El síndrome de la ruptura

El síndrome de la ruptura

El amor conyugal tiene un alto porcentaje de artesanía psicológica

 

  

Enrique Rojas catedrático de Psiquiatría

 

El amor sigue siendo el primer argumento de la vida. ¡Qué fácil es enamorarse y qué difícil mantenerse enamorado¡ El amor conyugal tiene un alto porcentaje de artesanía psicológica. El descuido sistemático de las cosas pequeñas es la ruina del amor. Cuando una pareja se rompe, se produce una cascada de tristeza, en donde los sentimientos de fracaso se hospedan en la travesía de esos recuerdos. Hay melancolía, desazón, pesimismo, falta de ilusión….Los psiquiatras hablamos de vivencias inescapables. Son de una gran dureza y no dejan salida de inmediato. ejemplo de getimagesize()

  

La experiencia se parece mucho a la depresión clínica, sólo que aquí el tratamiento no es a base de unos fármacos, sino de saber elaborar una interpretación de los hechos que disuelva la frustración. Hasta llegar a la ruptura, hay una larga travesía en la que ambas personas deben ceder y perdonar.

  

El perdón no es nada sin el olvido. La vida no va bien sin buenas dosis de olvido. No tener memoria de lo malo es buena salud mental. El murmullo del amor, de la búsqueda del bien del otro es la inteligencia emocional de Goleman. Mientras que el desamor se nutre de discusiones frecuentes, listas de agravios, y reproches en cadena.

 

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2009-11-28

La ruptura perjudica seriamente la salud

 

Carlos Martínez de Aguirre – La Gaceta, 19 de junio 2010.

Desde hace algunos años, por razones entendibles y en general convincentes, estamos asistiendo a una suerte de cruzada pública contra el tabaco. En efecto, estudios suficientemente solventes parecen demostrar, más allá de toda duda razonable, que el uso del tabaco está asociado con importantes problemas de salud, tanto para los fumadores activos como para los pasivos.

Estos problemas generan costes personales (a los fumadores activos y pasivos) y económicos (a la sociedad) excesivamente elevados, en términos tanto de mortalidad, como de incidencia no mortal de diversas patologías, como de gasto sanitario público, como de costes asociados e indirectos. Todo ello ha provocado una contundente reacción por parte de los poderes públicos, concretada en la legislación antitabaco puesta en vigor en los últimos años: así, se ha limitado la publicidad del tabaco, se ha aumentado su precio, se ha prohibido fumar progresivamente en espacios públicos, se han puesto en marcha campañas de formación e información dirigidas a consumidores actuales o potenciales de tabaco, etc. Todo lo cual, discusiones aparte, parece en términos generales muy razonable.

A partir de aquí, lo que no acabo de entender es que esos mismos criterios no se apliquen en otros ámbitos (y pienso en el de las crisis familiares), cuando estudios tan numerosos y solventes como los referidos a los efectos perjudiciales del tabaco, demuestran las consecuencias en muchos casos devastadoras de las rupturas familiares, tanto en términos personales como económicos. Todo esto me venía a la cabeza leyendo dos recientes informes de la Relationships Foundation inglesa: uno referido a los costes de las rupturas familiares (Counting the cost of family failure) y otro complementario, referido a los beneficios derivados del matrimonio (Why does marriage matters?); ambos de 2010. Así, el primero de estos informes cifra en 41.700 millones de libras el coste anual de las familias rotas en Gran Bretaña, es decir, 1.350 libras por contribuyente y año. El informe alude tangencialmente a los costes no económicos de las rupturas, que son también conocidos de sobra, como son conocidos los estudios que afirman los beneficios que reporta la estabilidad familiar (estabilidad que, de acuerdo con esos mismos estudios, está unida al matrimonio); sobre esto, me remito al Informe 2009-La familia sostenible, elaborado por The Family Watch; por citar algún dato de los allí recogidos, los hijos de familias monoparentales tienen una probabilidad del 15% de padecer una enfermedad mental y los de divorciados de un 11%, frente al 7% de la media total; otro dato más: en comparación con los hijos de matrimonios estables, el riesgo de mortalidad infantil aumenta un 25%-30% en el caso de padres que conviven pero no están casados y un 45%-68% en el de familias monoparentales; un último dato, elegido algo arbitrariamente: el número de embarazos adolescentes es aproximadamente el doble en las adolescentes cuyos padres no están casados que en las que sí lo están. Y como éstos, muchos más estudios y datos, fácilmente accesibles a quienes tengan interés.

Ahora bien, ante estos estudios, y las conclusiones a las que llegan, ¿cuál es la reacción de los poderes públicos, al menos en nuestro país? Es llamativa: facilitar legalmente las rupturas matrimoniales, a través del llamado divorcio express (es decir, hacer el matrimonio menos estable), y, desde el punto de vista de la formación e información, transmitir machaconamente el mensaje, desmentido por los estudios a los que me refiero, de que todos los llamados modelos familiares son iguales. Es decir, algo así como si, en el caso del tabaco, a la vista de los problemas de salud que provoca, se decidiera facilitar su consumo, y transmitir el mensaje de que da igual fumar que no fumar.

¿No sería mucho más lógico reaccionar en este campo, como se ha hecho en relación con el tabaco, respetando la libertad de los ciudadanos, pero informándoles de todo lo que sabemos? ¿No sería razonable, al menos incentivar que los ciudadanos opten por el modelo más estable (el matrimonio), que es el que mejores resultados da? ¿No sería oportuno poner en marcha campañas de formación e información que dejaran claro a los ciudadanos todos esos extremos? ¿No sería conveniente establecer recursos que ayudaran a los ciudadanos a mantener su relación, en lugar de facilitarles la ruptura? ¿No sería exigible de los poderes públicos que actuaran en este campo, al menos, con el mismo sentido común que demuestran en otros?

Vuelvo al título, que confío que ahora se entienda mucho mejor: ¿y si hacemos con las rupturas familiares como con el tabaco?

Carlos Martínez de Aguirre es catedrático de Derecho Civil y presidente de The Family Watch.

Nulidades matrimoniales: El Papa pide rigor al Tribunal de la Rota

Motivos que llevan a la separación

 

Para los estudiosos de la familia, uno de los más grandes retos es entender por qué las relaciones de pareja se deterioran a través del tiempo. Cuando esto sucede, la relación se lanza hacia un precipicio de amargura, y las personas cambian el placer perdido del encanto mutuo, por satisfacciones económicas o sociales, o se gratifican tratando de hacer felices a los hijos.

El psiquiatra Ramón Rojano de la Hoz escribió un artículo sobre las causas del fracaso matrimonial con base en el análisis de aproximadamente 200 casos de conflictos conyugales y 50 conflictos entre novios atendidos en consulta, así como de algunos peritazgos psiquiátricos en solicitudes de anulaciones matrimoniales y de entrevistas a algunas personas sobre el tema.

Estas son las conclusiones del autor:

Etapas del ciclo vital

Para recorrer históricamente un matrimonio es necesario tener en cuenta el ciclo vital de la familia, es decir, cada una de las etapas por las que evoluciona una pareja desde el momento en que se conocen.

El conocimiento previo

El noviazgo

El convenio matrimonial

El matrimonio

La luna de miel

El inicio de vida aparte

El nacimiento del primer hijo

El nacimiento de otros hijos

Su escolaridad

Su adolescencia

Su noviazgo y matrimonio con la iniciación de otra familia

El nacimiento de los nietos

La jubilación o retiro del trabajo

Y la muerte de uno o de ambos cónyuges

Cada etapa trae nuevas obligaciones y la familia debe ajustarse a esos cambios. Es decir, es casi imprescindible que la pareja, cada cierto tiempo, haga una renegociación de su convenio anterior. Sin embargo, lo que observamos frecuentemente es que, por la distancia emocional y el escaso diálogo, se dejan ir a la buena ventura de los acontecimientos.

El ciclo psicológico

Al margen del ciclo vital, las parejas pasan por un proceso emocional que va del encanto y la idealización al desamor y el conflicto. En muchas ocasiones no se necesitan más de dos o tres años para llegar allí. Las etapas emocionales por las que se pasa son más o menos las siguientes:

1. La fascinación o enamoramiento

2. La idealización

3. La negación o minimización de los problemas del otro

4. El pensamiento mágico

5. El descubrimiento de la real magnitud de las limitaciones del otro

6. La proyección. Poner en la pareja la responsabilidad de los problemas

7. La lucha por tratar de cambiarlo

8. La frustración

9. El conflicto como paso obligado en el proceso

10. El desenamoramiento

11. La pérdida de la esperanza en la felicidad conyugal

12. El divorcio emocional

13. La resignación

14. La búsqueda de compensaciones externas a la relación (licor, trabajo, juego, familiares, hijos, lujos, amantes, etc.).

15. La cronificación del conflicto (hacerlo crónico)

Podemos observar que las parejas entran en una etapa de adaptación al conflicto. No le encuentran salida a la dificultad y aprenden a vivir así. Para eso, comúnmente hacen negación del problema y, por días enteros, pueden dar la impresión de ser una pareja feliz. Hacen lo que podemos llamar capitulaciones falsas, porque muy pronto vuelve a estallar la crisis. Es un vaivén emocional muy frustrante que generalmente hace mucho daño a los hijos.

Actitud frente a los problemas

Luego de cierto tiempo de unión conyugal, comienza a desmoronarse la idealización y la magnitud de las dificultades aparece crudamente día a día. En ese momento, para poder corregir los errores, se necesitaría asumir una posición muy madura y firme, pero, desafortunadamente se presentan muchas limitaciones en la actitud que se toma.

La gente se queda aguardando pasivamente por un futuro más acogedor que generalmente no llega. Lo más común, es la confianza en que el tiempo solucionará las dificultades. Otro intento de solución mágica es la utilización del embarazo como evento salvador. Se le atribuyen al futuro hijo funciones de terapeuta de pareja. Otro recurso que utiliza la mujer es la búsqueda de adivinos, hechiceros y similares para tratar de solucionar los problemas. Y los maridos, muy comúnmente, intentan apaciguar el mal genio o las quejas de las esposas con dinero o con regalos.

Todas estas son acciones equivocadas porque están al margen del problema. Son tácticas de evasión de la realidad, algo así como acumular basura debajo de la alfombra.

Otros intentos de solución que no funcionan

Los fracasos en el intento de solucionar los problemas mágicamente conducen a la pareja a utilizar otras estrategias que, aunque no han sido coordinadas entre ellos, apuntan a lo mismo: tratar, por medios errados, que el otro cambie.

El error más frecuentemente cometido es aguardar los momentos de tensión para reclamar los derechos personales agresivamente: Una mujer que no se siente satisfecha con su vida sexual, luego de diez años de silencio al respecto, en un momento violento puede gritar: “! Es que tú, ni como hombre me sirves!”.

El conflicto

Las raíces del antagonismo se encuentran en las primeras etapas del ciclo vital. Las agresiones que aparecen y se incrementan poco a poco son la manifestación de descargas anteriores represadas, y significan la capacidad de atreverse a decir lo que no se dijo, a luchar lo que no se luchó antes.

El paso del tiempo va brindando confianza, pero confianza que sirve no para comunicarse más profundamente, sino para aliviar un poco el temor al conflicto. Muchos cónyuges después de la separación se manifiestan sorprendidos de las “verdades” que oyeron días antes de separarse. Cabe preguntarse cómo es posible que conceptos, rencores, dudas, y otros recuerdos y sentimientos tan importantes se hubieran escondido durante tantos años.

Del libro: “Protagonistas de la separación” Familia y sociedad, Audiovisuales Cenpafal, 1987