Educar a los hijos en la sobriedad, San Josemaria (Opus Dei)

Reflexion sobre la familia

La Epifanía del Señor y los Reyes Magos

“La lección de los Magos es válida siempre. Nos enseñan alteza de miras para ver la estrella, intrepidez para seguirla y constancia para llegar hasta el fin.”*Encuentra.comEl 6 de enero se celebra la Epifanía en el mundo cristiano. En esta fecha conmemoramos la adoración al Niño Dios por parte de tres reyes sabios que llegaron a Belén desde el Oriente para ofrecerle al Niño tres obsequios simbólicos: incienso, mirra y oro.¿Qué es la Epifanía?Epifanía significa “manifestación”. Es la fiesta en la que Jesús toma una presencia humana en la tierra, y por tanto, es posterior a la Navidad. Tanto la Navidad como la Epifanía celebran, desde diferentes perspectivas, el misterio de la encarnación, la venida y manifestación de Cristo al mundo. Es un día de alegría, en el que salimos al encuentro con Jesús y le rendimos nuestra adoración como lo hicieron los Reyes Magos.Aunque existen varias manifestaciones en la historia cristina, la Iglesia celebra como epifanías tres eventos: La Epifanía del Señor ante los Reyes Magos (Mt 2, 1-12); Su Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán; Su Epifanía a sus discípulos y el milagro en Caná. No obstante, la primera manifestación del Hijo de Dios hecho Hombre al mundo pagano, fue aquella que tuvo lugar con la adoración de los Reyes Magos y por ello es la celebración magna, la cual proclama la misión salvadora de Cristo.El origen de la fiestaEl inicio de esta festividad se remonta a tiempos antiguos, donde en Egipto y Arabia, durante la noche del 5 al 6 de enero se recordaba el nacimiento del dios Aion. Creían que él se manifestaba especialmente al renacer el sol, en el solsticio de invierno que coincidía con dicha fecha. Tiempo después, la fiesta de la Epifanía sustituyó a los cultos paganos de Oriente relacionados con el solsticio de invierno, celebrando ese día la manifestación de Jesús como Hijo de Dios a los sabios que vinieron de Oriente a adorarlo. La tradición pasó a Occidente a mediados del siglo IV, a través de lo que hoy se conoce como territorio francés. Día de Reyes, una tradición en augeSegún cuenta la tradición, los Reyes Magos (como se llamaba en el primer siglo a los astrónomos) eran hombres poderosos y sabios, provenientes de naciones al oriente del Mediterráneo, y quienes llegaron buscando al nuevo rey que habría de nacer, guiados por un estrella que presagiaba su llegada. La tradición los describe como tres reyes bondadosos: Melchor: su regalo para el niño Jesús fue oro, representando su naturaleza real. Gaspar: su regalo fue el incienso, que representa la naturaleza divina de Jesús. Baltasar: su regalo a Jesús fue mirra, que representa su sufrimiento y muerte futura. Según la Enciclopedia Británica, los nombres de estos tres sabios se mencionaron por primera vez en el siglo VIII en la crónica “Excerpta latina barbari”; ellos eran Bithisarea, Melichior y Gathaspa. Sin embargo, con el tiempo los nombres se occidentalizaron y se convirtieron en Baltazar, a quien la tradición posterior identificó como rey de Arabia; Melchor, convertido en rey de Persia, y Gaspar, que pasó a ser rey de la India.Costumbres en las diversas culturasEn algunos países latinoamericanos y en España el Día de Reyes es una gran ocasión de regocijo que se manifiesta dando obsequios a los niños para conmemorar la generosidad de estos magos al adorar al Niño Jesús y revivir la fantasía que encierra este acontecimiento que sucedió hace más de 2000 años. En muchos lugares los niños acostumbran hacer cartas a los Reyes Magos donde les expresan lo bien que se han portado durante el año, y piden los obsequios que quieren recibir el día de Reyes. La costumbre es poner la carta junto a uno de sus zapatos, ya sea debajo del árbol de Navidad o a un lado del pesebre.Otros niños atan la carta con un cordón a un globo y la lanzan al “cielo” para que le llegue a los Reyes Magos. Es en la mañana del 6 de enero cuando los chicos descubren cuáles son los regalos que los Reyes Magos les dejaron en el árbol de Navidad o junto al pesebre.En otras ciudades se acostumbra hacer un desfile de Reyes, con carros y comparsas coloridas especialmente para los niños. Es un día de música, payasos, gente disfrazada y por supuesto los Tres Reyes Magos, quienes van regalando obsequios o dulces a los niños. Las enseñanzas de los Reyes MagosPodemos aprovechar esta fiesta de la Iglesia para reflexionar y vivir las enseñanzas que nos da este pasaje evangélico:Los magos representan a todos aquellos que buscan, sin cansarse, la luz de Dios, siguen sus señales y, cuando encuentran a Jesucristo, luz de los hombres, le ofrecen con alegría todo lo que tienen. La estrella anunció la venida de Jesús a todos los pueblos. Hoy en día, el Evangelio es lo que anuncia a todos los pueblos el mensaje de Jesús. Los Reyes Magos no eran judíos como José y María. Venían de otras tierras lejanas (de Oriente: Persia y Babilonia), siguiendo a la estrella que les llevaría a encontrar al Salvador del Mundo. Representan a todos los pueblos de la tierra que desde el paganismo han llegado al conocimiento del Evangelio. Los Reyes Magos dejaron su patria, casa, comodidades, familia, para adorar al Niño Dios. Perseveraron a pesar de las dificultades que se les presentaron. Era un camino largo, difícil, incómodo, cansado. El seguir a Dios implica sacrificio, pero cuando se trata de Dios cualquier esfuerzo y trabajo vale la pena. Los Reyes Magos tuvieron fe en Dios. Creyeron aunque no veían, aunque no entendían. Quizá ellos pensaban encontrar a Dios en un palacio, lleno de riquezas y no fue así, sino que lo encontraron en un pesebre y así lo adoraron y le entregaron sus regalos. Nos enseñan la importancia de estar siempre pendientes de los signos de Dios para reconocerlos. Fuentes: aciprensa.com, encuentra.com, churchforum.org, catholic.net, sanmiguelguide.com, yucatan.com.mx   

Encontrar a Dios en el dolor

Resulta complejo para el ser humano la comprensión del dolor y el sufrimiento. Por desgracia, quien resulta en el banquillo de los acusados es Dios, a sabiendas que Él en su amor infinito, siempre quiere lo mejor para sus hijos. Todo ser humano necesita encontrar un sentido para el dolor, que inevitablemente llega. Para los cristianos es más fácil encontrar este significado.

¿A quién le gusta sufrir? Se supone que a nadie, pero lo cierto es que la vida, en su camino hacia la felicidad, se encuentra colmada de tropiezos inesperados, algunos determinados por nuestro actuar como otros ajenos a nuestra voluntad. Este recorrido, a ciencia cierta, se hace más llevadero si el Señor acompaña cada paso del andar, puesto que la fe todo lo puede.

Juicios no justos

Nada más apropiado al tema, que el pensamiento del Papa Juan Pablo II acerca del dolor humano, expresado en la Carta apostólica Salvifici Doloris:

“Dentro de cada sufrimiento experimentado por el hombre, y también en lo profundo del mundo del sufrimiento, aparece inevitablemente la pregunta: ¿por qué? Es una pregunta acerca de la causa, la razón; una pregunta acerca de la finalidad (para qué); en definitiva, acerca del sentido. Esta no sólo acompaña el sufrimiento humano, sino que parece determinar incluso el contenido humano, eso por lo que el sufrimiento es propiamente sufrimiento humano. (…) Y es bien sabido que en la línea de esta pregunta se llega no sólo a múltiples frustraciones y conflictos en la relación del hombre con Dios, sino que sucede incluso que se llega a la negación misma de Dios.”

En igual orden, el escritor Jesús David Muñoz de Virtudes y Valores anota: “Es normal hacernos la pregunta: ¿por qué Dios no quitó el sufrimiento del mundo? ¿Por qué dejó algo que nos molesta tanto?… Sin embargo, esta posición de la criatura que juzga al creador no es en nada justa. Decirle a Dios lo que debe hacer y lo que no debe hacer suena a broma, pero es muchas veces la manera en la que reaccionamos. Nuestra actitud ante el dolor no debe ser la de juzgar a Dios y darle consejos de cómo ser Dios, sino más bien la de buscar encontrar lo qué quiere enseñarnos, las lecciones que quiere que saquemos. ¡Se puede sacar tanto bien de las situaciones adversas y de los sufrimientos!”

El amor le gana al dolor

El sufrimiento en sí mismo, no se puede definir como algo bueno, pues es difícil disfrutar de algo tormentoso, no obstante, lo que hace la diferencia es la actitud del ser humano frente a éste, el provecho, el aprendizaje y los hallazgos que se presenten a través del dolor, en definitiva, el alimento espiritual a través del amor de Dios.

Un ejemplo claro que ilustra lo anterior: “la Madre Teresa de Calcuta no se sentó a contar cuántos pobres había en la India y a suspirar por esta triste situación. No, ella se puso a trabajar y aprendió a amar. (…) Ante la realidad del dolor podemos vivir amargados, renegando o incluso odiando a Dios toda la vida o puede convertirse en una oportunidad para ejercitarnos en el amor.”

“(…) Dios es bueno, pero esto no significa que no exista el sufrimiento y el dolor. Dios es tan bueno, que incluso de lo malo puede sacar un bien mayor. Incluso del mal, del dolor más atroz, Dios puede sacar algo mejor. Es cuestión de estar atentos a descubrirlo.”*

Fuentes: *¿Un tesoro escondido en el sufrimiento? Por Jesús David Muñoz L.C., Virtudes y Valores – Catholic.net; Carta apostólica Salvifici Doloris del Sumo Pontífice Juan Pablo II, 1984.

Imágenes: Getty Images

No desperdiciar el sufrimiento
Por Jaime Greiffenstein Ospina – Coloquios de J.M.
El sufrimiento es un compañero en la vida de todas las personas con penas y dolores que amargan la existencia, pero lo importante no es cuánto se sufre sino cómo se sufre. Para Benedicto XVI “lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar un sentido mediante la unión con Cristo, que sufrió con amor infinito”. La experiencia de la enfermedad y el sufrimiento puede convertirse en una escuela de esperanza, madurez y unión con Dios que beneficia a toda la Iglesia.

Lo importante con el sufrimiento es no dejarlo en lamentos sino ofrecerlo a Dios por intenciones concretas. Por eso el Pontífice pide a los enfermos “ofrecer los sufrimientos por los sacerdotes, para que puedan mantenerse fieles a su vocación y su ministerio sea rico en frutos espirituales”. También se aplica a la acción humanitaria de las personas que acompañan al enfermo y que sufren de alguna forma al acompañarle.

Fuente:lafamilia.info