Crecer en la Fe dentro de la Familia

Pepita Ledesma – 3 hijos- Catequista – Coordinadora Cursillos Cristiandad
Quiero hablar aquí un poco de los sacramentos.

Una vez me preguntaron qué eran para mí los sacramentos. Contesté con mucha simplicidad quizás, que eran vías por las cuales Dios entra en nuestras vidas y nos llena de Él. Por eso bautizamos a nuestros hijos, queremos que Dios entre en sus vidas, que los marque en la palma de Su Mano y tengan el sello de los hijos de Dios. Que los guíe en sus vidas y le conozcan.

Para mí bautizar a mis hijos fue como llevarlos al mundo de la luz, de la Luz de Dios. Mi marido y yo vivimos intensamente cada uno de los 3 bautizos. Cada palabra y gesto del sacerdote eran en sí un maravilloso signo que nos llevaba a sentir la gran realidad de amor que había tras ello.

Ya en la 1ª Comunión los niños son partícipes activos de este sacramento. La preparación ha de ser compartida, en familia. Y no me refiero al día que se visten de blanco, sino a todo lo que conlleva antes y después de recibir el Cuerpo del Señor.

Participamos en las catequesis de mis hijos. En casa teníamos un día a la semana para centrarnos en el tema. Yo encendía una vela y nos poníamos tranquilamente a prepararlo. Sin prisas y sin tele.

Durante las catequesis de mi hijo menor, me planteé hacerme catequista, y gracias al empujón de una amiga que preparaba a mi hijo, decidí dar el paso.

La catequesis es otra semilla que ahí queda, en esa tierra esponjosa que es el corazón del niño, que un día empezará a brotar. Hay que darlas con mucho amor y dedicación. No son cualquier cosa. Me acuerdo de un niño hiperactivo, que parecía que no se enteraba de nada, y al cabo de los años no sólo sigue en perseverancia sino que acompaña a su hermano en su preparación.

La Confirmación es un paso en la fe desde la libertad y conciencia del que la solicita. Es voluntario, aunque a veces sin saber muy bien a qué se comprometen.

Es triste el chiste que existe sobre los murciélagos que había en una parroquia, y no había manera de echarlos, hasta que alguien propuso que se les confirmaran y ya no volverían más por la Iglesia.

Cada uno de estos pasos los padres cristianos los disfrutamos y pedimos a Dios que nuestros hijos sigan ese Camino de Vida. De mis tres hijos, se han confirmado dos, el tercero ni se lo plantea. Edad de dudas, incredulidad, otros asuntos en la cabeza y en el corazón,… Tengo amigos que se han confirmado ya de adultos, algunos pasados los 50 años. Cualquier momento de la vida es oportuno y bueno para encontrarse con el Señor.

Lo mejor de esto es que es Dios quien tiene la iniciativa, siempre sorprende y nos indica el mejor camino para seguirle. Pero para esto hay que “escucharle”, no puede hablar de muchas maneras y a través de muchos medios. En imaginación no hay quien le gane.

Aprovechar la oportunidad de conversar con los hijos sobre la religión también es una manera de evangelizar de los padres. Y curiosamente de evangelizar a los padres. Mi amigo Diego volvió a la Iglesia tras la preparación de sus hijos para la Primera Comunión. ..Y los hijos tiraron de él…Hoy día está muy comprometido con voluntariados cristianos dando un buen ejemplo de su fe.

También puede haber abandono de la confesión, sobre todo en la adolescencia, aunque cada vez son los niños más precoces ,y te vienen diciendo que no quieren hacer ni la Primera Comunión. Alguno en la catequesis me dijo que él no creía en Dios, un crío con 8 o 9 años.

Aparte de esto, es importante no atacar posturas, sino hablar, dialogar. Pueden que existan crisis ocultas en su personalidad. Tenemos que reconocer que las dudas de fe nos atacan a todos. La fe es oscura. Mi amigo Manolo, que es un gigante en caridad y compromiso con la Iglesia, afirma que la fe es la capacidad para soportar la duda. La fe no es una evidencia, todos tenemos dudas.

Por eso no hay que estar en un continuo reproche, porque duele y no es positivo para nuestra relación con los que más queremos. Lo sé por experiencia. Las dudas de fe puede que surjan por crecimiento, o de muerte en la fe. No hay que “excomulgarle” familiarmente, y jamás discriminarlos por esta razón. Sólo respetar su misterio, y aprovechar los momentos fuertes para intentar recuperar lo que parece, sólo parece, irrecuperable.
Este apartado lo relaciono con los hijos más mayores, no con los pequeños. Pero hoy día un chico/a de 10 o 12 años puede empezar a plantearse muchas cuestiones que los padres no puedan resolver. Sería bueno entonces asesorarse con personas de confianza y entendidas en el tema.

Yo lo hice cuando uno de mis hijos tenía 13 años. Propicié una conversación distendida entre mi hijo y un misionero, los dos a solas, para que él le pudiera preguntar todas las dudas, que yo en mi limitación no sabía responderle. Ante todo diálogo y respeto.

fuente: boletin de pastoral familiar