Juan Pablo II : Sobre el amor humano

Aún resuenan muchos ecos tras la beatificación del Papa Juan Pablo II, me considero una afortunada por haber vivido un acontecimiento tan importante para nuestra Santa Madre Iglesia. Y es que hablar de Juan Pablo II es realmente algo que sale del corazón no solo por la cercanía con que se mostraba sino por todo el arrojo y valentía con la que quiso abrir la Iglesia al mundo. Lo descubrí realmente cuando hace unos años conocí y curse estudios en el Pontificio Instituto Juan Pablo II para el matrimonio y la familia que el mismo fundó. En él me tope con la sabiduría de un hombre – asistido por el Espíritu Santo- que en todo momento ha querido favorecer a la persona, ensalzar su dignidad y respetarla. Tal es así que fue transmitiéndolo en una serie de catequesis sobre el amor humano, conocida también como “la teología del cuerpo”. Según Juan Pablo II era necesario ofrecer la explicación de una antropología adecuada, aquella que busca comprender e interpretar al hombre en lo que es esencialmente humano. Y por ese motivo descubrir la verdad del amor humano. Porque la verdad del amor no puede ser separada del lenguaje del cuerpo. Aquí es donde Juan Pablo II viene a hablarnos de la corporeidad, de su valor sagrado que solo logra su finalidad en la entrega sincera del don de sí. Pues al hablar de amor, hablamos también de unión, y para que se pueda dar es necesaria aceptar la diferencia del otro como hombre y como mujer, ya que el cuerpo es sexuado. En palabras de Juan Pablo II: “El sexo en cierto modo es constitutivo de la persona, no solo atributo de la persona, demuestra lo profundo que el hombre con todo su ser espiritual, con su unidad e irrepetibilidad de la persona está constituido por el cuerpo como él o ella”.

Es cierto que la catequesis del Papa Juan Pablo II son más extensivas pero en cierto sentido van dirigidas a comprender la verdad que está inscrita en el corazón humano. A día de hoy me doy cuenta como es necesaria esta comprensión para sentar las bases de una buena construcción de la persona, de su identidad como hombre o como mujer. Si nos damos cuenta esto es difícil de verlo en nuestro días a veces y difícil de explicar sin que caigamos en el relativismo o subjetivismo imperante. Por ello el ya beato Juan Pablo II nos ha quedado entre otras muchas cosas un legado en nuestras manos sobre la belleza de un amor que se nos regala y nos redime, es toda una oportunidad.

Mª Del Carmen González Rivas

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