CRISIS DEL CONCEPTO PAREJA


El culto a la plenitud personal casi exige la renuncia a la pareja si su funcionamiento reclama algunos meses de rodaje o una revisión general. Esto no quiere decir en absoluto que estemos en contra de que la individualidad no sea importantísima y se tenga que mirar por ella para el bienestar, primero, personal, pero esta situación llevada a extremos, como está pasando, hace que no “se aguante”, que no se analicen espacios adecuados para defender a ultranza la existencia de la pareja aun cuando sea necesario hacer esfuerzos personales por mantenerla viva, siempre que exista el sustrato del amor en qué apoyarse y hasta hemos visto casos en los que “se ha perdido la fe en la pareja”; incluso “se obliga” a poner fin a una unión si no se “ajusta con esta época que nos condena a la felicidad, cueste lo que cueste.” (Jocelyn Dahan)

En estos tiempos actuales en los que hemos perdido una serie de valores, también van desapareciendo una serie de figuras ancestrales, unas negativas (lo cual está bien) y otras que nos eran bastante positivas. Los objetivos de las familias han cambiado e incluso se ha desplazado el interés por el padre al interés por los hijos. Tal vez estemos ante la desaparición del “pater familias” que ha sido destronado por sus propios hijos; ante la desaparición de la sociedad patriarcal convirtiéndola en la sociedad de los niños, de los hijos. Este punto de vista ante esta realidad nos hace necesario cambiar ciertas estructuras mentales relacionadas con la misma terapia familiar, la cual, en muchas ocasiones, no ha de ir enfocada a los subsistemas conyugales/maritales o de pareja, sino al subsistema parental: se infiere la necesidad de aprender ante estos cambios a ser realmente primero padres y después…lo que venga.

Tal vez estamos en una etapa en la que tras una serie de situaciones que se dan en la pareja y ante la incapacidad de darles solución, desaparece el amor, pero realmente padres lo seguiremos siendo toda la vida. Nos hemos quedado con esa parte de la frase “…en la salud…para lo bueno y…”. Hemos perdido, casi con toda seguridad, la capacidad de frustración que no tiene el significado de “tragar”, ni ceder hasta que explotes, ni dejar de ser uno mismo, razón por la que se considera conveniente que la paternidad/maternidad se ve obligada a evolucionar, a cambiar sus patrones y replantear la distribución de las funciones paternas y maternas como trabajo para los padres y las madres el siglo XXI.

Aún así, la razón de ser del especialista en familia, del orientador familiar, cada vez tiene más base operativa, más espacio para reestructurar los desfases que se sufren en los ciclos evolutivos de las personas y para los que nadie, nadie, nos ha preparado.
En cuanto a la familia monoparental, estamos ofreciendo una imagen engañosa y unos mensajes que en teoría no deben ser ciertos, ya que aunque se haya dado una separación de los padres, la coeducación debe llevarse a cabo de forma conjunta, por lo que tal vez sea más propio hablar de hogar monoparental, ya que “la monoparentalidad da por supuesto que hay un solo progenitor cuando la realidad no es esa.”

“Educar solo a un niño no es en sí mismo un problema. Puede serlo cuando la monoparentalidad se acompaña de otras preocupaciones más graves (depresión, problemas financieros y profesionales…)” ( del libro Un solo padre en casa de Anne Lamy)

No es nada raro que cada vez estemos más ante hogares monoparentales pon un motivo básico: cuando la pareja hace aguas, empieza a tener problemas y entra en crisis que no solucionan pero logran esquivarlas (volverán porque son crisis de repetición), es el momento ideal para un miembro de la pareja el tener un hijo en la creencia de que de esta manera se va a consolidar esta unión altamente deteriorada. Resultado: la crisis se superará o estallará. Es cuando estalla cuando vemos que la separación se hace una realidad y ya podemos sumar otro hogar roto en su conyugalidad por haber creído que la solución estaba en ese “niño parche”; personita que al parecer por sí sola iba a poder cambiar y unirnos sin el trabajo interior que se hace necesario para efectuar el cambio adecuado que nos lleve a una comunicación idónea.

Somos adultos y desde aquí pretendemos un espacio para la reflexión que nos ponga a trabajar, sobre todo a los hombres, para que dejemos de creer que los problemas que nos surgen en la pareja son únicamente problemas “de ellas”. Siempre formamos parte del problema y de las soluciones. Trabajemos, pues en este sentido del camino. ¡Vamos allá!

Juan José López Nicolás.
http://terapiayfamilia.blogspot.com/

Remedios psicológicos para el desamor

Autor: Enrique Rojas

Observaciones que pueden servir de ayuda y orientación para esas etapas difíciles del matrimonio

Remedios psicológicos para el desamor

Desde la atalaya de mi consulta psiquiátrica he visto circular delante de mí muchas crisis conyugales.

Unas veces ha sido posible encontrar vías de comunicación y de solución. En otras, la pareja se ha roto, se ha partido por la mitad. El fenómeno es muy complejo y sus raíces tienen una rica etiología.

Pero desde el punto de vista psicológico hay tres notas importantes que deben ser subrayadas:

1) se trata de un hecho epidémico, que ha sustituido a las viejas epidemias de siglos y años precedentes;

2) es contagioso, cosa que no debe exaltarnos, ya que las modas se contagian más que las enfermedades infecciosas;

3) se enmarca dentro de una profunda crisis de valores que está recorriendo la sociedad del bienestar.

El amor y la enorme complejidad del tema del amor en general

¿Qué está pasando? ¿Quién iba a decirnos hace tan sólo unos años que en esta etapa de progreso de los grandes países de Occidente, superadas tantas dificultades históricas, nos íbamos a encontrar con esta terrible plaga?

El problema tiene muchas variantes. Ahora lo vamos a ver desde tres secuencias diferentes: características del amor en general, ingredientes del amor de la pareja, y, por último, tipos de crisis conyugales y posibles objetivos terapéuticos.

¿Qué es el amor?

La pregunta parece casi una osadía. Cuántos libros, novelas, poemas y tratados se han ocupado de él, bien de una forma o de otra. El término amor es polisémico, tiene muchos sentidos. En él se dan cita un conjunto de significaciones.

Pero su uso, abuso, falsificación, manipulación y adulteración exigen un esfuerzo especial de clarificación para evitar que llegue a quedar reducido a cosa, cosificado, trivializado, como tantas veces está sucediendo hoy.

Hay muchos tipos de amores. Desde la amistad hasta la simpatía, desde la amplia gama de relaciones interpersonales (amor a los padres, a los hijos, a los familiares no tan cercanos, a los compañeros de trabajo, etcétera) hasta el amor a cosas u objetos inanimados (los muebles antiguos, el arte medieval, el Renacimiento, la literatura romántica).

También está el amor a cuestiones reales (la justicia, el derecho, la verdad, el rigor metodológico) o a ciertos temas de vida (a la tradición, a la vida en contacto con la naturaleza, al trabajo bien hecho, al estilo de vida clásico).

Finalmente, el amor al prójimo, entendido éste en su sentido etimológico y literal, a los que están más cerca, y el amor entre un hombre y una mujer, que va a ser el núcleo de nuestro análisis. Y el amor a Dios, para el hombre de fe.

Bases de un matrimonio

Lo común a todo amor es la atracción, la aprobación, la tendencia a adherirse a ese algo, que ve como bueno y que conduce a su posesión. Es el amor humano el puente sobre el que inicialmente se hilvana todo el sentimiento.

Porque amar a alguien traduce un sentimiento de gozo, de alegría interior que tiende a la unión. El sentimiento va a ser el motor de esta dinámica, aunque con el paso de los años, cuando ese amor lleve ya un cierto rodaje, necesitará de otros componentes que veremos enseguida.

El enamoramiento está presidido por emociones y sentimientos; el amor de la pareja está recorrido además por el sentimiento, por la voluntad, la inteligencia, el compromiso y la entrega.

Mientras el primero supone una concepción adolescente, el segundo alberga un sentido más maduro.

El sentimiento en el amor

Veamos ahora las características del amor conyugal, matrimonial o de la pareja. Lo inicial es el sentimiento, que arranca de ese poderoso estímulo que es la atracción. El amor es ante todo un sentimiento, pero no se agotan todos sus contenidos en él. Es además una tendencia que se quiebra en tres direcciones: físico-sexual, psicológica y espiritual.

Debe apoyarse, también, en una filosofía de vida común, similar. Cuando los cónyuges viven unas creencias firmes y coherentes, los avatares del porvenir son vistos con otra perspectiva.

En el hombre de Occidente, el pensamiento cristiano ha llenado con creces todas las inquietudes humanas.

Viene después el amor como acto de la voluntad, así se producirán esfuerzos concretos por mejorar la convivencia diaria, luchando cada uno y poco a poco por ir venciéndose personalmente. Un amor sin voluntad es un amor inmaduro, frívolo, superficial, trivial, producto típico del nuevo hombre light.

Para los defensores de esa concepción el amor es sólo un sentimiento, que va y que viene según soplen los vientos. Ese es el amor de las canciones de moda, monumento ligero e insustancial.

Indigencia y voluntad

Otro componente importante es la inteligencia. ¿Qué quiere decir esto? Significa que el amor ya establecido debe ser un acto inteligente o, dicho de otro modo, hay que amar con el corazón y con la cabeza.

Así se descubre el jeroglífico que es la convivencia: se aplica la cabeza, poniéndose orden y claridad. Ese amor se hace más personal, se individualiza.

Así uno es capaz de entender la psicología del otro, con objetividad y, por supuesto, con el efecto y amor necesarios. La voluntad y la inteligencia como ingredientes del amor de la pareja son esenciales, pero hoy son impopulares, no tienen buena prensa, no se llevan. Y es lógico, dado el clima hedonista y permisivo en el que nos movemos.

Compromiso firme pero flexible

Dos notas más queremos añadir a esta colección de elementos. El amor es compromiso que apunta hacia la fidelidad, la cual se sustenta a través de continuas y pequeñas lealtades. Por eso la libertad de cada uno queda comprometida en el amor.

No olvidemos que todo compromiso, a la larga, puede aparecer en un momento determinado excesivamente costoso. La fidelidad hace que el amor sea vivido con integridad y coherencia.

Cuando todo es pasajero, relativo, hasta que uno y otro se soporten, nos vamos a encontrar con un subproducto que es el amor light, amor sin compromiso, sin voluntad, sin cabeza, sin esfuerzo, sujeto a los vientos que vengan: terminará siendo un producto afectivo degradado.

Y la última nota con la que resumimos la alquimia del amor humano: ésta implica un proceso dinámico. Con el paso de los años, éste se verá sometido a cambios, oscilaciones, giros, pero manteniendo sus puntos primordiales. El subsuelo del amor permanece.

Queda así analizado fenomenológicamente el amor conyugal, mezcla de sentimiento, tendencia, filosofía de vida común, voluntad, inteligencia, compromiso y curso dinámico.

Puentes de acercamiento

La diversidad de tipos de crisis conyugales impide trazar una línea terapéutica recta. Pero sí podemos dar una serie de remedios para el desamor.

Observaciones psicológicas que pueden servir de ayuda y orientación para esas etapas difíciles:

Para empezar a arreglar una situación conyugal difícil es necesario esforzarse por asumir y digerir el pasado entre ambos. Es menester una especie de borrón y cuenta nueva. Si esto lo hacemos en otros terrenos de la vida, cómo no lo vamos a poner en práctica en este campo. La incapacidad para superar el pasado convierte a muchos en personas neuróticas, amargadas.

Es importante esforzarse por no sacar la lista de agravios. Ese inventario de pequeños y grandes fallos, errores, defectos o fracasos que se acumulan tras la convivencia.

Respeto Mutuo

Respeto mutuo en tres direcciones: palabra, obra y gestos. ¡Cuántas parejas podrían haberse mantenido si no fuera por la utilización descontrolada de palabras fuertes, duras, hirientes, cargadas de acusaciones, descalificantes!

El respeto de obra es esencial: en el lenguaje jurídico hablamos de sevicias para referirnos al maltrato. Es clave también cuidar el lenguaje no verbal: por eso el respeto de gestos y ademanes tiene un enorme valor.

Evitar discusiones innecesarias. Aquí entraría de lleno lo que los psiquiatras llamamos “adquisición en habilidades de comunicación”.

Remontar lo difícil

Aprender a remontar momentos, días o situaciones difíciles. Tener capacidad de reacción y poner en marcha enseguida recursos psicológicos adecuados.

Estos cinco puntos sólo abren un rico campo de posibilidades. Buscan puentes de acercamiento y comprensión. Y sin perder de vista que en el amor conyugal lo importante es lo pequeño.

No hay felicidad sin amor y no hay amor sin renuncia.