar a un ser humano a la felicidad y no solo en el plano terrenal procurando los cuidados necesarios sino en el plano espiritual, enseñando el Amor Filial del Padre que no nos falla, del Padre que nos ama con un Amor perfecto. Podemos, si queremos, darle a una criaturita que no ha tenido la oportunidad de vivir con amor y con dignidad el nacimiento a una nueva vida que le transforme.

Padres y madres: ¡sin miedo!

“La acogida, el amor, la estima, el servicio múltiple y unitario —material, afectivo, educativo, espiritual— a cada niño que viene a este mundo, deberá constituir siempre una nota distintiva e irrenunciable de los cristianos, especialmente de las familias cristianas; así los niños, a la vez que crecen “en edad, sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres”, serán una preciosa ayuda para la edificación de la comunidad familiar y para la misma santificación de los padres” (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 26).

Una decisión de amor y benevolencia hacia los más pequeños como lo es la adopción llenará su hogar de dicha y en las dificultades de la vida oren, eleven sus plegarias que Dios estará siempre con ustedes, nunca los abandonará, nunca.

Otro aspecto muy importante cuando se adopta un hijo, que desconoce su origen, es la revelación. Muchos padres viven angustiados pensando lo que deben o no de hacer, lo que deben o no de decir y esto no hace más que dificultar el vínculo amoroso entre padres e hijo adoptivo y provoca una “revolución” en la familia, con los abuelos, tíos, y con los hermanitos sean estos últimos adoptivos también o no.

Este hecho de la revelación no es fácil, pero tampoco es tan difícil que no pueda realizarse, el término “revelación” se utiliza para designar la información sobre la adopción a la persona adoptada.

Es preciso que los padres tengan una actitud positiva ante el hecho de la información de la verdad, es algo que forma parte del proceso educativo del niño y que es de singular importancia para un desarrollo equilibrado de su personalidad. A pesar de ello, muchos padres dudan de informar de la verdad a la persona adoptada, pero es importante que reflexionen y que sepan que existen tres razones principales por lo cual hacerlo:

“La primera es la razón moral, ya que no es posible basar una vida sobre la mentira, el niño tiene derecho a la verdad.

“La segunda es la razón psicológica, ya que callar la verdad parece difícil. Las relaciones padres/ hijos no pueden ser de confianza y serenas más que en un clima de franqueza y de confianza propicia al diálogo.

“La tercera es la razón material, callar la verdad durante toda la vida no es posible. El adoptado aprenderá fatalmente su situación por una conversación o un documento escrito.” (Oliver, C).

A veces los padres no quieren revelar la verdad para que el niño no sufra, se sienta igual que los demás o para propiciarle una infancia y juventud desprovista de complejos y desequilibrios; sin embargo, todo esto no tiene fundamento.

Según las investigaciones de Raynor y Triseliotis demuestran que los padres adoptivos viven un continuo estado de ansiedad ante el hecho de que el niño se pueda enterar por otras personas que les hace crear un clima familiar artificial, lleno de desconfianza, malos entendidos, pláticas interrumpidas, etc., clima donde no es posible basar ningún proceso educativo coherente y el niño acaba sufriendo mucho más.

No hay que temer, el amor es la principal fuente de seguridad, de alegría; no habrá menos problemas si se calla la verdad, al contrario.

Deber de los padres Cuando se adopta a un niño mayor, que conoció a sus padres o conoció la historia por la cual es un niño que se encuentra solo, es preciso tener mucha paciencia y sobretodo, tener mucho trabajo con el niño, establecer un diálogo sincero, abierto lleno de ternura y comprensión, es preciso ponerse en el lugar de este niño que seguramente cargará con una historia dolorosa para entenderlo mejor y así poder ayudarle a que con amor poco a poco puede superarse y sanar.

Sin embargo, esto no es tan sencillo, como tampoco educarlo a través de los años, pues a veces los padres adoptivos no saben asumir que el no haber gestado al niño no les disminuye sus derechos y deberes como padres; es preciso que tengan claro y presente siempre que tienen los mismos derechos y deberes que una paternidad natural y así puedan ofrecer a los niños los elementos de seguridad, aceptación y solidaridad que debe ofrecer una familia.

Ma. del Rosario G. Prieto Eibl

www.encuentra.com (portal católico)

Custodia compartida, ¿una opción o una obligación?

Cristina Turrau – El Correo, 6 de junio 2010.

06-06-2010

Los hijos son de ama y aita. Éste es el argumento de partida para los defensores de extender la fórmula de la custodia compartida en los procesos de divorcio. Las leyes en España favorecen la tutela de la madre y con ello su permanencia en el domicilio conyugal. Muchos defienden que los roles han cambiado y que los padres de hoy se involucran en la crianza -al menos más que los de antes-, por lo que no deben quedar excluidos tras la ruptura del matrimonio. Pero el debate está abierto.

Hace unos días, las Juntas Generales de Vizcaya se pronunciaban a favor de establecer esta opción como norma preferente en los divorcios en los que no haya acuerdo. La iniciativa recibió el apoyo del PNV, PP y Grupo Mixto; PSE y EB se abstuvieron al entender que no se debe acometer una modificación legal “precipitada”.

Aragón y Cataluña han abierto el camino. Las Cortes aragonesas aprobaron recientemente la primera regulación normativa en España que contempla esta medida: la Ley de Igualdad en las Relaciones Familiares ante la Ruptura de Convivencia de los Padres. Y el Parlamento de Cataluña aprobó el pasado lunes una reforma del Código Civil catalán que da preferencia a la custodia compartida y obliga a las parejas que se separan a presentar un plan de parentalidad con sus propuestas de participación en la crianza y educación de los hijos. La ministra de Igualdad, Bibiana Aído, ha terciado en el tema: la custodia compartida es la fórmula idónea cuando hay acuerdo, pero “su imposición puede llevarla al fracaso”.

A pesar de los movimientos en este sentido que ya se dan también en el País Vasco, la competencia corresponde al Gobierno central. “Trabajamos para que el Parlamento vasco inste al Ejecutivo central a presentar un proyecto de ley de modificación de la Ley del Divorcio, o que sea la Cámara de Vitoria la que plantee a las Cortes Generales una propuesta de modificación de dicha ley, contemplando la custodia compartida como norma preferente”, explica Justo Sáenz, portavoz de la Federación de Euskadi de Madres y Padres Separados. “Es la fórmula que genera mayor estabilidad en los niños porque favorece que no tengan sentimiento de culpa y que no haya manipulación, ya que los padres deben llegar a acuerdos. La custodia compartida es un punto de partida hacia una situación más igualitaria y dialogante”.

Así opina Javier Gómez del Campo. Divorciado, disfruta desde el pasado septiembre de la custodia compartida de su hija de 8 años, que sólo tenía 10 meses cuando sus padres se separaron. A Javier le ha tocado esta semana llevar a la cría al colegio: de viernes a viernes, la pequeña ha vivido en su casa de San Sebastián. “Cuando nos separamos pregunté en varios sitios y en todos me dijeron que la custodia correspondía a la madre”, relata. “Me preguntaban si ella era alcohólica o drogadicta y yo respondía que era una buena mujer y una buena madre. ‘Entonces no tienes nada que hacer’, respondían”.

Madrileño de 43 años, lleva una década afincado en el País Vasco. Se separó de su mujer de mutuo acuerdo y la custodia quedó en manos de ella. Pero siempre tuvo claro que quería seguir ejerciendo como padre de su hija. “Descubrí que en países como Australia o Estados Unidos se hablaba de coparentalidad y de custodias compartidas. Empecé a pedirla y en parte fue por mi hija. Para que supiera que yo había defendido esta fórmula. No quería aparecer en las estadísticas como un padre más que no la solicita”.

Rechazó la petición de divorcio de su mujer por defender la custodia compartida y fue ganando mejoras de tiempo con su hija por la vía de la demanda. “Había pedido un día más con mi hija y fuimos al Juzgado de Vitoria. La psicóloga nos entrevistó a los tres. Empezamos a hablar. A mi ex mujer le pareció que supondría mucho trastorno para la niña y optó por la custodia compartida”.

La comunicación no siempre es fácil. “Una tercera persona te ayuda a llegar a acuerdos. La psicóloga nos hizo ver las opiniones del otro y el juez ratificó después un acuerdo en temas de vacaciones, dinero y residencia”.

Opina que su hija está mejor. “La veo más asentada, tranquila y feliz. Sus profesoras lo suscriben”. El acuerdo ha hecho que la relación con su mujer sea más fluida. Han celebrado conjuntamente la primera comunión de la niña. “Hay un gran cambio en ser padre los fines de semana alternos a estar en el día a día. Hay más confianza, complicidad y también discusiones. Lo otro resulta artificial”.

Falta información

Guadalupe Ucar tiene 40 años y vive en Estella. “Me divorcié y, por falta de información, accedí a que la custodia se la quedara mi ex pareja, para no tener que mover a mis hijas”, explica. “Yo me iba fuera a trabajar y empezaba de cero. El entendimiento con mi ex pareja es bueno. Da muchísima importancia a que las niñas estén conmigo. Es vital para ambos. Estoy con ellas todos los días y él también. Empecé a ver la custodia compartida como algo viable, pero quiero alcanzarla por la vía del acuerdo. Hasta que la logre, ni siquiera puedo poner en la declaración de la renta que tengo dos hijas “.

Como le ocurrió a ella, Guadalupe piensa que mucha gente no solicita esta fórmula de crianza por desconocimiento. “Con los litigios las facturas crecen”, pero compensa: sus hijas tienen 12 y 8 años y “he visto en ellas el beneficio de convivir todos los días con su padre y su madre. Son unas niñas felices y no se sienten coaccionadas. Son un modelo a seguir”.

¿Cómo lograron esta conexión de criterios? “Tuvimos dos hijas. Es lo más importante, el beneficio claro de los hijos. Tienen derecho a tener padre y tener madre. No se puede ser progenitor a media jornada”.

Cambio de roles

Julia Rodríguez Bárcena es psicóloga y orientadora en la coparentalidad en la asociación de padres y madres separados Agipase. “El papel de la mujer y el del hombre está cambiando”, dice. “Hay parejas que inician una familia, tienen unos hijos y ambos participan en la crianza. En la separación ambos deberían seguir ejerciendo como padres y lo mejor sería mediante la custodia compartida”. Pero la tarea debe llevarse a la práctica “con cabeza”, en lo referente a los hijos. “Una cosa que se ha construido entre dos se tiene que repartir entre dos. Hay que dar a ambas partes la posibilidad de iniciar nuevas vidas con un mínimo de recursos. Si todo se le da a uno, la otra parte se queda muy descolgada. Los niños no tienen ningún problema en tener dos mundos y dos casas. Lo único que quieren es seguir queriendo a su padre y a su madre”.

Eva Cerón es una jueza vasca que dirime cuestiones civiles, pero también de familia. “Cuando hay un convenio regulador, se respeta la voluntad de los padres, siempre que se asegure el interés de los menores y con el filtro de la Fiscalía”, dice. “Cuando la vía es contenciosa, la custodia compartida resulta más difícil, pero no imposible. Si en la práctica de la prueba en sala se demuestra que ambos progenitores se han involucrado en la crianza y por sus horarios y lugar de residencia, es factible y lo venían haciendo, soy proclive a mantenerla”.

Considera algo “peligrosas” las modificaciones legales en Aragón y Cataluña. “El criterio se ajusta cada vez más a la realidad social pero está muy abierto y hay que adecuarlo a cada caso. Quizás en Cataluña están pidiendo a gritos la custodia compartida porque la están desarrollando y los jueces hemos sido un obstáculo al poner una custodia monoparental. Yo lo veo bien, pero siempre que se aplique con un criterio muy restrictivo”. Ha visto las consecuencias negativas de una mal llevada custodia compartida. “Soy prudente porque conozco resultados diversos”.

La abogada vasca Lourdes Emparanza apoya estos debates “porque la sociedad, aunque lentamente, cambia”. Pero no está de acuerdo con que la custodia compartida deba tener un carácter preferente en los procesos de separación. “Debe ser una opción, junto con la custodia individual para el padre o para la madre. Y en cada caso concreto, ver lo que es más adecuado para los niños”.

Reconoce el valor de ambos progenitores para un hijo. “Pero tienen que haber ejercido como tales antes de la ruptura. Si la presencia ha sido sólo de la madre, ¿dónde está la coparentalidad? Si tanto él como ella han participado, estupendo. Y si hubiera supuestos en los que está sólo el padre, le tendrán que dar la custodia a él”.

Es partidaria de analizar cada caso concreto. “Con la ley que tenemos, en los tribunales se establece que cuando hay acuerdo hay custodia compartida. Pero cuando no hay acuerdo y habiéndola pedido uno de los cónyuges se necesita un informe preceptivo favorable. Y con eso, el juez decide. Yo creo que hay que mantener todas las posibilidades”.

Explica que la dedicación de las mujeres a la crianza “por razones históricas” tiene una traducción en los tribunales y admite que ha habido un cambio en algunos hombres, “pero no en todos”. Además recuerda que la modificación legal hecha en Aragón defiende la custodia compartida “salvo que la individual sea más conveniente”.