Nulidad matrimonial: ¿Es nulo mi matrimonio?

Hay ocasiones en los que alguno de los cónyuges de un matrimonio en crisis, se pregunta si puede plantear la demanda de nulidad eclesiástica. ¿Qué hacer ante estas situaciones? ¿A quién dirigirse? ¿Cuáles son los pasos que hay que dar?

Las dificultades en los matrimonios muchas veces producen efectos beneficiosos. Si la crisis ha servido para reforzar el amor y los vínculos conyugales ha valido la pena. Si, en cambio, la situación ha creado un ambiente de constante sufrimiento hay que revisar la situación con mayor profundidad.

¿Qué es lo primero que hay que hacer en una crisis matrimonial fuerte?

No dejar pasar la situación como si nada ha ocurrido. Hay que afrontar con realismo la situación que ha generado tan desasosiego. Muchas veces el propio matrimonio no sabe cómo encontrar la salida de ese contratiempo, en estos casos lo mejor es acudir a un arbitraje, a un psicólogo especializado en matrimonios, a un consejero familiar, a un sacerdote convenientemente formado, etc. Es muy importante que el profesional al que acudamos sea creyente. No queremos establecer ningún tipo de discriminación, pero siendo realistas hay que tener en cuenta que la óptica de la vida y de la solución de los problemas es muy distinta desde una perspectiva creyente a una que no lo sea. Muchas sorpresas se lleva una persona creyente cuando acude a un no creyente, por ejemplo, ante un problema de infidelidad que le ha destrozado la vida porque realmente ama al otro, y el especialista le dice: “Pero tú te preocupas por eso, ¡con la cantidad de mujeres que hay en el mundo! Disfruta tú también como hace ella…” Flaco favor hacen esos consejos a una persona con fe y con corazón…

¿Qué valores se deben ejercitar en la crisis?

Para afrontar una dificultad de cualquier tipo hace falta poner en juego varios elementos imprecindibles que normalmente no se daban antes de la misma:

* El diálogo: En la crisis tiene que existir un buen nivel de comunicación entre los dos cónyuges. Muchos problemas en el matrimonio se solucionan con un adecuado ambiente de diálogo sincero.

* Reconocer con humildad los fallos propios y los del otro. La parte que se siente más afectada tiene que hacer frente al dolor provocado por el otro con serenidad, sin querer revanchas ni venganzas de nigún tipo.

* Dejarse ayudar y aconsejar por personas preparadas. Muchas veces los amigos no son los mejores consejeros en estas ocasiones. Nos quieren tanto que pueden hacernos perder la objetividad. La crisis matrimonial necesita de especialistas en el tema. De la misma forma que mis amigos no me pueden ayudar técnicamente en una enfermedad y acudo al médico, mi matrimonio está enfermo, puede ser que gravemente enfermo, y necesito ayuda espcializada. No te “automediques”, es mejor abordar el tema a tiempo para evitar dolores y mayores incovenientes.

* Darse tiempo. Dice la Biblia que “el amor no tiene prisa”, y es verdad. Cuando queremos de verdad a alguien somos capaces de esperar en el otro y de esforzarnos por encontrar caminos de solución.

* Poner de cada parte todo lo que se pueda. Ambos esposos tienen que hacer un gran ejercicio de donación en el sufrimiento. Tengo que abandonar mis esquemas cerrados y escuchar lo que el otro me dice. Tengo que analizar la parte de verdad que el otro intenta hacerme ver. Tengo que buscar ayuda para superar mi forma de ser.

¿Cuándo plantearse la nulidad eclesiástica?

No hay que plantearse la posible nulidad de matrimonio eclesiástico sino después de un tiempo de crisis. Hay que agotar todos los recursos posibles. Hay que luchar por salvar el matrimonio. Las personas, toda persona, se merece un respeto; las personas no somos de “usar y tirar”. Tenemos que respetar a quien compartió con nosotros momentos claves de nuestra vida a través de proyectos e ilusiones. Si después de dar todos esos pasos y con tiempo por medio, se ve que realmente hay posibles motivos de nulidad, entonces es cuando se debe acudir al Tribunal Eclesiástico de tu zona y solicitar información. Si no sabes dónde se encuentra el Tribunal puedes llamar al obispado de tu localidad y te informarán.

Para detectar si hay posible causa de nulidad eclesiástica se hacen algunas preguntas que intentan clarificar la situación. Ten en cuenta que la nulidad tiene que ser por un motivo presente antes de contraer matrimonio.

©2003 Mario Santana Bueno

Fuente:buzoncatolico.com

Cómo proteger su matrimonio de la infidelidad

Una casa no se derrumba de la noche a la mañana sin antes haber dado pruebas de su amenaza de ruina. Algo parecido sucede con el matrimonio. Nada se produce por sorpresa. La infidelidad conyugal viene precedida de una serie de sucesos aparentemente menores, pero que poco a poco van agrietando la relación hasta su total desplome.

En una sociedad cada ve más hostil, es importante proteger el matrimonio con una atención especialmente fuerte. “Cada cónyuge es tentado por sus propios deseos que le atraen y seducen; estos deseos, una vez concebidos, engendran el pecado, y éste, una vez crecido, engendra la muerte”, afirma Jill Savage, fundadora de la web hearts at home.org.

“Necesitamos plantar un seto de protección alrededor de nuestro matrimonio, es decir, tomar decisiones ya, por adelantado, que mantengan la tentación lejos y hagan del matrimonio una prioridad”, recomienda Jill como asesora familiar y matrimonial.

La especialista sugiere ocho acciones que tienen como fin prevenir la infidelidad y proteger la relación conyugal. Ellas son:

1. Elegir sabiamente: Evite pasar tiempo innecesario con alguien del sexo opuesto. Por ejemplo, si busca un entrenador personal en el gimnasio, elija mejor a alguien del mismo sexo que usted.

2. Compartir sabiamente: Si un día se da cuenta que está compartiendo con alguien secretos e intimidades sobre usted y su matrimonio que no ha compartido con su esposo o que no lo haría, eso es una señal de alerta. Un lío emocional con alguien, incluso si no llega a ser sexual, también puede hacer mucho daño a la relación.

3. Procurar estar en sitios públicos: Haga el propósito de no citarse a solas con alguien del otro sexo. Si un compañero le invita a comer o a que le acompañe, haga que venga una tercera persona. No titubee en explicarle, si hace falta, que así lo ha acordado con su cónyuge. Puede servir para dar ejemplo.

4. No ser inocente: La mayor parte de la gente que termina teniendo un lío no quería tenerlo; la infidelidad empieza como una relación inocente que termina alcanzando una profundidad emocional que cruza la línea de la fidelidad.

5. Aumentar la inversión de tiempo en el hogar: Los matrimonios fuertes se logran pasando tiempo juntos, riendo juntos, jugando juntos. Si no tiene citas con su pareja, planee citas para los meses que vienen y haga que ésto sea una prioridad.

6. Prestar atención a lo que piensa: Si todo el día está pensando en los fallos de su cónyuge, si el tiempo que dedicas a pensar en él o ella se centra en defectos y reproches, es fácil que cualquier otra persona pueda parecerle mejor y le atraiga. Haga una lista por escrito de los puntos fuertes que inicialmente le atrajeron de su pareja. Aumente la actitud de animar y apoyar y disminuya las críticas.

7. No jugar a comparar: Todos tenemos malas costumbres, manías y errores. Es muy tramposo comparar a su esposa o esposo con un nuevo conocido, porque al recién llegado no lo estamos viendo en el mundo real, en el mundo de compartir techo, cuidar niños a las 3 a.m., cuadrar cuentas, etc…

8. Buscar ayuda: Pedir ayuda es un signo de fortaleza, no de debilidad. Busca ayuda quien está dispuesto a presentar batalla. Un terapeuta familiar cristiano, un buen consejero, etc… le darán una perspectiva serena y valiosa para establecer nuevas estrategias para proteger, defender o reconstruir su matrimonio.

Casos típicos que prenden la alarma de la infidelidad

Estos son algunos de los casos típicos que llevan a la infidelidad, según el autor Antonio Vázquez en su libro Matrimonio para un tiempo nuevo:

Hay una señal de alarma cuando el trato con la secretaria traspasa los límites de la relación profesional para situarse en el primer tramo de la intimidad: cuida nuestras medicinas, nuestra ropa; hace compras personales; conoce al detalle nuestra vida personal; se prolongan las conversaciones a puerta cerrada… En definitiva, se está abriendo un cerrojo en el corazón que poco a poco queda indefenso.
Salir dos o tres matrimonios todos los fines de semana, vacaciones, etc., en una célula cerrada, hace que se creen lazos de intimidad entre todos y se fomente el trato estrecho entre maridos y esposas de unos y otros.
Los viajes profesionales dejan muchas horas en blanco sin otra ocupación que dejar dormir el alma y despertar los sentidos. Se busca compañía y entretenimiento mientras se pasa el rato en el bar de un hotel.
El viejo refrán “por la caridad entra la peste”, tiene incidencia en este terreno: Asumir el papel de consolador o ´paño de lágrimas´ puede dejar a alguien desconsolado para siempre.

Fuente:lafamilia.info

Las crisis en el matrimonio y la familia

 

Las crisis se suceden a lo largo de toda la vida de la pareja y es necesario familiarizarse con ellas, aprendiendo a tratarlas.

(Por: Marcela García Frausto)

¿Quién no ha pasado por una crisis? Antes de responder a esta pregunta habría que aclarar qué son las crisis. En el matrimonio y en la familia se dan diferentes etapas. El paso de una etapa a otra se produce dentro de un espacio de transición en el cual ocurren los cambios, y todo cambio necesariamente conlleva una “crisis”. Las crisis se suceden a lo largo de toda la vida de la pareja y es necesario familiarizarse con ellas, aprendiendo a tratarlas.

¿A qué se asocian dichas crisis? A los cambios biológicos, psicológicos y sociales de cada uno de los miembros de la familia. A situaciones transitorias de la vida familiar como son un embarazo, el nacimiento de un hijo, la pubertad, la marcha de los hijos, la llegada de la edad madura, la jubilación. También están asociadas a factores externos o accidentales como una enfermedad, una muerte inesperada, un desastre, una crisis económica, una pérdida del trabajo, etc.

Todas estas crisis evolutivas exigen una adaptación, es decir, cambios que, bien vividos, dan lugar al crecimiento y a la maduración de la familia, al desarrollo de virtudes que serán las mejores herramientas para enfrentar otras situaciones o futuros posibles problemas.

Por tanto, una crisis ha de ser vista como un reto u oportunidad de crecimiento, por ejemplo: los desacuerdos entre los cónyuges pueden ser útiles, porque empujarán a la pareja a analizar cuidadosamente lo que sucede, a abrirse para entender el punto de vista del otro, a traer a la luz hechos importantes que hasta entonces sólo uno (o ninguno) de los cónyuges entendía. Así, de las crisis, la familia y el matrimonio, salen robustecidos, enriquecidos, más plenos y maduros. Más aún, la madurez personal o matrimonial, es muchas veces fruto de una crisis superada.

En resumen, no debemos extrañarnos de las crisis pues es algo connatural en la persona como ser inacabado que es. No podemos negar que las crisis puedan terminar en un conflicto, en una separación, un enfrentamiento, una desintegración, si no se viven bien, pero las crisis, esencialmente, no son señales de deterioro, aunque asociemos esta palabra con la de drama, amenaza, catástrofe, ruptura, fracaso, dificultad. Las crisis son llamadas a realizar conquistas, a crecer, en definitiva son oportunidades para ser mejores.

El cómo afrontamos y resolvemos las crisis no se improvisa, se va construyendo o se van perdiendo oportunidades de forjarse a sí mismo día a día, por ejemplo, cuando fomentamos en nosotros mismos actitudes de cooperación o de rivalidad; de generosidad o de egoísmo; de apertura o de cerrazón. En cada instante estamos optando por alguna de esas disposiciones y al mismo tiempo favorecemos o desfavorecemos una mayor unidad con los hijos, el cónyuge o con los demás.

Pongamos una imagen. Las crisis son como los toros. Si sabes torear, tú diriges al toro, y todo sale generalmente bien; pero si no sabes torear, el toro te torea a ti y puede no irte muy bien. Si sabemos manejar las crisis podremos salir triunfantes de las situaciones.

Si las crisis son algo natural en la vida del hombre es importante saber cómo vivirlas para sacar mayor fruto de ellas.

Lo primero que se exige es el realismo. Como dicen: “tener los pies bien puestos en la tierra”, “saber dónde estamos parados”. Saber cómo soy yo, cómo es mi cónyuge, cómo es mi familia, cómo son mis hijos. En otras, palabras, se requiere de sensatez. Esto implica evitar tener un concepto de la realidad como a mí me gustaría que fuera y más bien conocer la realidad tal como es. Es lograr que mi mente se adapte a la realidad y no querer meter la realidad en mi esquema mental. Este sano realismo nos ahorra muchas frustraciones, sueños inconsistentes y falsas ilusiones.

Unido al realismo, se necesita de una capacidad seria de aceptar los propios errores y la realidad entera tal como es. La aceptación nos permite asumir la realidad y sacar provecho de ella.

Un tercer aspecto es fomentar la unidad, el mantenernos unidos. Si en la familia cada uno busca su propio provecho, si sólo “me miro a mí”, me “busco a mi mismo” y me desintereso por los otros y de las metas comunes y no veo más allá de mi nariz… será mucho más difícil superar la crisis en el matrimonio o en la familia.

Otra disposición positiva es la mentalidad de buscar y encontrar siempre soluciones, porque….las hay. No irnos por el camino de la cobardía y de la infelicidad diciendo “es más fácil terminar con todo”, “sigue tú con tu vida y yo con la mía”. Hay siempre muchos puntos entre el tono blanco y el tono negro. Con esta actitud podemos llegar a acuerdos, cediendo algo ambas partes, aprovechando lo mejor de las dos posturas.

Así pues, las principales fuentes de crisis no son tanto la edad, la condición económica o la sociedad, sino más bien el orgullo, la ignorancia y el idealismo.

El egoísmo porque nos hace creer que “soy yo quien más aporto a la relación”, “yo no he cometido ningún error”, “yo he dado siempre más a la familia”.

La ignorancia, porque implica el desconocimiento de lo masculino o lo femenino según el caso, que hace más difícil las relaciones entre hombre y mujer, marido y mujer, padre y madre.

Ligado al orgullo y a la ignorancia encontramos el idealismo. Llamamos así a la imagen irreal que nos creamos del esposo o de la esposa, de los padres o de los hijos. Tomamos ideas de las series de televisión o de la pantalla grande, de las novelas comerciales, de las revistas. Y cuando estos sueños no se adaptan a nuestra realidad entonces se da lugar a una crisis en el matrimonio o en la familia.

Por eso, la solución más eficaz ante las crisis es siempre el amor desinteresado, el amor que no pasa constantemente “facturas por cobrar”. Hay otros factores que son importantes como la comunicación, la flexibilidad, etc. pero la única manera de hacer posible la convivencia feliz es el Amor.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-02-18

16 consejos para evitar la crisis matrimonial

 

Autor: Gloria Elena Franco.

Publicado en http://es.catholic.net/familiayvida

La crisis en el matrimonio puede originarse a veces por una defectuosa comunicación. La crisis en sí misma supone una ruptura de la comunicación

La crisis en el matrimonio puede originarse a veces por una defectuosa comunicación. La crisis en sí misma supone una ruptura de la comunicación.

Esta ruptura se manifiesta de forma abierta cuando el trato y el diálogo dejan de existir. O puede aparecer de forma velada cuando se continúa la relación a base de monosílabos.

En todo caso lo que se pretende es que estos momentos de desacuerdo conyugal (normales por otra parte en la convivencia matrimonial) sean transitorios y leves, gracias a la buena voluntad de los cónyuges.

1.- Tiempo de oro

Dedícale tiempo al otro pero no confundas la calidad con la cantidad.

2.- Salidas frecuentes

Sal con tu cónyuge con alguna frecuencia. No te limites a “sacar” a tu mujer de casa, preocúpate de “salir con ella” a algo que le agrade.

3.- Oír y escuchar

Cuando él-ella te hable, no te limites a oír, deja de trabajar, o deja el periódico a un lado, mírale a los ojos. Él o ella se enterará de que te escucha.

4.-Como novios

Mantén viva la ilusión del primer día de noviazgo. Conquístale a diario. Preocúpate de tu arreglo personal.

5.-Buenos recuerdos

Recuerda con frecuencia los momentos felices compartidos por los dos.

6.- Sueños de enamorados

Sueña como los enamorados pero ten los pies en tierra como los esposos.

7.- De cara al futuro

Haz planes de futuro que te ayuden a mejorar el presente.

8.-“No hay otro como tú”

Hazte sentir al otro como necesario en la relación conyugal. Busca su compañía.

9.-La importancia de las celebraciones

Recuerda las fechas importantes. Si las celebráis juntos, ¡mejor!

10.- “¡Ayúdame!”

Pide a tu cónyuge soluciones prácticas para tus problemas: puede ayudarte mucho y además servirá para uniros.

11.-Siempre alabanzas

No le critiques ante las amistades, menos aún cuando no esté presente

12.-“Es una sorpresa”

Sorpréndela con pequeños detalles inesperados: un regalo, una cena especial, una noticia agradable, unas flores, el vestido que le gusta.

13.-“Venía pensando en ti”

Búscale a él o a ella al llegar a casa. Le encantará saber que vienes pensando en él.

14.-Un beso al despedirse

No olvides despedirte antes de salir. Un beso todos los días es una práctica muy recomendable

15.- Con la verdad por delante

Sé siempre sincero pero no lo manifiestes de forma desagradable.

16.- “Quiero estar contigo”

Prefiere a tu cónyuge antes que a las amistades, demuéstraselo a menudo.