La familia, ¿en crisis?

En 1971 apareció un libro de título impactante: “La Muerte de la Familia”. Su autor, D. Cooper, se hacía eco en él del discurso anti-familia que tan de moda estuvo en los años 60 y 70, vaticinando el fin de la institución familiar.

Hoy, casi cuatro décadas más tarde, podemos decir que Cooper y cuantos profetizaban el final de la familia se equivocaron. El “enfermo” no solamente ha logrado sobrevivir, sino que goza de una espléndida salud y sigue cumpliendo funciones irremplazables: contribuir al desarrollo de sus miembros, prestarles apoyo y favorecer su integración en una sociedad sumamente compleja y aceleradamente cambiante, que propone cada día nuevas exigencias.

A la gente le gusta la familia, le gusta vivir en ella y concede a sus relaciones familiares una importancia fundamental. Hoy ya no se ve en la familia un obstáculo para el desarrollo personal o una amenaza para la libertad individual. Muy al contrario, constituye el proyecto en el que vale la pena invertir las mejores energías y en el que se depositan las máximas esperanzas del bienestar personal. Todas las encuestas realizadas en los últimos años atestiguan que la familia es la institución más valorada, por encima de todas las demás. Y sobre todo entre los jóvenes, tal y como nos lo han demostrado, para sorpresa de muchos, las sucesivas encuestas de la Fundación Santa María, dirigidas por el profesor Javier Elzo y que gozan de un gran prestigio nacional.

Por todo ello, e intentando responder a la pregunta que encabeza este artículo, podemos decir que la familia sí está en crisis, afortunadamente podríamos añadir, lo que quiere decir que está viva y tiene crisis como todas las instituciones en los albores del Siglo XXI. La palabra crisis viene del griego “krino”, que significa “cruce de caminos”, y siguiendo el concepto actual de crisis que nos aportan las ciencias sociales, no es algo necesariamente negativo, sino como nos dice la sabiduría oriental de la palabra crisis, que ellos traducen como “oportunidad”, una oportunidad para “crecer” de una forma más sana y saludable para todos, que nos aporte bienestar material y emocional a cuantos formamos parte de ella.

Es en este “cruce de caminos” de la crisis donde todos podemos poner nuestro granito de arena, para que una institución tan querida y valorada, sirva a todos los que la componen para seguir madurando y creciendo como personas. De ahí la importancia de que todos los padres y educadores nos impliquemos activamente para afrontar los nuevos retos que el futuro nos depara, con el convencimiento de que apostar por la familia es apostar por un “valor seguro”; hablando en términos económicos, hoy tan de moda, “un valor en alza”.De nosotros depende que lo sea en un sentido o en otro.

José Teófilo Martín Losada
Presidente de la Asociación Internacional del Teléfono de la Esperanza en Extremadura

badajoz@telefonodelaesperanza.org