LA FAMILIA CUNA DE AMOR Y DE VIDA

La familia es donde el hombre encuentra la plenitud de su existencia. La familia  se ha constituido como la primera escuela de vida, es el ámbito que da pie a que la persona descubra su identidad, aquello a lo que está llamado a ser (o comúnmente llamado su vocación). “La familia constituye una comunidad de amor y de solidaridad, una comunidad que no encuentra su fundamento último ni en la ley que le otorga la reglamentación, ni en la utilidad que puedan extraer de ella sus componentes, sino en la capacidad de amar familiarmente y de fundar sobre este amor una comunidad de vida” (Carta de los derechos de las familias.J.PII).

 

La realidad de la familia impregna a ese  nuevo ser que es acogido dentro de ella.Y es por eso que la familia se consolida como la auténtica célula-madre, no solo porque los padres son los procreadores, sino y sobre todo, porque a ellos corresponde  dar  continuidad a esta vida nacida de su amor, asegurando con su cuidado y su afecto la construcción y formación de la personalidad total del niño. Es una realidad social inevitable. No se escoge o se cambia de familia y es el más permanente de todos los medios sociales, en lo que toda persona está llamada vivir. Solo dentro del seno de la familia puede el niño encontrar todas las energías necesarias para su formación y crecimiento. La familia, pues, tiene un valor  y una función primordiales que nada ni nadie puede reemplazar.

            Así es la familia lleva en sí misma una serie de elementos que la definen de por sí:

a)      Por un lado supone aquella que libera a la persona del individualismo que le ofrece la alternativa de vivir en una comunidad de personas en donde es querido y acogido por quien se es.

b)      La familia representa la cuna del cariño, del afecto, del apoyo. Favoreciendo los vínculos afectivos entre todos sus miembros. Y así mismo, gracias a ese cariño la persona crece apoyándose en una base sólida.

c)       Es así como logra la persona un soporte y sostenimiento de los valores esenciales para el descubrimiento de su identidad personal.

d)     Favorece la intimidad/interioridad. Cuando hablamos de  intimidad pretendemos sacar a la luz el elemento de la interioridad. En la sociedad en general  no hay una profunda y verdadera exterioridad, con lo cual tampoco hay interioridad. Solo en aquel lugar en donde las personas son queridas  de una forma especial, encontramos  que podemos exteriorizarnos francamente hacia al exterior. Esta es la intimidad propia de la familia, que centra a la persona.

e)       Y por supuesto La familia educa. Cuando la familia educa, se estimula a los hijos que haga de ellos seres con capacidades para relacionarse competentemente con el entorno físico y social, así como  para responder a las demandas y exigencias planteadas por su adaptación al mundo en que les toca  vivir. Representa pues, el escenario de preparación donde se aprende  a afrontar retos, así como a asumir responsabilidades y compromisos.

Y he aquí donde reside una de las primordiales funciones de los padres: la de saber enseñar a sus hijos las conductas que les llevarán poco a poco a penetrar  en esta dinámica positiva que es la clave de la vida personal y de la vida de relación. Por ello si la familia no sabe estar a la altura de su tarea, quedan amenazadas su cohesión, su equilibrio y aún la propia existencia.

La familia de hoy debe tomar conciencia, conocer y comprender, mejor que en cualquier otra época todas las influencias e interferencias que entran en juego, para dominar el problema reforzando su posición  y valor, preservar su estabilidad y cumplir con plenitud su función educativa. Debe saber y poder formar los adultos del mañana, capaces  de vivir  y obrar con autodominio y de asumir plenamente su papel personal y social.

   Mª Del Carmen González Rivas

   Psicóloga- Centro de atención psicológica Familiar Vínculos

mcarmengr@cop.es

http://vinculos-psicologiayfamilia.blogspot.com

La familia: cuna, escuela e iglesia

La familia, “santuario de la vida y del amor”, constituida por Dios en el principio de los tiempos como institución natural para la procreación y educación de los hijos y para el amor mutuo de todos sus miembros, es la cuna en la que el hombre nace, vive, se desarrolla, goza, sufre y muere con la dignidad de persona humana y de hijo de Dios. Es el ámbito propio y natural en el que los hijos pueden alcanzar su verdadera dimensión humana y sobrenatural. Los lazos que se crean en ella son los más fuertes y profundos y como consecuencia la persona dentro de la familia es querida por sí misma; no es considerada desde el aspecto utilitario o de valor material.

La grandeza de la familia

“La grandeza y la responsabilidad de la familia están en ser la primera comunidad de vida y amor, el primer ambiente en donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras personas, sino también y ante todo por Dios. (Juan Pablo II.)

La familia es la auténtica cuna de amor, de verdad, de caridad, de libertad y de generosidad. El futuro del hombre, de la humanidad, dependen de ella. Según es la familia, así es la persona, y así será la sociedad. El futuro de la humanidad se fragua en la familia.

Decía el Papa Pío XII: “Precisamente porque la familia es el elemento orgánico de la sociedad, todo atentado perpetrado contra ella es un atentado contra la humanidad”. El ambiente en el que el niño crece favorece o dificulta la expresión y el desarrollo de todo su potencial personal. Por tanto es necesario crear un ambiente de armonía en casa que permita obtener el máximo rendimiento del talento de cada uno de los miembros de la familia, compartiendo todos un mismo proyecto de vida.

La familia modelo, guía y estímulo

Cada familia es el modelo sobre el que se proyecta el niño y la niña, el espejo en el que se mira para ir configurando día a día sus perfiles personales. Es la “guía” que le va conduciendo a lo largo de su infancia hasta conseguir la verdadera madurez humana y sobrenatural.

En la familia los padres enseñamos y educamos con nuestra propia vida, con nuestra personalidad, con nuestro cariño. Transmitimos los valores haciéndoselos asequibles a nuestros hijos. Con nuestra manera de ser y nuestra coherencia de vida les ayudamos a comprender y distinguir lo importante de lo relativo, la buena conducta de lo reprobable.

Conviviendo día a día en el seno familiar aprende, no sólo el lenguaje y el comportamiento humano, sino a ser y a vivir como persona, según el modelo que la propia familia le ofrece. Al final lo que nos hace tan diferentes no sólo se debe a la genética sino también a las diferencias de cada familia, con cuya diversidad se enriquece la sociedad.

Cuanto más costumbres propias haya en una familia, más categorías humanas alcanzarán sus miembros, mayores lazos de cohesión se formarán entre los mismos y mejor “equipados” estarán los hijos para integrarse en una sociedad compleja y competitiva como la nuestra.

Es necesario que el ambiente familiar estimule de manera armónica el desarrollo de todos y cada uno de los valores que posteriormente “adornarán” la personalidad de nuestros hijos. Dichas cualidades constituirán para siempre la verdadera riqueza que le hará feliz y hará felices a los que le rodeen.

En este camino hacia la plenitud humana de nuestros hijos no podemos olvidar la ayuda y el estímulo que necesitan para ir “sacando a la luz” todas las potencialidades del cuerpo, del espíritu y del alma, sabiendo dar su importancia a cada una de estas tres dimensiones esenciales del ser humano de tal manera que prestemos la misma atención y esfuerzo en velar por la salud y el deporte como por los aspectos relacionados con su inteligencia y voluntad, al mismo tiempo que le ayudamos a vivir un sano sentido trascendente de la vida y un trato filial con Dios como Padre. Cuando no se hace así se producen ciertas “deformaciones” en el ser humano al haberse desarrollado de manera exagerada alguno de estos aspectos esenciales de la persona y haberse quedado raquíticos otros.

De aquí que sea imprescindible la consideración de la familia como una insustituible escuela para el aprendizaje de la vida.

Manuel Caballero
Padre de familia y orientador familiar