Mi hija tiene anorexia


Hoy en día tenemos tanta sensibilidad para permitir una cosa como para alarmarnos ante cualquier otra. Desde luego considerar que uno de nuestros hijos pueda estar más delgado de lo normal nos mantiene en una actitud de alerta continua que poco nos ayudan a la hora de establecer un posible diálogo con ellos.
En primer lugar conviene cerciorarnos. ¿Que es eso de la anorexia? Pues bien así solo como su nombre lo indica, nos referimos a esta cómo pérdida de apetito sin causa aparente y por ende disminución de la ingesta de alimentos. Es por esto que cualquiera en nuestros días puede haber presentado anorexia.

Algo muy distinto (cómo parece que va dirigida nuestra consulta) es la anorexia nerviosa que se presenta como un cuadro clínico que afecta al comportamiento alimentario, presenta una sintomatología muy diversa aunque lo que le define fundamentalmente, es dejar de comer por propia voluntad de la persona y valerse de todo aquello que le lleve a esa finalidad (dietas restrictivas, ejercicio físico intenso, empleo de fármacos –laxantes y diuréticos-). Todo esto es consecuencia de una importante alteración en la imagen corporal (se siente gorda a pesar de la delgadez lograda) y un miedo terrible a ganar peso.

La anorexia nerviosa es algo muy serio, no se produce por cabezonería de nuestros hijos. La causa de su aparición es la combinación de componentes biológicos, influencias socioculturales, relaciones familiares, rasgos de personalidad así como cualquier situación que desemboque en estrés.

Pues bien yendo al caso que nos ocupa verdaderamente es apreciable que la situación familiar de esta adolescente nos está mostrando que la forma que ha escogido para solventar posibles problemas es a través de una alteración en el comportamiento alimentario, con esta situación se está comunicando con sus padres, y estos le siguen el juego, focalizan el problema exclusivamente en ella más allá de ver cómo van las cosas en casa para que algo pudiera estar influyendo en el comportamiento de su hija. Y es que una de las características más propias del adolescente es ser una persona que reclama su autonomía e individualidad, pero al mismo tiempo es dependiente de la familia. Es normal que el adolescente exprese su disconformidad, su rebeldía de alguna manera. Ante todo esto muchos padres plantean un sistema basado en una rigurosa disciplina. Y es que el hijo adolescente esta creciendo pero la familia no parece darse cuenta de ello , el psiquiatra Paulino Castells habla de ello por medio de las aventuras de Alicia en el País de las maravillas, cuando ella, en sueños va por el interior del tronco hueco y llega en una casita en la que toma una bebida que le hace crecer de forma extraordinaria, observa cómo ella va creciendo pero la habitación se le va quedando cada vez más pequeña, pues así este símil ilustra perfectamente la relación del adolescente con su familia.
Desde luego aquí es de vital importancia que los padres reflexionen sobre la actitud que manifiestan con su hija. Descubrir que aspectos han ido descuidando en su educación (permitir que cene sola en su cuarto), cómo es la comunicación con ella (caer fácilmente en los enfrentamientos), así cómo aquello que no han sabido manejar de cara a su adolescencia. En todo esto es importante tomar en cuenta lo siguiente:

– Los padres no tienen que poner etiquetas diagnósticas, si previamente no hay un especialista que haya realizado ese diagnóstico. Pues bien sea o no diagnosticada con posterioridad algo que es fundamental es que la anorexia nerviosa no tiene que dar identidad a la persona, puesto que ella es algo más que todo eso.
– Es necesario que los padres ante actitudes o comportamientos que puedan haber observado en sus hijos (evitar comer demasiado, comer a solas, el usos de dietas continuadas, etc.) actúen dialogando con ellos para poder conocer si se encuentran con algún tipo de dificultad o problema.
– Si se abre la comunicación y el diálogo entre ellos, favorecer el respeto por sus ideas y sentimientos. Facilitando el aprendizaje de adecuadas formas de regulación emocional evitando que se nieguen las muestras de cariño, ej. ¡cállate!
– Crear un contexto adecuado en donde se pueda hablar con normalidad sobre los cambios corporales que se experimentan en al pubertad.
– Evitar toda comunicación que intente culpabilizar, juzgar, o que acentué la negatividad y no lo positivo (ej . que bien te ha salido, no cómo ayer que fue un desastre)-
– No hacer excesivos los mensajes que se puedan dar en torno a la preocupación por el cuerpo y la estética.
– Y por su puesto conviene siempre que pueda acudir a un especialista, siempre con su consentimiento. Éste es importante que pueda ayudar a toda la familia a abordar el problema.

Mª Del Carmen González Rivas
psicóloga
mcarmengr@cop.es